Facebook sin fábulas

A fines de 2011 la revista “Ciencia y desarrollo” publicó, sin mi permiso, el artículo que aparece a continuación. Este texto forma parte de un trabajo más amplio sobre Facebook. Ese artículo se los envié a los editores de “Ciencia y desarrollo” a petición suya pero, más tarde, retiré mi autorización para publicarlo cuando advertí que la corrección de estilo que le hacían desvirtuaba el sentido de algunas de mis afirmaciones. Apenas me he enterado de esa publicación. Además, he encontrado que en varios sitios en la Red se reproducen párrafos de ese artículo sin que sean mencionados la fuente ni el autor. 

 

En Facebook participamos para hacer amigos, pero antes que nada para ratificar allí las amistades que ya

Ilustración tomada de http://www.socialmedia.com.uy/

tenemos fuera de línea. Las relaciones que construimos o mantenemos en ese espacio son bilaterales, entre un amigo y otro, pero también es importante la suma de todas ellas. Internet, como es bien sabido, está diseñada a partir de un esquema reticular. Facebook, a su vez, recrea ese modelo de vínculos que adquieren singularidad y flexibilidad precisamente porque están organizados en red.

Acumular amigos se vuelve señal de prestigio, acaso a imitación de la vida fuera de línea pero con la ventaja de la instantaneidad con que se entablan las relaciones de amistad en ese sitio. Muchos amigos no significan más acompañamiento ni mejores amistades –aunque también ese reconocimiento vale para las relaciones presenciales–. La intensidad de las relaciones amistosas y las gratificaciones personales que impliquen dependen de circunstancias muy variables. Resulta imposible generalizar: no todos quienes tienen amplias redes de amigos en Facebook mantienen relaciones estrechas o frecuentes con ellos, de la misma forma que no todos los que prefieren tener pequeños circuitos, por lo general de amigos con quienes tienen trato fuera de línea, se consideran más agraciados por esas relaciones.

La diferencia entre las amistades solamente en línea y las que se desarrollan más allá del mundo virtual, conduce a la investigadora Sherry Turkle a sentenciar: “construimos una cadena en Facebook o MySpace y nos preguntamos en qué grado nuestros seguidores son amigos. Nos recreamos a nosotros mismos como personas en línea y nos damos nuevos cuerpos, hogares, trabajos y romances. Entonces, de pronto, en la medio luz de la comunidad virtual, nos podemos sentir absolutamente solos. Así como nos repartimos a nosotros mismos, nos podemos abandonar a nosotros mismos. A veces la gente no tiene sensación alguna de haberse comunicado después de horas de conexión”.

 

Confidencias y confianza

   Amistad es reciprocidad. La develación de contenidos en Facebook tiene que encontrar eco para alcanzar sentido. No es de extrañar que en la medida en que nos mostramos, haya quienes nos pidan a su vez que veamos de qué manera se muestran ellos. La confianza mutua es tan escurridiza en Internet como en el resto de la vida real. En Facebook esa confianza se solidifica, o se diluye, de acuerdo con el trato cotidiano.

Posiblemente un viejo amigo al que apreciamos sobremanera en nuestras relaciones fuera de línea no participe demasiado y no tengamos noticias suyas con frecuencia en ese espacio. Al contrario, es probable que algunos de nuestros nuevos amigos en línea se explayen tanto en la colocación de contenidos que encontremos motivos suficientes para intensificar esa relación, o para suspenderla. En la Red y especialmente en espacios como Facebook, se reproducen las normas que habitualmente imperan en las relaciones sociales y personales fuera de línea.

A diferencia de Twitter, que es una red con usuarios notorios que son centros de atracción para muchos seguidores, en Facebook se crean cadenas de relaciones sociales y personales. En Twitter la popularidad, o la eficacia de un mensaje, se mide a partir de la cantidad de reenvíos o menciones que reciba. En Facebook hay posibilidad para que, quienes han leído nuestro mensaje, lo reenvíen a sus propias redes de amigos. Pero antes que nada existe la opción para adherirse a ese mensaje o rechazarlo (“me gusta”, “no me gusta”) y para comentarlo.

Nuestras redes se entremezclan unas con otras. Los amigos de mis amigos pueden encontrar interesante añadirse a mi propia lista y entonces proponen que los admita como tales. La confianza que tenemos en los amigos más cercanos decrece cuando nos manifestamos ante nuestra red de amigos extendidos. Facebook se asemeja más a una fiesta concurrida, en donde todos miran lo que hace cada quien, que a una tertulia en donde la presencia de pocos facilita la intimidad. En el otoño de 2011, los usuarios de Facebook tienen un promedio de 130 amigos. Con esa cantidad de contactos, es posible que la mayor parte se conozcan entre sí o al menos que tengan afinidades mutuas además del aprecio por el usuario de Facebook de cuya red forman parte.

 

Más allá del contacto físico

Mientras más amigos tiene un usuario de Facebook menos serán sus posibilidades para entablar una comunicación intensa con la mayor parte de ellos. Si tengo 5 mil, que es el límite de contactos que Facebook permite a cada usuario, contaré con una red amplia para difundir mis contenidos pero éstos tendrán que ser de un carácter suficientemente general para interesar a la mayor parte de ellos. A menos que se trate de la red en torno a un personaje público (una actriz, un futbolista o un político conocidos) los concurrentes a esa lista de amigos hallarán poco interesante conocer las vicisitudes personales de quien la encabeza.

En Estados Unidos se ha estimado que los usuarios de Facebook nunca se han reunido con el 7% de las personas que forman parte de sus listas de amigos. Es decir, no conocemos presencialmente a todos aquellos que aceptamos en esa red social. Pero ello no implica que no sepamos algo ni que no tengamos intercambios con ellos. De manera paulatina, las redes en línea han creado nuevas formas de relaciones entre las personas. El contacto cara a cara no es indispensable para mantener trato estrecho con alguien. El conocimiento físico y directo tampoco es requisito forzoso para sostener una relación con alguna dosis de confianza. Así como hace décadas entre algunos jóvenes estaba de moda tener amigos por correspondencia, a los cuales posiblemente nunca conocerían en persona, ahora hay amistades a distancia pero facilitadas por las redes sociales. A diferencia de los viejos intercambios epistolares, en estos casos la relación es más frecuente e incluso sincrónica cuando se utilizan recursos de intercambio y diálogo como el chat.

 

Enlaces en una sociedad compleja

En septiembre de 2011, Facebook registró casi 29 millones de usuarios en México. Sin tomar en cuenta que una persona puede tener más de un registro, esa cifra indica que más de la cuarta parte de los mexicanos tiene su perfil en esa red social. Más de 9 millones de esos usuarios se encuentran en la ciudad de México y su área metropolitana, según la firma Social Bakers.

Facebook, en principio al menos, no reemplaza estilos ni fórmulas en el trato entre la gente. Lo que hace es crear nuevas extensiones para la relación que por lo general ya existe entre los individuos, o para poner en contacto a personas que de otra manera permanecerían ajenas unas a las otras. Facebook no constituye una réplica completa de las condiciones y conductas de la socialización cara a cara pero toma elementos de ellas, las ajusta a una plataforma digital y les confiere la capacidad de irradiación, la ubicuidad, la omnipresencia, la velocidad, la libertad y la interactividad que, entre otros atributos, tiene la Red de redes.

Igual que el resto de Internet, en Facebook hay problemas de privacía, seguridad, confiabilidad y vulnerabilidad tanto de la información allí colocada como de las personas que exponen sus datos personales. De la misma forma que en Internet se reproducen excesos y delitos que se practican independientemente de las redes de información digitales, en Facebook son frecuentes los casos de personas engañadas que confiaron en un amigo encontrado en línea, o que cometieron la insensatez de revelar informaciones o imágenes de cuya propagación más tarde se arrepintieron o cuya exhibición dio lugar a que se cometieran abusos en contra suya.

Esas dificultades, vistas en una perspectiva más amplia, son tribulaciones y riesgos que resultan de la vida en una sociedad compleja y contradictoria, en donde el imperio de la legalidad no está suficientemente afianzado. Más allá de ellas se puede considerar que los usuarios jóvenes de Facebook, a semejanza del resto de los usuarios jóvenes de Internet, aprenden nuevos recursos de socialización y nuevas destrezas informáticas pero, fundamentalmente, adquieren un horizonte más amplio tanto temática como geográficamente. Los usuarios de estas redes, en particular los jóvenes, se ejercitan en la convivencia con realidades variadas y de carácter global.

Referencias

– Pew Research Center, Social Networking Sites and Our Lives. 16 de junio de 2011. Reporte disponible en www.pewinternet.org

– Sherry Turkle, Alone Together. Why we Expect More From Technology and Less From Each Other. Basic Books, New York, 2011.

– Social Bakers, www.sociabakers.com

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