Tonos del celular: proclamas estéticas en miniatura

Nexos, número 356, agosto de 2007.

 

 El año pasado había más de 2300 millones de teléfonos celulares en todo el mundo. Se trata, en cifras aproximadas, de un celular para cada 2.7 personas. Los teléfonos móviles prácticamente duplican, ya, a los de carácter fijo (que en 2006 eran alrededor de 1300 millones). La posibilidad de hacer y recibir llamadas sin estar atadas a la línea alámbrica ha cambiado hábitos y capacidades comunicacionales de las personas en todo el orbe.

   A la vez que nos ha hecho más libres, el celular nos ha creado nuevas dependencias. El teléfono portátil no solo nos vuelve ubicuos. Además suscita novedosas formas de comunicación y expresión que van desde el intercambio de mensajes de texto hasta la creación de cadenas de usuarios que propagan los mismos contenidos y la posibilidad de registrar y enviar fotografías y videos.

   Instrumento masivo, el celular no ha significado, sin embargo, una fatal homogeneización de la sociedad. El interés de sus usuarios para apropiarse de él, desde luego con la interesada ayuda de las corporaciones telefónicas, ha propiciado numerosas formas para singularizar al móvil. Hay quienes lo decoran con variadas cubiertas, o que colocan fotografías en la pantalla. Muchos más, añaden diversos tonos que se escucharán cuando el teléfono reciba una llamada.

   Concebidos para distinguir al celular, los tonos telefónicos singularizan a cada usuario. Es irresistible la tentación de hacer sicología o sociología instantáneas cuando escuchamos violines impetuosos, pianos rítmicos, cantantes de fama, maridos regañones, féminas ansiosas o vacas que mugen surgiendo de algún celular. Dime qué tono usas y te diré quién eres. El que a buen tono se arrima buena fama le cobija. Tono que ladra no muerde. Tono y figura hasta la sepultura. Más vale tono que fuerza. Mucho tono y pocas nueces.

   Los tonos telefónicos son un recurso del siglo 21. Antes de 1998 los celulares tenían unas cuantas opciones, casi siempre de sonido plano y metálico, para avisarnos cuando llegaba una llamada. Ese año varias compañías telefónicas comenzaron a ensayar cómo ampliar la capacidad acústica de los timbres, hasta llegar a la polifonía digital que hoy permite no solamente imitar sonidos sino, especialmente, reproducir cualquier melodía, voz o ruido. El interés de muchos usuarios –especialmente los más jóvenes– para renovar y diversificar los tonos de sus teléfonos, propició un auge tecnológico y mercantil que no estaba en los planes de negocio de las telefónicas.

   En Estados Unidos, tan solo en 2003, la compra de tonos para teléfono significó desembolsos de entre 80 y 100 millones de dólares. En 2006 esos gastos ascendieron a más de 600 mdd. En 2007 quizá disminuyan a 550. Sin embargo, mundialmente, la venta de ringtones podría ser mayor a 4 mil 700 millones de dólares en 2008.

   Tan sólo entre enero y abril de 2007 en Estados Unidos se vendieron 72 millones de tonos telefónicos. Esa cantidad no es mayor porque muchos usuarios comparten con sus amigos los tonos que han comprado o adquirido gratuitamente. La manía por los tonos tiene, igual que otras expresiones de la tecnología digital, rasgos a la vez individualistas y solidarios. Cada quien su tono, muchos usuarios de celulares eligen el sonido que los distingue cuando repiquetea su teléfono. Y no pocos de ellos estarán dispuestos a transferir a sus conocidos una copia del archivo digital que permitirá reproducir ese tono en otros celulares.

   Los tonos telefónicos se vuelven, así, no solamente sellos de identidad personal sino también de cohesión grupal.  Un estudio inglés acerca del porvenir de la telefonía celular subraya: “El éxito de los tonos telefónicos y los protectores de pantalla tiene mucho que ver con la capacidad para mostrar, compartir y transferir. Así la industria del móvil está bien prevenida para asegurar que sus futuros servicios harán posible compartir ese ‘contenido social’ ”.

 

Teléfonos politizados

   Terraplén del aislamiento cuando crea una atmósfera de exclusión alrededor del usuario que se aparta para contestar una llamada, el celular es, al mismo tiempo, vehículo que refuerza y causa nuevas relaciones sociales. Así sucede con otras tecnologías digitales de la información. Hace varios años Howard Rheingold, en su visionario libro Smart mobs, entendía al celular como eje de nuevos enlaces sociales capaces, incluso, de ocasionar respuestas colectivas como las que protagonizan las multitudes inteligentes convocadas con mensajes de texto instantáneo.

   El sonido del celular puede tener significados políticos como cuando a mediados de 2005, en Filipinas, muchos usuarios pusieron como tono telefónico la voz de la presidenta Gloria Macapagal cuando conversaba con Virgilio Garciliano, titular de la Comisión Electoral de ese país: “¿Hola, hola, hola Garcí…? ¿Así que voy adelante por más de un millón?”. El tono telefónico, que duraba 17 segundos y estaba aderezado con música de rap, reproducía una grabación aparentemente realizada por militares adversos a la presidenta. El gobierno no rechazó la autenticidad de esa grabación pero declaró ilegal su posesión porque había sido realizada de manera subrepticia. Aun así, el ringtone con la voz de la presidenta circuló por millares de teléfonos móviles.

   A mediados de 2007, en Estados Unidos los partidarios del senador Barack Obama han propagado tonos de teléfono con la voz de ese aspirante a la candidatura presidencial del Partido Demócrata. Además hay sitios en la Red que promueven la creación de ringtones políticos que encajan bien con el estilo conciso, apuntalado en frases notorias más que en ideas, que impone la mercadotecnia electoral.

   El portal Ring it on! explica, con una realismo a la vez que sarcasmo: “Somos una nación bendecida con políticos cuyas declaraciones prácticamente ruegan llegar a ser tonos de teléfono. ‘Misión cumplida’, ‘Los últimos estertores de la insurgencia’… No deje que se desperdicien esas perlas de la incompetencia política. Conviértalas en tonos de teléfono y déjelas saltar en los centros comerciales, las estaciones de autobús, los restaurantes, su trabajo… Hemos sido una nación de zombies políticos por mucho tiempo. ¡Ejercite su libertad de expresión y deje que suene el celular!”.

   Así que ahora, además de versiones simplificadas de New York, New York o de la Novena Sinfonía de Beethoven, los celulares irradian las voces de los famosos. Nuestras versiones vernáculas de esa politización telefónica podrían ser tonos que repitieran aquel “¿Yo? ¿Por qué?” con el que se definió el ahora ex presidente, o las vulgares conversaciones del gobernador Marín con su contlapache el empresario textil.

   Esa miríada de sonidos que invade hoy el paisaje urbano forma parte de la trivialización, pero también de la apropiación que la gente hace tanto de los asuntos públicos como de los dispositivos tecnológicos. Pero no en todas partes se acepta, o tolera, de la misma forma a los ruidos que brotan del celular. Amparo Lasen, autora de una indagación sobre el uso del móvil en varias ciudades europeas, ha escrito: “Los sonidos del teléfono móvil, tanto los tonos como las conversaciones, son parte del panorama musical en el transporte público. También están presentes, aunque menos utilizados, en los restaurantes… Las reacciones a la inobservancia de las reglas de etiquetas son distintas [en cada ciudad]. Los parisinos rápidamente se muestran contrariados, volteando a mirar al usuario ruidoso. En Madrid la gente parece estar más acostumbrada a eso, mostrando menos signos de desagrado. El nivel del ruido en los sitios públicos, tanto adentro como al aire libre, es mayor que en las otras dos ciudades y también hay mayor tolerancia para las conversaciones escandalosas. Los tonos telefónicos también son a menudo más ruidosos en Madrid, con cierta preferencia por melodías de ‘valquirias’ y ‘caballerías’ que no parecen molestar a la gente que está cerca. Sin embargo, para los entrevistados españoles, los  entremetidos tonos telefónicos y los conversadores ruidosos son los aspectos más incómodos en el uso que otras personas hacen de los teléfonos móviles. Esta es la molestia principal para la mayoría de los entrevistados, cuando los usuarios del celular ‘olvidan que hay otras personas alrededor’. Esta inconsciencia es resultado de las dificultades para administrar dos escenarios de interacción, la conversación telefónica y la presencia física de los otros”.

 

Señales de identidad

   El tono telefónico acota, define y proclama la identidad personal. Los autores de un amplio estudio sobre la expansión del teléfono celular, encabezados por Manuel Castells, explican: “Las tecnologías móviles han acabado formando parte de los procesos de formación de la identidad personal, no únicamente como instrumento utilitarista para la comunicación sino también como ‘una proclama estética en miniatura de su propietario’ ”.

   El tono del celular anuncia la personalidad de quien lo ha seleccionado o, al menos, el estado de ánimo que tenía cuando eligió ese y no otro sonido para su teléfono. Pero la impresión que suscitará entre quienes lo escuchen dependerá, a su vez, de la idiosincrasia de los otros y del contexto en el que suene el teléfono. Un celular que cuando llama deja escuchar al grupo de cumbia “Damas gratis” (que tiene el mayor número de descargas en el sitio de tonos telefónicos Chikabum.com) causará opiniones distintas a otro que reproduzca por varios segundos un concierto para clarinete de Mozart. Pero ambos serán desaprobados si suenan durante una obra de teatro. Así que la proclama estética que enarbolan los dueños de celulares y tonos se encuentra acotada por las reglas que imperan en el uso del espacio público.

   La creación de tonos telefónicos está subordinada al negocio y a los requerimientos técnicos. Hay empresas telefónicas que contratan músicos para que diseñen timbres sencillos, armónicos y contagiosos, que estén ceñidos a la brevedad pero también a la simplicidad que se exige de ellos. El profesor de música Sumanth Gopinath, de la Universidad de Minnesota, ha explicado:  “El negocio de componer tonos de teléfono no es particularmente glamoroso: es, en un sentido, una forma actualizada de escribir jingles, o música publicitaria, cuyo producto es el mismo teléfono móvil. El tono, en el caso del teléfono monofónico, se beneficia de ser una forma artística altamente inhibida. El compositor tiene una sencilla línea melódica de extensión limitada (30 segundos máximo) y un rango (hasta 4 octavas) a su disposición, con poca o ninguna posibilidad de un tono discordante o cambiante. La simplicidad de tales melodías, que deberían balancear el interés estético (‘buen’ sonido, en abstracto) con una función (ser una señal efectiva para el usuario del celular) parece muy halagüeña cuando son cortas, quizá de unos cuantos segundos”. De allí que la estética del audio celular sólo se ha podido extender con las innovaciones en materia de reproducción digital que incorporan al teléfono la posibilidad de repiquetear con sonidos auténticos y no solo combinaciones de los tonos convencionales.

   Dime qué tono usas y te diré a qué te quieres parecer: cuando el celular suena ya no solamente anuncia una llamada. Además pregona una señal de identidad o, dicho de otra manera, el recurso acústico con el que cada usuario quiere llamar la atención. Ese ejercicio de notoriedad podrá ser categóricamente egocéntrico cuando se expanda el singtone, que es un tono de celular que cada quien puede grabar con su propia voz interpretando, con fondo musical, la melodía de su preferencia.

   Los versátiles usos del celular expresan copiosas posibilidades de apropiación. En India hay tribus que utilizan el móvil para cazar leopardos: le ponen sonidos de gallos, cabras y vacas, lo colocan bajo una trampa y solamente llaman para que el felino se acerque confiado en que encontrará una presa. En las ciudades contemporáneas los atrapados somos nosotros cuando, aunque abominemos de los tonos del celular, vivimos rodeados de ellos.

 

Referencias

-“Filipinos answer anti-corruption call”. San Francisco Chronicle, 22 de junio de 2005.

-Amparo Lasen, A comparative study of mobile phone. Use in public places in London, Madrid and Paris. Digital World Research Centre, University of Surrey, 2004.

-Manuel Castells, Mireia Fernández Ardévol, et. al., Comunicación móvil y sociedad. Una perspectiva global. Fundación Telefónica y Ariel, Barcelona, 2006.

-James Crabtree, et al, Mobile phones and everyday life. The Work Foundation, Londres, 2003.

– Sumanth Gopinath “Ringtones, or the auditory logic of globalization”
First Monday, diciembre de 2005: http://firstmonday.org

– Ring It On! http://www.ringtones08.com/

3 comentarios en “Tonos del celular: proclamas estéticas en miniatura

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