Tendencias mediáticas en América Latina
Publicado por rtrejo en Abril 9, 2007
Publicado en Zócalo, febrero de 2007Â
   Los medios de comunicación han sido el motor cultural y social de la globalización contemporánea. Más que la apertura de mercados y la trasnacionalización de capitales, pero junto con ellos, la propagación de mensajes más allá de cualquier frontera geográfica o polÃtica y la homogeneidad de muchos de esos contenidos han significado un cambio drástico en la apreciación que la gente tiene acerca de sà misma y del mundo en el que vive. Ese nuevo entorno implica transformaciones en muchas direcciones.
  La apreciación catastrofista, que le asigna a la globalización un carácter esencialmente perverso, sirve de poco para entender esos cambios pero, además, conduce a una parálisis analÃtica y polÃtica porque al subrayar solamente sus consecuencias indeseables llega a magnificar e incluso a mitificar los efectos de la internacionalización económica y cultural. La apreciación complaciente, que busca solamente los rasgos virtuosos de un proceso que encierra profundas desigualdades sociales e incluso las acrecienta, tampoco es el enfoque más adecuado en el plano del análisis intelectual ni en el terreno de la elaboración de polÃticas.Â
HÃbrido espacio cultural   Â
  La globalización cultural es un proceso. No surge de manera súbita. Tampoco conduce a la suplantación drástica de las culturas nacionales y locales. Se trata, más bien, de una sucesión de inter-influencias mutuas, de una serie de hibridaciones como ha sugerido, entre otros, Néstor GarcÃa Canclini. En ese proceso las culturas nacionales y locales ceden algo de espacio a los contenidos de carácter global –que son fundamentalmente, aunque no de manera exclusiva, de Ãndole estadounidense–. Pero al mismo tiempo un segmento de los valores, rasgos y tradiciones de las culturas locales y nacionales comienza a formar parte de la que, en aras de la descripción breve, podemos denominar como cultura global.    En el espacio cultural iberoamericano concurren, asÃ, contenidos de toda Ãndole. Allà hay sitio para las culturas locales al mismo tiempo que para expresiones de la cultura trasnacional que irradian los medios de comunicación. En todos nuestros paÃses, asà como en otras regiones del mundo, la gente se entretiene mirando series estadounidenses como Lost, 24 y Sex and the city pero también aplaude la música y la figura de Shakira, las composiciones de Chico Buarque, las caracterizaciones de Penélope Cruz y Antonio Banderas, las canciones de Luis Miguel o las jugadas del Barsa y el Real Madrid. Los contenidos hispanoamericanos forman parte del caudal que circula en los medios de comunicación de dimensiones globales. Eso no significa que toda nuestra idiosincrasia ni todas nuestras costumbres estén siendo determinantes en esa cultura global.
  En esa avalancha de contenidos se amalgaman expresiones, caracterÃsticas y tradiciones de numerosas culturas regionales y nacionales. Al mismo tiempo, por lo menos hasta ahora, las culturas locales y regionales se mantienen gracias a que forman parte de la gente que las nutre y reproduce.
   Las nuevas tecnologÃas facilitan e intensifican esos procesos de amalgama cultural pero, además, comienzan a crear nuevas formas de consumo, generación y apropiación de contenidos. Por una parte, llevan hasta las audiencias más diversas los contenidos de la heterogénea pero omnipresente cultura global. En segundo término permiten algunas formas de intercambio e interactividad que la gente aprovecha para ampliar sus redes de relaciones personales y, en ocasiones, para propagar sus propias creaciones culturales. En tercer lugar, esas nuevas tecnologÃas hacen posible la reproducción de muchos de esos contenidos por mecanismos de apropiación y circuitos de distribución paralelos y en ocasiones contradictorios con el mercado institucional –la reproducción y distribución de archivos de vÃdeo y música más allá del copyright tiene delicadas implicaciones legales pero, al mismo tiempo, se ha convertido en una peculiar pero efectiva forma de democratización del consumo cultural–.
 El idioma y la Red     Â
   Influido y constantemente modificado por la cultura global, el espacio hispanoamericano tiene rasgos que lo singularizan. El primero de ellos es, desde luego, el idioma. El sustrato común que significa el español permite que se mantengan constantes flujos de bienes culturales, mantiene un contexto compartido y, sobre todo, les da a nuestros paÃses una identidad común.   Sin embargo ese sustrato que significa la lengua no es apuntalado con el interés y los recursos que harÃan falta para sustentar ese asidero de nuestra identidad compartida. Los proyectos bibliográficos, comunicacionales, periodÃsticos, artÃsticos y/o cinematográficos que podrÃan desarrollarse para promover contenidos y la lengua común en estaos paÃses, siguen resultando escasos.    Ante la insuficiencia de polÃticas nacionales y regionales de suficiente calado, la identidad común en nuestras naciones es promovida fundamentalmente por los grandes medios de comunicación de masas. En la mayorÃa de ellos, como es de suponerse, la producción de contenidos no suele estar orientada por la calidad sino por la búsqueda de rendimientos financieros.   Â
En nuestros paÃses la mayor parte de la sociedad depende, para su consumo mediático, de los canales de televisión abierta; el acceso a plataformas de televisión satelital, o por cable, sigue siendo un privilegio al que tienen acceso segmentos aun minoritarios de la población o, en otros casos, solamente los habitantes de las grandes zonas urbanas.   Internet no ha llegado a ser un auténtico contrapeso a la hegemonÃa comunicacional de los medios tradicionales. En la mayor parte de América Latina las tasas de acceso a la Red todavÃa son inferiores al 20% de la población. Los contenidos en español se han incrementado pero no tanto como los que se propagan en otras lenguas en la Red de redes. La creación de tales contenidos para Internet ha quedado fundamentalmente supeditada al interés mercantil o al afán comunicativo de pequeños y a veces aislados grupos de usuarios. En pocos paÃses latinoamericanos (Brasil y Chile, destacadamente) ha existido una polÃtica estatal para impulsar el desarrollo tanto de la cobertura como de contenidos nacionales en Internet. Y si las polÃticas nacionales en ese terreno han escaseado, mucho mayor es la ausencia de polÃticas regionales para Internet. Fuerza de los medios    Â
  En ausencia de contrapesos y junto con el declive en la presencia social de otros actores públicos (como las instituciones del Estado, o los partidos polÃticos) la influencia social de los medios tradicionales ha crecido tanto que, en ocasiones, rivaliza con los poderes establecidos. No resultó sorprendente, por ello, que el Informe sobre la Democracia en América Latina que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en 2004 identifique a los medios de comunicación entre los poderes fácticos más influyentes en esta región.
  La fuerza polÃtica de los medios llega a determinar decisiones u omisiones de los poderes establecidos (como sucedió en México a comienzos de 2006 con la aprobación de una reforma de legal tan favorable al interés de las corporaciones mediáticas que llegó a ser conocida como Ley Televisa). Paradójicamente, en experiencias como esa, los medios privados llegan a padecer un costo polÃtico significativo cuando en la sociedad se extiende la convicción de que tales empresas están abusando del poder que tienen.
   Los medios públicos no alcanzan a constituir una alternativa sobre todo cuando experimentan carencias financieras tan acusadas como las que padecen numerosas emisoras estatales en América Latina. Los medios comunitarios han experimentado un desarrollo desigual: suman centenares o quizá millares en Brasil y Argentina pero solamente –a lo sumo– un par de docenas en México. En todos los casos, su sola existencia contradice la concepción que suelen tener los empresarios de la radiodifusión privada que habitualmente se consideran propietarios de todo el espacio radioeléctrico y no únicamente concesionarios de algunas frecuencias.Â
Acaparadores empresarios  Â
¿Fortalezas y debilidades? Si se les puede llamar asÃ, para la industria de la comunicación, que es esencialmente privada, entre las primeras se encuentran el acaparamiento que hacen de las frecuencias de transmisión –hay muchos canales en pocas manos– y, por lo tanto, el monopolio que ejercen sobre las audiencias. Uno de los patrimonios más importantes de tales empresas es la experiencia técnica y comunicacional que han mantenido y consolidado durante, en ocasiones, más de medio siglo. Entre sus desventajas se encuentran la frecuente reticencia a cualquier innovación –lo mismo en materia de contenidos que de Ãndole polÃtica, cultural o tecnológica–, el discurso estrecho y a menudo maniqueo que promueven acerca de los asuntos públicos, el afán para aprovechar polÃticamente la ventaja que suelen tener frente a otros actores públicos y el escaso interés que manifiestan para tomar en cuenta a sus audiencias como algo más que resignados conglomerados de pasivos consumidores de mensajes. Muchos de los empresarios mediáticos latinoamericanos más relevantes mantienen una visión del mundo tan estrecha que no suelen interesarse en producir o difundir contenidos capaces de reivindicar la identidad común de la región o de apuntalar el desarrollo de nuestro idioma.   Â
  (A fines de 2006 la Fundación Telefónica, de Madrid, les pidió a varias docenas de investigadores de la comunicación en Iberoamérica que respondieran a un cuestionario sobre las fortalezas y las debilidades del espacio mediático en nuestros paÃses. La sÃntesis de ese sondeo aparecerá en el Informe Anual Tendencias que dirige el profesor Bernardo DÃaz Nosty. El texto anterior recoge las respuestas que presenté a ese cuestionario).
Abril 10, 2007 en 6:53 pm
Hola Dr. Trejo:
Espero se encuentre bien y siguiendo la lÃnea de su valioso post en la que se separa el discurso de la globalización del de la preponderancia de la expansión cultural hegemónica. Al respecto comento que sobre la TV en México encontré un (Cfr. Reforma 04/04/07) en el que el ex-canciller Jorge G Castañeda analiza el revés de Televisa en el mercado gringo en su intento de comprar Univisión, catalogándo el hecho como un revés para el paÃs pues entorpece el camino hacia una mayor competencia en el mercado nacional de TV y más aún de la consolidación de las inter-influencias (globales y locales) -podrÃan quedarse en glocales- que detenta el monopolio mediático en México. (ante uyna posible transición que deberá obedecer al mercado de la oferta y la demanda, espero).
Contradictoriamente, como siempre, el gob de EU (Cfr. Reforma 3/04/07) no hace más que echar tierra al costal en lugar de ayudar y no estorbar.
En este campo creo que todavÃa hay un campo en el me encantarÃa escuchar su opinión ¿hacia dónde caminarán las cableras? pues las creo privilegiadas por moverse en el espectro privado y ante la transformación que pueden lograr en el 3play y 4play.
PD. No puedo dejar de agradecerle por tan fantástico libro y blog.
Saludos cordiales,