Un niño para cada laptop

Este ensayo forma parte del libro Uruguay: Una Computadora para cada Niño. Plan Ceibal. Los ojos del mundo en el primer modelo de OLPC a escala nacional coordinado por Roberto Balaguer Prestes. Pearson y Plan Ceibal, Montevideo, 2009.

Raúl Trejo Delarbre

Las computadoras por sí solas no crean, ni propagan conocimiento alguno. Pero sin ellas, hoy en día es imposible plantearse una educación capaz de preparar a los niños y jóvenes para entender y vivir en el mundo contemporáneo. Esa paradoja propicia lecturas y discusiones que están resultando inacabables, lo mismo que decisiones versátiles e incluso contradictorias en el terreno de las políticas públicas.

Un ordenador para cada chico: no se trata solamente de un auxiliar para la educación formal, sino de un instrumento de experimentación, comunicación e incluso elaboración y socialización. En términos de un grupo latinoamericano involucrado en la propagación de esa filosofía: “El modelo 1:1 rompe con el concepto de las computadoras de escritorio en los laboratorios de los centros educativos, proponiendo la utilización de una portátil de uso personal para alumno y una constante interacción con quienes lo rodean. Si bien invita a entender el dispositivo como un gran manual de estudio, como una calculadora o el cuaderno de tareas, también incentiva a que el niño pueda desarrollar además, habilidades artísticas, computacionales, y se inicie en el trabajo en red, no restringiendo ni condicionando su uso sólo dentro del laboratorio y/o aula del colegio” (Polo Tecnológico Junín, 2008).

Que los niños tengan computadora, pareciera de lo más pertinente en cualquier circunstancia. Que existan políticas gubernamentales para hacer posible ese anhelo, resulta adecuado prácticamente desde cualquier punto de vista. El ordenador se ha convertido en el recurso más cercano, cotidiano y accesible para sintonizarnos con el resto del mundo y en un instrumento de utilidad enorme para la enseñanza dentro y fuera del aula. Pero sin planes de capacitación para que tanto los chicos como sus docentes y padres sepan qué hacer con la computadora y sin software específico para aprovecharla tanto en la escuela como en casa, estará por lo menos subutilizada. Sigue leyendo «Un niño para cada laptop»

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Vivir en una sociedad virtual

Vivir en una sociedad virtual
Entrevista con Raúl Trejo Delarbre

Ariel Ruiz Mondragón

Conversación tomada del blog Bibliálogos. Entrevistas con autores de libros. 21 de agosto de 2008.

Producto de una formidable revolución científico-tecnológica, Internet se ha convertido en la parte fundamental de un fenómeno de gigantescas dimensiones en las diferentes vertientes de la vida de la humanidad: la por algunos llamada Sociedad de la Información, que existe alrededor de la vastísima cantidad de información y posibilidades de comunicación que con formidable rapidez y facilidad nos permiten los medios digitales, en especial la red de redes. Sigue leyendo «Vivir en una sociedad virtual»

“Los mexicanos estamos en un laberinto informativo”

 Entrevista de Alfredo Ortiz Santos publicada el 5 de septiembre de 2006 en La Crónica de Hoy
“México está en desventaja en el rubro de internet respecto de otros países, principalmente latinoamericanos”, expresa el investigador Raúl Trejo Delarbre en entrevista con Crónica a propósito de su libro Viviendo en El Aleph. La Sociedad de la Información y sus laberintos (Gedisa/ILCE 2006).
De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Internet, en 2005 había solamente 17.1 millones de internautas (el 17% de la población, aproximadamente).
Por eso, asegura el investigador y académico, “retomo la obra de Borges en la que alguna referencia hace al laberinto. Porque en eso es en lo que estamos los mexicanos: en un laberinto informativo. El otro ejemplo patético es África, ya que ahí sólo navega en internet el uno por ciento de la población”.
El relato de Borges, como metáfora, le sirvió para escribir su estudio, por lo que afirma: “Para aderezar el libro encontré que era sugerente la lectura de Borges, no sólo por el símil de El Aleph. Es importante señalar que el escritor argentino tiene una reconocida obsesión por los espejos y los laberintos. Lo que encontré es la unión que existe entre la internet y los espejos; así Borges se convierte en un profeta de las nuevas tecnologías”.
El también autor de Mediocracia sin mediaciones añadió: “Considero que hay exigencias en la vida cotidiana que atentan contra la sensibilidad tradicional: la gente piensa que tiene menos tiempo para conversar o que hay menos espacios para el afecto. Creo que estamos ante el surgimiento de nuevas expresiones de sensibilidad en la vida contemporánea; se dan nuevos recursos para interactuar entre los seres humanos”.
En el libro, el autor desmenuza cada uno de los elementos de la Sociedad de la Información y clarifica algunos puntos esenciales sobre el funcionamiento de la internet y cómo el escritor argentino fue un profeta con El Aleph.
Añade Delarbre: “Creo que los registros más verificables se encuentran en internet, la gente abre diario los blogs para comunicarse, intercambia emociones, experiencias en los salones de chat, habiéndose algunos relacionado fuera de éste o más aún: algunos que sin conocerse esencialmente mantienen una relación por muchos años sin haberse conocido físicamente.
“Así los afectos encuentran nuevas modalidades para relacionarse y nuevos alcances con amigos en países distantes con los que tenemos comunicación sin tener que viajar”.
El también periodista añadió: “El correo electrónico es un elemento formidable; sin embargo, tenemos un problema, algunas personas cuando escriben comprimen de tal manera sus mensajes que se han perdido las formas tradicionales del intercambio epistolar, donde la gente decía: ‘Estimado fulano de tal’ o ‘Por medio de la presente espero te encuentres…’ Las emociones son tales que ya se va directo en el mensaje por lo que se perdió la riqueza del lenguaje. Los mensajes compilan tanto el lenguaje que lo que se transmite son formas de conversación tradicionales”.

Es un volumen para los interesados en nuevas tecnologías
En el libro Viviendo en El Aleph, el maestro Raúl Trejo Delarbre refiere que hemos llegado a la Sociedad de la Información como un acontecimiento inherente a nuestra cultura y cuyo eje vertebral está constituido por la Red.
Todos conocemos la importancia del teléfono y la televisión, el ritmo que impone el zappin, el ejercicio de libertad y exhibición que ofrecen los blogs , por eso la vigencia del mundo Borgeano es más actual que nunca.
En cuanto a que sí es un libro académico, Trejo Delarbre manifestó: “Espero que el libro sea leído con gusto y utilidad, pues sirve aquellos que están llevando cursos sobre nuevas tecnologías o periodismo electrónico. Es para gente interesada en entender cómo nos afectan, benefician o influyen las nuevas tecnologías de la información”, concluyó.
Raúl Trejo Delarbre (México 1953) es investigador titular en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores y del Instituto de Estudios para la Transición Democrática.
Ha ejercido el periodismo en diversos medios, entre ellos Crónica. En 1994 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.

La Cumbre en Túnez: grandes esperanzas, pobres realidades

Publicado en etcétera, enero de 2006

Nada para nadie. Esa fue una de las conclusiones de la enrevesada segunda fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que se realizó entre el 16 y el 18 de noviembre pasados en Túnez. 19 mil 400 participantes se aglomeraron en el Parque de Exposiciones de Kram al norte de la capital tunecina para un acontecimiento cuyos resultados fueron más declarativos, pero menos comprometedores, de lo que esperaba la mayoría.

222 discursos en tres extenuantes días y tardes de comparecencias en la tribuna principal, docenas de mesas redondas en eventos paralelos así como los avances tecnológicos que querían presumir o promover alrededor de 300 expositores, ocuparon la atención y provocaron el cansancio de representantes gubernamentales, delegados de grupos sociales y periodistas en un carnaval de posiciones, regateos y reiteraciones en torno al desarrollo de las comunicaciones y en particular de la Internet. La Cumbre, organizada por Naciones Unidas a través de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y con apoyo de la UNESCO, se realizó en dos fases. La primera tuvo lugar en Ginebra a comienzos de diciembre de 2003. La segunda en Túnez casi dos años después.

El Compromiso de Túnez, que en 40 apretados puntos reconoce las limitaciones que existen para el desarrollo de la sociedad de la información ante las cuales formula exhortaciones con suficiente cortesía para eludir cualquier estridencia, fue el documento doctrinario que resultó de esa segunda fase. Comparado con la Declaración de Principios que surgió dos años antes en Ginebra el Compromiso es más general, en ocasiones con mayores vaguedades y menos definiciones específicas.

Lo mismo ocurre con los 122 apartados de la Agenda de Túnez para la Sociedad de la Información, menos ambiciosa que el Plan de Acción de diciembre de 2003. Los documentos de Ginebra tenían como horizonte la siguiente reunión, con un plazo de solamente dos años. En cambio, los acuerdos de Túnez se pretendía que fuesen de mayor aliento porque tendrían que ofrecer rumbos para el desarrollo global de las tecnologías de las comunicaciones con una mirada de mediano plazo.

Así, en uno de los asuntos más enconadamente discutidos, mientras que el Plan de Acción de Ginebra invitaba a establecer “una estrecha cooperación” para respaldar la Agenda de Solidaridad Digital –que es como se ha denominado al fondo integrado con aportaciones de países desarrollados y grandes empresas para promover las capacidades tecnológicas en las sociedades más pobres– la Agenda de Túnez simplemente menciona “la creación de un Fondo de Solidaridad Digital” entre otras opciones para financiar ese desarrollo tecnológico. Los países con menos recursos –especialmente los africanos– insistieron infructuosamente en que ese financiamiento tuviese mecanismos, metas y compromisos más específicos.

De esa manera quedaron sin respaldos precisos las metas aprobadas en Ginebra para que en 2015 se alcancen metas como la conexión con las tecnologías de la información y la comunicación de todas las universidades y escuelas, bibliotecas públicas y oficinas de correos, todos los centros sanitarios y hospitales así como de todos los gobiernos locales y centrales. La Agenda de Túnez alude, sin mencionarlos, a esos compromisos y solamente recuerda que debían lograrse “considerando las diferentes circunstancias nacionales”. Formulaciones como esa resultaban entendibles cuando apenas se había cumplido la primera mitad de la Cumbre. Pero como desenlace de un larguísimo y complejo proceso de negociaciones y definiciones entre gobiernos, grupos sociales y empresas, las metas aprobadas en noviembre de 2005 resultan demasiado modestas –por decirlo en la jerga supuestamente diplomática que se emplea en esos documentos–.

 

Gobierno de Internet,

el tema de la discordia

Aunque la Cumbre contaba con un temario muy amplio que iba desde las políticas regionales y nacionales para desarrollar la sociedad de la información hasta usos muy concretos de las nuevas tecnologías y de los medios en general en áreas como la enseñanza, la medicina, la administración pública y la propagación del conocimiento entre otras vertientes, la reunión en Túnez estuvo anticipadamente señalada por el tema del gobierno de la Internet. Ese asunto, ciertamente importante, fue creciendo hasta ser tan magnificado que desbordó a los gobiernos y a la misma Cumbre.

Meses y especialmente semanas antes del encuentro en Túnez, en medios, foros y organismos de todo el mundo se esparció una versión desinformada e inopinada acerca de la manera como es administrada la Internet. La Red de redes, se dijo, es controlada por el gobierno de Estados Unidos. Hay que hacer de la Cumbre, se propuso entonces, el sitio para arrebatarle a Washington el mando sobre la Internet.

Esa suposición, que fue compartida por algunos de los gobiernos más poderosos y varios de los medios de comunicación habitualmente más acuciosos del mundo, obedecía a una visión ideologizada y simplista de la manera como se administra la designación de los domicilios en la Red de redes. En los inicios de la Internet esa tarea la desempeñaba el gobierno de Estados Unidos a través de un organismo llamado IANA –Internet Assigned Numbers Authority– que era conducido por algunos de los científicos que crearon los protocolos informáticos gracias a los cuales existe la Internet. Sin embargo a fines de 1998 la asignación de domicilios en la Red fue transferida a una entidad no lucrativa, más compleja y en cuya composición están representados más sectores y países, la ICANN –Corporación de Internet para Nombres y Números Asignados, por sus siglas en inglés–. Al nacer, la ICANN suscribió con el Departamento de Comercio de Estados Unidos un acuerdo de transferencia de funciones gracias al cual la administración de la Internet ha quedado cada vez más en manos de ese organismo internacional. A ICANN la encabeza un Consejo de Directores integrado por una veintena de especialistas de diversas nacionalidades entre los cuales se encuentra el mexicano Alejandro Pisanty.

La tarea de ICANN es simple, pero extensa y fundamental. Cuando alguien quiere un domicilio en Internet tiene que dirigirse a ese organismo o a alguno de los grupos y empresas en los que delega la gestión de dominios específicos (.com, .org, .mx, .es, etcétera). Hasta ahora, pese al crecimiento geométrico que la Red de redes ha experimentado en la última década, ICANN ha funcionado con sensatez y equilibrio. Nadie puede decir que haya asumido posiciones pro estadounidenses, ni a favor de país o empresa alguna, porque sus reglas son muy claras. Pero en parte por desconocimiento, pero también porque esa era una forma de desviar la atención de la Cumbre respecto de asuntos de mayor trascendencia, varios gobiernos propalaron la esquemática versión de que ICANN funcionaba como apéndice de la Casa Blanca.

Algunos de los gobiernos especialmente interesados en promover esa apreciación se han distinguido por perseguir el libre uso de la Internet entre sus ciudadanos: Arabia Saudita, China, Corea del Norte, Cuba, Irán , Nepal, Vietnam y Túnez –anfitrión de la Cumbre–. Esos gobiernos pretendían quitarle a ICANN la administración de la Internet para transferírsela a un mecanismo que asignara el control de la Red de redes –nombres de dominio, pero también acceso e incluso contenidos– a cada Estado nacional. Esa propuesta era tecnológicamente difícil pero, además, apuntaba directamente al corazón de la Internet tal como la hemos conocido hasta ahora y cuyo funcionamiento descentralizado, sin un núcleo único que pueda ser fuente de restricciones y censuras, ha constituido una de sus virtudes más importantes.

Otros gobiernos, especialmente los que conforman la Unión Europea, aspiraban a modificar a la ICANN para desligarla de cualquier supervisión estadounidense. Pero a cambio de ello querían colocarla bajo el control de un organismo integrado por los gobiernos mismos. Por su parte, Estados Unidos prefería dejar a ICANN sin injerencia de otros gobiernos.

Así las cosas, la discusión previa a la Cumbre en Túnez se ideologizó de tal manera que para muchos de sus participantes –en una versión que encontró notable eco en la prensa internacional– allí se tendría que dirimir si se mantendría, o no, la hegemonía estadounidense sobre la Red de redes. No era para tanto porque ICANN tiene funciones exclusivamente administrativas y, como se ha señalado, su vinculación con el gobierno de Estados Unidos es solamente formal y cada vez menor. Pero un cambio impensado podría haber trastocado la independencia y la libertad con las que por lo general funciona la Internet.

 

Un nuevo Foro, relevante

pero sin respaldos claros

Todavía la noche previa a la inauguración de la Cumbre el cabildeo entre los gobiernos era tan infructuoso que no parecía haber una fórmula de compromiso capaz de satisfacer a todos. Finalmente se acordó que a comienzos de 2006 el secretario general de la ONU deberá convocar a un “Foro para la Gobernanza de Internet”.

La primera reunión del Foro será en Atenas en el primer semestre del año. Mientras tanto, la Agenda de Túnez consideró: “La administración internacional de la Internet deberá ser multilateral, transparente y democrática, con plena participación de los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones internacionales”. Nadie sabe cómo lograr ese equilibrio. La Cumbre no propició un acuerdo capaz de diseñar un sistema serio, confiable y estable para la administración de la Internet.

Un año antes de la Cumbre en Túnez el secretario general de la ONU designó a un Grupo de Trabajo, integrado por 40 especialistas de diversas nacionalidades, para proponer cómo gobernar a la Internet. Esos expertos identificaron cuatro modelos posibles para la conducción de la Internet –con distintos grados de participación de los gobiernos y de un organismo técnico que complementaría o sucedería a la actual ICANN– y sugirieron el establecimiento de un Foro para definir las políticas públicas relacionadas con la Red de redes. El acuerdo en Túnez recupera dicha iniciativa y le confiere una gran centralidad porque, en vista de la expectación que había sobre ese tema, constituyó la decisión más relevante de la segunda fase de la Cumbre Mundial.

El Foro tiene, ya, un ambicioso temario: discutir diversas experiencias de uso de la Internet, servir de puente con y entre organismos inter-gubernamentales, asesorar a los sectores interesados en mejorar la disponibilidad de la Internet en el mundo desarrollado, identificar nuevos problemas, contribuir a mejorar la capacidad instalada para la gobernancia de la Internet en los países en desarrollo y varios etcéteras más. Quizá todos esos son puntos relevantes. Pero una vez más, el Foro corre el riesgo de difuminar sus esfuerzos si no se le dota de objetivos muy claros y, también, de recursos de toda índole.

La Cumbre en Túnez no precisó de qué manera el Foro podrá cumplir con tan ambiciosas cuan necesarias obligaciones. Simplemente le encomendó el seguimiento de todas esas decisiones a una comisión del Consejo Económico y Social de la ONU, ECOSOC. Además se acordó que los directivos de las organizaciones que integran el sistema de Naciones Unidas crearán un grupo sobre la Sociedad de la Información con respaldo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la UNESCO y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Esa decisión podría implicar el desplazamiento de la UIT como eje de las acciones de la ONU en este asunto. Hasta ahora dicha Unión ha sostenido posiciones fundamentalmente técnicas en temas que alcanzan implicaciones sociales y culturales y, en no pocas ocasiones, se ha identificado más con las posturas de las poderosas corporaciones privadas que manejan la telefonía y los medios de comunicación en buena parte del mundo que con el interés de las sociedades en esos mismos países.

 

Reivindicación de la

libertad y la privacía

La Cumbre enfrentó, aunque no resolvió, el tema del gobierno de Internet. Algunos comentaristas han señalado que el encuentro en Túnez quedó atrapado en una disputa entre el Norte y el Sur. El asunto fue más complejo. Por motivos muy distintos, la sustitución de la ICANN era requerida tanto por gobiernos dictatoriales como por regímenes democráticos. La reunión próxima en Atenas no alcanzará la enorme concurrencia ni las anchas expectativas que había alrededor de Túnez pero tiene el cometido de arribar a decisiones menos etéreas.

Otros temas quedaron relegados, o fueron desahogados sólo a golpes de retórica y declaraciones. La Cumbre asumió definiciones relevantes en beneficio de la libertad y la privacía en la Red de redes. El apartado 42 de la Agenda de Túnez señala: “Reafirmamos nuestro compromiso con la libertad para buscar, recibir, dar a conocer y utilizar información, en particular para la creación, acumulación y diseminación del conocimiento. Afirmamos que las medidas que se emprendan para asegurar la estabilidad y seguridad de Internet, para combatir el cibercrimen y contrarrestar el spam, deben proteger y respetar las previsiones para la privacía y la libertad de expresión como están contenidas en los segmentos alusivos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración de Principios de Ginebra”.

Palabras, sí, pero en ese caso importantes frente a la insistencia de varios gobiernos, entre ellos el de Estados Unidos, para supervisar los mensajes y contenidos que transitan por la Red de redes con el propósito de encontrar amenazas a la seguridad de sus países.

 

Radiodifusión: reclamo de

equidad y transparencia

A los medios convencionales –radio, televisión– los acuerdos de Túnez los entienden como instrumentos de educación aunque sin precisar cómo llegarían a cumplir con ese objetivo. La Agenda, en uno de los incisos de su apartado 90, hace una exhortación que puede entenderse como crítica al desempeño frecuente de tales medios: “Reiteramos nuestro llamado para el uso responsable y el tratamiento de la información por parte de los medios de acuerdo con los más altos parámetros éticos y profesionales”.

Acerca de las reglas para la radiodifusión, la Agenda da un paso adelante respecto de las definiciones asumidas dos años antes. La Declaración de Principios de Ginebra apuntaba que el espectro de radiodifusión debería ser manejado “con plena observancia de las leyes y la regulación nacionales, tanto como de los acuerdos internacionales aplicables”. Ahora, el apartado 96 de la Agenda recién aprobada subraya “la importancia de crear un ambiente regulatorio y de políticas confiable, transparente y no discriminatorio”. Y precisa que con tal propósito, la Unión Internacional de Telecomunicaciones y otros organismos regionales “deben dar pasos para asegurar el uso “racional, eficiente y económico de, y el acceso equitativo a, el espectro de radio-frecuencias por parte de todos los países de acuerdo con los acuerdos internacionales aplicables”.

Eso implica que la Cumbre admite la existencia de legislaciones nacionales para la radiodifusión –como la que se mantiene en México– que resultan contradictorias con los fines de equidad y no discriminación señalados tales principios.

 

Pobreza y conexiones,

defensa del software libre

Otro prejuicio que las declaraciones de Túnez buscan abolir es la suposición de que los esfuerzos de las naciones pobres para reducir la brecha digital resultan contrarios al combate a la desigualdad social. Con frecuencia todavía se dice que, antes que proveerla de computadoras y conexiones, a la gente hay que satisfacerle sus necesidades de medicinas y comestibles. Pero una política de combate integral a la pobreza tendría que tomar en cuenta todas las carencias. Por eso es pertinente que en su apartado 100 la Agenda de Túnez considere que las estrategias nacionales para el desarrollo de la sociedad de la información “deberían ser parte de los planes de desarrollo nacional, incluyendo las estrategias para reducir la pobreza”.

Un avance adicional es la definición que el Compromiso de Túnez hace acerca del software libre. Las empresas más relevantes en ese terreno, destacadamente Microsoft, han querido soslayar ese tema pero el apartado 29 indica: “Tomando en cuenta la importancia del software propietario en los mercados de los países, reiteramos la necesidad de alentar y fomentar el desarrollo colaborativo (de) plataformas inter-operativas y software libre y de fuente abierta…” Es decir, al software abierto y gratuito se le considera importante no sólo por sus atributos específicos sino por la dominación mercantil que ejercen los programas comerciales y de código cerrado.

 

Fracaso, deploran grupos

de la “sociedad civil”

A diferencia de la primera fase de la Cumbre en Túnez los grupos no gubernamentales que se muestran como la sociedad civil –cuya representatividad es muy variada de un país a otro– no se apresuraron a rechazar drásticamente los resultados del encuentro. Conforme se han involucrado en las deliberaciones y de esa manera con las posiciones de gobiernos, empresas y organismos internacionales, los grupos sociales adquieren una visión menos parcial de las realidades y dificultades que existen para enfrentar problemas globales como los que plantea la sociedad de la información. Quizá por ello cuando terminó la reunión en Túnez esos grupos anunciaron que se tomarían dos semanas para definir una posición sobre la segunda fase de la Cumbre. Finalmente requirieron un mes antes de dar a conocer el balance definitivo, que no ha sido complaciente aunque tampoco apocalíptico.

La “Declaración de la Sociedad Civil” acerca de la Cumbre en Túnez, expedida el 18 de diciembre de 2005, pone por delante las insuficiencias: “El amplio mandato para la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información era atender los viejos temas del desarrollo económico y social desde las nuevas perspectivas emergentes de las oportunidades y riesgos que plantean las tecnologías de la información y las comunicaciones. Se esperaba que la Cumbre identificara y articulara nuevas posibilidades de desarrollo y paradigmas que fueran posibles en la Sociedad de la Información y para desplegar opciones de política pública para facilitar y realizar esas oportunidades. En términos generales, es imposible no concluir que la Cumbre ha fracasado para estar a la altura de esas expectativas, La fase de Túnez en particular, que había sido presentada como la ‘cumbre de soluciones’, no alcanzó logros concretos para atender significativamente prioridades de desarrollo”.

La Declaración de la Sociedad Civil cuestiona los insuficientes acuerdos en materia de financiamiento para abatir la brecha digital y en otros temas admite que hubo avances menores. La creación del Foro para el gobierno de Internet les parece adecuada a los grupos que respaldan ese documento pero les preocupa el incierto apoyo institucional que puede tener ese espacio el cual, subrayan, “debiera ser más que un sitio para dialogar”.

La Sociedad Civil que acudió a la Cumbre deplora la insuficiente atención que se dio al desempeño de los medios tradicionales. “Mientras que reconocen a los medios y la libertad de expresión, los documentos de la Cumbre son débiles para ofrecer apoyo al desarrollo de la diversidad en el sector de los medios y para evitar la creciente concentración y la uniformidad del contenido. Específicamente, descuidan la variedad de proyectos e iniciativas que son de especial valor para la Sociedad Civil y que requieren de un ambiente favorable: medios comunitarios, telecentros y medios apoyados en activistas y en la Sociedad Civil”.

A Túnez asistieron 6 mil 241 miembros de 606 organismos no gubernamentales. Esta ha sido la primera Cumbre internacional para la que se previó la participación formal de grupos no gubernamentales. Además de los avances o rezagos específicamente relacionados con la Sociedad de la Información, en la ruta que condujo a Ginebra y Túnez hay una experiencia que podría contribuir a revitalizar el sistema de Naciones Unidas con la presencia de voces distintas a las de los gobiernos y los funcionarios internacionales. Los grupos que participan en tales espacios tienen el reto de ser auténticamente representativos de la sociedad a nombre de la cual dicen hablar y, por otro lado, el desafío de adquirir mayor responsabilidad e institucionalidad sin por ello perder la vitalidad que los ha caracterizado.

 

Tres días de pasarela

de jerarquía ministerial

La Cumbre en Túnez, igual que dos años antes en Ginebra, tuvo una cara protocolaria en las sesiones plenarias y otra menos formal en los foros paralelos. Ocho sesiones plenarias, durante los tres días de la Cumbre, permitieron que por la tribuna central del amplísimo auditorio del Parque de Exposiciones se presentaran, como indicamos antes, 222 discursos. La mayor parte fue de representantes de gobierno y otros más de directivos de empresas y delegados de organismos sociales.

Había presidentes y primeros ministros: los de Croacia, Guinea Ecuatorial, Sudáfrica, Marruecos, Armenia entre otros. Pero la mayoría de las delegaciones gubernamentales fueron encabezadas por ministros o secretarios de Estado. Así, el Reino Unido fue representado por Alun Michael, Ministro de Estado para la Industria y las Regiones; la India por Dayanidhi Maran, ministro para las Comunicaciones y la Tecnología de la Información; España por José Montilla Aguilera, ministro de Industria, Comercio y Turismo; Italia por Lucio Stanca, ministro de Innovación y Tecnologías.

La mayoría de los países de América Latina le reconocieron la misma importancia a la Cumbre en Túnez. De Chile acudió Carlos Álvarez, ministro de Economía; de Argentina Tulio Del Bono, secretario de Estado para Ciencia y Tecnología; de Cuba Roberto Ignacio Gonzales Planas, ministro de Ciencia de la Computación y Comunicaciones; de Colombia Martha Pinto De Hart, ministro de Comunicaciones.

Junto a esos concurrentes, resultó notorio que la delegación de México estuviera encabezada por un funcionario de menor rango. El subsecretario de Comunicaciones y Transportes, Jorge Álvarez Hoth, sustituyó al titular de esa dependencia quien, a pesar de que su nombre aparecía como jefe de la representación mexicana, repentinamente decidió no asistir.

 

Desaire del gobierno

mexicano a la Cumbre

La ausencia en la Cumbre del secretario de Comunicaciones, Pedro Cerisola, recibió varias explicaciones. En Túnez se comentó que había tenido que participar en la reunión del Foro de Cooperación Asia-Pacífico que se realizó en Corea pero no estuvo allí. En la ciudad de México la SCT dijo que Cerisola no participaba en la Cumbre de Túnez porque debía quedarse en el país para participar en la atención a las víctimas del huracán que semanas antes había golpeado varios estados del sur. Sin embargo durante los días en que se realizó la Cumbre no hubo actividades relacionadas con ese desastre, y que fueran visibles en los medios, en las que estuviese involucrado el titular de la SCT. A donde sí acudió Cerisola fue a Guadalajara, para anunciar la construcción del tren bala entre esa capital y la ciudad de México.

Esa obra será importante pero su anuncio podía haber esperado un par de días. Y si Cerisola estaba muy ocupado para ir a Túnez, el gobierno mexicano pudo haber estado representado por otro secretario de Estado. Todo parece indicar, simplemente, que el gobierno del presidente Vicente Fox decidió reconocerle a la Cumbre en Túnez tan escasa importancia que no envió, como jefe de su delegación, a un funcionario de nivel ministerial como hizo la mayoría de los países.

Por eso fue el subsecretario Álvarez Hoth quien participó a nombre de México en la asamblea plenaria de la Cumbre en Túnez. Su discurso alcanzó una duración inversamente proporcional a la jerarquía que tiene en el gobierno mexicano.

La alocución inaugural de la Cumbre, a cargo del secretario general de la ONU, Kofi Annan, ocupó 8 minutos y medio. El discurso del delegado de Cuba, el ministro González Planas, duró algo menos de 9 minutos. El representante chileno, el ministro Álvarez, habló apenas 6 minutos. El ministro Montilla, de España, menos de 5 minutos y medio. La ministra colombiana Pinto, 7 minutos. El estadounidense John Marburger, representante del presidente Bush, ocupó la tribuna durante 6 minutos y 12 segundos.

En cambio el representante de México habló durante casi 13 minutos –exactamente 12 minutos con 40 segundos–. No fue la intervención más extensa (unas cuantas la excedieron por unos algunos segundos). Pero en una asamblea en donde casi todos los participantes se ciñen a un tiempo promedio, la desmesura cronológica del subsecretario Álvarez Hoth fue manifiesta.

 

Engaños y complicidades

en lamentable alocución

Si ese tiempo el funcionario mexicano lo hubiese empleado para referirse a los temas sustantivos de la Cumbre, para hacer alguna aportación a los documentos básicos o establecer un compromiso relevante la extensión del discurso –que Álvarez Hoth, a diferencia de la gran mayoría de los delegados, no llevaba escrito en papel porque había preferido leerlo en el teleprompter que tenía delante suyo­– no habría sido tan notoria. Pero casi toda su alocución la destinó a ufanarse del desarrollo que, desde el punto de vista del gobierno mexicano, ha tenido el país en materia de telecomunicaciones. Ciertamente hay logros, pero la mayoría de ellos han sido fundamentalmente resultado del esfuerzo –y desde luego del afán de lucro– de las empresas privadas involucradas en ese sector. Aunque el gobierno mexicano ha carecido de una política nacional para impulsar a la Sociedad de la Información el subsecretario llegó a decir que, en este país, “más del 60% de la población tiene acceso potencial a las Tecnologías de Información y Comunicaciones por la vía comunitaria”.

A menos que el término “acceso potencial” sea un subterfugio para no admitir las brechas tecnológicas que sigue padeciendo la sociedad mexicana, esa frase del subsecretario fue una palmaria falsedad. También, entre otras más, la afirmación de que en México hay “un Observatorio de la Sociedad de la Información… con la participación de dependencias de gobierno, federales, estatales y locales, las cámaras y asociaciones, la academia en general y la sociedad civil en conjunto”. Quizá el subsecretario Álvarez Hoth no lo sabía, pero en esas fechas, y todavía seis semanas después de tan rimbombante anuncio, el “Observatorio” de esa índole al que remitía el portal del gobierno mexicano en Internet era el sitio de un grupo de prestigiados expertos… de Cataluña [1].

Los asistentes a la plenaria no advirtieron muchas de esas exageraciones. Uno tras otro, al cabo de varias horas los discursos parecían todos tan planos como las pantallas de televisión que abundaban en el salón de sesiones del conjunto Kram. Pero más de uno se sobresaltó cuando, traducido a cualquiera de las seis lenguas oficiales de la reunión, se escuchó el reconocimiento que Álvarez Hoth hacía al régimen y especialmente al presidente de Túnez: “deseo agradecer en nombre del gobierno de México al gobierno de Túnez y a su gente por la hospitalidad, al tiempo que felicito y los felicito por su apoyo a la libertad de expresión y por su compromiso manifestado el día de hoy con los derechos humanos tal y como fue expresado por el presidente Zine El Abidine Ben Alí”.

Innecesario y más allá de la obligada cortesía, ese cumplido del representante mexicano fue sorpresivo porque si con algo no se puede identificar al gobierno de Túnez es con el respeto a los derechos humanos.

Atropellos y censura

del gobierno tunecino

Años antes de esta Cumbre, numerosos organismos internacionales interesados en la defensa de las libertades ciudadanas protestaron por la designación de Túnez como sede de la segunda fase. El gobierno del presidente Ben Alí no decepcionó a quienes expresaron anticipada preocupación por el contrasentido que había al reunirse, para deliberar sobre la sociedad de la información, en un país en donde la información que la sociedad recibe se encuentra censurada.

Túnez es uno de los países en donde más se persigue a quienes tratan de ejercer las libertades de expresión e información. Hay casos de ciudadanos que han sido encarcelados simplemente por visitar sitios de Internet que el gobierno considera prohibidos.

Durante los días de la Cumbre, siete personajes de la sociedad tunecina cumplían un mes en huelga de hambre en protesta por restricciones como ésas. Entre ellos se encontraban Lofti Ají, presidente del Sindicato de Periodistas Tunecinos; Néjib Chabbi, dirigente del Partido Democrático Progresista y Ayachi Hammami, secretaria general de la Liga Tunecina de Derechos Humanos.

Durante la Cumbre, entre otros atropellos, el gobierno de Ben Alí impidió que el secretario general de la organización Reporteros sin Fronteras, Robert Ménard, bajara del avión que lo había conducido hasta Túnez.

Las reuniones plenarias de la Cumbre eran transmitidas por televisión para que los tunecinos vieran cómo su presidente se pavoneaba con gobernantes de todo el mundo. Pero cuando el presidente de Suiza, Samuel Schmid, aludió a represalias como las que se padecen en Túnez, su discurso fue censurado. El gobernante suizo había dicho: “Es inadmisible que la ONU todavía tenga miembros que hostigan o encarcelan a sus ciudadanos y ciudadanas porque los critican en Internet. La libertad de manifestar las propias opiniones debe ser respetada. Todos debemos tener la posibilidad de expresar libremente nuestros puntos de vista. Esta es una de las condiciones cruciales para que esta conferencia llegue a buen término…” En ese momento la imagen y la voz de Schmid desaparecieron de las pantallas de televisión en Túnez.

Los abusos fueron tantos que al final de la reunión docenas de organismos sociales le enviaron a Kofi Annan, secretario general de la ONU, una preocupada carta en donde reclamaron: “Esta semana en Túnez, en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, tanto dentro como fuera de la Cumbre oficial hemos presenciado serios ataques a los derechos humanos y al derecho a la libertad de expresión. Esos ataques han incluido hostigamiento a delegados, asaltos a periodistas y defensores de los derechos humanos tunecinos e internacionales, rechazo a la entrada al país, el bloqueo de sitios web, la censura de documentos y discursos y el impedimento y la interrupción de reuniones”.

En esas condiciones, aplaudir al presidente de Túnez por su “compromiso con los derechos humanos” como hizo el subsecretario mexicano Álvarez Hoth era expresión de profunda ignorancia o, quizá, de repentino sarcasmo.

 

El ordenador de 100 dlls.

y el enérgico Kofi Annan

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Los espacios paralelos a la reunión plenaria fueron más atractivos pero, sobre todo, más diversos. La señalización, en pocos idiomas o en ninguno, no ayudaba a los delegados. Millares de ellos se extraviaban en los pasillos del recinto de exposiciones sin encontrar el evento al que debían asistir y, en muchos casos, resignándose a presenciar las mesas redondas que les tocaran en suerte.

 


Sin duda uno de los acontecimientos más buscados y publicitados fue la presentación de la computadora de 100 dólares que Nicholas Negroponte, estrella de la Sociedad de la Información y fundador del Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachussets, presentó acompañado del secretario general de la ONU. “Una laptop para cada niño” es el lema de ese esfuerzo que pretende fabricar, en breve, 15 millones de tales ordenadores mediante convenios con Brasil, China, Egipto, Tailandia y Sudáfrica. Vistosa y prometedora, la pequeña máquina verde que mostró Negroponte aún tiene limitaciones como los programas que utilizaría, la conexión a Internet, la actualización que recibirá cuando sea tecnológicamente obsoleta y la generación de energía para hacerla funcionar. La fuente de poder de la pequeña laptop es una manivela de plástico que se gira para generar electricidad. El día de la demostración en Túnez, desprevenido, el honorable Kofi Annan le dio vueltas a la manivela con tanto entusiasmo que la rompió.

 

***

Había de todo en los eventos paralelos a la Cumbre. Deambulando por ellos era posible localizar el vistoso Foro de los Radiodifusores en donde el canadiense y belga Derrick De Kerckhove, autor de La piel de la cultura, explicaba el sentido actual que tiene el pensamiento pionero de Mashall McLuhan. O se podían escuchar disertaciones sobre la brecha digital en Guatemala, el empoderamiento tecnológico de las mujeres, el atraso informacional de los pueblos indios, las opciones jurídicas del comercio electrónico, las comunidades conectadas de manera inalámbrica, la transición a la sociedad del conocimiento, el activismo y los medios comunitarios, las libertades y limitaciones para la expresión en el mundo árabe, la democracia electrónica, el software abierto, las posibilidades de conexión en África, la enseñanza y la Internet…

El otro acontecimiento en los eventos paralelos a la Cumbre fue el panel sobre “Cultura digital libre en el Mediterráneo” en donde coincidieron Richard Stallman, el mítico y barbudo creador del movimiento GNU por el software libre y el músico Gilberto Gil, que es además ministro brasileño de Cultura de Brasil. Stallman había recibido un premio que otorgan varias instituciones de Italia. Gil llevaba una guitarra y, ya en la efervescencia delante de sus muchos admiradores, se pusieron a cantar juntos.

Ese fin de fiesta será el que prefieran recordar no pocos de los asistentes a Túnez, en donde la densidad de los documentos fue menos visible que el encuentro de millares de interesados, profesionales, apasionados, próceres, promotores y vividores de la Sociedad de la Información. Hay quienes ya se preparan para el Foro en Atenas. Pero mientras sus apologistas e interesados deliberan, a las nuevas tecnologías de la comunicación se las sigue aprovechando de manera desigual e insuficiente. El intercambio de experiencias y perspectivas, la concurrencia alrededor de temas compartidos, la deliberación y hasta la confrontación y la fraternidad que se construyen en tales reuniones son seguramente útiles. Pero si, en términos específicos, nada hubo para nadie en Túnez, es hora de preguntarse si resulta pertinente que, tanto, haya servido para casi nada.

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[1] Bajo el título “Observatorio de la Sociedad de la Información” el portal e-México ha alojado el domicilio http://www.emexico.gob.mx/wb2/eMex/eMex_Observatorio_para_la_Ciersociedad que conduce al “Observatorio para la Cibersociedad” el cual, apoyado por la Generalitat de Catalunya, reúne el trabajo de especialistas que nada tienen que ver con el gobierno de México.

Sociedad de la información. 2003: la cumbre en Ginebra.

Publicado en Telos número 59. Madrid, abril-junio de 2004.

Nadie consiguió todo lo que quería; nadie impuso tanto como pretendía. De esa manera pueden sintetizarse los resultados de la primera fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI) que se reunió en Ginebra entre el 10 y el 12 de diciembre de 2003. Organizado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones y con intensa participación de otros organismos como la UNESCO ese encuentro, que formalmente estaba destinado a reunir a jefes de Estado, fue el eje de una inusitada concentración de millares de personas, de todas las latitudes, interesadas en los efectos sociales de las nuevas tecnologías de la comunicación.

   Más de 11 mil personas acudieron hasta el Palexpo de esa ciudad suiza. Cuatro de cada 10 eran miembros de delegaciones gubernamentales de 176 países. Más de 3 mil 300, representaron a 481 ONG’s. Casi un millar fueron enviados por más de 600 medios de comunicación.

   Convocada por decisión de la Asamblea General de la ONU, la Cumbre en Ginebra tuvo la peculiaridad de acoger a delegados de la sociedad civil y de estar precedida por un intenso proceso de acercamientos y deliberaciones.  Además de su agenda oficial, que fue discutida hasta unas horas antes de la sesión inaugural, hubo espacios para que se conocieran las propuestas de centenares de agrupaciones de todo el mundo. Desde un par de días antes de la inauguración formal y durante toda la Cumbre hubo una exposición con pabellones de 250 países, empresas y organizaciones, así como centenares de foros y mesas redondas. En algunos momentos se realizaron más de 40 eventos simultáneos.

   El proceso anterior a la Cumbre incluyó cinco conferencias regionales (en Mali, Rumania, Japón, República Dominicana y Líbano), tres reuniones preparatorias en Ginebra (la última de las cuales sesionó en cuatro periodos) y una intensa propagación, en muchos de los países, acerca de los propósitos de ese evento.  Allí se encuentra uno de los aspectos más destacados de la CMSI. El solo hecho de haber propagado globalmente el tema de la sociedad de la información constituyó un reconocimiento necesario a la importancia de los nuevos medios.

 

Enfoques e intereses discrepantes

   Durante año y medio, la preparación de la Cumbre puso en evidencia las numerosas tensiones que existen alrededor del tema de la información. Gobiernos, empresas y ONG’s, entablaron un intercambio a menudo ríspido, pero con reglas, gracias al cual pudieron precisarse puntos de coincidencia y sobre todo, temas en los que no hay acuerdos. Esos contrastes se manifiestan en los documentos de Declaración de Principios y Plan de Acción que son el resultado formal de la reunión de diciembre en Ginebra [1].

   Las coincidencias se hallan fundamentalmente en el terreno de las declaraciones. Todos admiten la relevancia de la Sociedad de la Información e incluso, todos reconocen que está entretejida por numerosas insuficiencias y disparidades. Pero al momento de llegar a un diagnóstico más fino las diferencias de enfoque terminan con la unanimidad. La brecha digital, por ejemplo, es entendida por los gobiernos de muchos de los países más pobres y por numerosos organismos sociales como expresión de la desigualdad económica internacional.

   El frente que articularon las ONG’s consideró en su balance de la Cumbre: “Las reglas de juego internacionales desempeñan un papel fundamental en la economía mundial de la información. En los últimos años, los gobiernos han liberalizado los tradicionales regímenes regulatorios internacionales para las telecomunicaciones, el espectro de radiofrecuencias y los servicios por satélite, y han establecido nuevos acuerdos multilaterales para el comercio internacional en los servicios, la propiedad intelectual, la ‘seguridad de la información’ y el comercio electrónico. Al mismo tiempo, diversos grupos comerciales han creado una amplia variedad de disposiciones ‘autorregulatorias’ relativas a los identificadores de Internet (nombres y números), su infraestructura y su contenido. No es aceptable que estos marcos de gobierno mundial y otros relacionados sean diseñados por y para pequeños grupos de poderosos gobiernos y empresas, y posteriormente sean exportados a todo el mundo como hechos consumados. En vez de ello, deben reflejar las diversas opiniones e intereses de la comunidad internacional en su conjunto” [2].

   En cambio, para los directivos de empresas que acudieron a la Cumbre las tecnologías de la información y la comunicación pueden cambiar la vida de la gente en todo el mundo, “pero no se puede solamente tronar los dedos y tener una sociedad de la información. Se requiere inversión, creatividad e innovación –todas las cosas que las empresas hacen mejor–. Y las empresas están listas para hacer esas inversiones. Para ello, necesitamos trabajar con los gobiernos a fin de crear las condiciones necesarias para la inversión. Entre esas condiciones están: protección a los derechos de propiedad intelectual; sistemas jurídicos estables y predecibles; liberalización del comercio; neutralidad tecnológica y un marco regulatorio que promueva la competencia y aliente el espíritu empresarial”. Eso dijo Richard D. McCormick, presidente de la Cámara Internacional de Comercio, que habló en la plenaria de la Cumbre a nombre del Comité de Interlocutores Empresariales que crearon las compañías privadas que acudieron a ese encuentro [3].

 

Gobierno y solidaridad digitales

   La disparidad entre esas posiciones es muy clara. En donde las empresas decían derechos de propiedad intelectual, las organizaciones no gubernamentales postulaban acceso social al conocimiento; cuando las empresas pedían leyes capaces de garantizar sus inversiones, las ONG’s sugerían que el marco reglamentario debe respaldar la propagación universal de la tecnología; ante la liberalización del mercado de nuevas tecnologías, demandaban acceso de todas las personas a esos recursos de comunicación e información; ante el mencionado principio de neutralidad, sostenían que ninguna tecnología es neutra en lo que toca a sus efectos sociales.

   Así, en cada rubro, la diferencia de enfoques –y por lo tanto de intereses y convicciones– planteaba prospectivas distintas para el desarrollo global de estas tecnologías. Gobiernos como el de Estados Unidos respaldaron las posturas empresariales, en tanto que algunos de los gobiernos de África y América Latina estuvieron más cerca de las posiciones reivindicadas por las ONG’s.

   Definidos por esas tensiones, los resultados más importantes de la Cumbre fueron todos consecuencia de negociaciones en donde nadie impuso toda su agenda, al mismo tiempo que nadie se fue con las manos vacías.

   La propuesta para crear un Fondo de Solidaridad Digital que, alimentado por contribuciones privadas y de las naciones más prósperas respalde el desarrollo de las TIC en los países más pobres, quedó solamente en una recomendación para que aumente el monto de la asistencia social internacional. Pero se anunciaron aportaciones voluntarias, con recursos de empresas privadas y de gobiernos europeos, para proyectos de esa índole.

   Las peticiones para crear un organismo regulador de la Internet fueron remitidas a una comisión especial que deberá ser instalada por el secretario general de las Naciones Unidas para estudiar ese problema.

 

Túnez 2005, la próxima etapa

   Esos y el resto de los temas ventilados en Ginebra serán discutidos de nuevo en la segunda y última fase de la Cumbre que se realizará en Túnez del 16 al 18 de noviembre de 2005.

   El solo hecho de encontrarse con colegas de todo el mundo, que comparten intereses similares, propició que muchos de los asistentes reconocieran que valió la pena ir a Ginebra en diciembre pasado. Esa sola coincidencia permitió reconocer que el de la información y la comunicación y especialmente la presencia de la Internet, son temas cuya relevancia es entendida en todo el planeta. Pero cada quien los juzga según el color del cristal con que los mira.

   Hace ya más de un cuarto de siglo se reconocía que gracias a la propagación de la información teníamos un solo mundo y muchas voces. De la misma manera ahora hay que admitir que respecto de ese tema contamos, en un planeta crecientemente comunicado, con un gran problema –la disparidad en el acceso y la heterogeneidad de contenidos– y, acerca de él, también muchas voces.

   Habrá que esperar al encuentro de Túnez para saber en qué medida la algarabía de expresiones e intereses que circulan a propósito de la información puede traducirse en decisiones capaces de beneficiar a las grandes mayorías del planeta.

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[1] Los documentos finales de Declaración de Principios y Plan de Acción se encuentran en: http://www.itu.int/wsis/documents/doc_multi.asp?lang=es&id=1161|1160

 [2]Declaración de la sociedad civil : Construir sociedades de la información que atiendan a las necesidades humanas”: http://www.geneva2003.org/wsis/documents/summit/WSIS-CS-Decl-08-12-03-sp.pdf

 [3] “The final business statement. WSIS Geneva, speech by Richard D. McCormick. Final Plenary, World Summit on the Information Society:  http://www.itu.int/wsis/geneva/coverage/statements/ccbi/s10.doc

 

Una red para la gente

Fragmento de la participación presentada en la Conferencia Internacional El Reto de México ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. Senado de la República, México, 28 de mayo de 2003


La próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información ha revitalizado, en numerosos países, el debate acerca de las nuevas tecnologías de la comunicación y los usos que pueden tener. Lamentablemente en México hemos estado casi del todo ajenos a esa intensa, extensa y en otras latitudes fructífera discusión. Ni los especialistas interesados en estos temas, ni la sociedad que es a la postre beneficiaria o damnificada según sea el empleo de tales tecnologías, ni los organismos del Estado a cargo de tales asuntos, han propiciado la reflexión colectiva que nos podría permitir tanto afinar las posiciones de nuestro país rumbo a la cumbre de Ginebra y Túnez como deliberar, en ese contexto, acerca de lo mucho que nos falta para tener un país auténticamente imbricado en la construcción de una auténtica Sociedad de la Información.

Por eso es en tantos sentidos bienvenida la Conferencia convocada por el Senado de la República. Si bien ha sido lamentable la intencional ausencia de los representantes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que según se ha informado cancelaron su participación apenas unas horas antes de la mesa redonda en la que se habían comprometido a participar, es muy alentadora la respuesta de muchas otras instituciones y organizaciones. Hoy podemos afirmar que, al fin, el de la Sociedad de la Información es un tema que comienza a formar parte de la agenda pública mexicana. Quienes mantengan el interés por intercambiar impresiones en espacios como este se beneficiarán de uno de los rasgos esenciales de la Sociedad de la Información, que es la interactividad. Quienes decidan permanecer al margen de coloquios como este, seguirán apartados de las percepciones e inquietudes que la sociedad mexicana tiene en su aproximación a las nuevas tecnologías de la información.

Compleja brecha digital

Al ocuparnos de la relación entre los ciudadanos del mundo actual y la Sociedad de la Información –específicamente la Internet, a la que podríamos considerar como su columna vertebral–, encontramos dificultades de cantidad y calidad. Entre las primeras destaca la todavía escasa presencia de la red de redes entre los habitantes del planeta. El cuadro uno compara el número de usuarios de la Red que la empresa Nielsen estimaba en marzo de 2003 y muestra el porcentaje de cibernautas en cada región del mundo, así como sus dimensiones dentro de la población de cada zona.

Cuadro Uno

La brecha digital / Internet en el mundo

Región

Usuarios marzo 2003

% usuarios

Cobertura (% población)

África

6 866 400

1.1%

0.8%

América

222 238 795

36.6%

26.0%

Asia

185 458 120

30.5%

5.2%

Europa

172 834 809

28.4%

23.8%

Med Oriente

7 165 407

1.2%

2.9%

Oceanía

13 069 833

2.2%

42.1%

Total mundial

607 633 364

100 %

9.7%

Fuente: a partir de datos de Nielsen NetRatings

Datos como los anteriores confirman que, al menos en alguna medida, la Internet y sus distintos afluentes informáticos se han llegado a convertir en un nuevo espacio de desigualdades en el mundo de nuestros días. Eso no implica que nos resignemos a las dimensiones actuales de la brecha digital que escinde a unos países de otros y que, también, implica contrastes dentro de cada nación.

Ya que se trata de un medio de comunicación y un espacio social tan nuevos, aun estamos a tiempo de emprender los esfuerzos necesarios para que la Internet deje de ser un indicador más de la inequidad en nuestro mundo. Para ello es preciso reconocer en qué medida las nuevas tecnologías proporcionan un ámbito de recreación, conocimiento e información y de qué manera también se convierten en nueva zona de injusticias y desigualdades.

Las cifras anteriores hacen patente que en el mundo contemporáneo mucha gente (cerca del 90% de los habitantes del planeta) sigue sin disfrutar de los bienes informáticos. Del total mundial de más o menos 607 millones de personas con posibilidades para conectarse a la Internet tenemos una gran cantidad –más de la tercera parte– que se concentra en América del Norte. Europa reúne casi a otro 30%.

Pero si bien entre Norteamérica y Europa se encuentra más del 67% por ciento de los usuarios de la Red, en esos sitios radica apenas el 13% de la población total del planeta.

En América Latina, como puede apreciarse en el cuadro dos, el porcentaje de internautas es muy inferior al promedio mundial del 10%. Brasil y Argentina superan ese porcentaje y Chile casi se le acerca. Pero en cambio Colombia, Venezuela están abajo del 6% de usuarios de Internet respecto de su población total y Perú no llega al 3.5%.

En ese panorama la situación de México es desalentadora. A pesar de que el nuestro fue uno de los primeros países conectados a la Red, a mediados de 2003 la cantidad de usuarios de ese medio apenas llega al 5% según las estimaciones más frecuentes. En las zonas urbanas más importantes, como la ciudad de México y Monterrey, ese porcentaje se duplica o quizá se triplica. Pero en términos nacionales seguimos teniendo una situación de rezago tanto respecto del mundo, como en comparación con otros países de la región latinoamericana.

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Auge y estancamiento en México y el mundo

El desarrollo de la red de redes en nuestro país ha sido paralelo a la expansión de este recurso en el mundo entero, como puede apreciarse en el cuadro tres. Allí se comparan, a partir de fuentes distintas pero que ofrecen datos homologables, las variaciones en la cantidad de usuarios de la Internet en el mundo y en México.

 

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Aparentemente la evolución global y mexicana de la Red han sido casi paralelas. Entre 1995 y 2000 prácticamente cada año se duplicó la cantidad de cibernautas en cada uno de esos ámbitos y a partir de entonces los incrementos fueron de aproximadamente 40 y 30%, respectivamente. Es decir, en ambos planos –global y nacional– se aprecia una desaceleración en el ritmo de crecimiento que la Internet tuvo en su lapso de mayor desarrollo hasta la fecha, en el último lustro del siglo XX.

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 Las tendencias que se muestran en el cuadro tres ofrecen otras conclusiones a partir de la comparación del ritmo de crecimiento de la Red, año por año, como se aprecia en el cuadro cuatro. Allí se contrastan las variaciones porcentuales entre la cantidad total de usuarios, de un año a otro, tanto global como nacionalmente.

Así, podemos constatar que entre 1995 y 1996 y en el bienio siguiente el número de usuarios de la Red creció en México casi el doble y más del triple. Sin embargo a partir del lapso 1998-1999 ese ritmo se estanca y luego cae notablemente.

Mientras en el mundo los internautas aumentan 80% entre 1999 y el último año del siglo, en México ese crecimiento fue solamente del 49%. Más adelante el crecimiento de usuarios en nuestro país aumenta por encima del porcentaje mundial: 34% en México en el tránsito de una centuria a otra, cuando la cifra global es de 23%.

Y en el periodo más reciente el aumento de usuarios de la Red fue de 28% en México mientras que en el mundo, solamente de 10% de un año a otro.

Esos datos pueden ser leídos de dos maneras. En contraste con la tendencia mundial, México ha tenido altibajos y en los años más recientes un crecimiento mayor que su entorno internacional. Sin embargo, a diferencia de las metas que tanto el gobierno como diversas empresas privadas habían sugerido, en el parteaguas del milenio la Internet se ha desarrollado en México de manera cada vez más lenta. No podemos afirmar que el cambio de gobierno haya tenido alguna relación con esa caída en el ritmo nacional de crecimiento de usuarios de la Red pero ambos hechos coinciden significativamente.

Pocos usuarios y páginas web

Ante ese panorama no resulta sorprendente, aunque no deje de suscitar preocupación, el rezago mexicano en el empleo de la Internet al lado de los países más desarrollados del mundo. México no ha dejado de ser un participante menor en el consumo de nuevas tecnologías entre las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos como se aprecia en el cuadro cinco, con datos de 2000.

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La brecha digital se aprecia tanto en la capacidad de cada sociedad y nación para conectarse a la Internet, como en la posibilidad que tiene para colocar información en ella. Independientemente de la calidad que tenga esa información, un indicador para contrastarla es la cantidad de sitios web puestos en línea en servidores de cada país.

Con el propósito de comparar tales datos, la OECD muestra el número de sitios en la Red que hay por cada mil habitantes en sus países miembros. En el cuadro seis se aprecia la bajísima actividad mexicana en ese terreno, evaluada en julio de 2000. Si, como vimos en el cuadro anterior, en la comparación de usuarios de la Red el nuestro estaba en penúltimo sitio entre los países de esa organización, en la medición de sitios web quedamos en último término.

 

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México y la Cumbre Mundial

Ese es parte del contexto en el cual nuestro país acudirá a la Cumbre de Ginebra y Túnez –en diciembre de 2003 y noviembre de 2005 respectivamente–. La atención estatal y social al desarrollo de la Internet ha sido tan pobre como el interés que, hasta antes de esta Conferencia, había existido en México acerca de la Cumbre Mundial.

Sin deliberación y a menudo con indicadores tecnológicos y sociales notoriamente insuficientes, la reflexión que podemos alimentar acerca de la Sociedad de la Información es pobre. Al mismo tiempo, la Cumbre Mundial ofrece la oportunidad de ubicar en un panorama nuevo y útil el examen que sobre estos temas seamos capaces de impulsar en nuestro país.

A la Cumbre Mundial acudirán los gobiernos, en representación de cada país. Pero pocos eventos internacionales habrán estado precedidos de una discusión tan amplia como la que ahora mismo existe acerca de la Sociedad de la Información. En numerosos sitios de Internet, así como en reuniones nacionales y regionales, además de los gobiernos los organismos de la sociedad que así lo han querido pueden externar sus opiniones e influir en la conformación de las tesis que serán aprobadas en la Cumbre de Ginebra.

La representación del gobierno mexicano que vaya a ese encuentro y que desde hace varios meses participa en la discusión internacional sobre tales asuntos, no podría desatender opiniones como las que se están ventilando en esta Conferencia que auspicia el Senado de la República. En esta ocasión además, se puede apreciar la importancia que puede tener un Poder Legislativo resuelto a influir, nutriéndose de los puntos de vista de la sociedad, en temas de interés público que conciernen al bienestar de los ciudadanos y que forman parte, desde ya, de la agenda nacional. Ese es el caso de la Internet y el modelo de sociedad en el cual pretendamos ubicarla.

Pensar en la Cumbre Mundial implica mirar el desarrollo que ha tenido la Internet en nuestro país. La Cumbre es ocasión propicia para que, en México, el Estado y la sociedad sean capaces de precisar metas ambiciosas, pero cumplibles, para la red de redes.

Revisar e-México

El contraste entre la presencia mexicana en la Internet y el desarrollo mucho más fructífero que la Red ha tenido en otras naciones tendría que ser motivo suficiente para preocuparnos. Pero además, cuando revisamos experiencias internacionales y constatamos que los casos más exitosos de desarrollo informático han sido aquellos en los que a ese tema se le ha reconocido una importancia estratégica, encontramos motivos de alarma muy serios.

En México, hasta el gobierno pasado la Internet era considerada como un asunto que concernía solo a los ámbitos académico y comercial. No existía política de gobierno, y mucho menos de Estado, que se ocupara de tal tema.

La administración del presidente Vicente Fox reconoció la importancia de la Internet pero tampoco ha tenido, hasta ahora, una auténtica política de desarrollo en ese terreno. Los esfuerzos gubernamentales se han concentrado en el programa e-México que no tiene objetivos, ni contenidos, ni financiamiento suficientemente claros. La página web de ese proyecto es de una pobreza notable y prácticamente no informa nada acerca de planes, avances, ni sobre la concepción general que lo anima. Y aunque tuviese éxito, e-México no pasaría de ser un proyecto del gobierno pero no del Estado mexicano.

Esa ausencia podría resolverse si se entendiera que ningún diseño para impulsar a la Internet tendrá éxito si no cuenta con participación de todos los peldaños del entramado estatal –municipios, gobiernos de los estados, congresos locales y cámaras federales y desde luego el gobierno federal– además de un sólido amarre con los sectores de la sociedad interesados en estos temas.

Por eso, más que reformular al proyecto e-México como a menudo señalan sus no pocos críticos –y como se ha dicho en el transcurso de esta Conferencia– habría que reconocer que ha fracasado.

El fracaso de e-México para constituir una política informática de carácter integral y nacional, se advierte desde su concepción originaria. No se trata de un área peculiar del gobierno sino de un remiendo que fue colocado en la estructura de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Es inadmisible que la política informática de nuestro país se encuentre adscrita a esa dependencia, como si fuera únicamente un asunto técnico. En otras naciones, tanto de América Latina como en otras áreas, la política informática y el auspicio a la Internet en muchos casos está a cargo de comisiones o entidades autónomas. Cuando se encuentra adscrita a alguna oficina ya existente dentro de los organigramas gubernamentales, la entidad encargada de esas tareas suele ser ubicada en los ministerios de Ciencia y Tecnología, o de Educación.

En México en cambio, para el gobierno la Internet es un asunto técnico. No parecen importarle los contenidos, ni el aprendizaje necesario para aprovecharla, ni la capacidad de información e instrucción que entre otros atributos tiene la red de redes.

Un auténtico proyecto nacional para el desarrollo de la Internet podría tener como punto de partida la creación de un grupo de trabajo que con agilidad, sin enredos burocráticos y teniendo en cuenta las generosas experiencias internacionales que ya se conocen al respecto, diseñara el Programa Internet para México. En esa tarea podría tomarse como ejemplo a la sociedad y al gobierno brasileños que hace pocos años diseñaron el Libro Verde [1]. Esa es la colección de estrategias que resultaron de la reunión de un centenar de interesados y conocedores de esos asuntos –gente del mundo académico, del Congreso, de los estados o provincias– que discutieron y sugirieron los caminos para que en Brasil la Internet experimentase, como ha ocurrido, un crecimiento de cantidad pero también de calidad.

Cuatro puntos insoslayables

Mientras nos ponemos de acuerdo para confirmar la inutilidad del proyecto e-México y sin dejar de pensar en la Cumbre Mundial, hay por lo menos cuatro temas que, de acuerdo con la discusión internacional y la situación mexicana, parecieran prioritarios.

El debate de estos y otros rubros permitirá nutrir las posiciones mexicanas en espacios como los de Ginebra y Túnez. Pero además, en la medida en que temas como estos vayan formando parte de las preocupaciones de ciudadanos y gobernantes, será mayor la posibilidad de enfrentarlos con imaginación, inteligencia y recursos. Si la Internet ha de ser una red para todos, resulta preciso construirle una intensa presencia social.

1. Ampliar la cobertura pero también la calidad de las conexiones a la Internet. El desarrollo de sistemas de banda ancha que permiten un intercambio de paquetes de información mucho más veloz que a través de las tradicionales conexiones por módem y teléfono está abriendo nuevas perspectivas para la Internet. Esa nueva capacidad, desde luego plausible, puede llevarnos a una nueva forma de escisión entre los mexicanos: aquellos que se conectan por módem telefónico y los que tienen el privilegio de contar con enlaces de calidad y velocidad notablemente mayores.

2. Desarrollar y extender la educación para el uso de la Red y del conjunto de nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Las conexiones no bastan. Para aprovecharlas se requiere de una capacitación a la que todavía no estamos habituados. Sería necesario que en las escuelas de todos los niveles se enseñara a emplear la Internet, con la misma atención que se invierte para enseñar a leer y escribir y luego, desarrollar esas habilidades.

3. Impulsar contenidos nacionales para la Red. Aquí también se puede hablar de cantidad y calidad inevitablemente complementarias. No sería suficiente que existieran muchos sitios de factura mexicana en la World Wide web. Junto con ello es posible –deseable también– incrementar la calidad de los contenidos mexicanos en esa inagotable colección de espacios. La iniciativa de la sociedad es muy valiosa para desplegar, con imaginación y libertad, tantos acercamientos a la Red como los usuarios mexicanos sean capaces. Pero además es pertinente que el Estado asuma como tarea relevante el impulso a la creación de contenidos nacionales en la red de redes. Esa sería una manera de respaldar la cultura y la idiosincrasia pero también, desde luego, la enseñanza, la información, el comercio y otras actividades en la Red.

4. Defender la libertad de expresión y la privacía en la Internet. Esos, constituyen principios fundamentales que alientan el interés por la Red entre internautas de todas las nacionalidades. Pero conforme la Internet ha crecido y ganado influencia –y especialmente a partir del recrudecimiento que han experimentado políticas de supervisión y persecución como las que impulsa el gobierno de Estados Unidos– resultan más importantes la defensa de la libertad de expresión y del derecho de sus usuarios a la privacía, en la Internet igual que en cualquier otra zona del espacio público contemporáneo.

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[1] Livro Verde de Sociedade da Informacao. Brasilia, septiembre 2000: http://www.socinfo.org.br/livro_verde/download.htm

Información: diagnósticos, discrepancias, deliberaciones

Publicado el 1 de junio de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Apenas a tiempo para ser consideradas en las propuestas que México llevará a las reuniones preparatorias de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información a fines de este año en Ginebra, la Conferencia Internacional que organizó el Senado de la República recogió numerosas, sugerentes y variadas propuestas. Con presencia de varios centenares de participantes y difundida en vivo por el Canal del Congreso –a cuyos números telefónicos los televidentes de los estados podían enviar comentarios y preguntas– la Conferencia realizada entre el miércoles y el viernes de esta semana buscó contribuir a ubicar el tema de las nuevas tecnologías de la información en la agenda de los asuntos nacionales.

   La importancia que ya se le reconoce al desarrollo de la Internet y los nuevos medios se advierte en el interés que suscitó entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Los senadores Dulce María Sauri del PRI, Demetrio Sodi del PRD y Javier Corral del PAN –este último titular de la Comisión de Comunicaciones y Transportes que organizó la Conferencia– presentaron sendas ponencias que coincidieron en la preocupación por la insuficiente relevancia que hasta ahora había tenido, en el mundo político mexicano, el debate sobre la sociedad de la información.

   El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Diego Fernández de Cevallos, acudió a la Conferencia para comprometerse a que sus conclusiones sean atendidas por el presidente de la República cuando se defina la posición del Estado mexicano ante la Cumbre de Ginebra. El día de la inauguración el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, había considerado que las políticas públicas sobre asuntos como el que se discutió en el patio central del Senado tienen que reconocer la participación de la sociedad. 

 

Conferencia internacional

   El contexto para deliberar la posición de México en la Cumbre Mundial pero sobre todo para definir qué es preciso hacer en nuestro país en la ruta de un desarrollo nacional de la informática y la comunicación, lo establecieron los conferencistas internacionales.

   El prestigiado profesor Armand Mattelart de la Universidad de París, cuya experiencia e influencia en la comunicación latinoamericana es ampliamente conocida, no solo ofreció una espléndida conferencia sobre la pertinencia de entender a la sociedad de la información como una sociedad de los saberes para todos y por todos. Además, con disciplina y generosidad, estuvo presente los tres días de sesiones acompañado de su esposa Michelle, también investigadora de los medios y la cultura en las sociedades contemporáneas.

   El doctor Alejandro Piscitelli de la Universidad de Buenos Aires, autor de libros fundamentales para entender el desarrollo de las ciberculturas y fenómenos recientísimos como las llamadas empresas “punto-com” que surgieron y fracasaron debido a una apreciación demasiado voluntarista del auge de la Internet, ofreció una conferencia sobre la nueva economía.

   La periodista británica Sally Burch, directora de la Agencia Latinoamericana de Información, presentó un enterado inventario de las medidas que se pueden tomar para defender la libertad de expresión y auspiciar la participación de la sociedad en las nuevas redes de información.

   El doctor Bert Hoffmann del Instituto Iberoamericano de Hamburgo, autor de una cuidadosa investigación sobre la Internet en varios países latinoamericanos, describió las posibilidades (pero también los riesgos) de las nuevas tecnologías respecto de las economías de naciones como la nuestra.

   El consejero regional de la Unesco, Alejandro Alfonzo, describió las líneas principales de la Cumbre Mundial cuya primera fase tendrá lugar en diciembre próximo en Ginebra. Una segunda reunión se realizará en noviembre de 2005 en Túnez. Por su parte el colombiano Santiago Reyes Borda, actualmente asesor del Ministerio de Industria de Canadá, explicó el desarrollo de la Internet en ese país norteamericano.

 

Variadas voces nacionales

   Esas conferencias a cargo de invitados extranjeros, fueron complementadas con intervenciones de especialistas mexicanos en seis paneles. Jaime Chico Pardo, director general de Teléfonos de México; los consultores en asuntos informáticos Ricardo Zermeño y Enzo Molino y senadores de los tres partidos nacionales, estuvieron entre los panelistas.

   Del campo académico hubo profesores de la UAM como Scott Robinson y Antulio Sánchez; Kiyoshi Tsuru y Jorge Navarro del ITAM y Ernesto Piedras, del CIDE. De la UNAM participaron, entre otros, el profesor Víctor Flores Olea, el maestro Jorge Alberto Lizama y el director de Cómputo Académico Alejandro Pisanty. También estuvo Adolfo Dunayewish, de la organización civil La neta que se ha interesado en el uso ciudadano de la red de redes.

 

Ausencias y relevos

   Se habían comprometido a participar el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Jorge Arredondo, y el director del programa e-México, Julio César Margáin. Unas horas antes de la Conferencia los dos avisaron que no acudirían. Es deplorable que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, de la cual dependen esos dos funcionarios, haya querido ignorar a la Conferencia.

   A ese desdén, los organizadores respondieron con astucia política. Los sitios que dejaron libres Margáin y Arredondo fueron ocupados por dos especialistas con un intenso y directo conocimiento de las nuevas tecnologías de la información.

   Uno de ellos es Javier Lozano Alarcón, que en el gobierno anterior fue presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y subsecretario de Comunicaciones y Transportes y que, dedicado hace algunos años a la consultoría privada, recientemente fundó el Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones.

   El otro invitado que a pesar de haber sido convocado a última hora llegó con una presentación repleta de experiencia y sugerencias fue don Carlos Casasús, que en años pasado también fue subsecretario de Comunicaciones y presidente de la Cofetel y que actualmente dirige la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet.

   Hubiera sido muy útil que los actuales responsables del desarrollo informático del país explicaran, ante un auditorio enterado e interesado, las características de los proyectos que tienen para incorporar a México a la sociedad de la información. Sin embargo, en el plano de las propuestas y el debate, la participación de Casasús y Lozano fue muy gratificante.

   A diferencia de la postura de la SCT la Secretaría de Relaciones Exteriores, que representa a nuestro país en los preparativos de la Cumbre de Ginebra y Túnez, manifestó una reconocible actitud de apertura. Además del titular de la SRE que estuvo en la ceremonia inaugural, en la última sesión participó con una ponencia el doctor Salvador de Lara Rangel, Director General de Negociaciones Económicas Internacionales de esa Secretaría.

  

Encandilamiento tecnológico

   En la relatoría de la Conferencia Internacional se reconoce que, en las sociedades contemporáneas, la información no basta. De hecho, su exuberancia llega a ser un problema adicional a los que significa el marginamiento respecto de los cauces de difusión más abundantes en datos y opciones. Darle respuesta y contenido a esa preocupación es tarea de las sociedades y los Estados.

   Al explicar a la Sociedad de la Información se entremezclan el diagnóstico y el pronóstico. En las sesiones de la Conferencia se recordó la definición de los documentos preparatorios para la Cumbre de Ginebra: “Es una nueva forma de organización social, más compleja, en la cual las redes TIC más modernas, el acceso equitativo y ubicuo a la información, el contenido adecuado en formatos accesibles y la comunicación eficaz deben permitir a todas las personas realizarse plenamente, promover un desarrollo económico y social sostenible, mejorar la calidad de vida y aliviar la pobreza y el hambre”.

   Como delante de otros recursos de información, con estos que ofrecen las nuevas tecnologías corremos el riesgo de quedar atrapados por el encandilamiento y el sobredimensionamiento que produce su influencia. El doctor Mattelart señaló en su disertación que “el enfrentamiento no es entre tecnófilos y tecnófobos sino entre mesianismo tecnoglobal y apropiación de las técnicas en cada sociedad”.

 

Defensa del espacio público

   Mattelart mismo se había referido a las connotaciones geopolíticas de la Sociedad de la Información. Antes, en la inauguración de la Conferencia el Rector General de la UAM, Luis Mier y Terán, deseó: “Todos los países debemos tener garantizado el acceso a la información pero, además y sobre todo, tendremos que tener garantizado el acceso a la palabra”. Con afán similar Sally Burch, de la Agencia Latinoamericana de Información, propuso “rescatar el sentido de lo ‘público’: lo que no es ni del Estado ni de lo privado… (la) esfera o espacio donde la ciudadanía en sus diversas expresiones pueda intercambiar ideas, debatir sobre modelos de sociedad, fiscalizar el manejo de poderes y tener un acceso transparente a la información que concierne a la comunidad”. Ese ámbito plural de la comunicación, dijo Burch, ha de ser garantizado por políticas públicas.

   Anhelos y políticas entremezclados, a la Sociedad de la Información se le reconoció como espacio de bienaventuranza pero también territorio de riesgos tan grandes como las oportunidades que ofrece. En el inicio de las sesiones el legislador Javier Corral Jurado indicó que “el Senado de la República tiene interés en que haya un rostro humano de las tecnologías de la información y de la comunicación».

   De la manera como se le moldee, con políticas públicas, acciones legislativas y según la concertación social que se logre, dependerá la humanidad o brutalidad que tengan los rostros de esta Sociedad de la Información. Alfonzo, de la Unesco, se apoyó en la Declaración de Bávaro, que forma parte de los materiales que alimentan la discusión rumbo a Ginebra, para decir: “La sociedad de la información es un sistema económico y social donde el conocimiento y la información constituyen fuentes fundamentales de bienestar y progreso”.

   Otras voces en la Conferencia amalgamaron reivindicaciones sociales y subrayaron diferencias políticas con las concepciones imperantes en la discusión y, en vez de Sociedad de la Información, prefirieron hablar de “Derecho humano a la comunicación”. En un comunicado dirigido a la reunión por 14 organizaciones sociales y 9 ciudadanos interesados en el tema, se plantea que ese derecho sea “garantizado a todos los miembros de la población, incluyendo en esto su participación activa, incluso en la producción de contenido, y el derecho a la propiedad de los medios para transmitir tales contenidos”.

 

Brecha, software y futuro

   En la Conferencia se habló, y surgieron numerosas propuestas, acerca de las medidas pertinentes para abatir la brecha entre quienes tienen acceso y aquellos que siguen apartados de las nuevas tecnologías de la información, se discutieron medidas para utilizar esos recursos en la educación, se dedicaron varias horas a evaluar los riesgos a las libertades y la posibilidad de emprender acciones técnicas y jurídicas para preservar el derecho a la expresión en las redes informáticas. En su relación con la economía se hicieron recomendaciones para impulsar la industria informática y especialmente la producción de contenidos y software nacional.

   El método para procesar esas sugerencias y la participación de sectores muy variados en la Conferencia que organizó el Senado podrían ser emblemáticos de la Sociedad de la Información que es posible construir: con una deliberación enterada y abierta, logrando que la posición mexicana en Ginebra represente el interés de la sociedad y no únicamente las apreciaciones gubernamentales y propiciando que a estos temas se les confiera la importancia que tienen en el diseño de la sociedad, la economía y la cultura del país.

  

ALACENA: Luis Suárez

Cronista del cambio político en México, fundador de organizaciones de periodistas, hombre de convicciones antimperialistas y colaborador de numerosos medios, Luis Suárez murió ayer a los 85 años.

   Nació en España donde fue capitán de milicias en la guerra civil. De su llegada a nuestro país y de las simpatías que conservaría toda la vida escribió en su libro más reciente: “Por obvias razones de gratitud y afinidad política –arribé a puerto mexicano el 13 de junio de 1939, en el oleaje de refugiados españoles derrotado en la prebatalla antifascista de la Segunda Guerra Mundial– me siento identificado, como nuevo mexicano, con la obra y la política de Lázaro Cárdenas. En General, que escrito con mayúsculas ya no requiere nombre ni apellido, no sólo me abrió, como a miles, las puertas de México; también, y como a muchos, las de su familia”.

   Eso escribió Suárez en la presentación de su libro Cuauhtémoc Cárdenas. Política, familia, proyecto y compromiso que apareció hace tres meses. En otras obras dejó testimonio de sus convicciones y afinidades: Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanzas (1976); Echeverría rompe el silencio (1979); Petróleo: ¿México invadido? (1981), entre otros.

   Colaborador de docenas de publicaciones -entre ellas, durante largo tiempo Siempre! y Excélsior–, hizo durante 17 años el programa de televisión Luis Suárez en el Once. Hace casi tres décadas participó en la fundación de la Unión de Periodistas Democráticos, fue directivo en la Organización Internacional de Periodistas y desde hace varios años presidía la Federación Latinoamericana de Periodistas.

   En numerosos foros Luis Suárez pugnó por la apertura de los medios de comunicación. En su libro más reciente apuntó: “La información es un instrumento de y para la gobernabilidad, pero no sustituye las diferencias, y menos elimina las desigualdades sociales. Ha de servir para la más consciente participación ciudadana. Pero se ha convertido en un elemento del poder que los verdaderos poderes apetecen para consolidarse sobre las diferencias de clase”.

Tres espacios lingüísticos

Publicado el 21 de junio de 2002

París. Después de largos años de seguir trayectorias separadas, este jueves cinco organismos internacionales anunciaron su decisión para emprender proyectos conjuntos que les permitan articular y promover el uso de las lenguas francesa, española y portuguesa.

   En un encuentro presidido por el respetado Boutros Boutros Gahli que encabeza la Organización Internacional de la Francofonía, esa y otras cuatro agrupaciones dieron a conocer los avances de dos grupos de investigación y prospectiva que buscan “preservar la diversidad lingüística y cultural, contribuir a una mayor democratización de las relaciones internacionales y a la promoción de una cultura de la paz”.

   El ex secretario general de la ONU estuvo acompañado por los secretarios generales de la Organización de Estados Iberoamericanos, la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, la Unión Latina y un representante de la Secretaría de Cooperación Iberoamericana.

   El proyecto “Tres espacios lingüísticos” es desarrollado por dos grupos de investigadores y expertos. Uno, ha trabajado acerca de las políticas de promoción y enseñanza de las lenguas. El otro se ocupa del empleo de las nuevas tecnologías de la información para la promoción de los tres mencionados idiomas.

   No es frecuente que varios organismos internacionales, habitualmente muy celosos de su singularidad y de sus propios proyectos, coincidan para impulsar propuestas que no han sido diseñadas por ellos mismos sino, como en este caso, por grupos convocados para tal efecto. Allí puede verse, frente a tantos efectos cuestionables, una de las consecuencias virtuosas de la globalización.

   También se puede advertir una reacción en parte de autodefensa, pero especialmente de espíritu propositivo, ante la hegemonía idiomática ­–y de esa manera cultural, por lo menos en varios sentidos—  que ha alcanzado el idioma inglés.

   La promoción del español, el portugués y el francés –lenguas que se hablan en los países representados en esos organismos— no es entendida como reivindicación regionalista ni nostálgica sino como una necesidad cultural y estratégica en el reordenamiento del mundo que vivimos ahora. Por eso además del estudio a cargo de filólogos y lingüistas para identificar convergencias que permitan difundir y enseñar mejor esas lenguas, se busca mejorar el aprovechamiento de la Internet para propagarlas.

   El anuncio que se hizo en la sede de la Francofonía, a poca distancia de la Torre Eiffel, convocó a periodistas franceses y corresponsales destacados en esta capital. No es una noticia estruendosa y quizá por ello alcance menos difusión de la que ameritaría. Pero el solo intento de agrupaciones distintas para cohesionar esfuerzos en torno a metas culturales tendría que ser una de las pocas buenas noticias que se conocen en el panorama internacional de nuestros días.

   Los secretarios generales de las cinco agrupaciones coincidieron en marzo del año pasado en la necesidad de articular acciones de ese tipo. El procedimiento para ir de las intenciones a las proposiciones fue peculiar. En vez de enfrascarse en la deliberación de los temas que podían interesar más a cada una de ellas, las organizaciones reunieron dos grupos interesados en tales temas y los pusieron a discutir y sugerir.

   Un primer encuentro de esos dos grupos en marzo pasado en Madrid, estableció las líneas maestras del trabajo que luego mantendrían en línea, en listas de correo electrónico. Ahora se reunieron en París para afinar las sugerencias que más tarde las organizaciones asumieron como proyectos a desarrollar en el futuro cercano.

   El grupo de política y planificación lingüísticas, integrado por ocho expertos, propuso trabajar sobre el estatuto internacional de las tres lenguas, la gestión de otras lenguas que coinciden en los países en donde se habla español, francés o portugués, el desarrollo de la oferta en materia de lenguas y la homogeneización de los sistemas de acreditación de competencias lingüísticas. En ese grupo participan profesores de las universidad de Provence, la Sorbona, Federal de Santa Catarina en Brasil, Autónoma Metropolitana de México y la consejería de Educación de Madrid, entre otros.

   El grupo sobre tecnologías de la información lo integran nueve investigadores de instituciones como la Universidad de París en Orsay, el Consejo Superior de Investigación Científica de España, el Instituto Nacional de Investigación de Portugal, el Observatorio de Sistemas de Información de Senegal y la UNAM. Entre sus propuestas se encuentra la realización de un encuentro para evaluar el uso de la Internet en la enseñanza y la creación de un observatorio de las nuevas tecnologías de la información que contará con una página en la red de redes.

Internet es el futuro

Ensayo publicado en el libro DIREITOS À COMUNICAÇÃO NA SOCIEDADE DA INFORMAÇÃO que, coordinado por el Dr. Jose Marques de Melo, fue publicado en 2005 por la Universidad Metodista de Sao Paulo.

 

El 11 de septiembre de 2001, igual que el mundo entero, la Internet quedó pasmada. Durante varias horas los sitios de noticias más conocidos, todos ellos estadounidenses, fueron colmados por la demanda de información provocada por el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y más tarde, el asalto al Pentágono en Washington. Entre las 9 y las 10 de la mañana, hora del Este americano, las páginas de CNN.com, NYTimes.com y ABCNews.com eran inaccesibles para la mayoría de los internautas de todo el mundo que buscaban saciar su inagotable necesidad de informaciones. El atentado terrorista fue tan monstruoso y al mismo tiempo tan explicable que centenares de millones de personas querían, si no respuestas, al menos nuevos ecos de la tragedia además de los que ofrecían los medios de comunicación tradicionales. Durante todo el día el acceso a esas y las páginas de MSNBC.com y USAToday.com entre otras, fue varias veces más lento que en circunstancias regulares. A fin de aligerar el volumen de información digital que sus servidores enviaban a cada usuario esas empresas modificaron sus home pages, simplificando el diseño y limitando la información a unos cuantos titulares y algunas fotografías. La página de entrada de CNN.com que suele “pesar” 255 kilobytes quedó reducida a 20 kbs. para que más gente pudiera tener acceso a ella [1].

   Ese día, en medio de la enorme tragedia en Nueva York y Washington, la Internet manifestó las limitaciones que todavía la atajan y las virtudes que podrá desplegar en el futuro inmediato. Los servidores de las empresas noticiosas no se dieron abasto para enviar información a una cantidad inusitada de internautas pero decenas de millones sí pudieron conectarse a algunas de esas páginas. Luego, conforme avanzaron ese y los siguientes días las noticias de la penosa búsqueda de víctimas y la discusión sobre qué podían hacer Estados Unidos y el mundo ante el terrorismo se propagaron a través de millares de páginas en la red de redes.

   El 11 de septiembre la Internet y la televisión se ocuparon de la tragedia apoyándose mutuamente. Pocos minutos después de que el primer avión secuestrado se estrellara contra la Torre Norte en Manhattan los principales portales (como MSN.com y Lycos.com) así como los buscadores más concurridos (Yahoo.com. Altavista.com, Goggle.com) colocaron avisos para que todo aquel que accediera a ellos, si aun no lo sabía, se enterase del siniestro. Entonces se produjo un recorrido de ida y vuelta de la Internet a los medios convencionales. Los administradores de Goggle.com colocaron el siguiente aviso:

   “Si usted está buscando noticias, encontrará la información más actual en la televisión o en la radio. Muchos servicios de noticias en línea no están disponibles debido a la demanda extremadamente alta”.

   Goggle.com copió las portadas de los sitios de The Washington Post y la CNN para ofrecerlas a sus usuarios.

   La Internet contribuyó, de esa manera, a incrementar la audiencia de las cadenas de televisión. Para enterarnos de los asuntos más recientes o incluso para presenciarlos en directo como ocurrió con los atentados del 11 de septiembre el medio idóneo es la televisión. Para ofrecer información de contexto y espacios de discusión y retroalimentación la red de redes comienza a ser entendida como medio de servicio y no solo de entretenimiento.

   Una encuesta levantada al día siguiente por el Pew Internet and Life American Project confirmó que la gran mayoría de los estadounidenses prefirió a la televisión para conocer las secuelas de los atentados. El 81% obtuvo de la TV la mayor parte de la información acerca de esos acontecimientos. El 11% atendió preponderantemente a la radio y solamente 2% declaró haber preferido a la Internet. El 1% tuvo a los periódicos como fuente principal de información [2]. Ese y los siguientes días, en cambio, la participación en foros de discusión en la red aumentó al menos una tercera parte.

 

Hábitos, crecimiento y

desigualdades en la red

   Pero la Internet no se encuentra tan concurrida todos los días ni sus usuarios la emplean con tal intensidad para buscar informaciones de actualidad. En los países en donde este recurso informático se ha desarrollado más el empleo del correo electrónico es habitual y la consulta de datos, tanto para esparcimiento como para trabajar, se ha vuelto frecuente. En Estados Unidos en agosto de 2000 según un estudio gubernamental, el 80% de los usuarios de la Internet enviaban y recibían correos electrónicos y el 43.2% acostumbraba buscar información en sitios de noticias. El 35.3 recababa datos para asuntos relacionados con su trabajo y el 30% había realizado compras en línea (Gráfica 1).

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   En España según otra investigación, publicada en julio de 2001, prácticamente todos los usuarios de Internet lo son antes que nada de correo electrónico, el 82% consulta noticias y el 45.3% hace compras y casi el 40% descarga archivos de audio en formato MP3 (Gráfica 2). Las dos encuestas tienen parámetros distintos pero algunos de sus resultados se pueden comparar cotejando las dos tablas adjuntas.

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   La red es cada vez más útil como transmisora de noticias de actualidad y fuente de información documental, bibliográfica e institucional. Además nutre el esparcimiento de sus usuarios e incluso se ha constituido en guía para los más distintos espectáculos. No hay, hasta ahora al menos, una disminución significativa de la atención a otros medios por navegar en la red. Al contrario: las pautas de contemplación fundamentalmente pasiva que singularizan a los espectadores de los medios convencionales se han reproducido entre la mayoría de los usuarios de la red de redes.

   Casi todos ellos, especialmente en el espacio multimedia de la Internet que es la world wide web, se limitan a ser consumidores de datos. Solo una pequeña porción de internautas aprovecha a la red como espacio para ser ellos mismos propagadores de contenidos propios. Son muchos más quienes miran las páginas web de otros, que aquellos que enriquecen a la red con sus respectivos sitios. Aunque la cantidad de sitios ha crecido muy considerablemente, los usuarios de la red suelen buscar los mismos domicilios.

   La abundancia de información que hormiguea por la red de redes se ha convertido en prácticamente inasible por sus dimensiones colosales. Los más tecnificados buscadores de contenidos, como Goggle y Yahoo, apenas alcanzan a rastrear una quinta parte de todo el acervo –en donde hay de todo– en la WWW. La Internet se ha convertido en una sucesión de océanos en donde solo es posible no extraviarse si se tienen experiencia y brújulas adecuadas.

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   Hacia la mitad de 2001 existían casi 30 millones de sitios web, a los que no hay que confundir con las páginas en la red. Un sitio puede estar conformado por una o por varias (incluso millares) de páginas. Si consideramos que 8 años antes, en 1993 apenas existían 130 sitios, que cinco años antes (en 1996) eran 25 mil y que un año antes, en 2000, habían crecido a 17 millones, queda claro el desarrollo intenso y vertiginoso que ha tenido la Internet. La Gráfica Tres, elaborada con datos del investigador Robert H. Zakon, resulta muy explícita. El despegue de la red de redes ocurre a mediados de 1997 cuando alcanza más de un millón de sitios, se duplica al año siguiente y entre 1997 y 1998 crece dos veces y medio. Luego casi se triplica. En cambio el crecimiento entre 2000 y 2001 medido de junio a junio alcanza la tasa más baja en seis años. Las variaciones en el ritmo de desarrollo de sitios web aparece en la Gráfica 4. Cada vez hay más sitios, evidentemente, pero el ritmo de su crecimiento tiende a disminuir.

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   La Internet es más grande y sus navegantes aprovechan de ella recursos de índole muy variada, pero aun constituyen una porción pequeña de la población mundial. El acceso a este recurso informático se ha convertido en su principal limitación no solo desde la perspectiva de los intereses de cada nación sino, también, para el desarrollo de la red como opción mercantil. La debacle de las llamadas empresas punto com entra las cuales muchas hicieron severos ajustes o cerraron a partir del año 2000, se debe fundamentalmente a la sobre valoración que muchos de sus promotores habían hecho de la Internet. Se llegó a pensar que bastaba colocar un sitio en la red para que llovieran las compras y las inversiones. En la mayoría de los casos no ha ocurrido así porque los mecanismos de transacción comercial tradicionales no han sido sustituidos por los de carácter electrónico y, también, debido a que los usuarios de la Internet no son tantos como se había esperado.

   De todos modos suman un número respetable. Se estima que al finalizar 2001 habrá casi 500 millones de personas que, en todo el mundo, tienen acceso regular a la Internet [3]. Son muchos, pero apenas constituyen el 8% de la población mundial. Medidos de acuerdo con la cantidad de anfitriones o hosts (es decir, aparatos de cómputo conectados a la Internet) la Gráfica 5 muestra la evolución que ha tenido el acceso a la red de redes en una decena de países.

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   La concentración de las desigualdades económicas y sociales se traduce en mayores dificultades para el acceso a la red de redes. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano el año 2000 la cantidad de hosts por cada mil habitantes era de 0.4 en los países árabes, 0.6 en Asia Oriental y el Pacífico,   0.6 en Asia Meridional y 0.1 en el África Subsahariana.

   En América Latina y el Caribe esa proporción era de 5.6 y en Europa Oriental y la CEI de 4.7 anfitriones de Internet por cada millar de personas. En los países de alto ingreso de la OCDE esa tasa era de 96.9 [4].

   No hay que tener dotes proféticas para decir que en el futuro esas tendencias se mantendrán en lo fundamental, aunque a largo plazo el acceso a la Internet vaya siendo cada vez más amplio. Hay quienes estiman que en 2005 los usuarios de la red de redes serán mil millones, lo cual significaría un aumento del 100% en cuatro años. Entre 1995 y 2000 la cantidad de anfitriones de Internet creció de 1.7 a 15.1 por cada mil habitantes en el mundo [5]. La población en línea, según evaluaciones que parecen confiables, creció de 50 millones en 1996 a 117 en 1998, 391 en 2000 y llegará a 490 al finalizar 2001 [6]. Es decir, el número de internautas en el planeta se incrementó casi mil por ciento en ese lustro.

   La Gráfica 6 compara el crecimiento de los usuarios de la Internet en el mundo con el incremento en el número de sitios. En 1996 teníamos un sitio por cada 198 usuarios. En 1997 esa relación era de 62.7. a uno. En 1998, un sitio por cada 48.5 internautas. Al año siguiente 39.7 usuarios de la red por cada sitio, en promedio. En 2000 la relación fue de 22.84 por cada sitio. En 2001, contamos con 16.72 usuarios por cada sitio en la Internet. (La comparación es ligeramente forzada porque los datos de sitios web son a junio de cada año y los de usuarios reflejan las estimaciones totales al final de cada año, pero muestran un panorama significativo).

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Saturación y confusión. Los

internautas están fatigados

   Esas correlaciones parecieran indicar que cada vez tenemos una red más representativa de los intereses, la diversidad y las singularidades de sus usuarios. Eso es cierto solamente en parte. Cada vez más personas colocan su información en la Internet aunque sigan constituyendo un porcentaje modesto del conjunto de consumidores de ese medio. Sin embargo los sitios más visitados son unos cuantos en comparación con la descomunal cuantía de opciones que ofrece la Internet. Los usuarios de la red, al menos en Estados Unidos, visitan cada vez menos sitios web. El espíritu de exploración que animaba a quienes se sumergían en ella en los primeros años de la Internet, ha venido decantando en la consulta rutinaria a los mismos domicilios. En 2000 el 60% de los usuarios de la red en ese país se asomaba a más de 20 sitios al mes. Un año después la cantidad de sitios visitados se ha reducido a casi la mitad [7].

   Es paradójico: tenemos más sitios en la red pero la gente la recorre menos. Cada vez resulta más difícil hablar de navegantes como en los primeros tiempos de la Internet. Ahora la costumbre es recalar en los lugares ya conocidos, como si los internautas se hubiesen fatigado y ya no conservasen el espíritu de aventura y búsqueda que era considerado como uno de los atractivos de la red.

   Pero la Internet llegó no solo para quedarse, sino para crecer y diversificar su presencia en los más variados órdenes. En el futuro cercano el crecimiento de las personas con acceso a la red seguirá aumentando, particularmente en los países en donde apenas recientemente la Internet ha comenzado a acreditarse. Ese desarrollo seguirá supeditado a intereses fundamentalmente mercantiles en ausencia de políticas nacionales y regionales –que sean suficientemente eficaces, y con recursos– para promover el acceso de los ciudadanos a la Internet.

   Es previsible que el ritmo de crecimiento de los sitios web sea menor pero también, que una gran cantidad de los accesos de los internautas en todo el mundo sea a las páginas de las mayores corporaciones de la información y el entretenimiento –casi todas ellas asociadas a las empresas de medios tradicionales–. Así como el 11 de septiembre de 2001 los espacios más visitados en la red dirigieron a quienes los consultaban a la televisión que ofrecía información más oportuna y masiva, con frecuencia las cadenas televisivas recomiendan a sus espectadores que se asomen a sus respectivos sitios web.

   La brecha informática que existe entre las naciones y que escinde a las sociedades también se reproduce dentro de la red de redes. Aquellas empresas y personas con mayores recursos tecnológicos y financieros pueden no solo colocar, sino difundir, remozar y actualizar sus sitios en la Internet con más ventaja que los negocios pequeños o los ciudadanos comunes.

   En el futuro inmediato se mantendrán sin solución satisfactoria varios de los grandes dilemas que enfrenta hoy la Internet. Asuntos como la propiedad y la autoría de la información, la defensa de la privacía, la existencia de barreras culturales e idiomáticas que forman parte de la complejidad de las sociedades humanas y que en la Internet se reproducen y hacen patentes, serán vistos según la perspectiva de cada interesado en ellos. Tendrán que pasar más tiempo para que establezcamos consensos sobre derechos patrimoniales, respeto a la intimidad y reconocimiento de la diversidad en la Internet.

   Aun así la extensión de las redes en nuestras sociedades, su imbricación y complementariedad con otros medios y las posibilidades aun escasamente exploradas que ofrece para informar, recrear y educar, harán de la Internet no solo parte del futuro de la comunicación. La red de redes es el futuro y para admitir este diagnóstico es preciso considerar que su desarrollo tecnológico y su disponibilidad (ancho de banda, velocidad de conexiones, capacidad instalada en cada comunidad y hogar, etc.) apenas se están desarrollando. No es un futuro perfecto, ni mucho menos –y no nos referimos solamente al tiempo gramatical–. Se trata de un porvenir repleto de contradicciones y que, valgan la obviedad y el gerundio, apenas se están construyendo. Sobre todo, es altamente posible que la formidable capacidad que la Internet ofrece en ilimitados campos de actividad quede circunscrita por la preponderancia de unas cuantas empresas en el desarrollo y la promoción de la red.

   Junto con la brecha digital entre los países y también dentro de muchas naciones, la gran dificultad para usufructuar la Internet será cómo desbrozar entre millones de sitios y miles de millones de páginas la información que mejor nos pueda enterar, cultivar, auxiliar o entretener. Los ordenadores están dejando de servir como instrumentos para organizar la información para convertirse, antes que nada, en proveedores de ella a través de las conexiones digitales. Nuestras sociedades, incluso con respetables índices de acceso a la Internet, siguen padeciendo una suerte de analfabetismo digital: mucha gente se asoma a la red solo para cumplir con tareas elementales y rutinarias a semejanza de quienes, disponiendo de una enorme biblioteca, únicamente la utilizan para consultar recetas de cocina y la guía de teléfonos.

 

Granja de la Concepción, Ciudad de México, Septiembre de 2001


[1] Keynote, “News and events, september 12 2001”: http://www.keynote.com/press/html/091101.html

[2] Pew Internet & American Life Project, How americans used the Internet after the terror attack, http://www.pewinternet.org/reports/pdfs/PIP_Terror_Report.pdf

 [3] www.glreach.com/globstats

 [4] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, Informe sobre desarrollo humano 2001. México, 2001, p. 65

 

[5] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, cit., pp. 34 y 65.

[6] http://www.glreach.com/globalstats/evol.htm

[7] Amy Harmon, “Exploration of World Wide Web Tilts From Eclectic to Mundane”, en The New York Times, agosto 26 de 2001.