Viviendo en El Aleph

Internet, cibercultura, sociedad de la información

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Carísima Internet

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Agosto 23, 2009

Si usted viviera en Canadá y quisiera contratar una conexión a Internet, tendría que pagar 57 dólares estadounidenses al mes por un servicio con velocidad de 10 mil kilobites por segundo. Mientras más veloz es la conexión, más rápido podemos descargar información hasta nuestra computadora.

Pero si usted viviera en Francia, una conexión casi tres veces más rápida, de 28 mil kbps, le costaría 43 dólares. En Italia, hay que pagar algo menos de 36 dólares por 20 mil kbps de conexión fija. En España, casi 50 dólares por la misma velocidad. En Estados Unidos la conexión de 20 mil kbps llega a costar 110 dólares pero hay opciones más rápidas y baratas.

En países con menor desarrollo las conexiones son menos rápidas pero los precios igual de altos. En Grecia, 4096 kbps cuestan 38.4 dólares. En Polonia, por 2048 kbps se deben pagar 37.9 dólares.

En México la mayor parte de las conexiones, conducidas por la línea telefónica como parte del servicio que ofrece Telmex, son de apenas 2048 kbps. La renta mensual es de casi 94 dólares.

Otros servicios de conexión a Internet en nuestro país son menos caros pero más lentos. Cablevisión cobra 42.4 dólares por una línea de 1500 kbps. Megacable, ofrece 4000 kbps a 54 dólares mensuales.

Esos son los precios de Internet de banda ancha que registra Communications Outlook 2009, el informe de la OCDE que fue publicado la semana pasada en París. Seguramente algunos precios han variado al día de hoy, porque el de las telecomunicaciones es un mercado muy cambiante. Pero en términos generales, allí se documenta el creciente rezago informático que padece México.

Mientras en casi todo el mundo las velocidades de conexión aumentan en ocasiones de manera geométrica y los precios son proporcionalmente más bajos, en nuestro país la velocidad de Internet se ha quedado estancada, las conexiones más rápidas resultan considerablemente más costosas y la mayor parte de los mexicanos tiene que conformarse con enlaces deficientes.

En cada uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos hay diversas tarifas y planes de conexión. El informe de la OCDE calcula el promedio del precio de distintas opciones para enlazarse a Internet medido en la cantidad de dólares que cuesta un megabyte (Mb).

Al momento en que la OCDE recogió su información para ese estudio, los canadienses, tenían que pagar un promedio de 30 dólares por Mb de conexión mensual. Los franceses, 4.22 dólares. Los griegos, 14.47. Los polacos, 29 dólares por megabyte de conexión. Los españoles, 16.32 por el mismo servicio. En Estados Unidos se pagaba un promedio de 10.02 dólares por Mb de conexión.

Por esa velocidad que en los mencionados países cuesta entre 4 y 30 dólares, en México hemos tenido que pagar un promedio de 47.38 dólares.

Habrá quienes consideren abusiva la comparación anterior, porque se trata de naciones de condiciones económicas diferentes. Pero incluso en algunos de los países menos desarrollados de la OCDE, Internet cuesta menos que en México. Ya mencionamos los precios en Grecia y Polonia. En Hungría, el Mb costó 10.63 dólares al mes. En Turquía, que en otros indicadores suele quedar atrás de México, ese servicio costaba un promedio de 19.87 dólares. Los mexicanos hemos pagado 2.4 veces más que los turcos y casi cinco veces más que los estadounidenses por conectarnos a Internet.

Alevosos, seríamos si comparásemos la situación mexicana con algunos de los países asiáticos que forman parte de la OCDE. En Japón una conexión de 8 mil kbps (dos veces más veloz que las conexiones más rápidas que se ofrecen a los consumidores domésticos de ese servicio en México) cuesta 49 dólares. Pero, en un paquete distinto y con otra empresa, una conexión de cien mil kbps, cuesta 31.4 dólares. Se trata de una conexión casi 50 veces más rápida que los 2048 kbps por los que Telmex cobraba en México casi 94 dólares.

En estos días está por abrirse la licitación para que alguna o varias empresas de telecomunicaciones ocupen algunos de los conductos de fibra óptica que forman parte del cableado que la Comisión Federal de Electricidad tiene instalado en todo el país. El gobierno federal, hasta ahora, considera que esos pares de fibra óptica deben servir para fortalecer a una o varias empresas frente a la capacidad instalada que tiene Telmex. Pero lo más importante sería que con esas nuevas troncales de telecomunicaciones nacionales la velocidad, la calidad y sobre todo el precio de las conexiones fueran definidas en beneficio de los usuarios y no de uno o dos consorcios.

Publicado en emeequis

Publicado en Brecha digital, México | 3 Comentarios »

Vivir en una sociedad virtual

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Agosto 22, 2008

Vivir en una sociedad virtual
Entrevista con Raúl Trejo Delarbre

Ariel Ruiz Mondragón

Conversación tomada del blog Bibliálogos. Entrevistas con autores de libros. 21 de agosto de 2008.

Producto de una formidable revolución científico-tecnológica, Internet se ha convertido en la parte fundamental de un fenómeno de gigantescas dimensiones en las diferentes vertientes de la vida de la humanidad: la por algunos llamada Sociedad de la Información, que existe alrededor de la vastísima cantidad de información y posibilidades de comunicación que con formidable rapidez y facilidad nos permiten los medios digitales, en especial la red de redes.

Así como internet ha abierto muchas posibilidades de desarrollo y bienestar, también ha profundizado las desigualdades existentes en el mundo, al ser un recurso que todavía no está al alcance de grandes sectores de la población mundial, fundamentalmente los más pobres. En ese sentido, uno de los retos y aspiraciones más importantes para el futuro será generalizar y democratizar su acceso y su uso como una vía para disminuir las brechas sociales y económicas.

Sobre esos temas Raúl Trejo Delarbre publicó hace un par de años su libro Viviendo en el Aleph. La Sociedad de la Información y sus laberintos (Barcelona, Gedisa, 2006); entonces aprovechamos la ocasión para conversar con el autor acerca de asuntos como las desigualdades y la exclusión en dicha sociedad, las políticas públicas y educativas para extenderla, las libertades, derechos y deberes del ciudadano internauta, la elección de la información valiosa, su utilización en la democracia y sus principales ventajas y riesgos hacia el futuro.

Trejo Delarbre es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y profesor den la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma universidad. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, autor de 15 libros, fue fundador de la revista Etcétera y ha colaborado en periódicos como El Universal, La Jornada, Unomásuno, El Nacional y La Crónica de hoy, así como en las revistas Nexos y Zócalo.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué escribir y publicar un libro como el suyo?

Raúl Trejo Delarbre (RTD): Le voy a dar una respuesta en principio simple: en primera, porque es mi trabajo. En el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, donde yo trabajo, uno de mis proyectos es relativo a la sociedad de la información en Latinoamérica, y con este libro cumplo parte de ese proyecto que tiene muchas vertientes. Entonces es, desde luego, parte de mi obligación.

Esa es una de las obligaciones que uno tiene la fortuna de poder elegir, y desde hace tiempo yo encontré en el de internet, y de manera más amplia en el de la sociedad de la información, temas susceptibles de tener una mirada más allá de la tecnología y más allá de una disciplina específica. A mí me llamó la atención cómo hay economistas, historiadores, sociólogos, abogados, físicos, matemáticos que escriben y estudian acerca de internet. Yo he querido beneficiarme de aportaciones de una enorme cantidad de autores y tener una visión multidisciplinaria, desde luego con el sesgo de mi propia formación personal.

Desde hace tiempo tenía una enorme cantidad de datos e información resultado del intercambio con otros colegas de otros países, resultado de mi propia observación y práctica en internet, y también porque hace diez años, en 1996, tuve ocasión de publicar en Madrid un libro que se llama La nueva alfombra mágica. Usos y abusos de internet, la Red de redes, y a partir de entonces tuve respuestas, sugerencias y críticas de colegas de muchos sitios, de las cuales me he beneficiado para tener una visión más especializada, no sé si más analítica, quizá menos descriptiva que aquella, que era pionera, muy inicial de internet. Este libro, casualmente, tiene ocasión de aparecer diez años después de aquella alfombra mágica, y por eso lo escribí y por eso está circulando.

Ojalá los lectores de esta charla sean lectores de este libro. Sinceramente creo que es un libro que se deja leer, que está amparado en numerosas coartadas que he buscado en la literatura, particularmente en la de Jorge Luis Borges y de allí el título, pretencioso pero que quiere ser más homenaje que apropiación de este enorme autor argentino.

AR: El libro es acerca de la sociedad de la información. Usted señala que ésta es propia de un mundo globalizado, una sociedad en la que también se reflejan las desigualdades sociales. En ese sentido, ¿quiénes, cuántos y por qué están excluidos de ella?

RTD: Varía según el indicador que utilicemos, y depende de qué entendamos por sociedad de la información. Yo asumo una definición amplia de ella, y la entiendo como el contexto que es creado por una vasta diversidad de recursos tecnológicos. La sociedad de la información es aquella que está articulada por internet, en primer lugar (insisto en llamarle en el libro “columna vertebral de la sociedad de la información”); pero también es aquella a la que nos conecta la televisión satelital, la radio digital, la enorme cantidad de discos que hay en las tiendas de música, la posibilidad de digitalizar un video y de venderlo de manera ilegal para regalárselo a un amigo. Habitantes o ciudadanos partícipes de la sociedad de la información son los muchachos que abren un blog en internet, o los que descargan en su Ipod una colección de música para su uso personal, somos lo que utilizamos correo electrónico, o los que participan en los salones de chat.

Podemos decir, con una precisión limitada, que están en la sociedad de la información los que tienen conexión regular a internet; pero quizá no es del todo cierto porque hay gente que no está en internet pero sí tiene televisión satelital.

En todo caso, para darle una respuesta más concreta, hoy en día entre el 80 y 85 por ciento de la humanidad no tiene conexión a internet. Entonces estamos hablando de un 15 por ciento, que son muchos centenares de millones de personas, y no son todos, sino que faltan muchos. En el caso mexicano tienen conexión regular a internet 18 o 19 por ciento para este año; nos falta más del 80 por ciento, cerca de 83 millones de mexicanos que no tienen este recurso, por mucho que para quienes vivimos en ciudades como la de México se nos haya vuelto tan familiar y tan indispensable.

Es decir, la sociedad de la información es tan maleable, tan inasible a veces, con una sola definición y con un solo indicador estadístico, que depende del criterio que utilicemos para apreciar la cantidad de gente que está en esa sociedad.

AR: La discusión del primer capítulo, pero que está presente en varias otras partes del libro, es acerca de qué políticas públicas pueden ser idóneas para impulsar la tecnología de la información y de la comunicación. Me llamó la atención el caso de Uruguay, que usted menciona, en el que se ha logrado una cobertura de 37 por ciento de conectados. ¿Qué políticas puede ser idónea para lograrlo?

RTD: En primer lugar, la peor política pública es la que no existe. El gran problema mexicano ha sido la ausencia de políticas específicamente diseñadas para ampliar la cobertura de internet y la apropiación por la sociedad mexicana de estos recursos.

Hemos tenido políticas específicas para que haya más computadoras en el gobierno, o para que haya pizarrones electrónicos en las escuelas, políticas parciales y muy discutibles. En este sexenio el presidente Vicente Fox impulsó algunas medidas para que hubiera centros comunitarios de acceso a internet, pero con tan mala planeación, con tan escasos recursos y con tan propagandístico afán (antes que nada), que ocurrió que en muchos municipios las computadoras que ya había en escuelas o en hospitales de la Secretaría de Salud, las incorporaron a la red y al sistema de México; qué bueno que las enlacen, qué malo que diga que eso es algo nuevo, porque eran y son computadoras tan viejas, con procesadores tan anticuados, que no sirven para navegar en internet.

Una política nacional debería tener recursos, voluntad del gobierno, tener una orientación pluridisciplinaria para que no tuviera sólo el afán de promoción del gobernante en turno. Debería tener una visión flexible y amplia del desarrollo tecnológico para que no ocurra, como en el caso de Enciclomedia, que la tecnología que se utilice sólo dependa de una empresa (la empresa Microsoft, que casualmente es una empresa que si bien lo hizo a partir de donaciones muy importantes de algunas instituciones privadas, entre otras la fundación de la esposa del presidente de la República). Esto no es parte de una política nacional, sino de un programa de enriquecimiento y lucimiento personales de algunos individuos.

Una política nacional podría ser como la brasileña, en donde hace ocho años el gobierno convocó a sectores muy variados para crear un consejo de internet de Brasil, integrado por cerca de 100 personas de adscripciones políticas, tecnológicas y civiles muy variadas. Eso es una política nacional; lo otro, todavía no.

AR: Hay otros elementos que usted también considera necesarios para la integración en la sociedad de la información. Usted menciona que allí está la información, pero que debemos procurar que se convierta en conocimiento: podemos discernir de la información los puntos que nos sirvan, pero ya teniendo cierta experiencia y cierta preparación intelectual. En el aspecto educativo, ¿qué se tiene qué hacer para aprovechar plenamente internet?

RTD: Creo que internet amerita una educación específica, en primer lugar para dominar los rudimentos técnicos, que no son cosa del otro mundo pero que hace falta conocer, que a gentes como a usted o como a mí nadie nos enseñó, y que casi todos hemos tenido que aprender sobre la marcha por la vía del ensayo y del error. ¿Por qué no evitarle a los estudiantes que están entrando hoy a la Secundaria o que están saliendo de la Primaria, las penurias que hemos padecido algunos de nosotros?

Tendría que haber cursos de introducción al uso de estos rudimentos de la información;al igual que un curso de alfabetización, al igual que se nos enseña a leer y a escribir, tendría que enseñársenos a navegar en internet. Esto es difícil pero no es imposible; ya hoy en muchas escuelas primarias los profesores les piden a los alumnos que investiguen en internet, porque saben que de todos modos lo van a hacer, y más vale anticiparse a esa posibilidad.

También tendría que ser parte de nuestra educación cívica para aprender a distinguir entre información útil y la que no, para aprender a deliberar en internet. Todo esto lo vamos a ir logrando por la vía de la inercia a la que nos compele este uso que de todos modos existe. Pero valdría la pena entonces que no fuera la inercia de los acontecimientos sino el resultado de una política educativa específicamente planeada para ello que se utilizara el internet.

En otros países, haya o no computadora en el salón de clase (sobre esto hay una discusión interesante en Estados Unidos, por ejemplo) a los niños y a los muchachos se les induce a utilizar el internet. En México muchos de los muchachos utilizan internet para chatear y para bajar música (lo cual no está mal), pero no se les inculca la utilización creativa, cultural, educativa, informativa más específica. Eso es lo que nos sigue faltando, y ha sido muy difícil, entre otras cosas, porque para que los niños tengan al internet como parte de su formación escolar hace falta que los maestros conozcan, hacer cursos para saberlo utilizar. Aquí en México los maestros no quisieron llegar a tiempo hace diez años al uso de internet.

AR: El uso de internet y los recursos informáticos han expresado la desigualdad existente en el mundo; pero también hay (como usted la expresa en el libro) una aspiración de que pueda ayudar a construir un mundo más justo, más equitativo. Después de 13 años de utilización abierta y más amplia de internet, ¿ha sido más utilizado para aumentar que para disminuir esa desigualdad al día de hoy?

RTD: Yo creo que las dos cosas: todo nuevo recurso tecnológico se convierte en un factor de desigualdad adicional a los que ya hay en las sociedades contemporáneas. Cuando aparece la televisión de plasma (que está de modo y es carísima) pues de pronto los que no tenemos dinero o los que no queremos gastar en eso nos volvemos desiguales, nos volvemos marginados respecto de los que sí deciden hacer ese gasto.

Lo mismo ocurre con internet, pero en el caso de la red de de redes, este factor intrínseco de desigualdad se va abatiendo conforme pasan los años: hoy en día comprar una computadora en mucho menos difícil de lo que resultaba hace 10 o 15 años, porque se ha vuelto más barato. El hecho es que cualquiera que esté conectado, que ya pasó la barrera de la desconexión, o cualquiera que tenga su computadora con su conexión y pueda colocar el contenido que quiera, puede recuperar y apropiarse del contenido que quiera de los que hay en la red, de la misma manera en Oaxaca que en Manhattan, en Chiapas que en París. El hecho de que los internautas puedan acceder a la misma información, aunque algunos lo hagan en mejores computadores y con mayores velocidades que otros, implica un factor de democratización no sólo en el acopio de información sino en la capacidad de expresión.

Si usted me pide que elija, le diría que en estos años han sido muchas más, sin duda, las ventajas que las disparidades que ha impuesto internet.

AR: En este sentido, ¿la brecha digital que usted menciona, y que no nada más se ciñe a contar con los recursos tecnológicos, se ha ido cerrando en estos 13 años de popularización de internet?

RTD: Se ha venido cerrando porque hace 12 años en México había casi 200 mil internautas, y ahora somos casi 20 millones. En el mundo había 25 millones, y hoy se está rebasando, quizá, la barrera de los mil millones. Evidentemente hay más gente que tiene acceso a estos recursos, y este reconocimiento no debería llevarnos a decir que todo está bien. Yo creo (es lo que he intentado en este tipo de trabajos) que hay que tener una visión ni integrada, que es la que dice que todo está bien, ni apocalíptica, que es la que dice que todo está mal, citando a Umberto Eco.

AR: Usted menciona como una de las características de la sociedad de la información el ámbito de libertad; pero también menciona que es necesaria la protección de los derechos individuales y sociales en la red. Ambos pueden llegar a chocar. ¿Hoy cómo están protegidos estos derechos?

RTD: Hay muchos abogados y juristas que dicen que falta mucho para normar el internet. Yo en lo personal considero que no, que lo que hay que hacer (y ya se ha hecho en muchos casos, incluso en México) algunos ajustes a los códigos legales que ya existen para tipificar como delitos aquellos abusos que se cometan en la red y que serían delitos en el mundo fuera de línea. Si a mí me asaltan en persona cuando saco dinero de un cajero en el banco, es un delito; igual tiene que ser absolutamente indudable el hecho de que si a mí me sacan dinero de mi cuenta bancaria a través de internet, se trata de una conducta delictuosa. Si alguien pervierte a un niño y lo obliga a tener relaciones sexuales, pues es un delito -y de los más terribles-, y hay que castigar con la mayor severidad; si alguien se aprovecha de internet para hacer lo mismo, para tener una cita con un menor de edad y abusar de él, pues evidentemente es un delito con o sin internet.

Por lo demás, creo que una gran virtud de la red de redes radica en la enorme libertad que hay para la expresión. En internet pueden propagarse pensamientos, datos y conceptos muy nobles, virtuosos y edificantes, pero también muchas mentiras, contenidos repletos de odio y de animadversión. Creo que debe existir la libertad para decir lo que sea, las tonterías más grandes, pero también para rectificarlas debería haber recursos, para enmendar las calumnias y para evitar fraudes. Pero fuera de esto, creo que la gente tiene derecho a ingresar a sitios con contenidos de cualquier índole. Haciendo a un lado el asunto de los niños (que deben ser protegidos), creo que los contenidos sexuales más extravagantes, si hay quien quiere colocarlos y hay quien quiere mirarlos o consumirlos, si se trata de adultos, deben estar en el derecho de poder hacerlo. Los padres de familia tendrán que contar con recursos para evitar que sus hijos se asomen a contenidos que ellos no quieran que contemplen. Aquí la única receta, además de utilizas software que bloquee algunas páginas, es la asistencia a los niños y a los jóvenes cuando navegan por internet. No hay de otra.

AR: Dice usted que la sociedad de la información es la más vigilada de la historia. Allí también podría haber ciertas connotaciones peligrosas para las libertades. ¿Cuál podría ser el papel de internet en el control social, tomando en cuenta el asunto de las cookies o de proyectos como Echelon –que no sé si sea cierto o no?

RTD: No es cierto. Creo que hay dos riesgos de limitación a las libertades en internet: en primer lugar la creencia -ignorante pero que llegó a estar muy arraigada- de que internet era un nido de delincuentes y que por eso había que reprimirla y censurarla; esto se extendió a partir de 2001, aunque ya desde 1996 hubo proyectos de censura por parte del gobierno de Estados Unidos, los que fueron atajados por grupos de defensa de los derechos civiles en internet. Aquí hay una tarea de explicación y de pedagogía que los interesados en defender estas libertades tienen que hacer para convencer a los jueces y a los gobernantes de que en internet hay de todo, y que igual que en la realidad, en cualquier calle de nuestras sociedades, hay gente buena y mala, hay gente que ayuda a los demás, que es muy solidaria, y también delincuentes y bandidos, como los hay en internet. Éste, he dicho en otro momento, es una suerte de colección de espejos de la realidad: si en la realidad hay maldad y solidaridad, lo mismo habrá en la red.

El otro asunto que hay que tomar en cuenta es el hecho de que, al ser información disponible para todos, lo que pongamos en internet o lo que sea registrado allí puede ser consultado por todos. Si alguien abre un blog y cuenta sus vicisitudes personales con asuntos muy íntimos, pues no se debe sorprender por el hecho de que alguien, cualquier persona que tenga acceso a la red, pueda leer ese contenido. Si alguien envía un correo electrónico con un asunto personal que no quiere que sea conocido, se está equivocando: hay que reconocer y recordar que todo contenido que navega por internet es susceptible de ser conocido por otros. Aunque yo le mande un correo personal a usted, es muy sencillo que alguien interesado en interferir mi correspondencia o la de usted lo haga, o me puedo equivocar y picar a otro destinatario. Vaya, si uno tiene secretos que desea que permanezcan como tales, no hay que ventilarlos en internet, ni convertirlos a formato digital, que es muy susceptible de ser reproducido y reenviado con mucha facilidad.

A veces se nos olvidan estas cosas, y se nos olvida que en internet hay recursos que pueden implicar que otros conozcan lo que hacemos en la red, como las cookies, que son archivos que rastrean nuestras actividades en la red. Insisto: si alguien no quiere que algo sea conocido, que no lo haga en internet, porque éste es un sitio público antes que nada.

Lo que falta es más información y obligación de las empresas en forma ética para advertirnos que cuando, por ejemplo, compramos un libro en Amazon, nuestras preferencias como consumidores de libros están registradas y pueden ser conocidas y compartidas por otros.

El uso de dispositivos digitales abre nuestros asuntos personales al escrutinio de otros. Eso es una realidad. Debiera estar reglamentado, y lo está, pero insuficientemente; debiera estar prohibido el tráfico con datos personales (salvo que la gente lo autorice). Es parte de las nuevas reglas que hay que establecer, y por las que los consumidores mexicanos no siempre se preocupan. Hay que reconocer que muchas veces por descuido no nos fijamos en las letras pequeñitas de los contratos, en las que nos dicen que nuestros datos pueden ser utilizados para vender nuestros domicilios o datos electrónicos.

AR: En el libro vienen cifras espeluznantes acerca de la información que circula; el número de páginas existentes supera lo asombroso. Haciendo un símil, decía Ortega y Gasset que debería haber bibliotecarios que guiarán a los lectores por los libros que realmente valen la pena. En varias partes del libro usted se pronuncia por hacer “cartas de navegación” para que el internauta no ande perdido. ¿Ya se han realizado esas “cartas” que nos permitan llegar a la información que vale la pena, o cómo se harían?

RTD: Sí. Por un lado hay gente con alguna especialización en cualquier campo que lo conoce, sabe qué hay en internet, y también hay sitios especializados para quien quiere acceder a un campo específico de conocimiento.

Por otro lado, cada vez hay más un sentimiento de apoyo mutuo que se mantiene en internet, y está proliferando la tendencia a etiquetar los contenidos, las tags que colocan los usuarios o visitantes de un sitio en las listas de sitios preferidos de algunas gentes, y son útiles para que quien comparte los gustos e intereses de esa persona sepa que hay algo interesante.

Son guías iniciales, pero tienen el riesgo de que se puede popularizar la cultura más comercial o más ligada a lo que es popular en el momento, en detrimento de contenidos de otra índole. Pero esto es parte de la apertura de internet a la sociedad, igual que los libros y las películas.

AR: Por la velocidad con la que se cambia de página, por la cantidad de mentiras que también circulan en internet, ¿es, en alguna medida, también un obstáculo para el conocimiento?

RTD: Yo vería que por un lado la proliferación de charlatanerías, mentiras e intolerancias no es culpa de internet, que es un instrumento. La superchería y la ignorancia ya existen, y es inevitable que encuentren un mecanismo natural de propagación a través de internet, sobre todo si hay intolerantes e ignorantes a los que les gusta propagar sus prejuicios y su desconocimiento.

Cuando la gente cree que hay una información de la índole que sea, que por el hecho de estar en internet es cierta, se está equivocando. Es como si creyéramos que es cierto lo que se dice en las revistas que se venden en los puestos de periódicos, o lo que escuchamos en una conversación en un café o en el Metro. La gente dice rumores lo mismo de persona a persona que en internet.

Entonces lo que hay que hace es aprender a distinguir lo real de lo que no lo es, lo mismo en internet que en la vida fuera de línea. La gran ventaja en internet es que ocurre como en el caso de la Wikipedia: una enciclopedia creada por la gente que está en internet y que le da la gana contribuir, porque tiene el deseo de poner una definición allí. Se pueden colar muchas mentiras y errores, pero también hay un mecanismo para que la misma gente, cuando encuentre un error, lo pueda enmendar.

¿Le debo creer a los datos que hay en la Wikipedia? Pues hay que contrastarlos con otra fuente, en internet o en la biblioteca más cercana. Pero en general es un instrumento formidable: nunca antes ha habido tantas definiciones de los asuntos más variados en ninguna enciclopedia en la historia del mundo.

AR: De internet también llama la atención que ha facilitado la interactividad. ¿Con ello ha aumentado la participación política y social de la ciudadanía en la vida real, que haya más votantes y un mayor asociacionismo, por ejemplo?

RTD: No tengo datos para decir si hay más gente en los partidos o en las Ong’s. Lo que sí se puede decir, sin duda, es que las organizaciones de la sociedad y políticas que ya existían, tienen en internet un espacio para propagarse, para enlazarse con sus miembros con una eficacia que antes no tenían, y también es un espacio para enlazarse entre ellas. La presencia internacional de Ong’s hoy cuenta con un recurso del que antes no disponía.

La posibilidad de que la gente se entere de lo que dicen esos grupos hoy es mayor. De hechos, los sitios de los partidos políticos, más que convencer a alguien para que vote por algún candidato, sirve para que los que quieren información (los periodistas, por ejemplo) dispongan de ella con facilidad.

Puede ser que haya formas de participación que antes no existían, y que son una suerte de sucedáneo (no siempre pleno) de viejas formas de participación. Antes –como a mi sí me toco-, cuando uno simpatizaba con un partido político y lo quería apoyar, hacía pintas en una barda, repartía volantes en el calle, y a veces nos perseguía la policía. Hoy hay quien se conforma con que su forma de activismo sea la reproducción de correos electrónicos, o el hackeo de una página que no nos gusta. A veces hay quien llega a tener formas de participación tan acotadas a internet, y sobre todo tan limitadas a expresarse delante de los ya enterados que se vuelven formas muy catárticas y quizá políticamente poco eficaces.

AR: En el libro se habla también de la utilización política democrática de la red, de los proyectos que hay en Europa que podrían llegar a ser de una democracia trasnacional. En tal dirección también hay personas que piensan que la gente podrá votar acerca de todos los asuntos, con lo que la democracia representativa quedaría disuelta. ¿Hay posibilidades de hacer esto realidad con internet?, ¿eso le parecería deseable?

RTD: No sé si es deseable; es posible, sí, pero no hoy. ¿Será útil? Parcialmente sí, sobre todo porque internet puede servir para que la gente vote a distancia en algún momento lejano. Pero debo decir que hasta ahora no hay un mecanismo seguro para ejercer el voto electrónico; hay muchas empresas -en Estados Unidos y Gran Bretaña, sobre todo- que están empeñadas en ello como un paradigma de participación. Pero hoy en día no hay un solo sistema que garantice plena confiabilidad.

Hay de dos: unos a través de internet, que son más vulnerables a cualquier interferencia, y otros mecanismos electrónicos que están enlazados a redes que no tienen que ver con internet, pero aun en ellos no hay un mecanismo pleno de verificación de la identidad del votante. Lo más avanzado que se está investigando es la identificación a través del iris ocular; esto va a prosperar pronto no por algo relacionado con las elecciones, sino por la necesidad de identificar a la gente y de supervisar sus actividades ante la proliferación del terrorismo. Justamente es un programa de la Unión Europea para facilitar la investigación e identificación a través del iris ocular -y también de las huellas digitales, pero también son falsificables-, y seguramente cuando eso prospere va a ligarse al voto.

Internet no sirve solamente para expresar a distancia la opinión sobre cualquier cosa; sirve también para discutir. El gran riesgo es que hagamos de internet un espacio en donde sólo expresemos nuestros sentimientos o nuestra animadversión a cualquier asunto. En internet y en la vida real hay una enorme cantidad de matices entre el Sí y el No, y justamente la deliberación de esos matices es lo que puede dar lugar al reconocimiento de que hay una sociedad muy rica, muy versátil y muy plural que no está sólo con los que están en blanco o en negro. Para eso tendría que servir; pero corremos el riesgo de que esta sociedad de la información a través de internet sea un entorno de mensajes concisos, de opiniones muy elaboradas, de personajes populares o impopulares, de gente que dice Sí o No. De nosotros depende, de los usuarios de esta sociedad de la información hacerla un entorno muy rico, capaz de rescatar el colorido que tiene la realidad dentro y fuera de línea.

AR: Usted habla de la ciudadanía de la sociedad de la información. La ciudadanía implica derechos y deberes, ¿cuáles son los de los ciudadanos de la red?

RTD: Antes que nada el derecho a poder utilizar plenamente los recursos informáticos. Por ejemplo, si nuestra conexión es sólo telefónica, tenemos una conexión muy pobre; si tenemos una conexión de banda ancha, entonces tenemos posibilidad de bajar con rapidez música, de ver películas con más calidad. Este es un derecho inicial que no se nos reconoce; hoy en día en México la calidad de conexión a internet es muchísimo más cara que en los países europeos, en Japón, Estados Unidos o Canadá. Estamos en desventaja. A quienes queremos tener una conexión de calidad nos cuesta muy caro en un país donde los salarios son mucho más bajos.

En segundo lugar, los derechos tienen que ver con la posibilidad de expresarse; si el derecho a expresión lo tengo vetado, por ejemplo si yo viviera en China, no podría poner en internet todo lo que con toda libertad puedo poner en México, Argentina o Brasil.

Un tercer derecho es el de interactuar con otros y a tener acceso a todos los sitios.

Acerca de las obligaciones: más allá de que lo digan las leyes, mi obligación es el reconocimiento de los otros, y el respeto a los contenidos, las ideas, los puntos de vista de los otros, sin más posibilidad de intolerancia que la que nos permite el discrepar cuando vemos mentiras o datos que creemos que podemos contrastar o verificar.

Las normas y los derechos en internet finalmente se reducen a los mismos que hay en la sociedad fuera de línea.

AR: Para concluir, quiero preguntarle lo siguiente: ¿cuáles son las dos grandes oportunidades que hacia el futuro nos abren la sociedad de la información y su columna vertebral –internet-, y cuáles son los dos principales riesgos que traen también consigo?

RTD: Dos grandes oportunidades: el conocimiento y la interacción. En internet podemos encontrar mucha información que sólo nos va a servir de algo cuando sepamos apropiarnos de ella y elaborarla como cimiento lo mismo para diseñar un nuevo paradigma matemático que para saber preparar un buen café. Nos podemos apropiar de él según nuestro contexto, nuestras necesidades y nuestras capacidades.

La otra gran ventaja es la posibilidad de reconocer en internet un punto de encuentro. Igual que usted y yo estamos conversando aquí, lo podemos hacer en un chat, por correo electrónico o por teléfono; nos es lo mismo que platicar en persona, pero es un sucedáneo en muchas ocasiones útil.

Las dos desventajas: la posibilidad de extraviarnos en el inmenso océano de información, y de creer que toda la información nos es útil, o de no saber cuál elegir, de no tener una orientación para discriminar dentro de ella; de saturarnos tanto de información que creemos una animosidad ante ella. Hay que saber aprovecharla.

El otro riesgo es el de la reproducción de la exclusión digital, en la medida que no tengamos este recurso disponible para todos o para más gente, y tendremos privilegiados que pueden navegar a grandes velocidades, apropiándose con más facilidad de estos contenidos y creando los propios, y muchos que al estar marginados de ellos no tengan las oportunidades y, a las desigualdades que ya sufren, aumenten la que se deriva de esta exclusión tecnológica.

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Los mexicanos y la cultura en línea

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Marzo 20, 2008

Resumen del texto entregado al Segundo Coloquio Oaxaca. Cultura mexicana: revisión y prospectiva. Septiembre de 2007. Publicado en Nexos, febrero de 2008.

 
No hay espacio más abierto a la cultura que la colección hasta ahora prácticamente infinita de sitios, territorios, bitácoras y recursos audiovisuales que, entre muchos otros contenidos, ofrece Internet. Nunca antes la humanidad había dispuesto de una diversidad tan extendida, y sobre todo despejada de taxativas y restricciones, como la que hay en la Red de redes. Y nunca hasta ahora, en parte debido a esa abundancia de recursos informáticos, habíamos estado tan cerca de saturarnos, abrumarnos e incluso intoxicarnos con una avalancha de contenidos tan apabullante como la que existe en Internet y en otras de las afluentes de la sociedad de la información. Abierta y ancha, la ilimitada colección de avenidas informáticas que es Internet se encuentra, sin embargo, vedada para quienes no tienen el privilegio de contar con equipamiento y conexiones suficientes.

  

El rezago digital

   A fines de 2007, 20% de los habitantes de América Latina tenía acceso a la Red. En México, si hemos de atender a los optimistas datos oficiales, en ese año habría cerca de 23 millones de usuarios [1], que constituían algo menos del 22% de los cerca de 106 millones de habitantes en el país. Es una cifra alta si tomamos en cuenta que, de acuerdo con las mismas fuentes, en el transcurso de 7 años los usuarios de la Red casi se quintuplicaron, para pasar de algo más de 5 millones en 2000 a los ya mencionados 23 millones. Pero siguen siendo pocos si reconocemos que casi 8 de cada 10 mexicanos carecen de ese servicio.

   Si las conexiones y la instalación de equipo aumentaran durante los siguientes años al mismo ritmo que lo hicieron en lo que va del siglo 21, antes de una década tendríamos una cobertura casi total de Internet en este país. Sin embargo tanto la experiencia internacional como el reconocimiento de la capacidad actual de la infraestructura mexicana y el simple sentido común permiten recordar que, después de haber llegado a un límite de eficacia, esos recursos crecen de manera más lenta. Sin embargo el gobierno federal dice que, para 2012, 70 millones de mexicanos serán usuarios regulares de Internet [2]. De ser así México se convertiría quizá en la nación con más intenso crecimiento en la cobertura de ese servicio en tan solo un lustro. Entonces podríamos hablar, con certeza, de un país plenamente incorporado a la sociedad de la información.

   Lamentablemente no hay sustento suficiente para compartir esa esperanza de las autoridades mexicanas en materia de telecomunicaciones. En América Latina, el país con mayor cobertura de Internet es Chile (43% a fines de 2007) seguido de cerca por Argentina y Uruguay (34%) [3]. En todo el mundo, por lo general, el desarrollo de la Red ha sido posible gracias a la existencia de políticas nacionales (y a veces, como en Europa, además regionales) que han incluido programas de gobierno para promover infraestructura en áreas que para las empresas privadas no son tan rentables como las grandes ciudades. Han existido regulaciones de los precios, así como de la competencia en las telecomunicaciones. Y en la mayoría de los casos se ha impedido que una sola entidad privada controle o acapare la oferta de servicios en ese campo.

   Nada de eso ha ocurrido en México. La postura gubernamental en el terreno de las telecomunicaciones ha sido la ausencia de política, con la esperanza de que la inversión privada subsanaría la ausencia de inversiones y regulaciones suficientes por parte del Estado. Los mexicanos que en 2007 tenían acceso a Internet en sus domicilios alcanzaron ese privilegio a costa de pagar una de las tarifas más altas que existen para dicho servicio en todo el mundo. En la primavera de ese año, el costo mensual de un megabite por segundo era de 27 centavos de dólar en Japón, 1.64 dólares en Francia, 3.33 dólares en Estados Unidos, 6.50 en Canadá, y 12.50 en España. Por ese mismo servicio, los mexicanos pagábamos 60.01 dólares [4].

 

e-México, desigual e insuficiente

   Nos referimos esencialmente a la Red de redes porque constituye, como hemos señalado en otro sitio, la columna vertebral de la sociedad de la información [5]. Por ella pasan los archivos de audio y/o video que, una vez descargados, pueden ser transportados y utilizados en dispositivos portátiles como el Ipod, lo mismo que las películas que cada vez resulta más frecuente bajar de Internet para mirarlas en la pantalla casera.

   En México solamente hasta la administración del presidente Vicente Fox, y con grandes limitaciones, existió un programa específico para el desarrollo de Internet. El proyecto e-México consistió fundamentalmente en la concentración de los recursos informáticos del gobierno federal, tanto en línea como en la infraestructura computacional que podía estar a disposición de los ciudadanos. El primero de esos aspectos significó la creación de una identidad común y la organización de ligas a docenas de sitios gubernamentales a partir de un portal centralizador ubicado en www.e-mexico.gob.mx. La segunda tarea fue la instalación de 7200 centros comunitarios digitales en todo el país.

   Los CCDs, habilitados con computadoras y conexiones a Internet, pudieron haber sido un poderoso eje para el desarrollo de una extendida cultura digital entre los ciudadanos. Sin embargo muchos de ellos carecían de instalaciones y equipamiento eficientes y, sobre todo, su creación no estuvo acompañada de proyectos de capacitación tanto para el personal que los atendería como para sus posibles usuarios. En la gran mayoría falta mantenimiento técnico y no hay proyectos para actualizar las computadoras allí instaladas. Se ha estimado que, hacia el final de ese sexenio, una quinta parte de tales Centros habían estado fuera de servicio [6]. El investigador Scott S. Robinson ha considerado que los centros digitales y los sitios en Internet del programa e-México tuvieron más desventajas que aportaciones, entre otras causas debido a que pocos gobiernos municipales se interesaron en aprovecharlos para difundir información útil a sus ciudadanos y ese proyecto dependió del software del consorcio Microsoft, cuando pudo haber utilizado programas de código gratuito o libre.

 

Espacio para irradiar y hacer cultura

   Los productos culturales que se encuentran definidos fundamental o exclusivamente por el afán mercantil abarrotan las redes informáticas de la misma manera que han colmado, antes, las programaciones de los medios de comunicación tradicionales. En la Red, los criterios que determinan la popularidad de un producto cultural son tan flexibles como el interés que pueda suscitar entre audiencias cada vez más heterogéneas y que por lo general tienen parámetros de calidad complacientes. Internet es plataforma de difusión pero, al mismo tiempo, espacio de creación, experimentación y confrontación de propuestas culturales. En sus imbricaciones con la cultura Internet tiene, entre otros, los siguientes rasgos [7].

   1. Internet reproduce contenidos culturales y de otra índole de los medios convencionales (televisión, prensa, radio). La prensa mexicana en línea se ha extendido con tanto éxito en la Red que varios de los sitios más consultados y originados en este país (especialmente www.eluniversal.com.mx  y www.jornada.unam.mx) son mantenidos por algunos diarios de la ciudad de México. Por lo general se trata de la simple reproducción de contenidos que esos medios difunden por cauces tradicionales. En 2005 la profesora Lizy Navarro Zamora compiló un inventario que da cuenta de la existencia de por lo menos 300 medios mexicanos en línea [8].

   2. Internet es en sí misma medio de comunicación, con posibilidades de interactividad, acceso y especialización que no tienen los medios tradicionales. Sin embargo el periodismo que se hace en la Red –y esta apreciación podría ampliarse a muchas otras formas de creación y/o difusión cultural– no suele aprovechar esas opciones. Sus mensajes siguen siendo, en lo fundamental, unilaterales y sin facilidades para que lectores, radioescuchas o televidentes de tales contenidos se conviertan, a su vez, en productores de sus propias comunicaciones. En otros países –el ejemplo de Gran Bretaña en este campo es tan pionero como en la radiodifusión abierta– los medios de carácter público ofrecen espacios en línea para que sus audiencias discutan e, incluso, coloquen sus propios textos, audios y videos. En México ha sido de la televisión comercial de donde han surgido iniciativas de modesta pero vistosa interacción. En 2007 el periodista Carlos Loret de Mola, conductor del noticiero matutino en el canal 2 de Televisa, abrió un espacio para la presentación de videos y fotografías enviados por los televidentes [9].

   3. En Internet se desarrollan o amplían formas de expresión e intercambio de productos culturales que aprovechan la versatilidad de formatos, así como la intemporalidad y la ausencia de barreras geográficas que tiene la Red. El talante colaborativo que suele haber en Internet permite que sus usuarios hagan consultas, pidan ayuda y se ofrezcan respaldo en asuntos de toda índole, entre ellos cuando requieren apoyo en tareas culturales. Un aficionado a la guitarra, por ejemplo, puede solicitar información acerca de una partitura y si lo hace en un espacio adecuado para ese tema es altamente posible que la obtenga en poco tiempo [10].

   4. Internet puede llegar a localidades remotas o a comunidades que experimentan alguna forma de marginación y en donde no se difunden otros medios. Aunque requiere de infraestructura que no todos tienen, la Red es una opción de comunicación e intercambio cultural en sitios lejanos de las zonas urbanas gracias a redes satelitales e inalámbricas que cada vez tienen mayor capacidad para conducir contenidos digitales. En septiembre de 2007, el Congreso Nacional de Comunicación Indígena que se reunió en la ciudad de México reconoció en una de sus resoluciones: “los comunicadores indígenas entendemos el proceso de comunicación en su sentido más amplio, con todas las formas posibles, desde las tradicionales de cada uno de nuestros pueblos, así como la prensa, la radio, la televisión, la Internet, cine y video” [11].

   5. Internet permite abrir espacios para la reflexión y la evaluación crítica de todas las formas de expresión cultural. Los aficionados y creadores en las más diversas manifestaciones culturales –cine, literatura y artes plásticas y desde luego televisión o radio– tienen numerosas opciones para discutir, contrastar y difundir opiniones. Los espacios para deliberar acerca de estos temas en los principales sitios de chats y/o de foros en línea son de los más frecuentados.

   6. Internet es el repositorio más amplio que existe para conservar, propagar, reproducir y compartir productos culturales. En el otoño de 2007 había aproximadamente 128 millones de sitios en la World Wide Web [12]. Cada sitio tiene una o muchas más páginas. Si indagamos en el buscador Google cuántas referencias tiene inventariadas con la palabra cultura, encontraremos que había, según ese recurso digital, 65 200 000 páginas en las que apareció ese término [13]. Cuando buscamos los términos “cultura” y “México”, los resultados se acotaron a 1 460 000. Eso no significa que haya tal número de páginas con contenidos de calidad. Pero esa cifra indica alusiones, conversaciones, construcciones, apropiaciones y circulación de contenidos relacionados con las más diversas concepciones del quehacer cultural.

   7. Internet propicia, imbricada con dispositivos de registro de contenidos digitales, nuevas formas de expresión multimedia. La versatilidad de los lenguajes digitales permite desarrollar formas de expresión creativas, en todos los campos del arte, que no serían posibles en los formatos convencionales. Hay tantos artistas mexicanos que han incursionado en el diseño, las artes gráficas y la fotografía digitales que resultaría muy extenso un inventario de su presencia en Internet. Valga señalar que la amplia diversidad de galerías digitales ya disponibles en línea y sobre todo el hecho de que cada creador puede montar sus propias exposiciones tan solo con armar un blog, permiten una difusión que nunca antes tuvieron las creaciones de carácter plástico. En otros terrenos, también ha sido posible desarrollar experiencias de literatura colectiva, entre ellas varias novelas.

   8. Internet facilita la apropiación de productos de carácter multimedia y nuevas formas de consumo. Los Ipods y otros artefactos para la reproducción portátil de archivos en formatos como el mp3 se han convertido en una de las más contemporáneas y versátiles formas de apropiación cultural. Esa utilización de productos culturales implica desafíos inéditos al concepto y las consecuencias del concepto de derecho de autor. Los dispositivos portátiles, además, se están convirtiendo en destinatarios de creaciones audiovisuales específicamente producidas para ser difundidas en ellos a través de archivos en formato podcast.

   9. Internet permite difundir, más allá de los cauces tradicionales, la actividad de artistas y creadores. El carácter abierto de la Red permite la propagación de contenidos de toda índole con la misma posibilidad de llegar a internautas en las más variadas latitudes. Por ejemplo el sitio MySpace, originalmente creado para colocar bitácoras personales de jóvenes estudiantes, ha sido aprovechado por músicos de todo el mundo con tanto éxito que su presencia allí ha sido motivo de interés periodístico: “El fenómeno de MySpace ha resultado benéfico para muchos músicos mexicanos, no sólo a los que viven en el país, sino a quienes han emigrado a distintas partes del mundo. Bandas como Bengala, Los Dinamyte y los tapatíos Porter han creado una fiel legión de seguidores en el ciberespacio. Son muy pocos los grupos que no utilizan esta herramienta, popularizada debido a la falta de espacios en compañías discográficas. MySpace ha servido no sólo para dar a conocer artistas, sino para mantener la carrera de algunos que por distintas razones se encuentran inactivos, como el caso de Sussie 4, que debido a un pleito legal con su primera disquera se mantuvo sin presencia discográfica más de dos años, pero en este sitio se colocó material para mantener el interés de todos sus fieles seguidores” [14].

 

83 millones sin blogs ni chat

   De los aproximadamente 23 millones de internautas mexicanos que de acuerdo con las estimaciones ya mencionadas habría en 2007, se calculaba que 15 millones han subido fotos o video a Internet. 6 millones de esos 23 millones han colocado o visto videos en YouTube. 13 millones dicen tener una página personal. 8 millones aseguran que el sitio de páginas personales que visitan con más frecuencia en MySpace. 18 millones han leído blogs [15]. No sabemos con certeza qué contenidos son los que consumen en esos videos, sitios y bitácoras. Pero podemos suponer que esos internautas son fundamentalmente espectadores de los audiovisuales y textos que otros han colocado, más que autores de sus propias opiniones, reflexiones y creaciones.

   Independientemente de lo que hagan o de lo que dejen de contribuir, consumir o crear en línea, esos hipotéticos 23 millones que incursionan en la Red constituyen una presencia importante pero insuficiente. Junto a ellos hay al menos 83 millones de mexicanos que no navegan, chatean, bloguean ni se asoman a YouTube porque no tienen facilidades técnicas ni materiales para ello. Los escritores, músicos, fotógrafos, videoastas y, en general los ciudadanos del mundo mexicano de la cultura que han quebrado inercias para aventurarse en los senderos del ciberespacio, se encuentran entre los pioneros que exploran y conquistan territorios en donde podría haber más y quizá mejores expresiones del quehacer artístico y el pensamiento en este país. Resulta imprescindible, para garantizar la creatividad que ahora despliegan y la que seguramente podrán extender y ejercer con más asiduidad, que se mantengan las libertades que han sido piedra de toque en el desarrollo inicial de Internet. También es necesario reconocer que, entendidos en su acepción más amplia, los derechos sociales de los ciudadanos –y, así, la construcción de una plena ciudadanía– requieren del cumplimiento del derecho a la comunicación del cual forma parte el acceso con calidad, libertad y seguridad a la Red de redes informáticas.

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[1] Primer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa. “Servicios de radiocomunicación y usuarios de Internet” en “Estadísticas nacionales”. Septiembre de 2007. Disponible en:

http://www.informe.gob.mx/ESTADISTICAS_NACIONALES/?contenido=288

La información de esta fuente estimaba que en 2007 habría 22 813 000 usuarios de Internet.

[2] México, líder mundial en centros comunitarios digitales: Del Villar”. Comunicado de prensa no. 122 de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, 21 de septiembre de 2007. Ese documento recoge declaraciones del subsecretario de Comunicaciones, Rafael del Villar Alrich.

[3] http://www.internetworldstats.com Consultas realizadas en septiembre de 2007.

[4] Datos recopilados por Daniel K. Correa “Assessing Broadband in America: OECD and ITIF Broadband Rankings”. The Information Technology and Innovation Foundation, April 2007. Disponible en:

http://www.itif.org/files/BroadbandRankings.pdf Estos datos incorporan la reducción de precios que Telmex, en México, estableció en su servicio de Internet durante el primer semestre de 2007. Antes de dicho ajuste la conexión de banda ancha que vende esa empresa costaba casi el doble.

 

[5] Raúl Trejo Delarbre , Viviendo en El Aleph. La sociedad de la información y sus laberintos. Gedisa, Barcelona, 2006.

[6] Scott S. Robinson, “Después de e-México: una propuesta”. En Scott Robinson, Héctor Tejera y Laura Valladares, coordinadores, Política, etnicidad e inclusión digital en los albores del milenio. Miguel Ángel Porrúa y UAM Iztapalapa, México, 2007, p. 367.

[7] En este inventario seguimos, adaptándola para la circunstancia mexicana, la descripción de rasgos culturales de Internet que hicimos en el ensayo “Internet en el espacio público Iberoamericano. Redes digitales en la cultura y la comunicación iberoamericanas. Apuntes para una agenda de cooperación” que forma parte del libro, coordinado por Enrique Bustamante,  La cooperación cultura – comunicación en Iberoamérica (título provisional) que será editado por Gedisa.

 

 

[8] Lizy Navarro Zamora, Comunicación mexicana en Internet. Guía de medios en línea. Fundación Manuel Buendía y Universidad Autónoma de San Luis Potosí. México, 2005, p. 52.

[10] El sitio artelinkado.com, creado por guitarristas de España y México, ofrece espacios para discutir temas relacionados con ese instrumento y su música y permite intercambiar partituras y recomendaciones entre sus aficionados: http://www.guitarra.artelinkado.com

 

[11] Declaración del Congreso Nacional de Comunicación Indígena. Reproducida en el sitio web de Radio Jenpoj, radio comunitaria mixe, cuyas transmisiones en Tlahuitoltepec, Oaxaca, son amplificadas a través de Internet: http://www.radiojenpoj.org/

[12] Netcraft, “August 2007 Web Server Survey”. http://news.netcraft.com

[13] Búsquedas en Google.com realizadas en septiembre de 2007.

[14] Franco Daniel Gómez. “Myspace oportunidad en internet”. El Universal, México, 27 de noviembre de 2006

[15] Asociación Mexicana de Internet, AMIPCI, cit.

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¿Cuál gobierno?

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Diciembre 15, 2005

Publicado en Política digital, diciembre de 2005

A estas alturas del sexenio he perdido cualquier confianza, si es que alguna vez la tuve, en los propósitos y las capacidades del gobierno del presidente Vicente Fox. Nunca creí en las aptitudes del presidente y su equipo pero merecían el beneficio de la duda. Hoy la única certeza que tenemos es que falta un año para que termine esa administración.

   En el terreno de la política digital siempre reconocí que la de Fox era la única propuesta que, en 2000, hacía énfasis en las ventajas de la informática. Pero en ese, como en tantos temas, el gobierno ha sido un fiasco. e-México y e-gobierno fueron proyectos fundamentalmente huecos. A las computadoras y a la Red se les idealizó como si no fuesen instrumentos que sólo funcionan cuando están al servicio de políticas específicas.

   La única política informática en México es la que mantienen las empresas de ese ramo. En los municipios hay computadoras pero sin que en todos los casos se sepa, bien a bien, qué uso se les puede dar. Se han tendido redes hasta algunas escuelas pero no se ha puesto el énfasis en la capacitación de los profesores hipotéticamente destinados a utilizarlas. Y no hay proyectos para diseñar contenidos auténticamente originales.

   Antes de cumplir este encargo de Política Digital me di una vuelta por el portal electrónico del gobierno mexicano, http://www.gob.mx,  en un afán para identificar novedades y, si fuera posible, avances. Lamentablemente confirmé la pobreza de contenidos, los defectos técnicos y la ausencia de una idea integral de relaciones con la sociedad que han definido al llamado gobierno electrónico durante estos años.

   Allí, abrí el sitio del “Observatorio laboral” que pretendidamente contiene “información en línea” sobre el mercado de trabajo. Pero lo que ofrece es una compleja clasificación de variadas actividades. De allí no se puede transitar a los sitios en donde hay ofertas de trabajo. Para eso hay que regresar al portal y dirigirse a www.chambatel.gob.mx A los diseñadores de estos sitios nadie les ha platicado que existen ligas para brincar de un domicilio a otro en la Internet.

   En el portal del gobierno la sección “Democracia” conduce a una docena de temas. El rubro “Partidos políticos y elecciones” contiene, a su vez, tres apartados. Hay un calendario electoral que no fue elaborado por el gobierno sino por un centro de estudios privado, el CIDAC. Un directorio de partidos políticos incluye al Partido México Posible que, para desdicha de sus seguidores, desapareció hace varios años. También hay una liga al sitio del IFE con indicaciones para tramitar la credencial de elector.

   El rubro “Cultura política” ofrece un Calendario político de México 2004. Pero se trata de una compilación de fechas cívicas. Así me entero de que hoy, viernes 21 de octubre, es aniversario de la promulgación de la Constitución de Apatzingán. No hay una sola liga que pueda conducir a más información sobre esa efeméride. Para mi sorpresa ese calendario no ha sido elaborado por el gobierno federal sino por el gobierno del Estado de México.

   Descuidada, descontextualizada, improvisada, vieja y sobre todo ajena, la información a la que conduce www.gob.mx carece de utilidad sustantiva. Tampoco ha tenido éxito para alentar la participación de sus usuarios. El Foro de la Democracia, que forma parte del portal, muestra en su primera página 30 mensajes, registrados del 14 de enero de 2004 al 19 de septiembre de 2005. Sorprende que sean tan pocos, en un lapso tan amplio. Pero asombra más la escasez de sus participantes. 14 de esas contribuciones se deben a un señor llamado Rodolfo Rosas Escobar; otras 10 las escribió el ciudadano Dagoberto Gmo. Flores Lozano. Dos ciudadanos acapararon, durante 20 meses, la discusión del Foro electrónico sobre democracia del gobierno mexicano.

   El portal tiene 16 foros. El otro más concurrido está destinado a la Educación. Los 30 mensajes más recientes, el día que hago esta visita, van del 12 de abril de 2004 al 21 de octubre de 2005. De ellos, 24 fueron colocados por el señor Rodolfo Rosas Escobar. Otros 4 los escribió don Dagoberto Gmo. Flores. ¿Qué haría el e-gobierno sin esos dos abnegados ciudadanos?

   En México no tenemos auténtico gobierno electrónico, al menos en el plano federal. Para el gobierno la informática no ha sido un instrumento de relación con los ciudadanos sino de simulación.

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Información: diagnósticos, discrepancias, deliberaciones

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Diciembre 13, 2005

Publicado el 1 de junio de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Apenas a tiempo para ser consideradas en las propuestas que México llevará a las reuniones preparatorias de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información a fines de este año en Ginebra, la Conferencia Internacional que organizó el Senado de la República recogió numerosas, sugerentes y variadas propuestas. Con presencia de varios centenares de participantes y difundida en vivo por el Canal del Congreso –a cuyos números telefónicos los televidentes de los estados podían enviar comentarios y preguntas– la Conferencia realizada entre el miércoles y el viernes de esta semana buscó contribuir a ubicar el tema de las nuevas tecnologías de la información en la agenda de los asuntos nacionales.

   La importancia que ya se le reconoce al desarrollo de la Internet y los nuevos medios se advierte en el interés que suscitó entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Los senadores Dulce María Sauri del PRI, Demetrio Sodi del PRD y Javier Corral del PAN –este último titular de la Comisión de Comunicaciones y Transportes que organizó la Conferencia– presentaron sendas ponencias que coincidieron en la preocupación por la insuficiente relevancia que hasta ahora había tenido, en el mundo político mexicano, el debate sobre la sociedad de la información.

   El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Diego Fernández de Cevallos, acudió a la Conferencia para comprometerse a que sus conclusiones sean atendidas por el presidente de la República cuando se defina la posición del Estado mexicano ante la Cumbre de Ginebra. El día de la inauguración el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, había considerado que las políticas públicas sobre asuntos como el que se discutió en el patio central del Senado tienen que reconocer la participación de la sociedad. 

 

Conferencia internacional

   El contexto para deliberar la posición de México en la Cumbre Mundial pero sobre todo para definir qué es preciso hacer en nuestro país en la ruta de un desarrollo nacional de la informática y la comunicación, lo establecieron los conferencistas internacionales.

   El prestigiado profesor Armand Mattelart de la Universidad de París, cuya experiencia e influencia en la comunicación latinoamericana es ampliamente conocida, no solo ofreció una espléndida conferencia sobre la pertinencia de entender a la sociedad de la información como una sociedad de los saberes para todos y por todos. Además, con disciplina y generosidad, estuvo presente los tres días de sesiones acompañado de su esposa Michelle, también investigadora de los medios y la cultura en las sociedades contemporáneas.

   El doctor Alejandro Piscitelli de la Universidad de Buenos Aires, autor de libros fundamentales para entender el desarrollo de las ciberculturas y fenómenos recientísimos como las llamadas empresas “punto-com” que surgieron y fracasaron debido a una apreciación demasiado voluntarista del auge de la Internet, ofreció una conferencia sobre la nueva economía.

   La periodista británica Sally Burch, directora de la Agencia Latinoamericana de Información, presentó un enterado inventario de las medidas que se pueden tomar para defender la libertad de expresión y auspiciar la participación de la sociedad en las nuevas redes de información.

   El doctor Bert Hoffmann del Instituto Iberoamericano de Hamburgo, autor de una cuidadosa investigación sobre la Internet en varios países latinoamericanos, describió las posibilidades (pero también los riesgos) de las nuevas tecnologías respecto de las economías de naciones como la nuestra.

   El consejero regional de la Unesco, Alejandro Alfonzo, describió las líneas principales de la Cumbre Mundial cuya primera fase tendrá lugar en diciembre próximo en Ginebra. Una segunda reunión se realizará en noviembre de 2005 en Túnez. Por su parte el colombiano Santiago Reyes Borda, actualmente asesor del Ministerio de Industria de Canadá, explicó el desarrollo de la Internet en ese país norteamericano.

 

Variadas voces nacionales

   Esas conferencias a cargo de invitados extranjeros, fueron complementadas con intervenciones de especialistas mexicanos en seis paneles. Jaime Chico Pardo, director general de Teléfonos de México; los consultores en asuntos informáticos Ricardo Zermeño y Enzo Molino y senadores de los tres partidos nacionales, estuvieron entre los panelistas.

   Del campo académico hubo profesores de la UAM como Scott Robinson y Antulio Sánchez; Kiyoshi Tsuru y Jorge Navarro del ITAM y Ernesto Piedras, del CIDE. De la UNAM participaron, entre otros, el profesor Víctor Flores Olea, el maestro Jorge Alberto Lizama y el director de Cómputo Académico Alejandro Pisanty. También estuvo Adolfo Dunayewish, de la organización civil La neta que se ha interesado en el uso ciudadano de la red de redes.

 

Ausencias y relevos

   Se habían comprometido a participar el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Jorge Arredondo, y el director del programa e-México, Julio César Margáin. Unas horas antes de la Conferencia los dos avisaron que no acudirían. Es deplorable que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, de la cual dependen esos dos funcionarios, haya querido ignorar a la Conferencia.

   A ese desdén, los organizadores respondieron con astucia política. Los sitios que dejaron libres Margáin y Arredondo fueron ocupados por dos especialistas con un intenso y directo conocimiento de las nuevas tecnologías de la información.

   Uno de ellos es Javier Lozano Alarcón, que en el gobierno anterior fue presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y subsecretario de Comunicaciones y Transportes y que, dedicado hace algunos años a la consultoría privada, recientemente fundó el Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones.

   El otro invitado que a pesar de haber sido convocado a última hora llegó con una presentación repleta de experiencia y sugerencias fue don Carlos Casasús, que en años pasado también fue subsecretario de Comunicaciones y presidente de la Cofetel y que actualmente dirige la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet.

   Hubiera sido muy útil que los actuales responsables del desarrollo informático del país explicaran, ante un auditorio enterado e interesado, las características de los proyectos que tienen para incorporar a México a la sociedad de la información. Sin embargo, en el plano de las propuestas y el debate, la participación de Casasús y Lozano fue muy gratificante.

   A diferencia de la postura de la SCT la Secretaría de Relaciones Exteriores, que representa a nuestro país en los preparativos de la Cumbre de Ginebra y Túnez, manifestó una reconocible actitud de apertura. Además del titular de la SRE que estuvo en la ceremonia inaugural, en la última sesión participó con una ponencia el doctor Salvador de Lara Rangel, Director General de Negociaciones Económicas Internacionales de esa Secretaría.

  

Encandilamiento tecnológico

   En la relatoría de la Conferencia Internacional se reconoce que, en las sociedades contemporáneas, la información no basta. De hecho, su exuberancia llega a ser un problema adicional a los que significa el marginamiento respecto de los cauces de difusión más abundantes en datos y opciones. Darle respuesta y contenido a esa preocupación es tarea de las sociedades y los Estados.

   Al explicar a la Sociedad de la Información se entremezclan el diagnóstico y el pronóstico. En las sesiones de la Conferencia se recordó la definición de los documentos preparatorios para la Cumbre de Ginebra: “Es una nueva forma de organización social, más compleja, en la cual las redes TIC más modernas, el acceso equitativo y ubicuo a la información, el contenido adecuado en formatos accesibles y la comunicación eficaz deben permitir a todas las personas realizarse plenamente, promover un desarrollo económico y social sostenible, mejorar la calidad de vida y aliviar la pobreza y el hambre”.

   Como delante de otros recursos de información, con estos que ofrecen las nuevas tecnologías corremos el riesgo de quedar atrapados por el encandilamiento y el sobredimensionamiento que produce su influencia. El doctor Mattelart señaló en su disertación que “el enfrentamiento no es entre tecnófilos y tecnófobos sino entre mesianismo tecnoglobal y apropiación de las técnicas en cada sociedad”.

 

Defensa del espacio público

   Mattelart mismo se había referido a las connotaciones geopolíticas de la Sociedad de la Información. Antes, en la inauguración de la Conferencia el Rector General de la UAM, Luis Mier y Terán, deseó: “Todos los países debemos tener garantizado el acceso a la información pero, además y sobre todo, tendremos que tener garantizado el acceso a la palabra”. Con afán similar Sally Burch, de la Agencia Latinoamericana de Información, propuso “rescatar el sentido de lo ‘público’: lo que no es ni del Estado ni de lo privado… (la) esfera o espacio donde la ciudadanía en sus diversas expresiones pueda intercambiar ideas, debatir sobre modelos de sociedad, fiscalizar el manejo de poderes y tener un acceso transparente a la información que concierne a la comunidad”. Ese ámbito plural de la comunicación, dijo Burch, ha de ser garantizado por políticas públicas.

   Anhelos y políticas entremezclados, a la Sociedad de la Información se le reconoció como espacio de bienaventuranza pero también territorio de riesgos tan grandes como las oportunidades que ofrece. En el inicio de las sesiones el legislador Javier Corral Jurado indicó que “el Senado de la República tiene interés en que haya un rostro humano de las tecnologías de la información y de la comunicación”.

   De la manera como se le moldee, con políticas públicas, acciones legislativas y según la concertación social que se logre, dependerá la humanidad o brutalidad que tengan los rostros de esta Sociedad de la Información. Alfonzo, de la Unesco, se apoyó en la Declaración de Bávaro, que forma parte de los materiales que alimentan la discusión rumbo a Ginebra, para decir: “La sociedad de la información es un sistema económico y social donde el conocimiento y la información constituyen fuentes fundamentales de bienestar y progreso”.

   Otras voces en la Conferencia amalgamaron reivindicaciones sociales y subrayaron diferencias políticas con las concepciones imperantes en la discusión y, en vez de Sociedad de la Información, prefirieron hablar de “Derecho humano a la comunicación”. En un comunicado dirigido a la reunión por 14 organizaciones sociales y 9 ciudadanos interesados en el tema, se plantea que ese derecho sea “garantizado a todos los miembros de la población, incluyendo en esto su participación activa, incluso en la producción de contenido, y el derecho a la propiedad de los medios para transmitir tales contenidos”.

 

Brecha, software y futuro

   En la Conferencia se habló, y surgieron numerosas propuestas, acerca de las medidas pertinentes para abatir la brecha entre quienes tienen acceso y aquellos que siguen apartados de las nuevas tecnologías de la información, se discutieron medidas para utilizar esos recursos en la educación, se dedicaron varias horas a evaluar los riesgos a las libertades y la posibilidad de emprender acciones técnicas y jurídicas para preservar el derecho a la expresión en las redes informáticas. En su relación con la economía se hicieron recomendaciones para impulsar la industria informática y especialmente la producción de contenidos y software nacional.

   El método para procesar esas sugerencias y la participación de sectores muy variados en la Conferencia que organizó el Senado podrían ser emblemáticos de la Sociedad de la Información que es posible construir: con una deliberación enterada y abierta, logrando que la posición mexicana en Ginebra represente el interés de la sociedad y no únicamente las apreciaciones gubernamentales y propiciando que a estos temas se les confiera la importancia que tienen en el diseño de la sociedad, la economía y la cultura del país.

  

ALACENA: Luis Suárez

Cronista del cambio político en México, fundador de organizaciones de periodistas, hombre de convicciones antimperialistas y colaborador de numerosos medios, Luis Suárez murió ayer a los 85 años.

   Nació en España donde fue capitán de milicias en la guerra civil. De su llegada a nuestro país y de las simpatías que conservaría toda la vida escribió en su libro más reciente: “Por obvias razones de gratitud y afinidad política –arribé a puerto mexicano el 13 de junio de 1939, en el oleaje de refugiados españoles derrotado en la prebatalla antifascista de la Segunda Guerra Mundial– me siento identificado, como nuevo mexicano, con la obra y la política de Lázaro Cárdenas. En General, que escrito con mayúsculas ya no requiere nombre ni apellido, no sólo me abrió, como a miles, las puertas de México; también, y como a muchos, las de su familia”.

   Eso escribió Suárez en la presentación de su libro Cuauhtémoc Cárdenas. Política, familia, proyecto y compromiso que apareció hace tres meses. En otras obras dejó testimonio de sus convicciones y afinidades: Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanzas (1976); Echeverría rompe el silencio (1979); Petróleo: ¿México invadido? (1981), entre otros.

   Colaborador de docenas de publicaciones -entre ellas, durante largo tiempo Siempre! y Excélsior–, hizo durante 17 años el programa de televisión Luis Suárez en el Once. Hace casi tres décadas participó en la fundación de la Unión de Periodistas Democráticos, fue directivo en la Organización Internacional de Periodistas y desde hace varios años presidía la Federación Latinoamericana de Periodistas.

   En numerosos foros Luis Suárez pugnó por la apertura de los medios de comunicación. En su libro más reciente apuntó: “La información es un instrumento de y para la gobernabilidad, pero no sustituye las diferencias, y menos elimina las desigualdades sociales. Ha de servir para la más consciente participación ciudadana. Pero se ha convertido en un elemento del poder que los verdaderos poderes apetecen para consolidarse sobre las diferencias de clase”.

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Más allá del inglés y las computadoras

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Diciembre 10, 2005

Publicado en La Crónica de Hoy el 9 de octubre de 2000

En algo tenía razón Francisco Labastida. Necesitamos inglés y computadoras. Aquella propuesta fue presentada de manera pobre y fuera de contexto, pero la embestida fundamentalista e ignorante que se desató en su contra es evidencia de lo mucho que nos falta para que en México asignemos a las nuevas tecnologías el carácter prioritario que debieran tener.

   El aprendizaje del inglés de ninguna manera se contradice con la cultura nacional –al contrario, ofrece una herramienta más para difundirla fuera del país–. Las computadoras no tendrían que contraponerse con la satisfacción de requerimientos más urgentes.

   Necesitamos computadoras y mexicanos capaces de aprovecharlas para aprender y trabajar en ellas. La Internet, que está modificando las fronteras universales, se extiende en México pero a pasos más lentos en comparación con lo que podríamos lograr si tuviésemos una política nacional expresa, intencionada y sólida para impulsar el empleo de ese recurso.

   México no cuenta con una política informática de carácter nacional. El presidente electo ha manifestado cierta pero aún difusa simpatía por atender ese tema. La semana pasada uno de los especialistas de mayor reconocimiento internacional en la promoción de usos sociales de las nuevas tecnologías de información se refirió a la situación mexicana en ese terreno, en una carta abierta a Vicente Fox.

   Gary Chapman, director del Proyecto Siglo 21 en la Universidad de Texas en Austin, escribe cada dos semanas la columna Nación Digital que se publica en Los Angeles Times. Su columna más reciente fue una misiva a Fox que comienza en estos términos:

    “Felicitaciones por su victoria histórica en la elección presidencial. Cerca de 100 millones de mexicanos y otros que quieren a México desean el cambio en su país y tienen grandes esperanzas para cuando comience su nueva administración en diciembre. Pero claramente, un asunto de gran importancia es cómo traer a México a la ‘nueva economía’ de la Internet, la alta tecnología y el comercio global. México tiene muchos recursos por explotar en tecnología, pero han sido obstaculizados por políticas gubernamentales débiles o malas. Usted puede cambiar esto. Déjeme ofrecerle algunas sugerencias de cómo puede empezar”.

   Chapman considera que el futuro mexicano en el campo de la informática debiera apoyarse en la utilización masiva de programas de software gratuitos, conocidos como de “código abierto”. Ejemplos de esos programas son los sistemas operativos Linux y Gnome, que cumplen con funciones parecidas al conocido sistema Windows pero por los cuales no es preciso pagar licencias de alto costo.

   La sugerencia de Chapman al Presidente Electo mexicano implica que la política informática de nuestro país ahorre el gasto en licencias para empresas como Microsoft. Parece audaz, pero el también director asociado del Instituto de Política en Telecomunicaciones a Información de la Universidad de Texas tiene buenas razones.

   El sistema Gnome, que crea una pantalla similar a la de Windows, fue desarrollado por Miguel de Icaza, un programador mexicano de 27 años. “Este verano –relata Chapman– De Icaza comenzó en la Fundación Gnome a unificar y estabilizar el software para la pantalla de Linux y obtuvo el apoyo de IBM, Sun Microsystems, Hewlett-Packard y Compaq, entre otras grandes empresas estadounidenses. El es un héroe para los programadores jóvenes en todo el mundo y también debería ser un héroe para todos los mexicanos. Usted debería reunirse con Miguel de Icaza y conocerlo a él y a otros jóvenes como él. Son la mejor esperanza para México”.

   Chapman considera que si adoptara el software gratuito, México ahorraría muchos dólares. El mismo gobierno de nuestro país, tendría menos presión para emprender acciones judiciales contra la piratería de programas de cómputo porque, al generalizarse el empleo de software gratuito, la venta ilegal de los programas comerciales disminuiría.

   El especialista, que estuvo en nuestro país en 1996 invitado por el capítulo mexicano de la Internet Society, también le sugiere al presidente electo la creación de grupos de “jóvenes evangelistas del software gratuito, hackers y creadores de sistemas que podrían crear la cultura y el espíritu de un embrionario movimiento por el software libre”.

   Chapman, que forma parte de la Campaña para una Tecnología Responsable, también recomienda mejorar la infraestructura en telecomunicaciones. Considera que ni Telmex ni competidores de esa empresa como Avantel, tendrán capacidad para cubrir las necesidades de comunicación de los mexicanos en las zonas más pobres y le recomienda a Fox que conozca la experiencia de una empresa de San Diego llamada Tachyon Inc., cuyo vicepresidente, el mexicano Santiago Ontañón, está ofreciendo conexiones baratas y rápidas a la Internet a través de enlaces al satélite Satmex 5 que cubre todo nuestro país.

   Concluye Chapman su carta abierta a Vicente Fox: “Habrá presiones fuertes, tanto internas como externas, para que México adopte un modelo convencional de desarrollo, dependiente de los grandes actores corporativos y los mega negocios. Pero usted tiene la oportunidad de fomentar algo diferente y mucho más interesante. Deles su poder, prestigio y visión a la gente joven, a sus empresarios e innovadores y a los idealistas prácticos del movimiento por el software gratuito. Eso compensará en el largo plazo y podría transformar drásticamente a México”.

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El método es la clave

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Diciembre 3, 2005

Publicado el 11 de diciembre de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Ginebra. Al cabo de un extenso y peculiar proceso deliberativo este miércoles comenzó la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. El bajo perfil que el gobierno mexicano decidió conferir a su delegación –encabezada por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola— ha sido parte del escaso interés que este evento suscitó en nuestro país.

   A diferencia de la nuestra en muchas otras naciones hubo reconocible atención, e incluso expectación, ante la convocatoria hacia Ginebra. La discusión del rumbo que el mundo quiere dar al uso de las nuevas tecnologías de la información y el debate sobre los medios de comunicación convencionales es de primera importancia. Pero en México, más allá del foro que organizó en mayo el Senado de la República y una consulta privada a la que convocó la semana pasada la Secretaría de Relaciones Exteriores, los preparativos de esta Cumbre pasaron desapercibidos.

   Por eso no ha sido extraño que a diferencia de las docenas de cubanos, chilenos o peruanos –para solo mencionar tres grupos de América Latina— que discuten y promueven sus respectivas visiones de la sociedad de la información en los bulliciosos pasillos del Palacio de Exposiciones en Ginebra, los mexicanos sean unos cuantos.

   Habrá mucho por decir acerca de las deliberaciones y decisiones de esta Cumbre. Los lineamientos que aquí se establezcan acotarán y orientarán el desarrollo de la Internet y los compromisos de los medios de comunicación convencionales. Más allá de esos acuerdos, México y especialmente nuestra desastrada clase política podrían aprender del proceso que antecedió a la Cumbre.

   Desde hace más de un año los gobiernos y organismos internacionales que promueven este evento pusieron a discusión de todos los interesados los borradores de Plan de Acción y Declaración  de Principios que serán aprobados el viernes próximo en la sesión plenaria de la Cumbre. Una intensa evaluación en espacios abiertos en la Internet permitió que todo aquel que quisiera, en cualquier parte del mundo, opinara acerca de esos textos.

   Los borradores fueron examinados, en tres sesiones preparatorias aquí mismo en Ginebra, por los delegados de los gobiernos y además por representantes de organismos no gubernamentales y de empresas relacionadas con las industrias de la comunicación y la información. Conforme se acercaba la fecha de la Cumbre las diferencias se decantaban más pero también se construía un contexto de coincidencias.

   Las tres reuniones previas no fueron suficientes y tuvieron que organizarse otras dos. Todavía la noche del martes pasado estaban siendo elaboradas las versiones finales. No comentamos aquí sus contenidos sino el método. Primero se definieron las ideas y las propuestas. Solo cuando hubieron sido delimitadas, los interesados apuntaron sus diferencias.

   Ahora que ya se conocen acuerdos y discrepancias los sectores que durante todos esos meses concurrieron en su examen han establecido posturas delante de tales documentos. La aprobación estará a cargo de los gobiernos. Los representantes de las empresas han señalado que no están de acuerdo con todos sus contenidos. Las ONG’s redactarán sus propias conclusiones y la tarde de este miércoles cabildeaban para que formen parte de los documentos oficiales de la Cumbre.

   Aunque los desacuerdos no son menores, están ceñidos por los acuerdos básicos. Uno de ellos es la voluntad para venir a discutir y expresar aquí las posiciones de cada quien. Este miércoles en la inauguración de la Cumbre el presidente del Comité Preparatorio, Adama Semassekou, ex ministro de Educación de Mali, consideró que ese procedimiento “puede ser el preludio de una nueva generación de cumbres internacionales…. en donde todos los que tienen decisiones en cada tema puedan participar de forma equitativa, sobre la base de propuestas formuladas por todos los protagonistas”.

   Ese es el método: primero las propuestas y luego las posturas en torno a ellas. En México, en cambio, en los días recientes hemos visto cómo primero se definen alineamientos y después se articulan iniciativas de cada uno de ellos.

   Las propuestas de reforma fiscal que están en juego no han sido discutidas con la amplitud que ese tema merece. Hay demasiada prisa –como si los legisladores no pudieran reunirse una quincena más, en periodo extraordinario— y demasiado nerviosismo.

   Por lo menos ya platican entre ellos. Hablando se entenderán, incluso en esa arena de intereses sin posiciones en que se ha convertido el PRI. Si de estos días pantanosos y grises nuestros dirigentes políticos entienden que hasta para reñir se necesita un método, quizá esta temporada de bulla hueca y desencuentros yermos no hayan pasado tan en vano.

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Maestros para la Enciclomedia

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Noviembre 15, 2005

Publicado el lunes 28 de marzo de 2005 en La Crónica de Hoy y otros diarios

El presidente Fox se empeña en imponer la Enciclomedia. A pesar del recorte presupuestario que dispusieron los diputados para limitar ese capricho del jefe del Ejecutivo y no obstante las dudas sobre su pertinencia pedagógica, la Enciclomedia está siendo instalada en salones de quinto y sexto años en primarias de todo el país.

El esfuerzo para generalizar esa computadora, con pantalla que al menos hipotéticamente permite que sea vista en todo el salón de clases y que está cargada con programas de enseñanza, resulta en principio plausible. Pero cuando se conocen las limitaciones de sus contenidos y sobre todo el hecho de que la Enciclomedia se sustenta en la Enciclopedia Encarta que hace varios años difundió la empresa Microsoft, comienzan las dudas acerca de ese dispositivo.

La supeditación que el país y sus escuelas tendrán respecto de esa firma de programas para computación es el primer motivo para recelar de la Enciclomedia. El apresuramiento y la ausencia de apreciaciones serias sobre sus contenidos constituye otra fuente de prevenciones. Y la falta de capacitación de los profesores para utilizarla puede convertirse en la principal causa para que los 2 mil millones de pesos que el presidente Vicente Fox se ha obstinado en invertir corran el riesgo de dilapidarse.

Desde luego, siempre es pertinente que en las escuelas haya computadoras. Quienes se oponen a ellas sosteniendo que las aulas necesitan antes de otras mejoras no hacen mas que imponer un prejuicio primitivo al desarrollo de la educación.

Pero las computadoras son instrumentos que funcionarán mejor o peor de acuerdo con la idoneidad de los programas que se les instalen y, sobre todo, según la capacitación que alcancen quienes estén a cargo de utilizarlas.

Recientemente en el diario Clarín, de Buenos Aires, la destacada escritora argentina Beatriz Sarlo publicó un ameno texto que recuerda las prisas mexicanas para instalar la Enciclomedia. Autora de libros fundamentales como el reciente La pasión y la excepción (que compara con gran inteligencia las personalidades de Jorge Luis Borges y de Eva Perón) Sarlo recuerda que hoy, en Argentina, se puede distinguir entre las escuelas para ricos y para pobres que no son necesariamente las escuelas privadas y públicas.

Se trata, más bien, de “escuelas para familias que poseen medios culturales, y escuelas para familias que no los tienen. Estas segundas pueden incluso ser familias ricas desde el punto de vista económico, porque la incultura de muchos privilegiados no es una novedad. Ir a una escuela para pobres marca como una condena temprana. Los chicos de la burguesía que van a malas escuelas, dispondrán de tiempo, dinero para nuevas experiencias educativas y conexiones familiares para ubicarse. Los pobres, por supuesto, no tienen instrumentos de compensación. Para los pobres, la escuela decide la vida”.

Una escuela para pobres, dice Sarlo, no es necesariamente aquella que no tiene computadoras: “En las escuelas para ricos es más habitual que haya computadoras, pero la diferencia no está allí, o no está solamente allí”.

“Podría existir –explica– una escuela donde se enseñaran los más sofisticados problemas matemáticos o de lengua sin una computadora, y donde se entrenara a los chicos en la búsqueda de información en dos enciclopedias que son tan difíciles o tan fáciles de manejar como Internet. Podría existir una escuela donde los chicos leyeran cinco libros por año, actividad que los prepararía mucho mejor para navegar en cualquier dimensión del mundo de la información virtual, las de hoy y las del futuro”.

“Los chicos leen fotocopias en las escuelas para pobres –recuerda Sarlo– porque no pueden comprar libros, los maestros no siempre saben dónde ir a buscarlos, ni el Estado los proporciona en cantidad suficiente, y también leen fotocopias en las escuelas privadas mediocres, porque los padres no corren a comprarlos, los chicos prefieren gastar en otra cosa y los docentes se adaptan a la desidia de la familia y la institución”.

“Cuando se leen libros, no hay problemas en leer también fotocopias. Pero algo misterioso sucede cuando sólo se leen fotocopias: de ellas no se pasa fácilmente a los libros”.

“En estas hipotéticas escuelas con libros verdaderos y sin computadora, lo que habría seguramente es maestros con un entrenamiento de primera –concluye esa pensadora argentina–. Y aquí está uno de los nudos de la cuestión: es más difícil entrenar maestros que comprar computadoras. Incluso puede ser más caro y necesariamente ocupa más tiempo y exige más constancia. De todos modos, no parece necesario optar entre buenos docentes y computadoras. Simplemente señalo el punto porque las computadoras, sin buenos docentes, se pueden convertir en un cyber [un cibercafé] pagado por el presupuesto educativo”.

Allí se encuentra uno de los grandes temas nacionales que no discutimos, ni advertimos, obnubilados como estamos por el desafuero.

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Sociedad de la información

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Noviembre 13, 2005

Publicado el 28 de mayo de 2003 en La Crónica y otros diarios

En todo el mundo desde hace al menos un año se organizan encuentros, consultas, seminarios y se toman decisiones que transitan por todos los ámbitos de la ciudadanía y el Estado para definir posiciones frente a la próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. En México ese evento y los temas involucrados en él nos estaban pasando desapercibidos. Aunque el gobierno mexicano ha participado en las reuniones preparatorias hacia la Cumbre, ese asunto no ha tenido la relevancia pública que se le reconoce en muchas otras naciones.

   La “Conferencia Internacional El reto de México ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información” que se realiza desde hoy y hasta el viernes en el Senado de la República subsanará, aunque sea en parte, esa omisión. Apenas a tiempo para que sus propuestas sean consideradas en los documentos de la Cumbre Mundial, esta reunión congrega a funcionarios, especialistas, legisladores y empresarios de distintos sitios que discutirán cómo involucrar a países como  nuestro en la construcción de ese ámbito sin fronteras, repleto de oportunidades pero también singularizado por enormes desigualdades, constituido por las nuevas redes mundiales de comunicación.

   La Sociedad de la Información es ese nuevo entorno definido entre otros rasgos por la abundancia de datos, la instantaneidad con que se transmiten, la capacidad para aprehenderlos casi desde cualquier sitio y la posibilidad para que cada quien coloque allí sus propios contenidos. Su columna vertebral es la Internet aunque en ella convergen los medios de comunicación convencionales y, en el futuro, habrá otros espacios y mecanismos imbricados con la red de redes.

   Esas nuevas condiciones han contribuido a cambiar cultura, educación, negocios y entretenimiento en nuestros días y apenas están por desarrollarse sus mayores posibilidades. A menudo a esos recursos de información se les idealiza con tanto frenesí que se olvida que una enorme parte de la humanidad continua marginada de ellos igual que de otros bienes culturales y materiales. A veces también se les demoniza como si el empleo de las redes con propósitos delictivos fuese culpa de ellas y no de quienes las utilizan de manera ilegal.

   Como quiera que sea las redes de información, cuya capacidad y velocidad han crecido sobremanera en los años recientes, forman parte insustituible del mundo contemporáneo, son el principal vehículo de la globalización, constituyen un segmento cada vez más lucrativo de la economía contemporánea y comienzan a ser el espacio de nuevas formas de relación tanto entre los individuos como entre núcleos sociales específicos.

   En México nos ha costado trabajo advertir esa importancia. A pesar de que el nuestro fue uno de los primeros países a donde llegó la Internet, su expansión ha sido lenta.

   México ha carecido de un auténtico programa de desarrollo informático. A veces el gobierno ha considerado que su único papel en ese terreno radica en promover el uso de computadoras en la administración pública. En otras ocasiones ha existido la explícita decisión de dejar el impulso a la Internet en manos de corporaciones privadas relacionadas con la informática. En cambio Estados Unidos y Canadá, naciones latinoamericanas como Argentina, Brasil y Costa Rica y toda la Unión Europea, cuentan con programas que promueven el uso de la Internet entre sus ciudadanos. Aquí, el proyecto e-México carece de definiciones precisas y sobre todo, de recursos suficientes.

   La Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información se desarrollará en dos fases. La primera será en Ginebra, del 10 al 12 de diciembre próximo. La segunda en Túnez, del 16 al 18 de noviembre de 2005. Será una ocasión excepcional para que los gobiernos, y a través de ello sus sociedades, se pongan de acuerdo acerca de los alcances, las reglas y los compromisos explícitos (traducibles en metas, dinero y plazos) que puedan asumir para impulsar la cobertura y el aprovechamiento de las redes informáticas y otros medios de comunicación.

   La Cumbre se propone definir metas precisas: que en el 2010 todos los poblados del mundo estén conectados a la Red; que en 2005 todas las universidades, en 2010 todas las escuelas secundarias y en 2015 todas las primarias tengan acceso a esos recursos; que en 2010, nueve de cada 10 seres humanos tengan acceso inalámbrico a la red de redes y cinco años después el 100 por ciento.

   Objetivos como esos, ciertamente ambiciosos, permitirán establecer un horizonte para que la sociedad de la información sea una colección de recursos abiertos a todos y no solamente un círculo elitista y discriminatorio. El asunto es de primerísima importancia y requiere compromisos y decisiones de todos los poderes estatales y desde luego, de la sociedad.

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