Los mexicanos y la cultura en línea

Resumen del texto entregado al Segundo Coloquio Oaxaca. Cultura mexicana: revisión y prospectiva. Septiembre de 2007. Publicado en Nexos, febrero de 2008.


No hay espacio más abierto a la cultura que la colección hasta ahora prácticamente infinita de sitios, territorios, bitácoras y recursos audiovisuales que, entre muchos otros contenidos, ofrece Internet. Nunca antes la humanidad había dispuesto de una diversidad tan extendida, y sobre todo despejada de taxativas y restricciones, como la que hay en la Red de redes. Y nunca hasta ahora, en parte debido a esa abundancia de recursos informáticos, habíamos estado tan cerca de saturarnos, abrumarnos e incluso intoxicarnos con una avalancha de contenidos tan apabullante como la que existe en Internet y en otras de las afluentes de la sociedad de la información. Abierta y ancha, la ilimitada colección de avenidas informáticas que es Internet se encuentra, sin embargo, vedada para quienes no tienen el privilegio de contar con equipamiento y conexiones suficientes.

El rezago digital

A fines de 2007, 20% de los habitantes de América Latina tenía acceso a la Red. En México, si hemos de atender a los optimistas datos oficiales, en ese año habría cerca de 23 millones de usuarios [1], que constituían algo menos del 22% de los cerca de 106 millones de habitantes en el país. Es una cifra alta si tomamos en cuenta que, de acuerdo con las mismas fuentes, en el transcurso de 7 años los usuarios de la Red casi se quintuplicaron, para pasar de algo más de 5 millones en 2000 a los ya mencionados 23 millones. Pero siguen siendo pocos si reconocemos que casi 8 de cada 10 mexicanos carecen de ese servicio.

Si las conexiones y la instalación de equipo aumentaran durante los siguientes años al mismo ritmo que lo hicieron en lo que va del siglo 21, antes de una década tendríamos una cobertura casi total de Internet en este país. Sin embargo tanto la experiencia internacional como el reconocimiento de la capacidad actual de la infraestructura mexicana y el simple sentido común permiten recordar que, después de haber llegado a un límite de eficacia, esos recursos crecen de manera más lenta. Sin embargo el gobierno federal dice que, para 2012, 70 millones de mexicanos serán usuarios regulares de Internet [2]. De ser así México se convertiría quizá en la nación con más intenso crecimiento en la cobertura de ese servicio en tan solo un lustro. Entonces podríamos hablar, con certeza, de un país plenamente incorporado a la sociedad de la información.

Lamentablemente no hay sustento suficiente para compartir esa esperanza de las autoridades mexicanas en materia de telecomunicaciones. En América Latina, el país con mayor cobertura de Internet es Chile (43% a fines de 2007) seguido de cerca por Argentina y Uruguay (34%) [3]. En todo el mundo, por lo general, el desarrollo de la Red ha sido posible gracias a la existencia de políticas nacionales (y a veces, como en Europa, además regionales) que han incluido programas de gobierno para promover infraestructura en áreas que para las empresas privadas no son tan rentables como las grandes ciudades. Han existido regulaciones de los precios, así como de la competencia en las telecomunicaciones. Y en la mayoría de los casos se ha impedido que una sola entidad privada controle o acapare la oferta de servicios en ese campo.

Nada de eso ha ocurrido en México. La postura gubernamental en el terreno de las telecomunicaciones ha sido la ausencia de política, con la esperanza de que la inversión privada subsanaría la ausencia de inversiones y regulaciones suficientes por parte del Estado. Los mexicanos que en 2007 tenían acceso a Internet en sus domicilios alcanzaron ese privilegio a costa de pagar una de las tarifas más altas que existen para dicho servicio en todo el mundo. En la primavera de ese año, el costo mensual de un megabite por segundo era de 27 centavos de dólar en Japón, 1.64 dólares en Francia, 3.33 dólares en Estados Unidos, 6.50 en Canadá, y 12.50 en España. Por ese mismo servicio, los mexicanos pagábamos 60.01 dólares [4].

e-México, desigual e insuficiente

Nos referimos esencialmente a la Red de redes porque constituye, como hemos señalado en otro sitio, la columna vertebral de la sociedad de la información [5]. Por ella pasan los archivos de audio y/o video que, una vez descargados, pueden ser transportados y utilizados en dispositivos portátiles como el Ipod, lo mismo que las películas que cada vez resulta más frecuente bajar de Internet para mirarlas en la pantalla casera.

En México solamente hasta la administración del presidente Vicente Fox, y con grandes limitaciones, existió un programa específico para el desarrollo de Internet. El proyecto e-México consistió fundamentalmente en la concentración de los recursos informáticos del gobierno federal, tanto en línea como en la infraestructura computacional que podía estar a disposición de los ciudadanos. El primero de esos aspectos significó la creación de una identidad común y la organización de ligas a docenas de sitios gubernamentales a partir de un portal centralizador ubicado en www.e-mexico.gob.mx. La segunda tarea fue la instalación de 7200 centros comunitarios digitales en todo el país.

Los CCDs, habilitados con computadoras y conexiones a Internet, pudieron haber sido un poderoso eje para el desarrollo de una extendida cultura digital entre los ciudadanos. Sin embargo muchos de ellos carecían de instalaciones y equipamiento eficientes y, sobre todo, su creación no estuvo acompañada de proyectos de capacitación tanto para el personal que los atendería como para sus posibles usuarios. En la gran mayoría falta mantenimiento técnico y no hay proyectos para actualizar las computadoras allí instaladas. Se ha estimado que, hacia el final de ese sexenio, una quinta parte de tales Centros habían estado fuera de servicio [6]. El investigador Scott S. Robinson ha considerado que los centros digitales y los sitios en Internet del programa e-México tuvieron más desventajas que aportaciones, entre otras causas debido a que pocos gobiernos municipales se interesaron en aprovecharlos para difundir información útil a sus ciudadanos y ese proyecto dependió del software del consorcio Microsoft, cuando pudo haber utilizado programas de código gratuito o libre.

Espacio para irradiar y hacer cultura

Los productos culturales que se encuentran definidos fundamental o exclusivamente por el afán mercantil abarrotan las redes informáticas de la misma manera que han colmado, antes, las programaciones de los medios de comunicación tradicionales. En la Red, los criterios que determinan la popularidad de un producto cultural son tan flexibles como el interés que pueda suscitar entre audiencias cada vez más heterogéneas y que por lo general tienen parámetros de calidad complacientes. Internet es plataforma de difusión pero, al mismo tiempo, espacio de creación, experimentación y confrontación de propuestas culturales. En sus imbricaciones con la cultura Internet tiene, entre otros, los siguientes rasgos [7].

1. Internet reproduce contenidos culturales y de otra índole de los medios convencionales (televisión, prensa, radio). La prensa mexicana en línea se ha extendido con tanto éxito en la Red que varios de los sitios más consultados y originados en este país (especialmente www.eluniversal.com.mx y www.jornada.unam.mx) son mantenidos por algunos diarios de la ciudad de México. Por lo general se trata de la simple reproducción de contenidos que esos medios difunden por cauces tradicionales. En 2005 la profesora Lizy Navarro Zamora compiló un inventario que da cuenta de la existencia de por lo menos 300 medios mexicanos en línea [8].

2. Internet es en sí misma medio de comunicación, con posibilidades de interactividad, acceso y especialización que no tienen los medios tradicionales. Sin embargo el periodismo que se hace en la Red –y esta apreciación podría ampliarse a muchas otras formas de creación y/o difusión cultural– no suele aprovechar esas opciones. Sus mensajes siguen siendo, en lo fundamental, unilaterales y sin facilidades para que lectores, radioescuchas o televidentes de tales contenidos se conviertan, a su vez, en productores de sus propias comunicaciones. En otros países –el ejemplo de Gran Bretaña en este campo es tan pionero como en la radiodifusión abierta– los medios de carácter público ofrecen espacios en línea para que sus audiencias discutan e, incluso, coloquen sus propios textos, audios y videos. En México ha sido de la televisión comercial de donde han surgido iniciativas de modesta pero vistosa interacción. En 2007 el periodista Carlos Loret de Mola, conductor del noticiero matutino en el canal 2 de Televisa, abrió un espacio para la presentación de videos y fotografías enviados por los televidentes [9].

3. En Internet se desarrollan o amplían formas de expresión e intercambio de productos culturales que aprovechan la versatilidad de formatos, así como la intemporalidad y la ausencia de barreras geográficas que tiene la Red. El talante colaborativo que suele haber en Internet permite que sus usuarios hagan consultas, pidan ayuda y se ofrezcan respaldo en asuntos de toda índole, entre ellos cuando requieren apoyo en tareas culturales. Un aficionado a la guitarra, por ejemplo, puede solicitar información acerca de una partitura y si lo hace en un espacio adecuado para ese tema es altamente posible que la obtenga en poco tiempo [10].

4. Internet puede llegar a localidades remotas o a comunidades que experimentan alguna forma de marginación y en donde no se difunden otros medios. Aunque requiere de infraestructura que no todos tienen, la Red es una opción de comunicación e intercambio cultural en sitios lejanos de las zonas urbanas gracias a redes satelitales e inalámbricas que cada vez tienen mayor capacidad para conducir contenidos digitales. En septiembre de 2007, el Congreso Nacional de Comunicación Indígena que se reunió en la ciudad de México reconoció en una de sus resoluciones: “los comunicadores indígenas entendemos el proceso de comunicación en su sentido más amplio, con todas las formas posibles, desde las tradicionales de cada uno de nuestros pueblos, así como la prensa, la radio, la televisión, la Internet, cine y video” [11].

5. Internet permite abrir espacios para la reflexión y la evaluación crítica de todas las formas de expresión cultural. Los aficionados y creadores en las más diversas manifestaciones culturales –cine, literatura y artes plásticas y desde luego televisión o radio– tienen numerosas opciones para discutir, contrastar y difundir opiniones. Los espacios para deliberar acerca de estos temas en los principales sitios de chats y/o de foros en línea son de los más frecuentados.

6. Internet es el repositorio más amplio que existe para conservar, propagar, reproducir y compartir productos culturales. En el otoño de 2007 había aproximadamente 128 millones de sitios en la World Wide Web [12]. Cada sitio tiene una o muchas más páginas. Si indagamos en el buscador Google cuántas referencias tiene inventariadas con la palabra cultura, encontraremos que había, según ese recurso digital, 65 200 000 páginas en las que apareció ese término [13]. Cuando buscamos los términos “cultura” y “México”, los resultados se acotaron a 1 460 000. Eso no significa que haya tal número de páginas con contenidos de calidad. Pero esa cifra indica alusiones, conversaciones, construcciones, apropiaciones y circulación de contenidos relacionados con las más diversas concepciones del quehacer cultural.

7. Internet propicia, imbricada con dispositivos de registro de contenidos digitales, nuevas formas de expresión multimedia. La versatilidad de los lenguajes digitales permite desarrollar formas de expresión creativas, en todos los campos del arte, que no serían posibles en los formatos convencionales. Hay tantos artistas mexicanos que han incursionado en el diseño, las artes gráficas y la fotografía digitales que resultaría muy extenso un inventario de su presencia en Internet. Valga señalar que la amplia diversidad de galerías digitales ya disponibles en línea y sobre todo el hecho de que cada creador puede montar sus propias exposiciones tan solo con armar un blog, permiten una difusión que nunca antes tuvieron las creaciones de carácter plástico. En otros terrenos, también ha sido posible desarrollar experiencias de literatura colectiva, entre ellas varias novelas.

8. Internet facilita la apropiación de productos de carácter multimedia y nuevas formas de consumo. Los Ipods y otros artefactos para la reproducción portátil de archivos en formatos como el mp3 se han convertido en una de las más contemporáneas y versátiles formas de apropiación cultural. Esa utilización de productos culturales implica desafíos inéditos al concepto y las consecuencias del concepto de derecho de autor. Los dispositivos portátiles, además, se están convirtiendo en destinatarios de creaciones audiovisuales específicamente producidas para ser difundidas en ellos a través de archivos en formato podcast.

9. Internet permite difundir, más allá de los cauces tradicionales, la actividad de artistas y creadores. El carácter abierto de la Red permite la propagación de contenidos de toda índole con la misma posibilidad de llegar a internautas en las más variadas latitudes. Por ejemplo el sitio MySpace, originalmente creado para colocar bitácoras personales de jóvenes estudiantes, ha sido aprovechado por músicos de todo el mundo con tanto éxito que su presencia allí ha sido motivo de interés periodístico: “El fenómeno de MySpace ha resultado benéfico para muchos músicos mexicanos, no sólo a los que viven en el país, sino a quienes han emigrado a distintas partes del mundo. Bandas como Bengala, Los Dinamyte y los tapatíos Porter han creado una fiel legión de seguidores en el ciberespacio. Son muy pocos los grupos que no utilizan esta herramienta, popularizada debido a la falta de espacios en compañías discográficas. MySpace ha servido no sólo para dar a conocer artistas, sino para mantener la carrera de algunos que por distintas razones se encuentran inactivos, como el caso de Sussie 4, que debido a un pleito legal con su primera disquera se mantuvo sin presencia discográfica más de dos años, pero en este sitio se colocó material para mantener el interés de todos sus fieles seguidores” [14].

83 millones sin blogs ni chat

De los aproximadamente 23 millones de internautas mexicanos que de acuerdo con las estimaciones ya mencionadas habría en 2007, se calculaba que 15 millones han subido fotos o video a Internet. 6 millones de esos 23 millones han colocado o visto videos en YouTube. 13 millones dicen tener una página personal. 8 millones aseguran que el sitio de páginas personales que visitan con más frecuencia en MySpace. 18 millones han leído blogs [15]. No sabemos con certeza qué contenidos son los que consumen en esos videos, sitios y bitácoras. Pero podemos suponer que esos internautas son fundamentalmente espectadores de los audiovisuales y textos que otros han colocado, más que autores de sus propias opiniones, reflexiones y creaciones.

Independientemente de lo que hagan o de lo que dejen de contribuir, consumir o crear en línea, esos hipotéticos 23 millones que incursionan en la Red constituyen una presencia importante pero insuficiente. Junto a ellos hay al menos 83 millones de mexicanos que no navegan, chatean, bloguean ni se asoman a YouTube porque no tienen facilidades técnicas ni materiales para ello. Los escritores, músicos, fotógrafos, videoastas y, en general los ciudadanos del mundo mexicano de la cultura que han quebrado inercias para aventurarse en los senderos del ciberespacio, se encuentran entre los pioneros que exploran y conquistan territorios en donde podría haber más y quizá mejores expresiones del quehacer artístico y el pensamiento en este país. Resulta imprescindible, para garantizar la creatividad que ahora despliegan y la que seguramente podrán extender y ejercer con más asiduidad, que se mantengan las libertades que han sido piedra de toque en el desarrollo inicial de Internet. También es necesario reconocer que, entendidos en su acepción más amplia, los derechos sociales de los ciudadanos –y, así, la construcción de una plena ciudadanía– requieren del cumplimiento del derecho a la comunicación del cual forma parte el acceso con calidad, libertad y seguridad a la Red de redes informáticas.

–0–


[1] Primer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa. “Servicios de radiocomunicación y usuarios de Internet” en “Estadísticas nacionales”. Septiembre de 2007. Disponible en:

http://www.informe.gob.mx/ESTADISTICAS_NACIONALES/?contenido=288

La información de esta fuente estimaba que en 2007 habría 22 813 000 usuarios de Internet.

[2] México, líder mundial en centros comunitarios digitales: Del Villar”. Comunicado de prensa no. 122 de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, 21 de septiembre de 2007. Ese documento recoge declaraciones del subsecretario de Comunicaciones, Rafael del Villar Alrich.

[3] http://www.internetworldstats.com Consultas realizadas en septiembre de 2007.

[4] Datos recopilados por Daniel K. Correa “Assessing Broadband in America: OECD and ITIF Broadband Rankings”. The Information Technology and Innovation Foundation, April 2007. Disponible en:

http://www.itif.org/files/BroadbandRankings.pdf Estos datos incorporan la reducción de precios que Telmex, en México, estableció en su servicio de Internet durante el primer semestre de 2007. Antes de dicho ajuste la conexión de banda ancha que vende esa empresa costaba casi el doble.

[5] Raúl Trejo Delarbre , Viviendo en El Aleph. La sociedad de la información y sus laberintos. Gedisa, Barcelona, 2006.

[6] Scott S. Robinson, “Después de e-México: una propuesta”. En Scott Robinson, Héctor Tejera y Laura Valladares, coordinadores, Política, etnicidad e inclusión digital en los albores del milenio. Miguel Ángel Porrúa y UAM Iztapalapa, México, 2007, p. 367.

[7] En este inventario seguimos, adaptándola para la circunstancia mexicana, la descripción de rasgos culturales de Internet que hicimos en el ensayo “Internet en el espacio público Iberoamericano. Redes digitales en la cultura y la comunicación iberoamericanas. Apuntes para una agenda de cooperación” que forma parte del libro, coordinado por Enrique Bustamante,  La cooperación cultura – comunicación en Iberoamérica (título provisional) que será editado por Gedisa.

[8] Lizy Navarro Zamora, Comunicación mexicana en Internet. Guía de medios en línea. Fundación Manuel Buendía y Universidad Autónoma de San Luis Potosí. México, 2005, p. 52.

[10] El sitio artelinkado.com, creado por guitarristas de España y México, ofrece espacios para discutir temas relacionados con ese instrumento y su música y permite intercambiar partituras y recomendaciones entre sus aficionados: http://www.guitarra.artelinkado.com

[11] Declaración del Congreso Nacional de Comunicación Indígena. Reproducida en el sitio web de Radio Jenpoj, radio comunitaria mixe, cuyas transmisiones en Tlahuitoltepec, Oaxaca, son amplificadas a través de Internet: http://www.radiojenpoj.org/

[12] Netcraft, “August 2007 Web Server Survey”. http://news.netcraft.com

[13] Búsquedas en Google.com realizadas en septiembre de 2007.

[14] Franco Daniel Gómez. “Myspace oportunidad en internet”. El Universal, México, 27 de noviembre de 2006

[15] Asociación Mexicana de Internet, AMIPCI, cit.

2 comentarios en “Los mexicanos y la cultura en línea

  1. Estimado Raúl
    Excelente y esclarecedora reflexión en torno a las posibilidades abiertas por internet para la expresión de los mexicanos, pero que también preocupa por la enorme cantidad de quienes están al margen de este universo virtual, lo que puede llevar a crear una nueva brecha entre quienes nos hemos subido al ciberespacio y quienes no tienen posibilidades de hacerlo.
    Felicidades, y siempre es un gusto leerte o escucharte.

  2. Miguel: quiero felicitarte por este muevo espacio a miles de personas que tienen inquietudes, en hora buena por este espacio para los mexicanos y cualtura en linea.
    Espero que esto perdure.

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