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Obama y McCain en línea

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Agosto 30, 2008

Publicado en Nexos, agosto de 2008

La granja

Es imposible saber cuántas simpatías le redituó, pero sin duda la heterodoxia de la campaña protagonizada por el ahora aspirante demócrata a la presidencia de Estados Unidos quedó subrayada con el video “I got a crush… on Obama” (algo así como estoy fascinada con Obama) que comenzó a circular en Internet en junio de 2007. Amber Lee Ettinger, una guapísima modelo de 25 años, aparece allí revoloteando alrededor de imágenes de Barack Obama mientras canta su embeleso con una melodía muy pegajosa.

El video de la Obama Girl no lo produjo la campaña del senador por Illinois sino el grupo Barely Political, dedicado a realizar parodias con videos en línea. La voz que se escucha en la canción no es de la señorita Ettinger, que hace play back. Pero no importa: nadie contemplaba el video debido a sus peregrinas implicaciones políticas sino por el mundano gusto de ver a la Chica Obama. Ella se convirtió en celebridad instantánea y el entonces precandidato recibió toneladas de propaganda involuntaria. En el transcurso de un año, el video fue visto 9 millones de veces tan solo en YouTube.

La campaña rumbo a las elecciones de noviembre en Estados Unidos evidentemente pasa por Internet. Nadie puede estimar qué tanto influirá la intensa propagación de videos, blogs y sitios en la Red que hacen alusión a los candidatos presidenciales. Pero es claro que gran parte de la publicidad favorable y adversa que reciben esos personajes políticos surge y se desparrama en línea, para en ocasiones brincar después a los medios convencionales.

Dollar$.com

Gracias a Internet, Barack Obama ha podido recaudar más contribuciones que cualquiera de sus contendientes. Tanto así, que en junio pasado anunció que rechazará el financiamiento público al que tendría derecho cuando fuera candidato presidencial y que ascendería a 80 millones de dólares. Al prescindir de esos recursos el aspirante del Partido Demócrata dejará de tener los límites que establece la legislación estadounidense para la recaudación de fondos en las campañas presidenciales. Hasta fines de mayo, Obama había recolectado algo más de 286 millones de dólares gracias a contribuciones individuales. Su contendiente por el Partido Republicano, John McCain, reunió algo menos de 120 millones de dólares.

Parte de ese éxito financiero Obama se lo debe a las cadenas de simpatizantes articuladas en Internet. La existencia de redes que se conforman a partir de recomendaciones de amigos y conocidos ha encajado de manera casi natural con el estilo fresco, contrastante con la política predominante, que ha tenido su campaña. Surgidos como espacios para que se relacionaran los estudiantes en universidades y colegios, los portales de redes sociales se han ampliado a los usos más diversos. La página de Obama en MySpace tenía a fines de junio de este año más de 405 mil “amigos”, es decir, gente que solicitó expresamente formar parte de esa cadena de comunicación en línea. La página de John McCain contaba sólo con 55 mil adherentes.

En Facebook, por las mismas fechas, Barack Obama tenía casi 1 millón 100 mil partidarios. McCain reunía a menos de 153 mil. El rating en Internet puede resultar engañoso y no representa las tendencias electorales de los estadounidenses. Desde que comenzó a desarrollarse a mediados de los años 90, la Red ha sido un territorio más abierto a posiciones contestatarias que a la política institucional. El primer político de ese país que aprovechó con éxito las capacidades propagandísticas de Internet fue el ex luchador (de lucha libre) y comentarista de radio Jesse Ventura, miembro del dudoso Partido de la Reforma. En 1998, en buena medida gracias a la Red, Ventura ganó la gubernatura de Minnesota. Un lustro más tarde Howard Dean, cuando aspiraba a la candidatura presidencial en el Partido Demócrata, recaudó buena parte de sus recursos de campaña a través de su sitio web.

Escaparate

La campaña de Obama ha recuperado esas experiencias en una paradójica interacción con sus simpatizantes. Su equipo de campaña ha tenido éxito para aprovechar extensa e intensamente los recursos de expresión y cohesión que le ofrece Internet para relacionarse con sus partidarios. Y ellos, a su vez, han creado nuevas extensiones de esas redes. La campaña en línea ha sido, fundamentalmente, un recurso para afianzar la presencia pública que Obama consiguió gracias a los medios convencionales, especialmente la televisión.

La recaudación financiera de esa campaña se ha podido propagar en Internet pero los donantes de Obama no son fundamentalmente cibernautas que contribuyen con unos cuantos dólares. A partir de un corte parcial de datos compendiados por el Center for Responsive Politics, podemos estimar que apenas el 8% del dinero recaudado por Obama proviene de donaciones inferiores a 500 dólares. Algo más del 11% de los recursos obtenidos por esa campaña surgió de aportaciones de entre 500 y mil dólares. El 26% de la cosecha financiera de Obama provino de contribuciones de entre mil y 2300 dólares, que es el límite máximo que la legislación estadounidense establece para contribuciones individuales. Y el 55% del dinero que ese candidato había recaudado hasta junio de 2008 surgió de contribuciones mayores a 2300 dólares.

Hasta mediados de 2008, el 6% de los estadounidenses había donado dinero a alguna campaña política a través de Internet. La Red es un escaparate imprescindible para la política en Estados Unidos. Pero su influencia se articula con la exposición de los candidatos en otros medios y, desde luego, con la vigencia de redes de relación e interés tradicionales.

Desinformación

Cuatro de cada 10 ciudadanos en ese país utiliza la Red para buscar información acerca de las campañas electorales. En las campañas de 2004 eran 3 los estadounidenses mayores de 18 años que, de cada 10, le daban ese uso a Internet. Y en 2000 fueron apenas 1.6 de cada 10, de acuerdo con el Pew Research Center.

Esa institución ha constatado que, en 2008, el 35% de los estadounidenses en edad de votar ha mirado en línea videos relacionados con las campañas electorales. Y un 10% de tales ciudadanos utilizan redes como Facebook y MySpace para involucrarse en política.

Sin embargo solamente el 9% de los estadounidenses declara haber leído en línea al menos un discurso completo de algún candidato. En otras palabras, Internet le sirve al 40% de los ciudadanos en ese país para enterarse de asuntos relacionados con las elecciones. Pero no se podría afirmar que la información que obtienen trascienda las apreciaciones generales, o las trivialidades.

A pesar de esa creciente confianza a la Red como fuente de información política el 60% de los estadounidenses, a pregunta expresa en la encuesta del Pew Center, considera que “Internet está llena de desinformación y propaganda que muchos votantes creen que es exacta”. Pero el 22% coincide en reconocer “yo no estaría involucrado tanto en esta campaña si no fuera por Internet”.

Con todo y esas paradojas en su relación con la política, Internet no tendría tanta importancia de no ser por la amplia cobertura que ha alcanzado en dicho país. En Estados Unidos más del el 71% de la población (unas 215, de 301 millones de personas ) tiene acceso a Internet. En México, también a mediados de 2008 y aunque los datos no se actualizan con frecuencia, podía estimarse que menos del 22% de la población contaba con posibilidades para acceder de manera regular a ese recurso y una porción considerable, quizá la tercera parte de esos usuarios, solamente puede hacerlo en sitios de paga como los cibercafés.

Amigos en Facebook

Hoy en día no podría concebirse una campaña política que no estuviera reflejada en Internet. Con frecuencia hemos entendido a la Red de redes como una suerte de colección de espejos de la realidad. Lo que hay en la vida fuera de línea, puede encontrar su correspondiente réplica en Internet. Pero La Red se constituye, cada vez más, en un amplio catálogo de espacios de los que surgen contenidos, actitudes e interacciones que luego son reproducidos en otros espacios fuera de línea, entre ellos medios como la televisión y la prensa. El quehacer político es expresión de esas nuevas interacciones.

Por eso, la importancia de los sitios en línea destinados a las campañas electorales va más allá de la Red. El sitio oficial del candidato presidencial demócrata, www.barackobama.com , se encuentra en el lugar 1489 entre los más visitados en Internet, de acuerdo con la clasificación del portal Alexa.com. De acuerdo con nuestras estimaciones, realizadas a partir de datos de Alexa proyectados con cifras de los usuarios de Internet, eso significa que cada día el sitio de Obama recibió un promedio de 929 mil visitas diarias entre marzo y junio pasados. En cambio el sitio del candidato republicano, www.johnmccain.com, está en el lugar 13365 y habría sido visitado por unas 137 mil personas cada día, en ese lapso.

Los visitantes de barackobama.com consumen más contenidos en ese sitio que quienes se asoman al sitio de McCain: 3.75 páginas frente a 2.67, respectivamente. Quizá sea porque en el de Obama hay mayor oferta de contenidos, o porque los interesados en ese candidato buscan más información, pero la navegación en barackobama.com es más fructífera. También suscita más interés fuera de Estados Unidos. El 14% de los visitantes del sitio de McCain y el 25% de quienes se asoman al sitio de Obama lo hacen desde otros países.

Los “amigos” de Obama en Facebook pueden tener un vistazo a la personalidad de ese candidato que nació el 4 de agosto de 1961 y que, como todos los usuarios, ha registrado allí sus preferencias. Le interesan el basquetbol, escribir y flojear con los niños. Música favorita: Miles Davis, John Coltrane, Bob Dylan, Stevie Wonder, las suites de cello Johann Sebastian Bach y Los Fugees (un grupo de hip hop). Películas: Casablanca, El Padrino, Lawrence de Arabia y Atrapado sin salida. Libros: La canción de Salomón de Toni Morrison, Moby Dick, tragedias de Shakespeare, Partiendo las aguas (de Taylor Branch, sobre Estados Unidos en los años de Martin Luther King), Galaad (una novela de Marylinne Robinson), Autoconfianza de Emerson, La Biblia, las obras completas de Lincoln. Programa de televisión favorito: Sportscenter (el noticiero de la cadena de deportes ESPN). Frase emblemática: “El arco de la moral universal es largo pero se inclina hacia la justicia” (Luther King).

En Facebook, como hemos señalado, John McCain tiene siete veces menos adherentes que Obama. Pero eso no impide que se conozcan algunas preferencias de ese candidato que también nació en agosto, pero de 1936. Intereses: deportes, escalar, pescar, boxear, basquetbol, futbol americano, beisbol, historia. Películas favoritas: Viva Zapata, Cartas de Iwo Jima, Una Eva y dos Adanes. Libro: Por quién tocan las campanas. Programas de televisión: 24, Seinfeld.

Parodias en YouTube

La circulación de videos con temas políticos, aunque no necesariamente serios, ha sido tan intensa que YouTube creó un apartado especial para las campañas estadounidenses. En el canal destinado a Obama hasta junio pasado había 1120 videos disponibles que habían sido vistos, en conjunto, en 14 millones 600 mil ocasiones desde septiembre de 2006. El canal de McCain en YouTube tenía 207 videos, con 750 mil descargas desde febrero de 2007.

El video de la Obama Girl no se encuentra en ese canal porque no forma parte de la campaña formal del candidato demócrata. E igual que ese, hay muchos otros que son considerablemente más vistos que los videos oficiales. El video más popular en el que se hace referencia a Obama es una imitación de otro, en donde la cantante Rihanna interpreta su éxito musical “Umbrella”. En la parodia, un personaje que supuestamente es Obama aparece en jubiloso affaire con una dama que pretendidamente es Hillary Clinton. Habrá quienes lo encuentren divertido y algunos otros considerarán que ese video es ofensivo. Entre febrero y junio había sido visto 14 millones y medio de veces.

Referencias

- Alexa, the Web Information Company: www.alexa.com

- Center for Responsive Politics: www.opensecrets.org

- Pew Internet & American Life Proyect, The Internet and the 2008 election. Junio 15 de 2008. www.pewinternet.org

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Democracia en manos de los hackers

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Diciembre 14, 2005

Publicado el 21 de junio de 2004 en La Crónica de Hoy y otros diarios

La participación en elecciones mexicanas de nuestros compatriotas que radican en el extranjero parece una causa noble, justa e  indiscutible. Pero puede convertirse en el suicidio de la democracia mexicana.

   Las campañas fuera del país serían ajenas al control de la autoridad electoral. Muchos de los minuciosos controles que México tuvo que incorporar a la normatividad para las elecciones resultarían inservibles en votaciones fuera de nuestras fronteras. Además esos comicios tendrían un costo que, hasta ahora, nadie ha podido estimar de manera realista.

   El gobierno federal y al parecer algunos partidos suponen que esas elecciones, total o parcialmente, podrían realizarse a través de la Internet. Con buena voluntad pero preocupante desconocimiento, existe la idea de que los problemas de seguridad y logística que supondría una votación electrónica y a distancia podrían resolverse de aquí a los comicios federales de julio de 2006.

   A quienes comparten esa opinión les resultará útil asomarse a la experiencia y la discusión internacionales sobre el uso electoral de la Internet. La mayoría de los especialistas coincide en alertar acerca de los riesgos que implica el tráfico de votos en un entramado abierto como es la Internet.

 

Posibles ciber-asaltos

   Hace cinco meses comité de especialistas en informática, convocados por el gobierno estadounidense, presentó una de las evaluaciones más categóricas que se han realizado acerca del empleo de la Internet para recabar votos de los ciudadanos.

   Los sistemas de votación sustentados en la Internet y en computadoras ordinarias, se dice allí, representan “numerosos y fundamentales problemas de seguridad que los hacen vulnerables a una variedad de bien conocidos ciber-ataques (asaltos internos, asaltos para impedir el servicio, engaños, distorsión automática del voto, ataques con virus contra las computadoras de los votantes, etcétera) cualquiera de los cuales podría ser catastrófico”.

   Esos ataques, continúa el informe, “podrían ocurrir en gran escala y podrían ser emitidos por cualquiera, desde algún descontento solitario hasta una agencia enemiga bien financiada y ubicada fuera del alcance de la justicia estadounidense”.

   Una o varias intromisiones de tales magnitudes, añade el documento, privarían de sus derechos a votantes específicos, implicarían violaciones a la privacía, abrirían la posibilidad de compraventa o el intercambio de votos, “incluso al grado de trastocar los resultados de muchas elecciones a la vez, incluyendo la elección presidencial”.

   Esas son parte de las conclusiones presentadas el 21 de enero pasado por el grupo creado para examinar el proyecto SERVE (Secure Electronic Registration and Voting Experiment), un sistema de votación a distancia sustentado en la Internet. Tal proyecto fue desarrollado por la corporación Accenture a petición del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El Pentágono estaba interesado en facilitar el voto de los militares estadounidenses, y de sus familias, que se encuentran fuera de ese país.

 

Proyecto del Pentágono

   Los especialistas que analizaron dicho proyecto son los doctores David Jefferson (que hace investigación sobre súper cómputo y encabezó el comité técnico para las elecciones con pantallas sensibles al tacto en California el año pasado), Aviel D. Rubin (director técnico del Instituto para Seguridad Informática de la Universidad John Hopkins), Barbara Simons (consultora en política tecnológica y ex investigadora de la IBM en ciencia computacional) y David Wagner (experto en seguridad y criptografía de la Universidad de California en Berkeley).

   El Departamento de Defensa se proponía invertir 22 millones de dólares para que 100 mil estadounidenses pudieran votar en las elecciones presidenciales de noviembre próximo. A partir de esa cifra podemos preguntarnos el costo que alcanzaría un sistema de sufragios por Internet para varios millones –no se ha precisado cuántos– de mexicanos.

   El problema va mucho más allá de los recursos financieros. Los cuatro especialistas alertan: “Con un diseño cuidadoso, algunos de los ataques podrían ser exitosos y hasta pasar completamente inadvertidos. Incluso si fuesen detectados y neutralizados, tales ataques podrían tener un devastador efecto en la confianza pública en las elecciones”.

 

Propuesta presidencial

   No obstante esas advertencias, en México la clase política se encuentra muy confiada con la posibilidad de que tengamos elecciones electrónicas a distancia, al menos para quienes votarían fuera del país. En la propuesta presidencial, cuya exposición de motivos asegura que recoge buena parte de las sugerencias de todos los partidos, se dice que habría tres modalidades para el sufragio en el extranjero: voto electrónico, voto postal y voto en casillas instaladas en centros de votación. Así quedaría establecido en uno de los artículos que se propone agregar al Código Federal Electoral.

   El voto electrónico puede tener dos modalidades. La primera de ellas es la instalación de urnas computarizadas, que al registrar automáticamente el sufragio facilitarían el conteo de votos. En varias elecciones recientes, entre otros sitios en Brasil, han sido probadas distintas variedades de esos dispositivos. Aunque automatizan el cómputo, aun tienen problemas de seguridad que no han sido claramente resueltos. En Estados Unidos existe una intensa discusión sobre las distorsiones y fraudes que pueden originarse con un manejo inescrupuloso de esas máquinas. En México el Instituto Electoral del Distrito Federal tiene un programa de urnas electrónicas.

   La otra posibilidad de voto electrónico es el sufragio a distancia, a través de la Internet. La iniciativa de ley se refiere a esa modalidad porque coloca en otro rubro la instalación de casillas en centros de votación.

   El voto por correo, dicho sea solo de paso, también ha sido muy cuestionado en distintas experiencias tanto norteamericanas como europeas. Las dificultades para identificar al ciudadano que ejerce el voto de esa manera, la posibilidad de que la correspondencia se extravíe o sea alterada y el tiempo que transcurre entre el envío y la recepción de la boleta por correspondencia, se encuentran entre los problemas que han llevado a desestimar ese mecanismo. Por eso el Pentágono ha querido estudiar opciones electrónicas para el voto de sus elementos que, estando en servicio, quieren ejercer el sufragio fuera del país.

 

Paquete para el IFE

   En México, la iniciativa de reformas a la legislación electoral que el presidente Vicente Fox envió el 15 de junio a la Comisión Permanente traslada al Instituto Federal Electoral la tarea de establecer los mecanismos de seguridad que habría para el voto desde el extranjero.

   En esa propuesta se dice: “El Consejo General del Instituto, con base en lo dispuesto en el presente ordenamiento, determinará los mecanismos, procedimientos y medidas de seguridad para garantizar que los votos emitidos en el extranjero cumplan con las características establecidas en la Constitución y en éste Código, particularmente en lo que se refiere a garantizar que el voto sea personal, secreto e intransferible”.

   Se trata de una manera discreta, pero poco elegante, para endosarle a otra autoridad el problema no sólo de la organización, sino de la supervisión de los procesos electorales. El IFE desde luego tendría que ser responsable de la recepción y el cómputo de cada voto en nuestros comicios. Pero las reglas para ello tendrían que ser claramente establecidas, de manera responsable, por el Poder Legislativo. El presidente se lava las manos respecto de esos detalles y simplemente sugiere que de ellos se ocupe la autoridad electoral.

   Y no es tan sencillo. Abrir las elecciones federales mexicanas a la participación de nuestros compatriotas en el extranjero supone una enorme operación financiera y logística pero, además, correr riesgos que la democracia mexicana no está en condiciones de enfrentar.  

 

Singularidad del sufragio

   Las votaciones por Internet constituyen uno de esos peligros. Esta semana, al explicar en varias estaciones de radio las opciones para el sufragio fuera del país, funcionarios de la Secretaría de Gobernación decían que seguramente los riesgos que implica la transferencia de información por la Internet serían resueltos. Si todos los días hay transacciones financieras por millones de dólares que se realizan sin errores, decían, con mayor razón los votos podrían ser emitidos a través de la Red.

   Sin embargo no es lo mismo enviar dinero de una cuenta bancaria a otra que remitir un voto electrónico. El grupo encabezado por el doctor David Jefferson consideró, al respecto, en el informe que hemos mencionado: “Muchas personan creen erróneamente que ya que pueden realizar transacciones comerciales de manera segura a través de la Internet, entonces también pueden votar con seguridad a través de ella. Primero, habitualmente subestiman los riesgos de las transacciones financieras en línea e ignoran muchos de los riesgos que corren incluso cuando tienen el cuidado de hacerlas en sitios web ‘seguros’ a través del protocolo SSL [Secure Socket Layer, un parámetro para la transmisión de datos a través de la Red]. Pero además suponen que votar es comparable de algún modo con una transacción financiera en línea cuando en realidad, la seguridad para las elecciones en Internet es con mucho más difícil que la seguridad para el comercio electrónico. Hay tres razones para ello: la importancia de lo que está en juego, la incapacidad para recuperarse de las fallas, e importantes diferencias estructurales entre los requisitos para las elecciones y para el comercio electrónico” (Jefferson, Rubin, Simons y Wagner, A Security Analysis of the Secure Electronic Registration and Voting Experiment).

 

Votar no es comprar

   La explicación del grupo de expertos abunda en esas diferencias. “En primer lugar, en las elecciones resulta esencial una alta seguridad. La democracia cuenta con una amplia confianza en la integridad de nuestras elecciones, así que lo que está en juego es enorme. Simplemente no nos podemos permitir equivocarnos en eso. En consecuencia, las elecciones requieren un nivel de seguridad más alto que el comercio electrónico. Aunque sabemos cómo construir sistemas de seguridad aceptables para el comercio electrónico, el grado de seguridad que requieren no es suficiente para las elecciones públicas” (cursivas en el documento original).

   “En segundo lugar, la votación por Internet es estructuralmente distinta de –y fundamentalmente más desafiante que– la seguridad en el comercio electrónico. Por ejemplo, si su cónyuge emplea su tarjeta de crédito con su consentimiento esa no constituye una falla se seguridad; es rutinario delegar la autoridad para hacer transacciones financieras. Pero es una falla de seguridad si su cónyuge puede votar en su representación, aunque tenga su consentimiento: el derecho al voto no es transferible y no debería ser delegado, vendido, comerciado o entregado. Otra distinción entre las elecciones y el comercio electrónico es que cuando debido a un ataque informático no se puede realizar una transacción electrónica, ello puede significar que un negocio se pierda o se posponga pero no  deslegitima el resto de las transacciones que no fueron afectadas. Sin embargo, en una elección un ataque que ocasione la suspensión de un servicio puede resultar en una irreversible privación de los derechos ciudadanos y, dependiendo de la severidad de la agresión, podría estar comprometida la legitimidad de toda la elección”.

 

Anonimato en peligro

   El Informe describe de esta manera las dificultades para asegurar el secreto del voto en la Internet: “En tercer lugar el especial anonimato que requieren las elecciones públicas hace difícil la detección de fallas de seguridad en un sistema de votación por Internet y mucho menos recuperarse de ellas, mientras que la detección y la recuperación en el comercio electrónico es mucho más sencilla debido a que no es anónimo. En un escenario comercial la gente puede detectar muchos errores y fraudes cotejando facturas, testimonios y recibos; y cuando se detecta un problema es posible la recuperación (al menos parcialmente) a través de reembolsos, seguros, deducciones fiscales o acciones legales. En contraste, los sistemas de votación no deberían extender recibos porque violarían el anonimato y propiciarían la compra de votos así como la coerción y la intimidación. No obstante, aunque un sistema de votación no puede extender recibos indicando cómo votó la gente, es vital para el sistema tener tal  transparencia que cada elector o electora tenga confianza en que su voto es adecuadamente registrado y contabilizado y, de manera más amplia, que así ocurre con los votos de todos”.

   “Los sistemas de comercio electrónico –añade el documento de Jefferson y sus colegas– no tienen esas exigencias. Por lo general, diseñar un sistema de votación por Internet que pueda detectar y corregir cualquier forma de fraude electoral sin extender a los votantes recibos que indiquen cómo votaron y que no implique riesgos a la privacía del voto al permitir que a los votantes se les asocie con sus votos, es un profundo y complejo problema de seguridad que no tiene similitud con el mundo del comercio electrónico. Por esas razones, la existencia de tecnología que proporciona adecuada seguridad al comercio por Internet no implica que las votaciones por Internet puedan ser seguras”.

 

Inevitable vulnerabilidad

   La iniciativa presidencial para facilitar el voto en el extranjero sugiere, en la exposición de motivos, que el IFE establezca la votación electrónica en sitios de poca concentración de mexicanos “para conocer y evaluar de forma práctica los posibles riesgos y las ventajas que esta modalidad traerla consigo”. Ese reconocimiento a la probabilidad de riesgos es, de por sí, preocupante. Pero una vez que a los mexicanos en una localidad se les autorizara a votar por Internet, sería difícil impedir que otros más pudieran hacerlo. Determinar formas de votación exclusivas para un sector, resultaría discriminatorio para los ciudadanos a quienes no se les permitiera ejercer el sufragio de esa manera.

   El voto por electrónico –entre el cual se encuentra el que se podría ejercer a través de la Internet– tiene, por supuesto, defensores y promotores. Sin embargo la mayoría de ellos forman parte de empresas dedicadas a vender sistemas para el sufragio en línea o en urnas electrónicas. En Estados Unidos y Europa, los partidarios más insistentes de esos procedimientos de votación suelen estar vinculados a tales compañías.

   En cambio desde la opinión especializada, originada en instituciones académicas o consultorías independientes, las advertencias son enfáticas. La especialista Rebecca Mercuri, que encabeza una firma de asesores en seguridad y votación electrónicas, recuerda que “los sistemas completamente electrónicos no proporcionan ninguna vía para que el votante pueda verificar realmente que su voto corresponda con el que ha sido registrado, transmitido y tabulado. Cualquier programador puede escribir un código que muestre una cosa en la pantalla, registre otra más e imprima otro resultado… Si el mayor productor de software en Estados Unidos no puede proteger su propia compañía de un ataque por Internet, uno puede comprender que los sistemas de votación (creados por esa u otras firmas) no serán mejores (y probablemente sí serán peores) en términos de vulnerabilidad”.

   Jason Kitcat, experto y consultor en temas de gobierno electrónico, considera que muchos políticos quieren promover el voto por computadora como una forma de resolver el desaliento de los ciudadanos respecto de los partidos y las elecciones. Sin embargo, considera, hacer descansar la renovación de la democracia en recursos como el voto electrónico puede ocasionar acciones fraudulentas. Y coincide con otros especialistas: el voto electrónico a distancia requiere de formas de autentificación que todavía resultan imperfectas.

 

Escaso acceso a la Red

   Una apreciación similar ha sido compartida por la Oficina de Ciencia y Tecnología del Parlamento Europeo que en un informe publicado en mayo de 2001, enumeraba los riesgos que se mantenían para el voto a través de la Internet. Distintos reportes sobre ese tema concluyen, se decía, “que se necesita mayor investigación antes de que las elecciones por Internet puedan resultar seguras”. Allí se recordaban las conclusiones de un estudio de la Fundación Nacional para la Ciencia en Estados Unidos que determinó: “Los sistemas de votación remota por Internet representan significativos riesgos para la integridad del proceso electoral y no deberían ser establecidos para el uso en elecciones públicas hasta que sean tratados sustanciales asuntos técnicos y de las ciencias sociales”.

   Además de los aspectos técnicos, se mencionaban los aun escasos niveles de acceso público a la Internet, las dificultades de amplios sectores de la sociedad para utilizar la Red y la posibilidad de que el respeto que la gente tiene ahora por las elecciones –que son un sistema visible y fácil de comprender y fiscalizar– fuese alterado por el empleo de mecanismos en los que no se tenga suficiente confianza.

   Un problema, entre otros, para que los mexicanos en el extranjero votaran por Internet, se encuentra en el aun insuficiente acceso que nuestros compatriotas en Estados Unidos tienen a ese recurso informático.

 

Peliaguda identificación

   La única manera imaginable hoy en día para que el voto por Internet fuese inviolable, sería con el empleo de mecanismos de identificación biométrica. Los más utilizados son el reconocimiento de huellas dactilares, el registro del iris ocular o la identificación del votante a través de la voz. Cada uno de esos métodos requiere de una infraestructura tecnológica y de registros previos con los que el sistema electoral mexicano no cuenta hoy en día. La huella dactilar de cada ciudadano está reproducida en la credencial de elector, pero utilizarla para el cotejo del voto en línea implicaría que el votante tuviera en su computadora un mecanismo para escanear o grabar su propia huella, lo cual complicaría enormemente esa modalidad de sufragio. Y aun así, habría posibilidades de un ataque informático que trastocara esas elecciones.

   La Internet constituye una herramienta fabulosa para que los ciudadanos estén informados acerca de los candidatos y partidos que compiten en cada elección. Es, también, un recurso insustituible para que sigamos el cómputo de votos como ha sucedido en los comicios federales más recientes en nuestro país. Sin embargo aun no existen los mecanismos de seguridad y verificación que permitan asegurar la confidencialidad y autenticidad de las votaciones a través de ella. La informática es un respaldo fundamental para la cultura y las prácticas ciudadanas, siempre y cuando no se magnifiquen ni mitifiquen sus posibilidades. Establecer el voto en línea, podría colocar a nuestra democracia en manos de los hackers.

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