Viviendo en El Aleph

Internet, cibercultura, sociedad de la información

Archivos para Diciembre, 2005

Fiasco en Ginebra

Publicado por rtrejo en Diciembre 12, 2005

Publicado el 17 de diciembre de 2003 en La Crónica y otros diarios

La participación mexicana en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información fue un verdadero fiasco. La ausencia de una auténtica política de Estado para impulsar en nuestro país el desarrollo de las redes informáticas así como la frecuente colusión del gobierno con los intereses privados en los campos de la radiodifusión y las telecomunicaciones, impedían que la representación mexicana tuviera una participación tan intensa y propositiva como las de otros países latinoamericanos. Al haber designado al secretario de Comunicaciones y Transportes para encabezar la delegación mexicana el gobierno subrayó el escaso interés que le suscitaba la Cumbre en Ginebra. Sin embargo la participación de Pedro Cerisola fue más modesta y trivial de lo que pudo haberse supuesto.

   Al titular de la SCT le correspondió hablar ante la plenaria de la Cumbre el viernes por la mañana, en el último día de sesiones. Las condiciones no eran, ciertamente, las mejores. La reunión había comenzado a las 9 de la mañana, Cerisola tenía el quinto turno para hacer su intervención –después de los representantes de Mongolia, Brunei, Tailandia y Jamaica–, el enorme auditorio del Palacio de Exposiciones estaba semi vacío y muchos de los pocos asistentes estaban fatigados después de varios días de trabajo.

   Aun así el secretario mexicano pudo haber aprovechado mejor sus siete minutos al micrófono, que fue lo que duró la retahíla de obviedades que conforma su discurso. A diferencia de la mayor parte de los mensajes que se dijeron en esa tribuna y que ofrecían datos, relataban avances o describían las políticas que cada país emprende para acercar las redes digitales a los ciudadanos, el discurso de Cerisola carecía de cualquier información así como de la más elemental prospectiva.

   Ese mensaje estuvo dedicado a explicar que el desarrollo de las telecomunicaciones tiene que entenderse de acuerdo con la historia de cada país. También se dijo que como en México la privatización de dicho sector ocurrió sin que esas modalidades de comunicación tuvieran cobertura plena, el país experimenta rezagos importantes.

   Cerisola hizo, allí, una observación que pareciera ser crítica: “Después de 13 años de privatización y apertura a la competencia de los servicios locales y 7 años de liberalización de los servicios de larga distancia, en razón de leyes de mercado, económicas y de industria, las acciones no se han orientado a expandir las redes en las zonas marginadas, donde mayores beneficios sociales podrían reportar, y donde la brecha digital tiene su origen…”

   Aparentemente en esa larga y enredada frase hay un cuestionamiento al desempeño de Teléfonos de México. Sin embargo el lenguaje del secretario fue demasiado ambiguo. Más tarde reconoció: “la atención de nuestras necesidades particulares no se resuelven por las simples fuerzas del mercado y requieren ser atendidas, con especial énfasis, demandando un enfoque de políticas públicas responsable y comprometido”.

   Para quien no conociera la situación de las telecomunicaciones y la radiodifusión en México esa sería una afirmación aceptable. Pero frente a la realidad de nuestro país resulta ser una posición esquizofrénica. En pocas áreas como esas el Estado y especialmente el gobierno mexicanos se han encontrado particularmente ausentes. No solo no hay políticas para un desarrollo con sentido público de las redes telefónicas, la Internet y especialmente la televisión y la radio.

   Lo peor ha sido que cuando la SCT ha tenido alguna política específica es para congraciarse con el interés de los empresarios de esas industrias. Hoy mismo, en contradicción con el espíritu de la Cumbre a la que acudió hace pocos días y cuyos documentos básicos él mismo votó, el secretario Cerisola ha emprendido una impolítica persecución contra varias radiodifusoras comunitarias.

   Así, en tanto muchos de los representantes nacionales se afanaban para ofrecer aportaciones conceptuales sobre la sociedad de la información o se comprometían con proyectos como el fondo de solidaridad digital internacional o la nueva figura administrativa que se diseñe para el gobierno de la Internet la participación mexicana, a través del secretario Cerisola, era de un perfil injustificablemente mortecino.

   No necesariamente tendría que haber sido así. Durante varios meses, en la difícil operación para confeccionar los documentos oficiales de la Cumbre, la representación de México estuvo a cargo de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Una semana antes del encuentro en Ginebra esa dependencia presentó en la ciudad de México un documento de posición mexicana que fue enriquecido con aportaciones de varias docenas de organismos sociales e interesados en el tema. Se dijo que dicho documento estaría disponible en el domicilio de la SRE en Internet pero ayer era inencontrable en ese sitio web.

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Exuberancia mediática

Publicado por rtrejo en Diciembre 12, 2005

Participación en el congreso Convergencia de medios: oportunidades para el acercamiento entre Europa y América que se realizó en mayo de 200 en el Palacio de Congresos, en Madrid.

La información satura, inunda y abruma a la sociedad contemporánea. No solo contamos con una cantidad de datos mayor a la que jamás tuvieron acceso, juntas, todas las generaciones que nos precedieron. Además producimos mucha más información de la que estamos siendo capaces de catalogar, entender y aprovechar. Los investigadores Peter Lyman y Hal R. Varian de la Universidad de California en Berkeley estiman que si se suma la información contenida en todos los libros y periódicos, programas de televisión y radio, productos audiovisuales, páginas web, correos electrónicos y otras fuentes de datos, cada año se producen 250 megabytes de información por cada habitante de este planeta. Eso equivale, en números gruesos, a 50 veces las obras completas de Shakespeare o 30 segundos de la información, en formato digital, de un video de alta resolución.
Cada año el mundo produce entre uno y dos exabytes de información única . Eso significa, más o menos, 200 mil veces la colección completa de la Biblioteca del Congreso en Washington, es decir, una cantidad superior a 24 billones de documentos que incluirían 3 billones y medio de libros, medio billón de grabaciones y 2 billones y medio de fotografías, entre otros materiales .
Ese océano de información constituye uno de los mayores desafíos contemporáneos. No basta asombrarnos, como tampoco es suficiente paralizarnos delante de él.
Las nuevas tecnologías de la información han hecho posible la producción y propagación de esa abrumadora exuberancia de datos, aunque todavía no son suficientemente empleadas para catalogarla y permitirnos discriminar al interior de ella. Se calcula que de toda la información que se produce en el planeta más del 93% se encuentra en formato digital , es decir, ha sido posible gracias al desarrollo de los ordenadores y la Internet. Ese repertorio de registros originales está compuesto por películas, videos, fonogramas, diarios y revistas, mensajes personales, documentos en soportes de toda índole que acotan, y a menudo definen, el contexto de la vida humana contemporánea.

Especificidad de cada medio
La Convergencia de los medios más propagados en nuestras sociedades es posible gracias a la creciente digitalización de los mensajes que, por añadidura, ha facilitado la difusión de contenidos en gran escala. Pero, como mucho se ha deplorado, esta sociedad de la información que estamos construyendo no necesariamente es una auténtica sociedad del conocimiento. Tener acceso a más informaciones no conduce de manera ineludible a entender, disfrutar o mejorar nuestras vidas y nuestro entorno. La sofisticación y la expansión de las tecnologías en este ramo no asegura que tengamos una mejor comunicación. El desarrollo tecnológico constituye el sustrato sobre el cual podemos edificar tanto las ramificaciones de un aparato mediático que irradie banalidades y datos prescindibles, como un sistema de información que lo mismo apuntale el conocimiento que el entretenimiento y la superación de la sociedad.
Televisión, teléfono e informática, imbricados en plataformas cada vez más accesibles, permiten alcanzar más rápido una mayor cantidad de datos sin que la lejanía sea un factor definitorio en la velocidad o la calidad con que recibimos esa información. Los parámetros con que apreciamos el tiempo y la distancia tienden a ser modificados por esa revolución comunicacional.
Ahora es posible reconocernos como parte de un entorno global aunque nuestras prioridades sean locales, de la misma manera que podemos cumplir la divisa que recomienda pensar local y actuar globalmente. El problema para quienes se comunican o reciben mensajes en el contexto de la nueva mundialización –ya sea en pos de entretenimiento o enseñanza, lo mismo que para hacer negocios o entenderse con otras personas– radica en tener instrumentos y pautas para desbrozar y elegir aquello que les resulta provechoso en medio de contenidos mayoritariamente pueriles, así como poco o nada útiles.
Mucha información no es necesariamente mejor información. La oferta abundante de datos y posibilidades en materia de entretenimiento, educación o actualización en el conocimiento de nuestra circunstancia, solo puede ser aprovechada si contamos con instrumentos para elegir en medio de ese océano de opciones. Es preciso, para aprehenderla, que podamos catalogar e identificar la información que en ejercicio de nuestra libertad, preferencias e intereses apetezcamos utilizar.
En esa tarea la combinación del ordenador y el televisor puede permitirnos emplear la Internet en busca de contexto acerca de lo que vemos en la televisión. Pero los límites de la convergencia se encuentran en la especificidad de cada medio. Es difícil pensar que alguien quiera revisar su correo electrónico en la pantalla del televisor, si además dispone del ordenador personal que permite mayor privacía. Muchos preferimos mirar los programas de televisión en la pantalla tradicional y no destinar a esa tarea el monitor de la computadora, la cual podemos emplear mientras vemos o escuchamos la TV. En Estados Unidos entre 1998 y 1999 la cantidad de gente que empleó la Internet al mismo tiempo que miraba la televisión aumentó de 8 a 27 millones . Quizá más que buscar la fusión de los medios actuales, sería pertinente identificar las cualidades específicas de cada uno de ellos y encontrar las formas de relación complementarias, no su simple amalgama.

Internet, lengua y disparidades
El área en donde con mayor intensidad y diversidad se multiplican contenidos de toda índole es la Internet. Allí tenemos una abundancia de información que en su mayor parte se encuentra sin inventariar y que permanece casi desconocida. Algunas estimaciones consideran que desde 1996 han sido colocadas en línea más de 10 mil millones de páginas en la Internet . Muchas de ellas han sido descontinuadas pero de las que siguen activas, hay una gran cantidad que no pueden ser encontradas en los motores de búsqueda usuales.
El buscador más popular de la Red, ha logrado catalogar y guardar en sus respaldos más de mil 500 millones de páginas web (cabe recordar que un sitio en la Internet se compone de una o varias páginas). Se trata de una enorme cantidad de páginas pero que apenas alcanza a significar el 15% de todas las que, según se estima, han sido colocadas desde que la Red comenzó su expansión más acelerada hace seis años.
Los buscadores más conocidos y con mayores inventarios informáticos funcionan ahora en varios idiomas y han logrado acaparar el interés de usuarios de la Red en todas las latitudes. Sin embargo se trata de motores de exploración concebidos y que operan con criterios que no necesariamente atienden a intereses de países como los nuestros. Seguimos sin contar con buscadores diseñados para explorar la Red en lengua española y que tengan amplia capacidad así como extenso aliento informático.
Se estima que actualmente más del 7% de los usuarios de la Internet en el mundo son de habla española. Esa cifra indica un crecimiento importante porque hace menos de un año, los hispanohablantes en la red de redes éramos, según la misma estimación, el 5.4% . No parece que ese crecimiento esté acompañado de una mayor producción de sitios web en español ni de instrumentos de búsqueda especializados en contenidos en nuestra lengua.
Sería deseable que esos contenidos recuperasen la diversidad, la riqueza y la intensidad de culturas como las que tenemos en los países de habla hispana. Ubicados en el contexto global que ofrecen las nuevas tecnologías de comunicación, los contenidos locales pueden lograr nuevas formas de propagación y mutua influencia. Desde luego la construcción de sociedades en donde la perspectiva local sea enriquecida y no devastada por la comunicación global, exige acceso y adiestramiento suficientes para aprovechar las redes informáticas y mediáticas. En ese aspecto falta mucho por hacer. Mientras que en Alemania tiene acceso a la Red el 36% de la población, en Italia el 33%, en Francia el 26% y en España el 24% aproximadamente, en los países de América Latina el crecimiento de este recurso ha sido notablemente más lento. Hoy apenas el 10% de los argentinos, el 7% de los brasileños, el 5% de los venezolanos y el 4% de los mexicanos tiene acceso regular a la Internet . Las conexiones y los ordenadores son indispensables pero no bastan. Es preciso que sus usuarios actuales y potenciales aprendan a emplear esos recursos de manera creativa y no solamente pasiva. Así podemos aspirar a que sean, además de espectadores, partícipes en el diseño de nuevos contenidos comunicacionales.

Necesario Estado regulador
De poco sirve disponer de mucha información si los contenidos de calidad son escasos. Tener contenidos útiles y creativos, independientemente de los criterios de calidad con que se les evalúe, constituye uno de los grandes retos para la expansión de los medios contemporáneos. Acaparar la audiencia con programas de gran espectacularidad sin duda es atractivo para cualquier medio de comunicación. Pero después del estrépito inicial los públicos, tarde o temprano, se preguntan qué les ha dejado la contemplación –por ejemplo– de varios individuos confinados a llevar durante varios meses una vida tan artificial como intensamente acechada.
Ese, como cualquier otro modelo de televisión se encuentra sujeto a la tensión constante entre el interés mercantil y su atadura al rating y, de otra parte, el interés de los ciudadanos. En última instancia, esa relación desemboca siempre en las responsabilidades de los medios. Incluso en una economía regida por las pulsiones del mercado más salvaje y precisamente porque esa voracidad mercantil existe, resultan necesarias las fuentes de moderación y responsabilidad que se encuentran en la autorregulación y las leyes.
Para los medios siempre es útil ceñir sus contenidos a parámetros éticos que reivindiquen el interés de la sociedad y no solamente la avidez por el rating. Las empresas mediáticas que se comprometen con principios de esa índole resultan más confiables para los ciudadanos. Pero como ninguna actividad que tenga repercusiones sociales puede autorregularse eficazmente a sí misma, también se precisa de leyes que definan y acoten el ejercicio del poder que tienen los medios de comunicación.
Hoy en día parece haber quedado claro que, incluso en los modelos de organización política y social más dúctiles a las necesidades de expansión del mercado y sus capitales, hay tareas de regulación que solo pueden ser desempeñadas por el Estado.
El Estado es inevitable. Todavía de cuando en cuando se escuchan voces que hablan de él como si fuese una maldición a la que es preciso exorcizar. Pero sintomáticamente, y eso vale tanto para individuos como para corporaciones, muchos de quienes descalifican al Estado se encuentran entre aquellos que se disputan el privilegio de encabezarlo o influir en él.
La regulación estatal es uno de los recursos que tiene la sociedad para que sus intereses sean considerados en las decisiones que les afectan (entre ellas, el funcionamiento de los medios de comunicación). Ciertamente estos no son los mejores tiempos para el Estado, que a veces se encuentra tan escaldado por los cuestionamientos externos y por los abusos de quienes lo encabezan que pareciera destinado a ocupar un sitio marginal. Sin embargo, como apunta el pensador francés Alain Minc, el Estado: “Si persevera en su modo de ser, si quiere producir servicios, si se juzga protegido en su propia esfera e indiferente al mercado, está condenado. Si, por el contrario, toma conciencia de lo posible y acepta cambiar su oficio de productor por el más esencial de regulador, habrá de corresponderle un rol cardinal”. La disyuntiva es “o bien un mercado más o menos regulado, o bien un mercado desregulado, es decir, la jungla” .

Riesgosa concentración mediática
En el terreno de la comunicación, uno de los requisitos para propiciar contenidos congruentes con la heterogeneidad y los intereses de nuestras sociedades es la diversidad de opciones mediáticas. En la medida en que las decisiones acerca de qué se difunde y para quiénes, son tomadas desde distintas perspectivas y no solo una, las opciones de comunicación serán más variadas y los públicos podrán ejercer su libertad para recibir un mensaje u otro. Eso vale tanto para medios convencionales (como la televisión y la radio) como para la Internet.
A veces esa diversidad de opciones queda limitada por la concentración de los medios de comunicación. Más que en torno a proyectos tecnológicos o a contenidos y mensajes, la convergencia mediática de la actualidad se desarrolla en el campo de las alianzas empresariales. Se trata de una tendencia internacional, relacionada con la expansión de la tecnología pero fundamentalmente con la asociación de capitales en su búsqueda de mayores o más fáciles rendimientos. Como parte de las fuerzas que mueven la economía contemporánea la asociación de firmas en la industria de las comunicaciones es una realidad inevitable. Pero tiene que estar circunscrita tanto por las reglas que hay en toda economía de mercado para evitar las prácticas monopólicas, como por normas específicas que propicien la pluralidad y la responsabilidad en los contenidos de los medios de comunicación.
En distintas latitudes se expresan preocupaciones fundadas ante los efectos que puede tener una concentración excesiva de los medios de comunicación. El profesor Lawrence Lessig de la escuela de leyes de la Universidad de Stanford, ha recordado el gran desafío que implica el papel dominante de unas cuantas empresas en el negocio de la música: “Un puñado de compañías controlan más del 80% de la música en el mundo. Esas compañías controlan no solo la distribución sino el mercado donde los artistas tienen que vender sus almas a una firma grabadora precisamente para tener el derecho a desarrollar música que se pueda distribuir”.
El mismo autor considera que ese modelo económico pudiera estar siendo desplazado por el espacio de exposición y producción mediática que puede ser la red de redes: “Ese es el modelo del último siglo. Las razones económicas que podrían haber justificado esa estructura apretadamente controlada han desaparecido. La Internet puede sostener una competencia en la producción y la distribución mucho mayor que (si fuera posible con) las cinco compañías dominantes” .
No hay motivo para que las grandes corporaciones mediáticas supongan que están al borde de la extinción. Pero sí para que no dejen de tomar en cuenta las nuevas tendencias del intercambio y la generación del conocimiento –y por lo tanto de mensajes y contenidos de toda índole– que se desarrollan en la Internet.
La red de redes no sustituirá a los medios de propagación más amplia pero constituye lo mismo parte de su nuevo entorno que, aun de manera incipiente, un espacio en donde se manifiestan contrapesos y eventualmente opciones a los contenidos de los medios convencionales. Los grupos de observación de los medios, así como agrupaciones de consumidores de mensajes mediáticos y otras organizaciones civiles de ese corte encuentran en la Internet un espacio propicio, y cada vez más influyente, para expresarse y crecer.
Observar a los medios por parte de la sociedad es tan importante como que las empresas de comunicación reconozcan que son observadas, con acuciosidad y ánimo crítico crecientes, por parte de la sociedad. Las nuevas tecnologías y el renovado ánimo deliberativo de nuestras sociedades nos permiten esperar que el desempeño de los medios y los contenidos que difunden sean escudriñados con atención e influencia cada vez mayores. Eso es preferible a la pesadilla orwelliana en donde había un Gran Hermano que todo lo acechaba. No nos referimos a la serie de televisión.

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La Sociedad de la Información

Publicado por rtrejo en Diciembre 11, 2005


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Internet es el futuro

Publicado por rtrejo en Diciembre 11, 2005

Ensayo publicado en el libro DIREITOS À COMUNICAÇÃO NA SOCIEDADE DA INFORMAÇÃO que, coordinado por el Dr. Jose Marques de Melo, fue publicado en 2005 por la Universidad Metodista de Sao Paulo.

 

El 11 de septiembre de 2001, igual que el mundo entero, la Internet quedó pasmada. Durante varias horas los sitios de noticias más conocidos, todos ellos estadounidenses, fueron colmados por la demanda de información provocada por el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y más tarde, el asalto al Pentágono en Washington. Entre las 9 y las 10 de la mañana, hora del Este americano, las páginas de CNN.com, NYTimes.com y ABCNews.com eran inaccesibles para la mayoría de los internautas de todo el mundo que buscaban saciar su inagotable necesidad de informaciones. El atentado terrorista fue tan monstruoso y al mismo tiempo tan explicable que centenares de millones de personas querían, si no respuestas, al menos nuevos ecos de la tragedia además de los que ofrecían los medios de comunicación tradicionales. Durante todo el día el acceso a esas y las páginas de MSNBC.com y USAToday.com entre otras, fue varias veces más lento que en circunstancias regulares. A fin de aligerar el volumen de información digital que sus servidores enviaban a cada usuario esas empresas modificaron sus home pages, simplificando el diseño y limitando la información a unos cuantos titulares y algunas fotografías. La página de entrada de CNN.com que suele “pesar” 255 kilobytes quedó reducida a 20 kbs. para que más gente pudiera tener acceso a ella [1].

   Ese día, en medio de la enorme tragedia en Nueva York y Washington, la Internet manifestó las limitaciones que todavía la atajan y las virtudes que podrá desplegar en el futuro inmediato. Los servidores de las empresas noticiosas no se dieron abasto para enviar información a una cantidad inusitada de internautas pero decenas de millones sí pudieron conectarse a algunas de esas páginas. Luego, conforme avanzaron ese y los siguientes días las noticias de la penosa búsqueda de víctimas y la discusión sobre qué podían hacer Estados Unidos y el mundo ante el terrorismo se propagaron a través de millares de páginas en la red de redes.

   El 11 de septiembre la Internet y la televisión se ocuparon de la tragedia apoyándose mutuamente. Pocos minutos después de que el primer avión secuestrado se estrellara contra la Torre Norte en Manhattan los principales portales (como MSN.com y Lycos.com) así como los buscadores más concurridos (Yahoo.com. Altavista.com, Goggle.com) colocaron avisos para que todo aquel que accediera a ellos, si aun no lo sabía, se enterase del siniestro. Entonces se produjo un recorrido de ida y vuelta de la Internet a los medios convencionales. Los administradores de Goggle.com colocaron el siguiente aviso:

   “Si usted está buscando noticias, encontrará la información más actual en la televisión o en la radio. Muchos servicios de noticias en línea no están disponibles debido a la demanda extremadamente alta”.

   Goggle.com copió las portadas de los sitios de The Washington Post y la CNN para ofrecerlas a sus usuarios.

   La Internet contribuyó, de esa manera, a incrementar la audiencia de las cadenas de televisión. Para enterarnos de los asuntos más recientes o incluso para presenciarlos en directo como ocurrió con los atentados del 11 de septiembre el medio idóneo es la televisión. Para ofrecer información de contexto y espacios de discusión y retroalimentación la red de redes comienza a ser entendida como medio de servicio y no solo de entretenimiento.

   Una encuesta levantada al día siguiente por el Pew Internet and Life American Project confirmó que la gran mayoría de los estadounidenses prefirió a la televisión para conocer las secuelas de los atentados. El 81% obtuvo de la TV la mayor parte de la información acerca de esos acontecimientos. El 11% atendió preponderantemente a la radio y solamente 2% declaró haber preferido a la Internet. El 1% tuvo a los periódicos como fuente principal de información [2]. Ese y los siguientes días, en cambio, la participación en foros de discusión en la red aumentó al menos una tercera parte.

 

Hábitos, crecimiento y

desigualdades en la red

   Pero la Internet no se encuentra tan concurrida todos los días ni sus usuarios la emplean con tal intensidad para buscar informaciones de actualidad. En los países en donde este recurso informático se ha desarrollado más el empleo del correo electrónico es habitual y la consulta de datos, tanto para esparcimiento como para trabajar, se ha vuelto frecuente. En Estados Unidos en agosto de 2000 según un estudio gubernamental, el 80% de los usuarios de la Internet enviaban y recibían correos electrónicos y el 43.2% acostumbraba buscar información en sitios de noticias. El 35.3 recababa datos para asuntos relacionados con su trabajo y el 30% había realizado compras en línea (Gráfica 1).

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   En España según otra investigación, publicada en julio de 2001, prácticamente todos los usuarios de Internet lo son antes que nada de correo electrónico, el 82% consulta noticias y el 45.3% hace compras y casi el 40% descarga archivos de audio en formato MP3 (Gráfica 2). Las dos encuestas tienen parámetros distintos pero algunos de sus resultados se pueden comparar cotejando las dos tablas adjuntas.

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   La red es cada vez más útil como transmisora de noticias de actualidad y fuente de información documental, bibliográfica e institucional. Además nutre el esparcimiento de sus usuarios e incluso se ha constituido en guía para los más distintos espectáculos. No hay, hasta ahora al menos, una disminución significativa de la atención a otros medios por navegar en la red. Al contrario: las pautas de contemplación fundamentalmente pasiva que singularizan a los espectadores de los medios convencionales se han reproducido entre la mayoría de los usuarios de la red de redes.

   Casi todos ellos, especialmente en el espacio multimedia de la Internet que es la world wide web, se limitan a ser consumidores de datos. Solo una pequeña porción de internautas aprovecha a la red como espacio para ser ellos mismos propagadores de contenidos propios. Son muchos más quienes miran las páginas web de otros, que aquellos que enriquecen a la red con sus respectivos sitios. Aunque la cantidad de sitios ha crecido muy considerablemente, los usuarios de la red suelen buscar los mismos domicilios.

   La abundancia de información que hormiguea por la red de redes se ha convertido en prácticamente inasible por sus dimensiones colosales. Los más tecnificados buscadores de contenidos, como Goggle y Yahoo, apenas alcanzan a rastrear una quinta parte de todo el acervo –en donde hay de todo– en la WWW. La Internet se ha convertido en una sucesión de océanos en donde solo es posible no extraviarse si se tienen experiencia y brújulas adecuadas.

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   Hacia la mitad de 2001 existían casi 30 millones de sitios web, a los que no hay que confundir con las páginas en la red. Un sitio puede estar conformado por una o por varias (incluso millares) de páginas. Si consideramos que 8 años antes, en 1993 apenas existían 130 sitios, que cinco años antes (en 1996) eran 25 mil y que un año antes, en 2000, habían crecido a 17 millones, queda claro el desarrollo intenso y vertiginoso que ha tenido la Internet. La Gráfica Tres, elaborada con datos del investigador Robert H. Zakon, resulta muy explícita. El despegue de la red de redes ocurre a mediados de 1997 cuando alcanza más de un millón de sitios, se duplica al año siguiente y entre 1997 y 1998 crece dos veces y medio. Luego casi se triplica. En cambio el crecimiento entre 2000 y 2001 medido de junio a junio alcanza la tasa más baja en seis años. Las variaciones en el ritmo de desarrollo de sitios web aparece en la Gráfica 4. Cada vez hay más sitios, evidentemente, pero el ritmo de su crecimiento tiende a disminuir.

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   La Internet es más grande y sus navegantes aprovechan de ella recursos de índole muy variada, pero aun constituyen una porción pequeña de la población mundial. El acceso a este recurso informático se ha convertido en su principal limitación no solo desde la perspectiva de los intereses de cada nación sino, también, para el desarrollo de la red como opción mercantil. La debacle de las llamadas empresas punto com entra las cuales muchas hicieron severos ajustes o cerraron a partir del año 2000, se debe fundamentalmente a la sobre valoración que muchos de sus promotores habían hecho de la Internet. Se llegó a pensar que bastaba colocar un sitio en la red para que llovieran las compras y las inversiones. En la mayoría de los casos no ha ocurrido así porque los mecanismos de transacción comercial tradicionales no han sido sustituidos por los de carácter electrónico y, también, debido a que los usuarios de la Internet no son tantos como se había esperado.

   De todos modos suman un número respetable. Se estima que al finalizar 2001 habrá casi 500 millones de personas que, en todo el mundo, tienen acceso regular a la Internet [3]. Son muchos, pero apenas constituyen el 8% de la población mundial. Medidos de acuerdo con la cantidad de anfitriones o hosts (es decir, aparatos de cómputo conectados a la Internet) la Gráfica 5 muestra la evolución que ha tenido el acceso a la red de redes en una decena de países.

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   La concentración de las desigualdades económicas y sociales se traduce en mayores dificultades para el acceso a la red de redes. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano el año 2000 la cantidad de hosts por cada mil habitantes era de 0.4 en los países árabes, 0.6 en Asia Oriental y el Pacífico,   0.6 en Asia Meridional y 0.1 en el África Subsahariana.

   En América Latina y el Caribe esa proporción era de 5.6 y en Europa Oriental y la CEI de 4.7 anfitriones de Internet por cada millar de personas. En los países de alto ingreso de la OCDE esa tasa era de 96.9 [4].

   No hay que tener dotes proféticas para decir que en el futuro esas tendencias se mantendrán en lo fundamental, aunque a largo plazo el acceso a la Internet vaya siendo cada vez más amplio. Hay quienes estiman que en 2005 los usuarios de la red de redes serán mil millones, lo cual significaría un aumento del 100% en cuatro años. Entre 1995 y 2000 la cantidad de anfitriones de Internet creció de 1.7 a 15.1 por cada mil habitantes en el mundo [5]. La población en línea, según evaluaciones que parecen confiables, creció de 50 millones en 1996 a 117 en 1998, 391 en 2000 y llegará a 490 al finalizar 2001 [6]. Es decir, el número de internautas en el planeta se incrementó casi mil por ciento en ese lustro.

   La Gráfica 6 compara el crecimiento de los usuarios de la Internet en el mundo con el incremento en el número de sitios. En 1996 teníamos un sitio por cada 198 usuarios. En 1997 esa relación era de 62.7. a uno. En 1998, un sitio por cada 48.5 internautas. Al año siguiente 39.7 usuarios de la red por cada sitio, en promedio. En 2000 la relación fue de 22.84 por cada sitio. En 2001, contamos con 16.72 usuarios por cada sitio en la Internet. (La comparación es ligeramente forzada porque los datos de sitios web son a junio de cada año y los de usuarios reflejan las estimaciones totales al final de cada año, pero muestran un panorama significativo).

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Saturación y confusión. Los

internautas están fatigados

   Esas correlaciones parecieran indicar que cada vez tenemos una red más representativa de los intereses, la diversidad y las singularidades de sus usuarios. Eso es cierto solamente en parte. Cada vez más personas colocan su información en la Internet aunque sigan constituyendo un porcentaje modesto del conjunto de consumidores de ese medio. Sin embargo los sitios más visitados son unos cuantos en comparación con la descomunal cuantía de opciones que ofrece la Internet. Los usuarios de la red, al menos en Estados Unidos, visitan cada vez menos sitios web. El espíritu de exploración que animaba a quienes se sumergían en ella en los primeros años de la Internet, ha venido decantando en la consulta rutinaria a los mismos domicilios. En 2000 el 60% de los usuarios de la red en ese país se asomaba a más de 20 sitios al mes. Un año después la cantidad de sitios visitados se ha reducido a casi la mitad [7].

   Es paradójico: tenemos más sitios en la red pero la gente la recorre menos. Cada vez resulta más difícil hablar de navegantes como en los primeros tiempos de la Internet. Ahora la costumbre es recalar en los lugares ya conocidos, como si los internautas se hubiesen fatigado y ya no conservasen el espíritu de aventura y búsqueda que era considerado como uno de los atractivos de la red.

   Pero la Internet llegó no solo para quedarse, sino para crecer y diversificar su presencia en los más variados órdenes. En el futuro cercano el crecimiento de las personas con acceso a la red seguirá aumentando, particularmente en los países en donde apenas recientemente la Internet ha comenzado a acreditarse. Ese desarrollo seguirá supeditado a intereses fundamentalmente mercantiles en ausencia de políticas nacionales y regionales –que sean suficientemente eficaces, y con recursos– para promover el acceso de los ciudadanos a la Internet.

   Es previsible que el ritmo de crecimiento de los sitios web sea menor pero también, que una gran cantidad de los accesos de los internautas en todo el mundo sea a las páginas de las mayores corporaciones de la información y el entretenimiento –casi todas ellas asociadas a las empresas de medios tradicionales–. Así como el 11 de septiembre de 2001 los espacios más visitados en la red dirigieron a quienes los consultaban a la televisión que ofrecía información más oportuna y masiva, con frecuencia las cadenas televisivas recomiendan a sus espectadores que se asomen a sus respectivos sitios web.

   La brecha informática que existe entre las naciones y que escinde a las sociedades también se reproduce dentro de la red de redes. Aquellas empresas y personas con mayores recursos tecnológicos y financieros pueden no solo colocar, sino difundir, remozar y actualizar sus sitios en la Internet con más ventaja que los negocios pequeños o los ciudadanos comunes.

   En el futuro inmediato se mantendrán sin solución satisfactoria varios de los grandes dilemas que enfrenta hoy la Internet. Asuntos como la propiedad y la autoría de la información, la defensa de la privacía, la existencia de barreras culturales e idiomáticas que forman parte de la complejidad de las sociedades humanas y que en la Internet se reproducen y hacen patentes, serán vistos según la perspectiva de cada interesado en ellos. Tendrán que pasar más tiempo para que establezcamos consensos sobre derechos patrimoniales, respeto a la intimidad y reconocimiento de la diversidad en la Internet.

   Aun así la extensión de las redes en nuestras sociedades, su imbricación y complementariedad con otros medios y las posibilidades aun escasamente exploradas que ofrece para informar, recrear y educar, harán de la Internet no solo parte del futuro de la comunicación. La red de redes es el futuro y para admitir este diagnóstico es preciso considerar que su desarrollo tecnológico y su disponibilidad (ancho de banda, velocidad de conexiones, capacidad instalada en cada comunidad y hogar, etc.) apenas se están desarrollando. No es un futuro perfecto, ni mucho menos –y no nos referimos solamente al tiempo gramatical–. Se trata de un porvenir repleto de contradicciones y que, valgan la obviedad y el gerundio, apenas se están construyendo. Sobre todo, es altamente posible que la formidable capacidad que la Internet ofrece en ilimitados campos de actividad quede circunscrita por la preponderancia de unas cuantas empresas en el desarrollo y la promoción de la red.

   Junto con la brecha digital entre los países y también dentro de muchas naciones, la gran dificultad para usufructuar la Internet será cómo desbrozar entre millones de sitios y miles de millones de páginas la información que mejor nos pueda enterar, cultivar, auxiliar o entretener. Los ordenadores están dejando de servir como instrumentos para organizar la información para convertirse, antes que nada, en proveedores de ella a través de las conexiones digitales. Nuestras sociedades, incluso con respetables índices de acceso a la Internet, siguen padeciendo una suerte de analfabetismo digital: mucha gente se asoma a la red solo para cumplir con tareas elementales y rutinarias a semejanza de quienes, disponiendo de una enorme biblioteca, únicamente la utilizan para consultar recetas de cocina y la guía de teléfonos.

 

Granja de la Concepción, Ciudad de México, Septiembre de 2001




[1] Keynote, “News and events, september 12 2001”: http://www.keynote.com/press/html/091101.html

[2] Pew Internet & American Life Project, How americans used the Internet after the terror attack, http://www.pewinternet.org/reports/pdfs/PIP_Terror_Report.pdf

 [3] www.glreach.com/globstats

 [4] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, Informe sobre desarrollo humano 2001. México, 2001, p. 65

 

[5] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, cit., pp. 34 y 65.

[6] http://www.glreach.com/globalstats/evol.htm

[7] Amy Harmon, “Exploration of World Wide Web Tilts From Eclectic to Mundane”, en The New York Times, agosto 26 de 2001.

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Aprender y educar en Internet

Publicado por rtrejo en Diciembre 11, 2005

Texto para una conferencia en la Universidad Pedagógica Nacional en noviembre de 2001

A la Internet se la suele mirar con ilusión, o con aprensión, pero es difícil ser indiferente ante su presencia global, las posibilidades de conocimiento que ofrece y desde luego, sus insuficiencias y distorsiones. Con frecuencia sus propagandistas más entusiastas la adornan con tantos atributos que pareciera, casi, que basta conectarse a la red de redes para que sus usuarios se vuelvan informados e instruidos. En el otro extremo se encuentra la actitud de quienes rechazan las capacidades que la Internet tiene para mejorar la vida de la gente.

   En todo caso la pertinencia de utilizar o no a la Internet es una discusión cada vez más superada. Quienes no se acerquen a esta tecnología de información y comunicación no solo dejarán de aprovechar sus posibilidades. Además quedarán al margen de las rutinas, los ritmos y las modalidades con que una significativa porción de la humanidad (aun pequeña pero que aumenta día tras día) se informa, divierte, aprende, comercia y se interrelaciona.

   En la educación los usos de la Internet han sido diseñados casi siempre de manera pragmática, sin tomar en cuenta la cobertura todavía limitada de la red de redes, la necesidad de tener instrucción específica para aprovecharla y las modalidades que tienen la propagación y el aprendizaje de contenidos en ese espacio.

   Igual que en otros campos la utilización de la red con propósitos didácticos se enfrentó inicialmente a la indolencia y al rechazo de quienes en lugar de entenderla y aprovecharla, quisieron negarla como un recurso útil. Ahora son pocos los profesores que se rehúsan a utilizar o por lo menos a conocer las posibilidades de esa tecnología. Pero siguen faltando recursos e infraestructura y sobre todo, exigencia, entusiasmo y creatividad para que en el campo de la educación la Internet sea utilizada intensa y extensamente.

 

Instrumento heterogéneo y vasto

   La Internet no sustituye a los maestros, ni a la escuela, ni a los contenidos educativos. La Internet es un instrumento que puede ser utilizado para dar a conocer contenidos de distinta índole. Si la empleamos para difundir materiales científicos o literarios la red de redes funcionará como divulgadora de la ciencia y la literatura, de la misma manera que propagará pornografía y violencia si los contenidos que se colocan en ella son de esa naturaleza.

   A la Internet la hemos definido como una colección de espejos de la realidad [1]. Si en la vida fuera de línea hay, como a todos nos consta, abusos, odio, crímenes y las más variadas perversiones, parte de esa realidad será reflejada en la Internet. Si como por fortuna ocurre en la vida real también y sobre todo existen arte, cultura, imaginación, desarrollo y solidaridad entre tantos otros atributos, esas conductas y sus expresiones tendrán cabida en la red de redes.

   En la Internet hay de todo. Su capacidad para alojar contenidos de la índole más variada constituye uno de sus atributos más destacados. No solo se está convirtiendo en la biblioteca y hemeroteca más grande de la que haya podido disponer la humanidad. La Internet está llegando a ser, antes que nada, el reflejo más acabado de las costumbres, el pensamiento y el comportamiento humanos. Por eso es indispensable que los niños y jóvenes aprendan a utilizarla y el sitio idóneo para ello es la escuela.

 

Recursos para instruir

   La Internet es un instrumento de comunicación. Sus singularidades técnicas (especialmente la interactividad que pueden ejercer sus usuarios y la casi infinita cantidad y variedad de contenidos que hay en ella) la distinguen de otros medios de comunicación.

   A diferencia de los recursos más elementales en el quehacer educativo la Internet requiere de una pequeña sofisticación tecnológica de la que no siempre se dispone. En la enseñanza tradicional basta con que el profesor tenga pizarrón y gis –a veces, ni siquiera de esos recursos se dispone–. Para emplear la Internet hacen falta al menos una computadora con módem, una conexión a la red y energía eléctrica para alimentar ese equipo. No es nada del otro mundo, pero en ocasiones las limitaciones financieras hacen remota la posibilidad de que todas nuestras escuelas tengan implementos como esos.

   A veces en países como el nuestro la exigencia para tener computadoras en las escuelas públicas parece desmedida, o utópica. Hay maestros que consideran que antes que equipo informático se requieren mejores instalaciones, mesabancos completos, pizarrones funcionales y desde luego salarios decorosos. Pero proponer que la computadora con conexión a la red solo podrá instalarse en la escuela cuando los demás requerimientos materiales queden satisfechos, puede convertirse en causa de un históricamente costoso atraso tecnológico y didáctico: sería una suerte de suicidio educativo.

 

Brecha digital y educativa

   Es necesario que nuestras escuelas tengan pupitres en buen estado y sus profesores remuneraciones justas. Pero al mismo tiempo resulta indispensable que maestros y alumnos cuenten con acceso regular a esa nueva fuente de conocimiento que es la Internet. Hoy en día no puede haber una política educativa nacional digna de ese nombre que no incluya la propagación, intensiva y urgente, de la red de redes en las escuelas. Para ello, desde luego, se necesitan recursos financieros pero también que los maestros tengan interés en apoyarse en los instrumentos informáticos y que las autoridades educativas nacionales cuenten con visión de mediano y largo plazos.

   Carecer de una política con esas características llevaría a profundizar rezagos educativos y culturales que ya padecemos. En la sociedad mexicana el empleo de la Internet sigue siendo patrimonio de un pequeño circuito. La brecha digital que se abre entre los pocos que tienen acceso y los muchos que no pueden llegar a la Internet constituye una de las nuevas fuentes de desigualdad en el mundo entero. Nuestro país no solo no es ajeno a esos desniveles sino que la inexistencia de políticas públicas ha dejado la promoción de la red de redes casi exclusivamente en manos de instituciones y empresas privadas.

   Al finalizar 2001 cerca del 4% de los mexicanos tendrá acceso regular a la Internet. En el transcurso de este año la Internet ha sido empleada por aproximadamente el 5.5% de los argentinos, el 12% de los chilenos y el 18% de los españoles. En comparación con otros países el rezago informático en México es más patente. La población en línea es del 60% en Estados Unidos, 31% en Alemania, 26% en Australia, 20% en Portugal, 17% en Japón, 9% en Malasia y 5% en Rusia, para mencionar países en condiciones muy diversas [2].

 

Enseñar es elegir

   Hemos apuntado que la Internet no reemplaza al profesor, ni a la escuela ni a los contenidos educativos. Pero en el caso de la enseñanza la red de redes no es un auxiliar didáctico más. El efecto de la Internet puede llegar a ser tan o más poderoso que la influencia personal del maestro, el entorno o los contenidos escolares.

   Toda tecnología, incluso la más modesta, impone sesgos y matices a los contenidos educativos que se exponen o comunican con ella. Cuando un profesor escribe en el pizarrón las palabras clave de la clase que imparte ese día, ha tenido que decidir los conceptos que quiere resaltar delante de los alumnos. Lo mismo sucede con el empleo del retroproyector o la videocasetera.

   Cada lección es una elección. Las tecnologías educativas de carácter convencional permiten sobre todo resaltar y explicar gráficamente los contenidos que se quieren inculcar en los alumnos. La Internet exige –más que cualquier otra tecnología– que esa capacidad de elegir se ponga en práctica, con una diferencia adicional: quien decide ya no es solamente el maestro, los alumnos se involucrarán pronto en la selección de los contenidos que quieran conocer. En una segunda fase en el aprovechamiento de la Internet ellos mismos –profesores y alumnos– podrán diseñar sus propios contenidos y alojarlos en la red de redes.

 

Aprender a seguir aprendiendo

   El uso educativo de la Internet requiere del desarrollo de al menos tres vertientes. En primer lugar es preciso entender a la red de redes como un espacio abierto en el que hay contenidos de todo género y en donde la destreza primordial consiste en saber buscar, para decidir a qué sitios nos asomamos y a cuáles no. La Internet es una colección de espacios potencialmente inacabables en donde se acumula información muy amplia, la mayor parte de la cual no ha sido concebida como apoyo en la enseñanza. La necesidad de aprender a buscar y a elegir en la Internet resulta más clara si consideramos que a fines de 2001 tendremos más de 32 millones de sitios web, los cuales albergarán casi 2 mil 500 millones de páginas.

   Quienes se familiarizan con la Internet identifican sus diferencias con otros instrumentos de enseñanza. La red de redes puede ser utilizada como apoyo en el trabajo dentro del aula y como complemento en la realización de tareas, pero también como eje de la enseñanza no escolarizada. Ese es un tema en el que estas breves notas no incursionarán.

   Lo primero, será que profesores y alumnos abandonen cualquier aprensión acerca de la computadora y la Internet. Por lo general los alumnos son más receptivos al manejo de la tecnología que la mayor parte de sus profesores. Existe una diferencia generacional patente en la manera como unos y otros se acercan al ordenador. Quienes han crecido no solo junto a la televisión y la videocasetera sino además al lado de los videojuegos y la iconografía y la parafernalia cibernéticas, tienen una facilidad intuitiva para aprovechar las nuevas tecnologías informáticas de la que no disponen quienes crecieron y aprendieron a aprender en un entorno tradicional. Los alumnos en estos casos suelen aprender más rápido que sus profesores. Esa disparidad obliga a intensificar la capacitación de los maestros en el aprovechamiento de tecnologías como la Internet.

 

Más información que conocimiento

   Además y en segundo lugar hace falta reconocer el lenguaje y los estilos de comunicación que prevalecen en la red de redes. No nos referimos al idioma, ni a los códigos informáticos que es menester emplear para armar páginas web, sino a las maneras como suelen ser aprehendidos los contenidos de la Internet.

   Los íconos habitualmente sobresalen sobre el texto, las frases cortas atraen más que los párrafos con argumentos extensos, a las páginas en la red se las visita con celeridad como quien hojea un libro en vez de leerlo de cabo a rabo. La información llega a ser más abundante que el conocimiento. El discurso argumental tradicional, que coloca premisas para razonar y deducir para luego arribar a conclusiones, llega a ser sustituido por grandes verdades que se exhiben sin suficiente solidez en muchas ocasiones. Esas son tendencias identificables en el uso de la Internet pero las maneras de asomarse a ella no se agotan en tales prácticas. Es pertinente tomarlas en cuenta para evaluar el uso que profesores y estudiantes puedan hacer de la red de redes.

 

Redes para la enseñanza

   Un tercer momento en la apropiación de la Internet para la enseñanza radica en la preparación de contenidos para colocar en ella pero sobre todo, en la construcción de redes capaces de involucrar y vincular a profesores y estudiantes en regiones, disciplinas o niveles capaces de interesarlos mutuamente. El filósofo y matemático español Javier Echeverría lo ha explicado con toda claridad en su obra más importante sobre los usos de las redes informáticas: “Difícilmente cabrá hablar de una escuela global, y por ello lo previsible es que se creen redes educativas y locales que se superpongan y complementen a los sistemas escolares ya existentes” [3].

   El único límite para el empleo didáctico de la Internet es la capacidad de inventiva de quienes se interesen en darle ese uso, especialmente los profesores. En ese plano será preciso ver a la red de redes no solo como la enorme biblioteca que es sino también como repertorio de plazas en las que se platica y discute, como colección de espacios abiertos a la creatividad y al juego y como medio de interlocución e interacción a partir de los intereses específicos de sus usuarios.

 

Papel de los maestros

   Los maestros tendrían que saber utilizar la Internet como apoyo dentro del salón de clases y en la biblioteca de la escuela y, fundamentalmente, como recurso de investigación para ellos mismos y sus estudiantes. Para ello no basta que sepan abrir el navegador y desplazar el mouse. Es pertinente que entiendan las posibilidades junto con las limitaciones de este recurso para compartir y extender, aunque también matizar o trivializar el conocimiento.

   Lamentablemente la incorporación de los profesores mexicanos al aprovechamiento de la Internet ha sido lenta. Recientemente se ha estimado que “de 800 mil docentes de primaria y secundaria públicas, apenas 5 por ciento, 40 mil mentores, han tomado un curso básico de la SEP y sólo uno por ciento –según la empresa Microsoft– usan esta tecnología para dar sus clases” [4]. En contraste y aunque todas las comparaciones son odiosas, la Internet es una herramienta de uso cotidiano para el 54 por ciento de los profesores estadounidenses.

   A la Internet sería preciso asumirla como un recurso cuyo manejo resulta imprescindible en la educación contemporánea. Eso hace necesario que, para poder enseñar con ella y acerca de ella, los profesores de todos los niveles sepan utilizar la red de redes. Sería indispensable entender que hoy en día es imposible hablar de una completa alfabetización si no incluye las capacidades pertinentes para encontrar, discernir, cotejar, discutir y colocar contenidos en la Internet.

–0–




[1] Raúl Trejo Delarbre, La nueva alfombra mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes. Fundesco, Madrid, 1996. Este libro se encuentra en línea: http://www.etcetera.com.mx/LIBRO/ALFOMBRA.HTM

[2] Datos  calculados a partir de la información ofrecida por Cyber Atlas: http://cyberatlas.internet.com/big_picture/geographics/article/0,,5911_151151,00.html

 
[3] Javier Echeverría, Los Señores del aire: Telépolis y el Tercer Entorno. Destino, Madrid, 1999, p. 283.

 

[4] Claudia Herrera Beltrán, “Sin acceso a computadoras, la mayoría de maestros mexicanos”. La Jornada, 13 de agosto de 2001: http://www.jornada.unam.mx/2001/ago01/010813/044n1soc.html

 

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Eng@ños.com

Publicado por rtrejo en Diciembre 10, 2005

Publicado el 13 de febrero de 2000 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Varios de los sitios más concurridos en la Internet quedaron paralizados, por varias horas, el martes pasado. Ese día, miles de usuarios de correo electrónico recibieron un mensaje apócrifo de la Presidencia de la República, en México.

   Se trata de dos hechos distintos, pero que coinciden en el empleo de la Internet para causar confusión, aunque sin consecuencias graves. En ambos casos, se ha desatado una condena poco enterada y un afán persecutorio un tanto nebuloso, por ineficaz, en contra de los presuntos responsables.

 

Rasgos y riesgos en la red

   La red de redes informática, se distingue entre otros atributos por la capacidad para enviar numerosos mensajes al mismo tiempo y por la facilidad para que sus remitentes, permanezcan en el anonimato si así lo desean. El intercambio dentro de la Internet puede hacerse con seudónimos, o con identidades falsas. Gracias a ello miles de personas platican en la red acerca de sus preocupaciones más recónditas con una confianza que no tendrían delante de un interlocutor en persona, o si su identidad pudiera ser reconocida.

   Puede ser discutible, e incluso considerado como patológico en algunos casos, pero esa capacidad para que en la comunicación de sus usuarios lo importante sea el mensaje y no la identidad de quien lo formula, es uno de los rasgos más notables en la Internet.

   Esa cualidad permite un ejercicio más abierto de la libertad de expresión (incluso en asuntos políticos) a través de la red. Pero también, puede ser empleada para engañar e incluso para delinquir.

   Por eso, uno de los principios básicos en el uso de la red, es la precaución. Nunca hay garantía de que la persona o la institución que aparece como signataria de un mensaje, sea realmente quien la remite. Actualmente se ensayan tecnologías para autentificar firmas digitales, con códigos que permitirían reconocer un mensaje verdadero de uno falsificado. Es posible que tan pronto como esas firmas se popularicen en la red, surjan recursos técnicos para falsificarlas.

   En ese defecto, la red no es más segura que las formas de comunicación más convencionales. El correo electrónico, es tan susceptible de padecer adulteraciones como el correo convencional. Siempre corremos el riesgo de recibir una carta cuyo remitente no sea el que en ella aparece como tal.

   De la misma manera, el correo electrónico puede ser leído por intrusos e incluso falsificado, igual que el correo convencional. En todo caso, tanto el correo convencional como el electrónico, comunican mensajes cuya autenticidad puede ser verificada por otros medios.

 

Seudónimos, homónimos y apodos

   Los domicilios en el correo electrónico suelen indicar el nombre de su propietario, pero también llegan a estar compuestos por apodos, o seudónimos. El nombre de usuario para el correo electrónico de este columnista es “rtrejo” y los lectores de este espacio que se quieran comunicar conmigo saben a quién le están escribiendo. Pero a veces en uno de mis buzones electrónicos, domiciliado en el servidor de una empresa estadounidense, recibo avisos para un técnico en construcción que vive en una pequeña ciudad de California y que se llama Rick Trejo. El nombre de usuario de una amiga en Buenos Aires es “geisha”, que es como le dicen sus conocidos en vez de Laura, que es su nombre auténtico.

   Además en el ciberespacio, de la misma manera que en la vida real, hay homónimos. De cuando en cuando recibo correspondencia de un especialista en informática español que se llama Carlos Salinas. Más de una vez, al ver su nombre en la lista de remitentes he pensado, erróneamente, que se trata de un mensaje de Dublín, o de La Habana.

   Para abrir una cuenta de correo electrónico en uno de los muchos sistemas que ofrecen ese servicio de manera gratuita (a cambio de que uno mire la publicidad que se coloca en las páginas web) no hace falta mas que solicitar un nombre de usuario que no se encuentre ya registrado. En uno de esos servicios, el nombre que yo quería ya estaba otorgado y me asignaron “rtrejo21″. Es decir, antes que yo se habían inscrito otras 20 personas con un nombre similar. En la red, están registrados los correos de al menos otros 8 ciudadanos, no sé de qué países, con el mismo nombre y apellido de este columnista.

 

El correo atribuido al Presidente

   El jueves pasado, la Presidencia de la República denunció que dos días antes, el martes 8 de febrero, una cantidad no especificada de usuarios de la red recibió un correo electrónico con la firma de Ernesto Zedillo Ponce de León, “Presidente Constitucional de la República de los Estados Unidos Mexicanos”.

   Con ese remitente y esa equivocada denominación, se distribuyó el texto del mensaje que nuestro Primer Mandatario dirigió el domingo por la noche con motivo de la intervención policíaca en Ciudad Universitaria.

   El discurso, según la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia, “no tiene alteraciones significativas”. Sin embargo, utilizó “formas que no corresponden a las comunicaciones oficiales así como el nombre del Titular del Ejecutivo Federal”. No se adulteró el mensaje presidencial, pero siempre existe la posibilidad de que desde el mismo correo electrónico se envíen mensajes falsos. De allí el interés de la Presidencia para alertar sobre esa posibilidad.

   Un día antes la columna Virtudes Públicas había adelantado, en La Crónica de Hoy, la difusión de ese mensaje falso y además, ofreció detalles sobre un episodio que podría estar relacionado con la distribución del discurso del Presidente. Allí se relata el intento de un estadounidense que registró un domicilio electrónico, con el nombre de Ernesto Zedillo, en la red de America On Line, la más importante en la Unión Americana.

   Ese individuo, según se dijo, pretende cobrarle al presidente mexicano 5 mil dólares para cederle sus derechos sobre dicho domicilio electrónico. Naturalmente, el doctor Zedillo no aceptó esa extorsión. Si lo hiciera, al día siguiente recibiría ofertas similares de personas que podrían registrar domicilios electrónicos con el nombre “Ernesto Zedillo” en Yahoo!, Hotmail, Compuserve, Latinmail o cualquiera de las docenas de servicios que ofrecen cuentas gratuitas de correo electrónico.

 

Domicilios con el nombre de Zedillo

   Una búsqueda que realizamos ayer, encontró diez direcciones electrónicas registradas a nombre de “Ernesto Zedillo”, o “Ernesto Zedillo Ponce de León”, entre ellas:

Elpresidente@los pinos.gob;

brother@mailcity.com;

ernesto_zedillo@mailexcite.com;

ernesto.zedillo@mailcity.com;

cuatemochas90@hotmail.com;

pinos@mexico.org.

   Evidentemente, se trata de correos con identidades ficticias, para engañar o, en la mayor parte de los casos, jugar con el nombre del Presidente mexicano. No convalidamos y menos aplaudimos ese empleo engañoso de la red. Simplemente, queremos insistir en que no se trata de un asunto nuevo en el uso de las redes, ni exclusivo de nuestro país.

   Ayer también, en un solo buscador de domicilios electrónicos encontramos un centenar de direcciones de correo registradas bajo el nombre de Bill Clinton y que hacen escarnio del presidente estadounidense.

 

 

Excesos y confusiones mediáticos

   El incidente con el domicilio electrónico que suplanta la firma del presidente mexicano, fue reportado con escándalo y con alguna ignorancia por diversos medios de nuestro país. Naturalmente, es preocupante que haya quien envíe mensajes falsos, acreditándoselos al Presidente de la República. Pero ese no es un riesgo exclusivo de la Internet. De la misma forma hay quienes envían cartas espurias, con remitentes apócrifos, a través del servicio postal convencional. Es preciso estar alertas ante esas posibles suplantaciones. Quizá lleguen a constituir un delito, que es tan difícil de rastrear en la red de redes como en el correo tradicional.

   En varios medios mexicanos, especialmente en la televisión, se mencionó el caso del correo falsamente presidencial como ejemplo de los abusos que proliferan en la Internet. Lo que no suele decirse en esos casos es que, junto con los excesos, hay innumerables ventajas y beneficios del uso de la red de redes. Al resaltar los usos perversos, se tiende a crear la sensación de que la Internet es una cueva de estafadores y embustero. Los hay, y muchos, en la red de redes. Pero no en mayor proporción que en otros espacios de comunicación e intercambio.

   En la prensa escrita, se informó del incidente del correo engañoso con cierto desconocimiento. En un par de casos, se dijo que había ocurrido un asalto pirata a la página web de la Presidencia. Pero no fue así. La Internet tiene varios mecanismos de comunicación: el más importante es la world wide web, la red electrónica mundial, que interconecta a los servidores o computadoras en donde están alojados varios millones de páginas electrónicas, o páginas “web”. Otro, es el correo electrónico que no necesariamente depende –a veces sí–  de una página web. En el caso del correo falsamente presidencial, no hubo transgresión alguna en los sistemas informáticos de la Presidencia de la República. Lo que ocurrió es que alguien, desde otro servidor para la Internet, mandó un correo con un remitente falso.

   En algún diario, se publicó: “Detectan falso chateo en nombre del presidente en e-mail”. Los espacios de chat, o de plática en la red, son aquellos en donde se intercambian opiniones, a veces al mismo tiempo, entre varios usuarios. No tienen relación con el correo electrónico.

 

México, sin política para la Internet

   En nuestro país, aunque se habla mucho de la Internet todavía son pocos los mexicanos (apenas algo más del uno por ciento de la población) que tienen acceso regular a la red de redes. Seguramente esa proporción aumentará, aunque no demasiado, en los próximos años.

   La mitificación de la Internet y las limitaciones para su crecimiento se deben, en parte al menos, a la inexistencia de una política informática capaz de promover, desde el Estado y en colaboración con otros sectores, una auténtica cultura de la Internet entre los mexicanos.

   Muchos otros países en América Latina, incluso naciones con mayores limitaciones materiales que las que padece México, cuentan ya con políticas de desarrollo informático que comprometen al gobierno en la coordinación de esfuerzos para ampliar el número de usuarios de la Internet y para colocar contenidos culturales y educativos de carácter nacional en la red de redes.

   México se está convirtiendo en una notoria y lamentable excepción en ese campo. En nuestro país, el crecimiento de la Internet depende solamente de la promoción que hacen las empresas privadas interesadas en hacer negocio con la expansión informática y del cada vez más débil auspicio a cargo de algunas universidades.

 

Colapso en sitios muy visitados

   El mismo martes que se distribuyó el multicitado correo electrónico cuyo carácter aclaró nuestra Presidencia de la República, se produjo uno de los colapsos más notables que se hayan registrado en la historia de la Internet. Se trató de la interrupción intencional en el servicio de una decena de los sitios comerciales más visitados en la red de redes.

   El lunes por la tarde había sido bloqueado por varias horas el sitio de Yahoo!, el segundo más visitado en la Internet, que según las encuestas de uso de la red es visitado por casi 23 millones de personas cada semana. Al día siguiente, el martes 8, fueron bloqueados los sitios de Buy.com, eBay.com, CNN, Amazon y ZDNet, entre otros.

   Buy.com es el sitio de una tienda electrónica, eBay, es la página de subastas más conocida en la red y es visitada por más de 4 millones de personas a la semana. La de CNN, es la página de la cadena de noticias más conocida en la televisión internacional. Amazon es la empresa de más rápida expansión y éxito en la Internet: luego de comenzar con la venta de libros, ahora ofrece artículos de lo más diversos a precios más bajos que en las tiendas convencionales y es visitada cada semana por más de 3 millones 700 mil personas, tan solo en los Estados Unidos. ZDNet, reúne a un grupo de servicios para la informática organizados a partir de la revista PC Magazine y su página electrónica es frecuentada por más de 2 millones 200 mil personas a la semana.

 

Millares de mensajes simultáneos

   Esas páginas electrónicas fueron bloqueadas a través de un mecanismo tan ingenioso como contundente. Alguien, o algunos, programaron sus computadoras para que enviaran millares de mensajes, al mismo tiempo, a los servidores que hospedan a esas páginas electrónicas. Al recibir una cantidad inusitada de información, las computadoras en donde están dichas páginas se paralizaron.

   Para enviar un número muy alto de mensajes, el o los saboteadores emplearon un programa informático que se envía de manera subrepticia, a través del correo electrónico, a varios millares de computadoras en todo el mundo. Sin que sus propietarios lo sepan, esas computadoras, el mismo día, se dedican a mandar paquetes de información a los servidores de los sitios a los que se desea sabotear. Los administradores de la página de Yahoo!,aseguran que cada segundo recibían un gigabite de información, es decir, mil millones de bytes (más o menos 27 mil veces la versión electrónica de la columna que usted está leyendo).

   Es difícil estimar las pérdidas que puedan haber tenido las empresas cuyas páginas electrónicas fueron saboteadas. Por ejemplo, Amazon hubiera vendido algo más de 560 mil dólares en libros y otros artículos durante las tres horas que su sitio estuvo paralizado. Sin embargo, es posible que muchos de los clientes que no pudieron entrar a esa página hayan esperado para hacer sus compras más tarde.

 

Acusaciones en contra de hackers

   ¿Quién o quiénes paralizaron esas páginas electrónicas? El gobierno y los más importantes medios de comunicación estadounidenses culpan, sin mencionar nombres, a algunos “hackers”, los especialistas de alta calificación técnica que suelen introducirse en redes de cómputo, a veces para cometer delitos o simplemente por el gusto de probar así su destreza informática.

   Varios de los más conocidos casos de intrusión en redes de esa índole, han sido perpetrados por especialistas que a veces por travesura, o para protestar por los que consideran abusos de grandes corporaciones, o de algunos gobiernos, rompen la seguridad de distintos sitios web para dejar testimonio de su presencia, o de sus quejas. En varias ocasiones, por ejemplo, las páginas de varios sitios del gobierno mexicano o de empresas de nuestro país, han sido “jaqueadas”, o alteradas, por “hackers” que simpatizan con el EZLN.

   Sin embargo, las tecnologías capaces de afectar a un sitio web se han propagado de tal forma que no hace falta ser especialista en informática para bloquear una página. Eso argumentan, al menos, los hackers más reconocidos, que niegan que el o los responsables del colapso del martes pasado se encuentren entre ellos. Hace un par de días los editores de la revista 2600, que es algo así como la biblia de los hackers en todo el mundo, declararon sobre ese atentado:

   “Sentimos pena por los principales sitios comerciales de la Internet que han sufrido inconvenientes por los ataques que entorpecieron sus servicios. Realmente, lo lamentamos. Pero no podemos permitir que ellos o cualquier otro le echen la culpa a los hackers. Más aun, los grandes medios han hecho muy mal su trabajo al cubrir este asunto culpando a los hackers y a continuación admitiendo que no tienen idea de quién está atrás de eso”.

 

En peligro, libertades en la red

   Cualquiera puede correr un programa como el que se empleó para ese ataque, no hace falta ser hacker para ello, dicen los editores de la mencionada revista, y especulan e ironizan: “Podría ser el trabajo de alguien que perdió sus ahorros de toda la vida en el comercio electrónico. O quizá es obra de los comunistas. ¡Hasta podrían ser las mismas corporaciones americanas! Después de todo, ¿a quién le convendría más la consiguiente denigración de la imagen del hacker para restringir más las libertades individuales?”.

   Quién sabe. Lo que sí ha podido comprobarse, es que cada vez que ocurre o se cree que puede ocurrir una desgracia informática, quienes más ganan son las empresas que venden servicios, o programas, para evitar peligros en las redes. Así ocurrió con la extendida preocupación por los efectos que el cambio de fechas, al inicio del año 2000, podría tener en las computadoras.

   Por lo pronto, después del episodio del martes el presidente Bill Clinton solicitó al Congreso una partida de 2 millones de dólares para buscar mejores mecanismos de seguridad en las redes informáticas. Pasado mañana, funcionarios de Seguridad Nacional, la Procuradora Janet Reno y directivos de las principales empresas de la Internet, se reunirán en la Casa Blanca para discutir ese tema.

   Ayer, se decía que el FBI contaba con algunas pistas para identificar las principales computadoras de donde salieron los mensajes que paralizaron los sitios web. Sin embargo, el viernes el presidente Clinton había reconocido que será difícil encontrar solución a los problemas de seguridad en la Internet.

   No habrá remedio definitivo porque la apertura al libre flujo de mensajes y la diversidad de emisores, que distinguen a la red de redes, siempre serán fuente de intrusiones y adulteraciones no deseadas. La única solución, se encuentra en un uso precavido y enterado de la Internet, capaz de entender y evitar los engaños.  Para ello es preciso crear una cultura de la informática, que lamentablemente estamos lejos de tener en nuestro país.

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Derechos, delitos y libertades en Internet

Publicado por rtrejo en Diciembre 10, 2005

DERECHO, DELITOS Y LIBERTADES EN INTERNET  [1]

I. DE LA ESPONTANEIDAD ORIGINARIA AL ESBOZO DE UN GOBIERNO EN LAS REDES

Desde que surgió hace ya dos décadas, Internet parece haberse desarrollado por un cauce distinto, y a veces contrapuesto, al de las disposiciones jurídicas -al menos tal y como se las conoce habitualmente–. Los estudiantes y profesores universitarios que Ie confirieron el espíritu lúdico y el trato informal que definió a la red de redes en sus primeros tiempos tenían escaso interés en establecer normas que podían rigidizar, limitándolo, el espacio libre en el que pronto se convirtió Internet. Cuando se hizo necesario tener algunas reglas para ordenar al tráfico de mensajes y evitar conflictos entre sus autores y destinatarios, se prefirieron los códigos de comportamiento ético.

   La asignación de domicilios en la red, que en sus inicios nadie pensó que llegaría a convertirse en fuente de enormes negocios y de célebres litigios, fue encomendada a una institución privada respaldada con fondos del gobierno estadounidense. Así fue como se determinaron los domicilios en las áreas mas conocidas (.com, .gob, .edu, .net, .org, para los sitios comerciales, gubernamentales, educativos, relacionados con la red y de organizaciones civiles). Luego, en cada país los promotores de Internet, casi siempre instituciones académicas, se encargaron de conceder el derecho a empIear domicilios, como el que en México se conoce por la terminación .mx .

   No hacía falta mayor regulación. Pero a medida que ganó presencia social y cultural y sobre todo una significativa influencia económica, en Internet menudearon los conflictos y, para algunos de sus usuarios, especialmente en los gobiernos, la sensación de que hacían falta reglas peculiares para ordenar el disperso universo de mensajes y espacios que es Internet, lo mismo en el empleo de recursos como el correo electrónico que en el sitio de sitios que constituye la WWW, la red electrónica mundial. A fines de 1998 se constituyo Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (Corporación Internet para Nombres y Números Asignados) que registra domicilios y autoriza nuevas denominaciones de dominios, entre otras tareas. La ICANN tiene un Consejo Directivo encabezado por la estadounidense Esther Dyson e integrado par una veintena de representantes de distintas comunidades y grupos de interés relacionados con Internet, en todo el mundo [2]. Esa institución es lo más parecido que existe a un “gobierno” de Internet.

II. DEMOCRACIAS AVANZADAS Y DICTADURAS COINCIDEN AL TRATAR DE CENSURAR A LA RED

Los otros gobiernos, los que encabezan y orientan a los estados nacionales, han considerado que la red de redes se les escapa de las manos –y en  buena medida así ocurre– y desde hace varios años han querido regularla. Significativamente, los principales intentos para establecer leyes específicas a fin de moderar el ejercicio de las libertades en Internet han ocurrido en países singularizados, al menos en el discurso publico prevaleciente en ellos, por el respeto a los derechos individuales y sociales y por otra parte, en países represivos y dictatoriales.

   En los Estados Unidos, a comienzos de 1995, el congresista James Exon presentó una iniciativa para castigar la propagación de materia! “obsceno, lúbrico, lascivo, asqueroso o indecente” a través de Internet. El problema principal de esa propuesta era su ambigüedad. Cada quien podría juzgar, de acuerdo con sus propios parámetros, la obscenidad o lubricidad. Pero la posibilidad de sancionar contenidos por decisión discrecional de algún juez abría la puerta para una censura no solo moral sino también ideológica y política.

   El 1o. de febrero de 1996 el Congreso estadounidense aprobó la iniciativa del senador Exon, que había sido incorporada a una nueva Ley de Telecomunicaciones [3]. De inmediato, varios grupos de usuarios de Internet presentaron recursos legales contra esa disposición y se inició un litigio que duraría más de un año.

   En junio de 1997, la Suprema Corte de los Estados Unidos resolvió que las enmiendas al Acta de Telecomunicaciones relativas a Internet atentaban contra la libertad de expresión, y por lo tanto eran anticonstitucionales. Para entonces el diferendo había pasado por varias instancias legales. Los grupos de activistas por las libertades en Internet, especialmente de la Fundación Fronteras Electrónicas [4], habían desplegado una intensa labor no solo en el terreno de la propaganda sino, también, de carácter didáctico. En Filadelfia y Nueva York tuvieron que Ilevar a las cortes federales varias computadoras para mostrar a los jueces qué es Internet y por qué las restricciones a las libertades en la red tenían implicaciones graves. Las salas de esos tribunales de pronto se convirtieron en escuelas activas en donde los solemnes jueces se pasaron varias horas divirtiéndose con los hallazgos de toda índole que lograban en la red de redes. Además de definitorios votos que harían posible el triunfo de su causa, esos defensores de las libertades en Internet consiguieron adiestrar a varios nuevos cibernautas.

   En la Unión Europea y en mucha menor medida en América Latina, también se han conocido intentos para legislar los contenidos en Internet.  Por lo general, frente al interés de los gobiernos para establecer controles, los usuarios más conspicuos de la red de redes han insistido en que el carácter abierto de Internet implica riesgos, entre ellos la propagación de contenidos ofensivos al menos para algunas personas. Pero entre censurar o tolerar la circulación de mensajes e íconos de toda índole, la opinión prevaleciente ha sido favorable a la permisividad. En esa posición, ha influido la defensa de la expresión libre que han compartido no solo grupos de activistas, sino incluso los consorcios mas importantes relacionados con informática (lo mismo empresas de servicios de conexión como America Online, que Microsoft o IBM). Pero además, esa tolerancia se ha debido a cierto pragmatismo: las características técnicas de Internet hacen difícil, y a veces casi imposible, identificar e incluso sancionar, a los autores de contenidos que puedan ser considerados como delictuosos.

   Y así como es en los países más desarrollados –y en donde Internet se ha expandido con mas rapidez– en aquellos en los que han surgido intentos de reglamentación, también, en el otro extremo, en algunas naciones de régimen autoritario se ha pretendido castigar el empleo de la red fuera de las pautas que dicta el poder político.

   Entre 1996 y 2000 se han conocido restricciones al empleo de Internet en sitios como China y Singapur. Uno de los casos más drásticos y recientes ha sido el de Birmania. En febrero de 2000, Correos y Telecomunicaciones de esa nación (ahora conocida como Myanmar) anuncio las .siguientes reglas para los usuarios de Internet:

 

   Cualquier escrito perjudicial a los intereses de la Unión de Myanmar, no será enviado por correo.

   Cualquier escrito directa o indirectamente perjudicial a las actuales políticas y a los asuntos de seguridad secreta del Gobierno de la Unión de Myanmar, no será enviado.

   Los escritos relacionados con política, no serán enviados.

   Únicamente la persona a la que se otorga una cuenta de Internet, puede usar esa cuenta; ninguna otra persona está autorizada a usar Internet.

   La persona a la que se otorga una cuenta de Internet, es responsable por todo el uso de Internet en esa cuenta.

   Una persona con una cuenta de Internet, tiene prohibido hackear la red y entrar y destruir el sistema de seguridad de Correos y Telecomunicaciones de Myanmar.

   Está prohibido hackear la red y entrar a destruir el sistema de seguridad de otros usuarios de Internet.

   Las personas que tienen una cuenta de Internet tienen prohibido hacer un mal uso de la cuenta de otros usuarios de Internet.

   Los usuarios de la Internet tienen que informar a Correos y Telecomunicaciones de cualquier amenaza en la Internet.

   Los usuarios de Internet tienen que obtener autorización previa de la organización designada por el Estado para crear páginas web.

   Los solicitantes de una cuenta de Internet son considerados responsables de la veracidad de los hechos contenidos en su solicitud.

   Correos y Telecomunicaciones tiene el derecho de enmendar y cambiar las regulaciones para el uso de Internet, sin aviso previo.

   La solicitud puede ser archivada para compensar cualquier daño o pérdida.

   El uso de Internet terminará y se tomará acción legal por la violación de cualquiera de estas reglas”  [5]

   En enero de 2000, de acuerdo con el grupo Reporteros sin Fronteras, las autoridades de Birmania encarcelaron al menos a tres personas, entre ellas un oficial del ejército, por consultar sitios web de la oposición colocados desde otros países.

   Otro caso reciente. El 20 de enero de 1999 Lin Hai, propietario de una empresa de computadoras en Shangai, fue condenado a dos años de cárcel por “incitar a derrocar al Estado”. Su delito, fue entregar 30 mil domicilios de correo electrónico chinos a la publicación electrónica VIP Reference News, elaborada en Washington por opositores al gobierno de China. El juicio de Hai se había realizado en diciembre anterior, en una sesión que duró 30 minutos. El director de la zona asiática de Human Rights Watch, Sidney Jones, declaró entonces: “Este cruel castigo refleja la ansiedad del gobierno chino acerca del aumento del uso de Internet en este país, y la imposibilidad de que pueda controlar el flujo de la información” [6].

   Leonard Sussman, coordinador del informe anual sobre libertad de prensa de la organización Freedom House, ha estimado a partir de una investigación francesa que, en 2000, “45 naciones restringen el acceso a Internet con el pretexto de proteger al público de ideas subversivas o violaciones a la seguridad nacional”. Ese académico se refiere a ” palabras en clave usadas por los censores desde el siglo XVI”