Viviendo en El Aleph

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Facebook para principiantes

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Diciembre 7, 2008

Nexos, diciembre de 2008

La granja

Quizá no hay ilustración más explícita del concepto capital social, acuñado por el politólogo Robert D. Putnam, que la versátil colección de redes, contactos y relaciones que entablan los usuarios de Facebook. La gente, como su nombre lo indica, da la cara en ese sitio pues es usual, aunque no obligatorio, que quien inicia una página en Facebook coloque allí su fotografía. También se registran la filiación académica o la ciudad del usuario, sus aficiones y cualquier referencia que a su juicio pueda interesar a quienes compartan circunstancias o afinidades. Con esa información se crea un perfil que solamente podrán ver aquellos a quienes dicho usuario decida aceptar como “amigos”.

La suma de amigos constituye la red que tiene cada usuario en Facebook. Hay quienes coleccionan centenares de amistades de esa índole, otros apenas llegan a una o dos. El promedio de amigos en Facebook es de 144 usuarios. En ese rincón del ciberespacio, a semejanza del mundo fuera de línea, para ser amigo de alguien esa persona tiene que considerarnos como tal. Únicamente esos “amigos” podrán ver la información que colocamos en nuestra página de Facebook.

La invención de Zuckerberg

En octubre de 2008 Facebook tenía más de 110 millones de usuarios regulares, que son aquellos que habiendo creado un perfil regresan al menos cada mes a consultar las novedades que hay entre sus amigos, así como en las redes de las que forman parte. Esas redes se construyen a partir de afinidades personales pero también alrededor de temas, inquietudes y causas de lo más diversas.

La creación y el vertiginoso crecimiento de Facebook constituyen una de las historias más exitosas en ese crisol de notoriedades y desengaños al vapor que es Internet. Hace menos de 5 años, en febrero de 2004, al joven Mark Zuckerberg se le ocurrió crear un sitio en donde sus compañeros de Universidad pudieran registrar sus preferencias. Facebook nació en la residencia de estudiantes de la Universidad de Harvard y en pocos meses se popularizó, inicialmente como recurso para encontrar pareja y luego como vistoso escenario para la exhibición de las más variadas predilecciones.

Cuando creó ese sitio en Internet, Zuckerberg todavía no cumplía 20 años. Hoy, Facebook es el quinto sitio más visitado en el mundo (después, en ese orden, de Yahoo, Google, YouTube y Windows Live) y hay quienes calculan que Zuckerberg ha ganado aproximadamente 1500 millones de dólares. Apuntalado por varios inversionistas, actualmente Facebook tiene un valor de quizá 8 mil millones de dólares que son fundamentalmente resultado de la publicidad que aparece en las páginas de cada usuario.

Facebook surgió de manera simultánea a otros sitios de intercambio de información personal y búsqueda de amistades como MySpace, Friendster y hi5. También coincidió con la expansión de Wikipedia y YouTube, en donde los usuarios pueden colocar contenidos libremente.

Facebook amalgama la posibilidad de exponer rasgos y gustos personales con la versatilidad de sus contenidos. Zuckerberg ha permitido que el código digital en el que se sustenta la matriz de Facebook esté a disposición de los creadores de software que, así, pueden diseñar variadas aplicaciones. Con ellas, los usuarios aderezan de contenidos sus páginas en Facebook.

Concurridos grupos temáticos

Gracias a esa tolerancia técnica y empresarial, este otoño había por lo menos 24 mil aplicaciones disponibles en Facebook: programas para colocar fotografías, compartir música, crear y mantener redes, capturar y propalar videos, votar y adherirse a las más contrastantes causas sociales y políticas, etcétera.

Cada usuario de Facebook tiene una red personal de amigos. Pero además, puede crear o formar parte de grupos temáticos que surgen y crecen constantemente. A fines de octubre, por ejemplo, la página Facebook dedicada a los Record Guiness contaba con casi 2 millones 800 mil miembros. La red de simpatizantes de Barack Obama en Facebook alcanzaba 2 millones 254 mil adherentes (cuatro meses antes tenía la mitad). La red llamada “The Snowball Effect – Official Experiment” que pretende ensancharse como bola de nieve hasta ser compartida por todos los usuarios de Facebook, tenía 1 millón 900 mil socios, en números redondos.

Muchos grupos en Facebook expresan admiración por artistas de todos los tiempos. La página de Madonna tiene 353 mil fans. La página de homenaje a Janis Joplin, 183 mil. Un espacio dedicado al excelente grupo de jazz sueco Esbjörn Svensson Trio, cuyo joven fundador murió en junio, era compartido por casi 2 mil personas.

Por esas fechas, “La red de seguidores de los Pumas de la UNAM” en Facebook tenía casi 10 mil miembros. “Personas que apoyan el día internacional del perro callejero”, 122 mil. Una página dedicada a intercambiar opiniones sobre el filósofo Emmanuel Kant, 2964 adherentes.

En algunos países de América Latina las redes de Facebook han tenido especial relevancia. La página llamada “10.000 Personas Para q Luis Alfredo Garavito no salga de la Cárcel” que busca la cadena perpetua para un colombiano acusado de asesinar a docenas de niños, tenía más de 103 mil adeptos. “Un millón de voces contra las FARC”, que en julio contribuyó a organizar una concurrida manifestación, alcanzaba 438 mil. “Un 1,000 000 de firmas para desnudar a Juanita Kremer M.”, creado para incentivar esa reveladora intención de una conductora de radio en Bogotá, reunió más de 194 mil entusiastas socios.

En agosto de 2008 Facebook modificó el formato de su página de acceso para que, en vez de la información personal de cada usuario, aparezca una relación de las innovaciones que sus amigos virtuales han emprendido en sus respectivas páginas. Se trata de una bitácora en constante cambio que permite apreciar, de un vistazo, las novedades en la información de quienes están enlazados a cada red personal. Esa modificación no les gustó a muchos miembros de Facebook y surgieron docenas de redes para oponerse a ella. La más concurrida, llamada “I Hate The New Facebook” en menos de dos meses alcanzó un millón 560 mil miembros.

Exhibicionismo y suspicacias

Robert Putnam ha explicado que el capital social comprende, entre otros aspectos, la confianza entre sus integrantes, la existencia de normas para sus relaciones mutuas y el sostenimiento de redes de relaciones comunes. Tales recursos deberían “mejorar la eficiencia de una sociedad al facilitar las acciones coordinadas”. De todo eso hay en Facebook independientemente de la frivolidad o la trascendencia, según la perspectiva de cada quién, de los asuntos que articulan sus redes personales y temáticas.

Surgido para enlazar alumnos universitarios, la afición por Facebook ha trascendido barreras generacionales y geográficas. A partir de evaluaciones de Alexa.com, que registra porcentajes de tráfico en Internet, podemos calcular que en septiembre pasado Facebook había sido visitado por unos 146 millones de personas en todo el mundo. Solamente la tercera parte de esos usuarios radica en Estados Unidos. El 10% se encuentra en Canadá y el 5% en Gran Bretaña. Alrededor de 2.6 millones de usuarios se conectaron desde Colombia y 1.8 millones desde México. En nuestro país, Facebook es el décimo cuarto sitio más visitado en Internet.

No existen estimaciones acerca de la composición generacional de los usuarios de Facebook en el mundo, pero en Estados Unidos se ha estimado que el 32% de quienes utilizan ese servicio son muchachos de entre 12 y 17 años. El 47% tiene entre 18 y 34 años. Y el 12%, entre 35 y 49 años. El interés por Facebook tiende a crecer entre usuarios mayores de 30 años.

En Facebook se comparte de todo: imágenes, invitaciones, adhesiones, rechazos. Es el sitio de Internet más utilizado para poner a circular fotografías. Cada día los usuarios de Facebook suben a sus páginas más de 30 millones de fotos.

En ese ejercicio de propagación hay ingredientes de amistad y solidaridad pero también de afán exhibicionista. La popularidad de Facebook se debe, entre otras causas, a la abundancia de imágenes personales que allí se encuentra. Brett Bumgarner, graduado de la escuela de Comunicación de la Universidad de North en Chapel Hill, ha considerado: “El voyeurismo no sería posible sin la existencia del exhibicionismo, o de auto exposición. Sin gente deseosa de colocar allí sus perfiles, Facebook simplemente no existiría. Entre las motivaciones que se han sugerido para esa clase de exhibicionismo, están la necesidad que uno tiene para clarificar o expresar su identidad, la necesidad de legitimarse uno mismo dentro del entorno social, la necesidad de mostrar información personal como una forma de desarrollar una relación y la necesidad de ejercer control social”.

La información que sus usuarios colocan en Facebook es examinada con mucha atención por empresas de mercadeo que encuentran allí un registro actualizado y fiel de las preferencias de diferentes segmentos de consumidores. Por otra parte, hay quienes han sugerido que el funcionamiento de Facebook no es de manera alguna inocente. En enero de 2008, el escritor británico Tom Hodgkinson aseguró que detrás del capital que ha respaldado el desarrollo de Facebook hay contribuciones de la Agencia Central de Inteligencia que, de esa manera, quiere “detectar nuevos enemigos de los Estados Unidos”.

Esas acusaciones no han sido comprobadas pero motivan extendidas suspicacias, especialmente en América Latina. La página “Yo también creo que Facebook es una conspiración de la CIA” tiene más de 1700 adherentes… en Facebook.

Delito, miedo y espectáculo

También se ha dicho que la información colocada en Facebook puede llamar la atención de estafadores y secuestradores. En agosto pasado, diversos medios de comunicación mexicanos difundieron informaciones sobre el uso que aparentemente habían hecho de ese recurso en Internet algunas bandas delincuenciales. Las recomendaciones al respecto no salen sobrando: nunca hay que olvidar que cualquier información que circula en la Red –lo mismo en sitios web que en chats o correo electrónico– puede ser mirada por personas distintas a los destinatarios para quienes colocamos o enviamos esos contenidos. Subir fotografías y datos personales a Facebook es como abrir las ventanas de nuestra casa, de tal manera que cualquiera que pase por allí nos puede ver.

Esas prevenciones son elementales, pero algunos medios de comunicación insistieron tanto en los riesgos de Facebook que más que denunciar a la delincuencia, parecía que estaban enderezando una campaña contra ese sitio en Internet. Varios usuarios mexicanos abrieron, entonces, un grupo llamado “Defendamos a Facebook de López Dóriga” que en pocas semanas alcanzó más de 500 miembros. Algunos adherentes de ese grupo consideraron que El Noticiero de Televisa quería descalificar a Facebook y otros servicios similares para beneficiar a Gyggs.com, la nueva red social patrocinada por esa empresa.

En otras circunstancias, el desagrado e incluso el miedo al intercambio retozón pero a veces también politizado que hay entre sus usuarios, han suscitado intentos de censura. Facebook ha sido bloqueado en Siria e Irán. En numerosas empresas y universidades, por otra parte, está vedado el acceso a ese sitio.

Aun así, o por todo ello, Facebook es parte de la cultura contemporánea y así lo reconoce la industria del espectáculo. A mediados de 2008 la productora Sony contrató al escritor Aaron Sorkin (que hizo el guión para La guerra de Charlie Wilson, entre otros filmes) para que escriba acerca del surgimiento de esa red social con la idea de hacer una película. Lo primero que hizo Sorkin fue abrir su propia página en Facebook. Ha recibido centenares de propuestas para el guión.

Referencias

-Brett A. Bumgarner, “You have been poked: Exploring the uses and gratifications of Facebook among emerging adults”. First Monday, Volumen 12, número 11, noviembre de 2007:

http://www.uic.edu/htbin/cgiwrap/bin/ojs/index.php/fm

-Nicole B. Ellison, et. al., “The Benefits of Facebook ‘Friends’: Social Capital and College Students’ Use of Online Social Network Sites”. Journal of Computer-Mediated Communication, Volumen 2, Número 4, julio de 2007: http://jcmc.indiana.edu

-Tom Hodkinson, “With Friends like these…” The Guardian, Londres, 14 de enero de 2008

-The Facebook Proyect: http://www.thefacebookproject.com

***

En febrero de 2006, gracias a una generosa invitación de José Woldenberg, esta columna comenzó a publicarse cada mes en Nexos. Ahora que la revista cambia de director me parece pertinente suspender la publicación de “La granja” en estas páginas. Mi agradecimiento a lectores y editores de Nexos.

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Vivir en una sociedad virtual

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Agosto 22, 2008

Vivir en una sociedad virtual
Entrevista con Raúl Trejo Delarbre

Ariel Ruiz Mondragón

Conversación tomada del blog Bibliálogos. Entrevistas con autores de libros. 21 de agosto de 2008.

Producto de una formidable revolución científico-tecnológica, Internet se ha convertido en la parte fundamental de un fenómeno de gigantescas dimensiones en las diferentes vertientes de la vida de la humanidad: la por algunos llamada Sociedad de la Información, que existe alrededor de la vastísima cantidad de información y posibilidades de comunicación que con formidable rapidez y facilidad nos permiten los medios digitales, en especial la red de redes.

Así como internet ha abierto muchas posibilidades de desarrollo y bienestar, también ha profundizado las desigualdades existentes en el mundo, al ser un recurso que todavía no está al alcance de grandes sectores de la población mundial, fundamentalmente los más pobres. En ese sentido, uno de los retos y aspiraciones más importantes para el futuro será generalizar y democratizar su acceso y su uso como una vía para disminuir las brechas sociales y económicas.

Sobre esos temas Raúl Trejo Delarbre publicó hace un par de años su libro Viviendo en el Aleph. La Sociedad de la Información y sus laberintos (Barcelona, Gedisa, 2006); entonces aprovechamos la ocasión para conversar con el autor acerca de asuntos como las desigualdades y la exclusión en dicha sociedad, las políticas públicas y educativas para extenderla, las libertades, derechos y deberes del ciudadano internauta, la elección de la información valiosa, su utilización en la democracia y sus principales ventajas y riesgos hacia el futuro.

Trejo Delarbre es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y profesor den la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma universidad. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, autor de 15 libros, fue fundador de la revista Etcétera y ha colaborado en periódicos como El Universal, La Jornada, Unomásuno, El Nacional y La Crónica de hoy, así como en las revistas Nexos y Zócalo.

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué escribir y publicar un libro como el suyo?

Raúl Trejo Delarbre (RTD): Le voy a dar una respuesta en principio simple: en primera, porque es mi trabajo. En el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, donde yo trabajo, uno de mis proyectos es relativo a la sociedad de la información en Latinoamérica, y con este libro cumplo parte de ese proyecto que tiene muchas vertientes. Entonces es, desde luego, parte de mi obligación.

Esa es una de las obligaciones que uno tiene la fortuna de poder elegir, y desde hace tiempo yo encontré en el de internet, y de manera más amplia en el de la sociedad de la información, temas susceptibles de tener una mirada más allá de la tecnología y más allá de una disciplina específica. A mí me llamó la atención cómo hay economistas, historiadores, sociólogos, abogados, físicos, matemáticos que escriben y estudian acerca de internet. Yo he querido beneficiarme de aportaciones de una enorme cantidad de autores y tener una visión multidisciplinaria, desde luego con el sesgo de mi propia formación personal.

Desde hace tiempo tenía una enorme cantidad de datos e información resultado del intercambio con otros colegas de otros países, resultado de mi propia observación y práctica en internet, y también porque hace diez años, en 1996, tuve ocasión de publicar en Madrid un libro que se llama La nueva alfombra mágica. Usos y abusos de internet, la Red de redes, y a partir de entonces tuve respuestas, sugerencias y críticas de colegas de muchos sitios, de las cuales me he beneficiado para tener una visión más especializada, no sé si más analítica, quizá menos descriptiva que aquella, que era pionera, muy inicial de internet. Este libro, casualmente, tiene ocasión de aparecer diez años después de aquella alfombra mágica, y por eso lo escribí y por eso está circulando.

Ojalá los lectores de esta charla sean lectores de este libro. Sinceramente creo que es un libro que se deja leer, que está amparado en numerosas coartadas que he buscado en la literatura, particularmente en la de Jorge Luis Borges y de allí el título, pretencioso pero que quiere ser más homenaje que apropiación de este enorme autor argentino.

AR: El libro es acerca de la sociedad de la información. Usted señala que ésta es propia de un mundo globalizado, una sociedad en la que también se reflejan las desigualdades sociales. En ese sentido, ¿quiénes, cuántos y por qué están excluidos de ella?

RTD: Varía según el indicador que utilicemos, y depende de qué entendamos por sociedad de la información. Yo asumo una definición amplia de ella, y la entiendo como el contexto que es creado por una vasta diversidad de recursos tecnológicos. La sociedad de la información es aquella que está articulada por internet, en primer lugar (insisto en llamarle en el libro “columna vertebral de la sociedad de la información”); pero también es aquella a la que nos conecta la televisión satelital, la radio digital, la enorme cantidad de discos que hay en las tiendas de música, la posibilidad de digitalizar un video y de venderlo de manera ilegal para regalárselo a un amigo. Habitantes o ciudadanos partícipes de la sociedad de la información son los muchachos que abren un blog en internet, o los que descargan en su Ipod una colección de música para su uso personal, somos lo que utilizamos correo electrónico, o los que participan en los salones de chat.

Podemos decir, con una precisión limitada, que están en la sociedad de la información los que tienen conexión regular a internet; pero quizá no es del todo cierto porque hay gente que no está en internet pero sí tiene televisión satelital.

En todo caso, para darle una respuesta más concreta, hoy en día entre el 80 y 85 por ciento de la humanidad no tiene conexión a internet. Entonces estamos hablando de un 15 por ciento, que son muchos centenares de millones de personas, y no son todos, sino que faltan muchos. En el caso mexicano tienen conexión regular a internet 18 o 19 por ciento para este año; nos falta más del 80 por ciento, cerca de 83 millones de mexicanos que no tienen este recurso, por mucho que para quienes vivimos en ciudades como la de México se nos haya vuelto tan familiar y tan indispensable.

Es decir, la sociedad de la información es tan maleable, tan inasible a veces, con una sola definición y con un solo indicador estadístico, que depende del criterio que utilicemos para apreciar la cantidad de gente que está en esa sociedad.

AR: La discusión del primer capítulo, pero que está presente en varias otras partes del libro, es acerca de qué políticas públicas pueden ser idóneas para impulsar la tecnología de la información y de la comunicación. Me llamó la atención el caso de Uruguay, que usted menciona, en el que se ha logrado una cobertura de 37 por ciento de conectados. ¿Qué políticas puede ser idónea para lograrlo?

RTD: En primer lugar, la peor política pública es la que no existe. El gran problema mexicano ha sido la ausencia de políticas específicamente diseñadas para ampliar la cobertura de internet y la apropiación por la sociedad mexicana de estos recursos.

Hemos tenido políticas específicas para que haya más computadoras en el gobierno, o para que haya pizarrones electrónicos en las escuelas, políticas parciales y muy discutibles. En este sexenio el presidente Vicente Fox impulsó algunas medidas para que hubiera centros comunitarios de acceso a internet, pero con tan mala planeación, con tan escasos recursos y con tan propagandístico afán (antes que nada), que ocurrió que en muchos municipios las computadoras que ya había en escuelas o en hospitales de la Secretaría de Salud, las incorporaron a la red y al sistema de México; qué bueno que las enlacen, qué malo que diga que eso es algo nuevo, porque eran y son computadoras tan viejas, con procesadores tan anticuados, que no sirven para navegar en internet.

Una política nacional debería tener recursos, voluntad del gobierno, tener una orientación pluridisciplinaria para que no tuviera sólo el afán de promoción del gobernante en turno. Debería tener una visión flexible y amplia del desarrollo tecnológico para que no ocurra, como en el caso de Enciclomedia, que la tecnología que se utilice sólo dependa de una empresa (la empresa Microsoft, que casualmente es una empresa que si bien lo hizo a partir de donaciones muy importantes de algunas instituciones privadas, entre otras la fundación de la esposa del presidente de la República). Esto no es parte de una política nacional, sino de un programa de enriquecimiento y lucimiento personales de algunos individuos.

Una política nacional podría ser como la brasileña, en donde hace ocho años el gobierno convocó a sectores muy variados para crear un consejo de internet de Brasil, integrado por cerca de 100 personas de adscripciones políticas, tecnológicas y civiles muy variadas. Eso es una política nacional; lo otro, todavía no.

AR: Hay otros elementos que usted también considera necesarios para la integración en la sociedad de la información. Usted menciona que allí está la información, pero que debemos procurar que se convierta en conocimiento: podemos discernir de la información los puntos que nos sirvan, pero ya teniendo cierta experiencia y cierta preparación intelectual. En el aspecto educativo, ¿qué se tiene qué hacer para aprovechar plenamente internet?

RTD: Creo que internet amerita una educación específica, en primer lugar para dominar los rudimentos técnicos, que no son cosa del otro mundo pero que hace falta conocer, que a gentes como a usted o como a mí nadie nos enseñó, y que casi todos hemos tenido que aprender sobre la marcha por la vía del ensayo y del error. ¿Por qué no evitarle a los estudiantes que están entrando hoy a la Secundaria o que están saliendo de la Primaria, las penurias que hemos padecido algunos de nosotros?

Tendría que haber cursos de introducción al uso de estos rudimentos de la información;al igual que un curso de alfabetización, al igual que se nos enseña a leer y a escribir, tendría que enseñársenos a navegar en internet. Esto es difícil pero no es imposible; ya hoy en muchas escuelas primarias los profesores les piden a los alumnos que investiguen en internet, porque saben que de todos modos lo van a hacer, y más vale anticiparse a esa posibilidad.

También tendría que ser parte de nuestra educación cívica para aprender a distinguir entre información útil y la que no, para aprender a deliberar en internet. Todo esto lo vamos a ir logrando por la vía de la inercia a la que nos compele este uso que de todos modos existe. Pero valdría la pena entonces que no fuera la inercia de los acontecimientos sino el resultado de una política educativa específicamente planeada para ello que se utilizara el internet.

En otros países, haya o no computadora en el salón de clase (sobre esto hay una discusión interesante en Estados Unidos, por ejemplo) a los niños y a los muchachos se les induce a utilizar el internet. En México muchos de los muchachos utilizan internet para chatear y para bajar música (lo cual no está mal), pero no se les inculca la utilización creativa, cultural, educativa, informativa más específica. Eso es lo que nos sigue faltando, y ha sido muy difícil, entre otras cosas, porque para que los niños tengan al internet como parte de su formación escolar hace falta que los maestros conozcan, hacer cursos para saberlo utilizar. Aquí en México los maestros no quisieron llegar a tiempo hace diez años al uso de internet.

AR: El uso de internet y los recursos informáticos han expresado la desigualdad existente en el mundo; pero también hay (como usted la expresa en el libro) una aspiración de que pueda ayudar a construir un mundo más justo, más equitativo. Después de 13 años de utilización abierta y más amplia de internet, ¿ha sido más utilizado para aumentar que para disminuir esa desigualdad al día de hoy?

RTD: Yo creo que las dos cosas: todo nuevo recurso tecnológico se convierte en un factor de desigualdad adicional a los que ya hay en las sociedades contemporáneas. Cuando aparece la televisión de plasma (que está de modo y es carísima) pues de pronto los que no tenemos dinero o los que no queremos gastar en eso nos volvemos desiguales, nos volvemos marginados respecto de los que sí deciden hacer ese gasto.

Lo mismo ocurre con internet, pero en el caso de la red de de redes, este factor intrínseco de desigualdad se va abatiendo conforme pasan los años: hoy en día comprar una computadora en mucho menos difícil de lo que resultaba hace 10 o 15 años, porque se ha vuelto más barato. El hecho es que cualquiera que esté conectado, que ya pasó la barrera de la desconexión, o cualquiera que tenga su computadora con su conexión y pueda colocar el contenido que quiera, puede recuperar y apropiarse del contenido que quiera de los que hay en la red, de la misma manera en Oaxaca que en Manhattan, en Chiapas que en París. El hecho de que los internautas puedan acceder a la misma información, aunque algunos lo hagan en mejores computadores y con mayores velocidades que otros, implica un factor de democratización no sólo en el acopio de información sino en la capacidad de expresión.

Si usted me pide que elija, le diría que en estos años han sido muchas más, sin duda, las ventajas que las disparidades que ha impuesto internet.

AR: En este sentido, ¿la brecha digital que usted menciona, y que no nada más se ciñe a contar con los recursos tecnológicos, se ha ido cerrando en estos 13 años de popularización de internet?

RTD: Se ha venido cerrando porque hace 12 años en México había casi 200 mil internautas, y ahora somos casi 20 millones. En el mundo había 25 millones, y hoy se está rebasando, quizá, la barrera de los mil millones. Evidentemente hay más gente que tiene acceso a estos recursos, y este reconocimiento no debería llevarnos a decir que todo está bien. Yo creo (es lo que he intentado en este tipo de trabajos) que hay que tener una visión ni integrada, que es la que dice que todo está bien, ni apocalíptica, que es la que dice que todo está mal, citando a Umberto Eco.

AR: Usted menciona como una de las características de la sociedad de la información el ámbito de libertad; pero también menciona que es necesaria la protección de los derechos individuales y sociales en la red. Ambos pueden llegar a chocar. ¿Hoy cómo están protegidos estos derechos?

RTD: Hay muchos abogados y juristas que dicen que falta mucho para normar el internet. Yo en lo personal considero que no, que lo que hay que hacer (y ya se ha hecho en muchos casos, incluso en México) algunos ajustes a los códigos legales que ya existen para tipificar como delitos aquellos abusos que se cometan en la red y que serían delitos en el mundo fuera de línea. Si a mí me asaltan en persona cuando saco dinero de un cajero en el banco, es un delito; igual tiene que ser absolutamente indudable el hecho de que si a mí me sacan dinero de mi cuenta bancaria a través de internet, se trata de una conducta delictuosa. Si alguien pervierte a un niño y lo obliga a tener relaciones sexuales, pues es un delito -y de los más terribles-, y hay que castigar con la mayor severidad; si alguien se aprovecha de internet para hacer lo mismo, para tener una cita con un menor de edad y abusar de él, pues evidentemente es un delito con o sin internet.

Por lo demás, creo que una gran virtud de la red de redes radica en la enorme libertad que hay para la expresión. En internet pueden propagarse pensamientos, datos y conceptos muy nobles, virtuosos y edificantes, pero también muchas mentiras, contenidos repletos de odio y de animadversión. Creo que debe existir la libertad para decir lo que sea, las tonterías más grandes, pero también para rectificarlas debería haber recursos, para enmendar las calumnias y para evitar fraudes. Pero fuera de esto, creo que la gente tiene derecho a ingresar a sitios con contenidos de cualquier índole. Haciendo a un lado el asunto de los niños (que deben ser protegidos), creo que los contenidos sexuales más extravagantes, si hay quien quiere colocarlos y hay quien quiere mirarlos o consumirlos, si se trata de adultos, deben estar en el derecho de poder hacerlo. Los padres de familia tendrán que contar con recursos para evitar que sus hijos se asomen a contenidos que ellos no quieran que contemplen. Aquí la única receta, además de utilizas software que bloquee algunas páginas, es la asistencia a los niños y a los jóvenes cuando navegan por internet. No hay de otra.

AR: Dice usted que la sociedad de la información es la más vigilada de la historia. Allí también podría haber ciertas connotaciones peligrosas para las libertades. ¿Cuál podría ser el papel de internet en el control social, tomando en cuenta el asunto de las cookies o de proyectos como Echelon –que no sé si sea cierto o no?

RTD: No es cierto. Creo que hay dos riesgos de limitación a las libertades en internet: en primer lugar la creencia -ignorante pero que llegó a estar muy arraigada- de que internet era un nido de delincuentes y que por eso había que reprimirla y censurarla; esto se extendió a partir de 2001, aunque ya desde 1996 hubo proyectos de censura por parte del gobierno de Estados Unidos, los que fueron atajados por grupos de defensa de los derechos civiles en internet. Aquí hay una tarea de explicación y de pedagogía que los interesados en defender estas libertades tienen que hacer para convencer a los jueces y a los gobernantes de que en internet hay de todo, y que igual que en la realidad, en cualquier calle de nuestras sociedades, hay gente buena y mala, hay gente que ayuda a los demás, que es muy solidaria, y también delincuentes y bandidos, como los hay en internet. Éste, he dicho en otro momento, es una suerte de colección de espejos de la realidad: si en la realidad hay maldad y solidaridad, lo mismo habrá en la red.

El otro asunto que hay que tomar en cuenta es el hecho de que, al ser información disponible para todos, lo que pongamos en internet o lo que sea registrado allí puede ser consultado por todos. Si alguien abre un blog y cuenta sus vicisitudes personales con asuntos muy íntimos, pues no se debe sorprender por el hecho de que alguien, cualquier persona que tenga acceso a la red, pueda leer ese contenido. Si alguien envía un correo electrónico con un asunto personal que no quiere que sea conocido, se está equivocando: hay que reconocer y recordar que todo contenido que navega por internet es susceptible de ser conocido por otros. Aunque yo le mande un correo personal a usted, es muy sencillo que alguien interesado en interferir mi correspondencia o la de usted lo haga, o me puedo equivocar y picar a otro destinatario. Vaya, si uno tiene secretos que desea que permanezcan como tales, no hay que ventilarlos en internet, ni convertirlos a formato digital, que es muy susceptible de ser reproducido y reenviado con mucha facilidad.

A veces se nos olvidan estas cosas, y se nos olvida que en internet hay recursos que pueden implicar que otros conozcan lo que hacemos en la red, como las cookies, que son archivos que rastrean nuestras actividades en la red. Insisto: si alguien no quiere que algo sea conocido, que no lo haga en internet, porque éste es un sitio público antes que nada.

Lo que falta es más información y obligación de las empresas en forma ética para advertirnos que cuando, por ejemplo, compramos un libro en Amazon, nuestras preferencias como consumidores de libros están registradas y pueden ser conocidas y compartidas por otros.

El uso de dispositivos digitales abre nuestros asuntos personales al escrutinio de otros. Eso es una realidad. Debiera estar reglamentado, y lo está, pero insuficientemente; debiera estar prohibido el tráfico con datos personales (salvo que la gente lo autorice). Es parte de las nuevas reglas que hay que establecer, y por las que los consumidores mexicanos no siempre se preocupan. Hay que reconocer que muchas veces por descuido no nos fijamos en las letras pequeñitas de los contratos, en las que nos dicen que nuestros datos pueden ser utilizados para vender nuestros domicilios o datos electrónicos.

AR: En el libro vienen cifras espeluznantes acerca de la información que circula; el número de páginas existentes supera lo asombroso. Haciendo un símil, decía Ortega y Gasset que debería haber bibliotecarios que guiarán a los lectores por los libros que realmente valen la pena. En varias partes del libro usted se pronuncia por hacer “cartas de navegación” para que el internauta no ande perdido. ¿Ya se han realizado esas “cartas” que nos permitan llegar a la información que vale la pena, o cómo se harían?

RTD: Sí. Por un lado hay gente con alguna especialización en cualquier campo que lo conoce, sabe qué hay en internet, y también hay sitios especializados para quien quiere acceder a un campo específico de conocimiento.

Por otro lado, cada vez hay más un sentimiento de apoyo mutuo que se mantiene en internet, y está proliferando la tendencia a etiquetar los contenidos, las tags que colocan los usuarios o visitantes de un sitio en las listas de sitios preferidos de algunas gentes, y son útiles para que quien comparte los gustos e intereses de esa persona sepa que hay algo interesante.

Son guías iniciales, pero tienen el riesgo de que se puede popularizar la cultura más comercial o más ligada a lo que es popular en el momento, en detrimento de contenidos de otra índole. Pero esto es parte de la apertura de internet a la sociedad, igual que los libros y las películas.

AR: Por la velocidad con la que se cambia de página, por la cantidad de mentiras que también circulan en internet, ¿es, en alguna medida, también un obstáculo para el conocimiento?

RTD: Yo vería que por un lado la proliferación de charlatanerías, mentiras e intolerancias no es culpa de internet, que es un instrumento. La superchería y la ignorancia ya existen, y es inevitable que encuentren un mecanismo natural de propagación a través de internet, sobre todo si hay intolerantes e ignorantes a los que les gusta propagar sus prejuicios y su desconocimiento.

Cuando la gente cree que hay una información de la índole que sea, que por el hecho de estar en internet es cierta, se está equivocando. Es como si creyéramos que es cierto lo que se dice en las revistas que se venden en los puestos de periódicos, o lo que escuchamos en una conversación en un café o en el Metro. La gente dice rumores lo mismo de persona a persona que en internet.

Entonces lo que hay que hace es aprender a distinguir lo real de lo que no lo es, lo mismo en internet que en la vida fuera de línea. La gran ventaja en internet es que ocurre como en el caso de la Wikipedia: una enciclopedia creada por la gente que está en internet y que le da la gana contribuir, porque tiene el deseo de poner una definición allí. Se pueden colar muchas mentiras y errores, pero también hay un mecanismo para que la misma gente, cuando encuentre un error, lo pueda enmendar.

¿Le debo creer a los datos que hay en la Wikipedia? Pues hay que contrastarlos con otra fuente, en internet o en la biblioteca más cercana. Pero en general es un instrumento formidable: nunca antes ha habido tantas definiciones de los asuntos más variados en ninguna enciclopedia en la historia del mundo.

AR: De internet también llama la atención que ha facilitado la interactividad. ¿Con ello ha aumentado la participación política y social de la ciudadanía en la vida real, que haya más votantes y un mayor asociacionismo, por ejemplo?

RTD: No tengo datos para decir si hay más gente en los partidos o en las Ong’s. Lo que sí se puede decir, sin duda, es que las organizaciones de la sociedad y políticas que ya existían, tienen en internet un espacio para propagarse, para enlazarse con sus miembros con una eficacia que antes no tenían, y también es un espacio para enlazarse entre ellas. La presencia internacional de Ong’s hoy cuenta con un recurso del que antes no disponía.

La posibilidad de que la gente se entere de lo que dicen esos grupos hoy es mayor. De hechos, los sitios de los partidos políticos, más que convencer a alguien para que vote por algún candidato, sirve para que los que quieren información (los periodistas, por ejemplo) dispongan de ella con facilidad.

Puede ser que haya formas de participación que antes no existían, y que son una suerte de sucedáneo (no siempre pleno) de viejas formas de participación. Antes –como a mi sí me toco-, cuando uno simpatizaba con un partido político y lo quería apoyar, hacía pintas en una barda, repartía volantes en el calle, y a veces nos perseguía la policía. Hoy hay quien se conforma con que su forma de activismo sea la reproducción de correos electrónicos, o el hackeo de una página que no nos gusta. A veces hay quien llega a tener formas de participación tan acotadas a internet, y sobre todo tan limitadas a expresarse delante de los ya enterados que se vuelven formas muy catárticas y quizá políticamente poco eficaces.

AR: En el libro se habla también de la utilización política democrática de la red, de los proyectos que hay en Europa que podrían llegar a ser de una democracia trasnacional. En tal dirección también hay personas que piensan que la gente podrá votar acerca de todos los asuntos, con lo que la democracia representativa quedaría disuelta. ¿Hay posibilidades de hacer esto realidad con internet?, ¿eso le parecería deseable?

RTD: No sé si es deseable; es posible, sí, pero no hoy. ¿Será útil? Parcialmente sí, sobre todo porque internet puede servir para que la gente vote a distancia en algún momento lejano. Pero debo decir que hasta ahora no hay un mecanismo seguro para ejercer el voto electrónico; hay muchas empresas -en Estados Unidos y Gran Bretaña, sobre todo- que están empeñadas en ello como un paradigma de participación. Pero hoy en día no hay un solo sistema que garantice plena confiabilidad.

Hay de dos: unos a través de internet, que son más vulnerables a cualquier interferencia, y otros mecanismos electrónicos que están enlazados a redes que no tienen que ver con internet, pero aun en ellos no hay un mecanismo pleno de verificación de la identidad del votante. Lo más avanzado que se está investigando es la identificación a través del iris ocular; esto va a prosperar pronto no por algo relacionado con las elecciones, sino por la necesidad de identificar a la gente y de supervisar sus actividades ante la proliferación del terrorismo. Justamente es un programa de la Unión Europea para facilitar la investigación e identificación a través del iris ocular -y también de las huellas digitales, pero también son falsificables-, y seguramente cuando eso prospere va a ligarse al voto.

Internet no sirve solamente para expresar a distancia la opinión sobre cualquier cosa; sirve también para discutir. El gran riesgo es que hagamos de internet un espacio en donde sólo expresemos nuestros sentimientos o nuestra animadversión a cualquier asunto. En internet y en la vida real hay una enorme cantidad de matices entre el Sí y el No, y justamente la deliberación de esos matices es lo que puede dar lugar al reconocimiento de que hay una sociedad muy rica, muy versátil y muy plural que no está sólo con los que están en blanco o en negro. Para eso tendría que servir; pero corremos el riesgo de que esta sociedad de la información a través de internet sea un entorno de mensajes concisos, de opiniones muy elaboradas, de personajes populares o impopulares, de gente que dice Sí o No. De nosotros depende, de los usuarios de esta sociedad de la información hacerla un entorno muy rico, capaz de rescatar el colorido que tiene la realidad dentro y fuera de línea.

AR: Usted habla de la ciudadanía de la sociedad de la información. La ciudadanía implica derechos y deberes, ¿cuáles son los de los ciudadanos de la red?

RTD: Antes que nada el derecho a poder utilizar plenamente los recursos informáticos. Por ejemplo, si nuestra conexión es sólo telefónica, tenemos una conexión muy pobre; si tenemos una conexión de banda ancha, entonces tenemos posibilidad de bajar con rapidez música, de ver películas con más calidad. Este es un derecho inicial que no se nos reconoce; hoy en día en México la calidad de conexión a internet es muchísimo más cara que en los países europeos, en Japón, Estados Unidos o Canadá. Estamos en desventaja. A quienes queremos tener una conexión de calidad nos cuesta muy caro en un país donde los salarios son mucho más bajos.

En segundo lugar, los derechos tienen que ver con la posibilidad de expresarse; si el derecho a expresión lo tengo vetado, por ejemplo si yo viviera en China, no podría poner en internet todo lo que con toda libertad puedo poner en México, Argentina o Brasil.

Un tercer derecho es el de interactuar con otros y a tener acceso a todos los sitios.

Acerca de las obligaciones: más allá de que lo digan las leyes, mi obligación es el reconocimiento de los otros, y el respeto a los contenidos, las ideas, los puntos de vista de los otros, sin más posibilidad de intolerancia que la que nos permite el discrepar cuando vemos mentiras o datos que creemos que podemos contrastar o verificar.

Las normas y los derechos en internet finalmente se reducen a los mismos que hay en la sociedad fuera de línea.

AR: Para concluir, quiero preguntarle lo siguiente: ¿cuáles son las dos grandes oportunidades que hacia el futuro nos abren la sociedad de la información y su columna vertebral –internet-, y cuáles son los dos principales riesgos que traen también consigo?

RTD: Dos grandes oportunidades: el conocimiento y la interacción. En internet podemos encontrar mucha información que sólo nos va a servir de algo cuando sepamos apropiarnos de ella y elaborarla como cimiento lo mismo para diseñar un nuevo paradigma matemático que para saber preparar un buen café. Nos podemos apropiar de él según nuestro contexto, nuestras necesidades y nuestras capacidades.

La otra gran ventaja es la posibilidad de reconocer en internet un punto de encuentro. Igual que usted y yo estamos conversando aquí, lo podemos hacer en un chat, por correo electrónico o por teléfono; nos es lo mismo que platicar en persona, pero es un sucedáneo en muchas ocasiones útil.

Las dos desventajas: la posibilidad de extraviarnos en el inmenso océano de información, y de creer que toda la información nos es útil, o de no saber cuál elegir, de no tener una orientación para discriminar dentro de ella; de saturarnos tanto de información que creemos una animosidad ante ella. Hay que saber aprovecharla.

El otro riesgo es el de la reproducción de la exclusión digital, en la medida que no tengamos este recurso disponible para todos o para más gente, y tendremos privilegiados que pueden navegar a grandes velocidades, apropiándose con más facilidad de estos contenidos y creando los propios, y muchos que al estar marginados de ellos no tengan las oportunidades y, a las desigualdades que ya sufren, aumenten la que se deriva de esta exclusión tecnológica.

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Los mexicanos y la cultura en línea

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Marzo 20, 2008

Resumen del texto entregado al Segundo Coloquio Oaxaca. Cultura mexicana: revisión y prospectiva. Septiembre de 2007. Publicado en Nexos, febrero de 2008.

 
No hay espacio más abierto a la cultura que la colección hasta ahora prácticamente infinita de sitios, territorios, bitácoras y recursos audiovisuales que, entre muchos otros contenidos, ofrece Internet. Nunca antes la humanidad había dispuesto de una diversidad tan extendida, y sobre todo despejada de taxativas y restricciones, como la que hay en la Red de redes. Y nunca hasta ahora, en parte debido a esa abundancia de recursos informáticos, habíamos estado tan cerca de saturarnos, abrumarnos e incluso intoxicarnos con una avalancha de contenidos tan apabullante como la que existe en Internet y en otras de las afluentes de la sociedad de la información. Abierta y ancha, la ilimitada colección de avenidas informáticas que es Internet se encuentra, sin embargo, vedada para quienes no tienen el privilegio de contar con equipamiento y conexiones suficientes.

  

El rezago digital

   A fines de 2007, 20% de los habitantes de América Latina tenía acceso a la Red. En México, si hemos de atender a los optimistas datos oficiales, en ese año habría cerca de 23 millones de usuarios [1], que constituían algo menos del 22% de los cerca de 106 millones de habitantes en el país. Es una cifra alta si tomamos en cuenta que, de acuerdo con las mismas fuentes, en el transcurso de 7 años los usuarios de la Red casi se quintuplicaron, para pasar de algo más de 5 millones en 2000 a los ya mencionados 23 millones. Pero siguen siendo pocos si reconocemos que casi 8 de cada 10 mexicanos carecen de ese servicio.

   Si las conexiones y la instalación de equipo aumentaran durante los siguientes años al mismo ritmo que lo hicieron en lo que va del siglo 21, antes de una década tendríamos una cobertura casi total de Internet en este país. Sin embargo tanto la experiencia internacional como el reconocimiento de la capacidad actual de la infraestructura mexicana y el simple sentido común permiten recordar que, después de haber llegado a un límite de eficacia, esos recursos crecen de manera más lenta. Sin embargo el gobierno federal dice que, para 2012, 70 millones de mexicanos serán usuarios regulares de Internet [2]. De ser así México se convertiría quizá en la nación con más intenso crecimiento en la cobertura de ese servicio en tan solo un lustro. Entonces podríamos hablar, con certeza, de un país plenamente incorporado a la sociedad de la información.

   Lamentablemente no hay sustento suficiente para compartir esa esperanza de las autoridades mexicanas en materia de telecomunicaciones. En América Latina, el país con mayor cobertura de Internet es Chile (43% a fines de 2007) seguido de cerca por Argentina y Uruguay (34%) [3]. En todo el mundo, por lo general, el desarrollo de la Red ha sido posible gracias a la existencia de políticas nacionales (y a veces, como en Europa, además regionales) que han incluido programas de gobierno para promover infraestructura en áreas que para las empresas privadas no son tan rentables como las grandes ciudades. Han existido regulaciones de los precios, así como de la competencia en las telecomunicaciones. Y en la mayoría de los casos se ha impedido que una sola entidad privada controle o acapare la oferta de servicios en ese campo.

   Nada de eso ha ocurrido en México. La postura gubernamental en el terreno de las telecomunicaciones ha sido la ausencia de política, con la esperanza de que la inversión privada subsanaría la ausencia de inversiones y regulaciones suficientes por parte del Estado. Los mexicanos que en 2007 tenían acceso a Internet en sus domicilios alcanzaron ese privilegio a costa de pagar una de las tarifas más altas que existen para dicho servicio en todo el mundo. En la primavera de ese año, el costo mensual de un megabite por segundo era de 27 centavos de dólar en Japón, 1.64 dólares en Francia, 3.33 dólares en Estados Unidos, 6.50 en Canadá, y 12.50 en España. Por ese mismo servicio, los mexicanos pagábamos 60.01 dólares [4].

 

e-México, desigual e insuficiente

   Nos referimos esencialmente a la Red de redes porque constituye, como hemos señalado en otro sitio, la columna vertebral de la sociedad de la información [5]. Por ella pasan los archivos de audio y/o video que, una vez descargados, pueden ser transportados y utilizados en dispositivos portátiles como el Ipod, lo mismo que las películas que cada vez resulta más frecuente bajar de Internet para mirarlas en la pantalla casera.

   En México solamente hasta la administración del presidente Vicente Fox, y con grandes limitaciones, existió un programa específico para el desarrollo de Internet. El proyecto e-México consistió fundamentalmente en la concentración de los recursos informáticos del gobierno federal, tanto en línea como en la infraestructura computacional que podía estar a disposición de los ciudadanos. El primero de esos aspectos significó la creación de una identidad común y la organización de ligas a docenas de sitios gubernamentales a partir de un portal centralizador ubicado en www.e-mexico.gob.mx. La segunda tarea fue la instalación de 7200 centros comunitarios digitales en todo el país.

   Los CCDs, habilitados con computadoras y conexiones a Internet, pudieron haber sido un poderoso eje para el desarrollo de una extendida cultura digital entre los ciudadanos. Sin embargo muchos de ellos carecían de instalaciones y equipamiento eficientes y, sobre todo, su creación no estuvo acompañada de proyectos de capacitación tanto para el personal que los atendería como para sus posibles usuarios. En la gran mayoría falta mantenimiento técnico y no hay proyectos para actualizar las computadoras allí instaladas. Se ha estimado que, hacia el final de ese sexenio, una quinta parte de tales Centros habían estado fuera de servicio [6]. El investigador Scott S. Robinson ha considerado que los centros digitales y los sitios en Internet del programa e-México tuvieron más desventajas que aportaciones, entre otras causas debido a que pocos gobiernos municipales se interesaron en aprovecharlos para difundir información útil a sus ciudadanos y ese proyecto dependió del software del consorcio Microsoft, cuando pudo haber utilizado programas de código gratuito o libre.

 

Espacio para irradiar y hacer cultura

   Los productos culturales que se encuentran definidos fundamental o exclusivamente por el afán mercantil abarrotan las redes informáticas de la misma manera que han colmado, antes, las programaciones de los medios de comunicación tradicionales. En la Red, los criterios que determinan la popularidad de un producto cultural son tan flexibles como el interés que pueda suscitar entre audiencias cada vez más heterogéneas y que por lo general tienen parámetros de calidad complacientes. Internet es plataforma de difusión pero, al mismo tiempo, espacio de creación, experimentación y confrontación de propuestas culturales. En sus imbricaciones con la cultura Internet tiene, entre otros, los siguientes rasgos [7].

   1. Internet reproduce contenidos culturales y de otra índole de los medios convencionales (televisión, prensa, radio). La prensa mexicana en línea se ha extendido con tanto éxito en la Red que varios de los sitios más consultados y originados en este país (especialmente www.eluniversal.com.mx  y www.jornada.unam.mx) son mantenidos por algunos diarios de la ciudad de México. Por lo general se trata de la simple reproducción de contenidos que esos medios difunden por cauces tradicionales. En 2005 la profesora Lizy Navarro Zamora compiló un inventario que da cuenta de la existencia de por lo menos 300 medios mexicanos en línea [8].

   2. Internet es en sí misma medio de comunicación, con posibilidades de interactividad, acceso y especialización que no tienen los medios tradicionales. Sin embargo el periodismo que se hace en la Red –y esta apreciación podría ampliarse a muchas otras formas de creación y/o difusión cultural– no suele aprovechar esas opciones. Sus mensajes siguen siendo, en lo fundamental, unilaterales y sin facilidades para que lectores, radioescuchas o televidentes de tales contenidos se conviertan, a su vez, en productores de sus propias comunicaciones. En otros países –el ejemplo de Gran Bretaña en este campo es tan pionero como en la radiodifusión abierta– los medios de carácter público ofrecen espacios en línea para que sus audiencias discutan e, incluso, coloquen sus propios textos, audios y videos. En México ha sido de la televisión comercial de donde han surgido iniciativas de modesta pero vistosa interacción. En 2007 el periodista Carlos Loret de Mola, conductor del noticiero matutino en el canal 2 de Televisa, abrió un espacio para la presentación de videos y fotografías enviados por los televidentes [9].

   3. En Internet se desarrollan o amplían formas de expresión e intercambio de productos culturales que aprovechan la versatilidad de formatos, así como la intemporalidad y la ausencia de barreras geográficas que tiene la Red. El talante colaborativo que suele haber en Internet permite que sus usuarios hagan consultas, pidan ayuda y se ofrezcan respaldo en asuntos de toda índole, entre ellos cuando requieren apoyo en tareas culturales. Un aficionado a la guitarra, por ejemplo, puede solicitar información acerca de una partitura y si lo hace en un espacio adecuado para ese tema es altamente posible que la obtenga en poco tiempo [10].

   4. Internet puede llegar a localidades remotas o a comunidades que experimentan alguna forma de marginación y en donde no se difunden otros medios. Aunque requiere de infraestructura que no todos tienen, la Red es una opción de comunicación e intercambio cultural en sitios lejanos de las zonas urbanas gracias a redes satelitales e inalámbricas que cada vez tienen mayor capacidad para conducir contenidos digitales. En septiembre de 2007, el Congreso Nacional de Comunicación Indígena que se reunió en la ciudad de México reconoció en una de sus resoluciones: “los comunicadores indígenas entendemos el proceso de comunicación en su sentido más amplio, con todas las formas posibles, desde las tradicionales de cada uno de nuestros pueblos, así como la prensa, la radio, la televisión, la Internet, cine y video” [11].

   5. Internet permite abrir espacios para la reflexión y la evaluación crítica de todas las formas de expresión cultural. Los aficionados y creadores en las más diversas manifestaciones culturales –cine, literatura y artes plásticas y desde luego televisión o radio– tienen numerosas opciones para discutir, contrastar y difundir opiniones. Los espacios para deliberar acerca de estos temas en los principales sitios de chats y/o de foros en línea son de los más frecuentados.

   6. Internet es el repositorio más amplio que existe para conservar, propagar, reproducir y compartir productos culturales. En el otoño de 2007 había aproximadamente 128 millones de sitios en la World Wide Web [12]. Cada sitio tiene una o muchas más páginas. Si indagamos en el buscador Google cuántas referencias tiene inventariadas con la palabra cultura, encontraremos que había, según ese recurso digital, 65 200 000 páginas en las que apareció ese término [13]. Cuando buscamos los términos “cultura” y “México”, los resultados se acotaron a 1 460 000. Eso no significa que haya tal número de páginas con contenidos de calidad. Pero esa cifra indica alusiones, conversaciones, construcciones, apropiaciones y circulación de contenidos relacionados con las más diversas concepciones del quehacer cultural.

   7. Internet propicia, imbricada con dispositivos de registro de contenidos digitales, nuevas formas de expresión multimedia. La versatilidad de los lenguajes digitales permite desarrollar formas de expresión creativas, en todos los campos del arte, que no serían posibles en los formatos convencionales. Hay tantos artistas mexicanos que han incursionado en el diseño, las artes gráficas y la fotografía digitales que resultaría muy extenso un inventario de su presencia en Internet. Valga señalar que la amplia diversidad de galerías digitales ya disponibles en línea y sobre todo el hecho de que cada creador puede montar sus propias exposiciones tan solo con armar un blog, permiten una difusión que nunca antes tuvieron las creaciones de carácter plástico. En otros terrenos, también ha sido posible desarrollar experiencias de literatura colectiva, entre ellas varias novelas.

   8. Internet facilita la apropiación de productos de carácter multimedia y nuevas formas de consumo. Los Ipods y otros artefactos para la reproducción portátil de archivos en formatos como el mp3 se han convertido en una de las más contemporáneas y versátiles formas de apropiación cultural. Esa utilización de productos culturales implica desafíos inéditos al concepto y las consecuencias del concepto de derecho de autor. Los dispositivos portátiles, además, se están convirtiendo en destinatarios de creaciones audiovisuales específicamente producidas para ser difundidas en ellos a través de archivos en formato podcast.

   9. Internet permite difundir, más allá de los cauces tradicionales, la actividad de artistas y creadores. El carácter abierto de la Red permite la propagación de contenidos de toda índole con la misma posibilidad de llegar a internautas en las más variadas latitudes. Por ejemplo el sitio MySpace, originalmente creado para colocar bitácoras personales de jóvenes estudiantes, ha sido aprovechado por músicos de todo el mundo con tanto éxito que su presencia allí ha sido motivo de interés periodístico: “El fenómeno de MySpace ha resultado benéfico para muchos músicos mexicanos, no sólo a los que viven en el país, sino a quienes han emigrado a distintas partes del mundo. Bandas como Bengala, Los Dinamyte y los tapatíos Porter han creado una fiel legión de seguidores en el ciberespacio. Son muy pocos los grupos que no utilizan esta herramienta, popularizada debido a la falta de espacios en compañías discográficas. MySpace ha servido no sólo para dar a conocer artistas, sino para mantener la carrera de algunos que por distintas razones se encuentran inactivos, como el caso de Sussie 4, que debido a un pleito legal con su primera disquera se mantuvo sin presencia discográfica más de dos años, pero en este sitio se colocó material para mantener el interés de todos sus fieles seguidores” [14].

 

83 millones sin blogs ni chat

   De los aproximadamente 23 millones de internautas mexicanos que de acuerdo con las estimaciones ya mencionadas habría en 2007, se calculaba que 15 millones han subido fotos o video a Internet. 6 millones de esos 23 millones han colocado o visto videos en YouTube. 13 millones dicen tener una página personal. 8 millones aseguran que el sitio de páginas personales que visitan con más frecuencia en MySpace. 18 millones han leído blogs [15]. No sabemos con certeza qué contenidos son los que consumen en esos videos, sitios y bitácoras. Pero podemos suponer que esos internautas son fundamentalmente espectadores de los audiovisuales y textos que otros han colocado, más que autores de sus propias opiniones, reflexiones y creaciones.

   Independientemente de lo que hagan o de lo que dejen de contribuir, consumir o crear en línea, esos hipotéticos 23 millones que incursionan en la Red constituyen una presencia importante pero insuficiente. Junto a ellos hay al menos 83 millones de mexicanos que no navegan, chatean, bloguean ni se asoman a YouTube porque no tienen facilidades técnicas ni materiales para ello. Los escritores, músicos, fotógrafos, videoastas y, en general los ciudadanos del mundo mexicano de la cultura que han quebrado inercias para aventurarse en los senderos del ciberespacio, se encuentran entre los pioneros que exploran y conquistan territorios en donde podría haber más y quizá mejores expresiones del quehacer artístico y el pensamiento en este país. Resulta imprescindible, para garantizar la creatividad que ahora despliegan y la que seguramente podrán extender y ejercer con más asiduidad, que se mantengan las libertades que han sido piedra de toque en el desarrollo inicial de Internet. También es necesario reconocer que, entendidos en su acepción más amplia, los derechos sociales de los ciudadanos –y, así, la construcción de una plena ciudadanía– requieren del cumplimiento del derecho a la comunicación del cual forma parte el acceso con calidad, libertad y seguridad a la Red de redes informáticas.

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[1] Primer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa. “Servicios de radiocomunicación y usuarios de Internet” en “Estadísticas nacionales”. Septiembre de 2007. Disponible en:

http://www.informe.gob.mx/ESTADISTICAS_NACIONALES/?contenido=288

La información de esta fuente estimaba que en 2007 habría 22 813 000 usuarios de Internet.

[2] México, líder mundial en centros comunitarios digitales: Del Villar”. Comunicado de prensa no. 122 de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, 21 de septiembre de 2007. Ese documento recoge declaraciones del subsecretario de Comunicaciones, Rafael del Villar Alrich.

[3] http://www.internetworldstats.com Consultas realizadas en septiembre de 2007.

[4] Datos recopilados por Daniel K. Correa “Assessing Broadband in America: OECD and ITIF Broadband Rankings”. The Information Technology and Innovation Foundation, April 2007. Disponible en:

http://www.itif.org/files/BroadbandRankings.pdf Estos datos incorporan la reducción de precios que Telmex, en México, estableció en su servicio de Internet durante el primer semestre de 2007. Antes de dicho ajuste la conexión de banda ancha que vende esa empresa costaba casi el doble.

 

[5] Raúl Trejo Delarbre , Viviendo en El Aleph. La sociedad de la información y sus laberintos. Gedisa, Barcelona, 2006.

[6] Scott S. Robinson, “Después de e-México: una propuesta”. En Scott Robinson, Héctor Tejera y Laura Valladares, coordinadores, Política, etnicidad e inclusión digital en los albores del milenio. Miguel Ángel Porrúa y UAM Iztapalapa, México, 2007, p. 367.

[7] En este inventario seguimos, adaptándola para la circunstancia mexicana, la descripción de rasgos culturales de Internet que hicimos en el ensayo “Internet en el espacio público Iberoamericano. Redes digitales en la cultura y la comunicación iberoamericanas. Apuntes para una agenda de cooperación” que forma parte del libro, coordinado por Enrique Bustamante,  La cooperación cultura – comunicación en Iberoamérica (título provisional) que será editado por Gedisa.

 

 

[8] Lizy Navarro Zamora, Comunicación mexicana en Internet. Guía de medios en línea. Fundación Manuel Buendía y Universidad Autónoma de San Luis Potosí. México, 2005, p. 52.

[10] El sitio artelinkado.com, creado por guitarristas de España y México, ofrece espacios para discutir temas relacionados con ese instrumento y su música y permite intercambiar partituras y recomendaciones entre sus aficionados: http://www.guitarra.artelinkado.com

 

[11] Declaración del Congreso Nacional de Comunicación Indígena. Reproducida en el sitio web de Radio Jenpoj, radio comunitaria mixe, cuyas transmisiones en Tlahuitoltepec, Oaxaca, son amplificadas a través de Internet: http://www.radiojenpoj.org/

[12] Netcraft, “August 2007 Web Server Survey”. http://news.netcraft.com

[13] Búsquedas en Google.com realizadas en septiembre de 2007.

[14] Franco Daniel Gómez. “Myspace oportunidad en internet”. El Universal, México, 27 de noviembre de 2006

[15] Asociación Mexicana de Internet, AMIPCI, cit.

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Investigar en la sociedad de la información

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Enero 31, 2008

Participación en Investigar la Comunicación, Congreso Fundacional de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación.

Santiago de Compostela, 31 de enero de 2008.

   La sociedad de la información es el contexto indispensable en el examen de las nuevas tecnologías de la comunicación pero, al mismo tiempo, es objeto de estudio en sí misma. Igual que en otros casos en las ciencias sociales, los investigadores de estos temas tenemos la oportunidad, pero también el desafío, de analizar el entorno que las determina lo mismo que las innovaciones comunicacionales y sus efectos específicos, los cuales son posibles gracias a la imbricación de los contenidos digitalizados con las telecomunicaciones.

   El entorno constituido por la sociedad de la información ha propiciado reflexiones fundamentales, y a veces fundacionales, que toman en cuenta elementos como la globalización económica y cultural, la propagación instantánea y abrumadora de abundantes contenidos, la irradiación de datos y experiencias consustancial a Internet y las dificultades que se mantienen en amplias zonas del mundo para conectarse regularmente a ella.

   A la sociedad de la información se le ha idealizado lo mismo que denostado. El debate acerca de los intereses y consecuencias que hay detrás y por efecto de ella ha sido tan crispado como, a menudo, esquemático. Los enfoques integrado y apocalíptico, ampliamente conocidos cuan frecuentemente esgrimidos en estas discusiones, han vitoreado de manera prematura, lo mismo que descalificado irreflexivamente, la existencia misma de la sociedad de la información. Cuando nos hemos limitado a ensalzarla, o a estigmatizarla, hemos incurrido en alguno de los más frecuentes síndromes que conducen a perspectivas parciales e insuficientes en las ciencias sociales. Mirar únicamente a la sociedad de la información como asunto general equivale a prestar atención sólo al bosque, desdeñando la complejidad, las ramificaciones e incluso los senderos contradictorios constituidos por los muchos árboles que la pueblan. De la misma manera, ocuparnos únicamente de uno o varios de esos árboles sin tomar en cuenta el bosque en donde surgen, se expanden, encuentran sentido y se convierten en fenómenos sociales y culturales, implica renunciar a reconocer el contexto que los hace posible.

   Para dejarnos de metáforas botánicas, vale decir que entender a la sociedad de la información de hoy en día requiere comprender en su contexto y estar al tanto de temas como las viejas y las nuevas opciones de producción audiovisual, los mecanismos de propagación digital que modifican el sentido original de la radio e incluso de la prensa, la expansión de Internet y las formas de apropiación que la gente ejerce respecto de ella, el surgimiento o la extensión de códigos culturales que se pregonan en el chat o en los blogs y que son parte del sustento de nuevas formas de socialización, el intenso y hasta hace poco impredecible desarrollo de la telefonía móvil y las maneras como está modulando y afectando a la interacción entre los individuos, la asimilación de las industrias de la información digital a extensos pero concentrados grupos comunicacionales… Hablar de la sociedad de la información puede convertirse en un enorme y reiterado cliché si no dotamos de contenido a esas reflexiones.

 

Diez rasgos en la investigación

 

   1. Un primer problema con el que tropezamos cuando queremos hacer diagnósticos lo mismo panorámicos que segmentados de la sociedad de la información, es la rapidez con que cambian algunas de sus principales manifestaciones. La velocidad misma, tanto para la transmisión de mensajes como en la irradiación de los nuevos dispositivos tecnológicos, es uno de los rasgos de la sociedad de la información. Ese atributo se convierte en dificultad cuando tratamos de registrar las mutaciones del nuevo entorno tecnológico y social.

   2. Con frecuencia, en segundo lugar, más que análisis de estas nuevas tecnologías hacemos apenas la crónica de su desarrollo, obligándonos siempre a fragmentar su circunstancia y efectos para poder ocuparnos de ella. Somos o queremos ser –o tenemos que ser– a la vez investigadores y protagonistas de ese desarrollo. Cuando estudiamos los usos de la Red de redes, los efectos del teléfono móvil o las implicaciones de los dispositivos de reproducción audiovisual con formatos mp3, nuestra experiencia personal se sobrepone inevitablemente al examen de esas nuevas tecnologías.

   3. Un tercer desafío se encuentra en la costumbre de abandonarnos a la seducción que siempre impone la reflexión conceptual o circunscribirnos a reproducir la gracia del dato duro. La tirantez entre especulación metodológica e información empírica, se presenta con frecuencia en las ciencias sociales y especialmente en el estudio de los medios. A veces nos asombramos tanto con el descubrimiento personal de nuevas utilerías tecnológicas y sus apropiaciones sociales que, a cada innovación, creemos que nos encontramos ante cambios drásticos o definitorios de nuevos efectos o conductas. Entre quienes observamos estos temas es frecuente la costumbre de querer encontrar, a cada momento, transformaciones substanciales o parteaguas históricos. En el otro extremo, tenemos a nuestra disposición tantos y a veces tan contradictorios datos acerca de estas nuevas tecnologías que a veces, abrumados en ellos, nos limitamos a glosar cifras y a remachar en ellas sin ceñirlas a un contexto analítico y crítico.

   4. En cuarto lugar, y esta no debiera ser queja sino fuente de exigencias, tenemos una producción intelectual tan constante y abundante acerca de temas como los mencionados que resulta prácticamente imposible estar al tanto de toda ella. En todo el mundo los estudiosos de la comunicación, pero también cada vez más los profesionales de otras disciplinas, se interesan por la sociedad de la información y los asuntos correlativos a ella aunque no siempre los reconozcan con las mismas denominaciones. Y tan sólo en el campo de quienes nos asumimos como estudiosos de la comunicación, hay una bibliografía y una proliferación de otros productos académicos tan variada (tesis, papers, artículos en revistas, ensayos en libros colectivos y ahora documentos en sitios web) que, por lo general, apenas si acertamos a estar al tanto de lo que se hace en unas cuantos países o solamente en algunas universidades.

   5. Esa abundancia de textos académicos, en quinto lugar, no significa que, por lo general, existan corrientes analíticas claramente diferenciadas ni que en todos los casos atiendan a metodologías únicas. Sería exagerado considerar que tenemos marcos teóricos del todo precisos para el estudio de la sociedad de la información. La novedad de estas indagaciones, lo mismo que las mutaciones que experimentan los nuevos medios y sus efectos, dificultan la adaptación al examen de la sociedad de la información de enfoques como los que se originan en el funcionalismo, la economía política, el análisis del discurso o los estudios culturales, entre algunas vertientes de la reflexión que ha prosperado en otras áreas de la comunicación. Sin duda hay tendencias y preferencias a las que de manera franca o implícitamente se adscribe cada investigador. Pero este campo es tan reciente que, a excepción de enfoques polares como los que antes comentábamos, aun están por conformarse escuelas de pensamiento expresamente diferenciadas en la búsqueda de explicaciones y para la comprensión prospectiva de los nuevos medios y sus variadas implicaciones.

   6. El estudio de la sociedad de la información, en sexto término pero esta es una de sus exigencias primordiales, tiene que ser multidisciplinario e incluso, como cada vez resulta más posible, transdisciplinario. Quienes hace algunos años nos acercamos al estudio de la comunicación desde la sociología, la antropología, o la filosofía, por mencionar solo algunas de las formaciones disciplinarias de quienes estamos involucrados en estas tareas, con frecuencia tenemos que ampliar el diafragma de nuestras lentes analíticas para tomar en cuenta elementos de la economía, la historia, el derecho, o incluso de especialidades como las ingenierías y la cibernética. Hemos tenido que confirmar, en ese desarrollo, la maleabilidad de la comunicación como disciplina y posiblemente, incluso, la necesidad de que se mantenga su indefinición como espacio de convergencia entre vertientes antaño disímiles de las ciencias sociales y las tecnologías.

   7. El estudio de los medios que concurren y se expanden en la sociedad de la información implica la fascinación de lo novedoso. Al observarlos, dicho sea en séptimo lugar, con frecuencia nos sentimos pioneros porque hay mucho de exploración inédita y de identificación de nuevas expresiones sociales y culturales en el atisbo de estos medios. Sin embargo tenemos que mantenernos alertas para distinguir lo auténticamente inédito de tendencias e inercias ya conocidas en el estudio de la comunicación. Estamos ante medios cuya originalidad tecnológica no siempre significa prácticas comunicacionales realmente nuevas.

   8. Pero indudablemente hay tendencias originales que podrían trocarse en nuevos usos sociales y culturales cuando por ejemplo, a pesar del entrañable aprecio que muchos de nosotros tenemos por la tinta y el papel, cada vez hay más documentos, incluso libros, que circulan exclusivamente de manera electrónica y que jamás serán impresos ni leídos de manera convencional. Algo está ocurriendo cuando en Japón algunas de las novelas de mayor difusión en los meses recientes fueron escritas para ser leídas en el teléfono móvil y han sido “descargadas”, en algunos casos, por más de 20 millones de personas. ¿Qué complejidad dramática, cuál lenguaje y con qué sintaxis pueden tener esas novelas que se leen en el móvil y se conservan en el disco duro de las computadoras? Algo cambia, también, cuando para centenares de millones de personas en todo el mundo las redes sociales de las que forman parte en Internet complementan de manera insustituible a las formas de relación presenciales y cara a cara de las que ya disponían antes de MySpace o de la concurrencia a salones de chat.

   9. A quienes nos interesamos en el estudio de la sociedad de la información nos corresponde no solo inventariar sino, además, tratar de entender el alcance de esas transformaciones. Estamos no sólo ante una multiplicación inédita y formidable de las opciones de consumo cultural sino ante formas distintas de apropiación de los productos de esa índole. Ahora, por ejemplo, los aficionados a un determinado tipo de música pueden elegir una sola melodía y no necesariamente todas las que están incluidas en un disco, de la misma manera que los interesados en un libro pueden seleccionar un capítulo en línea y no necesariamente todo el volumen. Esas nuevas formas de apropiación implican mayor libertad en el consumo pero también la segmentación e incluso la atomización, en la práctica, de las obras culturales. Es preciso entender esos fenómenos sociales y culturales en sus variadas dimensiones. Así, en un tema adyacente al que hemos mencionado, por lo general, existe más preocupación por los derechos de autor (a los que se confunde con las ganancias de las empresas) que por los derechos de las audiencias.

   10. En el estudio de los nuevos medios y de la sociedad de la información tenemos, en décimo lugar, la necesidad de trascender los lugares comunes que frecuentemente les hemos impuesto. Hemos creído, sin indagar lo suficiente, que Internet tuvo un origen puramente militar, que con la Red estamos ante un advenimiento fatal y promisorio de la interacción entre emisores y receptores, que estos recursos modifican radicalmente los quehaceres político, cultural y periodístico, o que resultan inevitablemente democratizadores. Sin embargo, en los mencionados ejemplos, el nacimiento de la Red de redes no estuvo tan supeditado a intereses del Pentágono como a menudo se dijo, la interacción que hace posible ha sido aprovechada por unos cuantos de sus usuarios mientras la gran mayoría sigue limitándose a un consumo pasivo de contenidos, el periodismo sigue y muy probablemente seguirá siendo realizado por profesionales de ese oficio que se nutrirán de abundantes fuentes de toda índole –entre ellas blogs y otros recursos en línea–, y por lo pronto Internet ha servido como espacio de información y discusión aunque, en lo fundamental, la conformación de la cultura cívica en nuestras sociedades sigue dependiendo de los ámbitos de socialización y medios de comunicación convencionales. En el otro extremo, hay quienes se limitan a mirar exclusivamente los efectos alienantes de espacios como los blogs y dispositivos como los Ipod, o la capacidad de Internet para propagar contenidos basura, delitos y pornografía. En esa tendencia a frasear y luego reiterar lugares comunes influye mucho la ya señalada tentación maniquea, que con frecuencia se reduce al enfoque tremendista o al de índole complaciente. Pero la práctica de simplificar el análisis de estos asuntos también se debe al apresuramiento con que a menudo (sujetos como solemos estar a exigencias, agendas y sistemas de evaluación académica un tanto compulsivos) debemos resolver nuestras tareas de investigación.

 

   Empeñarnos por aprender de la Sociedad de la Información para aprehender cabalmente sus significados sociales y culturales, tomar distancia respecto de manifestaciones triviales o anecdóticas sin perder la dimensión real de sus implicaciones, reconocernos en esa Sociedad de la Información sin olvidar que cuatro quintas partes de la humanidad siguen al margen de estos beneficios digitales y mediáticos, acaso nos permita contribuir para que además de datos este entorno tecnológico y cultural propague reflexiones. Todos estaremos de acuerdo en que es preciso lograr que la sociedad de la información lo sea también del conocimiento. Desde la investigación de estos temas, tenemos la oportunidad de favorecer la reflexión por encima de la negación o la estupefacción ante ellos. Podemos en suma, desde la investigación de los medios, coadyuvar a construir una sociedad de la argumentación y la deliberación.

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Tonos del celular: proclamas estéticas en miniatura

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Septiembre 6, 2007

Nexos, número 356, agosto de 2007.

 

 El año pasado había más de 2300 millones de teléfonos celulares en todo el mundo. Se trata, en cifras aproximadas, de un celular para cada 2.7 personas. Los teléfonos móviles prácticamente duplican, ya, a los de carácter fijo (que en 2006 eran alrededor de 1300 millones). La posibilidad de hacer y recibir llamadas sin estar atadas a la línea alámbrica ha cambiado hábitos y capacidades comunicacionales de las personas en todo el orbe.

   A la vez que nos ha hecho más libres, el celular nos ha creado nuevas dependencias. El teléfono portátil no solo nos vuelve ubicuos. Además suscita novedosas formas de comunicación y expresión que van desde el intercambio de mensajes de texto hasta la creación de cadenas de usuarios que propagan los mismos contenidos y la posibilidad de registrar y enviar fotografías y videos.

   Instrumento masivo, el celular no ha significado, sin embargo, una fatal homogeneización de la sociedad. El interés de sus usuarios para apropiarse de él, desde luego con la interesada ayuda de las corporaciones telefónicas, ha propiciado numerosas formas para singularizar al móvil. Hay quienes lo decoran con variadas cubiertas, o que colocan fotografías en la pantalla. Muchos más, añaden diversos tonos que se escucharán cuando el teléfono reciba una llamada.

   Concebidos para distinguir al celular, los tonos telefónicos singularizan a cada usuario. Es irresistible la tentación de hacer sicología o sociología instantáneas cuando escuchamos violines impetuosos, pianos rítmicos, cantantes de fama, maridos regañones, féminas ansiosas o vacas que mugen surgiendo de algún celular. Dime qué tono usas y te diré quién eres. El que a buen tono se arrima buena fama le cobija. Tono que ladra no muerde. Tono y figura hasta la sepultura. Más vale tono que fuerza. Mucho tono y pocas nueces.

   Los tonos telefónicos son un recurso del siglo 21. Antes de 1998 los celulares tenían unas cuantas opciones, casi siempre de sonido plano y metálico, para avisarnos cuando llegaba una llamada. Ese año varias compañías telefónicas comenzaron a ensayar cómo ampliar la capacidad acústica de los timbres, hasta llegar a la polifonía digital que hoy permite no solamente imitar sonidos sino, especialmente, reproducir cualquier melodía, voz o ruido. El interés de muchos usuarios –especialmente los más jóvenes– para renovar y diversificar los tonos de sus teléfonos, propició un auge tecnológico y mercantil que no estaba en los planes de negocio de las telefónicas.

   En Estados Unidos, tan solo en 2003, la compra de tonos para teléfono significó desembolsos de entre 80 y 100 millones de dólares. En 2006 esos gastos ascendieron a más de 600 mdd. En 2007 quizá disminuyan a 550. Sin embargo, mundialmente, la venta de ringtones podría ser mayor a 4 mil 700 millones de dólares en 2008.

   Tan sólo entre enero y abril de 2007 en Estados Unidos se vendieron 72 millones de tonos telefónicos. Esa cantidad no es mayor porque muchos usuarios comparten con sus amigos los tonos que han comprado o adquirido gratuitamente. La manía por los tonos tiene, igual que otras expresiones de la tecnología digital, rasgos a la vez individualistas y solidarios. Cada quien su tono, muchos usuarios de celulares eligen el sonido que los distingue cuando repiquetea su teléfono. Y no pocos de ellos estarán dispuestos a transferir a sus conocidos una copia del archivo digital que permitirá reproducir ese tono en otros celulares.

   Los tonos telefónicos se vuelven, así, no solamente sellos de identidad personal sino también de cohesión grupal.  Un estudio inglés acerca del porvenir de la telefonía celular subraya: “El éxito de los tonos telefónicos y los protectores de pantalla tiene mucho que ver con la capacidad para mostrar, compartir y transferir. Así la industria del móvil está bien prevenida para asegurar que sus futuros servicios harán posible compartir ese ‘contenido social’ ”.

 

Teléfonos politizados

   Terraplén del aislamiento cuando crea una atmósfera de exclusión alrededor del usuario que se aparta para contestar una llamada, el celular es, al mismo tiempo, vehículo que refuerza y causa nuevas relaciones sociales. Así sucede con otras tecnologías digitales de la información. Hace varios años Howard Rheingold, en su visionario libro Smart mobs, entendía al celular como eje de nuevos enlaces sociales capaces, incluso, de ocasionar respuestas colectivas como las que protagonizan las multitudes inteligentes convocadas con mensajes de texto instantáneo.

   El sonido del celular puede tener significados políticos como cuando a mediados de 2005, en Filipinas, muchos usuarios pusieron como tono telefónico la voz de la presidenta Gloria Macapagal cuando conversaba con Virgilio Garciliano, titular de la Comisión Electoral de ese país: “¿Hola, hola, hola Garcí…? ¿Así que voy adelante por más de un millón?”. El tono telefónico, que duraba 17 segundos y estaba aderezado con música de rap, reproducía una grabación aparentemente realizada por militares adversos a la presidenta. El gobierno no rechazó la autenticidad de esa grabación pero declaró ilegal su posesión porque había sido realizada de manera subrepticia. Aun así, el ringtone con la voz de la presidenta circuló por millares de teléfonos móviles.

   A mediados de 2007, en Estados Unidos los partidarios del senador Barack Obama han propagado tonos de teléfono con la voz de ese aspirante a la candidatura presidencial del Partido Demócrata. Además hay sitios en la Red que promueven la creación de ringtones políticos que encajan bien con el estilo conciso, apuntalado en frases notorias más que en ideas, que impone la mercadotecnia electoral.

   El portal Ring it on! explica, con una realismo a la vez que sarcasmo: “Somos una nación bendecida con políticos cuyas declaraciones prácticamente ruegan llegar a ser tonos de teléfono. ‘Misión cumplida’, ‘Los últimos estertores de la insurgencia’… No deje que se desperdicien esas perlas de la incompetencia política. Conviértalas en tonos de teléfono y déjelas saltar en los centros comerciales, las estaciones de autobús, los restaurantes, su trabajo… Hemos sido una nación de zombies políticos por mucho tiempo. ¡Ejercite su libertad de expresión y deje que suene el celular!”.

   Así que ahora, además de versiones simplificadas de New York, New York o de la Novena Sinfonía de Beethoven, los celulares irradian las voces de los famosos. Nuestras versiones vernáculas de esa politización telefónica podrían ser tonos que repitieran aquel “¿Yo? ¿Por qué?” con el que se definió el ahora ex presidente, o las vulgares conversaciones del gobernador Marín con su contlapache el empresario textil.

   Esa miríada de sonidos que invade hoy el paisaje urbano forma parte de la trivialización, pero también de la apropiación que la gente hace tanto de los asuntos públicos como de los dispositivos tecnológicos. Pero no en todas partes se acepta, o tolera, de la misma forma a los ruidos que brotan del celular. Amparo Lasen, autora de una indagación sobre el uso del móvil en varias ciudades europeas, ha escrito: “Los sonidos del teléfono móvil, tanto los tonos como las conversaciones, son parte del panorama musical en el transporte público. También están presentes, aunque menos utilizados, en los restaurantes… Las reacciones a la inobservancia de las reglas de etiquetas son distintas [en cada ciudad]. Los parisinos rápidamente se muestran contrariados, volteando a mirar al usuario ruidoso. En Madrid la gente parece estar más acostumbrada a eso, mostrando menos signos de desagrado. El nivel del ruido en los sitios públicos, tanto adentro como al aire libre, es mayor que en las otras dos ciudades y también hay mayor tolerancia para las conversaciones escandalosas. Los tonos telefónicos también son a menudo más ruidosos en Madrid, con cierta preferencia por melodías de ‘valquirias’ y ‘caballerías’ que no parecen molestar a la gente que está cerca. Sin embargo, para los entrevistados españoles, los  entremetidos tonos telefónicos y los conversadores ruidosos son los aspectos más incómodos en el uso que otras personas hacen de los teléfonos móviles. Esta es la molestia principal para la mayoría de los entrevistados, cuando los usuarios del celular ‘olvidan que hay otras personas alrededor’. Esta inconsciencia es resultado de las dificultades para administrar dos escenarios de interacción, la conversación telefónica y la presencia física de los otros”.

 

Señales de identidad

   El tono telefónico acota, define y proclama la identidad personal. Los autores de un amplio estudio sobre la expansión del teléfono celular, encabezados por Manuel Castells, explican: “Las tecnologías móviles han acabado formando parte de los procesos de formación de la identidad personal, no únicamente como instrumento utilitarista para la comunicación sino también como ‘una proclama estética en miniatura de su propietario’ ”.

   El tono del celular anuncia la personalidad de quien lo ha seleccionado o, al menos, el estado de ánimo que tenía cuando eligió ese y no otro sonido para su teléfono. Pero la impresión que suscitará entre quienes lo escuchen dependerá, a su vez, de la idiosincrasia de los otros y del contexto en el que suene el teléfono. Un celular que cuando llama deja escuchar al grupo de cumbia “Damas gratis” (que tiene el mayor número de descargas en el sitio de tonos telefónicos Chikabum.com) causará opiniones distintas a otro que reproduzca por varios segundos un concierto para clarinete de Mozart. Pero ambos serán desaprobados si suenan durante una obra de teatro. Así que la proclama estética que enarbolan los dueños de celulares y tonos se encuentra acotada por las reglas que imperan en el uso del espacio público.

   La creación de tonos telefónicos está subordinada al negocio y a los requerimientos técnicos. Hay empresas telefónicas que contratan músicos para que diseñen timbres sencillos, armónicos y contagiosos, que estén ceñidos a la brevedad pero también a la simplicidad que se exige de ellos. El profesor de música Sumanth Gopinath, de la Universidad de Minnesota, ha explicado:  “El negocio de componer tonos de teléfono no es particularmente glamoroso: es, en un sentido, una forma actualizada de escribir jingles, o música publicitaria, cuyo producto es el mismo teléfono móvil. El tono, en el caso del teléfono monofónico, se beneficia de ser una forma artística altamente inhibida. El compositor tiene una sencilla línea melódica de extensión limitada (30 segundos máximo) y un rango (hasta 4 octavas) a su disposición, con poca o ninguna posibilidad de un tono discordante o cambiante. La simplicidad de tales melodías, que deberían balancear el interés estético (‘buen’ sonido, en abstracto) con una función (ser una señal efectiva para el usuario del celular) parece muy halagüeña cuando son cortas, quizá de unos cuantos segundos”. De allí que la estética del audio celular sólo se ha podido extender con las innovaciones en materia de reproducción digital que incorporan al teléfono la posibilidad de repiquetear con sonidos auténticos y no solo combinaciones de los tonos convencionales.

   Dime qué tono usas y te diré a qué te quieres parecer: cuando el celular suena ya no solamente anuncia una llamada. Además pregona una señal de identidad o, dicho de otra manera, el recurso acústico con el que cada usuario quiere llamar la atención. Ese ejercicio de notoriedad podrá ser categóricamente egocéntrico cuando se expanda el singtone, que es un tono de celular que cada quien puede grabar con su propia voz interpretando, con fondo musical, la melodía de su preferencia.

   Los versátiles usos del celular expresan copiosas posibilidades de apropiación. En India hay tribus que utilizan el móvil para cazar leopardos: le ponen sonidos de gallos, cabras y vacas, lo colocan bajo una trampa y solamente llaman para que el felino se acerque confiado en que encontrará una presa. En las ciudades contemporáneas los atrapados somos nosotros cuando, aunque abominemos de los tonos del celular, vivimos rodeados de ellos.

 

Referencias

-“Filipinos answer anti-corruption call”. San Francisco Chronicle, 22 de junio de 2005.

-Amparo Lasen, A comparative study of mobile phone. Use in public places in London, Madrid and Paris. Digital World Research Centre, University of Surrey, 2004.

-Manuel Castells, Mireia Fernández Ardévol, et. al., Comunicación móvil y sociedad. Una perspectiva global. Fundación Telefónica y Ariel, Barcelona, 2006.

-James Crabtree, et al, Mobile phones and everyday life. The Work Foundation, Londres, 2003.

- Sumanth Gopinath “Ringtones, or the auditory logic of globalization”
First Monday, diciembre de 2005: http://firstmonday.org

- Ring It On! http://www.ringtones08.com/

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Tendencias mediáticas en América Latina

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Abril 9, 2007

Publicado en Zócalo, febrero de 2007 

    Los medios de comunicación han sido el motor cultural y social de la globalización contemporánea. Más que la apertura de mercados y la trasnacionalización de capitales, pero junto con ellos, la propagación de mensajes más allá de cualquier frontera geográfica o política y la homogeneidad de muchos de esos contenidos han significado un cambio drástico en la apreciación que la gente tiene acerca de sí misma y del mundo en el que vive. Ese nuevo entorno implica transformaciones en muchas direcciones.

   La apreciación catastrofista, que le asigna a la globalización un carácter esencialmente perverso, sirve de poco para entender esos cambios pero, además, conduce a una parálisis analítica y política porque al subrayar solamente sus consecuencias indeseables llega a magnificar e incluso a mitificar los efectos de la internacionalización económica y cultural. La apreciación complaciente, que busca solamente los rasgos virtuosos de un proceso que encierra profundas desigualdades sociales e incluso las acrecienta, tampoco es el enfoque más adecuado en el plano del análisis intelectual ni en el terreno de la elaboración de políticas. 

Híbrido espacio cultural    

   La globalización cultural es un proceso. No surge de manera súbita. Tampoco conduce a la suplantación drástica de las culturas nacionales y locales. Se trata, más bien, de una sucesión de inter-influencias mutuas, de una serie de hibridaciones como ha sugerido, entre otros, Néstor García Canclini. En ese proceso las culturas nacionales y locales ceden algo de espacio a los contenidos de carácter global –que son fundamentalmente, aunque no de manera exclusiva, de índole estadounidense–. Pero al mismo tiempo un segmento de los valores, rasgos y tradiciones de las culturas locales y nacionales comienza a formar parte de la que, en aras de la descripción breve, podemos denominar como cultura global.      En el espacio cultural iberoamericano concurren, así, contenidos de toda índole. Allí hay sitio para las culturas locales al mismo tiempo que para expresiones de la cultura trasnacional que irradian los medios de comunicación. En todos nuestros países, así como en otras regiones del mundo, la gente se entretiene mirando series estadounidenses como Lost, 24 y Sex and the city pero también aplaude la música y la figura de Shakira, las composiciones de Chico Buarque, las caracterizaciones de Penélope Cruz y Antonio Banderas, las canciones de Luis Miguel o las jugadas del Barsa y el Real Madrid. Los contenidos hispanoamericanos forman parte del caudal que circula en los medios de comunicación de dimensiones globales. Eso no significa que toda nuestra idiosincrasia ni todas nuestras costumbres estén siendo determinantes en esa cultura global.

   En esa avalancha de contenidos se amalgaman expresiones, características y tradiciones de numerosas culturas regionales y nacionales. Al mismo tiempo, por lo menos hasta ahora, las culturas locales y regionales se mantienen gracias a que forman parte de la gente que las nutre y reproduce.

    Las nuevas tecnologías facilitan e intensifican esos procesos de amalgama cultural pero, además, comienzan a crear nuevas formas de consumo, generación y apropiación de contenidos. Por una parte, llevan hasta las audiencias más diversas los contenidos de la heterogénea pero omnipresente cultura global. En segundo término permiten algunas formas de intercambio e interactividad que la gente aprovecha para ampliar sus redes de relaciones personales y, en ocasiones, para propagar sus propias creaciones culturales. En tercer lugar, esas nuevas tecnologías hacen posible la reproducción de muchos de esos contenidos por mecanismos de apropiación y circuitos de distribución paralelos y en ocasiones contradictorios con el mercado institucional –la reproducción y distribución de archivos de vídeo y música más allá del copyright tiene delicadas implicaciones legales pero, al mismo tiempo, se ha convertido en una peculiar pero efectiva forma de democratización del consumo cultural–.

 El idioma y la Red      

    Influido y constantemente modificado por la cultura global, el espacio hispanoamericano tiene rasgos que lo singularizan. El primero de ellos es, desde luego, el idioma. El sustrato común que significa el español permite que se mantengan constantes flujos de bienes culturales, mantiene un contexto compartido y, sobre todo, les da a nuestros países una identidad común.    Sin embargo ese sustrato que significa la lengua no es apuntalado con el interés y los recursos que harían falta para sustentar ese asidero de nuestra identidad compartida. Los proyectos bibliográficos, comunicacionales, periodísticos, artísticos y/o cinematográficos que podrían desarrollarse para promover contenidos y la lengua común en estaos países, siguen resultando escasos.     Ante la insuficiencia de políticas nacionales y regionales de suficiente calado, la identidad común en nuestras naciones es promovida fundamentalmente por los grandes medios de comunicación de masas. En la mayoría de ellos, como es de suponerse, la producción de contenidos no suele estar orientada por la calidad sino por la búsqueda de rendimientos financieros.    

En nuestros países la mayor parte de la sociedad depende, para su consumo mediático, de los canales de televisión abierta; el acceso a plataformas de televisión satelital, o por cable, sigue siendo un privilegio al que tienen acceso segmentos aun minoritarios de la población o, en otros casos, solamente los habitantes de las grandes zonas urbanas.    Internet no ha llegado a ser un auténtico contrapeso a la hegemonía comunicacional de los medios tradicionales. En la mayor parte de América Latina las tasas de acceso a la Red todavía son inferiores al 20% de la población. Los contenidos en español se han incrementado pero no tanto como los que se propagan en otras lenguas en la Red de redes. La creación de tales contenidos para Internet ha quedado fundamentalmente supeditada al interés mercantil o al afán comunicativo de pequeños y a veces aislados grupos de usuarios. En pocos países latinoamericanos (Brasil y Chile, destacadamente) ha existido una política estatal para impulsar el desarrollo tanto de la cobertura como de contenidos nacionales en Internet. Y si las políticas nacionales en ese terreno han escaseado, mucho mayor es la ausencia de políticas regionales para Internet. Fuerza de los medios     

   En ausencia de contrapesos y junto con el declive en la presencia social de otros actores públicos (como las instituciones del Estado, o los partidos políticos) la influencia social de los medios tradicionales ha crecido tanto que, en ocasiones, rivaliza con los poderes establecidos. No resultó sorprendente, por ello, que el Informe sobre la Democracia en América Latina que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en 2004 identifique a los medios de comunicación entre los poderes fácticos más influyentes en esta región.

   La fuerza política de los medios llega a determinar decisiones u omisiones de los poderes establecidos (como sucedió en México a comienzos de 2006 con la aprobación de una reforma de legal tan favorable al interés de las corporaciones mediáticas que llegó a ser conocida como Ley Televisa). Paradójicamente, en experiencias como esa, los medios privados llegan a padecer un costo político significativo cuando en la sociedad se extiende la convicción de que tales empresas están abusando del poder que tienen.

    Los medios públicos no alcanzan a constituir una alternativa sobre todo cuando experimentan carencias financieras tan acusadas como las que padecen numerosas emisoras estatales en América Latina. Los medios comunitarios han experimentado un desarrollo desigual: suman centenares o quizá millares en Brasil y Argentina pero solamente –a lo sumo– un par de docenas en México. En todos los casos, su sola existencia contradice la concepción que suelen tener los empresarios de la radiodifusión privada que habitualmente se consideran propietarios de todo el espacio radioeléctrico y no únicamente concesionarios de algunas frecuencias. 

Acaparadores empresarios   

¿Fortalezas y debilidades? Si se les puede llamar así, para la industria de la comunicación, que es esencialmente privada, entre las primeras se encuentran el acaparamiento que hacen de las frecuencias de transmisión –hay muchos canales en pocas manos– y, por lo tanto, el monopolio que ejercen sobre las audiencias. Uno de los patrimonios más importantes de tales empresas es la experiencia técnica y comunicacional que han mantenido y consolidado durante, en ocasiones, más de medio siglo. Entre sus desventajas se encuentran la frecuente reticencia a cualquier innovación –lo mismo en materia de contenidos que de índole política, cultural o tecnológica–, el discurso estrecho y a menudo maniqueo que promueven acerca de los asuntos públicos, el afán para aprovechar políticamente la ventaja que suelen tener frente a otros actores públicos y el escaso interés que manifiestan para tomar en cuenta a sus audiencias como algo más que resignados conglomerados de pasivos consumidores de mensajes. Muchos de los empresarios mediáticos latinoamericanos más relevantes mantienen una visión del mundo tan estrecha que no suelen interesarse en producir o difundir contenidos capaces de reivindicar la identidad común de la región o de apuntalar el desarrollo de nuestro idioma.    

   (A fines de 2006 la Fundación Telefónica, de Madrid, les pidió a varias docenas de investigadores de la comunicación en Iberoamérica que respondieran a un cuestionario sobre las fortalezas y las debilidades del espacio mediático en nuestros países. La síntesis de ese sondeo aparecerá en el Informe Anual Tendencias que dirige el profesor Bernardo Díaz Nosty. El texto anterior recoge las respuestas que presenté a ese cuestionario).

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Blogs: la democratización del ego

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Febrero 18, 2007

Texto publicado en Nexos, enero de 2007 

   Cada dos segundos es creado un nuevo blog. Al finalizar 2006 había más de 63 millones de esas bitácoras personales que registran asuntos de la más diversa y exuberante índole. Al menos la décima parte de la humanidad –algo más de 600 millones de personas– acostumbra consultar blogs, colocar comentarios en algunos de ellos e incluso elaborar los suyos propios. Se trata de un fenómeno social y comunicacional, y de esa manera cultural y político, que es imposible soslayar. En los blogs se desarrolla buena parte del debate actual –y se confirma la pobreza que lo define en muchos casos– acerca de los más variados asuntos.       Hay que acudir a Wikipedia, otra de las contradictorias maravillas de Internet, para conseguir una de las definiciones más precisas de esos espacios: “Un blog es un sitio en la Red cuyas entradas están hechas en estilo de diario y desplegadas en orden cronológico inverso”. De allí viene su nombre inicial: web-log, es decir bitácora en la Red.       No hay acuerdo acerca de cuándo exactamente aparecieron los weblogs pero fueron bautizados a fines de 1997, cuando comenzaba a extenderse la creación de sitios organizados a la manera de diarios abiertos. El surgimiento, más tarde, de programas de edición que facilitan la creación de blogs y la gratuidad de ese servicio contribuyeron definitivamente a su expansión ya avanzado el nuevo milenio. 

De 1 a 60 millones en 3 años     

   A comienzos de 2003 no había más de 100 mil blogs, pero eran más de un millón a fines de ese año. En la primavera de 2004 crecieron a 2 millones. Un año después eran 10 millones. A fines de 2005 había más de 22 millones de blogs. Y en el transcurso de 2006 surgieron otros 41 millones para llegar a los mencionados 63, siempre de acuerdo con los informes de Technorati.com.       Hay estimaciones más cautas. A fines de 2006 la empresa Blogpulse estimaba que no había más de 40 millones de blogs en todo el mundo. Sin embargo consideraba que cada día aparecían alrededor de 44 mil –es decir, más de 30 cada minuto–. Hay que precisar que muchos blogs dejan de ser nutridos con nuevas entradas y desaparecen pronto: cerca del 35% tienen una vigencia de solamente tres meses.       Cualquiera con acceso a una computadora, conexión a Internet y algunos minutos disponibles puede crear un blog. Y a casi nadie le hacen falta asuntos sobre los cuales considere que tiene algo que decir. El periodista de asuntos tecnológicos Dan Burstein considera que la propagación de blogs manifiesta la inherente necesidad de expresión de la gente: “Nuestro DNA cultural y biológico nos lleva a querer articular una idea o una vision y a ‘publicarla’  y, por lo tanto, a reclamar la propiedad y el crédito sobre ella”. No sabemos si el anhelo por la expresión pública está impreso en nuestro código genético pero en todo caso, siguiendo al mismo autor, pareciera cierto que cada vez más individuos en el mundo, quizá porque ahora tienen la posibilidad de hacerlo y antes no, quieren “interactuar, comentar, conversar, comunicarse, reaccionar, responder, elaborar, ironizar, informar, clarificar, discutir, criticar, y todo ello con otros miembros de nuestra tribu más allá de las fronteras de tiempo y espacio”.   

   Para todo eso sirven los blogs. Su carácter de diarios abiertos ha propiciado que la mayoría estén dedicados a relatar vicisitudes y cavilaciones personales de quienes los ponen en línea. Se necesita cierto desparpajo, pero sobre todo un intenso afán expresivo, para emplazar en esa colección infinita de ventanas abiertas que es Internet la narración de asuntos personalísimos (amistades, inquietudes, contrariedades, anhelos, sueños, etcétera) que dan a conocer millones de blogueros, sobre todo jóvenes, que pueblan la Red con sus diarios íntimos. El espacio público del que es parte Internet se colma de temas privados en virtud de ese desnudamiento emocional –y de repente también corporal– que practican los autores de tales diarios abiertos. La blogósfera, dice el venezolano Sebastián Delmont, “no es más que la democratización del ego”. 

Lugares para escribir y leer     

   Los blogs –con más intensidad que la que antes han tenido el correo electrónico y los chats– han permitido, y/o propiciado, una contemporánea reivindicación de la escritura. Dígase lo que se diga, los sesenta y tantos millones de autores de blogs lo hacen fundamentalmente por escrito. Y los consumidores de tales espacios, que son al menos 10 veces más, tienen que enterarse de sus contenidos practicando esa vieja y noble rutina, cuya desaparición algunos con apremio demasiado tremendista se han anticipado a dictaminar y que es, como rezaba aquel memorable texto de secundaria, el galano arte de leer.       No sabemos en qué medida, pero seguramente no es poca, muchos jóvenes de ahora ejercitan lectura y escritura gracias a sus travesías de blog en blog. Tal vez los que hay allí no son los contenidos más edificantes ni más necesarios y seguramente no es en ellos donde mejor se pueden aprender los rudimentos que permiten aprobar las asignaturas escolares. Quizá con frecuencia los blogs no enseñen nada excepto trivialidades que a sus autores les parecen dignas de ser compartidas. Pero las impresiones que tienen de la cultura y los espectáculos, de los asuntos públicos, las relaciones personales, los gustos y las emociones –de la vida, en fin–, millones de jóvenes las obtienen, comparten o confirman en el universo de los blogs. Estas bitácoras además convocan a la interactividad ya que, por lo general, los lectores pueden dejar sus comentarios al calce de cada entrada. Los blogs en ocasiones articulan variadas redes de relaciones personales.      Apuntalados en la escritura, los blogs sin embargo son crecientemente audiovisuales. Ahora que cada teléfono celular es además cámara de fotografías, la posibilidad de registrar imágenes ha convertido a muchos blogueros en reporteros de su propia actualidad. Algunos estudiosos de las nuevas formas para la propagación de información han creído, también con apresuramiento, que el auge de los blogs anticipa la desaparición del periodismo. En realidad hay motivos de sobra para que ese oficio, y especialmente la actividad del reportero que busca y propaga temas de interés público, se mantengan con la centralidad que han adquirido en la sociedad contemporánea. Pero los medios convencionales experimentarán el creciente contraste que significará la existencia de cada vez más sitios en Internet, especialmente organizados a la manera de blogs, en donde se evalúa y discute su desempeño.  

Idealización e ignorancia  

   A la abundancia de fotografías que acompañan o definen las “entradas” en los blogs se ha añadido la posibilidad de colocar videos o, mejor dicho, ligas a los reservorios más sobresalientes en donde se conservan y exponen materiales de esa índole como el importantísimo YouTube.com –cuyo efervescente éxito habrá que comentar con detenimiento–. Los blogs también han sido espacios abiertos a la propagación de archivos de audio. Hay quienes graban clips con la versión sonora de sus bitácoras personales para que los visitantes de sus blogs puedan bajarlas al IPod y escucharlas en cualquier lugar.  

   La imagen y el audio le han añadido a los blogs una mayor capacidad de registro y, así, de exhibición, chocarrería, sarcasmo, escrutinio, denuncia o testimonio, según sea el caso. Tales recursos, el crecimiento vertiginoso que han tenido especialmente en los dos años recientes y la ubicuidad de sus contenidos que pueden ser consultados pero además hallados con facilidad en los principales motores de búsqueda de la Red, hacen de los blogs territorios de publicación e intercambio tan versátiles como paradójicos. Frente a ellos, como ocurre con todo nuevo recurso tecnológico, suelen contraponerse las actitudes de quienes idealizan sus posibilidades (la blogósfera, dicen sus lugareños más devotos, está llamada a desplazar a otras formas de comunicación) con las de aquellos que, al no entenderlos, prefieren ignorar a los blogs.   

   Los blogs no reemplazan a los medios convencionales pero en ocasiones les imponen un contexto crítico que resulta insoslayable. En algunos de los episodios más conocidos en su aun breve historia varias de estas bitácoras abiertas han ocasionado auténticos cismas mediáticos y políticos como cuando, en 2004, las informaciones difundidas en un blog de talante conservador desmintieron las acusaciones que Dan Rather, conductor de noticias de la cadena CBS, había presentado contra el presidente George W. Bush acerca de la manera como había evadido cumplir con el servicio militar. En la guerra contra Irak tanto la BBC británica como la CNN ordenaron a sus periodistas que dejasen de escribir blogs desde el frente de batalla porque allí difundían informaciones y opiniones que contradecían los lineamientos de la censura militar. En esa misma guerra, las fotografías que permitieron documentar los abusos criminales del ejército estadounidense en la prisión de Abu Ghraib fueron inicialmente conocidas en blogs a donde algunos soldados enviaron tales imágenes para ufanarse de ellas. Más recientemente, después de las elecciones que se realizaron a comienzos de noviembre de 2006 el ex presidente George Bush, padre del actual mandatario estadounidense, atribuyó el resultado de esos comicios al clima de confrontación “que ahora probablemente es algo peor debido a los medios electrónicos y a los bloggers y a ese tipo de cosas”.   

   Ante episodios drásticos como los atentados de septiembre 11 de 2001, el Tsunami de diciembre de 2006 y, por otra parte, las elecciones estadounidenses y mexicanas, entre muchos otros momentos, han surgido millares de blogs que a veces son vehículo de servicio y, en ocasiones, simplemente instrumentos de catarsis de quienes presencian tales acontecimientos.  

Jóvenes, la mayoría     

   Esa oportunidad y profusión no significan, necesariamente, que tales blogs alcancen influencia política o cultural. Cuando se ocupan de temas políticos esas bitácoras, igual que otros sitios en la Red, suelen interesar fundamentalmente a quienes comparten las posiciones que allí se manifiestan o a aquellos que, teniendo opiniones distintas, no están dispuestos a modificarlas. Como instrumentos de propaganda política los blogs son más útiles para reforzar creencias y convicciones que como espacios de auténtico ntercambio.      Aun así, los blogs más visitados son aquellos que se ocupan de asuntos de actualidad –especialmente política y espectáculos– y se encuentran determinados por la agenda mediática estadounidense. El 24 de noviembre pasado, por ejemplo, los 10 nombres más mencionados en blogs, de acuerdo con BlogPulse.com eran los personajes de película Harry Potter y James Bond, el actor Daniel Craig, el presidente Bush, la cantante Britney Spears, el asesinado investigador ruso Alexander Litvinenko, el comediante Michael Richards, el cantante Michael Jackson, el cantante Justin Timberlake y el actor Brad Pitt.    Los blogs más visitados suelen ser obra de especialistas y/o de empresas mediáticas. Pero la mayoría de los blogs son propiedad de jóvenes. Una indagación realizada en 2005 en dos sitios que hospedan blogs –Spaces de la empresa Microsoft y Blogspot que es el más importante anfitrión de blogs– encontró que la edad promedio de los usuarios era de 22 años en el primero de ellos y de 29.2 años en el otro. La edad promedio de los usuarios mexicanos era de 20.6 y 25.1 años respectivamente.       ¿Qué buscan los jóvenes cuando hacen blogs? Estas son tres respuestas pescadas en la Red.   

   Sherry, de 22 años, que ahora vive en Puerto Rico y mantiene el blog “DollyHouse” considera: “Un blog es una page donde puedes escribir todo lo que quieras, exponer tus ideas y todo eso…y esperar respuesta y opiniones a cambio! Creo q es una buena forma de liberar el stress… así quien no tenga un blog… ¡haga uno!”.   

   Don Chucho, un joven zacatecano de 24 años, opina en el blog “Teletransportador”: “Un blog es el sacerdote en el confesionario, escribo para confesarme o simplemente para divagar (como muchas señoras lo hacen en la iglesia) y leo blogs para no sentirme el único y peor pecador de la tierra”.  

   MillyKash, visitante del blog “Theerror” explica: “para mi un blog es un espejo de nosotros mismos disponible a los ojos y boca del mundo entero”. 

Referencias

Matthew Hurst, “24 Hours in the Blogosphere”. BlogPulse.com, 2006.David Kline y Dan Burstein, blog!. CDS Books,
New York, 2005.
http://www.blogpulse.com http://www.technorati.com

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Se transforma internet en una fantasía borgeana

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Agosto 4, 2006

Por Miryam Audiffred

Entrevista publicada en Excélsior el 6 de julio de 2006

Cuando estaba en la preparatoria, Raúl Trejo Delarbre leyó por primera vez El Aleph de Jorge Luis Borges. Entonces, no imaginó que años más tarde la lectura de esta obra del escritor argentino habría de ser el punto de partida para la elaboración de un estudio sobre la sociedad de la información. Tampoco pensó que las metáforas de Borges en torno a los espejos y el laberinto serían la base para la redacción de un libro: Viviendo en el Aleph, recientemente publicado por editorial Gedisa.

Ese lugar borgiano en el que están sin confundirse todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos, es el ciberespacio. Por lo menos lo es para este especialista de medios que aceptó el reto de analizar las paradojas e insuficiencias que enfrenta el desarrollo de la Sociedad de la Información.

Terminar con la desigualdad creciente en el acceso a las nuevas tecnologías es, en su opinión, el mayor reto. Sobre todo si se piensa que en el país sólo una quinta parte de los mexicanos puede acceder a las redes informáticas.

La situación es preocupante cuando se observan los datos globales, que indican que en África existen dos computadoras por cada 100 habitantes, mientras que en países europeos –como Alemania o Suecia– hay 56 y 76, respectivamente. En Estados Unidos, hay 74 ordenadores por cada cien habitantes y en América Latina la realidad varía de las dos computadoras que se registran para cada cien bolivianos a las 24 que hay para cada centenar de costarricenses.

En México, existen casi 11 computadoras para un centener de personas. Y esta situación, explica el también investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, responde a que el Estado jamás ha puesto en marcha estrategias de política pública encaminadas a conducir el crecimiento de Internet. De hecho, la inversión en tecnología apenas abarca 3.1 por ciento del Producto Nacional Bruto. Cifra que contrasta con 7.5 que se destina en Costa Rica y con nueve por ciento registrado en Colombia.

Además de una recopilación documental y estadística, Viviendo en el Aleph ofrece reflexiones sobre la presencia global y regional de las nuevas tecnologías y recupera los debates que a nivel internacional se están generando en torno al impacto que tiene en la existencia cotidiana el uso de estas herramientas.

También autor de La alfombra mágica –libro que publicó hace una década– Trejo Delarbre analiza los tipos de consumo de la red, las horas que los habitantes de cada país dedican a navegar en el ciberespacio y lanza al debate público su conclusión de que la Sociedad de la Información puede ser un fructífero Aleph del siglo XXI.

Pero también indica que se corre el riesgo de que exista tanta información sin orden ni utilidad que, en vez de recurso para el desarrollo, los bienes informáticos constituyan un terreno repleto de embaucamientos y escombros.

“A la sociedad de la información es preciso entenderla y así aprovecharla en sus aplicaciones más específicas, pero tomando de ella la distancia que nos permita avizorar tanto sus limitaciones como sus perspectivas. Sólo así podremos vivir en ella y no para ella”.

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La Cumbre en Túnez: grandes esperanzas, pobres realidades

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Enero 11, 2006

Publicado en etcétera, enero de 2006

Nada para nadie. Esa fue una de las conclusiones de la enrevesada segunda fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que se realizó entre el 16 y el 18 de noviembre pasados en Túnez. 19 mil 400 participantes se aglomeraron en el Parque de Exposiciones de Kram al norte de la capital tunecina para un acontecimiento cuyos resultados fueron más declarativos, pero menos comprometedores, de lo que esperaba la mayoría.

222 discursos en tres extenuantes días y tardes de comparecencias en la tribuna principal, docenas de mesas redondas en eventos paralelos así como los avances tecnológicos que querían presumir o promover alrededor de 300 expositores, ocuparon la atención y provocaron el cansancio de representantes gubernamentales, delegados de grupos sociales y periodistas en un carnaval de posiciones, regateos y reiteraciones en torno al desarrollo de las comunicaciones y en particular de la Internet. La Cumbre, organizada por Naciones Unidas a través de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y con apoyo de la UNESCO, se realizó en dos fases. La primera tuvo lugar en Ginebra a comienzos de diciembre de 2003. La segunda en Túnez casi dos años después.

El Compromiso de Túnez, que en 40 apretados puntos reconoce las limitaciones que existen para el desarrollo de la sociedad de la información ante las cuales formula exhortaciones con suficiente cortesía para eludir cualquier estridencia, fue el documento doctrinario que resultó de esa segunda fase. Comparado con la Declaración de Principios que surgió dos años antes en Ginebra el Compromiso es más general, en ocasiones con mayores vaguedades y menos definiciones específicas.

Lo mismo ocurre con los 122 apartados de la Agenda de Túnez para la Sociedad de la Información, menos ambiciosa que el Plan de Acción de diciembre de 2003. Los documentos de Ginebra tenían como horizonte la siguiente reunión, con un plazo de solamente dos años. En cambio, los acuerdos de Túnez se pretendía que fuesen de mayor aliento porque tendrían que ofrecer rumbos para el desarrollo global de las tecnologías de las comunicaciones con una mirada de mediano plazo.

Así, en uno de los asuntos más enconadamente discutidos, mientras que el Plan de Acción de Ginebra invitaba a establecer “una estrecha cooperación” para respaldar la Agenda de Solidaridad Digital –que es como se ha denominado al fondo integrado con aportaciones de países desarrollados y grandes empresas para promover las capacidades tecnológicas en las sociedades más pobres– la Agenda de Túnez simplemente menciona “la creación de un Fondo de Solidaridad Digital” entre otras opciones para financiar ese desarrollo tecnológico. Los países con menos recursos –especialmente los africanos– insistieron infructuosamente en que ese financiamiento tuviese mecanismos, metas y compromisos más específicos.

De esa manera quedaron sin respaldos precisos las metas aprobadas en Ginebra para que en 2015 se alcancen metas como la conexión con las tecnologías de la información y la comunicación de todas las universidades y escuelas, bibliotecas públicas y oficinas de correos, todos los centros sanitarios y hospitales así como de todos los gobiernos locales y centrales. La Agenda de Túnez alude, sin mencionarlos, a esos compromisos y solamente recuerda que debían lograrse “considerando las diferentes circunstancias nacionales”. Formulaciones como esa resultaban entendibles cuando apenas se había cumplido la primera mitad de la Cumbre. Pero como desenlace de un larguísimo y complejo proceso de negociaciones y definiciones entre gobiernos, grupos sociales y empresas, las metas aprobadas en noviembre de 2005 resultan demasiado modestas –por decirlo en la jerga supuestamente diplomática que se emplea en esos documentos–.

 

Gobierno de Internet,

el tema de la discordia

Aunque la Cumbre contaba con un temario muy amplio que iba desde las políticas regionales y nacionales para desarrollar la sociedad de la información hasta usos muy concretos de las nuevas tecnologías y de los medios en general en áreas como la enseñanza, la medicina, la administración pública y la propagación del conocimiento entre otras vertientes, la reunión en Túnez estuvo anticipadamente señalada por el tema del gobierno de la Internet. Ese asunto, ciertamente importante, fue creciendo hasta ser tan magnificado que desbordó a los gobiernos y a la misma Cumbre.

Meses y especialmente semanas antes del encuentro en Túnez, en medios, foros y organismos de todo el mundo se esparció una versión desinformada e inopinada acerca de la manera como es administrada la Internet. La Red de redes, se dijo, es controlada por el gobierno de Estados Unidos. Hay que hacer de la Cumbre, se propuso entonces, el sitio para arrebatarle a Washington el mando sobre la Internet.

Esa suposición, que fue compartida por algunos de los gobiernos más poderosos y varios de los medios de comunicación habitualmente más acuciosos del mundo, obedecía a una visión ideologizada y simplista de la manera como se administra la designación de los domicilios en la Red de redes. En los inicios de la Internet esa tarea la desempeñaba el gobierno de Estados Unidos a través de un organismo llamado IANA –Internet Assigned Numbers Authority– que era conducido por algunos de los científicos que crearon los protocolos informáticos gracias a los cuales existe la Internet. Sin embargo a fines de 1998 la asignación de domicilios en la Red fue transferida a una entidad no lucrativa, más compleja y en cuya composición están representados más sectores y países, la ICANN –Corporación de Internet para Nombres y Números Asignados, por sus siglas en inglés–. Al nacer, la ICANN suscribió con el Departamento de Comercio de Estados Unidos un acuerdo de transferencia de funciones gracias al cual la administración de la Internet ha quedado cada vez más en manos de ese organismo internacional. A ICANN la encabeza un Consejo de Directores integrado por una veintena de especialistas de diversas nacionalidades entre los cuales se encuentra el mexicano Alejandro Pisanty.

La tarea de ICANN es simple, pero extensa y fundamental. Cuando alguien quiere un domicilio en Internet tiene que dirigirse a ese organismo o a alguno de los grupos y empresas en los que delega la gestión de dominios específicos (.com, .org, .mx, .es, etcétera). Hasta ahora, pese al crecimiento geométrico que la Red de redes ha experimentado en la última década, ICANN ha funcionado con sensatez y equilibrio. Nadie puede decir que haya asumido posiciones pro estadounidenses, ni a favor de país o empresa alguna, porque sus reglas son muy claras. Pero en parte por desconocimiento, pero también porque esa era una forma de desviar la atención de la Cumbre respecto de asuntos de mayor trascendencia, varios gobiernos propalaron la esquemática versión de que ICANN funcionaba como apéndice de la Casa Blanca.

Algunos de los gobiernos especialmente interesados en promover esa apreciación se han distinguido por perseguir el libre uso de la Internet entre sus ciudadanos: Arabia Saudita, China, Corea del Norte, Cuba, Irán , Nepal, Vietnam y Túnez –anfitrión de la Cumbre–. Esos gobiernos pretendían quitarle a ICANN la administración de la Internet para transferírsela a un mecanismo que asignara el control de la Red de redes –nombres de dominio, pero también acceso e incluso contenidos– a cada Estado nacional. Esa propuesta era tecnológicamente difícil pero, además, apuntaba directamente al corazón de la Internet tal como la hemos conocido hasta ahora y cuyo funcionamiento descentralizado, sin un núcleo único que pueda ser fuente de restricciones y censuras, ha constituido una de sus virtudes más importantes.

Otros gobiernos, especialmente los que conforman la Unión Europea, aspiraban a modificar a la ICANN para desligarla de cualquier supervisión estadounidense. Pero a cambio de ello querían colocarla bajo el control de un organismo integrado por los gobiernos mismos. Por su parte, Estados Unidos prefería dejar a ICANN sin injerencia de otros gobiernos.

Así las cosas, la discusión previa a la Cumbre en Túnez se ideologizó de tal manera que para muchos de sus participantes –en una versión que encontró notable eco en la prensa internacional– allí se tendría que dirimir si se mantendría, o no, la hegemonía estadounidense sobre la Red de redes. No era para tanto porque ICANN tiene funciones exclusivamente administrativas y, como se ha señalado, su vinculación con el gobierno de Estados Unidos es solamente formal y cada vez menor. Pero un cambio impensado podría haber trastocado la independencia y la libertad con las que por lo general funciona la Internet.

 

Un nuevo Foro, relevante

pero sin respaldos claros

Todavía la noche previa a la inauguración de la Cumbre el cabildeo entre los gobiernos era tan infructuoso que no parecía haber una fórmula de compromiso capaz de satisfacer a todos. Finalmente se acordó que a comienzos de 2006 el secretario general de la ONU deberá convocar a un “Foro para la Gobernanza de Internet”.

La primera reunión del Foro será en Atenas en el primer semestre del año. Mientras tanto, la Agenda de Túnez consideró: “La administración internacional de la Internet deberá ser multilateral, transparente y democrática, con plena participación de los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones internacionales”. Nadie sabe cómo lograr ese equilibrio. La Cumbre no propició un acuerdo capaz de diseñar un sistema serio, confiable y estable para la administración de la Internet.

Un año antes de la Cumbre en Túnez el secretario general de la ONU designó a un Grupo de Trabajo, integrado por 40 especialistas de diversas nacionalidades, para proponer cómo gobernar a la Internet. Esos expertos identificaron cuatro modelos posibles para la conducción de la Internet –con distintos grados de participación de los gobiernos y de un organismo técnico que complementaría o sucedería a la actual ICANN– y sugirieron el establecimiento de un Foro para definir las políticas públicas relacionadas con la Red de redes. El acuerdo en Túnez recupera dicha iniciativa y le confiere una gran centralidad porque, en vista de la expectación que había sobre ese tema, constituyó la decisión más relevante de la segunda fase de la Cumbre Mundial.

El Foro tiene, ya, un ambicioso temario: discutir diversas experiencias de uso de la Internet, servir de puente con y entre organismos inter-gubernamentales, asesorar a los sectores interesados en mejorar la disponibilidad de la Internet en el mundo desarrollado, identificar nuevos problemas, contribuir a mejorar la capacidad instalada para la gobernancia de la Internet en los países en desarrollo y varios etcéteras más. Quizá todos esos son puntos relevantes. Pero una vez más, el Foro corre el riesgo de difuminar sus esfuerzos si no se le dota de objetivos muy claros y, también, de recursos de toda índole.

La Cumbre en Túnez no precisó de qué manera el Foro podrá cumplir con tan ambiciosas cuan necesarias obligaciones. Simplemente le encomendó el seguimiento de todas esas decisiones a una comisión del Consejo Económico y Social de la ONU, ECOSOC. Además se acordó que los directivos de las organizaciones que integran el sistema de Naciones Unidas crearán un grupo sobre la Sociedad de la Información con respaldo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la UNESCO y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Esa decisión podría implicar el desplazamiento de la UIT como eje de las acciones de la ONU en este asunto. Hasta ahora dicha Unión ha sostenido posiciones fundamentalmente técnicas en temas que alcanzan implicaciones sociales y culturales y, en no pocas ocasiones, se ha identificado más con las posturas de las poderosas corporaciones privadas que manejan la telefonía y los medios de comunicación en buena parte del mundo que con el interés de las sociedades en esos mismos países.

 

Reivindicación de la

libertad y la privacía

La Cumbre enfrentó, aunque no resolvió, el tema del gobierno de Internet. Algunos comentaristas han señalado que el encuentro en Túnez quedó atrapado en una disputa entre el Norte y el Sur. El asunto fue más complejo. Por motivos muy distintos, la sustitución de la ICANN era requerida tanto por gobiernos dictatoriales como por regímenes democráticos. La reunión próxima en Atenas no alcanzará la enorme concurrencia ni las anchas expectativas que había alrededor de Túnez pero tiene el cometido de arribar a decisiones menos etéreas.

Otros temas quedaron relegados, o fueron desahogados sólo a golpes de retórica y declaraciones. La Cumbre asumió definiciones relevantes en beneficio de la libertad y la privacía en la Red de redes. El apartado 42 de la Agenda de Túnez señala: “Reafirmamos nuestro compromiso con la libertad para buscar, recibir, dar a conocer y utilizar información, en particular para la creación, acumulación y diseminación del conocimiento. Afirmamos que las medidas que se emprendan para asegurar la estabilidad y seguridad de Internet, para combatir el cibercrimen y contrarrestar el spam, deben proteger y respetar las previsiones para la privacía y la libertad de expresión como están contenidas en los segmentos alusivos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración de Principios de Ginebra”.

Palabras, sí, pero en ese caso importantes frente a la insistencia de varios gobiernos, entre ellos el de Estados Unidos, para supervisar los mensajes y contenidos que transitan por la Red de redes con el propósito de encontrar amenazas a la seguridad de sus países.

 

Radiodifusión: reclamo de

equidad y transparencia

A los medios convencionales –radio, televisión– los acuerdos de Túnez los entienden como instrumentos de educación aunque sin precisar cómo llegarían a cumplir con ese objetivo. La Agenda, en uno de los incisos de su apartado 90, hace una exhortación que puede entenderse como crítica al desempeño frecuente de tales medios: “Reiteramos nuestro llamado para el uso responsable y el tratamiento de la información por parte de los medios de acuerdo con los más altos parámetros éticos y profesionales”.

Acerca de las reglas para la radiodifusión, la Agenda da un paso adelante respecto de las definiciones asumidas dos años antes. La Declaración de Principios de Ginebra apuntaba que el espectro de radiodifusión debería ser manejado “con plena observancia de las leyes y la regulación nacionales, tanto como de los acuerdos internacionales aplicables”. Ahora, el apartado 96 de la Agenda recién aprobada subraya “la importancia de crear un ambiente regulatorio y de políticas confiable, transparente y no discriminatorio”. Y precisa que con tal propósito, la Unión Internacional de Telecomunicaciones y otros organismos regionales “deben dar pasos para asegurar el uso “racional, eficiente y económico de, y el acceso equitativo a, el espectro de radio-frecuencias por parte de todos los países de acuerdo con los acuerdos internacionales aplicables”.

Eso implica que la Cumbre admite la existencia de legislaciones nacionales para la radiodifusión –como la que se mantiene en México– que resultan contradictorias con los fines de equidad y no discriminación señalados tales principios.

 

Pobreza y conexiones,

defensa del software libre

Otro prejuicio que las declaraciones de Túnez buscan abolir es la suposición de que los esfuerzos de las naciones pobres para reducir la brecha digital resultan contrarios al combate a la desigualdad social. Con frecuencia todavía se dice que, antes que proveerla de computadoras y conexiones, a la gente hay que satisfacerle sus necesidades de medicinas y comestibles. Pero una política de combate integral a la pobreza tendría que tomar en cuenta todas las carencias. Por eso es pertinente que en su apartado 100 la Agenda de Túnez considere que las estrategias nacionales para el desarrollo de la sociedad de la información “deberían ser parte de los planes de desarrollo nacional, incluyendo las estrategias para reducir la pobreza”.

Un avance adicional es la definición que el Compromiso de Túnez hace acerca del software libre. Las empresas más relevantes en ese terreno, destacadamente Microsoft, han querido soslayar ese tema pero el apartado 29 indica: “Tomando en cuenta la importancia del software propietario en los mercados de los países, reiteramos la necesidad de alentar y fomentar el desarrollo colaborativo (de) plataformas inter-operativas y software libre y de fuente abierta…” Es decir, al software abierto y gratuito se le considera importante no sólo por sus atributos específicos sino por la dominación mercantil que ejercen los programas comerciales y de código cerrado.

 

Fracaso, deploran grupos

de la “sociedad civil”

A diferencia de la primera fase de la Cumbre en Túnez los grupos no gubernamentales que se muestran como la sociedad civil –cuya representatividad es muy variada de un país a otro– no se apresuraron a rechazar drásticamente los resultados del encuentro. Conforme se han involucrado en las deliberaciones y de esa manera con las posiciones de gobiernos, empresas y organismos internacionales, los grupos sociales adquieren una visión menos parcial de las realidades y dificultades que existen para enfrentar problemas globales como los que plantea la sociedad de la información. Quizá por ello cuando terminó la reunión en Túnez esos grupos anunciaron que se tomarían dos semanas para definir una posición sobre la segunda fase de la Cumbre. Finalmente requirieron un mes antes de dar a conocer el balance definitivo, que no ha sido complaciente aunque tampoco apocalíptico.

La “Declaración de la Sociedad Civil” acerca de la Cumbre en Túnez, expedida el 18 de diciembre de 2005, pone por delante las insuficiencias: “El amplio mandato para la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información era atender los viejos temas del desarrollo económico y social desde las nuevas perspectivas emergentes de las oportunidades y riesgos que plantean las tecnologías de la información y las comunicaciones. Se esperaba que la Cumbre identificara y articulara nuevas posibilidades de desarrollo y paradigmas que fueran posibles en la Sociedad de la Información y para desplegar opciones de política pública para facilitar y realizar esas oportunidades. En términos generales, es imposible no concluir que la Cumbre ha fracasado para estar a la altura de esas expectativas, La fase de Túnez en particular, que había sido presentada como la ‘cumbre de soluciones’, no alcanzó logros concretos para atender significativamente prioridades de desarrollo”.

La Declaración de la Sociedad Civil cuestiona los insuficientes acuerdos en materia de financiamiento para abatir la brecha digital y en otros temas admite que hubo avances menores. La creación del Foro para el gobierno de Internet les parece adecuada a los grupos que respaldan ese documento pero les preocupa el incierto apoyo institucional que puede tener ese espacio el cual, subrayan, “debiera ser más que un sitio para dialogar”.

La Sociedad Civil que acudió a la Cumbre deplora la insuficiente atención que se dio al desempeño de los medios tradicionales. “Mientras que reconocen a los medios y la libertad de expresión, los documentos de la Cumbre son débiles para ofrecer apoyo al desarrollo de la diversidad en el sector de los medios y para evitar la creciente concentración y la uniformidad del contenido. Específicamente, descuidan la variedad de proyectos e iniciativas que son de especial valor para la Sociedad Civil y que requieren de un ambiente favorable: medios comunitarios, telecentros y medios apoyados en activistas y en la Sociedad Civil”.

A Túnez asistieron 6 mil 241 miembros de 606 organismos no gubernamentales. Esta ha sido la primera Cumbre internacional para la que se previó la participación formal de grupos no gubernamentales. Además de los avances o rezagos específicamente relacionados con la Sociedad de la Información, en la ruta que condujo a Ginebra y Túnez hay una experiencia que podría contribuir a revitalizar el sistema de Naciones Unidas con la presencia de voces distintas a las de los gobiernos y los funcionarios internacionales. Los grupos que participan en tales espacios tienen el reto de ser auténticamente representativos de la sociedad a nombre de la cual dicen hablar y, por otro lado, el desafío de adquirir mayor responsabilidad e institucionalidad sin por ello perder la vitalidad que los ha caracterizado.

 

Tres días de pasarela

de jerarquía ministerial

La Cumbre en Túnez, igual que dos años antes en Ginebra, tuvo una cara protocolaria en las sesiones plenarias y otra menos formal en los foros paralelos. Ocho sesiones plenarias, durante los tres días de la Cumbre, permitieron que por la tribuna central del amplísimo auditorio del Parque de Exposiciones se presentaran, como indicamos antes, 222 discursos. La mayor parte fue de representantes de gobierno y otros más de directivos de empresas y delegados de organismos sociales.

Había presidentes y primeros ministros: los de Croacia, Guinea Ecuatorial, Sudáfrica, Marruecos, Armenia entre otros. Pero la mayoría de las delegaciones gubernamentales fueron encabezadas por ministros o secretarios de Estado. Así, el Reino Unido fue representado por Alun Michael, Ministro de Estado para la Industria y las Regiones; la India por Dayanidhi Maran, ministro para las Comunicaciones y la Tecnología de la Información; España por José Montilla Aguilera, ministro de Industria, Comercio y Turismo; Italia por Lucio Stanca, ministro de Innovación y Tecnologías.

La mayoría de los países de América Latina le reconocieron la misma importancia a la Cumbre en Túnez. De Chile acudió Carlos Álvarez, ministro de Economía; de Argentina Tulio Del Bono, secretario de Estado para Ciencia y Tecnología; de Cuba Roberto Ignacio Gonzales Planas, ministro de Ciencia de la Computación y Comunicaciones; de Colombia Martha Pinto De Hart, ministro de Comunicaciones.

Junto a esos concurrentes, resultó notorio que la delegación de México estuviera encabezada por un funcionario de menor rango. El subsecretario de Comunicaciones y Transportes, Jorge Álvarez Hoth, sustituyó al titular de esa dependencia quien, a pesar de que su nombre aparecía como jefe de la representación mexicana, repentinamente decidió no asistir.

 

Desaire del gobierno

mexicano a la Cumbre

La ausencia en la Cumbre del secretario de Comunicaciones, Pedro Cerisola, recibió varias explicaciones. En Túnez se comentó que había tenido que participar en la reunión del Foro de Cooperación Asia-Pacífico que se realizó en Corea pero no estuvo allí. En la ciudad de México la SCT dijo que Cerisola no participaba en la Cumbre de Túnez porque debía quedarse en el país para participar en la atención a las víctimas del huracán que semanas antes había golpeado varios estados del sur. Sin embargo durante los días en que se realizó la Cumbre no hubo actividades relacionadas con ese desastre, y que fueran visibles en los medios, en las que estuviese involucrado el titular de la SCT. A donde sí acudió Cerisola fue a Guadalajara, para anunciar la construcción del tren bala entre esa capital y la ciudad de México.

Esa obra será importante pero su anuncio podía haber esperado un par de días. Y si Cerisola estaba muy ocupado para ir a Túnez, el gobierno mexicano pudo haber estado representado por otro secretario de Estado. Todo parece indicar, simplemente, que el gobierno del presidente Vicente Fox decidió reconocerle a la Cumbre en Túnez tan escasa importancia que no envió, como jefe de su delegación, a un funcionario de nivel ministerial como hizo la mayoría de los países.

Por eso fue el subsecretario Álvarez Hoth quien participó a nombre de México en la asamblea plenaria de la Cumbre en Túnez. Su discurso alcanzó una duración inversamente proporcional a la jerarquía que tiene en el gobierno mexicano.

La alocución inaugural de la Cumbre, a cargo del secretario general de la ONU, Kofi Annan, ocupó 8 minutos y medio. El discurso del delegado de Cuba, el ministro González Planas, duró algo menos de 9 minutos. El representante chileno, el ministro Álvarez, habló apenas 6 minutos. El ministro Montilla, de España, menos de 5 minutos y medio. La ministra colombiana Pinto, 7 minutos. El estadounidense John Marburger, representante del presidente Bush, ocupó la tribuna durante 6 minutos y 12 segundos.

En cambio el representante de México habló durante casi 13 minutos –exactamente 12 minutos con 40 segundos–. No fue la intervención más extensa (unas cuantas la excedieron por unos algunos segundos). Pero en una asamblea en donde casi todos los participantes se ciñen a un tiempo promedio, la desmesura cronológica del subsecretario Álvarez Hoth fue manifiesta.

 

Engaños y complicidades

en lamentable alocución

Si ese tiempo el funcionario mexicano lo hubiese empleado para referirse a los temas sustantivos de la Cumbre, para hacer alguna aportación a los documentos básicos o establecer un compromiso relevante la extensión del discurso –que Álvarez Hoth, a diferencia de la gran mayoría de los delegados, no llevaba escrito en papel porque había preferido leerlo en el teleprompter que tenía delante suyo­– no habría sido tan notoria. Pero casi toda su alocución la destinó a ufanarse del desarrollo que, desde el punto de vista del gobierno mexicano, ha tenido el país en materia de telecomunicaciones. Ciertamente hay logros, pero la mayoría de ellos han sido fundamentalmente resultado del esfuerzo –y desde luego del afán de lucro– de las empresas privadas involucradas en ese sector. Aunque el gobierno mexicano ha carecido de una política nacional para impulsar a la Sociedad de la Información el subsecretario llegó a decir que, en este país, “más del 60% de la población tiene acceso potencial a las Tecnologías de Información y Comunicaciones por la vía comunitaria”.

A menos que el término “acceso potencial” sea un subterfugio para no admitir las brechas tecnológicas que sigue padeciendo la sociedad mexicana, esa frase del subsecretario fue una palmaria falsedad. También, entre otras más, la afirmación de que en México hay “un Observatorio de la Sociedad de la Información… con la participación de dependencias de gobierno, federales, estatales y locales, las cámaras y asociaciones, la academia en general y la sociedad civil en conjunto”. Quizá el subsecretario Álvarez Hoth no lo sabía, pero en esas fechas, y todavía seis semanas después de tan rimbombante anuncio, el “Observatorio” de esa índole al que remitía el portal del gobierno mexicano en Internet era el sitio de un grupo de prestigiados expertos… de Cataluña [1].

Los asistentes a la plenaria no advirtieron muchas de esas exageraciones. Uno tras otro, al cabo de varias horas los discursos parecían todos tan planos como las pantallas de televisión que abundaban en el salón de sesiones del conjunto Kram. Pero más de uno se sobresaltó cuando, traducido a cualquiera de las seis lenguas oficiales de la reunión, se escuchó el reconocimiento que Álvarez Hoth hacía al régimen y especialmente al presidente de Túnez: “deseo agradecer en nombre del gobierno de México al gobierno de Túnez y a su gente por la hospitalidad, al tiempo que felicito y los felicito por su apoyo a la libertad de expresión y por su compromiso manifestado el día de hoy con los derechos humanos tal y como fue expresado por el presidente Zine El Abidine Ben Alí”.

Innecesario y más allá de la obligada cortesía, ese cumplido del representante mexicano fue sorpresivo porque si con algo no se puede identificar al gobierno de Túnez es con el respeto a los derechos humanos.

Atropellos y censura

del gobierno tunecino

Años antes de esta Cumbre, numerosos organismos internacionales interesados en la defensa de las libertades ciudadanas protestaron por la designación de Túnez como sede de la segunda fase. El gobierno del presidente Ben Alí no decepcionó a quienes expresaron anticipada preocupación por el contrasentido que había al reunirse, para deliberar sobre la sociedad de la información, en un país en donde la información que la sociedad recibe se encuentra censurada.

Túnez es uno de los países en donde más se persigue a quienes tratan de ejercer las libertades de expresión e información. Hay casos de ciudadanos que han sido encarcelados simplemente por visitar sitios de Internet que el gobierno considera prohibidos.

Durante los días de la Cumbre, siete personajes de la sociedad tunecina cumplían un mes en huelga de hambre en protesta por restricciones como ésas. Entre ellos se encontraban Lofti Ají, presidente del Sindicato de Periodistas Tunecinos; Néjib Chabbi, dirigente del Partido Democrático Progresista y Ayachi Hammami, secretaria general de la Liga Tunecina de Derechos Humanos.

Durante la Cumbre, entre otros atropellos, el gobierno de Ben Alí impidió que el secretario general de la organización Reporteros sin Fronteras, Robert Ménard, bajara del avión que lo había conducido hasta Túnez.

Las reuniones plenarias de la Cumbre eran transmitidas por televisión para que los tunecinos vieran cómo su presidente se pavoneaba con gobernantes de todo el mundo. Pero cuando el presidente de Suiza, Samuel Schmid, aludió a represalias como las que se padecen en Túnez, su discurso fue censurado. El gobernante suizo había dicho: “Es inadmisible que la ONU todavía tenga miembros que hostigan o encarcelan a sus ciudadanos y ciudadanas porque los critican en Internet. La libertad de manifestar las propias opiniones debe ser respetada. Todos debemos tener la posibilidad de expresar libremente nuestros puntos de vista. Esta es una de las condiciones cruciales para que esta conferencia llegue a buen término…” En ese momento la imagen y la voz de Schmid desaparecieron de las pantallas de televisión en Túnez.

Los abusos fueron tantos que al final de la reunión docenas de organismos sociales le enviaron a Kofi Annan, secretario general de la ONU, una preocupada carta en donde reclamaron: “Esta semana en Túnez, en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, tanto dentro como fuera de la Cumbre oficial hemos presenciado serios ataques a los derechos humanos y al derecho a la libertad de expresión. Esos ataques han incluido hostigamiento a delegados, asaltos a periodistas y defensores de los derechos humanos tunecinos e internacionales, rechazo a la entrada al país, el bloqueo de sitios web, la censura de documentos y discursos y el impedimento y la interrupción de reuniones”.

En esas condiciones, aplaudir al presidente de Túnez por su “compromiso con los derechos humanos” como hizo el subsecretario mexicano Álvarez Hoth era expresión de profunda ignorancia o, quizá, de repentino sarcasmo.

 

El ordenador de 100 dlls.

y el enérgico Kofi Annan

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Los espacios paralelos a la reunión plenaria fueron más atractivos pero, sobre todo, más diversos. La señalización, en pocos idiomas o en ninguno, no ayudaba a los delegados. Millares de ellos se extraviaban en los pasillos del recinto de exposiciones sin encontrar el evento al que debían asistir y, en muchos casos, resignándose a presenciar las mesas redondas que les tocaran en suerte.

 


Sin duda uno de los acontecimientos más buscados y publicitados fue la presentación de la computadora de 100 dólares que Nicholas Negroponte, estrella de la Sociedad de la Información y fundador del Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachussets, presentó acompañado del secretario general de la ONU. “Una laptop para cada niño” es el lema de ese esfuerzo que pretende fabricar, en breve, 15 millones de tales ordenadores mediante convenios con Brasil, China, Egipto, Tailandia y Sudáfrica. Vistosa y prometedora, la pequeña máquina verde que mostró Negroponte aún tiene limitaciones como los programas que utilizaría, la conexión a Internet, la actualización que recibirá cuando sea tecnológicamente obsoleta y la generación de energía para hacerla funcionar. La fuente de poder de la pequeña laptop es una manivela de plástico que se gira para generar electricidad. El día de la demostración en Túnez, desprevenido, el honorable Kofi Annan le dio vueltas a la manivela con tanto entusiasmo que la rompió.

 

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Había de todo en los eventos paralelos a la Cumbre. Deambulando por ellos era posible localizar el vistoso Foro de los Radiodifusores en donde el canadiense y belga Derrick De Kerckhove, autor de La piel de la cultura, explicaba el sentido actual que tiene el pensamiento pionero de Mashall McLuhan. O se podían escuchar disertaciones sobre la brecha digital en Guatemala, el empoderamiento tecnológico de las mujeres, el atraso informacional de los pueblos indios, las opciones jurídicas del comercio electrónico, las comunidades conectadas de manera inalámbrica, la transición a la sociedad del conocimiento, el activismo y los medios comunitarios, las libertades y limitaciones para la expresión en el mundo árabe, la democracia electrónica, el software abierto, las posibilidades de conexión en África, la enseñanza y la Internet…

El otro acontecimiento en los eventos paralelos a la Cumbre fue el panel sobre “Cultura digital libre en el Mediterráneo” en donde coincidieron Richard Stallman, el mítico y barbudo creador del movimiento GNU por el software libre y el músico Gilberto Gil, que es además ministro brasileño de Cultura de Brasil. Stallman había recibido un premio que otorgan varias instituciones de Italia. Gil llevaba una guitarra y, ya en la efervescencia delante de sus muchos admiradores, se pusieron a cantar juntos.

Ese fin de fiesta será el que prefieran recordar no pocos de los asistentes a Túnez, en donde la densidad de los documentos fue menos visible que el encuentro de millares de interesados, profesionales, apasionados, próceres, promotores y vividores de la Sociedad de la Información. Hay quienes ya se preparan para el Foro en Atenas. Pero mientras sus apologistas e interesados deliberan, a las nuevas tecnologías de la comunicación se las sigue aprovechando de manera desigual e insuficiente. El intercambio de experiencias y perspectivas, la concurrencia alrededor de temas compartidos, la deliberación y hasta la confrontación y la fraternidad que se construyen en tales reuniones son seguramente útiles. Pero si, en términos específicos, nada hubo para nadie en Túnez, es hora de preguntarse si resulta pertinente que, tanto, haya servido para casi nada.

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[1] Bajo el título “Observatorio de la Sociedad de la Información” el portal e-México ha alojado el domicilio http://www.emexico.gob.mx/wb2/eMex/eMex_Observatorio_para_la_Ciersociedad que conduce al “Observatorio para la Cibersociedad” el cual, apoyado por la Generalitat de Catalunya, reúne el trabajo de especialistas que nada tienen que ver con el gobierno de México.

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La persona en la Sociedad de la Información

Publicado por Raúl Trejo Delarbre en Diciembre 15, 2005

Texto escrito en abril de 2005 a solicitud de la oficina de la UNESCO en Madrid y publicado más tarde en el libro La Sociedad de la Información en el siglo XXI: un requisito para el desarrollo. Volumen 2. Reflexiones y conocimiento compartido, editado oir la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información en España.

 

El Plan de Acción aprobado en la primera fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (Ginebra, diciembre de 2003) se refiere fundamentalmente al estímulo a políticas generales para extender y promover el uso de las nuevas tecnologías en este campo. No es un documento específicamente dedicado a los usos peculiares ni a las consecuencias de estas tecnologías en la vida de las personas.

   Pero es evidente que sin aquilatar sus efectos reales en las relaciones, el trabajo, las actividades cotidianas y desde luego en la ampliación de las perspectivas culturales, profesionales y vitales de quienes las utilizan, sería imposible diseñar un plan realmente integral para que la Sociedad de la Información lo sea, también, del Conocimiento y el desarrollo de las personas.

   Esa preocupación ha sido expresada de distintas maneras. Las dificultades para precisar el papel de la persona en la Sociedad de lnformación se puntualiza en interrogantes como las siguientes:

    ¿”Es importante la incorporación de la Sociedad de la Información en los hábitos de las personas para mantener y/o mejorar el nivel de empleabilidad de las personas? La interrelación de la vida personal y familiar con la profesional, ¿son dos caras de la misma moneda? ¿En qué posición queda la persona en la nueva Sociedad Red?¿Qué hábitos de uso de las TIC estamos integrando en nuestras vidas? ¿Qué diferencias hay entre quienes asimilaron las TIC a cierta edad (los inmigrantes digitales) y quienes nacieron con ellas (los naturales)?” [1].

   El Plan de Acción elaborado en Ginebra para ser considerado en la segunda fase de la Cumbre Mundial –que se realizará en Túnez a fines de 2005– no responde a esas preguntas. Pero involucra temas y problemas de cuya solución depende la manera y la intensidad con que los individuos se apropiarán o quedarán al margen de los recursos de información e interconexión previstos para la Sociedad de la Información (SI).

   Debido a su carácter y al formato, ese documento no se detiene a reflexionar en las repercusiones que la SI tiene y alcanzará cada vez más en las personas. Cabe resaltar, solamente, que la SI modifica, en ocasiones radicalmente, el contexto en el cual aprenden, laboran, se relacionan y comunican los individuos. En ese marco las nuevas tecnologías –especialmente la Internet– crean formas inéditas no solo para el trabajo y la educación a distancia. Junto con ello surgen nuevos espacios como el correo electrónico, el chat y los blogs, en donde lo mismo se replican formas de relación convencionales que se establecen nuevos ámbitos tanto para el trato persona a persona como para la socialización entre individuos que comparten intereses comunes.

   Para vivir y sobrevivir en la SI es necesario dominar destrezas específicas. La capacitación no sólo para encontrar información y saber discriminar entre ella sino, también, para colocar contenidos en las redes informáticas, se ha convertido en requisito indispensable en la formación cultural, la competitividad laboral y las opciones sociales de las personas. El Plan de Acción contempla la creación de capacidades para este nuevo entorno, entre otras áreas en el empleo de las TIC para la enseñanza y la formación de profesores. Sería pertinente que se hiciera énfasis en el adiestramiento de quienes ahora desarrollan tareas docentes y no solo en la preparación de aquellos que aspiran a trabajar en ese campo. También sería deseable que se precisaran mecanismos de financiamiento a fin de respaldar la formación para el uso de estas tecnologías y que existieran formas de evaluación de tales actividades.

   El Plan de Acción sugiere impulsar distintos usos de tales tecnologías. Además, sería conveniente reconocer las ventajas específicas que pueden tener de acuerdo con cada circunstancia nacional y regional. Es provechoso que se mencione al teletrabajo para que las personas “vivan en sus sociedades y trabajen en cualquier lugar”. Además se pueden identificar ventajas como el empleo de recursos informáticos para que los ciudadanos que han tenido que emigrar para encontrar empleo puedan enviar remesas a sus países de origen a través de transferencias electrónicas. Reglamentar y transparentar el uso de tales recursos es una necesidad acuciante en varios países de América Latina.

   Junto a los usos que les darán las personas, las nuevas tecnologías de la información implican desafíos en terrenos como la seguridad, la protección de derechos de autor y la privacía. En este aspecto el documento resulta especialmente pobre, sobre todo en comparación con las versiones previas de Plan de Acción que fueron elaboradas antes de la reunión de diciembre de 2003 en Ginebra. No basta con pretender la “sensibilización de los usuarios sobre la privacidad en línea”. Hace falta la promoción de políticas nacionales y compromisos internacionales para reivindicar el inalienable derecho de los individuos a resolver sobre la divulgación de sus datos personales.

   Otro rubro en el que se advierte un retroceso en contraste con las versiones anteriores de Plan de Acción, es el de los medios de comunicación convencionales. En particular se echa de menos la ausencia de alusiones a los medios de comunicación de carácter público –los cuales, en vista de que no tienen la ganancia mercantil como prioridad central, pueden ser más receptivos a necesidades, intereses y búsquedas comunicacionales de los ciudadanos–.  También ha sido deplorable la desaparición del apartado que proponía evitar la concentración en la propiedad de los medios de comunicación.

   El Plan de Acción recupera numerosos objetivos pertinentes. Pero al formularlos de manera general, sin metas específicas, aparecen simplemente como un inventario de buenas intenciones. Sería preciso que objetivos como la conexión de aldeas y creación de puntos de acceso comunitario, la conexión de universidades y escuelas de todos los niveles así como de bibliotecas y centros culturales, oficinas gubernamentales y el acceso de toda la población mundial a la cobertura de la televisión y la radio, entre otros rubros, tuvieran plazos y compromisos claros.

   Lo mismo la Solidaridad Digital, que es una de las iniciativas más relevantes que surgieron de la Cumbre en Ginebra. Hablar de “Agenda” y no de “Fondo” como inicialmente se había previsto, indica una preocupante ausencia de compromisos tanto del sector privado como de los gobiernos de las naciones con más recursos.

   Identificar los efectos que tendrá la SI en las personas obliga a desarrollar, de inmediato, una ambiciosa red de investigación acerca de estos y otros aspectos relacionados con la apropiación social de las nuevas tecnologías de la información. El Plan de Acción se propone “fomentar la investigación sobre la Sociedad de la Información” pero sería conveniente que hiciera más precisiones al respecto. En países como los de Iberoamérica, seguimos sin contar con indicadores homogéneos, registro de experiencias, inventarios de recursos y otros datos necesarios para tomarle el pulso al desarrollo de la SI así como a sus rezagos y dificultades. Temas como el empleo de los idiomas español y portugués, han sido motivo de atención por parte de grupos de expertos y organismos internacionales pero han carecido de la continuidad necesaria para lograr un registro temporalmente ambicioso de estos cambios. La creación de indicadores y puntos de referencia que sugiere el Plan de Acción (en su apartado 28 b) requeriría de evaluaciones y discusiones específicas en países como los de Iberoamérica.

   Iniciativas como la creación de un sitio web para reseñar “prácticas óptimas y proyectos con resultados satisfactorios” son sin duda útiles aunque modestas. Habría que pensar no en uno solamente, sino en una red de sitios con información de esa índole. Y sería necesario recuperar los detalles no sólo de experiencias exitosas sino, también, de aquellas que han encontrado dificultades relevantes. Es pertinente construir una visión que no se estanque en los diagnósticos pesimistas pero que tampoco se limite a una apreciación falsamente optimista de la Sociedad de la Información.

[1] “La sociedad de la Información en el Siglo XXI: un requisito para el desarrollo. 2ª parte”. Iniciativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología para complementar la participación española en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. Disponible en: http://www.desarrollosi.org/2a_parte.pdf

 

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