Viviendo en El Aleph

Internet, cibercultura, sociedad de la información

Archivo de 15 diciembre 2005

¿Cuál gobierno?

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 15, 2005

Publicado en Política digital, diciembre de 2005

A estas alturas del sexenio he perdido cualquier confianza, si es que alguna vez la tuve, en los propósitos y las capacidades del gobierno del presidente Vicente Fox. Nunca creí en las aptitudes del presidente y su equipo pero merecían el beneficio de la duda. Hoy la única certeza que tenemos es que falta un año para que termine esa administración.

   En el terreno de la política digital siempre reconocí que la de Fox era la única propuesta que, en 2000, hacía énfasis en las ventajas de la informática. Pero en ese, como en tantos temas, el gobierno ha sido un fiasco. e-México y e-gobierno fueron proyectos fundamentalmente huecos. A las computadoras y a la Red se les idealizó como si no fuesen instrumentos que sólo funcionan cuando están al servicio de políticas específicas.

   La única política informática en México es la que mantienen las empresas de ese ramo. En los municipios hay computadoras pero sin que en todos los casos se sepa, bien a bien, qué uso se les puede dar. Se han tendido redes hasta algunas escuelas pero no se ha puesto el énfasis en la capacitación de los profesores hipotéticamente destinados a utilizarlas. Y no hay proyectos para diseñar contenidos auténticamente originales.

   Antes de cumplir este encargo de Política Digital me di una vuelta por el portal electrónico del gobierno mexicano, http://www.gob.mx,  en un afán para identificar novedades y, si fuera posible, avances. Lamentablemente confirmé la pobreza de contenidos, los defectos técnicos y la ausencia de una idea integral de relaciones con la sociedad que han definido al llamado gobierno electrónico durante estos años.

   Allí, abrí el sitio del “Observatorio laboral” que pretendidamente contiene “información en línea” sobre el mercado de trabajo. Pero lo que ofrece es una compleja clasificación de variadas actividades. De allí no se puede transitar a los sitios en donde hay ofertas de trabajo. Para eso hay que regresar al portal y dirigirse a www.chambatel.gob.mx A los diseñadores de estos sitios nadie les ha platicado que existen ligas para brincar de un domicilio a otro en la Internet.

   En el portal del gobierno la sección “Democracia” conduce a una docena de temas. El rubro “Partidos políticos y elecciones” contiene, a su vez, tres apartados. Hay un calendario electoral que no fue elaborado por el gobierno sino por un centro de estudios privado, el CIDAC. Un directorio de partidos políticos incluye al Partido México Posible que, para desdicha de sus seguidores, desapareció hace varios años. También hay una liga al sitio del IFE con indicaciones para tramitar la credencial de elector.

   El rubro “Cultura política” ofrece un Calendario político de México 2004. Pero se trata de una compilación de fechas cívicas. Así me entero de que hoy, viernes 21 de octubre, es aniversario de la promulgación de la Constitución de Apatzingán. No hay una sola liga que pueda conducir a más información sobre esa efeméride. Para mi sorpresa ese calendario no ha sido elaborado por el gobierno federal sino por el gobierno del Estado de México.

   Descuidada, descontextualizada, improvisada, vieja y sobre todo ajena, la información a la que conduce www.gob.mx carece de utilidad sustantiva. Tampoco ha tenido éxito para alentar la participación de sus usuarios. El Foro de la Democracia, que forma parte del portal, muestra en su primera página 30 mensajes, registrados del 14 de enero de 2004 al 19 de septiembre de 2005. Sorprende que sean tan pocos, en un lapso tan amplio. Pero asombra más la escasez de sus participantes. 14 de esas contribuciones se deben a un señor llamado Rodolfo Rosas Escobar; otras 10 las escribió el ciudadano Dagoberto Gmo. Flores Lozano. Dos ciudadanos acapararon, durante 20 meses, la discusión del Foro electrónico sobre democracia del gobierno mexicano.

   El portal tiene 16 foros. El otro más concurrido está destinado a la Educación. Los 30 mensajes más recientes, el día que hago esta visita, van del 12 de abril de 2004 al 21 de octubre de 2005. De ellos, 24 fueron colocados por el señor Rodolfo Rosas Escobar. Otros 4 los escribió don Dagoberto Gmo. Flores. ¿Qué haría el e-gobierno sin esos dos abnegados ciudadanos?

   En México no tenemos auténtico gobierno electrónico, al menos en el plano federal. Para el gobierno la informática no ha sido un instrumento de relación con los ciudadanos sino de simulación.

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La persona en la Sociedad de la Información

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 15, 2005

Texto escrito en abril de 2005 a solicitud de la oficina de la UNESCO en Madrid y publicado más tarde en el libro La Sociedad de la Información en el siglo XXI: un requisito para el desarrollo. Volumen 2. Reflexiones y conocimiento compartido, editado oir la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información en España.

 

El Plan de Acción aprobado en la primera fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (Ginebra, diciembre de 2003) se refiere fundamentalmente al estímulo a políticas generales para extender y promover el uso de las nuevas tecnologías en este campo. No es un documento específicamente dedicado a los usos peculiares ni a las consecuencias de estas tecnologías en la vida de las personas.

   Pero es evidente que sin aquilatar sus efectos reales en las relaciones, el trabajo, las actividades cotidianas y desde luego en la ampliación de las perspectivas culturales, profesionales y vitales de quienes las utilizan, sería imposible diseñar un plan realmente integral para que la Sociedad de la Información lo sea, también, del Conocimiento y el desarrollo de las personas.

   Esa preocupación ha sido expresada de distintas maneras. Las dificultades para precisar el papel de la persona en la Sociedad de lnformación se puntualiza en interrogantes como las siguientes:

    ¿”Es importante la incorporación de la Sociedad de la Información en los hábitos de las personas para mantener y/o mejorar el nivel de empleabilidad de las personas? La interrelación de la vida personal y familiar con la profesional, ¿son dos caras de la misma moneda? ¿En qué posición queda la persona en la nueva Sociedad Red?¿Qué hábitos de uso de las TIC estamos integrando en nuestras vidas? ¿Qué diferencias hay entre quienes asimilaron las TIC a cierta edad (los inmigrantes digitales) y quienes nacieron con ellas (los naturales)?” [1].

   El Plan de Acción elaborado en Ginebra para ser considerado en la segunda fase de la Cumbre Mundial –que se realizará en Túnez a fines de 2005– no responde a esas preguntas. Pero involucra temas y problemas de cuya solución depende la manera y la intensidad con que los individuos se apropiarán o quedarán al margen de los recursos de información e interconexión previstos para la Sociedad de la Información (SI).

   Debido a su carácter y al formato, ese documento no se detiene a reflexionar en las repercusiones que la SI tiene y alcanzará cada vez más en las personas. Cabe resaltar, solamente, que la SI modifica, en ocasiones radicalmente, el contexto en el cual aprenden, laboran, se relacionan y comunican los individuos. En ese marco las nuevas tecnologías –especialmente la Internet– crean formas inéditas no solo para el trabajo y la educación a distancia. Junto con ello surgen nuevos espacios como el correo electrónico, el chat y los blogs, en donde lo mismo se replican formas de relación convencionales que se establecen nuevos ámbitos tanto para el trato persona a persona como para la socialización entre individuos que comparten intereses comunes.

   Para vivir y sobrevivir en la SI es necesario dominar destrezas específicas. La capacitación no sólo para encontrar información y saber discriminar entre ella sino, también, para colocar contenidos en las redes informáticas, se ha convertido en requisito indispensable en la formación cultural, la competitividad laboral y las opciones sociales de las personas. El Plan de Acción contempla la creación de capacidades para este nuevo entorno, entre otras áreas en el empleo de las TIC para la enseñanza y la formación de profesores. Sería pertinente que se hiciera énfasis en el adiestramiento de quienes ahora desarrollan tareas docentes y no solo en la preparación de aquellos que aspiran a trabajar en ese campo. También sería deseable que se precisaran mecanismos de financiamiento a fin de respaldar la formación para el uso de estas tecnologías y que existieran formas de evaluación de tales actividades.

   El Plan de Acción sugiere impulsar distintos usos de tales tecnologías. Además, sería conveniente reconocer las ventajas específicas que pueden tener de acuerdo con cada circunstancia nacional y regional. Es provechoso que se mencione al teletrabajo para que las personas “vivan en sus sociedades y trabajen en cualquier lugar”. Además se pueden identificar ventajas como el empleo de recursos informáticos para que los ciudadanos que han tenido que emigrar para encontrar empleo puedan enviar remesas a sus países de origen a través de transferencias electrónicas. Reglamentar y transparentar el uso de tales recursos es una necesidad acuciante en varios países de América Latina.

   Junto a los usos que les darán las personas, las nuevas tecnologías de la información implican desafíos en terrenos como la seguridad, la protección de derechos de autor y la privacía. En este aspecto el documento resulta especialmente pobre, sobre todo en comparación con las versiones previas de Plan de Acción que fueron elaboradas antes de la reunión de diciembre de 2003 en Ginebra. No basta con pretender la “sensibilización de los usuarios sobre la privacidad en línea”. Hace falta la promoción de políticas nacionales y compromisos internacionales para reivindicar el inalienable derecho de los individuos a resolver sobre la divulgación de sus datos personales.

   Otro rubro en el que se advierte un retroceso en contraste con las versiones anteriores de Plan de Acción, es el de los medios de comunicación convencionales. En particular se echa de menos la ausencia de alusiones a los medios de comunicación de carácter público –los cuales, en vista de que no tienen la ganancia mercantil como prioridad central, pueden ser más receptivos a necesidades, intereses y búsquedas comunicacionales de los ciudadanos–.  También ha sido deplorable la desaparición del apartado que proponía evitar la concentración en la propiedad de los medios de comunicación.

   El Plan de Acción recupera numerosos objetivos pertinentes. Pero al formularlos de manera general, sin metas específicas, aparecen simplemente como un inventario de buenas intenciones. Sería preciso que objetivos como la conexión de aldeas y creación de puntos de acceso comunitario, la conexión de universidades y escuelas de todos los niveles así como de bibliotecas y centros culturales, oficinas gubernamentales y el acceso de toda la población mundial a la cobertura de la televisión y la radio, entre otros rubros, tuvieran plazos y compromisos claros.

   Lo mismo la Solidaridad Digital, que es una de las iniciativas más relevantes que surgieron de la Cumbre en Ginebra. Hablar de “Agenda” y no de “Fondo” como inicialmente se había previsto, indica una preocupante ausencia de compromisos tanto del sector privado como de los gobiernos de las naciones con más recursos.

   Identificar los efectos que tendrá la SI en las personas obliga a desarrollar, de inmediato, una ambiciosa red de investigación acerca de estos y otros aspectos relacionados con la apropiación social de las nuevas tecnologías de la información. El Plan de Acción se propone “fomentar la investigación sobre la Sociedad de la Información” pero sería conveniente que hiciera más precisiones al respecto. En países como los de Iberoamérica, seguimos sin contar con indicadores homogéneos, registro de experiencias, inventarios de recursos y otros datos necesarios para tomarle el pulso al desarrollo de la SI así como a sus rezagos y dificultades. Temas como el empleo de los idiomas español y portugués, han sido motivo de atención por parte de grupos de expertos y organismos internacionales pero han carecido de la continuidad necesaria para lograr un registro temporalmente ambicioso de estos cambios. La creación de indicadores y puntos de referencia que sugiere el Plan de Acción (en su apartado 28 b) requeriría de evaluaciones y discusiones específicas en países como los de Iberoamérica.

   Iniciativas como la creación de un sitio web para reseñar “prácticas óptimas y proyectos con resultados satisfactorios” son sin duda útiles aunque modestas. Habría que pensar no en uno solamente, sino en una red de sitios con información de esa índole. Y sería necesario recuperar los detalles no sólo de experiencias exitosas sino, también, de aquellas que han encontrado dificultades relevantes. Es pertinente construir una visión que no se estanque en los diagnósticos pesimistas pero que tampoco se limite a una apreciación falsamente optimista de la Sociedad de la Información.

[1] “La sociedad de la Información en el Siglo XXI: un requisito para el desarrollo. 2ª parte”. Iniciativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología para complementar la participación española en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. Disponible en: http://www.desarrollosi.org/2a_parte.pdf

 

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Sociedad de la información. 2003: la cumbre en Ginebra.

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 14, 2005

Publicado en Telos número 59. Madrid, abril-junio de 2004.

Nadie consiguió todo lo que quería; nadie impuso tanto como pretendía. De esa manera pueden sintetizarse los resultados de la primera fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI) que se reunió en Ginebra entre el 10 y el 12 de diciembre de 2003. Organizado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones y con intensa participación de otros organismos como la UNESCO ese encuentro, que formalmente estaba destinado a reunir a jefes de Estado, fue el eje de una inusitada concentración de millares de personas, de todas las latitudes, interesadas en los efectos sociales de las nuevas tecnologías de la comunicación.

   Más de 11 mil personas acudieron hasta el Palexpo de esa ciudad suiza. Cuatro de cada 10 eran miembros de delegaciones gubernamentales de 176 países. Más de 3 mil 300, representaron a 481 ONG’s. Casi un millar fueron enviados por más de 600 medios de comunicación.

   Convocada por decisión de la Asamblea General de la ONU, la Cumbre en Ginebra tuvo la peculiaridad de acoger a delegados de la sociedad civil y de estar precedida por un intenso proceso de acercamientos y deliberaciones.  Además de su agenda oficial, que fue discutida hasta unas horas antes de la sesión inaugural, hubo espacios para que se conocieran las propuestas de centenares de agrupaciones de todo el mundo. Desde un par de días antes de la inauguración formal y durante toda la Cumbre hubo una exposición con pabellones de 250 países, empresas y organizaciones, así como centenares de foros y mesas redondas. En algunos momentos se realizaron más de 40 eventos simultáneos.

   El proceso anterior a la Cumbre incluyó cinco conferencias regionales (en Mali, Rumania, Japón, República Dominicana y Líbano), tres reuniones preparatorias en Ginebra (la última de las cuales sesionó en cuatro periodos) y una intensa propagación, en muchos de los países, acerca de los propósitos de ese evento.  Allí se encuentra uno de los aspectos más destacados de la CMSI. El solo hecho de haber propagado globalmente el tema de la sociedad de la información constituyó un reconocimiento necesario a la importancia de los nuevos medios.

 

Enfoques e intereses discrepantes

   Durante año y medio, la preparación de la Cumbre puso en evidencia las numerosas tensiones que existen alrededor del tema de la información. Gobiernos, empresas y ONG’s, entablaron un intercambio a menudo ríspido, pero con reglas, gracias al cual pudieron precisarse puntos de coincidencia y sobre todo, temas en los que no hay acuerdos. Esos contrastes se manifiestan en los documentos de Declaración de Principios y Plan de Acción que son el resultado formal de la reunión de diciembre en Ginebra [1].

   Las coincidencias se hallan fundamentalmente en el terreno de las declaraciones. Todos admiten la relevancia de la Sociedad de la Información e incluso, todos reconocen que está entretejida por numerosas insuficiencias y disparidades. Pero al momento de llegar a un diagnóstico más fino las diferencias de enfoque terminan con la unanimidad. La brecha digital, por ejemplo, es entendida por los gobiernos de muchos de los países más pobres y por numerosos organismos sociales como expresión de la desigualdad económica internacional.

   El frente que articularon las ONG’s consideró en su balance de la Cumbre: “Las reglas de juego internacionales desempeñan un papel fundamental en la economía mundial de la información. En los últimos años, los gobiernos han liberalizado los tradicionales regímenes regulatorios internacionales para las telecomunicaciones, el espectro de radiofrecuencias y los servicios por satélite, y han establecido nuevos acuerdos multilaterales para el comercio internacional en los servicios, la propiedad intelectual, la ‘seguridad de la información’ y el comercio electrónico. Al mismo tiempo, diversos grupos comerciales han creado una amplia variedad de disposiciones ‘autorregulatorias’ relativas a los identificadores de Internet (nombres y números), su infraestructura y su contenido. No es aceptable que estos marcos de gobierno mundial y otros relacionados sean diseñados por y para pequeños grupos de poderosos gobiernos y empresas, y posteriormente sean exportados a todo el mundo como hechos consumados. En vez de ello, deben reflejar las diversas opiniones e intereses de la comunidad internacional en su conjunto” [2].

   En cambio, para los directivos de empresas que acudieron a la Cumbre las tecnologías de la información y la comunicación pueden cambiar la vida de la gente en todo el mundo, “pero no se puede solamente tronar los dedos y tener una sociedad de la información. Se requiere inversión, creatividad e innovación –todas las cosas que las empresas hacen mejor–. Y las empresas están listas para hacer esas inversiones. Para ello, necesitamos trabajar con los gobiernos a fin de crear las condiciones necesarias para la inversión. Entre esas condiciones están: protección a los derechos de propiedad intelectual; sistemas jurídicos estables y predecibles; liberalización del comercio; neutralidad tecnológica y un marco regulatorio que promueva la competencia y aliente el espíritu empresarial”. Eso dijo Richard D. McCormick, presidente de la Cámara Internacional de Comercio, que habló en la plenaria de la Cumbre a nombre del Comité de Interlocutores Empresariales que crearon las compañías privadas que acudieron a ese encuentro [3].

 

Gobierno y solidaridad digitales

   La disparidad entre esas posiciones es muy clara. En donde las empresas decían derechos de propiedad intelectual, las organizaciones no gubernamentales postulaban acceso social al conocimiento; cuando las empresas pedían leyes capaces de garantizar sus inversiones, las ONG’s sugerían que el marco reglamentario debe respaldar la propagación universal de la tecnología; ante la liberalización del mercado de nuevas tecnologías, demandaban acceso de todas las personas a esos recursos de comunicación e información; ante el mencionado principio de neutralidad, sostenían que ninguna tecnología es neutra en lo que toca a sus efectos sociales.

   Así, en cada rubro, la diferencia de enfoques –y por lo tanto de intereses y convicciones– planteaba prospectivas distintas para el desarrollo global de estas tecnologías. Gobiernos como el de Estados Unidos respaldaron las posturas empresariales, en tanto que algunos de los gobiernos de África y América Latina estuvieron más cerca de las posiciones reivindicadas por las ONG’s.

   Definidos por esas tensiones, los resultados más importantes de la Cumbre fueron todos consecuencia de negociaciones en donde nadie impuso toda su agenda, al mismo tiempo que nadie se fue con las manos vacías.

   La propuesta para crear un Fondo de Solidaridad Digital que, alimentado por contribuciones privadas y de las naciones más prósperas respalde el desarrollo de las TIC en los países más pobres, quedó solamente en una recomendación para que aumente el monto de la asistencia social internacional. Pero se anunciaron aportaciones voluntarias, con recursos de empresas privadas y de gobiernos europeos, para proyectos de esa índole.

   Las peticiones para crear un organismo regulador de la Internet fueron remitidas a una comisión especial que deberá ser instalada por el secretario general de las Naciones Unidas para estudiar ese problema.

 

Túnez 2005, la próxima etapa

   Esos y el resto de los temas ventilados en Ginebra serán discutidos de nuevo en la segunda y última fase de la Cumbre que se realizará en Túnez del 16 al 18 de noviembre de 2005.

   El solo hecho de encontrarse con colegas de todo el mundo, que comparten intereses similares, propició que muchos de los asistentes reconocieran que valió la pena ir a Ginebra en diciembre pasado. Esa sola coincidencia permitió reconocer que el de la información y la comunicación y especialmente la presencia de la Internet, son temas cuya relevancia es entendida en todo el planeta. Pero cada quien los juzga según el color del cristal con que los mira.

   Hace ya más de un cuarto de siglo se reconocía que gracias a la propagación de la información teníamos un solo mundo y muchas voces. De la misma manera ahora hay que admitir que respecto de ese tema contamos, en un planeta crecientemente comunicado, con un gran problema –la disparidad en el acceso y la heterogeneidad de contenidos– y, acerca de él, también muchas voces.

   Habrá que esperar al encuentro de Túnez para saber en qué medida la algarabía de expresiones e intereses que circulan a propósito de la información puede traducirse en decisiones capaces de beneficiar a las grandes mayorías del planeta.

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[1] Los documentos finales de Declaración de Principios y Plan de Acción se encuentran en: http://www.itu.int/wsis/documents/doc_multi.asp?lang=es&id=1161|1160

 [2]Declaración de la sociedad civil : Construir sociedades de la información que atiendan a las necesidades humanas”: http://www.geneva2003.org/wsis/documents/summit/WSIS-CS-Decl-08-12-03-sp.pdf

 [3] “The final business statement. WSIS Geneva, speech by Richard D. McCormick. Final Plenary, World Summit on the Information Society:  http://www.itu.int/wsis/geneva/coverage/statements/ccbi/s10.doc

 

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La investigación latinoamericana sobre Internet

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 14, 2005

Texto escrito para Telos número 61. Madrid, octubre – diciembre de 2004

La presencia contundente aunque todavía insuficiente de la Internet en América Latina ha merecido atisbos variados, en ocasiones metodológicamente heterodoxos y de una heterogénea versatilidad disciplinaria. La gran mayoría de los especialistas acreditados en el estudio de la comunicación han reconocido a la Red de redes como un espacio imprescindible, tanto en el examen de los medios como en la propagación de sus propias reflexiones, pero pocas veces se han sumergido en la exploración de ese Océano de viejas y nuevas realidades que es la Internet. Una diversa amalgama de disciplinas, desde las ingenierías hasta la sociología, la filosofía y la antropología, entre otras, han acompañado a la comunicación en el estudio de los modos, usos y retos que supone el desarrollo latinoamericano de la Internet.

   De la desconfianza que parecía prevalecer a mediados de los años 90 cuando muchos ignoraban a la Internet o la consideraban simple instrumento de imposiciones ideológicas, al entusiasmo desmedido y sin contexto crítico que propagaban las posturas mimetizadas con el ánimo prevaleciente en los análisis estadounidenses sobre la Red, la investigación latinoamericana ha avanzado a una atención sistemática y en algunos casos creativa acerca de estos temas. Sin embargo la indagación latinoamericana de la Red todavía se realiza fundamentalmente a partir de esfuerzos más personales que institucionales.

   El intercambio entre los interesados en estos asuntos sigue siendo precario y los foros especializados son escasos. La Internet ha sido rápidamente admitida como tema específico dentro de los estudios latinoamericanos de comunicación, especialmente en congresos de organismos como ALAIC y FELAFACS. Pero su reconocimiento como medio específico ha sido tardío –en comparación con países de Europa y Norteamérica– tanto en las prioridades de centros de investigación como en los planes de estudio universitarios especializados en comunicación. El que sigue es un recuento, inevitablemente fragmentario, de aportaciones y búsquedas latinoamericanas, en el estudio latinoamericano de la Red de redes.

 

El bosque y los árboles en el ciberespacio

   Pocos autores en América Latina han emprendido una revisión panorámica de los efectos culturales y la presencia social de la Red de redes. Casi todos los estudios recientes se han dirigido a los árboles, más que al frondoso y a veces asombroso bosque que constituye la Internet. Alejandro Piscitelli ha sido pionero de los estudios sobre cibercultura en América Latina. Su propia formación, que lo llevó de la filosofía a la ciencia de los sistemas, da cuenta de la versatilidad de enfoques que resultan pertinentes para estudiar a la Internet. Su clásico Ciberculturas. En la era de las máquinas inteligentes fue reeditado enriquecido con numerosas anotaciones y anexos (Piscitelli, 1995 y 2002). Ese profesor de la Universidad de Buenos Aires ha aportado una lectura latinoamericana, pero no regionalista, a temas como la nanotecnología, los hipermedios, los espacios virtuales y, desde luego, la Internet. La imbricación de medios masivos convencionales como la televisión que llega a amplias audiencias y la Red que interconecta directamente a sus usuarios así como las fallidas ilusiones que suscitó la especulación financiera en torno a la economía digital, han sido analizadas en sendos libros de ese autor (Piscitelli, 1998 y 2001). Otros autores con miradas panorámicas sobre la Internet han sido los mexicanos Flores Olea y Gaspar de Alba (1997) y Sánchez. Este último anticipó virtudes y limitaciones de la Red al señalar que de la misma manera que “Internet unifica el saber de forma horizontal”, no por ello constituye la panacea a las carencias culturales de nuestras sociedades: “tampoco es adecuado pensar que Internet por sí sola será la solución del crecimiento civil planetario, ya que una gran parte de la red será usada para asuntos bastante frívolos, para el entretenimiento y cosas afines” (Sánchez, 1997).

  

Evaluando la brecha digital

   Más allá de la academia pero también en ella, la principal discusión latinoamericana sobre la Red, sobre todo en los últimos años del siglo XX, giró en torno a la disyuntiva que implicaba destinar recursos para infraestructura en informática a pesar de que no se satisfacían otras necesidades sociales. Conexiones o comestibles era, en realidad, un falso dilema. Mientras no haya mínimos de bienestar entre los cuales se encuentran la alfabetización, la energía eléctrica y las redes telefónicas, no habrá soportes materiales para la introducción de la Internet. Pero también ha sido posible reconocer que esta infraestructura es parte indispensable del desarrollo. Sobre esas posibilidades bordaron estudios como los del argentino residente en Canadá Ricardo Gómez (2000) y los diagnósticos realizados por varias organizaciones multilaterales.

   En una evaluación del desarrollo de la Sociedad de la Información en América Latina presentada al inicio de 2003, la CEPAL concibe a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación como “algo más que informática y computadoras, puesto que no funcionan como sistemas aislados, sino en conexión con otras mediante una red. También son algo más que tecnologías de emisión y difusión (como televisión y radio), puesto que no sólo dan cuenta de la divulgación de la información, sino que además permiten una comunicación interactiva” (CEPAL, 2003). Allí se propone una agenda de políticas públicas en esa materia, para América Latina y El Caribe.

   En 2003 la Asociación Latinoamericana de Integración publicó un extenso estudio sobre la brecha digital en esta región. Además de poner en cuestión las concepciones tradicionales de brecha digital, allí se propone una metodología que tome en cuenta no solo la proporción de usuarios de Internet sino además la cobertura telefónica, la densidad de habitantes por computadoras y la situación económica de cada país (ALADI, 2003). El estudio fue realizado por el chileno Rodrigo Díaz, el argentino Oscar A. Messano y el uruguayo Ricardo Petrissans. Este último alentó durante varios años el sitio “Sociedad Digital” (www.sociedaddigital.org) nutrido con abundante información de políticas públicas para la Red.

   Pero más allá de esos esfuerzos para racionalizar y ordenar de manera propositiva la información sobre cobertura e insuficiencias de la Red, en Latinoamérica ha sido posible asegurar que, salvo excepciones: “Las políticas públicas -internas- de cada país son caóticas con respecto a la facilidad de acceso de las multitudes a la red. Por caóticas me refiero a: dado el retraimiento del Estado y la apertura a lo privado, lo público posee escaso y/o nula intervención” (Del Brutto, 1991).

    Una de las salvedades ha sido Brasil con el paradigmático Libro Verde. Allí se condensan las aportaciones de más de 150 especialistas organizados en grupos temáticos (administración pública, acciones empresariales, contenidos e identidad cultural, cooperación internacional, divulgación en la sociedad, educación, infraestructura de redes, regionalización, investigación y desarrollo, planeación y  procesamiento de alto desempeño). El propósito práctico de ese informe se advierte en los apartados de cada uno de sus ocho capítulos: “de qué se trata”, “en dónde estamos”, “para dónde vamos” y “qué hacer”. Allí se considera: “La sociedad de la información no es un modismo. Representa una profunda mudanza en la organización de la sociedad y de la economía, habiendo quien la considera un nuevo paradigma técnico-económico. Para el Livro Verde la Sociedad de la Información también constituye un fenómeno global con dimensiones político-económicas y sociales y no está exenta de riesgos. “Noventa por ciento de la población del planeta jamás tiene acceso al teléfono. ¿Cómo evitar, entonces, que las nuevas tecnologías incrementen todavía más la disparidad social entre las personas, las naciones y los bloques de países? Los países y bloques políticos, desde mediados de la década de los 90 enfrentan las oportunidades y los riesgos que

rodean al futuro y, reconociendo la importancia estratégica de la sociedad de la información, toman iniciativas para asegurar que esa nueva era vendrá en su beneficio” (Takahasi, 2000).

   Un esfuerzo similar fue realizado en Chile para la elaboración del documento presentado en enero de 1999 (Comisión Presidencial, 1999). En Centroamérica la Fundación Acceso, con la participación de investigadores como Kemly Camacho, Juliana Martínez y Evelyn Zamora, ha elaborado varias útiles monografías para el conocimiento y la propagación de la Internet, así como su apropiación por parte de la sociedad (http://www.acceso.or.cr/). Y en el área del Caribe la Fundación Funredes, establecida en República Dominicana y dirigida por Daniel Pimienta, ha realizado desde 1993 una sistemática tarea de análisis de los usos sociales de las redes informáticas así como una indagación de la presencia de las lenguas latinas en la Internet (http://www.funredes.org).

   Con prudente escepticismo, Hopenhayn (2003) ha exhortado a no confundir experiencias exitosas, pero limitadas, con el panorama de carencias que sigue definiendo a la Red en nuestros países: “Si bien es cierto que hay casos ejemplares de alumnos de colegios pobres que logran dialogar desde las terminales en la sala de la escuela con pares de ultramar, comparando grafittis o experimentos de biología, debe reconocerse que en América Latina tenemos hermosos y heroicos casos singulares, pero políticas públicas muy insuficientes en este campo”.

   La variedad de experiencias y ritmos en el desarrollo de la Internet en América Latina ha dificultado la elaboración de estudios panorámicos. Un esfuerzo plausible es el que han sostenido tres investigadores alemanes, Herzog (2001), Hoffman (2004) y Schultz (2002) del Instituto de Estudios Iberoamericanos en Hamburgo.

   Y aunque menos abundantes, también han surgido reflexiones críticas sobre las realidades y la definición misma de Sociedad de la Información como, destacadamente, la que ha emprendido Pasquali (2003).

 

Redes con o para la sociedad

   Los usos ciudadanos de la Red, el papel que desempeña en la  creación, propagación o difuminación de identidades sociales y nacionales y la forma como ha sido aprovechada por algunos movimientos sociales, han sido temas frecuentados por autores de muy variadas perspectivas analíticas y políticas. Sin embargo a menudo se estudia más la singularidad o extravagancia que implica el uso de la Internet para cumplir con tareas que habitualmente se desempeñaban por medios tradicionales, que los contenidos específicos difundidos en ella. Rafael Capurro, profesor uruguayo de Ciencias de la Información en Stuttgart, deploraba hace casi un lustro la escasez de estudios sobre los rasgos culturales en los sitios de Internet: “Esto se refiere a la forma cómo culturas locales –por ejemplo ciudades, regiones, países, pero también individuos, empresas, grupos– se presentan en la red destacando sus peculiaridades culturales por ejemplo a través del lenguaje, los colores, los símbolos etc. Este tipo de estudios debería mostrar no sólo diversos tipos de mestizajes culturales sino también la apertura y la porosidad intercultural así como también la persistencia de prejuicios, preferencias e intereses. Este tipo de estudios podría mostrar también, de qué forma los conflictos políticos y culturales se reflejan en la Internet y qué tipo de problemas genera este espacio que recubre por así decirlo la estructura de límites geográficos, culturales y legales cuya delimitación ha determinado la historia de la humanidad desde sus comienzos. Se trata entonces de algo que incluye pero va más allá de la pregunta acerca de si existe o no por ejemplo una forma específicamente latinoamericana de usar la red” (Capurro, 2000).

   A partir de la divisa “Internet para todos”, varios autores han descrito experiencias en el uso comunitario de la Red. Entre ellos se encuentran León, Burch y Tamayo (2001). Galindo (1997) abordó la utilización de la Red por parte del Ejército Zapatista, un caso muy comentado pero escasamente estudiado.

   La instalación de telecentros y el auge de los cibercafés han sido analizados por Robinson (2001). Al uso de la Red por parte de los jóvenes se asomaron, atendiendo a sus consecuencias laborales, Crovi y Girardo (2001). Más recientes son los acercamientos de autores venezolanos como Lozada (2004) y Martínez (2004) de las universidades Central de Venezuela y de Zulía, que han explorado los usos ciudadanos de la Internet en circunstancias políticas específicas.

   La profesora argentina Susana Finquelievich (1998 y 2000) ha invertido especial dedicación a estudiar promover el diagnóstico de las relaciones entre la Red y el entorno urbano. “De las redes de ciudadanos evolucionamos hacia la ciudad-red, y de allí, a un mundo que no se hace más reducido, pero sí inextricablemente complejo, en el que las acciones locales repercuten a nivel global y viceversa” –ha dicho en el más reciente de esos trabajos–. Desde otro punto de vista, más ligado a la cibercultura que a la sociología, André Lemos (2004) considera, en Brasil, que “las ciberciudades pasan a ser pensadas como formas de restablecer el espacio público, colocar en sinergia diversas inteligencias colectivas y reforzar lazos comunitarios”.

 

Medios y enseñanza en línea

   Novedad y desafío, el ciberperiodismo ha sido tema de recuentos como el de Islas y otros (2002) y Navarro (2002) especialmente pertinentes en vista del interés que el tema ha comenzado a despertar en escuelas de comunicación. El empleo de la Red como anfitriona de medios convencionales ha sido abordado en Islas y Gutiérrez (2000).  Esos investigadores encabezan el Proyecto Internet del campus Estado de México del Instituto Tecnológico de Monterrey que edita la revista electrónica Razón y Palabra (www.razonypalabra.org.mx) y está a cargo del grupo de trabajo sobre sociedad de la información e Internet de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación, ALAIC.

   Sin embargo a la Internet, como espacio de comunicación e interacción con singularidades que no se encuentran en los medios convencionales, se la estudia poco. Raisa Urribarri (1999) profesora de la Universidad de Los Andes en Trujillo, Venezuela, ha adaptado los enfoques latinoamericanos de las teorías de la comunicación para proponer un uso participativo de la Red.

   En el campo de la educación, en cambio, los usos de la Internet han sido abordados en numerosos trabajos fundamentalmente técnicos. En este recuento solo mencionamos, por sus aportaciones conceptuales y el creativo realismo que lo anima, el ensayo de Brunner (2003) sobre Internet como palanca educativa.

 

Atisbos a la cibercultura

   La Red en Latinoamérica, como espacio de relaciones sociales que no necesariamente ocurren fuera de línea y como medio para nuevas manifestaciones culturales ha sido examinada desde contrastantes perspectivas y siempre tomando como punto de partida las reflexiones de autores de otras latitudes. A los trabajos de Piscitelli (1995 y 2002) se han añadido enfoques como los del también argentino Romano (2000) que entiende a las comunidades virtuales como “nuevas masas psicológicas artificiales” y el mexicano Galindo (2001) que con la óptica de la comunicación explora la formación de comunidades virtuales, entre otros temas.

   Desde el campo de la psicología pero sin fundamentalismos disciplinarios, el uruguayo Balaguer (2003) emprendió una revisión de las implicaciones culturales de la Red en el más amplio sentido del término. “Internet es un nuevo espacio psicosocial que podrá ser vivido por cada cibernauta según su deseo, sus posibilidades y también sus limitaciones”, acota.

   Las relaciones afectivas en espacios como el chat y las tensiones entre erotismo y censura son discutidas sin intolerancias por Sánchez (2001). Las posibilidades de las nuevas tecnologías para abrir los sentidos a percepciones distintas de las convencionales incluyendo una disquisición sobre cyborgs y robots son temas de Yehya (2001). Gómez Cruz (2003) ha discutido las imbricaciones entre cibersexo y comunidades virtuales. Años atrás Cafassi (1998) coordinó, en Buenos Aires, una serie de estudios sobre privacidad, subjetividad, virtualidad y otros temas relacionados con la Internet.

   André Lemos (2003) sondea la relevancia de la técnica en la vida contemporánea para la creación de una cibercultura a la que entiende como “una forma socio-cultural que emerge de la relación simbiótica entre la sociedad, la cultura y las nuevas tecnologías de soporte micro-electrónico que surgieron con la convergencia de las telecomunicaciones y la informática en la década de los 70”. Ese investigador, junto con Marcos Palacios, encabeza desde 1997 en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Bahía, en Brasil, el Centro de Estudios e Investigación en Cibercultura (http://www.facom.ufba.br/ciberpesquisa/). Tres grupos de trabajo en ciberciudades, periodismo en línea e Internet y política, así como la revista electrónica 404nOtF0und forman parte de las tareas de ese colectivo académico.

   También en Brasil, en la Universidad Federal de Río, el grupo Ciberidea coordinado por Paulo Vaz y con una perspectiva que incluye a la comunicación, la filosofía y la psicología estudia las transformaciones culturales, especialmente en las relaciones entre los individuos, que suscitan la Internet y el resto de las nuevas tecnologías (http://www.eco.ufrj.br/ciberidea).

 

Perspectiva

   Naciente y dispersa, creciente y diversa, la investigación latinoamericana sobre la Internet no alcanza a consolidar una escuela ni se reduce a orientaciones metodológicas específicos. La admiración ante las posibilidades de ese medio ha suscitado descripciones que comienzan a estar acotadas por consideraciones críticas. Las insuficiencias en este campo son proporcionales a la magnitud de la Internet y su importancia. Tenemos muchas monografías, pero poca teoría acerca de la Red de redes. Faltan estudios de caso pero también ojeadas regionales. Se trata de un territorio académico desafiante y fascinante, que está  ganando un sitio propio dentro de las ciencias sociales en América Latina. Es importante que así como se cuestiona y combate la brecha digital en nuestros países, también logremos abatir la grieta que en algunos casos se mantiene entre el campo de la comunicación y el estudio de la Internet.

 

Bibliografía

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-Yehya, Naief, El cuerpo transformado. Paidós, México, 2001.

 

 

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Democracia en manos de los hackers

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 14, 2005

Publicado el 21 de junio de 2004 en La Crónica de Hoy y otros diarios

La participación en elecciones mexicanas de nuestros compatriotas que radican en el extranjero parece una causa noble, justa e  indiscutible. Pero puede convertirse en el suicidio de la democracia mexicana.

   Las campañas fuera del país serían ajenas al control de la autoridad electoral. Muchos de los minuciosos controles que México tuvo que incorporar a la normatividad para las elecciones resultarían inservibles en votaciones fuera de nuestras fronteras. Además esos comicios tendrían un costo que, hasta ahora, nadie ha podido estimar de manera realista.

   El gobierno federal y al parecer algunos partidos suponen que esas elecciones, total o parcialmente, podrían realizarse a través de la Internet. Con buena voluntad pero preocupante desconocimiento, existe la idea de que los problemas de seguridad y logística que supondría una votación electrónica y a distancia podrían resolverse de aquí a los comicios federales de julio de 2006.

   A quienes comparten esa opinión les resultará útil asomarse a la experiencia y la discusión internacionales sobre el uso electoral de la Internet. La mayoría de los especialistas coincide en alertar acerca de los riesgos que implica el tráfico de votos en un entramado abierto como es la Internet.

 

Posibles ciber-asaltos

   Hace cinco meses comité de especialistas en informática, convocados por el gobierno estadounidense, presentó una de las evaluaciones más categóricas que se han realizado acerca del empleo de la Internet para recabar votos de los ciudadanos.

   Los sistemas de votación sustentados en la Internet y en computadoras ordinarias, se dice allí, representan “numerosos y fundamentales problemas de seguridad que los hacen vulnerables a una variedad de bien conocidos ciber-ataques (asaltos internos, asaltos para impedir el servicio, engaños, distorsión automática del voto, ataques con virus contra las computadoras de los votantes, etcétera) cualquiera de los cuales podría ser catastrófico”.

   Esos ataques, continúa el informe, “podrían ocurrir en gran escala y podrían ser emitidos por cualquiera, desde algún descontento solitario hasta una agencia enemiga bien financiada y ubicada fuera del alcance de la justicia estadounidense”.

   Una o varias intromisiones de tales magnitudes, añade el documento, privarían de sus derechos a votantes específicos, implicarían violaciones a la privacía, abrirían la posibilidad de compraventa o el intercambio de votos, “incluso al grado de trastocar los resultados de muchas elecciones a la vez, incluyendo la elección presidencial”.

   Esas son parte de las conclusiones presentadas el 21 de enero pasado por el grupo creado para examinar el proyecto SERVE (Secure Electronic Registration and Voting Experiment), un sistema de votación a distancia sustentado en la Internet. Tal proyecto fue desarrollado por la corporación Accenture a petición del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El Pentágono estaba interesado en facilitar el voto de los militares estadounidenses, y de sus familias, que se encuentran fuera de ese país.

 

Proyecto del Pentágono

   Los especialistas que analizaron dicho proyecto son los doctores David Jefferson (que hace investigación sobre súper cómputo y encabezó el comité técnico para las elecciones con pantallas sensibles al tacto en California el año pasado), Aviel D. Rubin (director técnico del Instituto para Seguridad Informática de la Universidad John Hopkins), Barbara Simons (consultora en política tecnológica y ex investigadora de la IBM en ciencia computacional) y David Wagner (experto en seguridad y criptografía de la Universidad de California en Berkeley).

   El Departamento de Defensa se proponía invertir 22 millones de dólares para que 100 mil estadounidenses pudieran votar en las elecciones presidenciales de noviembre próximo. A partir de esa cifra podemos preguntarnos el costo que alcanzaría un sistema de sufragios por Internet para varios millones –no se ha precisado cuántos– de mexicanos.

   El problema va mucho más allá de los recursos financieros. Los cuatro especialistas alertan: “Con un diseño cuidadoso, algunos de los ataques podrían ser exitosos y hasta pasar completamente inadvertidos. Incluso si fuesen detectados y neutralizados, tales ataques podrían tener un devastador efecto en la confianza pública en las elecciones”.

 

Propuesta presidencial

   No obstante esas advertencias, en México la clase política se encuentra muy confiada con la posibilidad de que tengamos elecciones electrónicas a distancia, al menos para quienes votarían fuera del país. En la propuesta presidencial, cuya exposición de motivos asegura que recoge buena parte de las sugerencias de todos los partidos, se dice que habría tres modalidades para el sufragio en el extranjero: voto electrónico, voto postal y voto en casillas instaladas en centros de votación. Así quedaría establecido en uno de los artículos que se propone agregar al Código Federal Electoral.

   El voto electrónico puede tener dos modalidades. La primera de ellas es la instalación de urnas computarizadas, que al registrar automáticamente el sufragio facilitarían el conteo de votos. En varias elecciones recientes, entre otros sitios en Brasil, han sido probadas distintas variedades de esos dispositivos. Aunque automatizan el cómputo, aun tienen problemas de seguridad que no han sido claramente resueltos. En Estados Unidos existe una intensa discusión sobre las distorsiones y fraudes que pueden originarse con un manejo inescrupuloso de esas máquinas. En México el Instituto Electoral del Distrito Federal tiene un programa de urnas electrónicas.

   La otra posibilidad de voto electrónico es el sufragio a distancia, a través de la Internet. La iniciativa de ley se refiere a esa modalidad porque coloca en otro rubro la instalación de casillas en centros de votación.

   El voto por correo, dicho sea solo de paso, también ha sido muy cuestionado en distintas experiencias tanto norteamericanas como europeas. Las dificultades para identificar al ciudadano que ejerce el voto de esa manera, la posibilidad de que la correspondencia se extravíe o sea alterada y el tiempo que transcurre entre el envío y la recepción de la boleta por correspondencia, se encuentran entre los problemas que han llevado a desestimar ese mecanismo. Por eso el Pentágono ha querido estudiar opciones electrónicas para el voto de sus elementos que, estando en servicio, quieren ejercer el sufragio fuera del país.

 

Paquete para el IFE

   En México, la iniciativa de reformas a la legislación electoral que el presidente Vicente Fox envió el 15 de junio a la Comisión Permanente traslada al Instituto Federal Electoral la tarea de establecer los mecanismos de seguridad que habría para el voto desde el extranjero.

   En esa propuesta se dice: “El Consejo General del Instituto, con base en lo dispuesto en el presente ordenamiento, determinará los mecanismos, procedimientos y medidas de seguridad para garantizar que los votos emitidos en el extranjero cumplan con las características establecidas en la Constitución y en éste Código, particularmente en lo que se refiere a garantizar que el voto sea personal, secreto e intransferible”.

   Se trata de una manera discreta, pero poco elegante, para endosarle a otra autoridad el problema no sólo de la organización, sino de la supervisión de los procesos electorales. El IFE desde luego tendría que ser responsable de la recepción y el cómputo de cada voto en nuestros comicios. Pero las reglas para ello tendrían que ser claramente establecidas, de manera responsable, por el Poder Legislativo. El presidente se lava las manos respecto de esos detalles y simplemente sugiere que de ellos se ocupe la autoridad electoral.

   Y no es tan sencillo. Abrir las elecciones federales mexicanas a la participación de nuestros compatriotas en el extranjero supone una enorme operación financiera y logística pero, además, correr riesgos que la democracia mexicana no está en condiciones de enfrentar.  

 

Singularidad del sufragio

   Las votaciones por Internet constituyen uno de esos peligros. Esta semana, al explicar en varias estaciones de radio las opciones para el sufragio fuera del país, funcionarios de la Secretaría de Gobernación decían que seguramente los riesgos que implica la transferencia de información por la Internet serían resueltos. Si todos los días hay transacciones financieras por millones de dólares que se realizan sin errores, decían, con mayor razón los votos podrían ser emitidos a través de la Red.

   Sin embargo no es lo mismo enviar dinero de una cuenta bancaria a otra que remitir un voto electrónico. El grupo encabezado por el doctor David Jefferson consideró, al respecto, en el informe que hemos mencionado: “Muchas personan creen erróneamente que ya que pueden realizar transacciones comerciales de manera segura a través de la Internet, entonces también pueden votar con seguridad a través de ella. Primero, habitualmente subestiman los riesgos de las transacciones financieras en línea e ignoran muchos de los riesgos que corren incluso cuando tienen el cuidado de hacerlas en sitios web ‘seguros’ a través del protocolo SSL [Secure Socket Layer, un parámetro para la transmisión de datos a través de la Red]. Pero además suponen que votar es comparable de algún modo con una transacción financiera en línea cuando en realidad, la seguridad para las elecciones en Internet es con mucho más difícil que la seguridad para el comercio electrónico. Hay tres razones para ello: la importancia de lo que está en juego, la incapacidad para recuperarse de las fallas, e importantes diferencias estructurales entre los requisitos para las elecciones y para el comercio electrónico” (Jefferson, Rubin, Simons y Wagner, A Security Analysis of the Secure Electronic Registration and Voting Experiment).

 

Votar no es comprar

   La explicación del grupo de expertos abunda en esas diferencias. “En primer lugar, en las elecciones resulta esencial una alta seguridad. La democracia cuenta con una amplia confianza en la integridad de nuestras elecciones, así que lo que está en juego es enorme. Simplemente no nos podemos permitir equivocarnos en eso. En consecuencia, las elecciones requieren un nivel de seguridad más alto que el comercio electrónico. Aunque sabemos cómo construir sistemas de seguridad aceptables para el comercio electrónico, el grado de seguridad que requieren no es suficiente para las elecciones públicas” (cursivas en el documento original).

   “En segundo lugar, la votación por Internet es estructuralmente distinta de –y fundamentalmente más desafiante que– la seguridad en el comercio electrónico. Por ejemplo, si su cónyuge emplea su tarjeta de crédito con su consentimiento esa no constituye una falla se seguridad; es rutinario delegar la autoridad para hacer transacciones financieras. Pero es una falla de seguridad si su cónyuge puede votar en su representación, aunque tenga su consentimiento: el derecho al voto no es transferible y no debería ser delegado, vendido, comerciado o entregado. Otra distinción entre las elecciones y el comercio electrónico es que cuando debido a un ataque informático no se puede realizar una transacción electrónica, ello puede significar que un negocio se pierda o se posponga pero no  deslegitima el resto de las transacciones que no fueron afectadas. Sin embargo, en una elección un ataque que ocasione la suspensión de un servicio puede resultar en una irreversible privación de los derechos ciudadanos y, dependiendo de la severidad de la agresión, podría estar comprometida la legitimidad de toda la elección”.

 

Anonimato en peligro

   El Informe describe de esta manera las dificultades para asegurar el secreto del voto en la Internet: “En tercer lugar el especial anonimato que requieren las elecciones públicas hace difícil la detección de fallas de seguridad en un sistema de votación por Internet y mucho menos recuperarse de ellas, mientras que la detección y la recuperación en el comercio electrónico es mucho más sencilla debido a que no es anónimo. En un escenario comercial la gente puede detectar muchos errores y fraudes cotejando facturas, testimonios y recibos; y cuando se detecta un problema es posible la recuperación (al menos parcialmente) a través de reembolsos, seguros, deducciones fiscales o acciones legales. En contraste, los sistemas de votación no deberían extender recibos porque violarían el anonimato y propiciarían la compra de votos así como la coerción y la intimidación. No obstante, aunque un sistema de votación no puede extender recibos indicando cómo votó la gente, es vital para el sistema tener tal  transparencia que cada elector o electora tenga confianza en que su voto es adecuadamente registrado y contabilizado y, de manera más amplia, que así ocurre con los votos de todos”.

   “Los sistemas de comercio electrónico –añade el documento de Jefferson y sus colegas– no tienen esas exigencias. Por lo general, diseñar un sistema de votación por Internet que pueda detectar y corregir cualquier forma de fraude electoral sin extender a los votantes recibos que indiquen cómo votaron y que no implique riesgos a la privacía del voto al permitir que a los votantes se les asocie con sus votos, es un profundo y complejo problema de seguridad que no tiene similitud con el mundo del comercio electrónico. Por esas razones, la existencia de tecnología que proporciona adecuada seguridad al comercio por Internet no implica que las votaciones por Internet puedan ser seguras”.

 

Inevitable vulnerabilidad

   La iniciativa presidencial para facilitar el voto en el extranjero sugiere, en la exposición de motivos, que el IFE establezca la votación electrónica en sitios de poca concentración de mexicanos “para conocer y evaluar de forma práctica los posibles riesgos y las ventajas que esta modalidad traerla consigo”. Ese reconocimiento a la probabilidad de riesgos es, de por sí, preocupante. Pero una vez que a los mexicanos en una localidad se les autorizara a votar por Internet, sería difícil impedir que otros más pudieran hacerlo. Determinar formas de votación exclusivas para un sector, resultaría discriminatorio para los ciudadanos a quienes no se les permitiera ejercer el sufragio de esa manera.

   El voto por electrónico –entre el cual se encuentra el que se podría ejercer a través de la Internet– tiene, por supuesto, defensores y promotores. Sin embargo la mayoría de ellos forman parte de empresas dedicadas a vender sistemas para el sufragio en línea o en urnas electrónicas. En Estados Unidos y Europa, los partidarios más insistentes de esos procedimientos de votación suelen estar vinculados a tales compañías.

   En cambio desde la opinión especializada, originada en instituciones académicas o consultorías independientes, las advertencias son enfáticas. La especialista Rebecca Mercuri, que encabeza una firma de asesores en seguridad y votación electrónicas, recuerda que “los sistemas completamente electrónicos no proporcionan ninguna vía para que el votante pueda verificar realmente que su voto corresponda con el que ha sido registrado, transmitido y tabulado. Cualquier programador puede escribir un código que muestre una cosa en la pantalla, registre otra más e imprima otro resultado… Si el mayor productor de software en Estados Unidos no puede proteger su propia compañía de un ataque por Internet, uno puede comprender que los sistemas de votación (creados por esa u otras firmas) no serán mejores (y probablemente sí serán peores) en términos de vulnerabilidad”.

   Jason Kitcat, experto y consultor en temas de gobierno electrónico, considera que muchos políticos quieren promover el voto por computadora como una forma de resolver el desaliento de los ciudadanos respecto de los partidos y las elecciones. Sin embargo, considera, hacer descansar la renovación de la democracia en recursos como el voto electrónico puede ocasionar acciones fraudulentas. Y coincide con otros especialistas: el voto electrónico a distancia requiere de formas de autentificación que todavía resultan imperfectas.

 

Escaso acceso a la Red

   Una apreciación similar ha sido compartida por la Oficina de Ciencia y Tecnología del Parlamento Europeo que en un informe publicado en mayo de 2001, enumeraba los riesgos que se mantenían para el voto a través de la Internet. Distintos reportes sobre ese tema concluyen, se decía, “que se necesita mayor investigación antes de que las elecciones por Internet puedan resultar seguras”. Allí se recordaban las conclusiones de un estudio de la Fundación Nacional para la Ciencia en Estados Unidos que determinó: “Los sistemas de votación remota por Internet representan significativos riesgos para la integridad del proceso electoral y no deberían ser establecidos para el uso en elecciones públicas hasta que sean tratados sustanciales asuntos técnicos y de las ciencias sociales”.

   Además de los aspectos técnicos, se mencionaban los aun escasos niveles de acceso público a la Internet, las dificultades de amplios sectores de la sociedad para utilizar la Red y la posibilidad de que el respeto que la gente tiene ahora por las elecciones –que son un sistema visible y fácil de comprender y fiscalizar– fuese alterado por el empleo de mecanismos en los que no se tenga suficiente confianza.

   Un problema, entre otros, para que los mexicanos en el extranjero votaran por Internet, se encuentra en el aun insuficiente acceso que nuestros compatriotas en Estados Unidos tienen a ese recurso informático.

 

Peliaguda identificación

   La única manera imaginable hoy en día para que el voto por Internet fuese inviolable, sería con el empleo de mecanismos de identificación biométrica. Los más utilizados son el reconocimiento de huellas dactilares, el registro del iris ocular o la identificación del votante a través de la voz. Cada uno de esos métodos requiere de una infraestructura tecnológica y de registros previos con los que el sistema electoral mexicano no cuenta hoy en día. La huella dactilar de cada ciudadano está reproducida en la credencial de elector, pero utilizarla para el cotejo del voto en línea implicaría que el votante tuviera en su computadora un mecanismo para escanear o grabar su propia huella, lo cual complicaría enormemente esa modalidad de sufragio. Y aun así, habría posibilidades de un ataque informático que trastocara esas elecciones.

   La Internet constituye una herramienta fabulosa para que los ciudadanos estén informados acerca de los candidatos y partidos que compiten en cada elección. Es, también, un recurso insustituible para que sigamos el cómputo de votos como ha sucedido en los comicios federales más recientes en nuestro país. Sin embargo aun no existen los mecanismos de seguridad y verificación que permitan asegurar la confidencialidad y autenticidad de las votaciones a través de ella. La informática es un respaldo fundamental para la cultura y las prácticas ciudadanas, siempre y cuando no se magnifiquen ni mitifiquen sus posibilidades. Establecer el voto en línea, podría colocar a nuestra democracia en manos de los hackers.

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Una red para la gente

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 13, 2005

Fragmento de la participación presentada en la Conferencia Internacional El Reto de México ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. Senado de la República, México, 28 de mayo de 2003


La próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información ha revitalizado, en numerosos países, el debate acerca de las nuevas tecnologías de la comunicación y los usos que pueden tener. Lamentablemente en México hemos estado casi del todo ajenos a esa intensa, extensa y en otras latitudes fructífera discusión. Ni los especialistas interesados en estos temas, ni la sociedad que es a la postre beneficiaria o damnificada según sea el empleo de tales tecnologías, ni los organismos del Estado a cargo de tales asuntos, han propiciado la reflexión colectiva que nos podría permitir tanto afinar las posiciones de nuestro país rumbo a la cumbre de Ginebra y Túnez como deliberar, en ese contexto, acerca de lo mucho que nos falta para tener un país auténticamente imbricado en la construcción de una auténtica Sociedad de la Información.

Por eso es en tantos sentidos bienvenida la Conferencia convocada por el Senado de la República. Si bien ha sido lamentable la intencional ausencia de los representantes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que según se ha informado cancelaron su participación apenas unas horas antes de la mesa redonda en la que se habían comprometido a participar, es muy alentadora la respuesta de muchas otras instituciones y organizaciones. Hoy podemos afirmar que, al fin, el de la Sociedad de la Información es un tema que comienza a formar parte de la agenda pública mexicana. Quienes mantengan el interés por intercambiar impresiones en espacios como este se beneficiarán de uno de los rasgos esenciales de la Sociedad de la Información, que es la interactividad. Quienes decidan permanecer al margen de coloquios como este, seguirán apartados de las percepciones e inquietudes que la sociedad mexicana tiene en su aproximación a las nuevas tecnologías de la información.

Compleja brecha digital

Al ocuparnos de la relación entre los ciudadanos del mundo actual y la Sociedad de la Información –específicamente la Internet, a la que podríamos considerar como su columna vertebral–, encontramos dificultades de cantidad y calidad. Entre las primeras destaca la todavía escasa presencia de la red de redes entre los habitantes del planeta. El cuadro uno compara el número de usuarios de la Red que la empresa Nielsen estimaba en marzo de 2003 y muestra el porcentaje de cibernautas en cada región del mundo, así como sus dimensiones dentro de la población de cada zona.

Cuadro Uno

La brecha digital / Internet en el mundo

Región

Usuarios marzo 2003

% usuarios

Cobertura (% población)

África

6 866 400

1.1%

0.8%

América

222 238 795

36.6%

26.0%

Asia

185 458 120

30.5%

5.2%

Europa

172 834 809

28.4%

23.8%

Med Oriente

7 165 407

1.2%

2.9%

Oceanía

13 069 833

2.2%

42.1%

Total mundial

607 633 364

100 %

9.7%

Fuente: a partir de datos de Nielsen NetRatings

Datos como los anteriores confirman que, al menos en alguna medida, la Internet y sus distintos afluentes informáticos se han llegado a convertir en un nuevo espacio de desigualdades en el mundo de nuestros días. Eso no implica que nos resignemos a las dimensiones actuales de la brecha digital que escinde a unos países de otros y que, también, implica contrastes dentro de cada nación.

Ya que se trata de un medio de comunicación y un espacio social tan nuevos, aun estamos a tiempo de emprender los esfuerzos necesarios para que la Internet deje de ser un indicador más de la inequidad en nuestro mundo. Para ello es preciso reconocer en qué medida las nuevas tecnologías proporcionan un ámbito de recreación, conocimiento e información y de qué manera también se convierten en nueva zona de injusticias y desigualdades.

Las cifras anteriores hacen patente que en el mundo contemporáneo mucha gente (cerca del 90% de los habitantes del planeta) sigue sin disfrutar de los bienes informáticos. Del total mundial de más o menos 607 millones de personas con posibilidades para conectarse a la Internet tenemos una gran cantidad –más de la tercera parte– que se concentra en América del Norte. Europa reúne casi a otro 30%.

Pero si bien entre Norteamérica y Europa se encuentra más del 67% por ciento de los usuarios de la Red, en esos sitios radica apenas el 13% de la población total del planeta.

En América Latina, como puede apreciarse en el cuadro dos, el porcentaje de internautas es muy inferior al promedio mundial del 10%. Brasil y Argentina superan ese porcentaje y Chile casi se le acerca. Pero en cambio Colombia, Venezuela están abajo del 6% de usuarios de Internet respecto de su población total y Perú no llega al 3.5%.

En ese panorama la situación de México es desalentadora. A pesar de que el nuestro fue uno de los primeros países conectados a la Red, a mediados de 2003 la cantidad de usuarios de ese medio apenas llega al 5% según las estimaciones más frecuentes. En las zonas urbanas más importantes, como la ciudad de México y Monterrey, ese porcentaje se duplica o quizá se triplica. Pero en términos nacionales seguimos teniendo una situación de rezago tanto respecto del mundo, como en comparación con otros países de la región latinoamericana.

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Auge y estancamiento en México y el mundo

El desarrollo de la red de redes en nuestro país ha sido paralelo a la expansión de este recurso en el mundo entero, como puede apreciarse en el cuadro tres. Allí se comparan, a partir de fuentes distintas pero que ofrecen datos homologables, las variaciones en la cantidad de usuarios de la Internet en el mundo y en México.

 

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Aparentemente la evolución global y mexicana de la Red han sido casi paralelas. Entre 1995 y 2000 prácticamente cada año se duplicó la cantidad de cibernautas en cada uno de esos ámbitos y a partir de entonces los incrementos fueron de aproximadamente 40 y 30%, respectivamente. Es decir, en ambos planos –global y nacional– se aprecia una desaceleración en el ritmo de crecimiento que la Internet tuvo en su lapso de mayor desarrollo hasta la fecha, en el último lustro del siglo XX.

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 Las tendencias que se muestran en el cuadro tres ofrecen otras conclusiones a partir de la comparación del ritmo de crecimiento de la Red, año por año, como se aprecia en el cuadro cuatro. Allí se contrastan las variaciones porcentuales entre la cantidad total de usuarios, de un año a otro, tanto global como nacionalmente.

Así, podemos constatar que entre 1995 y 1996 y en el bienio siguiente el número de usuarios de la Red creció en México casi el doble y más del triple. Sin embargo a partir del lapso 1998-1999 ese ritmo se estanca y luego cae notablemente.

Mientras en el mundo los internautas aumentan 80% entre 1999 y el último año del siglo, en México ese crecimiento fue solamente del 49%. Más adelante el crecimiento de usuarios en nuestro país aumenta por encima del porcentaje mundial: 34% en México en el tránsito de una centuria a otra, cuando la cifra global es de 23%.

Y en el periodo más reciente el aumento de usuarios de la Red fue de 28% en México mientras que en el mundo, solamente de 10% de un año a otro.

Esos datos pueden ser leídos de dos maneras. En contraste con la tendencia mundial, México ha tenido altibajos y en los años más recientes un crecimiento mayor que su entorno internacional. Sin embargo, a diferencia de las metas que tanto el gobierno como diversas empresas privadas habían sugerido, en el parteaguas del milenio la Internet se ha desarrollado en México de manera cada vez más lenta. No podemos afirmar que el cambio de gobierno haya tenido alguna relación con esa caída en el ritmo nacional de crecimiento de usuarios de la Red pero ambos hechos coinciden significativamente.

Pocos usuarios y páginas web

Ante ese panorama no resulta sorprendente, aunque no deje de suscitar preocupación, el rezago mexicano en el empleo de la Internet al lado de los países más desarrollados del mundo. México no ha dejado de ser un participante menor en el consumo de nuevas tecnologías entre las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos como se aprecia en el cuadro cinco, con datos de 2000.

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La brecha digital se aprecia tanto en la capacidad de cada sociedad y nación para conectarse a la Internet, como en la posibilidad que tiene para colocar información en ella. Independientemente de la calidad que tenga esa información, un indicador para contrastarla es la cantidad de sitios web puestos en línea en servidores de cada país.

Con el propósito de comparar tales datos, la OECD muestra el número de sitios en la Red que hay por cada mil habitantes en sus países miembros. En el cuadro seis se aprecia la bajísima actividad mexicana en ese terreno, evaluada en julio de 2000. Si, como vimos en el cuadro anterior, en la comparación de usuarios de la Red el nuestro estaba en penúltimo sitio entre los países de esa organización, en la medición de sitios web quedamos en último término.

 

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México y la Cumbre Mundial

Ese es parte del contexto en el cual nuestro país acudirá a la Cumbre de Ginebra y Túnez –en diciembre de 2003 y noviembre de 2005 respectivamente–. La atención estatal y social al desarrollo de la Internet ha sido tan pobre como el interés que, hasta antes de esta Conferencia, había existido en México acerca de la Cumbre Mundial.

Sin deliberación y a menudo con indicadores tecnológicos y sociales notoriamente insuficientes, la reflexión que podemos alimentar acerca de la Sociedad de la Información es pobre. Al mismo tiempo, la Cumbre Mundial ofrece la oportunidad de ubicar en un panorama nuevo y útil el examen que sobre estos temas seamos capaces de impulsar en nuestro país.

A la Cumbre Mundial acudirán los gobiernos, en representación de cada país. Pero pocos eventos internacionales habrán estado precedidos de una discusión tan amplia como la que ahora mismo existe acerca de la Sociedad de la Información. En numerosos sitios de Internet, así como en reuniones nacionales y regionales, además de los gobiernos los organismos de la sociedad que así lo han querido pueden externar sus opiniones e influir en la conformación de las tesis que serán aprobadas en la Cumbre de Ginebra.

La representación del gobierno mexicano que vaya a ese encuentro y que desde hace varios meses participa en la discusión internacional sobre tales asuntos, no podría desatender opiniones como las que se están ventilando en esta Conferencia que auspicia el Senado de la República. En esta ocasión además, se puede apreciar la importancia que puede tener un Poder Legislativo resuelto a influir, nutriéndose de los puntos de vista de la sociedad, en temas de interés público que conciernen al bienestar de los ciudadanos y que forman parte, desde ya, de la agenda nacional. Ese es el caso de la Internet y el modelo de sociedad en el cual pretendamos ubicarla.

Pensar en la Cumbre Mundial implica mirar el desarrollo que ha tenido la Internet en nuestro país. La Cumbre es ocasión propicia para que, en México, el Estado y la sociedad sean capaces de precisar metas ambiciosas, pero cumplibles, para la red de redes.

Revisar e-México

El contraste entre la presencia mexicana en la Internet y el desarrollo mucho más fructífero que la Red ha tenido en otras naciones tendría que ser motivo suficiente para preocuparnos. Pero además, cuando revisamos experiencias internacionales y constatamos que los casos más exitosos de desarrollo informático han sido aquellos en los que a ese tema se le ha reconocido una importancia estratégica, encontramos motivos de alarma muy serios.

En México, hasta el gobierno pasado la Internet era considerada como un asunto que concernía solo a los ámbitos académico y comercial. No existía política de gobierno, y mucho menos de Estado, que se ocupara de tal tema.

La administración del presidente Vicente Fox reconoció la importancia de la Internet pero tampoco ha tenido, hasta ahora, una auténtica política de desarrollo en ese terreno. Los esfuerzos gubernamentales se han concentrado en el programa e-México que no tiene objetivos, ni contenidos, ni financiamiento suficientemente claros. La página web de ese proyecto es de una pobreza notable y prácticamente no informa nada acerca de planes, avances, ni sobre la concepción general que lo anima. Y aunque tuviese éxito, e-México no pasaría de ser un proyecto del gobierno pero no del Estado mexicano.

Esa ausencia podría resolverse si se entendiera que ningún diseño para impulsar a la Internet tendrá éxito si no cuenta con participación de todos los peldaños del entramado estatal –municipios, gobiernos de los estados, congresos locales y cámaras federales y desde luego el gobierno federal– además de un sólido amarre con los sectores de la sociedad interesados en estos temas.

Por eso, más que reformular al proyecto e-México como a menudo señalan sus no pocos críticos –y como se ha dicho en el transcurso de esta Conferencia– habría que reconocer que ha fracasado.

El fracaso de e-México para constituir una política informática de carácter integral y nacional, se advierte desde su concepción originaria. No se trata de un área peculiar del gobierno sino de un remiendo que fue colocado en la estructura de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Es inadmisible que la política informática de nuestro país se encuentre adscrita a esa dependencia, como si fuera únicamente un asunto técnico. En otras naciones, tanto de América Latina como en otras áreas, la política informática y el auspicio a la Internet en muchos casos está a cargo de comisiones o entidades autónomas. Cuando se encuentra adscrita a alguna oficina ya existente dentro de los organigramas gubernamentales, la entidad encargada de esas tareas suele ser ubicada en los ministerios de Ciencia y Tecnología, o de Educación.

En México en cambio, para el gobierno la Internet es un asunto técnico. No parecen importarle los contenidos, ni el aprendizaje necesario para aprovecharla, ni la capacidad de información e instrucción que entre otros atributos tiene la red de redes.

Un auténtico proyecto nacional para el desarrollo de la Internet podría tener como punto de partida la creación de un grupo de trabajo que con agilidad, sin enredos burocráticos y teniendo en cuenta las generosas experiencias internacionales que ya se conocen al respecto, diseñara el Programa Internet para México. En esa tarea podría tomarse como ejemplo a la sociedad y al gobierno brasileños que hace pocos años diseñaron el Libro Verde [1]. Esa es la colección de estrategias que resultaron de la reunión de un centenar de interesados y conocedores de esos asuntos –gente del mundo académico, del Congreso, de los estados o provincias– que discutieron y sugirieron los caminos para que en Brasil la Internet experimentase, como ha ocurrido, un crecimiento de cantidad pero también de calidad.

Cuatro puntos insoslayables

Mientras nos ponemos de acuerdo para confirmar la inutilidad del proyecto e-México y sin dejar de pensar en la Cumbre Mundial, hay por lo menos cuatro temas que, de acuerdo con la discusión internacional y la situación mexicana, parecieran prioritarios.

El debate de estos y otros rubros permitirá nutrir las posiciones mexicanas en espacios como los de Ginebra y Túnez. Pero además, en la medida en que temas como estos vayan formando parte de las preocupaciones de ciudadanos y gobernantes, será mayor la posibilidad de enfrentarlos con imaginación, inteligencia y recursos. Si la Internet ha de ser una red para todos, resulta preciso construirle una intensa presencia social.

1. Ampliar la cobertura pero también la calidad de las conexiones a la Internet. El desarrollo de sistemas de banda ancha que permiten un intercambio de paquetes de información mucho más veloz que a través de las tradicionales conexiones por módem y teléfono está abriendo nuevas perspectivas para la Internet. Esa nueva capacidad, desde luego plausible, puede llevarnos a una nueva forma de escisión entre los mexicanos: aquellos que se conectan por módem telefónico y los que tienen el privilegio de contar con enlaces de calidad y velocidad notablemente mayores.

2. Desarrollar y extender la educación para el uso de la Red y del conjunto de nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Las conexiones no bastan. Para aprovecharlas se requiere de una capacitación a la que todavía no estamos habituados. Sería necesario que en las escuelas de todos los niveles se enseñara a emplear la Internet, con la misma atención que se invierte para enseñar a leer y escribir y luego, desarrollar esas habilidades.

3. Impulsar contenidos nacionales para la Red. Aquí también se puede hablar de cantidad y calidad inevitablemente complementarias. No sería suficiente que existieran muchos sitios de factura mexicana en la World Wide web. Junto con ello es posible –deseable también– incrementar la calidad de los contenidos mexicanos en esa inagotable colección de espacios. La iniciativa de la sociedad es muy valiosa para desplegar, con imaginación y libertad, tantos acercamientos a la Red como los usuarios mexicanos sean capaces. Pero además es pertinente que el Estado asuma como tarea relevante el impulso a la creación de contenidos nacionales en la red de redes. Esa sería una manera de respaldar la cultura y la idiosincrasia pero también, desde luego, la enseñanza, la información, el comercio y otras actividades en la Red.

4. Defender la libertad de expresión y la privacía en la Internet. Esos, constituyen principios fundamentales que alientan el interés por la Red entre internautas de todas las nacionalidades. Pero conforme la Internet ha crecido y ganado influencia –y especialmente a partir del recrudecimiento que han experimentado políticas de supervisión y persecución como las que impulsa el gobierno de Estados Unidos– resultan más importantes la defensa de la libertad de expresión y del derecho de sus usuarios a la privacía, en la Internet igual que en cualquier otra zona del espacio público contemporáneo.

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[1] Livro Verde de Sociedade da Informacao. Brasilia, septiembre 2000: http://www.socinfo.org.br/livro_verde/download.htm

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Información: diagnósticos, discrepancias, deliberaciones

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 13, 2005

Publicado el 1 de junio de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Apenas a tiempo para ser consideradas en las propuestas que México llevará a las reuniones preparatorias de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información a fines de este año en Ginebra, la Conferencia Internacional que organizó el Senado de la República recogió numerosas, sugerentes y variadas propuestas. Con presencia de varios centenares de participantes y difundida en vivo por el Canal del Congreso –a cuyos números telefónicos los televidentes de los estados podían enviar comentarios y preguntas– la Conferencia realizada entre el miércoles y el viernes de esta semana buscó contribuir a ubicar el tema de las nuevas tecnologías de la información en la agenda de los asuntos nacionales.

   La importancia que ya se le reconoce al desarrollo de la Internet y los nuevos medios se advierte en el interés que suscitó entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Los senadores Dulce María Sauri del PRI, Demetrio Sodi del PRD y Javier Corral del PAN –este último titular de la Comisión de Comunicaciones y Transportes que organizó la Conferencia– presentaron sendas ponencias que coincidieron en la preocupación por la insuficiente relevancia que hasta ahora había tenido, en el mundo político mexicano, el debate sobre la sociedad de la información.

   El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Diego Fernández de Cevallos, acudió a la Conferencia para comprometerse a que sus conclusiones sean atendidas por el presidente de la República cuando se defina la posición del Estado mexicano ante la Cumbre de Ginebra. El día de la inauguración el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, había considerado que las políticas públicas sobre asuntos como el que se discutió en el patio central del Senado tienen que reconocer la participación de la sociedad. 

 

Conferencia internacional

   El contexto para deliberar la posición de México en la Cumbre Mundial pero sobre todo para definir qué es preciso hacer en nuestro país en la ruta de un desarrollo nacional de la informática y la comunicación, lo establecieron los conferencistas internacionales.

   El prestigiado profesor Armand Mattelart de la Universidad de París, cuya experiencia e influencia en la comunicación latinoamericana es ampliamente conocida, no solo ofreció una espléndida conferencia sobre la pertinencia de entender a la sociedad de la información como una sociedad de los saberes para todos y por todos. Además, con disciplina y generosidad, estuvo presente los tres días de sesiones acompañado de su esposa Michelle, también investigadora de los medios y la cultura en las sociedades contemporáneas.

   El doctor Alejandro Piscitelli de la Universidad de Buenos Aires, autor de libros fundamentales para entender el desarrollo de las ciberculturas y fenómenos recientísimos como las llamadas empresas “punto-com” que surgieron y fracasaron debido a una apreciación demasiado voluntarista del auge de la Internet, ofreció una conferencia sobre la nueva economía.

   La periodista británica Sally Burch, directora de la Agencia Latinoamericana de Información, presentó un enterado inventario de las medidas que se pueden tomar para defender la libertad de expresión y auspiciar la participación de la sociedad en las nuevas redes de información.

   El doctor Bert Hoffmann del Instituto Iberoamericano de Hamburgo, autor de una cuidadosa investigación sobre la Internet en varios países latinoamericanos, describió las posibilidades (pero también los riesgos) de las nuevas tecnologías respecto de las economías de naciones como la nuestra.

   El consejero regional de la Unesco, Alejandro Alfonzo, describió las líneas principales de la Cumbre Mundial cuya primera fase tendrá lugar en diciembre próximo en Ginebra. Una segunda reunión se realizará en noviembre de 2005 en Túnez. Por su parte el colombiano Santiago Reyes Borda, actualmente asesor del Ministerio de Industria de Canadá, explicó el desarrollo de la Internet en ese país norteamericano.

 

Variadas voces nacionales

   Esas conferencias a cargo de invitados extranjeros, fueron complementadas con intervenciones de especialistas mexicanos en seis paneles. Jaime Chico Pardo, director general de Teléfonos de México; los consultores en asuntos informáticos Ricardo Zermeño y Enzo Molino y senadores de los tres partidos nacionales, estuvieron entre los panelistas.

   Del campo académico hubo profesores de la UAM como Scott Robinson y Antulio Sánchez; Kiyoshi Tsuru y Jorge Navarro del ITAM y Ernesto Piedras, del CIDE. De la UNAM participaron, entre otros, el profesor Víctor Flores Olea, el maestro Jorge Alberto Lizama y el director de Cómputo Académico Alejandro Pisanty. También estuvo Adolfo Dunayewish, de la organización civil La neta que se ha interesado en el uso ciudadano de la red de redes.

 

Ausencias y relevos

   Se habían comprometido a participar el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Jorge Arredondo, y el director del programa e-México, Julio César Margáin. Unas horas antes de la Conferencia los dos avisaron que no acudirían. Es deplorable que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, de la cual dependen esos dos funcionarios, haya querido ignorar a la Conferencia.

   A ese desdén, los organizadores respondieron con astucia política. Los sitios que dejaron libres Margáin y Arredondo fueron ocupados por dos especialistas con un intenso y directo conocimiento de las nuevas tecnologías de la información.

   Uno de ellos es Javier Lozano Alarcón, que en el gobierno anterior fue presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y subsecretario de Comunicaciones y Transportes y que, dedicado hace algunos años a la consultoría privada, recientemente fundó el Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones.

   El otro invitado que a pesar de haber sido convocado a última hora llegó con una presentación repleta de experiencia y sugerencias fue don Carlos Casasús, que en años pasado también fue subsecretario de Comunicaciones y presidente de la Cofetel y que actualmente dirige la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet.

   Hubiera sido muy útil que los actuales responsables del desarrollo informático del país explicaran, ante un auditorio enterado e interesado, las características de los proyectos que tienen para incorporar a México a la sociedad de la información. Sin embargo, en el plano de las propuestas y el debate, la participación de Casasús y Lozano fue muy gratificante.

   A diferencia de la postura de la SCT la Secretaría de Relaciones Exteriores, que representa a nuestro país en los preparativos de la Cumbre de Ginebra y Túnez, manifestó una reconocible actitud de apertura. Además del titular de la SRE que estuvo en la ceremonia inaugural, en la última sesión participó con una ponencia el doctor Salvador de Lara Rangel, Director General de Negociaciones Económicas Internacionales de esa Secretaría.

  

Encandilamiento tecnológico

   En la relatoría de la Conferencia Internacional se reconoce que, en las sociedades contemporáneas, la información no basta. De hecho, su exuberancia llega a ser un problema adicional a los que significa el marginamiento respecto de los cauces de difusión más abundantes en datos y opciones. Darle respuesta y contenido a esa preocupación es tarea de las sociedades y los Estados.

   Al explicar a la Sociedad de la Información se entremezclan el diagnóstico y el pronóstico. En las sesiones de la Conferencia se recordó la definición de los documentos preparatorios para la Cumbre de Ginebra: “Es una nueva forma de organización social, más compleja, en la cual las redes TIC más modernas, el acceso equitativo y ubicuo a la información, el contenido adecuado en formatos accesibles y la comunicación eficaz deben permitir a todas las personas realizarse plenamente, promover un desarrollo económico y social sostenible, mejorar la calidad de vida y aliviar la pobreza y el hambre”.

   Como delante de otros recursos de información, con estos que ofrecen las nuevas tecnologías corremos el riesgo de quedar atrapados por el encandilamiento y el sobredimensionamiento que produce su influencia. El doctor Mattelart señaló en su disertación que “el enfrentamiento no es entre tecnófilos y tecnófobos sino entre mesianismo tecnoglobal y apropiación de las técnicas en cada sociedad”.

 

Defensa del espacio público

   Mattelart mismo se había referido a las connotaciones geopolíticas de la Sociedad de la Información. Antes, en la inauguración de la Conferencia el Rector General de la UAM, Luis Mier y Terán, deseó: “Todos los países debemos tener garantizado el acceso a la información pero, además y sobre todo, tendremos que tener garantizado el acceso a la palabra”. Con afán similar Sally Burch, de la Agencia Latinoamericana de Información, propuso “rescatar el sentido de lo ‘público’: lo que no es ni del Estado ni de lo privado… (la) esfera o espacio donde la ciudadanía en sus diversas expresiones pueda intercambiar ideas, debatir sobre modelos de sociedad, fiscalizar el manejo de poderes y tener un acceso transparente a la información que concierne a la comunidad”. Ese ámbito plural de la comunicación, dijo Burch, ha de ser garantizado por políticas públicas.

   Anhelos y políticas entremezclados, a la Sociedad de la Información se le reconoció como espacio de bienaventuranza pero también territorio de riesgos tan grandes como las oportunidades que ofrece. En el inicio de las sesiones el legislador Javier Corral Jurado indicó que “el Senado de la República tiene interés en que haya un rostro humano de las tecnologías de la información y de la comunicación”.

   De la manera como se le moldee, con políticas públicas, acciones legislativas y según la concertación social que se logre, dependerá la humanidad o brutalidad que tengan los rostros de esta Sociedad de la Información. Alfonzo, de la Unesco, se apoyó en la Declaración de Bávaro, que forma parte de los materiales que alimentan la discusión rumbo a Ginebra, para decir: “La sociedad de la información es un sistema económico y social donde el conocimiento y la información constituyen fuentes fundamentales de bienestar y progreso”.

   Otras voces en la Conferencia amalgamaron reivindicaciones sociales y subrayaron diferencias políticas con las concepciones imperantes en la discusión y, en vez de Sociedad de la Información, prefirieron hablar de “Derecho humano a la comunicación”. En un comunicado dirigido a la reunión por 14 organizaciones sociales y 9 ciudadanos interesados en el tema, se plantea que ese derecho sea “garantizado a todos los miembros de la población, incluyendo en esto su participación activa, incluso en la producción de contenido, y el derecho a la propiedad de los medios para transmitir tales contenidos”.

 

Brecha, software y futuro

   En la Conferencia se habló, y surgieron numerosas propuestas, acerca de las medidas pertinentes para abatir la brecha entre quienes tienen acceso y aquellos que siguen apartados de las nuevas tecnologías de la información, se discutieron medidas para utilizar esos recursos en la educación, se dedicaron varias horas a evaluar los riesgos a las libertades y la posibilidad de emprender acciones técnicas y jurídicas para preservar el derecho a la expresión en las redes informáticas. En su relación con la economía se hicieron recomendaciones para impulsar la industria informática y especialmente la producción de contenidos y software nacional.

   El método para procesar esas sugerencias y la participación de sectores muy variados en la Conferencia que organizó el Senado podrían ser emblemáticos de la Sociedad de la Información que es posible construir: con una deliberación enterada y abierta, logrando que la posición mexicana en Ginebra represente el interés de la sociedad y no únicamente las apreciaciones gubernamentales y propiciando que a estos temas se les confiera la importancia que tienen en el diseño de la sociedad, la economía y la cultura del país.

  

ALACENA: Luis Suárez

Cronista del cambio político en México, fundador de organizaciones de periodistas, hombre de convicciones antimperialistas y colaborador de numerosos medios, Luis Suárez murió ayer a los 85 años.

   Nació en España donde fue capitán de milicias en la guerra civil. De su llegada a nuestro país y de las simpatías que conservaría toda la vida escribió en su libro más reciente: “Por obvias razones de gratitud y afinidad política –arribé a puerto mexicano el 13 de junio de 1939, en el oleaje de refugiados españoles derrotado en la prebatalla antifascista de la Segunda Guerra Mundial– me siento identificado, como nuevo mexicano, con la obra y la política de Lázaro Cárdenas. En General, que escrito con mayúsculas ya no requiere nombre ni apellido, no sólo me abrió, como a miles, las puertas de México; también, y como a muchos, las de su familia”.

   Eso escribió Suárez en la presentación de su libro Cuauhtémoc Cárdenas. Política, familia, proyecto y compromiso que apareció hace tres meses. En otras obras dejó testimonio de sus convicciones y afinidades: Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanzas (1976); Echeverría rompe el silencio (1979); Petróleo: ¿México invadido? (1981), entre otros.

   Colaborador de docenas de publicaciones -entre ellas, durante largo tiempo Siempre! y Excélsior–, hizo durante 17 años el programa de televisión Luis Suárez en el Once. Hace casi tres décadas participó en la fundación de la Unión de Periodistas Democráticos, fue directivo en la Organización Internacional de Periodistas y desde hace varios años presidía la Federación Latinoamericana de Periodistas.

   En numerosos foros Luis Suárez pugnó por la apertura de los medios de comunicación. En su libro más reciente apuntó: “La información es un instrumento de y para la gobernabilidad, pero no sustituye las diferencias, y menos elimina las desigualdades sociales. Ha de servir para la más consciente participación ciudadana. Pero se ha convertido en un elemento del poder que los verdaderos poderes apetecen para consolidarse sobre las diferencias de clase”.

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Internet, la gran conversación

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 12, 2005

Comunicación tradicional y comunicación virtual en el universo de la red de redes

 Fragmento del ensayo “Internet, la gran conversación” publicado en Iberoamericana, del Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín. Berlín, 2002.

 

20 años después de haber comenzado a expandirse y a una década del surgimiento de las páginas web, Internet ocupa ya un sitio propio entre los medios de comunicación. Todavía se debate si es una amalgama de los medios convencionales o la anticipación de un nuevo espacio multimedia y omnipresente. Como quiera que sea la red de redes forma parte de la vida contemporánea y su aun insuficiente cobertura es uno de los desafíos principales para los países en donde el desarrollo de Internet ha sido balbuceante o desigual.

   No ha pasado mucho desde que en 1982 el equipo encabezado por Bob Kahn y Vinton Cerf desarrolló el protocolo TCP/IP, que sería el lenguaje común a las computadoras conectadas a la red de redes (PBS, 1997). Ese año se empleó por primera vez el término Internet para designar al entramado de sistemas de cómputo cuyo entrelazamiento había comenzado años antes a partir de un proyecto militar del gobierno estadounidense. Tampoco ha transcurrido demasiado desde que en 1991 Tim Berners Lee creara en Ginebra el protocolo que permitiría desarrollar la world wide web, el espacio audiovisual que se constituyó en la esencia de Internet. El desarrollo de la red de redes en apenas una década ha sido al más intenso que haya experimentado medio de comunicación alguno en la historia de la humanidad, aunque aun existen amplias zonas en donde la Red es casi inexistente o constituye un privilegio para grupos muy acotados dentro de la sociedad.

 “El medio” en la primera crisis del siglo 21

   Conforme Internet desarrolla sus características y se distingue de la radio, la televisión y la prensa, tienden a quedar atrás las discusiones sobre si la red de redes es o no un medio de comunicación. Internet está ocupando un sitio propio al lado de los medios tradicionales a los cuales no desplaza, aunque tampoco depende de ninguno de ellos para ser reconocida como vía, espacio e instrumento de comunicación.

   Todos los medios, incluso la red de redes, quedaron a prueba cuando ocurrió la tragedia del 11 de septiembre de 2001. La necesidad de información de millones de personas en todo el mundo saturó los sitios de noticias y los buscadores más conocidos de Internet a tal grado que algunos de ellos, como Goggle y Altavista, colocaron avisos invitando a sus usuarios para que buscaran información en la televisión y la radio. En las horas iniciales después de los ataques terroristas la Red sirvió para encauzar a sus usuarios a que sintonizaran los medios tradicionales. Pero una vez que se habían conocido la caída de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono Internet asumió y potenció sus propios rasgos. Mucha gente encontró allí información sobre los grupos a los que se atribuían los atentados o pudo expresar, sin restricción de ninguna índole, sus sentimientos ante ese terrible suceso. Otros pudieron colocar avisos sobre el rescate de víctimas o recaudar fondos para aquellas tareas.

   Internet fue espacio, durante días y semanas, para que se manifestaran consternación, indignación, temores, dudas, recelos, ayuda y solidaridad en torno a la tragedia del 11 de septiembre. Con razón la fundadora de The Webby Awards (que han llegado a ser en Internet el equivalente a los Óscares en la industria del cine) decía a fines de 2001:

   “A través de los últimos meses, la red ha brillado como un medio fundamental para la comunidad, la comunicación y la información. Todos los tiempos de guerra tienen un medio que los define y que les permite a los civiles experimentarlos desde la seguridad de sus hogares. La Guerra Civil tuvo a la fotografía, la Segunda Guerra Mundial a la radio, Vietnam a las cadenas de noticias, la Guerra del Golfo a la CNN y las noticias por cable. La ‘Guerra contra el Terrorismo’ tiene a la Red. Realmente ha desempeñado y continúa jugando un papel crucial. La Red ha hecho nuestra información  más global, suministrando a los americanos acceso a perspectivas extranjeras, perspectivas alternas desde diferentes países y puntos de vista religiosos. Ha facilitado la comunicación, las condolencias y la asistencia. La gente volteó a los foros de la Red para compartir pensamientos. Los soldados están enviando correos electrónicos y empleando sitios web para comunicarse en tiempo real con sus familias y amigos en casa, permitiéndoles permanecer más conectados diariamente. La infraestructura para la donación en línea establecida después del 11 de septiembre propició donativos de millones de dólares en las semanas posteriores a los ataques. Además, los homenajes en línea crearon un espacio común para que se reunieran personas que pudieran no estar en el mismo punto geográfico a recordar y compartir sentimientos acerca de la vida de sus seres queridos” (Shlain, 2001).

   Aun es pronto para advertir con precisión los alcances de esta guerra y los atributos mediáticos que a la postre se le hayan de reconocer, aunque ha quedado claro el intenso empleo de los medios  tanto por parte del terrorismo como del gobierno de Estados Unidos. En varios momentos los medios de mayor cobertura han quedado acaparados por las imágenes y el discurso suscitados por uno u otro de esos actores desde los atentados del 11 de septiembre (fecha a partir de la cual hemos visto centenares de veces las siempre crispantes imágenes de los aviones estrellándose contra las torres neoyorquinas) hasta la propagación de los videos que mostraron a Bin Laden arengando o ufanándose de aquellos acontecimientos.

   La polarización mediática ha sido determinada tanto por el enorme dramatismo de tales hechos como por la censura y las exigencias del gobierno de Washington que ha presionado especialmente a los grandes medios en los Estados Unidos. En ese panorama Internet ha sido un espacio propicio para que se conozcan y confronten otras voces, capaces de contribuir a establecer un panorama menos esquemático y más útil para entender esta nueva guerra.

   Así que de la misma manera que horas y días después de los atentados del 11-S Internet afianzó sus rasgos como espacio de expresión abierta y diversa –y también informadora y solidaria– gracias al interés de millones de usuarios que se asomaron a ella para decir sus inquietudes y conocer las de otros, esa capacidad fue manifiesta delante de la parcialidad de los medios de comunicación convencionales.

La red de redes: sitio, espacio y medio

   Internet propaga mensajes similares, o idénticos, a los que suelen distribuirse por los medios convencionales. Además difunde contenidos que habitualmente no encuentran cabida en la televisión, la radio o la prensa industriales. Es un medio de comunicación pero además es un lugar o un conjunto de sitios que pueden ser visitados, creados o incluso modificados por sus usuarios. Y también es un espacio social (Poster 2001: 176) en donde convergen las más diversas expresiones.

   ¿Qué define a un medio de comunicación? Vale la pena recordar, aunque parezca un tanto obvio, que los medios comunican a partir de sus capacidades para llevar mensajes de un sitio a otro. Pero el acto de comunicar no se resuelve en la mera transmisión de un mensaje sino cuando es recibido. Para que haya comunicación, como establecieron los viejos patriarcas del estudio de esta disciplina, se precisa la existencia de emisor y receptor. Muchos incluso, consideraban que el acto de comunicar solamente se realizaba cuando el receptor podía, a su vez, responder al mensaje que recibió.

   Si no hay comunicación sin receptor es preciso advertir que la forma en que un mensaje es entendido –decodificado, como gustan decir algunos autores– depende entre otros factores del contexto del receptor. Una noticia sobre secuestros de aviones la entenderé de manera distinta si estoy a punto de tomar una aeronave; el reporte del clima en Hamburgo me resultará indiferente si no conozco a nadie o no pienso viajar a esa ciudad; si tengo el televisor encendido al mismo tiempo que desayuno y leo el periódico la atención a lo que allí se dice resultará mucho menor a la que tengo cuando no hago mas que contemplar y escuchar los mensajes que surgen de la pantalla. El acto de comunicar se resuelve de maneras diferentes y un mismo mensaje adquiere implicaciones y significados según la situación –física, emocional, cognitiva, etcétera– de quien lo recibe.

   La comunicación implica un continente, es decir, el mecanismo merced al cual un mensaje es enviado; en segundo término requiere de un contenido que es aquello que se comunica. Muchas de las descripciones tradicionales del proceso de comunicación se agotan en el acto en el cual un mensaje es propagado (es decir, en la caracterización del continente y el contenido). Pero la relación emisor-receptor depende, para ser tal, del estado en el que ese mensaje será recibido y, entonces, entendido.

   En otras palabras, la comunicación es mensaje y además, parafraseando a Ortega y Gasset, el receptor es él y su circunstancia. Para que el proceso de comunicación culmine y a fin de que sea posible entender cómo se desarrolla hay que tomar en cuenta, además del continente  y el contenido, al contexto en el cual un mensaje se decodifica.

   Esa circunstancia es creada, en parte, por las características técnicas del medio (la televisión reclama la mirada y el oído, el diario requiere que abramos sus páginas manualmente, etc.) y por condiciones materiales y anímicas del receptor. Cada medio tiene lenguajes y estilos que condicionan las maneras como sus mensajes pueden ser aprehendidos. La televisión, exigente con sus audiencias, impone una atracción magnética; la radio envuelve a través del oído y provoca la imaginación; la prensa obliga a un esfuerzo de concentración peculiar con la vista y la atención fijas. Todo esto es muy evidente. Pero hasta ahora se ha reflexionado poco acerca de las condiciones que Internet produce como medio de comunicación y que, a su vez, condicionan las maneras en que sus mensajes son percibidos.

Cibernautas del multimedia y el hipertexto

   La singularidad de un medio de comunicación depende de las capacidades que tenga para interesar e involucrar a los destinatarios de sus mensajes. Por ejemplo, la proyección de una película en una sala cinematográfica es envolvente y la pantalla, iluminada en medio de un entorno oscuro, nos obliga a supeditarnos a la sucesión de imágenes que desfilan sobre ella. La televisión requiere que nos coloquemos frente a ella y su eficacia radica en la combinación de imágenes y sonido que se sobreponen a su entorno –si queremos conversar con alguien es preciso reducir el volumen del sonido y si la charla es algo más que casual debemos apartar la mirada del televisor para ver a nuestro interlocutor–­.

   ¿Cuál es el contexto que establece la comunicación a través de la computadora y específicamente Internet? ¿Qué exigencias y condiciones implica esta forma de comunicación? En la Red se pueden reconocer la atracción visual, de intensidad que llega a ser hipnótica, que tiene la televisión. También tenemos texto e imágenes fijas como en la prensa y sonido igual que en la radio.

   Inclusive algunos de los hábitos en el consumo de los medios tradicionales se reproducen en Internet. Igual que pasamos las páginas de un diario podemos recorrer una página en la red deslizando el cursor. Así como hacemos zapping delante del televisor es posible brincar de uno a otro sitio web. De la misma manera que podemos leer una revista mientras escuchamos un disco de música, podemos acompañar nuestra exploración en Internet con sonido de fondo. Todas esas son rutinas en el empleo de los medios convencionales que ha sido posible trasladar al uso de Internet. Pero la red de redes no se singulariza por su atracción visual, ni por la posibilidad de incorporar sonido, ni por su capacidad para propagar imágenes y texto. Lo que distingue a Internet de otros medios es la amalgama de todos esos formatos y recursos y su carácter abierto tanto en la variedad de contenidos, como en las opciones que ofrece para que sus consumidores interactúen –o no– delante de ellos. Se trata de un instrumento multimedia y con capacidades de intercambio recíproco.

   El profesor Charles Soukup ha identificado las actitudes más frecuentes en la aproximación de los estudiosos de los medios a la comunicación mediada por computadora (CMC): “En general, los investigadores y teóricos se han acercado a la CMC desde tres amplias perspectivas. Primero, un grupo pionero de investigadores vio al contexto de la CMC como impersonal, técnico y distante. En respuesta a esa investigación temprana, un segundo grupo de investigadores miró a la CMC como personal, normativa y compleja. En tercer término, muchos académicos críticos y retóricos han ofrecido su análisis de las implicaciones sociales de la CMC. Desafortunadamente… esas perspectivas a menudo han sobre enfatizado los códigos textuales de la CMC y han fracasado al registrar las complejas aplicaciones multimedia” (Soukup 2000: 411).

   La red de redes se apoya en formatos multimedia y sus contenidos se relacionan de manera versátil y flexible a través de enlaces de hipertexto. La multimedia implica la fusión de recursos de los medios tradicionales –audio, texto, video– gracias a la digitalización de la información. El hipertexto resulta del empleo de programas de cómputo para ofrecer distintas opciones de recorrido “a partir de un texto principal, donde el usuario puede vincular información secundaria o explorar referencias cruzadas de manera no lineal” (Regil 2001: 23). Las ligas que aparecen en una página web nos permiten saltar a otro lugar de ese sitio o a un domicilio diferente dentro de la red de redes de tal manera que tenemos la capacidad de organizar nuestra lectura de acuerdo con nuestros intereses y prioridades.

   Cuando leemos un libro nos ajustamos al recorrido que su autor ha establecido previamente. Cuando pasamos por las páginas de una revista elegimos en qué textos o fotografías detenernos pero siempre dentro de los confines de esa publicación impresa. En Internet en cambio según nuestros caprichos o inclinaciones podemos organizar nuestra lectura, dicho sea de la manera más amplia porque en la pantalla no leemos solo caracteres lingüísticos sino además imágenes y sonidos –y ya se incursiona en la incorporación de sensaciones táctiles y olfativas e incluso sabores que podrán ser percibidos a través de instrumentos incorporados al ordenador–.

   La organización multimedia de los contenidos en la red de redes no propone caminos únicos sino tantas rutas como quiera el afán exploratorio del consumidor de esa información. Desde luego casi siempre hay opciones que sus editores proponen para aprehender los contenidos de un sitio web, especialmente aquellos que reproducen contenidos de los medios tradicionales. La página en Internet de un periódico que además circula de manera convencional imita la lógica de la edición impresa: primera plana, secciones de finanzas, deportes, comentarios, etcétera. El usuario puede seguir ese orden tradicional o modificarlo, de la misma manera que quienes prefieren comenzar por la sección deportiva del diario. Pero a diferencia del lector de la edición en papel y tinta, el consumidor de la versión electrónica puede volver o avanzar a cualquier zona del periódico tan solo con hacer click en una liga de hipertexto.

   El consumo de contenidos en este formato exige de un comportamiento más activo que el de quien mira el televisor o pasa las páginas de un diario. A diferencia de la lectura lineal, la comunicación hipertextual asume características de un viaje. Con razón, al uso de Internet se le llega a denominar navegación. Nadie habla de navegar a través del televisor pero sí mediante la red de redes.

   No hay telenautas pero sí cibernautas: esa connotación de desplazamiento y migración se la confieren a Internet y a sus usuarios tres características: a) las dimensiones de la red de redes, b) la ubicuidad constante de sus sitios independientemente del emplazamiento desde donde los rastreemos gracias a nuestro navegador y c) la posibilidad de brincar de un sitio a otro en un recorrido que trasciende entonces la lógica del desplazamiento lineal y territorial que hasta ahora había sido convencional.

Multimedia + interacción = hipermedia

   Otra diferencia definitoria y esencial entre Internet y los medios convencionales radica en las cuantía de los canales emisores y en las dimensiones de los contenidos. La televisión, incluso actualmente cuando es posible la recepción de centenares de canales a través de una sola antena satelital o por un solo cable tiene una capacidad limitada: no podemos recibir más señales que las que pasan por el traspondedor del satélite o las que pueden ser conducidas en la fibra óptica. Un diario o una revista son acotados por el continente de sus mensajes que son las páginas en las que puede imprimir.

   En cambio en Internet el continente y los contenidos tienen capacidades cuantitativamente ilimitadas –o casi–. La cantidad de sonidos, imágenes fijas o en movimiento, texto y cualquier tipo de archivos digitalizados que puede albergar la Red es tan amplia como la capacidad de almacenamiento de las computadoras que alojan páginas y sitios web.

   Navegar por Internet es, potencialmente al menos, una aventura que puede cursar por senderos versátiles, exuberantes e incluso inesperados. El formato multimedia enriquecido por las características digitales –aunque con la limitación que todavía significa el llamado ancho de banda al que nos referimos más adelante– amplía las capacidades que cada medio tiene por separado. Ese atributo,  al amalgamarse con la vasta capacidad de almacenamiento que le confiere su condición de red de redes, sin un centro único y diversificada en centenares de miles o millones de computadoras que alojan contenidos, permite que Internet sea un medio de medios: el multimedia que alcanza la condición de hipermedia.

   El hipermedia mezcla atributos de los medios convencionales, propone opciones versátiles para la apropiación de los mensajes y exige una atención e incluso un compromiso intensos por parte de sus usuarios. Por hipermedia se entiende el: “Sistema informático de combinación de texto, imagen y audio, diseñado y producido con intenciones determinadas, que –en términos generales– pueden ser: educar, entretener o informar. Una vez producido, las formas de interrelacionar los elementos del conjunto, dependerán de la capacidad de interacción usuario-contenido. Su característica fundamental, y quizás la más revolucionaria, es la posibilidad de enlace entre diferentes medios que lo componen (texto, imagen y audio). Particularidad que permite la ruptura de la estructura lineal, presente de hecho, hasta hace poco, en todos los medios” (Regil 2001: 50).

   Los medios tradicionales difunden hacia públicos masivos, en tanto que Internet propaga sus contenidos a audiencias de lo más diversas –independientemente de que sean abundantes o limitadas–. Esos contenidos son finitos en los medios tradicionales pero Internet prácticamente no tiene barreras para albergar toda clase de mensajes. A los medios convencionales se les suele consumir en localidades específicas (con excepción de casos peculiares como el que constituye la CNN, de alcance planetario o casi) y a Internet se puede acceder dondequiera que haya computadora, módem, línea telefónica o otra clase de conexión a la red de redes.

   En algunos aspectos Internet supera características de los medios tradicionales. En otros, no. De hecho, ponerla en contraste con ellos no constituye la mejor manera de entenderla. Si estamos de acuerdo en que Internet es un medio de comunicación específico, distinto a otros aunque tenga rasgos de los medios tradicionales, también podremos admitir que no es necesario encontrarle ventajas sobre ellos para advertir sus posibilidades distintivas.

   Sin embargo el discurso más frecuente acerca del futuro de Internet como medio de comunicación sugiere que solo alcanzará sus capacidades plenas cuando haya podido fusionarse con la televisión. Pareciera que los promotores industriales y los diseñadores técnicos de la red de redes no estarán satisfechos sino hasta que Internet desplace a la televisión tal y como la conocemos hasta ahora.

   Posiblemente con el tiempo, además del desarrollo tecnológico y su propagación entre la gente, Internet quede incorporada a un sistema de comunicaciones que se difunda por canales de información digital diseminados a la manera en que ahora funciona la red de redes. La televisión, o el dispositivo multimedia que la sustituya, será una de las vías de salida, aunque no la única, de los contenidos que ahora conocemos a través de Internet y de los muchos más que serán elaborados y colocados en línea. Pero es difícil hacer pronósticos tajantes, de la misma forma que resulta apresurado decir que Internet no se realizará como medio de comunicación sino hasta que esa simbiosis tenga lugar.

Angosto ancho de banda y extensa brecha digital

   Aunque al terminar el primer año del siglo XXI la capacidad de la red de redes es notablemente superior a la que tenía una década antes, cuando surgió la world wide web, todavía es casi imposible recibir a través de Internet mensajes audiovisuales de un tamaño similar a los que obtenemos a través de la televisión. Quienquiera que haya visto televisión difundida por Internet conoce su deficiente calidad, resultado tanto de la velocidad con que se envían por la Red  los paquetes de información como de la memoria no siempre óptima de los equipos de cómputo que empleamos para conectarnos a ella. El desarrollo de las comunicaciones electrónicas llegará a ofrecer velocidades muy superiores pero para ello faltan varios años, incluso con la propagación de conexiones satelitales que son notoriamente más rápidas pero de mayor costo que las que se apoyan en la línea telefónica o en el cable coaxial.

   El “ancho de banda” (bandwith) como se le llama a la cantidad de datos que se pueden transmitir por una línea conectada a Internet, aun no permite la difusión de señales audiovisuales de calidad equiparable a la que tenemos en la televisión convencional. Sin embargo ya es usual la difusión por Internet de estaciones de radio con un sonido de calidad digital aunque eventualmente interrumpido por las desconexiones o las alteraciones en el enlace de un equipo de cómputo a otro.

   La escasez del ancho de banda se resolverá conforme se desarrolle la tecnología, lo cual irá acompañado de inversiones financieras que harán posible esa evolución. En cambio para solucionar la otra gran limitación que tiene Internet y que es su pobre presencia en la mayor parte de los países se requieren tecnología y dinero, pero también políticas estatales que no siempre cuentan con la permanencia, la solidez, los recursos y la visión de futuro que se necesitan para la propagación de la red de redes. En tanto que en los países más desarrollados en América del Norte y Europa los usuarios de Internet a fines de 2001 alcanzan ya a la cuarta parte de la población y en algunos casos llegan a la mitad o más, en el resto del mundo representan unos cuantos puntos porcentuales.

   En el umbral de 2002 en Australia el 26% de la población tiene conexión a Internet, en Bélgica el 26%, en Canadá el 45%, en Finlandia el 39%, en Francia el 18%, en Alemania el 31%, en Irlanda el 25%, en Italia el 19%, en Japón el 18%, en Noruega el 49%, en Holanda el 43%, en Portugal el 20%, en España el 18%, en Suecia el 51%, en Suiza el 47%, en el Reino Unido el 55% y en Estados Unidos el 61%.

   En América Latina, en Argentina tiene acceso a Internet el 5.5%, en Brasil el 3.5%, en Chile el 12%, en Colombia el 1.7% , en Cuba el 0.4% y en México el 2.5%.

   Esa situación no mejora en otras zonas del mundo. En China solamente tiene acceso a Internet el 1.7%, en Egipto el 0.65%, en la India el 0.5%, en Filipinas el 2.4%, en Marruecos el 0.17% y en Rusia el 5.2% para no referirnos a la mayoría de los países de África o Asia. Estos porcentajes los hemos calculado a partir de la información, originada en numerosas fuentes, que compila y actualiza regularmente el INT Media Group (CyberAtlas, 2001). Estos datos cambian constantemente y en algunos casos no se trata de los más recientes, pero dan una idea de la dispar distribución del acceso a Internet en el planeta.

   La brecha digital como la han denominado numerosos investigadores y activistas preocupados por el insuficiente crecimiento del acceso a Internet en el mundo menos desarrollado no se resolverá pronto ni de manera uniforme. Se trata de la expresión informática de las desigualdades que cruzan al mundo y también, de las que existen en cada país. Es pertinente reconocerla para acotar los alcances de Internet como medio de comunicación. Sin demérito de las capacidades que tiene en sí misma, la red de redes no puede comunicar nada en donde no hay equipo ni capacidad técnica para conectarse a ella.

   El siguiente cuadro ha sido elaborado con porcentajes calculados a partir de una fuente distinta de la anterior y por eso la proporción de usuarios de Internet respecto de la población no coincide con las cifras que mencionamos líneas atrás. Los datos de este cuadro son previos a los que registra la fuente mencionada en los párrafos anteriores pero permiten comparar la gran diferencia que hay entre el acceso a la red de redes y el consumo de otros medios –el teléfono y la televisión– en algunos países de América Latina.

 

Teléfonos, usuarios de Internet y televisores en

nueve países de América Latina.

Porcentajes sobre población

 

Líneas telefónicas principales

Usuarios de Internet

Televisores

Argentina

20.1 %

2.47 %

28.6 %

Brasil

14.9

2.08

31.6

Colombia

16.0

1.4

21

Costa Rica

20.4

3.8

22

Chile

20.7

4.1

23

México

11.2

2.6

25.3

Perú

6.7

1.6

14

Uruguay

27.1

9.0

52

Venezuela

10.9

1.7

18

Datos elaborados a partir de INEGI, 2001

 

   Es difícil estimar a cuánta gente sirven un televisor o una línea telefónica pero es usual considerar que si se encuentran instalados en una vivienda son aprovechados por entre 4 y 5 personas en promedio. Eso indicaría que en casi todos los países mencionados en la tabla anterior la televisión tendría una cobertura casi completa entre la población, en tanto que la telefonía alcanzaría cerca del 50% en la mayoría de ellos, sin contar la existencia de teléfonos celulares que se están convirtiendo en una alternativa de gran crecimiento frente al servicio alámbrico en casi todos los países de la región. En todo caso, la tabla permite apreciar el abismo que se mantiene entre el uso de la televisión y el acceso a Internet. La cantidad de usuarios de la red de redes ha crecido de manera muy notable particularmente a partir de 1998, pero es posible que ese ritmo de expansión se detenga dentro de pocos años.

 

Virtualidad en tres tiempos

   A lo virtual se le entiende como implícito, aquello que es tácito o está sobrentendido: “que tiene virtud para producir un efecto aunque no lo produce de presente… que tiene existencia aparente y no real”, señala entre otras acepciones el Diccionario de la Lengua Española  de la Real Academia. Lo virtual es algo que no alcanza su plenitud: aquello que todavía no es del todo.

   Ante datos como los que mencionamos en páginas anteriores y que dan cuenta de la desigual inserción de Internet en el mundo –y entre otras regiones en América Latina– es posible considerar que la comunicación a través de la red de redes es virtual en más de un sentido. Lo es en la acepción más frecuente que califica como virtual a la comunicación de carácter digital que no tiene densidad física y que articula mensajes y contenidos a partir de la combinación de bytes organizados merced a un programa de cómputo.

   Pero esa comunicación en un mundo en donde Internet se ha desarrollado de manera heterogénea, muy concentrada en el norte y dispareja en el sur, también resulta virtual debido a su todavía insuficiente cobertura entre la población.

   En una tercera acepción, podemos considerar que la que se efectúa a través de Internet es una comunicación virtual porque no siempre se completa el camino de ida y vuelta que define al proceso comunicacional cuando existe de manera completa. Los medios tradicionales fallan en ese aspecto porque propagan mensajes enviados por pocas personas hacia muchos destinatarios, los cuales no tienen oportunidad de replicar.

   La comunicación, decíamos antes, existe cuando hay receptores y la comunicación plena se realiza cuando los receptores pueden responder a los contenidos que han recibido. En tal sentido Internet parecería el medio de comunicación por excelencia: cualquier usuario puede ser, a su vez, productor de mensajes. Por eso Internet ha sido, en sus fundamentos, la realización de las utopías comunicacionales que, en sus críticas a los medios convencionales, siempre deploraron la imposibilidad práctica para que los ciudadanos contasen con vías expeditas y permanentes para expresarse delante de los contenidos de la televisión, la prensa o la radio industrializadas.

   En Internet existe la posibilidad, al menos hipotéticamente, para que los destinatarios de un mensaje respondan a él. Ante los contenidos que miramos o recibimos al abrir una página web casi siempre hay cauces para que manifestemos nuestra opinión, o para que los completemos o maticemos con nuestras propias elaboraciones o respuestas a través del correo electrónico, en los foros de discusión (chats o tableros electrónicos) o inclusive colocando nuestras propias páginas en la Red. Sin embargo esa es una oportunidad que pocos usuarios de Internet aprovechan.

   Aunque sus características técnicas y su esquema descentralizado permiten que Internet sea un mecanismo de comunicación de ida y vuelta, no es frecuente que esa opción sea utilizada por la mayoría de los cibernautas. La navegación en la red de redes suele ser fundamentalmente contemplativa y solo en pocos casos se convierte en participativa.

   De esta manera la comunicación en la Red es virtual no solo porque los contenidos que se difunden en ella carecen de la corporeidad o densidad física que tiene la realidad, o debido a su insuficiente cobertura en la sociedad. Además se le puede aplicar ese adjetivo porque no llega a ser una comunicación en donde los receptores se asumen como emisores.

   Incluso cuando aprovechan las capacidades de la Red para hacerse oír y ver y no solamente escuchar y mirar lo que dicen otros, los internautas tienen pocas posibilidades de ser atendidos. A menudo colocar una página web es como echar una botella al mar. Un usuario de Internet puede armar su propio sitio, contratar un servidor en dónde alojarlo y esperar infructuosamente a que sea visitado porque la oferta de contenidos en la Red se encuentra dominada por las páginas con mayores recursos para publicitarse y para ofrecer materiales más vistosos y abundantes.

   La diferencia, si acaso, radica en que podemos saber si  esa botella que hemos arrojado al océano de las redes es recogida por alguien, siempre y cuando el servidor en el que alojamos nuestra página registre las visitas que recibe. Además quien lo desee puede replicarnos por e-mail.

   No hay acuerdo acerca del tamaño de Internet porque las metodologías para evaluarlo son distintas. Las empresas y los centros de investigación que han empleado rastreadores para identificar cuántos sitios se encuentran alojados en los servidores conectados a la Red suelen contabilizar domicilios registrados pero que en ocasiones no tienen contenido, o que repiten el contenido de otros. Un acercamiento más reciente al tamaño de la red de redes ha sido emprendido por el Online Computer Library Center de Ohio, que estimó la existencia de 8 millones 745 mil sitios web a mediados de 2001 (OCLC, 2001). Esa cifra se refiere a los sitios y no al número de páginas web –un sitio está conformado por una o por más páginas– y es muy baja en comparación con otras evaluaciones del tamaño de la world wide web, pero constituye una plataforma mínima para apreciar el crecimiento de la Red. Si comparamos esos datos con la cantidad de usuarios de Internet en todo el mundo tenemos que cada vez hay, proporcionalmente, menos sitios.

   Con el propósito de contrastar los datos sobre sitios web que manifiesta e la fuente antes mencionada con la cantidad de usuarios que ha tenido la Red, acudimos a las estimaciones demográficas de la empresa Global Reach. De esa comparación provienen los resultados que mostramos en la siguiente tabla.

 

 

Usuarios de Internet por cada sitio web

 

 

Número de sitios web (1)

Usuarios de Internet (2)

Promedio de

usuarios por

cada sitio web

1997

1, 570, 000

 70 millones

   44.6

1998

2, 851, 000

117 millones

   41

1999

4, 882, 000

245 millones

   50

2000

7, 399, 000

391 millones

   52.8

2001

8, 745, 000

490 millones

   56

Fuentes: (1) OCLC: 2001 

(2) Global Reach: 2001

 

   Las cifras son, en todo caso, indicativas. Pero muestran una tendencia sugerente. Desde luego cada vez hay más sitios y más usuarios de Internet. Pero todo parece indicar que los sitios aumentan proporcionalmente menos que la cantidad de internautas, de tal manera que cada vez tenemos más usuarios por cada sitio en la world wide web. A diferencia de 44.6 usuarios por sitio, en promedio, que se registraban en 1997, cuatro años más tarde tuvimos 56 usuarios por cada sitio en la Red. La cantidad de sitios en la Red creció 557% pero los usuarios aumentaron 700%.

   Ese dato confirmaría la tendencia a la concentración de las páginas, especialmente las de mayor audiencia, en menos manos. Además se verifica un comportamiento cada vez menos activo de los usuarios de Internet. Aparentemente, aunque sus usuarios eran menos, en los primeros años de la red de redes había mayor interés e intensidad participativas en comparación con el panorama que se dibuja al comienzo del siglo XXI. Los pioneros en el uso de la Red tenían mayor disposición a la interactividad que muchos de los internautas que en los años recientes se han incorporado a Internet.

 

Internet delante de los otros medios

   Internet seguirá definiendo sus propias características que la distinguirán de otros medios de comunicación. Gracias a ello se ampliará la oferta de contenidos entre los cuales los públicos de los medios pueden elegir sus opciones de entretenimiento, ilustración, información o incluso educación. Paso a paso, aunque se trata de trancos que da con gran rapidez, la Red precisará los rasgos mediáticos que comparte y sobre todo aquellos que no ofrecen otros medios.

   El continente de los mensajes en Internet es claramente distinto: se trata de paquetes de información digitalizada que son conducidos a través de una estructura reticular, a diferencia de la transmisión o edición centralizadas que define a los medios tradicionales. Ese formato nos permite acceder a contenidos muy diversos, casi ilimitados, desde donde sea y en cualquier momento: sin restricciones espaciales ni temporales.

   El contenido es en parte el mismo de los medios convencionales pues las empresas mediáticas, salvo excepciones, no han sabido diseñar mensajes peculiares para la red de redes. Al menos en una fase inicial la han concebido solamente como un espacio adicional para propagar el material que difunden a través de los canales tradicionales –es paradójica, digámoslo solo de paso, la inhabilidad de los grandes consorcios de la comunicación para entender a Internet como un medio singular que amerita y exige contenidos, lenguaje, cadencias y estilos distintos a los que definen a medios como la televisión y la prensa­­–. Junto a esos contenidos se encuentran muchos otros, menos respaldados por la promoción de los sitios con mayor sustento comercial pero de imaginación, originalidad, versatilidad y abundancia prácticamente inagotables. Se trata de sitios y páginas web colocados con el afán de comunicar de la manera más elemental: sus autores, simplemente, dicen allí sus verdades e inquietudes buscando suscitar el interés de otros. Se trata del mismo procedimiento con que se busca iniciar una conversación en la vida fuera de línea. En ese sentido a Internet se le puede considerar como el espacio oceánico en donde se despliegan innumerables pláticas en busca de interlocutores. De sus usuarios depende que Internet se convierta en una inagotable y estéril suma de diálogos de sordos, en simple cháchara inservible y baladí o, como sería deseable, en una conversación ilimitada.

   El contexto que Internet les impone a sus usuarios y aquel en el que se desarrolla como medio, también está en construcción. Por lo pronto se ha afianzado como instrumento de consumo personal en donde la socialización ocurre gracias a las redes que nos comunican con otros pero no delante de ellas (como cuando miramos la televisión junto con otros) ni solo como consumidores pasivos de lo que otros dicen como cuando leemos en los diarios las ideas o informaciones de otros. Las vías técnicas para apropiarnos de los contenidos de Internet evolucionarán de manera drástica y constante. Pero en lo fundamental, todo parecería indicar que seguirá siendo esa colección de espejos de la realidad que ha cautivado e inquietado en los primeros diez años de existencia de la world wide web, cuya estructura descentralizada y reticular le confiere una flexibilidad y agilidad que no tienen los medios convencionales. Tanto o más que respecto de cualquier otro medio en Internet se cumple el diagnóstico del canadiense Marshall McLuhan: las características merced a las que se propaga contribuyen a determinar el contenido, el medio es el mensaje.

   La gran pregunta que podemos seguir haciéndonos delante de Internet es para qué nos sirve la sofisticación tecnológica que nos permite hurgar en el contenido depositado en las computadoras más remotas, explorar archivos textuales, icónicos o multimedia, charlar en tiempo real con gente de la que jamás nos hubiéramos enterado de otra manera, discutir sobre temas en los que somos reputados expertos o sobresalientes ignorantes y colocar lo mismo la información más útil para algunos que la más anodina o agresiva para muchos.

   Pero esa es una pregunta que sigue siendo pertinente para todos los medios y nos la hacemos cada vez que constatamos la programación baladí e irresponsable que caracteriza a la televisión comercial en todo el mundo, o las prácticas abusivas que la prensa mercantil suele desplegar para vender ejemplares.

   Internet, como colección de espejos que es de la realidad, también reproduce errores, necedades y excesos de los medios convencionales. Quizá alcance a ser útil para atemperar, analizar y entender esos rasgos y en vez de solamente remedarlos pueda contribuir a superarlos. Si la Red sirve, entre otros propósitos, como espacio para la discusión, la vigilancia, el contraste y el uso creativo de los medios de comunicación tradicionales podría llegar a ser un espacio auténticamente hiper mediático: no más allá del resto de los medios ni sobre ellos, sino capaz de llevarlos a estar al servicio del diálogo entre la gente para aclarar, distender y entonces resolver sus conflictos y carencias.

   En un mundo creciente y constantemente comunicado, pero en donde siguen ausentes explicaciones muy elementales y en el cual las personas y los países suelen recelar y arremeter antes de dialogar, esa es la gran conversación que sigue pendiente.

 

Granja de la Concepción,

Ciudad de México,

diciembre 31 de 2001

 

Libros y sitios consultados

-Manuel Castells, The Internet Galaxy, Oxford University Press, 2001.

-CyberAtlas, “The world’s online populations”,

http://cyberatlas.internet.com/big_picture/geographics/article/0,1323,5911_151151,00.html , lectura tomada en diciembre de 2001.

Luis Ángel Fernández Hermana, En.red.ando. Ediciones Zeta, 1998. El

         texto que citamos fue inicialmente publicado en mayo de 1996.

Global Reach, “Evolution & proyections of online populations”.

         http://www.glreach.com/globstats/evol.htm , consultada en

 septiembre de 2001.

INEGI, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática,

         México en el mundo. México, 2001.

Online Computer Library Center, “Web characterization”,

         http://wcp.oclc.org/, consultada en diciembre de 2001.

Mark Poster, What´s the matter with the Internet. University of

         Minnesota Press, 2001.

Public Broadcasting System, PBS Life on the Internet.

         http://www.pbs.org/internet/timeline/index.html  Datos de 1997.

Laura Regil Vargas, La caverna digital. Hipermedia: orígenes y

         características. Universidad Pedagógica Nacional, México, 2001.

Tiffany Shlain, “State of the Web: Glass half full”, entrevista en la

página de Cnet.com: http://news.cnet.com/news/0-1014-201-8159417-0.html, diciembre 2001.

Charles Soukup, “Building a theory of multimedia CMC”, en New media

         and society. Vol. 2, Num. 4, december 2000.

UCLA, The UCInternet Report 2001 – “Surveying the Digital

         Future.”  www.ccp.ucla.edu

Publicado en Convergencia digital, Internet, Medios e Internet, Prensa digital, Sociedad de la información | 1 comentario

Tres espacios lingüísticos

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 12, 2005

Publicado el 21 de junio de 2002

París. Después de largos años de seguir trayectorias separadas, este jueves cinco organismos internacionales anunciaron su decisión para emprender proyectos conjuntos que les permitan articular y promover el uso de las lenguas francesa, española y portuguesa.

   En un encuentro presidido por el respetado Boutros Boutros Gahli que encabeza la Organización Internacional de la Francofonía, esa y otras cuatro agrupaciones dieron a conocer los avances de dos grupos de investigación y prospectiva que buscan “preservar la diversidad lingüística y cultural, contribuir a una mayor democratización de las relaciones internacionales y a la promoción de una cultura de la paz”.

   El ex secretario general de la ONU estuvo acompañado por los secretarios generales de la Organización de Estados Iberoamericanos, la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, la Unión Latina y un representante de la Secretaría de Cooperación Iberoamericana.

   El proyecto “Tres espacios lingüísticos” es desarrollado por dos grupos de investigadores y expertos. Uno, ha trabajado acerca de las políticas de promoción y enseñanza de las lenguas. El otro se ocupa del empleo de las nuevas tecnologías de la información para la promoción de los tres mencionados idiomas.

   No es frecuente que varios organismos internacionales, habitualmente muy celosos de su singularidad y de sus propios proyectos, coincidan para impulsar propuestas que no han sido diseñadas por ellos mismos sino, como en este caso, por grupos convocados para tal efecto. Allí puede verse, frente a tantos efectos cuestionables, una de las consecuencias virtuosas de la globalización.

   También se puede advertir una reacción en parte de autodefensa, pero especialmente de espíritu propositivo, ante la hegemonía idiomática ­–y de esa manera cultural, por lo menos en varios sentidos—  que ha alcanzado el idioma inglés.

   La promoción del español, el portugués y el francés –lenguas que se hablan en los países representados en esos organismos— no es entendida como reivindicación regionalista ni nostálgica sino como una necesidad cultural y estratégica en el reordenamiento del mundo que vivimos ahora. Por eso además del estudio a cargo de filólogos y lingüistas para identificar convergencias que permitan difundir y enseñar mejor esas lenguas, se busca mejorar el aprovechamiento de la Internet para propagarlas.

   El anuncio que se hizo en la sede de la Francofonía, a poca distancia de la Torre Eiffel, convocó a periodistas franceses y corresponsales destacados en esta capital. No es una noticia estruendosa y quizá por ello alcance menos difusión de la que ameritaría. Pero el solo intento de agrupaciones distintas para cohesionar esfuerzos en torno a metas culturales tendría que ser una de las pocas buenas noticias que se conocen en el panorama internacional de nuestros días.

   Los secretarios generales de las cinco agrupaciones coincidieron en marzo del año pasado en la necesidad de articular acciones de ese tipo. El procedimiento para ir de las intenciones a las proposiciones fue peculiar. En vez de enfrascarse en la deliberación de los temas que podían interesar más a cada una de ellas, las organizaciones reunieron dos grupos interesados en tales temas y los pusieron a discutir y sugerir.

   Un primer encuentro de esos dos grupos en marzo pasado en Madrid, estableció las líneas maestras del trabajo que luego mantendrían en línea, en listas de correo electrónico. Ahora se reunieron en París para afinar las sugerencias que más tarde las organizaciones asumieron como proyectos a desarrollar en el futuro cercano.

   El grupo de política y planificación lingüísticas, integrado por ocho expertos, propuso trabajar sobre el estatuto internacional de las tres lenguas, la gestión de otras lenguas que coinciden en los países en donde se habla español, francés o portugués, el desarrollo de la oferta en materia de lenguas y la homogeneización de los sistemas de acreditación de competencias lingüísticas. En ese grupo participan profesores de las universidad de Provence, la Sorbona, Federal de Santa Catarina en Brasil, Autónoma Metropolitana de México y la consejería de Educación de Madrid, entre otros.

   El grupo sobre tecnologías de la información lo integran nueve investigadores de instituciones como la Universidad de París en Orsay, el Consejo Superior de Investigación Científica de España, el Instituto Nacional de Investigación de Portugal, el Observatorio de Sistemas de Información de Senegal y la UNAM. Entre sus propuestas se encuentra la realización de un encuentro para evaluar el uso de la Internet en la enseñanza y la creación de un observatorio de las nuevas tecnologías de la información que contará con una página en la red de redes.

Publicado en Brecha digital, El español en la Red | 1 comentario

Padres de Internet

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en diciembre 12, 2005

Publicado el 24 de mayo de 2002 en La Crónica y otros diarios

La Internet no tiene un inventor, de la misma manera que tampoco tiene un dueño. En esa arquitectura reticular y descentralizada, que está emparentada con el espíritu libertario y de búsqueda que la ha definido junto a sus implicaciones comerciales, se encuentra en gran medida la genialidad de ese instrumento de comunicación.

   No hay un creador, pero sí hombres cuyo talento ha permitido que la Internet sea la red diversa, exuberante y prácticamente inacabable que conocemos hoy. Cuatro de ellos recibirán el Premio Príncipe de Asturias, según se anunció ayer en España.

   Tim Berners-Lee, Larry Roberts, Vinton Cerf y Robert Kahn son parte del universo de la red de redes que, como todo sistema que crea sus propias referencias culturales, tiene héroes y patriarcas. Esos cuatro científicos son algunos de los más destacados padres fundadores y auspiciadores de la Internet y en el homenaje a ellos, el premio español reconoce el esfuerzo inevitablemente colectivo y compartido que ha sido el diseño y el crecimiento de La Red.

   Lawrence –Larry– Roberts es considerado el creador de Arpanet, la red de computadoras surgida de un proyecto creado inicialmente con propósitos militares a fines de los años sesenta y que luego se transformaría en el antecedente de la Internet. El espíritu flexible e incluso lúdico que le impusieron sus autores, provenientes del mundo universitario, logró que Arpanet creciera más allá de la red que había sido prevista para intercomunicar bases militares en caso de conflicto bélico. Nacido en 1937, Roberts dirige un centro de investigación aplicada en Estados Unidos.

   Vinton Cerf y Robert Kahn son creadores del protocolo TCP/IP, el grupo de pautas que permite que una computadora o terminal de Internet se conecte con otra. Cerf, matemático de 58 años, también diseñó a comienzos de los ochenta el primer sistema de correo electrónico y en los años recientes, además de impartir conferencias y cursos en todo el mundo, ha trabajado, en colaboración con la NASA, en la planeación de un sistema de Internet fuera de la Tierra. Ha sido empeñoso promotor de las organizaciones que han orientado el desarrollo de la Red, entre ellas la Internet Society y más recientemente el ICANN, el organismo que asigna nombres y números de dominio, en el cual forma parte del consejo directivo. Ingeniero eléctrico nacido en 1938, Kahn es presidente de la Corporación para Iniciativas de Investigación Nacionales que fundó hace 15 años y que ha sido una de las instituciones de punta en el impulso de la infraestructura informática de los Estados Unidos.

   Berners-Lee, que ahora tiene 47 años, creó hacia 1990 la plataforma sobre la que se pudo desarrollar lo que hoy conocemos como la World Wide Web. Antes de ese invento la Internet permitía el intercambio de mensajes por correo electrónico y la transferencia de archivos y existían espacios para la colocación de mensajes a partir de los cuales surgieron las primeras comunidades virtuales. Pero no fue sino hasta el diseño del lenguaje HTML que hace posible la transferencia de hipertexto cuando la Red comenzó a ser el mosaico audiovisual que ahora conocemos. Físico diplomado en Oxford –nació en Inglaterra– Berners-Lee trabajaba en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, en Ginebra, cuando creó el HTML. Aquellas circunstancias confirmaron que para entonces la Internet ya no era un espacio solo estadounidense. Su mundialización sería irreversible.

   La Red se ha beneficiado de las aportaciones de muchos más. Entre otros y de manera destacada hay que recordar a Jon Postel, creador de las primeras redes informáticas e insistente defensor de las libertades en la Internet, fallecido en 1988 a sus 55 años. Pero sin duda Cerf, Kahn, Roberts y Berners-Lee representan, cada uno con sesgos peculiares, el espíritu emprendedor nunca disociado del intercambio y la solidaridad pero tampoco negado a los negocios con que nació y ha crecido la Internet.

   No solo la crearon; también cuidaron que la Internet creciera sin caer en el desconcierto. Manuel Castells uno de los estudiosos más puntuales de la Red apunta en su libro más reciente, La Galaxia Internet, que resulta sorprendente la manera como esos pioneros lograron “que se haya conseguido una relativa estabilidad en la gestión de Internet, sin haber sucumbido ni a la burocracia del gobierno estadounidense ni al caos de su estructura descentralizada”.

   “Hay que atribuir ese equilibrio, fundamentalmente, a la contribución de éstos caballeros de la innovación tecnológica: Cerf, Kahn, Postel, Berners-Lee y tantos otros que se esforzaron realmente en conseguir que Internet se mantuviera como una red abierta a sus colegas, como un medio para aprender y compartir. En esta concepción comunitaria de la tecnología, la hidalguía meritocrática se encontró con la contracultura utópica en la invención de Internet, así como en la defensa del espíritu de libertad que está en su origen”.

Publicado en Internet | 1 comentario

 
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