Viviendo en El Aleph

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Los mexicanos y la cultura en línea

Publicado por rtrejo on Marzo 20, 2008

Resumen del texto entregado al Segundo Coloquio Oaxaca. Cultura mexicana: revisión y prospectiva. Septiembre de 2007. Publicado en Nexos, febrero de 2008.

 
No hay espacio más abierto a la cultura que la colección hasta ahora prácticamente infinita de sitios, territorios, bitácoras y recursos audiovisuales que, entre muchos otros contenidos, ofrece Internet. Nunca antes la humanidad había dispuesto de una diversidad tan extendida, y sobre todo despejada de taxativas y restricciones, como la que hay en la Red de redes. Y nunca hasta ahora, en parte debido a esa abundancia de recursos informáticos, habíamos estado tan cerca de saturarnos, abrumarnos e incluso intoxicarnos con una avalancha de contenidos tan apabullante como la que existe en Internet y en otras de las afluentes de la sociedad de la información. Abierta y ancha, la ilimitada colección de avenidas informáticas que es Internet se encuentra, sin embargo, vedada para quienes no tienen el privilegio de contar con equipamiento y conexiones suficientes.

  

El rezago digital

   A fines de 2007, 20% de los habitantes de América Latina tenía acceso a la Red. En México, si hemos de atender a los optimistas datos oficiales, en ese año habría cerca de 23 millones de usuarios [1], que constituían algo menos del 22% de los cerca de 106 millones de habitantes en el país. Es una cifra alta si tomamos en cuenta que, de acuerdo con las mismas fuentes, en el transcurso de 7 años los usuarios de la Red casi se quintuplicaron, para pasar de algo más de 5 millones en 2000 a los ya mencionados 23 millones. Pero siguen siendo pocos si reconocemos que casi 8 de cada 10 mexicanos carecen de ese servicio.

   Si las conexiones y la instalación de equipo aumentaran durante los siguientes años al mismo ritmo que lo hicieron en lo que va del siglo 21, antes de una década tendríamos una cobertura casi total de Internet en este país. Sin embargo tanto la experiencia internacional como el reconocimiento de la capacidad actual de la infraestructura mexicana y el simple sentido común permiten recordar que, después de haber llegado a un límite de eficacia, esos recursos crecen de manera más lenta. Sin embargo el gobierno federal dice que, para 2012, 70 millones de mexicanos serán usuarios regulares de Internet [2]. De ser así México se convertiría quizá en la nación con más intenso crecimiento en la cobertura de ese servicio en tan solo un lustro. Entonces podríamos hablar, con certeza, de un país plenamente incorporado a la sociedad de la información.

   Lamentablemente no hay sustento suficiente para compartir esa esperanza de las autoridades mexicanas en materia de telecomunicaciones. En América Latina, el país con mayor cobertura de Internet es Chile (43% a fines de 2007) seguido de cerca por Argentina y Uruguay (34%) [3]. En todo el mundo, por lo general, el desarrollo de la Red ha sido posible gracias a la existencia de políticas nacionales (y a veces, como en Europa, además regionales) que han incluido programas de gobierno para promover infraestructura en áreas que para las empresas privadas no son tan rentables como las grandes ciudades. Han existido regulaciones de los precios, así como de la competencia en las telecomunicaciones. Y en la mayoría de los casos se ha impedido que una sola entidad privada controle o acapare la oferta de servicios en ese campo.

   Nada de eso ha ocurrido en México. La postura gubernamental en el terreno de las telecomunicaciones ha sido la ausencia de política, con la esperanza de que la inversión privada subsanaría la ausencia de inversiones y regulaciones suficientes por parte del Estado. Los mexicanos que en 2007 tenían acceso a Internet en sus domicilios alcanzaron ese privilegio a costa de pagar una de las tarifas más altas que existen para dicho servicio en todo el mundo. En la primavera de ese año, el costo mensual de un megabite por segundo era de 27 centavos de dólar en Japón, 1.64 dólares en Francia, 3.33 dólares en Estados Unidos, 6.50 en Canadá, y 12.50 en España. Por ese mismo servicio, los mexicanos pagábamos 60.01 dólares [4].

 

e-México, desigual e insuficiente

   Nos referimos esencialmente a la Red de redes porque constituye, como hemos señalado en otro sitio, la columna vertebral de la sociedad de la información [5]. Por ella pasan los archivos de audio y/o video que, una vez descargados, pueden ser transportados y utilizados en dispositivos portátiles como el Ipod, lo mismo que las películas que cada vez resulta más frecuente bajar de Internet para mirarlas en la pantalla casera.

   En México solamente hasta la administración del presidente Vicente Fox, y con grandes limitaciones, existió un programa específico para el desarrollo de Internet. El proyecto e-México consistió fundamentalmente en la concentración de los recursos informáticos del gobierno federal, tanto en línea como en la infraestructura computacional que podía estar a disposición de los ciudadanos. El primero de esos aspectos significó la creación de una identidad común y la organización de ligas a docenas de sitios gubernamentales a partir de un portal centralizador ubicado en www.e-mexico.gob.mx. La segunda tarea fue la instalación de 7200 centros comunitarios digitales en todo el país.

   Los CCDs, habilitados con computadoras y conexiones a Internet, pudieron haber sido un poderoso eje para el desarrollo de una extendida cultura digital entre los ciudadanos. Sin embargo muchos de ellos carecían de instalaciones y equipamiento eficientes y, sobre todo, su creación no estuvo acompañada de proyectos de capacitación tanto para el personal que los atendería como para sus posibles usuarios. En la gran mayoría falta mantenimiento técnico y no hay proyectos para actualizar las computadoras allí instaladas. Se ha estimado que, hacia el final de ese sexenio, una quinta parte de tales Centros habían estado fuera de servicio [6]. El investigador Scott S. Robinson ha considerado que los centros digitales y los sitios en Internet del programa e-México tuvieron más desventajas que aportaciones, entre otras causas debido a que pocos gobiernos municipales se interesaron en aprovecharlos para difundir información útil a sus ciudadanos y ese proyecto dependió del software del consorcio Microsoft, cuando pudo haber utilizado programas de código gratuito o libre.

 

Espacio para irradiar y hacer cultura

   Los productos culturales que se encuentran definidos fundamental o exclusivamente por el afán mercantil abarrotan las redes informáticas de la misma manera que han colmado, antes, las programaciones de los medios de comunicación tradicionales. En la Red, los criterios que determinan la popularidad de un producto cultural son tan flexibles como el interés que pueda suscitar entre audiencias cada vez más heterogéneas y que por lo general tienen parámetros de calidad complacientes. Internet es plataforma de difusión pero, al mismo tiempo, espacio de creación, experimentación y confrontación de propuestas culturales. En sus imbricaciones con la cultura Internet tiene, entre otros, los siguientes rasgos [7].

   1. Internet reproduce contenidos culturales y de otra índole de los medios convencionales (televisión, prensa, radio). La prensa mexicana en línea se ha extendido con tanto éxito en la Red que varios de los sitios más consultados y originados en este país (especialmente www.eluniversal.com.mx  y www.jornada.unam.mx) son mantenidos por algunos diarios de la ciudad de México. Por lo general se trata de la simple reproducción de contenidos que esos medios difunden por cauces tradicionales. En 2005 la profesora Lizy Navarro Zamora compiló un inventario que da cuenta de la existencia de por lo menos 300 medios mexicanos en línea [8].

   2. Internet es en sí misma medio de comunicación, con posibilidades de interactividad, acceso y especialización que no tienen los medios tradicionales. Sin embargo el periodismo que se hace en la Red –y esta apreciación podría ampliarse a muchas otras formas de creación y/o difusión cultural– no suele aprovechar esas opciones. Sus mensajes siguen siendo, en lo fundamental, unilaterales y sin facilidades para que lectores, radioescuchas o televidentes de tales contenidos se conviertan, a su vez, en productores de sus propias comunicaciones. En otros países –el ejemplo de Gran Bretaña en este campo es tan pionero como en la radiodifusión abierta– los medios de carácter público ofrecen espacios en línea para que sus audiencias discutan e, incluso, coloquen sus propios textos, audios y videos. En México ha sido de la televisión comercial de donde han surgido iniciativas de modesta pero vistosa interacción. En 2007 el periodista Carlos Loret de Mola, conductor del noticiero matutino en el canal 2 de Televisa, abrió un espacio para la presentación de videos y fotografías enviados por los televidentes [9].

   3. En Internet se desarrollan o amplían formas de expresión e intercambio de productos culturales que aprovechan la versatilidad de formatos, así como la intemporalidad y la ausencia de barreras geográficas que tiene la Red. El talante colaborativo que suele haber en Internet permite que sus usuarios hagan consultas, pidan ayuda y se ofrezcan respaldo en asuntos de toda índole, entre ellos cuando requieren apoyo en tareas culturales. Un aficionado a la guitarra, por ejemplo, puede solicitar información acerca de una partitura y si lo hace en un espacio adecuado para ese tema es altamente posible que la obtenga en poco tiempo [10].

   4. Internet puede llegar a localidades remotas o a comunidades que experimentan alguna forma de marginación y en donde no se difunden otros medios. Aunque requiere de infraestructura que no todos tienen, la Red es una opción de comunicación e intercambio cultural en sitios lejanos de las zonas urbanas gracias a redes satelitales e inalámbricas que cada vez tienen mayor capacidad para conducir contenidos digitales. En septiembre de 2007, el Congreso Nacional de Comunicación Indígena que se reunió en la ciudad de México reconoció en una de sus resoluciones: “los comunicadores indígenas entendemos el proceso de comunicación en su sentido más amplio, con todas las formas posibles, desde las tradicionales de cada uno de nuestros pueblos, así como la prensa, la radio, la televisión, la Internet, cine y video” [11].

   5. Internet permite abrir espacios para la reflexión y la evaluación crítica de todas las formas de expresión cultural. Los aficionados y creadores en las más diversas manifestaciones culturales –cine, literatura y artes plásticas y desde luego televisión o radio– tienen numerosas opciones para discutir, contrastar y difundir opiniones. Los espacios para deliberar acerca de estos temas en los principales sitios de chats y/o de foros en línea son de los más frecuentados.

   6. Internet es el repositorio más amplio que existe para conservar, propagar, reproducir y compartir productos culturales. En el otoño de 2007 había aproximadamente 128 millones de sitios en la World Wide Web [12]. Cada sitio tiene una o muchas más páginas. Si indagamos en el buscador Google cuántas referencias tiene inventariadas con la palabra cultura, encontraremos que había, según ese recurso digital, 65 200 000 páginas en las que apareció ese término [13]. Cuando buscamos los términos “cultura” y “México”, los resultados se acotaron a 1 460 000. Eso no significa que haya tal número de páginas con contenidos de calidad. Pero esa cifra indica alusiones, conversaciones, construcciones, apropiaciones y circulación de contenidos relacionados con las más diversas concepciones del quehacer cultural.

   7. Internet propicia, imbricada con dispositivos de registro de contenidos digitales, nuevas formas de expresión multimedia. La versatilidad de los lenguajes digitales permite desarrollar formas de expresión creativas, en todos los campos del arte, que no serían posibles en los formatos convencionales. Hay tantos artistas mexicanos que han incursionado en el diseño, las artes gráficas y la fotografía digitales que resultaría muy extenso un inventario de su presencia en Internet. Valga señalar que la amplia diversidad de galerías digitales ya disponibles en línea y sobre todo el hecho de que cada creador puede montar sus propias exposiciones tan solo con armar un blog, permiten una difusión que nunca antes tuvieron las creaciones de carácter plástico. En otros terrenos, también ha sido posible desarrollar experiencias de literatura colectiva, entre ellas varias novelas.

   8. Internet facilita la apropiación de productos de carácter multimedia y nuevas formas de consumo. Los Ipods y otros artefactos para la reproducción portátil de archivos en formatos como el mp3 se han convertido en una de las más contemporáneas y versátiles formas de apropiación cultural. Esa utilización de productos culturales implica desafíos inéditos al concepto y las consecuencias del concepto de derecho de autor. Los dispositivos portátiles, además, se están convirtiendo en destinatarios de creaciones audiovisuales específicamente producidas para ser difundidas en ellos a través de archivos en formato podcast.

   9. Internet permite difundir, más allá de los cauces tradicionales, la actividad de artistas y creadores. El carácter abierto de la Red permite la propagación de contenidos de toda índole con la misma posibilidad de llegar a internautas en las más variadas latitudes. Por ejemplo el sitio MySpace, originalmente creado para colocar bitácoras personales de jóvenes estudiantes, ha sido aprovechado por músicos de todo el mundo con tanto éxito que su presencia allí ha sido motivo de interés periodístico: “El fenómeno de MySpace ha resultado benéfico para muchos músicos mexicanos, no sólo a los que viven en el país, sino a quienes han emigrado a distintas partes del mundo. Bandas como Bengala, Los Dinamyte y los tapatíos Porter han creado una fiel legión de seguidores en el ciberespacio. Son muy pocos los grupos que no utilizan esta herramienta, popularizada debido a la falta de espacios en compañías discográficas. MySpace ha servido no sólo para dar a conocer artistas, sino para mantener la carrera de algunos que por distintas razones se encuentran inactivos, como el caso de Sussie 4, que debido a un pleito legal con su primera disquera se mantuvo sin presencia discográfica más de dos años, pero en este sitio se colocó material para mantener el interés de todos sus fieles seguidores” [14].

 

83 millones sin blogs ni chat

   De los aproximadamente 23 millones de internautas mexicanos que de acuerdo con las estimaciones ya mencionadas habría en 2007, se calculaba que 15 millones han subido fotos o video a Internet. 6 millones de esos 23 millones han colocado o visto videos en YouTube. 13 millones dicen tener una página personal. 8 millones aseguran que el sitio de páginas personales que visitan con más frecuencia en MySpace. 18 millones han leído blogs [15]. No sabemos con certeza qué contenidos son los que consumen en esos videos, sitios y bitácoras. Pero podemos suponer que esos internautas son fundamentalmente espectadores de los audiovisuales y textos que otros han colocado, más que autores de sus propias opiniones, reflexiones y creaciones.

   Independientemente de lo que hagan o de lo que dejen de contribuir, consumir o crear en línea, esos hipotéticos 23 millones que incursionan en la Red constituyen una presencia importante pero insuficiente. Junto a ellos hay al menos 83 millones de mexicanos que no navegan, chatean, bloguean ni se asoman a YouTube porque no tienen facilidades técnicas ni materiales para ello. Los escritores, músicos, fotógrafos, videoastas y, en general los ciudadanos del mundo mexicano de la cultura que han quebrado inercias para aventurarse en los senderos del ciberespacio, se encuentran entre los pioneros que exploran y conquistan territorios en donde podría haber más y quizá mejores expresiones del quehacer artístico y el pensamiento en este país. Resulta imprescindible, para garantizar la creatividad que ahora despliegan y la que seguramente podrán extender y ejercer con más asiduidad, que se mantengan las libertades que han sido piedra de toque en el desarrollo inicial de Internet. También es necesario reconocer que, entendidos en su acepción más amplia, los derechos sociales de los ciudadanos –y, así, la construcción de una plena ciudadanía– requieren del cumplimiento del derecho a la comunicación del cual forma parte el acceso con calidad, libertad y seguridad a la Red de redes informáticas.

–0–




[1] Primer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa. “Servicios de radiocomunicación y usuarios de Internet” en “Estadísticas nacionales”. Septiembre de 2007. Disponible en:

http://www.informe.gob.mx/ESTADISTICAS_NACIONALES/?contenido=288

La información de esta fuente estimaba que en 2007 habría 22 813 000 usuarios de Internet.

[2] México, líder mundial en centros comunitarios digitales: Del Villar”. Comunicado de prensa no. 122 de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, 21 de septiembre de 2007. Ese documento recoge declaraciones del subsecretario de Comunicaciones, Rafael del Villar Alrich.

[3] http://www.internetworldstats.com Consultas realizadas en septiembre de 2007.

[4] Datos recopilados por Daniel K. Correa “Assessing Broadband in America: OECD and ITIF Broadband Rankings”. The Information Technology and Innovation Foundation, April 2007. Disponible en:

http://www.itif.org/files/BroadbandRankings.pdf Estos datos incorporan la reducción de precios que Telmex, en México, estableció en su servicio de Internet durante el primer semestre de 2007. Antes de dicho ajuste la conexión de banda ancha que vende esa empresa costaba casi el doble.

 

[5] Raúl Trejo Delarbre , Viviendo en El Aleph. La sociedad de la información y sus laberintos. Gedisa, Barcelona, 2006.

[6] Scott S. Robinson, “Después de e-México: una propuesta”. En Scott Robinson, Héctor Tejera y Laura Valladares, coordinadores, Política, etnicidad e inclusión digital en los albores del milenio. Miguel Ángel Porrúa y UAM Iztapalapa, México, 2007, p. 367.

[7] En este inventario seguimos, adaptándola para la circunstancia mexicana, la descripción de rasgos culturales de Internet que hicimos en el ensayo “Internet en el espacio público Iberoamericano. Redes digitales en la cultura y la comunicación iberoamericanas. Apuntes para una agenda de cooperación” que forma parte del libro, coordinado por Enrique Bustamante,  La cooperación cultura – comunicación en Iberoamérica (título provisional) que será editado por Gedisa.

 

 

[8] Lizy Navarro Zamora, Comunicación mexicana en Internet. Guía de medios en línea. Fundación Manuel Buendía y Universidad Autónoma de San Luis Potosí. México, 2005, p. 52.

[10] El sitio artelinkado.com, creado por guitarristas de España y México, ofrece espacios para discutir temas relacionados con ese instrumento y su música y permite intercambiar partituras y recomendaciones entre sus aficionados: http://www.guitarra.artelinkado.com

 

[11] Declaración del Congreso Nacional de Comunicación Indígena. Reproducida en el sitio web de Radio Jenpoj, radio comunitaria mixe, cuyas transmisiones en Tlahuitoltepec, Oaxaca, son amplificadas a través de Internet: http://www.radiojenpoj.org/

[12] Netcraft, “August 2007 Web Server Survey”. http://news.netcraft.com

[13] Búsquedas en Google.com realizadas en septiembre de 2007.

[14] Franco Daniel Gómez. “Myspace oportunidad en internet”. El Universal, México, 27 de noviembre de 2006

[15] Asociación Mexicana de Internet, AMIPCI, cit.

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Blogs: la democratización del ego

Publicado por rtrejo on Febrero 18, 2007

Texto publicado en Nexos, enero de 2007 

   Cada dos segundos es creado un nuevo blog. Al finalizar 2006 había más de 63 millones de esas bitácoras personales que registran asuntos de la más diversa y exuberante índole. Al menos la décima parte de la humanidad –algo más de 600 millones de personas– acostumbra consultar blogs, colocar comentarios en algunos de ellos e incluso elaborar los suyos propios. Se trata de un fenómeno social y comunicacional, y de esa manera cultural y político, que es imposible soslayar. En los blogs se desarrolla buena parte del debate actual –y se confirma la pobreza que lo define en muchos casos– acerca de los más variados asuntos.       Hay que acudir a Wikipedia, otra de las contradictorias maravillas de Internet, para conseguir una de las definiciones más precisas de esos espacios: “Un blog es un sitio en la Red cuyas entradas están hechas en estilo de diario y desplegadas en orden cronológico inverso”. De allí viene su nombre inicial: web-log, es decir bitácora en la Red.       No hay acuerdo acerca de cuándo exactamente aparecieron los weblogs pero fueron bautizados a fines de 1997, cuando comenzaba a extenderse la creación de sitios organizados a la manera de diarios abiertos. El surgimiento, más tarde, de programas de edición que facilitan la creación de blogs y la gratuidad de ese servicio contribuyeron definitivamente a su expansión ya avanzado el nuevo milenio. 

De 1 a 60 millones en 3 años     

   A comienzos de 2003 no había más de 100 mil blogs, pero eran más de un millón a fines de ese año. En la primavera de 2004 crecieron a 2 millones. Un año después eran 10 millones. A fines de 2005 había más de 22 millones de blogs. Y en el transcurso de 2006 surgieron otros 41 millones para llegar a los mencionados 63, siempre de acuerdo con los informes de Technorati.com.       Hay estimaciones más cautas. A fines de 2006 la empresa Blogpulse estimaba que no había más de 40 millones de blogs en todo el mundo. Sin embargo consideraba que cada día aparecían alrededor de 44 mil –es decir, más de 30 cada minuto–. Hay que precisar que muchos blogs dejan de ser nutridos con nuevas entradas y desaparecen pronto: cerca del 35% tienen una vigencia de solamente tres meses.       Cualquiera con acceso a una computadora, conexión a Internet y algunos minutos disponibles puede crear un blog. Y a casi nadie le hacen falta asuntos sobre los cuales considere que tiene algo que decir. El periodista de asuntos tecnológicos Dan Burstein considera que la propagación de blogs manifiesta la inherente necesidad de expresión de la gente: “Nuestro DNA cultural y biológico nos lleva a querer articular una idea o una vision y a ‘publicarla’  y, por lo tanto, a reclamar la propiedad y el crédito sobre ella”. No sabemos si el anhelo por la expresión pública está impreso en nuestro código genético pero en todo caso, siguiendo al mismo autor, pareciera cierto que cada vez más individuos en el mundo, quizá porque ahora tienen la posibilidad de hacerlo y antes no, quieren “interactuar, comentar, conversar, comunicarse, reaccionar, responder, elaborar, ironizar, informar, clarificar, discutir, criticar, y todo ello con otros miembros de nuestra tribu más allá de las fronteras de tiempo y espacio”.   

   Para todo eso sirven los blogs. Su carácter de diarios abiertos ha propiciado que la mayoría estén dedicados a relatar vicisitudes y cavilaciones personales de quienes los ponen en línea. Se necesita cierto desparpajo, pero sobre todo un intenso afán expresivo, para emplazar en esa colección infinita de ventanas abiertas que es Internet la narración de asuntos personalísimos (amistades, inquietudes, contrariedades, anhelos, sueños, etcétera) que dan a conocer millones de blogueros, sobre todo jóvenes, que pueblan la Red con sus diarios íntimos. El espacio público del que es parte Internet se colma de temas privados en virtud de ese desnudamiento emocional –y de repente también corporal– que practican los autores de tales diarios abiertos. La blogósfera, dice el venezolano Sebastián Delmont, “no es más que la democratización del ego”. 

Lugares para escribir y leer     

   Los blogs –con más intensidad que la que antes han tenido el correo electrónico y los chats– han permitido, y/o propiciado, una contemporánea reivindicación de la escritura. Dígase lo que se diga, los sesenta y tantos millones de autores de blogs lo hacen fundamentalmente por escrito. Y los consumidores de tales espacios, que son al menos 10 veces más, tienen que enterarse de sus contenidos practicando esa vieja y noble rutina, cuya desaparición algunos con apremio demasiado tremendista se han anticipado a dictaminar y que es, como rezaba aquel memorable texto de secundaria, el galano arte de leer.       No sabemos en qué medida, pero seguramente no es poca, muchos jóvenes de ahora ejercitan lectura y escritura gracias a sus travesías de blog en blog. Tal vez los que hay allí no son los contenidos más edificantes ni más necesarios y seguramente no es en ellos donde mejor se pueden aprender los rudimentos que permiten aprobar las asignaturas escolares. Quizá con frecuencia los blogs no enseñen nada excepto trivialidades que a sus autores les parecen dignas de ser compartidas. Pero las impresiones que tienen de la cultura y los espectáculos, de los asuntos públicos, las relaciones personales, los gustos y las emociones –de la vida, en fin–, millones de jóvenes las obtienen, comparten o confirman en el universo de los blogs. Estas bitácoras además convocan a la interactividad ya que, por lo general, los lectores pueden dejar sus comentarios al calce de cada entrada. Los blogs en ocasiones articulan variadas redes de relaciones personales.      Apuntalados en la escritura, los blogs sin embargo son crecientemente audiovisuales. Ahora que cada teléfono celular es además cámara de fotografías, la posibilidad de registrar imágenes ha convertido a muchos blogueros en reporteros de su propia actualidad. Algunos estudiosos de las nuevas formas para la propagación de información han creído, también con apresuramiento, que el auge de los blogs anticipa la desaparición del periodismo. En realidad hay motivos de sobra para que ese oficio, y especialmente la actividad del reportero que busca y propaga temas de interés público, se mantengan con la centralidad que han adquirido en la sociedad contemporánea. Pero los medios convencionales experimentarán el creciente contraste que significará la existencia de cada vez más sitios en Internet, especialmente organizados a la manera de blogs, en donde se evalúa y discute su desempeño.  

Idealización e ignorancia  

   A la abundancia de fotografías que acompañan o definen las “entradas” en los blogs se ha añadido la posibilidad de colocar videos o, mejor dicho, ligas a los reservorios más sobresalientes en donde se conservan y exponen materiales de esa índole como el importantísimo YouTube.com –cuyo efervescente éxito habrá que comentar con detenimiento–. Los blogs también han sido espacios abiertos a la propagación de archivos de audio. Hay quienes graban clips con la versión sonora de sus bitácoras personales para que los visitantes de sus blogs puedan bajarlas al IPod y escucharlas en cualquier lugar.  

   La imagen y el audio le han añadido a los blogs una mayor capacidad de registro y, así, de exhibición, chocarrería, sarcasmo, escrutinio, denuncia o testimonio, según sea el caso. Tales recursos, el crecimiento vertiginoso que han tenido especialmente en los dos años recientes y la ubicuidad de sus contenidos que pueden ser consultados pero además hallados con facilidad en los principales motores de búsqueda de la Red, hacen de los blogs territorios de publicación e intercambio tan versátiles como paradójicos. Frente a ellos, como ocurre con todo nuevo recurso tecnológico, suelen contraponerse las actitudes de quienes idealizan sus posibilidades (la blogósfera, dicen sus lugareños más devotos, está llamada a desplazar a otras formas de comunicación) con las de aquellos que, al no entenderlos, prefieren ignorar a los blogs.   

   Los blogs no reemplazan a los medios convencionales pero en ocasiones les imponen un contexto crítico que resulta insoslayable. En algunos de los episodios más conocidos en su aun breve historia varias de estas bitácoras abiertas han ocasionado auténticos cismas mediáticos y políticos como cuando, en 2004, las informaciones difundidas en un blog de talante conservador desmintieron las acusaciones que Dan Rather, conductor de noticias de la cadena CBS, había presentado contra el presidente George W. Bush acerca de la manera como había evadido cumplir con el servicio militar. En la guerra contra Irak tanto la BBC británica como la CNN ordenaron a sus periodistas que dejasen de escribir blogs desde el frente de batalla porque allí difundían informaciones y opiniones que contradecían los lineamientos de la censura militar. En esa misma guerra, las fotografías que permitieron documentar los abusos criminales del ejército estadounidense en la prisión de Abu Ghraib fueron inicialmente conocidas en blogs a donde algunos soldados enviaron tales imágenes para ufanarse de ellas. Más recientemente, después de las elecciones que se realizaron a comienzos de noviembre de 2006 el ex presidente George Bush, padre del actual mandatario estadounidense, atribuyó el resultado de esos comicios al clima de confrontación “que ahora probablemente es algo peor debido a los medios electrónicos y a los bloggers y a ese tipo de cosas”.   

   Ante episodios drásticos como los atentados de septiembre 11 de 2001, el Tsunami de diciembre de 2006 y, por otra parte, las elecciones estadounidenses y mexicanas, entre muchos otros momentos, han surgido millares de blogs que a veces son vehículo de servicio y, en ocasiones, simplemente instrumentos de catarsis de quienes presencian tales acontecimientos.  

Jóvenes, la mayoría     

   Esa oportunidad y profusión no significan, necesariamente, que tales blogs alcancen influencia política o cultural. Cuando se ocupan de temas políticos esas bitácoras, igual que otros sitios en la Red, suelen interesar fundamentalmente a quienes comparten las posiciones que allí se manifiestan o a aquellos que, teniendo opiniones distintas, no están dispuestos a modificarlas. Como instrumentos de propaganda política los blogs son más útiles para reforzar creencias y convicciones que como espacios de auténtico ntercambio.      Aun así, los blogs más visitados son aquellos que se ocupan de asuntos de actualidad –especialmente política y espectáculos– y se encuentran determinados por la agenda mediática estadounidense. El 24 de noviembre pasado, por ejemplo, los 10 nombres más mencionados en blogs, de acuerdo con BlogPulse.com eran los personajes de película Harry Potter y James Bond, el actor Daniel Craig, el presidente Bush, la cantante Britney Spears, el asesinado investigador ruso Alexander Litvinenko, el comediante Michael Richards, el cantante Michael Jackson, el cantante Justin Timberlake y el actor Brad Pitt.    Los blogs más visitados suelen ser obra de especialistas y/o de empresas mediáticas. Pero la mayoría de los blogs son propiedad de jóvenes. Una indagación realizada en 2005 en dos sitios que hospedan blogs –Spaces de la empresa Microsoft y Blogspot que es el más importante anfitrión de blogs– encontró que la edad promedio de los usuarios era de 22 años en el primero de ellos y de 29.2 años en el otro. La edad promedio de los usuarios mexicanos era de 20.6 y 25.1 años respectivamente.       ¿Qué buscan los jóvenes cuando hacen blogs? Estas son tres respuestas pescadas en la Red.   

   Sherry, de 22 años, que ahora vive en Puerto Rico y mantiene el blog “DollyHouse” considera: “Un blog es una page donde puedes escribir todo lo que quieras, exponer tus ideas y todo eso…y esperar respuesta y opiniones a cambio! Creo q es una buena forma de liberar el stress… así quien no tenga un blog… ¡haga uno!”.   

   Don Chucho, un joven zacatecano de 24 años, opina en el blog “Teletransportador”: “Un blog es el sacerdote en el confesionario, escribo para confesarme o simplemente para divagar (como muchas señoras lo hacen en la iglesia) y leo blogs para no sentirme el único y peor pecador de la tierra”.  

   MillyKash, visitante del blog “Theerror” explica: “para mi un blog es un espejo de nosotros mismos disponible a los ojos y boca del mundo entero”. 

Referencias

Matthew Hurst, “24 Hours in the Blogosphere”. BlogPulse.com, 2006.David Kline y Dan Burstein, blog!. CDS Books,
New York, 2005.
http://www.blogpulse.com http://www.technorati.com

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Voces propias para una red de todos

Publicado por rtrejo on Agosto 2, 2006

Fragmento del ensayo publicado en el libro El consumo cultural en América Latina (segunda edición ampliada y revisada) coordinado por Guillermo Sunkel. Convenio Andrés Bello, Bogotá, 2006.

En Argentina, los cinéfilos pueden consultar sinopsis, horarios, precios y sitios de los estrenos en las salas y en las tiendas de videos [i]. En Chile es posible ubicar la biblioteca más cercana y navegar por las colecciones de varios museos [ii] –o, se prefiere, ir directamente a las obras y residencias más significativas de Pablo Neruda [iii]. En Costa Rica el Club de Libros [iv] se ha convertido en sitio de encuentro para comprar, intercambiar, discutir y promover obras de los más variados temas. En Perú, el pintor Julio Quispe Virhuez ha encontrado en la Red un lugar propicio para mostrar sus obras [v]. En México la poeta Lina Zerón ha cultivado, gracias a su domicilio en la Red [vi], más lectores de los que habría encontrado si sus versos los publicase únicamente en tinta y papel. En Berlín la curadora y escritora Alanna Lockard, que nació en Dominicana y estudió en una universidad mexicana, mantiene un sitio [vii] dedicado a informar de sus exposiciones y trabajos literarios y periodísticos. En el ciberespacio el cineasta peruano Salvador Luis colocó el sitio Los Noveles [viii] para, junto con un grupo de autores de Cuba, Bolivia, Argentina, España y su propio país, promover textos de autores jóvenes como ellos.      El inventario de sitios en la Red que demuestran la versatilidad, intensidad y asiduidad con que millares de creadores y consumidores de productos culturales en América Latina han asumido a la Internet como espacio ventajoso y utilizable podría ser, prácticamente, interminable. Todos los días brotan docenas o centenares de nuevos sitios que expresan búsquedas, inquietudes e intereses de autores de las más variadas disciplinas. Muchos de ellos desaparecen, o cambian de domicilio, con tanta espontaneidad que es casi imposible seguirles la pista. La facilidad con que surgen, así como las dificultades que en ocasiones encuentran sus autores para mantenerlos, hacen de esos sitios una manifestación vigorosa pero al mismo tiempo inconstante de las inquietudes culturales –en todos los sentidos del término– que atraviesan América Latina.  Prontuario en línea de medios convencionales   En la Red de redes hay expresión cultural aunque, con y sin esos contenidos, la mayoría de los sitios –o los más frecuentados– tengan el propósito esencial de vender productos, publicidad o incluso ideologías y convicciones. Allí la cultura es al mismo tiempo producto y mensaje y, en no pocas ocasiones, mercancía o subterfugio de las causas,  posturas y estéticas más diversas.       En la Internet las manifestaciones e industrias culturales que predominan en las actividades fuera de línea encuentran sitios abundantes para anunciarse. Su carácter de directorio, guía y prontuario en donde pueden hallarse lo mismo reseñas de las películas en cartelera que los horarios de los programas de televisión o los catálogos de las grandes tiendas de libros le permite respaldar el consumo de productos mediáticos y/o culturales que de cualquier manera se ejerce en nuestros países. El uso que se le llega a dar no termina allí.      Aunque no es la principal de sus aplicaciones, la Internet puede constituir una infinita colección de resonancias a lo que se dice y muestra en los medios convencionales. Quienes con más rapidez y sagacidad han aprovechado esas posibilidades son las cadenas de televisión cuyos programas, a menudo originados fuera de América Latina –o mejor dicho, en esa extensión pero también metrópoli del consumo cultural latinoamericano en la que se ha convertido Miami– son pregonados a través de sendos sitios web. Así como las series de MTV, Cartoon Network y HBO para América Latina han acaparado al menos algunos segmentos de las audiencias televisivas en nuestros países, sus espacios en la Internet sirven para reforzar pero al mismo tiempo para darle algunas formas de interactividad a esos contenidos. Los sitios de esas cadenas o sistemas de televisión [ix] complementan, pero también anticipan y en ocasiones difunden productos mediáticos paralelos a los que se encuentran en televisión. Varios de esos sitios y muchos otros de corte similar ofrecen juegos, concursos y otras opciones para involucrar a sus públicos con los contenidos centrales que se transmiten por televisión. Algunos tienen páginas específicas para cada país o para cada zona horaria en el Continente. El de HBO para América Latina, por ejemplo, tiene una treintena de opciones geográficas. En esos sitios, la función de la Internet es subrayar la afición de los consumidores por los programas que les ofrecen los medios tradicionales.       Los usos de la Red pueden ser más participativos y reflexivos. Respecto de las industrias convencionales de la comunicación, la Internet es un espacio apropiado para alojar foros de discusión, tableros de denuncias e información oportuna que favorezcan el consumo crítico de los medios. En América Latina el surgimiento de sitios de ese corte ha sido lento y en ocasiones ha corrido con mala suerte, a diferencia de Estados Unidos y Europa en donde existen centenares de opciones en la Red para discutir a los medios. En buena medida, esa tardanza se debe a la parsimonia de los consumidores latinoamericanos de medios para asumirse como ciudadanos –activos, en aptitud de reconocer sus derechos y la capacidad de exigencia que tienen delante de las empresas de comunicación ya establecidas–. Entre las experiencias novedosas en ese campo de encuentran, en Perú, la Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social [x] respaldada por una decena de organismos académicos, de trabajadores de los medios y de la sociedad. Con otro corte ideológico, patrocinado por empresas privadas, en México ha funcionado el sitio del grupo A Favor de lo Mejor [xi]. Entre otros, se han mantenido el Observatorio de Medios de la Unión de Trabajadores de la Prensa de Buenos Aires [xii], Ética na TV de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados en Brasil [xiii], el Observatorio de la Cátedra en Cibercomunicación del ITESM mexicano [xiv] y el Observatorio Global de Medios sostenido por un activo grupo de periodistas de Venezuela [xv]      Y la Red de redes, además de caja de resonancia y reducto crítico del consumo de medios convencionales ha llegado a ser, también, espacio para que se despliegue la creatividad de artistas y pensadores de todas las latitudes. Varios de los ejemplos que mencionamos al comienzo de este texto son unos cuantos entre los considerables casos de autores latinoamericanos que difunden su obra en el ciberespacio. Poemarios, pinacotecas, exhibiciones, recitales y conciertos virtuales, son recursos útiles tanto para ampliar la propagación de obras que de otra manera serían conocidas solo en pequeños circuitos o en comunidades aisladas, como resultado de las dificultades que los creadores llegan a encontrar para exponer sus trabajos. En ocasiones además surgen manifestaciones que más allá de su calidad artística han sido experiencias novedosas. Hay ensayos plásticos concebidos específicamente para ser difundidos a través de la Internet como el proyecto de “arte virtual surrealista por correo electrónico” de un grupo de autores latinoamericanos [xvi], o de carácter literario como algunas “novelas interactivas” que han sido puestas en línea para que sean completadas con aportaciones de los lectores.   Todo eso y más ocurre en la Internet. Públicos y creadores pueden consumir, exhibir, compartir y encontrarse en la Red de redes. Nunca antes ha existido un espacio –o mejor dicho, un inacabable repertorio de espacios entrelazados– para la propagación de la cultura aunque, como resulta claro, ese no es el más extendido de los usos que se hacen de la Internet. Sin embargo solamente una porción todavía limitada de la gente, tanto en América Latina como en la mayor parte del mundo, tiene acceso a los beneficios y desafíos que se pueden encontrar en la Red. Aunque ha crecido más que en otras regiones la Internet latinoamericana sigue estando supeditada, por lo general, a las condiciones de desigualdad económica y social que imperan en esta zona.  Brecha digital en la región y dentro de cada país      Desde que la Internet comenzó a expandirse, gran parte de los estudios acerca de ella destacan el porcentaje de usuarios que tiene en cada país y el rezago que significa la gran cantidad de gente marginada del acceso a ella. La brecha digital ha sido reconocida como el reto principal para que la Internet llegue a ser expresión auténtica de la globalización y de las peculiaridades nacionales y regionales que persisten y asumen nuevas formas de expresión. Desde luego, instalar computadoras y conectarlas a la Internet no es suficiente para que la gente se acerque a ellas y las aproveche.       Es necesaria una sostenida labor de educación y persuasión para que quienes hasta ahora han estado al margen de la Red puedan y decidan apropiarse de ella. Hoy en día se han reconocido manifestaciones más complejas de la brecha digital que ya no es solamente la disparidad entre quienes tienen y quienes no cuentan con acceso a la Internet. La alfabetización electrónica, a la que puede entenderse como la capacidad para encontrar, decodificar y colocar contenidos en la Red de redes, aun es precaria incluso en usuarios que frecuentan la Internet pero se conforman con un consumo esporádico y pasivo, sin replicar a los contenidos que reciben y sin dar a conocer los suyos propios.       En todo caso, cualquier evaluación que se haga del consumo cultural latinoamericano en la Internet tiene que tomar en cuenta el atraso que se mantiene en su propagación. Allí, pueden apreciarse avances y contrastes.       Al terminar 2003 algo más del 11% de la población mundial tenía acceso a la Internet. Sin embargo, como en cualquier otro bien o servicio, la distribución de ese recurso reproducía avances y retrasos económicos y sociales. En tanto la población de África constituye más del 13% de la población mundial solamente el 1.5% tenía, en esas fechas, el privilegio de usar la Red. En cambio en Estados Unidos y Canadá, cuyos habitantes son el 5.3% de la población mundial, el 55% tiene acceso a la Internet.      En América Latina y el Caribe, cuya población conforma casi el 9% de la población mundial, los usuarios de la Red eran casi el 8.5%. Los latinoamericanos y constituyen menos del 7% de los usuarios de Internet en todo el planeta.      La distribución de usuarios en el mundo y por regiones, comparada con la población en cada zona, se puede apreciar en el Cuadro Uno. Allí se muestra la disparidad que se mantiene tanto en el acceso disponible en cada región como en la presencia de cada zona en la geografía global conectada a la Red de redes. 


[i] http://www.cinesargentinos.com.ar/[ii] http://www.dibam.cl/[iii] http://www.uchile.cl/neruda/fundacion.html[iv] http://www.clubdelibros.com/[v] http://www.geocities.com/quispejo/[vi] http://www.entreamigos.com.mx/lunaenabril/[vii] http://www.geocities.com/lockward_de/

[viii] http://www.losnoveles.net/

[ix] http://www.mtvla.com, http://www.cartoonnetworkla.com , http://www.hbo-la.tv

[x] http://www.rcp.net.pe/veeduria/

[xi] http://www.afavordelomejor.org/

[xii] http://www.observatorio.org.ar/

[xiii] http://www.eticanatv.org.br

[xiv] http://catedradecomunicacion.org/observatorio/index.html

[xv] http://www.observatoriodemedios.org.ve

[xvi] http://cadaver.crosses.net/

 

 

Usuarios en el mundo

 

   Los países que han resuelto o han podido desarrollar políticas de Estado para la expansión y el uso de la Red, alcanzan hoy tasas de cobertura cercanas o superiores al 20% entre el total de sus habitantes. En cambio aquellos en los que no han existido tales políticas o en donde la posición estatal ha sido dejar el desarrollo de la Red al interés del mercado y las empresas privadas, tienen porcentajes de usuarios notablemente menores. Las condiciones económicas y el desarrollo tecnológico de cada nación son factores que alientan o limitan el crecimiento de la Internet –y por lo tanto de la posibilidad para que en ella existan espacios de creatividad y divulgación culturales– pero no son la única palanca en ese campo.

   En el Cuadro Dos se puede apreciar el esfuerzo de naciones como Argentina, que entre los últimos años del siglo XX y los primeros del actual padecieron notables dificultades financieras, o países de economías modestas como Jamaica y Costa Rica que alcanzan una cobertura de la Internet cercana o mayores a la quinta parte de sus habitantes. En cambio naciones de economías más diversificadas y con menos problemas como la mexicana y la brasileña, no habían podido llevar la Internet a más del 10% de sus habitantes de acuerdo con los datos, para 2003, de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Las posibilidades de las economías nacionales no son necesariamente destinadas a impulsar la capacidad digital en cada país. La nación con mayor Producto Interno Bruto por habitante se encuentra en quinto lugar en términos de usuarios con acceso a la Internet. En cambio Costa Rica, que de acuerdo con el PIB por persona está en el séptimo sitio entre los 22 países cuyos datos se muestran en el cuadro, es el tercera estado latinoamericano según la cantidad de internautas. Y Jamaica, cuyo ingreso se encuentra por debajo de la media de la región, está en segundo sitio. Así que la capacidad económica no es el factor determinante para que los habitantes de un país disfruten de equipo y conexiones informáticos. Desde luego, la pobreza extrema sí es la principal limitación. No es casual que los países con PIB per cápita inferior a 2 mil 500 dólares anuales ­–Bolivia, Honduras, Nicaragua, Cuba, Haití– se encuentren en los últimos sitios de esta clasificación organizada de acuerdo con la posibilidad de acceso a la Red de redes.

AL pa�ses con mayor acceso

 

 

Asiduos internautas en Argentina,

Colombia y Venezuela

Cuando nos referimos a la Internet en América Latina nos ocupamos de los usos que encuentran en la Red el 24% de chilenos, el 19% de ticos, el 11% de argentinos, el 10% de mexicanos o el 8% de brasileños que, entre otros cibernautas en nuestros países, disponen de ese recurso. Algunos de ellos navegan en sus sitios de trabajo, otros en sus domicilios y una cantidad creciente pero de difícil estimación lo hace en cibercafés. Cada cual según sus posibilidades se comunican, ofrecen o consumen los más diversos contenidos.

Los hábitos de los latinoamericanos en la utilización de la Red son muy variados. Los argentinos –al menos según datos de 2001– se encuentran entre quienes acuden con más asiduidad a la Internet. Tres cuartas partes de los cibernautas de ese país se conectan al menos una vez al día. Los colombianos se acercan mucho a ese ritmo de uso. En cambio, en el mismo año, solamente una quinta parte de los brasileños se conectaba todos los días y casi la mitad prefería hacerlo una o dos veces a la semana. Los mexicanos se encuentran a medio camino entre esas frecuencias, con un 44% que se conecta cinco o seis veces cada 7 días.

Los datos del Cuadro Tres los hemos tomado de cuatro estudios distintos. Aunque que fueron elaborados con diferentes metodologías creemos que no resulta forzado equiparar sus datos porque las preguntas que hicieron en las respectivas encuestas en las que están fundados fueron similares. La periodicidad de los internautas que se conectan más veces a la semana puede deberse a que tienen más interés por la Red, o quizá a circunstancias específicas como, en algunos países, el hecho de que pagan por cada minuto de conexión y entonces prefieren abrir sus navegadores de Internet por poco tiempo pero con más frecuencia. En cambio en los países en donde hay tarifa plana, que implica un solo pago por evento de conexión o un pago fijo al mes, los internautas tienen más libertad para conectarse en sesiones largas que quizá, entonces, no sostienen todos los días. Estas observaciones se refieren a la conexión por módem telefónico, que sigue siendo preponderante en América Latina. Conforme se extiendan las conexiones de banda ancha, que no implican una llamada telefónica convencional cada vez que se realizan, quizá los hábitos de los internautas latinoamericanos cambien un poco.

De cualquier manera, el hecho de conectarse todos los días o más de una vez diaria tiende a crear una relación más estrecha entre sus usuarios y la Internet. Hasta ahora las condiciones técnicas –que dependen de la infraestructura en cada ciudad o región y de la capacidad de pago del internauta– han propiciado un trato distante, por esporádico, entre la Red y quienes la frecuentan. A muchas personas todavía les resulta más fácil encender el televisor o escuchar la radio que accionar la computadora, abrir la conexión y ponerse a navegar en la Red –aunque cada vez son más los que consumen varios de esos medios al mismo tiempo–. En la medida en que las conexiones y los equipos, así como los precios para enlazarse resulten más accesibles, seguramente se desarrollarán nuevas formas de consumo entre los usuarios latinoamericanos de estos recursos.

Frecuencia conexión

 

   Al convertirse en instrumento favorable e idóneo para la propagación de bienes culturales que han sido digitalizados, la Internet ha comenzado a ser uno de los recursos con mayor capacidad para democratizar el consumo cultural. No discutimos, aquí, la calidad u originalidad de los productos que suelen ser adquiridos (de manera gratuita o merced a una cuota) en la Red de redes. También hay que reconocer que en esa utilización de la Internet con frecuencia se encuentra imbricado un problema de derechos de autor que no ha sido resuelto. Mientras las empresas productoras se oponen a la reproducción indiscriminada de música, fotografías o videos de cuyas licencias patrimoniales son o se consideran propietarias, millones de internautas en todo el mundo –y no pocos de ellos en América Latina– han encontrado una opípara fuente de consumo cultural en millares de sitios en donde están disponibles la música y las imágenes que les interesan. Las dimensiones del cambio en patrones y oportunidades de consumo cultural que implican esas facilidades tecnológicas están por ser estudiadas. Desde luego, cuando entendemos a la Internet como fuerza democratizadora en la propagación de la cultura tenemos que recordar la ya mencionada y problemática brecha digital, así como la necesidad de que los usuarios de la Red tengan pericia suficiente para no ser solo consumidores pasivos sino activos partícipes del intercambio y la creación de contenidos.

Cibercafés: aula de paga

y reducto para el ocio

Esa utilización de la Red para apropiarse de bienes culturales ha interesado fundamentalmente –aunque no de manera exclusiva– a los jóvenes. Muchos de ellos, en proporciones que como apuntábamos antes todavía no conocemos, se acercan a la Internet en sitios de paga. La expansión de los cibercafés en América Latina –a diferencia de Europa Occidental o Canadá en donde han sido fundamentalmente espacios de reunión– expresa las insuficiencias en la cobertura de la Red en hogares y escuelas.

Una investigación del antropólogo Scott S. Robinson en cibercafés de cuatro estados mexicanos [i] encontró que para los clientes de esos establecimientos el principal uso de la Internet es, en un 39%, buscar información. El 18% tiene como principal actividad en la Red la localización de música y el 16%, de noticias. El 8% consulta páginas con información de deportes y el 9% entra a sitios de juegos. Solamente el 3% dice que emplea la Internet principalmente para hacer comprar y el 7% mencionó otros usos.


[i] Scott S. Robinson, Los retos culturales de los cibercafés: los changarros olvidados. Investigación realizada en la UAM Iztapalapa, México, 2003. Ese trabajo está sustentado en una encuesta en los estados de Aguascalientes, Colima, Morelos y Tlaxcala, “además de la región de los volcanes del Estado de México”. 

Cuando se les pregunta para qué acuden al cibercafé más de la mitad, el 52%, indica que a consultar Internet. Es altamente probable que se trate de usuarios que buscan información para sus deberes escolares. Lo mismo puede decirse del 20% que utiliza esos servicios para “escribir textos” y el 11% que acude a usar servicios de impresión. El 6% hace uso, prioritariamente, del escáner. Solamente el 5% manifiesta que la primera tarea que cumple en el cibercafé es copiar música de la Internet a discos compactos y el 3% dijo que lo que más hace es chatear en la Red.

La importancia que pueden tener esas actividades como complementos pero en ocasiones incluso como sustitutos de otras formas de consumo cultural –e incluso de socialización por parte de estos internautas– se advierte cuando, en otro apartado de su investigación, Robinson encuentra las siguientes prioridades en el ejercicio del tiempo libre: estar con amigos, 23%; ir al cine, 16%; acudir al cibercafé, 15%; ver televisión, 11%; actividades culturales, 8%; videojuegos, 6% [i]. Se trata, en todos los casos, de usuarios de cibercafés. Pero el hecho de que uno de cada seis parroquianos prefiera a esos establecimientos como principal forma de ocio y entretenimiento parece indicar una tendencia significativa en las búsquedas de consumo cultural en nuestros países.

 Creciente mercado para la compraventa de bienes culturales  

Posiblemente las dificultades –y a veces el temor– para trasladarse dentro de las grandes y aglomeradas ciudades latinoamericanas, la incertidumbre que sigue afectando a las ventas a domicilio contratadas por teléfono, correo convencional o por otros medios y desde luego la posibilidad de obtener productos gratuitos o a precios menores a los que cobran los establecimientos comerciales, propicia que el interés de los latinoamericanos por sitios web como los que ofrecen música sea mayor al que muestran los internautas en otros países. Una encuesta del Instituto IBOPE encontró que los brasileños dedican más tiempo a visitar portales dedicados a la música que otros usuarios de la Red. Mientras que los brasileños se quedan en sitios de esa índole un promedio de 22 minutos, los franceses, españoles e italianos lo hacen 19, 14 y 12 minutos en promedio. La permanencia promedio de los estadounidenses es de 29 minutos [ii]. El uso que los brasileños hacen de tales sitios, además de cualquier sesgo que implique su rítmica idiosincrasia cultural, ha sido favorecido por el empeño del Estado para impulsar la difusión de la música en la Red de redes.   En otros países de la región ha sido explícito el requerimiento de los usuarios para disponer de más contenidos de carácter educativo y cultural. Una encuesta entre internautas argentinos encontró que el 37% quería más información relacionada con la educación y el 28% más contenidos de índole cultural. El 13% dijo que le gustaría más contenidos deportivos y el 13% se inclinó por la salud. Solamente el 5% consideró que a la Red le hacía más falta espacios de carácter político y el 4% mencionó temas económicos [iii].   Ya que la Internet se encuentra repleta de sitios de carácter comercial, el consumo de productos culturales suele depender de la oferta y la demanda en el mercado que allí se desarrolla. Por eso uno de los indicadores útiles para conocer preferencias y usos es el gasto en distintos artículos y servicios. Una investigación de la ALADI sobre el desarrollo de la Red en nuestros países [iv] rescató la información que mostramos en el Cuadro Cinco acerca de las compras en línea en América Latina


[i] Ibid. Respuestas a la pregunta “´¿En qué prefieres invertir tu tiempo libre?”.[ii] IBOPE / NetRatings, “Brasileiros superam europeus no acesso aos sites musicais”. Noticia colocada el 1 de marzo de 2004. Disponible en: http://www.ibope.com.br [iii] D’Alessio/Harris Poll Online realizada a través de Ciudad Internet en junio de 2000. Respuestas a la pregunta “¿Qué temas intensificaría en Internet?”. Disponible en http://www.dalessio.com.ar/[iv] ALADI, Secretaría General, Estudio sobre la situación tributaria del comercio electrónico. 25 de julio de 2003. Disponible en: http://www.aladi.org/nsfaladi/estudios.nsf 

 

 

Compras en l�nea

 

Esos datos dicen poco por sí solos. Pero, por ejemplo, si se les contrasta con la información sobre el PIB nacional que aparece en el Cuadro Dos, se podrá constatar que la situación económica de un país –al menos estimada de acuerdo con el producto interno bruto por habitante– no está necesariamente relacionada con el interés y la capacidad de sus internautas para realizar compras en la Red. Pareciera que otros factores entre los cuales se encuentran la aceptación o el rechazo sociales a esa forma para consumir productos, la promoción que puedan hacer las empresas que comercian en línea e incluso las facilidades para pagar tales adquisiciones o la desconfianza a realizar transacciones por ese medio, influyen en las ciber-compras. Los datos para 2005 son una estimación de las empresas consultoras citadas por el estudio de la ALADI. De cumplirse las tendencias que allí se mencionan, en seis años las compras en línea de los brasileños habrán crecido más de 3500%, las que realizan los mexicanos más de 6000% y el consumo en línea de los argentinos más de 7000%.

Ese consumo agregado se destina a productos muy diversos, de acuerdo con las cifras del Cuadro Seis. En 1999 los latinoamericanos compraron, por Internet, más libros (por un monto de 28 millones de dólares) que casi cualquier otro producto excepto computadoras personales. Sin embargo el gasto que se destina a los libros será desplazado, según las previsiones para 2005, por el desembolso en viajes, comestibles y computadoras. El gasto conjunto en libros, videos y música habrá pasado, en esos seis años, de 37 a 1299 millones de dólares –es decir, un crecimiento de 3500%–. El gasto en indumentaria habrá aumentado, en ese lapso, 6450%; el desembolso en comestibles más de 7000% y el que se realiza en viajes, 9300%.

Para los latinoamericanos –es decir, para aquellos que tienen conexiones regulares y recursos para adquirir productos o servicios a través de ella– la Internet ha sido una ventana al consumo comercial y, de manera menos intensa aunque simultánea, al de carácter específicamente cultural. El incremento en el gasto en música, libros y videos corrobora que ese tipo de consumo –mediado, claro está, por las empresas y corporaciones mercantiles que lucran con la venta de tales productos– se está convirtiendo en componente de importancia en el acercamiento de los latinoamericanos a los bienes culturales.

Compras AL en red

 

 

Los 25 sitios más visitados por

los internautas latinoamericanos

   Rutinas, preferencias, consumo, compras e intereses de los internautas latinoamericanos se pueden identificar en los portales y sitios que más visitan. Un procedimiento para acercarnos a esa información radica en el examen de los sitios más populares que la Internet tiene en los idiomas español y portugués. A partir de la información del servicio Alexa [i], que mide las visitas que reciben los sitios más concurridos de la Red, hemos elaborado el Cuadro Siete. Se trata de una evaluación que combina la cantidad de usuarios con la calidad de la visita que hacen a cada sitio, medida a partir del número de páginas que consultó, o en las que dio click, cada visitante [ii]. Como se indica al pie del cuadro, a fin de identificar la consulta a páginas específicamente latinoamericanas, excluimos las que se originan en España y Portugal.    Este no es un panorama completo del consumo de contenidos por parte de los internautas latinoamericanos. No toman en cuenta los sitios de otras regiones a los que también se asoman los usuarios de la Red en América Latina y únicamente presenta un inventario de los 25 nombres de dominio más concurridos al momento en el que elaboramos el Cuadro Siete. Sin embargo ofrece un panorama de las preferencias más extendidas en el uso latinoamericano de la Red.


[i] http://www.alexa.com/ Esta empresa, perteneciente al grupo Amazon –cuyo conocido giro principal es la venta de libros por Internet– clasifica la popularidad de los sitios a partir de la información que envían los usuarios de algunos de los más socorridos buscadores de información en la Red