Viviendo en El Aleph

Internet, cibercultura, sociedad de la información

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Los mexicanos y la cultura en línea

Publicado por rtrejo on Marzo 20, 2008

Resumen del texto entregado al Segundo Coloquio Oaxaca. Cultura mexicana: revisión y prospectiva. Septiembre de 2007. Publicado en Nexos, febrero de 2008.

 
No hay espacio más abierto a la cultura que la colección hasta ahora prácticamente infinita de sitios, territorios, bitácoras y recursos audiovisuales que, entre muchos otros contenidos, ofrece Internet. Nunca antes la humanidad había dispuesto de una diversidad tan extendida, y sobre todo despejada de taxativas y restricciones, como la que hay en la Red de redes. Y nunca hasta ahora, en parte debido a esa abundancia de recursos informáticos, habíamos estado tan cerca de saturarnos, abrumarnos e incluso intoxicarnos con una avalancha de contenidos tan apabullante como la que existe en Internet y en otras de las afluentes de la sociedad de la información. Abierta y ancha, la ilimitada colección de avenidas informáticas que es Internet se encuentra, sin embargo, vedada para quienes no tienen el privilegio de contar con equipamiento y conexiones suficientes.

  

El rezago digital

   A fines de 2007, 20% de los habitantes de América Latina tenía acceso a la Red. En México, si hemos de atender a los optimistas datos oficiales, en ese año habría cerca de 23 millones de usuarios [1], que constituían algo menos del 22% de los cerca de 106 millones de habitantes en el país. Es una cifra alta si tomamos en cuenta que, de acuerdo con las mismas fuentes, en el transcurso de 7 años los usuarios de la Red casi se quintuplicaron, para pasar de algo más de 5 millones en 2000 a los ya mencionados 23 millones. Pero siguen siendo pocos si reconocemos que casi 8 de cada 10 mexicanos carecen de ese servicio.

   Si las conexiones y la instalación de equipo aumentaran durante los siguientes años al mismo ritmo que lo hicieron en lo que va del siglo 21, antes de una década tendríamos una cobertura casi total de Internet en este país. Sin embargo tanto la experiencia internacional como el reconocimiento de la capacidad actual de la infraestructura mexicana y el simple sentido común permiten recordar que, después de haber llegado a un límite de eficacia, esos recursos crecen de manera más lenta. Sin embargo el gobierno federal dice que, para 2012, 70 millones de mexicanos serán usuarios regulares de Internet [2]. De ser así México se convertiría quizá en la nación con más intenso crecimiento en la cobertura de ese servicio en tan solo un lustro. Entonces podríamos hablar, con certeza, de un país plenamente incorporado a la sociedad de la información.

   Lamentablemente no hay sustento suficiente para compartir esa esperanza de las autoridades mexicanas en materia de telecomunicaciones. En América Latina, el país con mayor cobertura de Internet es Chile (43% a fines de 2007) seguido de cerca por Argentina y Uruguay (34%) [3]. En todo el mundo, por lo general, el desarrollo de la Red ha sido posible gracias a la existencia de políticas nacionales (y a veces, como en Europa, además regionales) que han incluido programas de gobierno para promover infraestructura en áreas que para las empresas privadas no son tan rentables como las grandes ciudades. Han existido regulaciones de los precios, así como de la competencia en las telecomunicaciones. Y en la mayoría de los casos se ha impedido que una sola entidad privada controle o acapare la oferta de servicios en ese campo.

   Nada de eso ha ocurrido en México. La postura gubernamental en el terreno de las telecomunicaciones ha sido la ausencia de política, con la esperanza de que la inversión privada subsanaría la ausencia de inversiones y regulaciones suficientes por parte del Estado. Los mexicanos que en 2007 tenían acceso a Internet en sus domicilios alcanzaron ese privilegio a costa de pagar una de las tarifas más altas que existen para dicho servicio en todo el mundo. En la primavera de ese año, el costo mensual de un megabite por segundo era de 27 centavos de dólar en Japón, 1.64 dólares en Francia, 3.33 dólares en Estados Unidos, 6.50 en Canadá, y 12.50 en España. Por ese mismo servicio, los mexicanos pagábamos 60.01 dólares [4].

 

e-México, desigual e insuficiente

   Nos referimos esencialmente a la Red de redes porque constituye, como hemos señalado en otro sitio, la columna vertebral de la sociedad de la información [5]. Por ella pasan los archivos de audio y/o video que, una vez descargados, pueden ser transportados y utilizados en dispositivos portátiles como el Ipod, lo mismo que las películas que cada vez resulta más frecuente bajar de Internet para mirarlas en la pantalla casera.

   En México solamente hasta la administración del presidente Vicente Fox, y con grandes limitaciones, existió un programa específico para el desarrollo de Internet. El proyecto e-México consistió fundamentalmente en la concentración de los recursos informáticos del gobierno federal, tanto en línea como en la infraestructura computacional que podía estar a disposición de los ciudadanos. El primero de esos aspectos significó la creación de una identidad común y la organización de ligas a docenas de sitios gubernamentales a partir de un portal centralizador ubicado en www.e-mexico.gob.mx. La segunda tarea fue la instalación de 7200 centros comunitarios digitales en todo el país.

   Los CCDs, habilitados con computadoras y conexiones a Internet, pudieron haber sido un poderoso eje para el desarrollo de una extendida cultura digital entre los ciudadanos. Sin embargo muchos de ellos carecían de instalaciones y equipamiento eficientes y, sobre todo, su creación no estuvo acompañada de proyectos de capacitación tanto para el personal que los atendería como para sus posibles usuarios. En la gran mayoría falta mantenimiento técnico y no hay proyectos para actualizar las computadoras allí instaladas. Se ha estimado que, hacia el final de ese sexenio, una quinta parte de tales Centros habían estado fuera de servicio [6]. El investigador Scott S. Robinson ha considerado que los centros digitales y los sitios en Internet del programa e-México tuvieron más desventajas que aportaciones, entre otras causas debido a que pocos gobiernos municipales se interesaron en aprovecharlos para difundir información útil a sus ciudadanos y ese proyecto dependió del software del consorcio Microsoft, cuando pudo haber utilizado programas de código gratuito o libre.

 

Espacio para irradiar y hacer cultura

   Los productos culturales que se encuentran definidos fundamental o exclusivamente por el afán mercantil abarrotan las redes informáticas de la misma manera que han colmado, antes, las programaciones de los medios de comunicación tradicionales. En la Red, los criterios que determinan la popularidad de un producto cultural son tan flexibles como el interés que pueda suscitar entre audiencias cada vez más heterogéneas y que por lo general tienen parámetros de calidad complacientes. Internet es plataforma de difusión pero, al mismo tiempo, espacio de creación, experimentación y confrontación de propuestas culturales. En sus imbricaciones con la cultura Internet tiene, entre otros, los siguientes rasgos [7].

   1. Internet reproduce contenidos culturales y de otra índole de los medios convencionales (televisión, prensa, radio). La prensa mexicana en línea se ha extendido con tanto éxito en la Red que varios de los sitios más consultados y originados en este país (especialmente www.eluniversal.com.mx  y www.jornada.unam.mx) son mantenidos por algunos diarios de la ciudad de México. Por lo general se trata de la simple reproducción de contenidos que esos medios difunden por cauces tradicionales. En 2005 la profesora Lizy Navarro Zamora compiló un inventario que da cuenta de la existencia de por lo menos 300 medios mexicanos en línea [8].

   2. Internet es en sí misma medio de comunicación, con posibilidades de interactividad, acceso y especialización que no tienen los medios tradicionales. Sin embargo el periodismo que se hace en la Red –y esta apreciación podría ampliarse a muchas otras formas de creación y/o difusión cultural– no suele aprovechar esas opciones. Sus mensajes siguen siendo, en lo fundamental, unilaterales y sin facilidades para que lectores, radioescuchas o televidentes de tales contenidos se conviertan, a su vez, en productores de sus propias comunicaciones. En otros países –el ejemplo de Gran Bretaña en este campo es tan pionero como en la radiodifusión abierta– los medios de carácter público ofrecen espacios en línea para que sus audiencias discutan e, incluso, coloquen sus propios textos, audios y videos. En México ha sido de la televisión comercial de donde han surgido iniciativas de modesta pero vistosa interacción. En 2007 el periodista Carlos Loret de Mola, conductor del noticiero matutino en el canal 2 de Televisa, abrió un espacio para la presentación de videos y fotografías enviados por los televidentes [9].

   3. En Internet se desarrollan o amplían formas de expresión e intercambio de productos culturales que aprovechan la versatilidad de formatos, así como la intemporalidad y la ausencia de barreras geográficas que tiene la Red. El talante colaborativo que suele haber en Internet permite que sus usuarios hagan consultas, pidan ayuda y se ofrezcan respaldo en asuntos de toda índole, entre ellos cuando requieren apoyo en tareas culturales. Un aficionado a la guitarra, por ejemplo, puede solicitar información acerca de una partitura y si lo hace en un espacio adecuado para ese tema es altamente posible que la obtenga en poco tiempo [10].

   4. Internet puede llegar a localidades remotas o a comunidades que experimentan alguna forma de marginación y en donde no se difunden otros medios. Aunque requiere de infraestructura que no todos tienen, la Red es una opción de comunicación e intercambio cultural en sitios lejanos de las zonas urbanas gracias a redes satelitales e inalámbricas que cada vez tienen mayor capacidad para conducir contenidos digitales. En septiembre de 2007, el Congreso Nacional de Comunicación Indígena que se reunió en la ciudad de México reconoció en una de sus resoluciones: “los comunicadores indígenas entendemos el proceso de comunicación en su sentido más amplio, con todas las formas posibles, desde las tradicionales de cada uno de nuestros pueblos, así como la prensa, la radio, la televisión, la Internet, cine y video” [11].

   5. Internet permite abrir espacios para la reflexión y la evaluación crítica de todas las formas de expresión cultural. Los aficionados y creadores en las más diversas manifestaciones culturales –cine, literatura y artes plásticas y desde luego televisión o radio– tienen numerosas opciones para discutir, contrastar y difundir opiniones. Los espacios para deliberar acerca de estos temas en los principales sitios de chats y/o de foros en línea son de los más frecuentados.

   6. Internet es el repositorio más amplio que existe para conservar, propagar, reproducir y compartir productos culturales. En el otoño de 2007 había aproximadamente 128 millones de sitios en la World Wide Web [12]. Cada sitio tiene una o muchas más páginas. Si indagamos en el buscador Google cuántas referencias tiene inventariadas con la palabra cultura, encontraremos que había, según ese recurso digital, 65 200 000 páginas en las que apareció ese término [13]. Cuando buscamos los términos “cultura” y “México”, los resultados se acotaron a 1 460 000. Eso no significa que haya tal número de páginas con contenidos de calidad. Pero esa cifra indica alusiones, conversaciones, construcciones, apropiaciones y circulación de contenidos relacionados con las más diversas concepciones del quehacer cultural.

   7. Internet propicia, imbricada con dispositivos de registro de contenidos digitales, nuevas formas de expresión multimedia. La versatilidad de los lenguajes digitales permite desarrollar formas de expresión creativas, en todos los campos del arte, que no serían posibles en los formatos convencionales. Hay tantos artistas mexicanos que han incursionado en el diseño, las artes gráficas y la fotografía digitales que resultaría muy extenso un inventario de su presencia en Internet. Valga señalar que la amplia diversidad de galerías digitales ya disponibles en línea y sobre todo el hecho de que cada creador puede montar sus propias exposiciones tan solo con armar un blog, permiten una difusión que nunca antes tuvieron las creaciones de carácter plástico. En otros terrenos, también ha sido posible desarrollar experiencias de literatura colectiva, entre ellas varias novelas.

   8. Internet facilita la apropiación de productos de carácter multimedia y nuevas formas de consumo. Los Ipods y otros artefactos para la reproducción portátil de archivos en formatos como el mp3 se han convertido en una de las más contemporáneas y versátiles formas de apropiación cultural. Esa utilización de productos culturales implica desafíos inéditos al concepto y las consecuencias del concepto de derecho de autor. Los dispositivos portátiles, además, se están convirtiendo en destinatarios de creaciones audiovisuales específicamente producidas para ser difundidas en ellos a través de archivos en formato podcast.

   9. Internet permite difundir, más allá de los cauces tradicionales, la actividad de artistas y creadores. El carácter abierto de la Red permite la propagación de contenidos de toda índole con la misma posibilidad de llegar a internautas en las más variadas latitudes. Por ejemplo el sitio MySpace, originalmente creado para colocar bitácoras personales de jóvenes estudiantes, ha sido aprovechado por músicos de todo el mundo con tanto éxito que su presencia allí ha sido motivo de interés periodístico: “El fenómeno de MySpace ha resultado benéfico para muchos músicos mexicanos, no sólo a los que viven en el país, sino a quienes han emigrado a distintas partes del mundo. Bandas como Bengala, Los Dinamyte y los tapatíos Porter han creado una fiel legión de seguidores en el ciberespacio. Son muy pocos los grupos que no utilizan esta herramienta, popularizada debido a la falta de espacios en compañías discográficas. MySpace ha servido no sólo para dar a conocer artistas, sino para mantener la carrera de algunos que por distintas razones se encuentran inactivos, como el caso de Sussie 4, que debido a un pleito legal con su primera disquera se mantuvo sin presencia discográfica más de dos años, pero en este sitio se colocó material para mantener el interés de todos sus fieles seguidores” [14].

 

83 millones sin blogs ni chat

   De los aproximadamente 23 millones de internautas mexicanos que de acuerdo con las estimaciones ya mencionadas habría en 2007, se calculaba que 15 millones han subido fotos o video a Internet. 6 millones de esos 23 millones han colocado o visto videos en YouTube. 13 millones dicen tener una página personal. 8 millones aseguran que el sitio de páginas personales que visitan con más frecuencia en MySpace. 18 millones han leído blogs [15]. No sabemos con certeza qué contenidos son los que consumen en esos videos, sitios y bitácoras. Pero podemos suponer que esos internautas son fundamentalmente espectadores de los audiovisuales y textos que otros han colocado, más que autores de sus propias opiniones, reflexiones y creaciones.

   Independientemente de lo que hagan o de lo que dejen de contribuir, consumir o crear en línea, esos hipotéticos 23 millones que incursionan en la Red constituyen una presencia importante pero insuficiente. Junto a ellos hay al menos 83 millones de mexicanos que no navegan, chatean, bloguean ni se asoman a YouTube porque no tienen facilidades técnicas ni materiales para ello. Los escritores, músicos, fotógrafos, videoastas y, en general los ciudadanos del mundo mexicano de la cultura que han quebrado inercias para aventurarse en los senderos del ciberespacio, se encuentran entre los pioneros que exploran y conquistan territorios en donde podría haber más y quizá mejores expresiones del quehacer artístico y el pensamiento en este país. Resulta imprescindible, para garantizar la creatividad que ahora despliegan y la que seguramente podrán extender y ejercer con más asiduidad, que se mantengan las libertades que han sido piedra de toque en el desarrollo inicial de Internet. También es necesario reconocer que, entendidos en su acepción más amplia, los derechos sociales de los ciudadanos –y, así, la construcción de una plena ciudadanía– requieren del cumplimiento del derecho a la comunicación del cual forma parte el acceso con calidad, libertad y seguridad a la Red de redes informáticas.

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[1] Primer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa. “Servicios de radiocomunicación y usuarios de Internet” en “Estadísticas nacionales”. Septiembre de 2007. Disponible en:

http://www.informe.gob.mx/ESTADISTICAS_NACIONALES/?contenido=288

La información de esta fuente estimaba que en 2007 habría 22 813 000 usuarios de Internet.

[2] México, líder mundial en centros comunitarios digitales: Del Villar”. Comunicado de prensa no. 122 de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, 21 de septiembre de 2007. Ese documento recoge declaraciones del subsecretario de Comunicaciones, Rafael del Villar Alrich.

[3] http://www.internetworldstats.com Consultas realizadas en septiembre de 2007.

[4] Datos recopilados por Daniel K. Correa “Assessing Broadband in America: OECD and ITIF Broadband Rankings”. The Information Technology and Innovation Foundation, April 2007. Disponible en:

http://www.itif.org/files/BroadbandRankings.pdf Estos datos incorporan la reducción de precios que Telmex, en México, estableció en su servicio de Internet durante el primer semestre de 2007. Antes de dicho ajuste la conexión de banda ancha que vende esa empresa costaba casi el doble.

 

[5] Raúl Trejo Delarbre , Viviendo en El Aleph. La sociedad de la información y sus laberintos. Gedisa, Barcelona, 2006.

[6] Scott S. Robinson, “Después de e-México: una propuesta”. En Scott Robinson, Héctor Tejera y Laura Valladares, coordinadores, Política, etnicidad e inclusión digital en los albores del milenio. Miguel Ángel Porrúa y UAM Iztapalapa, México, 2007, p. 367.

[7] En este inventario seguimos, adaptándola para la circunstancia mexicana, la descripción de rasgos culturales de Internet que hicimos en el ensayo “Internet en el espacio público Iberoamericano. Redes digitales en la cultura y la comunicación iberoamericanas. Apuntes para una agenda de cooperación” que forma parte del libro, coordinado por Enrique Bustamante,  La cooperación cultura – comunicación en Iberoamérica (título provisional) que será editado por Gedisa.

 

 

[8] Lizy Navarro Zamora, Comunicación mexicana en Internet. Guía de medios en línea. Fundación Manuel Buendía y Universidad Autónoma de San Luis Potosí. México, 2005, p. 52.

[10] El sitio artelinkado.com, creado por guitarristas de España y México, ofrece espacios para discutir temas relacionados con ese instrumento y su música y permite intercambiar partituras y recomendaciones entre sus aficionados: http://www.guitarra.artelinkado.com

 

[11] Declaración del Congreso Nacional de Comunicación Indígena. Reproducida en el sitio web de Radio Jenpoj, radio comunitaria mixe, cuyas transmisiones en Tlahuitoltepec, Oaxaca, son amplificadas a través de Internet: http://www.radiojenpoj.org/

[12] Netcraft, “August 2007 Web Server Survey”. http://news.netcraft.com

[13] Búsquedas en Google.com realizadas en septiembre de 2007.

[14] Franco Daniel Gómez. “Myspace oportunidad en internet”. El Universal, México, 27 de noviembre de 2006

[15] Asociación Mexicana de Internet, AMIPCI, cit.

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¿Cuál gobierno?

Publicado por rtrejo on Diciembre 15, 2005

Publicado en Política digital, diciembre de 2005

A estas alturas del sexenio he perdido cualquier confianza, si es que alguna vez la tuve, en los propósitos y las capacidades del gobierno del presidente Vicente Fox. Nunca creí en las aptitudes del presidente y su equipo pero merecían el beneficio de la duda. Hoy la única certeza que tenemos es que falta un año para que termine esa administración.

   En el terreno de la política digital siempre reconocí que la de Fox era la única propuesta que, en 2000, hacía énfasis en las ventajas de la informática. Pero en ese, como en tantos temas, el gobierno ha sido un fiasco. e-México y e-gobierno fueron proyectos fundamentalmente huecos. A las computadoras y a la Red se les idealizó como si no fuesen instrumentos que sólo funcionan cuando están al servicio de políticas específicas.

   La única política informática en México es la que mantienen las empresas de ese ramo. En los municipios hay computadoras pero sin que en todos los casos se sepa, bien a bien, qué uso se les puede dar. Se han tendido redes hasta algunas escuelas pero no se ha puesto el énfasis en la capacitación de los profesores hipotéticamente destinados a utilizarlas. Y no hay proyectos para diseñar contenidos auténticamente originales.

   Antes de cumplir este encargo de Política Digital me di una vuelta por el portal electrónico del gobierno mexicano, http://www.gob.mx,  en un afán para identificar novedades y, si fuera posible, avances. Lamentablemente confirmé la pobreza de contenidos, los defectos técnicos y la ausencia de una idea integral de relaciones con la sociedad que han definido al llamado gobierno electrónico durante estos años.

   Allí, abrí el sitio del “Observatorio laboral” que pretendidamente contiene “información en línea” sobre el mercado de trabajo. Pero lo que ofrece es una compleja clasificación de variadas actividades. De allí no se puede transitar a los sitios en donde hay ofertas de trabajo. Para eso hay que regresar al portal y dirigirse a www.chambatel.gob.mx A los diseñadores de estos sitios nadie les ha platicado que existen ligas para brincar de un domicilio a otro en la Internet.

   En el portal del gobierno la sección “Democracia” conduce a una docena de temas. El rubro “Partidos políticos y elecciones” contiene, a su vez, tres apartados. Hay un calendario electoral que no fue elaborado por el gobierno sino por un centro de estudios privado, el CIDAC. Un directorio de partidos políticos incluye al Partido México Posible que, para desdicha de sus seguidores, desapareció hace varios años. También hay una liga al sitio del IFE con indicaciones para tramitar la credencial de elector.

   El rubro “Cultura política” ofrece un Calendario político de México 2004. Pero se trata de una compilación de fechas cívicas. Así me entero de que hoy, viernes 21 de octubre, es aniversario de la promulgación de la Constitución de Apatzingán. No hay una sola liga que pueda conducir a más información sobre esa efeméride. Para mi sorpresa ese calendario no ha sido elaborado por el gobierno federal sino por el gobierno del Estado de México.

   Descuidada, descontextualizada, improvisada, vieja y sobre todo ajena, la información a la que conduce www.gob.mx carece de utilidad sustantiva. Tampoco ha tenido éxito para alentar la participación de sus usuarios. El Foro de la Democracia, que forma parte del portal, muestra en su primera página 30 mensajes, registrados del 14 de enero de 2004 al 19 de septiembre de 2005. Sorprende que sean tan pocos, en un lapso tan amplio. Pero asombra más la escasez de sus participantes. 14 de esas contribuciones se deben a un señor llamado Rodolfo Rosas Escobar; otras 10 las escribió el ciudadano Dagoberto Gmo. Flores Lozano. Dos ciudadanos acapararon, durante 20 meses, la discusión del Foro electrónico sobre democracia del gobierno mexicano.

   El portal tiene 16 foros. El otro más concurrido está destinado a la Educación. Los 30 mensajes más recientes, el día que hago esta visita, van del 12 de abril de 2004 al 21 de octubre de 2005. De ellos, 24 fueron colocados por el señor Rodolfo Rosas Escobar. Otros 4 los escribió don Dagoberto Gmo. Flores. ¿Qué haría el e-gobierno sin esos dos abnegados ciudadanos?

   En México no tenemos auténtico gobierno electrónico, al menos en el plano federal. Para el gobierno la informática no ha sido un instrumento de relación con los ciudadanos sino de simulación.

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Información: diagnósticos, discrepancias, deliberaciones

Publicado por rtrejo on Diciembre 13, 2005

Publicado el 1 de junio de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Apenas a tiempo para ser consideradas en las propuestas que México llevará a las reuniones preparatorias de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información a fines de este año en Ginebra, la Conferencia Internacional que organizó el Senado de la República recogió numerosas, sugerentes y variadas propuestas. Con presencia de varios centenares de participantes y difundida en vivo por el Canal del Congreso –a cuyos números telefónicos los televidentes de los estados podían enviar comentarios y preguntas– la Conferencia realizada entre el miércoles y el viernes de esta semana buscó contribuir a ubicar el tema de las nuevas tecnologías de la información en la agenda de los asuntos nacionales.

   La importancia que ya se le reconoce al desarrollo de la Internet y los nuevos medios se advierte en el interés que suscitó entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Los senadores Dulce María Sauri del PRI, Demetrio Sodi del PRD y Javier Corral del PAN –este último titular de la Comisión de Comunicaciones y Transportes que organizó la Conferencia– presentaron sendas ponencias que coincidieron en la preocupación por la insuficiente relevancia que hasta ahora había tenido, en el mundo político mexicano, el debate sobre la sociedad de la información.

   El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Diego Fernández de Cevallos, acudió a la Conferencia para comprometerse a que sus conclusiones sean atendidas por el presidente de la República cuando se defina la posición del Estado mexicano ante la Cumbre de Ginebra. El día de la inauguración el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, había considerado que las políticas públicas sobre asuntos como el que se discutió en el patio central del Senado tienen que reconocer la participación de la sociedad. 

 

Conferencia internacional

   El contexto para deliberar la posición de México en la Cumbre Mundial pero sobre todo para definir qué es preciso hacer en nuestro país en la ruta de un desarrollo nacional de la informática y la comunicación, lo establecieron los conferencistas internacionales.

   El prestigiado profesor Armand Mattelart de la Universidad de París, cuya experiencia e influencia en la comunicación latinoamericana es ampliamente conocida, no solo ofreció una espléndida conferencia sobre la pertinencia de entender a la sociedad de la información como una sociedad de los saberes para todos y por todos. Además, con disciplina y generosidad, estuvo presente los tres días de sesiones acompañado de su esposa Michelle, también investigadora de los medios y la cultura en las sociedades contemporáneas.

   El doctor Alejandro Piscitelli de la Universidad de Buenos Aires, autor de libros fundamentales para entender el desarrollo de las ciberculturas y fenómenos recientísimos como las llamadas empresas “punto-com” que surgieron y fracasaron debido a una apreciación demasiado voluntarista del auge de la Internet, ofreció una conferencia sobre la nueva economía.

   La periodista británica Sally Burch, directora de la Agencia Latinoamericana de Información, presentó un enterado inventario de las medidas que se pueden tomar para defender la libertad de expresión y auspiciar la participación de la sociedad en las nuevas redes de información.

   El doctor Bert Hoffmann del Instituto Iberoamericano de Hamburgo, autor de una cuidadosa investigación sobre la Internet en varios países latinoamericanos, describió las posibilidades (pero también los riesgos) de las nuevas tecnologías respecto de las economías de naciones como la nuestra.

   El consejero regional de la Unesco, Alejandro Alfonzo, describió las líneas principales de la Cumbre Mundial cuya primera fase tendrá lugar en diciembre próximo en Ginebra. Una segunda reunión se realizará en noviembre de 2005 en Túnez. Por su parte el colombiano Santiago Reyes Borda, actualmente asesor del Ministerio de Industria de Canadá, explicó el desarrollo de la Internet en ese país norteamericano.

 

Variadas voces nacionales

   Esas conferencias a cargo de invitados extranjeros, fueron complementadas con intervenciones de especialistas mexicanos en seis paneles. Jaime Chico Pardo, director general de Teléfonos de México; los consultores en asuntos informáticos Ricardo Zermeño y Enzo Molino y senadores de los tres partidos nacionales, estuvieron entre los panelistas.

   Del campo académico hubo profesores de la UAM como Scott Robinson y Antulio Sánchez; Kiyoshi Tsuru y Jorge Navarro del ITAM y Ernesto Piedras, del CIDE. De la UNAM participaron, entre otros, el profesor Víctor Flores Olea, el maestro Jorge Alberto Lizama y el director de Cómputo Académico Alejandro Pisanty. También estuvo Adolfo Dunayewish, de la organización civil La neta que se ha interesado en el uso ciudadano de la red de redes.

 

Ausencias y relevos

   Se habían comprometido a participar el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Jorge Arredondo, y el director del programa e-México, Julio César Margáin. Unas horas antes de la Conferencia los dos avisaron que no acudirían. Es deplorable que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, de la cual dependen esos dos funcionarios, haya querido ignorar a la Conferencia.

   A ese desdén, los organizadores respondieron con astucia política. Los sitios que dejaron libres Margáin y Arredondo fueron ocupados por dos especialistas con un intenso y directo conocimiento de las nuevas tecnologías de la información.

   Uno de ellos es Javier Lozano Alarcón, que en el gobierno anterior fue presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y subsecretario de Comunicaciones y Transportes y que, dedicado hace algunos años a la consultoría privada, recientemente fundó el Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones.

   El otro invitado que a pesar de haber sido convocado a última hora llegó con una presentación repleta de experiencia y sugerencias fue don Carlos Casasús, que en años pasado también fue subsecretario de Comunicaciones y presidente de la Cofetel y que actualmente dirige la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet.

   Hubiera sido muy útil que los actuales responsables del desarrollo informático del país explicaran, ante un auditorio enterado e interesado, las características de los proyectos que tienen para incorporar a México a la sociedad de la información. Sin embargo, en el plano de las propuestas y el debate, la participación de Casasús y Lozano fue muy gratificante.

   A diferencia de la postura de la SCT la Secretaría de Relaciones Exteriores, que representa a nuestro país en los preparativos de la Cumbre de Ginebra y Túnez, manifestó una reconocible actitud de apertura. Además del titular de la SRE que estuvo en la ceremonia inaugural, en la última sesión participó con una ponencia el doctor Salvador de Lara Rangel, Director General de Negociaciones Económicas Internacionales de esa Secretaría.

  

Encandilamiento tecnológico

   En la relatoría de la Conferencia Internacional se reconoce que, en las sociedades contemporáneas, la información no basta. De hecho, su exuberancia llega a ser un problema adicional a los que significa el marginamiento respecto de los cauces de difusión más abundantes en datos y opciones. Darle respuesta y contenido a esa preocupación es tarea de las sociedades y los Estados.

   Al explicar a la Sociedad de la Información se entremezclan el diagnóstico y el pronóstico. En las sesiones de la Conferencia se recordó la definición de los documentos preparatorios para la Cumbre de Ginebra: “Es una nueva forma de organización social, más compleja, en la cual las redes TIC más modernas, el acceso equitativo y ubicuo a la información, el contenido adecuado en formatos accesibles y la comunicación eficaz deben permitir a todas las personas realizarse plenamente, promover un desarrollo económico y social sostenible, mejorar la calidad de vida y aliviar la pobreza y el hambre”.

   Como delante de otros recursos de información, con estos que ofrecen las nuevas tecnologías corremos el riesgo de quedar atrapados por el encandilamiento y el sobredimensionamiento que produce su influencia. El doctor Mattelart señaló en su disertación que “el enfrentamiento no es entre tecnófilos y tecnófobos sino entre mesianismo tecnoglobal y apropiación de las técnicas en cada sociedad”.

 

Defensa del espacio público

   Mattelart mismo se había referido a las connotaciones geopolíticas de la Sociedad de la Información. Antes, en la inauguración de la Conferencia el Rector General de la UAM, Luis Mier y Terán, deseó: “Todos los países debemos tener garantizado el acceso a la información pero, además y sobre todo, tendremos que tener garantizado el acceso a la palabra”. Con afán similar Sally Burch, de la Agencia Latinoamericana de Información, propuso “rescatar el sentido de lo ‘público’: lo que no es ni del Estado ni de lo privado… (la) esfera o espacio donde la ciudadanía en sus diversas expresiones pueda intercambiar ideas, debatir sobre modelos de sociedad, fiscalizar el manejo de poderes y tener un acceso transparente a la información que concierne a la comunidad”. Ese ámbito plural de la comunicación, dijo Burch, ha de ser garantizado por políticas públicas.

   Anhelos y políticas entremezclados, a la Sociedad de la Información se le reconoció como espacio de bienaventuranza pero también territorio de riesgos tan grandes como las oportunidades que ofrece. En el inicio de las sesiones el legislador Javier Corral Jurado indicó que “el Senado de la República tiene interés en que haya un rostro humano de las tecnologías de la información y de la comunicación”.

   De la manera como se le moldee, con políticas públicas, acciones legislativas y según la concertación social que se logre, dependerá la humanidad o brutalidad que tengan los rostros de esta Sociedad de la Información. Alfonzo, de la Unesco, se apoyó en la Declaración de Bávaro, que forma parte de los materiales que alimentan la discusión rumbo a Ginebra, para decir: “La sociedad de la información es un sistema económico y social donde el conocimiento y la información constituyen fuentes fundamentales de bienestar y progreso”.

   Otras voces en la Conferencia amalgamaron reivindicaciones sociales y subrayaron diferencias políticas con las concepciones imperantes en la discusión y, en vez de Sociedad de la Información, prefirieron hablar de “Derecho humano a la comunicación”. En un comunicado dirigido a la reunión por 14 organizaciones sociales y 9 ciudadanos interesados en el tema, se plantea que ese derecho sea “garantizado a todos los miembros de la población, incluyendo en esto su participación activa, incluso en la producción de contenido, y el derecho a la propiedad de los medios para transmitir tales contenidos”.

 

Brecha, software y futuro

   En la Conferencia se habló, y surgieron numerosas propuestas, acerca de las medidas pertinentes para abatir la brecha entre quienes tienen acceso y aquellos que siguen apartados de las nuevas tecnologías de la información, se discutieron medidas para utilizar esos recursos en la educación, se dedicaron varias horas a evaluar los riesgos a las libertades y la posibilidad de emprender acciones técnicas y jurídicas para preservar el derecho a la expresión en las redes informáticas. En su relación con la economía se hicieron recomendaciones para impulsar la industria informática y especialmente la producción de contenidos y software nacional.

   El método para procesar esas sugerencias y la participación de sectores muy variados en la Conferencia que organizó el Senado podrían ser emblemáticos de la Sociedad de la Información que es posible construir: con una deliberación enterada y abierta, logrando que la posición mexicana en Ginebra represente el interés de la sociedad y no únicamente las apreciaciones gubernamentales y propiciando que a estos temas se les confiera la importancia que tienen en el diseño de la sociedad, la economía y la cultura del país.

  

ALACENA: Luis Suárez

Cronista del cambio político en México, fundador de organizaciones de periodistas, hombre de convicciones antimperialistas y colaborador de numerosos medios, Luis Suárez murió ayer a los 85 años.

   Nació en España donde fue capitán de milicias en la guerra civil. De su llegada a nuestro país y de las simpatías que conservaría toda la vida escribió en su libro más reciente: “Por obvias razones de gratitud y afinidad política –arribé a puerto mexicano el 13 de junio de 1939, en el oleaje de refugiados españoles derrotado en la prebatalla antifascista de la Segunda Guerra Mundial– me siento identificado, como nuevo mexicano, con la obra y la política de Lázaro Cárdenas. En General, que escrito con mayúsculas ya no requiere nombre ni apellido, no sólo me abrió, como a miles, las puertas de México; también, y como a muchos, las de su familia”.

   Eso escribió Suárez en la presentación de su libro Cuauhtémoc Cárdenas. Política, familia, proyecto y compromiso que apareció hace tres meses. En otras obras dejó testimonio de sus convicciones y afinidades: Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanzas (1976); Echeverría rompe el silencio (1979); Petróleo: ¿México invadido? (1981), entre otros.

   Colaborador de docenas de publicaciones -entre ellas, durante largo tiempo Siempre! y Excélsior–, hizo durante 17 años el programa de televisión Luis Suárez en el Once. Hace casi tres décadas participó en la fundación de la Unión de Periodistas Democráticos, fue directivo en la Organización Internacional de Periodistas y desde hace varios años presidía la Federación Latinoamericana de Periodistas.

   En numerosos foros Luis Suárez pugnó por la apertura de los medios de comunicación. En su libro más reciente apuntó: “La información es un instrumento de y para la gobernabilidad, pero no sustituye las diferencias, y menos elimina las desigualdades sociales. Ha de servir para la más consciente participación ciudadana. Pero se ha convertido en un elemento del poder que los verdaderos poderes apetecen para consolidarse sobre las diferencias de clase”.

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Más allá del inglés y las computadoras

Publicado por rtrejo on Diciembre 10, 2005

Publicado en La Crónica de Hoy el 9 de octubre de 2000

En algo tenía razón Francisco Labastida. Necesitamos inglés y computadoras. Aquella propuesta fue presentada de manera pobre y fuera de contexto, pero la embestida fundamentalista e ignorante que se desató en su contra es evidencia de lo mucho que nos falta para que en México asignemos a las nuevas tecnologías el carácter prioritario que debieran tener.

   El aprendizaje del inglés de ninguna manera se contradice con la cultura nacional –al contrario, ofrece una herramienta más para difundirla fuera del país–. Las computadoras no tendrían que contraponerse con la satisfacción de requerimientos más urgentes.

   Necesitamos computadoras y mexicanos capaces de aprovecharlas para aprender y trabajar en ellas. La Internet, que está modificando las fronteras universales, se extiende en México pero a pasos más lentos en comparación con lo que podríamos lograr si tuviésemos una política nacional expresa, intencionada y sólida para impulsar el empleo de ese recurso.

   México no cuenta con una política informática de carácter nacional. El presidente electo ha manifestado cierta pero aún difusa simpatía por atender ese tema. La semana pasada uno de los especialistas de mayor reconocimiento internacional en la promoción de usos sociales de las nuevas tecnologías de información se refirió a la situación mexicana en ese terreno, en una carta abierta a Vicente Fox.

   Gary Chapman, director del Proyecto Siglo 21 en la Universidad de Texas en Austin, escribe cada dos semanas la columna Nación Digital que se publica en Los Angeles Times. Su columna más reciente fue una misiva a Fox que comienza en estos términos:

    “Felicitaciones por su victoria histórica en la elección presidencial. Cerca de 100 millones de mexicanos y otros que quieren a México desean el cambio en su país y tienen grandes esperanzas para cuando comience su nueva administración en diciembre. Pero claramente, un asunto de gran importancia es cómo traer a México a la ‘nueva economía’ de la Internet, la alta tecnología y el comercio global. México tiene muchos recursos por explotar en tecnología, pero han sido obstaculizados por políticas gubernamentales débiles o malas. Usted puede cambiar esto. Déjeme ofrecerle algunas sugerencias de cómo puede empezar”.

   Chapman considera que el futuro mexicano en el campo de la informática debiera apoyarse en la utilización masiva de programas de software gratuitos, conocidos como de “código abierto”. Ejemplos de esos programas son los sistemas operativos Linux y Gnome, que cumplen con funciones parecidas al conocido sistema Windows pero por los cuales no es preciso pagar licencias de alto costo.

   La sugerencia de Chapman al Presidente Electo mexicano implica que la política informática de nuestro país ahorre el gasto en licencias para empresas como Microsoft. Parece audaz, pero el también director asociado del Instituto de Política en Telecomunicaciones a Información de la Universidad de Texas tiene buenas razones.

   El sistema Gnome, que crea una pantalla similar a la de Windows, fue desarrollado por Miguel de Icaza, un programador mexicano de 27 años. “Este verano –relata Chapman– De Icaza comenzó en la Fundación Gnome a unificar y estabilizar el software para la pantalla de Linux y obtuvo el apoyo de IBM, Sun Microsystems, Hewlett-Packard y Compaq, entre otras grandes empresas estadounidenses. El es un héroe para los programadores jóvenes en todo el mundo y también debería ser un héroe para todos los mexicanos. Usted debería reunirse con Miguel de Icaza y conocerlo a él y a otros jóvenes como él. Son la mejor esperanza para México”.

   Chapman considera que si adoptara el software gratuito, México ahorraría muchos dólares. El mismo gobierno de nuestro país, tendría menos presión para emprender acciones judiciales contra la piratería de programas de cómputo porque, al generalizarse el empleo de software gratuito, la venta ilegal de los programas comerciales disminuiría.

   El especialista, que estuvo en nuestro país en 1996 invitado por el capítulo mexicano de la Internet Society, también le sugiere al presidente electo la creación de grupos de “jóvenes evangelistas del software gratuito, hackers y creadores de sistemas que podrían crear la cultura y el espíritu de un embrionario movimiento por el software libre”.

   Chapman, que forma parte de la Campaña para una Tecnología Responsable, también recomienda mejorar la infraestructura en telecomunicaciones. Considera que ni Telmex ni competidores de esa empresa como Avantel, tendrán capacidad para cubrir las necesidades de comunicación de los mexicanos en las zonas más pobres y le recomienda a Fox que conozca la experiencia de una empresa de San Diego llamada Tachyon Inc., cuyo vicepresidente, el mexicano Santiago Ontañón, está ofreciendo conexiones baratas y rápidas a la Internet a través de enlaces al satélite Satmex 5 que cubre todo nuestro país.

   Concluye Chapman su carta abierta a Vicente Fox: “Habrá presiones fuertes, tanto internas como externas, para que México adopte un modelo convencional de desarrollo, dependiente de los grandes actores corporativos y los mega negocios. Pero usted tiene la oportunidad de fomentar algo diferente y mucho más interesante. Deles su poder, prestigio y visión a la gente joven, a sus empresarios e innovadores y a los idealistas prácticos del movimiento por el software gratuito. Eso compensará en el largo plazo y podría transformar drásticamente a México”.

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El método es la clave

Publicado por rtrejo on Diciembre 3, 2005

Publicado el 11 de diciembre de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Ginebra. Al cabo de un extenso y peculiar proceso deliberativo este miércoles comenzó la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. El bajo perfil que el gobierno mexicano decidió conferir a su delegación –encabezada por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola— ha sido parte del escaso interés que este evento suscitó en nuestro país.

   A diferencia de la nuestra en muchas otras naciones hubo reconocible atención, e incluso expectación, ante la convocatoria hacia Ginebra. La discusión del rumbo que el mundo quiere dar al uso de las nuevas tecnologías de la información y el debate sobre los medios de comunicación convencionales es de primera importancia. Pero en México, más allá del foro que organizó en mayo el Senado de la República y una consulta privada a la que convocó la semana pasada la Secretaría de Relaciones Exteriores, los preparativos de esta Cumbre pasaron desapercibidos.

   Por eso no ha sido extraño que a diferencia de las docenas de cubanos, chilenos o peruanos –para solo mencionar tres grupos de América Latina— que discuten y promueven sus respectivas visiones de la sociedad de la información en los bulliciosos pasillos del Palacio de Exposiciones en Ginebra, los mexicanos sean unos cuantos.

   Habrá mucho por decir acerca de las deliberaciones y decisiones de esta Cumbre. Los lineamientos que aquí se establezcan acotarán y orientarán el desarrollo de la Internet y los compromisos de los medios de comunicación convencionales. Más allá de esos acuerdos, México y especialmente nuestra desastrada clase política podrían aprender del proceso que antecedió a la Cumbre.

   Desde hace más de un año los gobiernos y organismos internacionales que promueven este evento pusieron a discusión de todos los interesados los borradores de Plan de Acción y Declaración  de Principios que serán aprobados el viernes próximo en la sesión plenaria de la Cumbre. Una intensa evaluación en espacios abiertos en la Internet permitió que todo aquel que quisiera, en cualquier parte del mundo, opinara acerca de esos textos.

   Los borradores fueron examinados, en tres sesiones preparatorias aquí mismo en Ginebra, por los delegados de los gobiernos y además por representantes de organismos no gubernamentales y de empresas relacionadas con las industrias de la comunicación y la información. Conforme se acercaba la fecha de la Cumbre las diferencias se decantaban más pero también se construía un contexto de coincidencias.

   Las tres reuniones previas no fueron suficientes y tuvieron que organizarse otras dos. Todavía la noche del martes pasado estaban siendo elaboradas las versiones finales. No comentamos aquí sus contenidos sino el método. Primero se definieron las ideas y las propuestas. Solo cuando hubieron sido delimitadas, los interesados apuntaron sus diferencias.

   Ahora que ya se conocen acuerdos y discrepancias los sectores que durante todos esos meses concurrieron en su examen han establecido posturas delante de tales documentos. La aprobación estará a cargo de los gobiernos. Los representantes de las empresas han señalado que no están de acuerdo con todos sus contenidos. Las ONG’s redactarán sus propias conclusiones y la tarde de este miércoles cabildeaban para que formen parte de los documentos oficiales de la Cumbre.

   Aunque los desacuerdos no son menores, están ceñidos por los acuerdos básicos. Uno de ellos es la voluntad para venir a discutir y expresar aquí las posiciones de cada quien. Este miércoles en la inauguración de la Cumbre el presidente del Comité Preparatorio, Adama Semassekou, ex ministro de Educación de Mali, consideró que ese procedimiento “puede ser el preludio de una nueva generación de cumbres internacionales…. en donde todos los que tienen decisiones en cada tema puedan participar de forma equitativa, sobre la base de propuestas formuladas por todos los protagonistas”.

   Ese es el método: primero las propuestas y luego las posturas en torno a ellas. En México, en cambio, en los días recientes hemos visto cómo primero se definen alineamientos y después se articulan iniciativas de cada uno de ellos.

   Las propuestas de reforma fiscal que están en juego no han sido discutidas con la amplitud que ese tema merece. Hay demasiada prisa –como si los legisladores no pudieran reunirse una quincena más, en periodo extraordinario— y demasiado nerviosismo.

   Por lo menos ya platican entre ellos. Hablando se entenderán, incluso en esa arena de intereses sin posiciones en que se ha convertido el PRI. Si de estos días pantanosos y grises nuestros dirigentes políticos entienden que hasta para reñir se necesita un método, quizá esta temporada de bulla hueca y desencuentros yermos no hayan pasado tan en vano.

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Maestros para la Enciclomedia

Publicado por rtrejo on Noviembre 15, 2005

Publicado el lunes 28 de marzo de 2005 en La Crónica de Hoy y otros diarios

El presidente Fox se empeña en imponer la Enciclomedia. A pesar del recorte presupuestario que dispusieron los diputados para limitar ese capricho del jefe del Ejecutivo y no obstante las dudas sobre su pertinencia pedagógica, la Enciclomedia está siendo instalada en salones de quinto y sexto años en primarias de todo el país.

El esfuerzo para generalizar esa computadora, con pantalla que al menos hipotéticamente permite que sea vista en todo el salón de clases y que está cargada con programas de enseñanza, resulta en principio plausible. Pero cuando se conocen las limitaciones de sus contenidos y sobre todo el hecho de que la Enciclomedia se sustenta en la Enciclopedia Encarta que hace varios años difundió la empresa Microsoft, comienzan las dudas acerca de ese dispositivo.

La supeditación que el país y sus escuelas tendrán respecto de esa firma de programas para computación es el primer motivo para recelar de la Enciclomedia. El apresuramiento y la ausencia de apreciaciones serias sobre sus contenidos constituye otra fuente de prevenciones. Y la falta de capacitación de los profesores para utilizarla puede convertirse en la principal causa para que los 2 mil millones de pesos que el presidente Vicente Fox se ha obstinado en invertir corran el riesgo de dilapidarse.

Desde luego, siempre es pertinente que en las escuelas haya computadoras. Quienes se oponen a ellas sosteniendo que las aulas necesitan antes de otras mejoras no hacen mas que imponer un prejuicio primitivo al desarrollo de la educación.

Pero las computadoras son instrumentos que funcionarán mejor o peor de acuerdo con la idoneidad de los programas que se les instalen y, sobre todo, según la capacitación que alcancen quienes estén a cargo de utilizarlas.

Recientemente en el diario Clarín, de Buenos Aires, la destacada escritora argentina Beatriz Sarlo publicó un ameno texto que recuerda las prisas mexicanas para instalar la Enciclomedia. Autora de libros fundamentales como el reciente La pasión y la excepción (que compara con gran inteligencia las personalidades de Jorge Luis Borges y de Eva Perón) Sarlo recuerda que hoy, en Argentina, se puede distinguir entre las escuelas para ricos y para pobres que no son necesariamente las escuelas privadas y públicas.

Se trata, más bien, de “escuelas para familias que poseen medios culturales, y escuelas para familias que no los tienen. Estas segundas pueden incluso ser familias ricas desde el punto de vista económico, porque la incultura de muchos privilegiados no es una novedad. Ir a una escuela para pobres marca como una condena temprana. Los chicos de la burguesía que van a malas escuelas, dispondrán de tiempo, dinero para nuevas experiencias educativas y conexiones familiares para ubicarse. Los pobres, por supuesto, no tienen instrumentos de compensación. Para los pobres, la escuela decide la vida”.

Una escuela para pobres, dice Sarlo, no es necesariamente aquella que no tiene computadoras: “En las escuelas para ricos es más habitual que haya computadoras, pero la diferencia no está allí, o no está solamente allí”.

“Podría existir –explica– una escuela donde se enseñaran los más sofisticados problemas matemáticos o de lengua sin una computadora, y donde se entrenara a los chicos en la búsqueda de información en dos enciclopedias que son tan difíciles o tan fáciles de manejar como Internet. Podría existir una escuela donde los chicos leyeran cinco libros por año, actividad que los prepararía mucho mejor para navegar en cualquier dimensión del mundo de la información virtual, las de hoy y las del futuro”.

“Los chicos leen fotocopias en las escuelas para pobres –recuerda Sarlo– porque no pueden comprar libros, los maestros no siempre saben dónde ir a buscarlos, ni el Estado los proporciona en cantidad suficiente, y también leen fotocopias en las escuelas privadas mediocres, porque los padres no corren a comprarlos, los chicos prefieren gastar en otra cosa y los docentes se adaptan a la desidia de la familia y la institución”.

“Cuando se leen libros, no hay problemas en leer también fotocopias. Pero algo misterioso sucede cuando sólo se leen fotocopias: de ellas no se pasa fácilmente a los libros”.

“En estas hipotéticas escuelas con libros verdaderos y sin computadora, lo que habría seguramente es maestros con un entrenamiento de primera –concluye esa pensadora argentina–. Y aquí está uno de los nudos de la cuestión: es más difícil entrenar maestros que comprar computadoras. Incluso puede ser más caro y necesariamente ocupa más tiempo y exige más constancia. De todos modos, no parece necesario optar entre buenos docentes y computadoras. Simplemente señalo el punto porque las computadoras, sin buenos docentes, se pueden convertir en un cyber [un cibercafé] pagado por el presupuesto educativo”.

Allí se encuentra uno de los grandes temas nacionales que no discutimos, ni advertimos, obnubilados como estamos por el desafuero.

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Sociedad de la información

Publicado por rtrejo on Noviembre 13, 2005

Publicado el 28 de mayo de 2003 en La Crónica y otros diarios

En todo el mundo desde hace al menos un año se organizan encuentros, consultas, seminarios y se toman decisiones que transitan por todos los ámbitos de la ciudadanía y el Estado para definir posiciones frente a la próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. En México ese evento y los temas involucrados en él nos estaban pasando desapercibidos. Aunque el gobierno mexicano ha participado en las reuniones preparatorias hacia la Cumbre, ese asunto no ha tenido la relevancia pública que se le reconoce en muchas otras naciones.

   La “Conferencia Internacional El reto de México ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información” que se realiza desde hoy y hasta el viernes en el Senado de la República subsanará, aunque sea en parte, esa omisión. Apenas a tiempo para que sus propuestas sean consideradas en los documentos de la Cumbre Mundial, esta reunión congrega a funcionarios, especialistas, legisladores y empresarios de distintos sitios que discutirán cómo involucrar a países como  nuestro en la construcción de ese ámbito sin fronteras, repleto de oportunidades pero también singularizado por enormes desigualdades, constituido por las nuevas redes mundiales de comunicación.

   La Sociedad de la Información es ese nuevo entorno definido entre otros rasgos por la abundancia de datos, la instantaneidad con que se transmiten, la capacidad para aprehenderlos casi desde cualquier sitio y la posibilidad para que cada quien coloque allí sus propios contenidos. Su columna vertebral es la Internet aunque en ella convergen los medios de comunicación convencionales y, en el futuro, habrá otros espacios y mecanismos imbricados con la red de redes.

   Esas nuevas condiciones han contribuido a cambiar cultura, educación, negocios y entretenimiento en nuestros días y apenas están por desarrollarse sus mayores posibilidades. A menudo a esos recursos de información se les idealiza con tanto frenesí que se olvida que una enorme parte de la humanidad continua marginada de ellos igual que de otros bienes culturales y materiales. A veces también se les demoniza como si el empleo de las redes con propósitos delictivos fuese culpa de ellas y no de quienes las utilizan de manera ilegal.

   Como quiera que sea las redes de información, cuya capacidad y velocidad han crecido sobremanera en los años recientes, forman parte insustituible del mundo contemporáneo, son el principal vehículo de la globalización, constituyen un segmento cada vez más lucrativo de la economía contemporánea y comienzan a ser el espacio de nuevas formas de relación tanto entre los individuos como entre núcleos sociales específicos.

   En México nos ha costado trabajo advertir esa importancia. A pesar de que el nuestro fue uno de los primeros países a donde llegó la Internet, su expansión ha sido lenta.

   México ha carecido de un auténtico programa de desarrollo informático. A veces el gobierno ha considerado que su único papel en ese terreno radica en promover el uso de computadoras en la administración pública. En otras ocasiones ha existido la explícita decisión de dejar el impulso a la Internet en manos de corporaciones privadas relacionadas con la informática. En cambio Estados Unidos y Canadá, naciones latinoamericanas como Argentina, Brasil y Costa Rica y toda la Unión Europea, cuentan con programas que promueven el uso de la Internet entre sus ciudadanos. Aquí, el proyecto e-México carece de definiciones precisas y sobre todo, de recursos suficientes.

   La Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información se desarrollará en dos fases. La primera será en Ginebra, del 10 al 12 de diciembre próximo. La segunda en Túnez, del 16 al 18 de noviembre de 2005. Será una ocasión excepcional para que los gobiernos, y a través de ello sus sociedades, se pongan de acuerdo acerca de los alcances, las reglas y los compromisos explícitos (traducibles en metas, dinero y plazos) que puedan asumir para impulsar la cobertura y el aprovechamiento de las redes informáticas y otros medios de comunicación.

   La Cumbre se propone definir metas precisas: que en el 2010 todos los poblados del mundo estén conectados a la Red; que en 2005 todas las universidades, en 2010 todas las escuelas secundarias y en 2015 todas las primarias tengan acceso a esos recursos; que en 2010, nueve de cada 10 seres humanos tengan acceso inalámbrico a la red de redes y cinco años después el 100 por ciento.

   Objetivos como esos, ciertamente ambiciosos, permitirán establecer un horizonte para que la sociedad de la información sea una colección de recursos abiertos a todos y no solamente un círculo elitista y discriminatorio. El asunto es de primerísima importancia y requiere compromisos y decisiones de todos los poderes estatales y desde luego, de la sociedad.

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