Gobierno y sociedad de la información

Miedo a los twitteros

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 El gobierno de Veracruz metió a la cárcel a dos twitteros por difundir mensajes falsos. La reacción internacional desbordó al gobernador Duarte, que ahora propone una reforma legal para dejarlos en libertad. La reforma, de todos modos, atenta contra la libertad de expresión. Este es el comentario en mi blog Sociedad y poder

Este es el comentario, sobre el mismo asunto, en Radio Fórmula, con Ciro Gómez Leyva, el 1 de septiembre.

Veinte propuestas sobre WikiLeaks

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Este texto fue publicado, en dos partes, en las ediciones de enero y febrero de 2011 de la revista Zócalo
1. Es pertinente subrayar una obviedad: WikiLeaks no existiría sin Internet. El sitio que Julian Assange puso al servicio de la filtración de documentos políticos no funcionaría sin la Red de redes. En tal virtud, comparte los rasgos más destacados de Internet: la información colocada en ese sitio web es ubicua, es decir, puede ser consultada desde cualquier lugar; no hay límites para la cantidad de datos que son colocados a disposición de los interesados; el manejo de esa información es descentralizado; su irradiación trasciende fronteras e intereses nacionales; la velocidad y la volatilidad definen también a esa propagación de información.

2. El uso que le da WikiLeaks, hace de Internet un instrumento capaz de alterar, aún no sabemos bien a bien con qué consecuencias, al menos parte de las reglas, los equilibrios y los intereses de la política internacional.

La Red ha sido utilizada, con distintos resultados, para influir en procesos nacionales, desde la propagación de las confidencias de aquella becaria de la Casa Blanca que intimaba con el presidente Clinton hasta la denuncia del autoritarismo en Irán, China o Cuba. Con WikiLeaks estamos ante la incursión de Internet en la política global. Si aún había duda, ahora resulta claro que la Red de redes es mucho más que un instrumento para propagar entretenimiento y trivialidades, o para conectar a los individuos. Junto con eso, es un espacio central en la disputa por el poder.

3. WikiLeaks existe para contender con el poder establecido. No es una ocurrencia de algunos jóvenes despistados aunque expertos en informática. Se trata de una empresa creada para poner en evidencia excesos y debilidades de los gobiernos.

Hace varios años Julian Assange decidió involucrarse en la develación de documentos secretos como una manera de golpear al poder político. A fines de 2006 escribió en su blog IQ.ORG: Mientras más secreta o injusta es una organización, las filtraciones provocan más miedo y paranoia en su liderazgo y en los planes de esa camarilla. Esto debe minimizar la eficiencia de sus mecanismos de comunicaciones internas… resultando en una disminución en la habilidad para mantener el poder” (http://web.archive.org/web/20071020051936/http:/iq.org).

A juzgar por las reacciones en los gobiernos de Estados Unidos y varios países europeos, la develación de toneladas de documentos del Departamento de Estado, que WikiLeaks puso en línea el 28 de noviembre de 2010, ha ocasionado la reacción anticipada cuatro años antes por Julian Assange. Leer el resto de esta entrada »

Vivir en una sociedad virtual

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Vivir en una sociedad virtual
Entrevista con Raúl Trejo Delarbre

Ariel Ruiz Mondragón

Conversación tomada del blog Bibliálogos. Entrevistas con autores de libros. 21 de agosto de 2008.

Producto de una formidable revolución científico-tecnológica, Internet se ha convertido en la parte fundamental de un fenómeno de gigantescas dimensiones en las diferentes vertientes de la vida de la humanidad: la por algunos llamada Sociedad de la Información, que existe alrededor de la vastísima cantidad de información y posibilidades de comunicación que con formidable rapidez y facilidad nos permiten los medios digitales, en especial la red de redes. Leer el resto de esta entrada »

“Los mexicanos estamos en un laberinto informativo”

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 Entrevista de Alfredo Ortiz Santos publicada el 5 de septiembre de 2006 en La Crónica de Hoy
“México está en desventaja en el rubro de internet respecto de otros países, principalmente latinoamericanos”, expresa el investigador Raúl Trejo Delarbre en entrevista con Crónica a propósito de su libro Viviendo en El Aleph. La Sociedad de la Información y sus laberintos (Gedisa/ILCE 2006).
De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Internet, en 2005 había solamente 17.1 millones de internautas (el 17% de la población, aproximadamente).
Por eso, asegura el investigador y académico, “retomo la obra de Borges en la que alguna referencia hace al laberinto. Porque en eso es en lo que estamos los mexicanos: en un laberinto informativo. El otro ejemplo patético es África, ya que ahí sólo navega en internet el uno por ciento de la población”.
El relato de Borges, como metáfora, le sirvió para escribir su estudio, por lo que afirma: “Para aderezar el libro encontré que era sugerente la lectura de Borges, no sólo por el símil de El Aleph. Es importante señalar que el escritor argentino tiene una reconocida obsesión por los espejos y los laberintos. Lo que encontré es la unión que existe entre la internet y los espejos; así Borges se convierte en un profeta de las nuevas tecnologías”.
El también autor de Mediocracia sin mediaciones añadió: “Considero que hay exigencias en la vida cotidiana que atentan contra la sensibilidad tradicional: la gente piensa que tiene menos tiempo para conversar o que hay menos espacios para el afecto. Creo que estamos ante el surgimiento de nuevas expresiones de sensibilidad en la vida contemporánea; se dan nuevos recursos para interactuar entre los seres humanos”.
En el libro, el autor desmenuza cada uno de los elementos de la Sociedad de la Información y clarifica algunos puntos esenciales sobre el funcionamiento de la internet y cómo el escritor argentino fue un profeta con El Aleph.
Añade Delarbre: “Creo que los registros más verificables se encuentran en internet, la gente abre diario los blogs para comunicarse, intercambia emociones, experiencias en los salones de chat, habiéndose algunos relacionado fuera de éste o más aún: algunos que sin conocerse esencialmente mantienen una relación por muchos años sin haberse conocido físicamente.
“Así los afectos encuentran nuevas modalidades para relacionarse y nuevos alcances con amigos en países distantes con los que tenemos comunicación sin tener que viajar”.
El también periodista añadió: “El correo electrónico es un elemento formidable; sin embargo, tenemos un problema, algunas personas cuando escriben comprimen de tal manera sus mensajes que se han perdido las formas tradicionales del intercambio epistolar, donde la gente decía: ‘Estimado fulano de tal’ o ‘Por medio de la presente espero te encuentres…’ Las emociones son tales que ya se va directo en el mensaje por lo que se perdió la riqueza del lenguaje. Los mensajes compilan tanto el lenguaje que lo que se transmite son formas de conversación tradicionales”.

Es un volumen para los interesados en nuevas tecnologías
En el libro Viviendo en El Aleph, el maestro Raúl Trejo Delarbre refiere que hemos llegado a la Sociedad de la Información como un acontecimiento inherente a nuestra cultura y cuyo eje vertebral está constituido por la Red.
Todos conocemos la importancia del teléfono y la televisión, el ritmo que impone el zappin, el ejercicio de libertad y exhibición que ofrecen los blogs , por eso la vigencia del mundo Borgeano es más actual que nunca.
En cuanto a que sí es un libro académico, Trejo Delarbre manifestó: “Espero que el libro sea leído con gusto y utilidad, pues sirve aquellos que están llevando cursos sobre nuevas tecnologías o periodismo electrónico. Es para gente interesada en entender cómo nos afectan, benefician o influyen las nuevas tecnologías de la información”, concluyó.
Raúl Trejo Delarbre (México 1953) es investigador titular en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores y del Instituto de Estudios para la Transición Democrática.
Ha ejercido el periodismo en diversos medios, entre ellos Crónica. En 1994 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo.

¿Cuál gobierno?

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Publicado en Política digital, diciembre de 2005

A estas alturas del sexenio he perdido cualquier confianza, si es que alguna vez la tuve, en los propósitos y las capacidades del gobierno del presidente Vicente Fox. Nunca creí en las aptitudes del presidente y su equipo pero merecían el beneficio de la duda. Hoy la única certeza que tenemos es que falta un año para que termine esa administración.

   En el terreno de la política digital siempre reconocí que la de Fox era la única propuesta que, en 2000, hacía énfasis en las ventajas de la informática. Pero en ese, como en tantos temas, el gobierno ha sido un fiasco. e-México y e-gobierno fueron proyectos fundamentalmente huecos. A las computadoras y a la Red se les idealizó como si no fuesen instrumentos que sólo funcionan cuando están al servicio de políticas específicas.

   La única política informática en México es la que mantienen las empresas de ese ramo. En los municipios hay computadoras pero sin que en todos los casos se sepa, bien a bien, qué uso se les puede dar. Se han tendido redes hasta algunas escuelas pero no se ha puesto el énfasis en la capacitación de los profesores hipotéticamente destinados a utilizarlas. Y no hay proyectos para diseñar contenidos auténticamente originales.

   Antes de cumplir este encargo de Política Digital me di una vuelta por el portal electrónico del gobierno mexicano, http://www.gob.mx,  en un afán para identificar novedades y, si fuera posible, avances. Lamentablemente confirmé la pobreza de contenidos, los defectos técnicos y la ausencia de una idea integral de relaciones con la sociedad que han definido al llamado gobierno electrónico durante estos años.

   Allí, abrí el sitio del “Observatorio laboral” que pretendidamente contiene “información en línea” sobre el mercado de trabajo. Pero lo que ofrece es una compleja clasificación de variadas actividades. De allí no se puede transitar a los sitios en donde hay ofertas de trabajo. Para eso hay que regresar al portal y dirigirse a www.chambatel.gob.mx A los diseñadores de estos sitios nadie les ha platicado que existen ligas para brincar de un domicilio a otro en la Internet.

   En el portal del gobierno la sección “Democracia” conduce a una docena de temas. El rubro “Partidos políticos y elecciones” contiene, a su vez, tres apartados. Hay un calendario electoral que no fue elaborado por el gobierno sino por un centro de estudios privado, el CIDAC. Un directorio de partidos políticos incluye al Partido México Posible que, para desdicha de sus seguidores, desapareció hace varios años. También hay una liga al sitio del IFE con indicaciones para tramitar la credencial de elector.

   El rubro “Cultura política” ofrece un Calendario político de México 2004. Pero se trata de una compilación de fechas cívicas. Así me entero de que hoy, viernes 21 de octubre, es aniversario de la promulgación de la Constitución de Apatzingán. No hay una sola liga que pueda conducir a más información sobre esa efeméride. Para mi sorpresa ese calendario no ha sido elaborado por el gobierno federal sino por el gobierno del Estado de México.

   Descuidada, descontextualizada, improvisada, vieja y sobre todo ajena, la información a la que conduce www.gob.mx carece de utilidad sustantiva. Tampoco ha tenido éxito para alentar la participación de sus usuarios. El Foro de la Democracia, que forma parte del portal, muestra en su primera página 30 mensajes, registrados del 14 de enero de 2004 al 19 de septiembre de 2005. Sorprende que sean tan pocos, en un lapso tan amplio. Pero asombra más la escasez de sus participantes. 14 de esas contribuciones se deben a un señor llamado Rodolfo Rosas Escobar; otras 10 las escribió el ciudadano Dagoberto Gmo. Flores Lozano. Dos ciudadanos acapararon, durante 20 meses, la discusión del Foro electrónico sobre democracia del gobierno mexicano.

   El portal tiene 16 foros. El otro más concurrido está destinado a la Educación. Los 30 mensajes más recientes, el día que hago esta visita, van del 12 de abril de 2004 al 21 de octubre de 2005. De ellos, 24 fueron colocados por el señor Rodolfo Rosas Escobar. Otros 4 los escribió don Dagoberto Gmo. Flores. ¿Qué haría el e-gobierno sin esos dos abnegados ciudadanos?

   En México no tenemos auténtico gobierno electrónico, al menos en el plano federal. Para el gobierno la informática no ha sido un instrumento de relación con los ciudadanos sino de simulación.

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La persona en la Sociedad de la Información

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Texto escrito en abril de 2005 a solicitud de la oficina de la UNESCO en Madrid y publicado más tarde en el libro La Sociedad de la Información en el siglo XXI: un requisito para el desarrollo. Volumen 2. Reflexiones y conocimiento compartido, editado oir la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información en España.

 

El Plan de Acción aprobado en la primera fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (Ginebra, diciembre de 2003) se refiere fundamentalmente al estímulo a políticas generales para extender y promover el uso de las nuevas tecnologías en este campo. No es un documento específicamente dedicado a los usos peculiares ni a las consecuencias de estas tecnologías en la vida de las personas.

   Pero es evidente que sin aquilatar sus efectos reales en las relaciones, el trabajo, las actividades cotidianas y desde luego en la ampliación de las perspectivas culturales, profesionales y vitales de quienes las utilizan, sería imposible diseñar un plan realmente integral para que la Sociedad de la Información lo sea, también, del Conocimiento y el desarrollo de las personas.

   Esa preocupación ha sido expresada de distintas maneras. Las dificultades para precisar el papel de la persona en la Sociedad de lnformación se puntualiza en interrogantes como las siguientes:

    ¿”Es importante la incorporación de la Sociedad de la Información en los hábitos de las personas para mantener y/o mejorar el nivel de empleabilidad de las personas? La interrelación de la vida personal y familiar con la profesional, ¿son dos caras de la misma moneda? ¿En qué posición queda la persona en la nueva Sociedad Red?¿Qué hábitos de uso de las TIC estamos integrando en nuestras vidas? ¿Qué diferencias hay entre quienes asimilaron las TIC a cierta edad (los inmigrantes digitales) y quienes nacieron con ellas (los naturales)?” [1].

   El Plan de Acción elaborado en Ginebra para ser considerado en la segunda fase de la Cumbre Mundial –que se realizará en Túnez a fines de 2005– no responde a esas preguntas. Pero involucra temas y problemas de cuya solución depende la manera y la intensidad con que los individuos se apropiarán o quedarán al margen de los recursos de información e interconexión previstos para la Sociedad de la Información (SI).

   Debido a su carácter y al formato, ese documento no se detiene a reflexionar en las repercusiones que la SI tiene y alcanzará cada vez más en las personas. Cabe resaltar, solamente, que la SI modifica, en ocasiones radicalmente, el contexto en el cual aprenden, laboran, se relacionan y comunican los individuos. En ese marco las nuevas tecnologías –especialmente la Internet– crean formas inéditas no solo para el trabajo y la educación a distancia. Junto con ello surgen nuevos espacios como el correo electrónico, el chat y los blogs, en donde lo mismo se replican formas de relación convencionales que se establecen nuevos ámbitos tanto para el trato persona a persona como para la socialización entre individuos que comparten intereses comunes.

   Para vivir y sobrevivir en la SI es necesario dominar destrezas específicas. La capacitación no sólo para encontrar información y saber discriminar entre ella sino, también, para colocar contenidos en las redes informáticas, se ha convertido en requisito indispensable en la formación cultural, la competitividad laboral y las opciones sociales de las personas. El Plan de Acción contempla la creación de capacidades para este nuevo entorno, entre otras áreas en el empleo de las TIC para la enseñanza y la formación de profesores. Sería pertinente que se hiciera énfasis en el adiestramiento de quienes ahora desarrollan tareas docentes y no solo en la preparación de aquellos que aspiran a trabajar en ese campo. También sería deseable que se precisaran mecanismos de financiamiento a fin de respaldar la formación para el uso de estas tecnologías y que existieran formas de evaluación de tales actividades.

   El Plan de Acción sugiere impulsar distintos usos de tales tecnologías. Además, sería conveniente reconocer las ventajas específicas que pueden tener de acuerdo con cada circunstancia nacional y regional. Es provechoso que se mencione al teletrabajo para que las personas “vivan en sus sociedades y trabajen en cualquier lugar”. Además se pueden identificar ventajas como el empleo de recursos informáticos para que los ciudadanos que han tenido que emigrar para encontrar empleo puedan enviar remesas a sus países de origen a través de transferencias electrónicas. Reglamentar y transparentar el uso de tales recursos es una necesidad acuciante en varios países de América Latina.

   Junto a los usos que les darán las personas, las nuevas tecnologías de la información implican desafíos en terrenos como la seguridad, la protección de derechos de autor y la privacía. En este aspecto el documento resulta especialmente pobre, sobre todo en comparación con las versiones previas de Plan de Acción que fueron elaboradas antes de la reunión de diciembre de 2003 en Ginebra. No basta con pretender la “sensibilización de los usuarios sobre la privacidad en línea”. Hace falta la promoción de políticas nacionales y compromisos internacionales para reivindicar el inalienable derecho de los individuos a resolver sobre la divulgación de sus datos personales.

   Otro rubro en el que se advierte un retroceso en contraste con las versiones anteriores de Plan de Acción, es el de los medios de comunicación convencionales. En particular se echa de menos la ausencia de alusiones a los medios de comunicación de carácter público –los cuales, en vista de que no tienen la ganancia mercantil como prioridad central, pueden ser más receptivos a necesidades, intereses y búsquedas comunicacionales de los ciudadanos–.  También ha sido deplorable la desaparición del apartado que proponía evitar la concentración en la propiedad de los medios de comunicación.

   El Plan de Acción recupera numerosos objetivos pertinentes. Pero al formularlos de manera general, sin metas específicas, aparecen simplemente como un inventario de buenas intenciones. Sería preciso que objetivos como la conexión de aldeas y creación de puntos de acceso comunitario, la conexión de universidades y escuelas de todos los niveles así como de bibliotecas y centros culturales, oficinas gubernamentales y el acceso de toda la población mundial a la cobertura de la televisión y la radio, entre otros rubros, tuvieran plazos y compromisos claros.

   Lo mismo la Solidaridad Digital, que es una de las iniciativas más relevantes que surgieron de la Cumbre en Ginebra. Hablar de “Agenda” y no de “Fondo” como inicialmente se había previsto, indica una preocupante ausencia de compromisos tanto del sector privado como de los gobiernos de las naciones con más recursos.

   Identificar los efectos que tendrá la SI en las personas obliga a desarrollar, de inmediato, una ambiciosa red de investigación acerca de estos y otros aspectos relacionados con la apropiación social de las nuevas tecnologías de la información. El Plan de Acción se propone “fomentar la investigación sobre la Sociedad de la Información” pero sería conveniente que hiciera más precisiones al respecto. En países como los de Iberoamérica, seguimos sin contar con indicadores homogéneos, registro de experiencias, inventarios de recursos y otros datos necesarios para tomarle el pulso al desarrollo de la SI así como a sus rezagos y dificultades. Temas como el empleo de los idiomas español y portugués, han sido motivo de atención por parte de grupos de expertos y organismos internacionales pero han carecido de la continuidad necesaria para lograr un registro temporalmente ambicioso de estos cambios. La creación de indicadores y puntos de referencia que sugiere el Plan de Acción (en su apartado 28 b) requeriría de evaluaciones y discusiones específicas en países como los de Iberoamérica.

   Iniciativas como la creación de un sitio web para reseñar “prácticas óptimas y proyectos con resultados satisfactorios” son sin duda útiles aunque modestas. Habría que pensar no en uno solamente, sino en una red de sitios con información de esa índole. Y sería necesario recuperar los detalles no sólo de experiencias exitosas sino, también, de aquellas que han encontrado dificultades relevantes. Es pertinente construir una visión que no se estanque en los diagnósticos pesimistas pero que tampoco se limite a una apreciación falsamente optimista de la Sociedad de la Información.

[1] “La sociedad de la Información en el Siglo XXI: un requisito para el desarrollo. 2ª parte”. Iniciativa del Ministerio de Ciencia y Tecnología para complementar la participación española en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. Disponible en: http://www.desarrollosi.org/2a_parte.pdf

 

Democracia en manos de los hackers

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Publicado el 21 de junio de 2004 en La Crónica de Hoy y otros diarios

La participación en elecciones mexicanas de nuestros compatriotas que radican en el extranjero parece una causa noble, justa e  indiscutible. Pero puede convertirse en el suicidio de la democracia mexicana.

   Las campañas fuera del país serían ajenas al control de la autoridad electoral. Muchos de los minuciosos controles que México tuvo que incorporar a la normatividad para las elecciones resultarían inservibles en votaciones fuera de nuestras fronteras. Además esos comicios tendrían un costo que, hasta ahora, nadie ha podido estimar de manera realista.

   El gobierno federal y al parecer algunos partidos suponen que esas elecciones, total o parcialmente, podrían realizarse a través de la Internet. Con buena voluntad pero preocupante desconocimiento, existe la idea de que los problemas de seguridad y logística que supondría una votación electrónica y a distancia podrían resolverse de aquí a los comicios federales de julio de 2006.

   A quienes comparten esa opinión les resultará útil asomarse a la experiencia y la discusión internacionales sobre el uso electoral de la Internet. La mayoría de los especialistas coincide en alertar acerca de los riesgos que implica el tráfico de votos en un entramado abierto como es la Internet.

 

Posibles ciber-asaltos

   Hace cinco meses comité de especialistas en informática, convocados por el gobierno estadounidense, presentó una de las evaluaciones más categóricas que se han realizado acerca del empleo de la Internet para recabar votos de los ciudadanos.

   Los sistemas de votación sustentados en la Internet y en computadoras ordinarias, se dice allí, representan “numerosos y fundamentales problemas de seguridad que los hacen vulnerables a una variedad de bien conocidos ciber-ataques (asaltos internos, asaltos para impedir el servicio, engaños, distorsión automática del voto, ataques con virus contra las computadoras de los votantes, etcétera) cualquiera de los cuales podría ser catastrófico”.

   Esos ataques, continúa el informe, “podrían ocurrir en gran escala y podrían ser emitidos por cualquiera, desde algún descontento solitario hasta una agencia enemiga bien financiada y ubicada fuera del alcance de la justicia estadounidense”.

   Una o varias intromisiones de tales magnitudes, añade el documento, privarían de sus derechos a votantes específicos, implicarían violaciones a la privacía, abrirían la posibilidad de compraventa o el intercambio de votos, “incluso al grado de trastocar los resultados de muchas elecciones a la vez, incluyendo la elección presidencial”.

   Esas son parte de las conclusiones presentadas el 21 de enero pasado por el grupo creado para examinar el proyecto SERVE (Secure Electronic Registration and Voting Experiment), un sistema de votación a distancia sustentado en la Internet. Tal proyecto fue desarrollado por la corporación Accenture a petición del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El Pentágono estaba interesado en facilitar el voto de los militares estadounidenses, y de sus familias, que se encuentran fuera de ese país.

 

Proyecto del Pentágono

   Los especialistas que analizaron dicho proyecto son los doctores David Jefferson (que hace investigación sobre súper cómputo y encabezó el comité técnico para las elecciones con pantallas sensibles al tacto en California el año pasado), Aviel D. Rubin (director técnico del Instituto para Seguridad Informática de la Universidad John Hopkins), Barbara Simons (consultora en política tecnológica y ex investigadora de la IBM en ciencia computacional) y David Wagner (experto en seguridad y criptografía de la Universidad de California en Berkeley).

   El Departamento de Defensa se proponía invertir 22 millones de dólares para que 100 mil estadounidenses pudieran votar en las elecciones presidenciales de noviembre próximo. A partir de esa cifra podemos preguntarnos el costo que alcanzaría un sistema de sufragios por Internet para varios millones –no se ha precisado cuántos– de mexicanos.

   El problema va mucho más allá de los recursos financieros. Los cuatro especialistas alertan: “Con un diseño cuidadoso, algunos de los ataques podrían ser exitosos y hasta pasar completamente inadvertidos. Incluso si fuesen detectados y neutralizados, tales ataques podrían tener un devastador efecto en la confianza pública en las elecciones”.

 

Propuesta presidencial

   No obstante esas advertencias, en México la clase política se encuentra muy confiada con la posibilidad de que tengamos elecciones electrónicas a distancia, al menos para quienes votarían fuera del país. En la propuesta presidencial, cuya exposición de motivos asegura que recoge buena parte de las sugerencias de todos los partidos, se dice que habría tres modalidades para el sufragio en el extranjero: voto electrónico, voto postal y voto en casillas instaladas en centros de votación. Así quedaría establecido en uno de los artículos que se propone agregar al Código Federal Electoral.

   El voto electrónico puede tener dos modalidades. La primera de ellas es la instalación de urnas computarizadas, que al registrar automáticamente el sufragio facilitarían el conteo de votos. En varias elecciones recientes, entre otros sitios en Brasil, han sido probadas distintas variedades de esos dispositivos. Aunque automatizan el cómputo, aun tienen problemas de seguridad que no han sido claramente resueltos. En Estados Unidos existe una intensa discusión sobre las distorsiones y fraudes que pueden originarse con un manejo inescrupuloso de esas máquinas. En México el Instituto Electoral del Distrito Federal tiene un programa de urnas electrónicas.

   La otra posibilidad de voto electrónico es el sufragio a distancia, a través de la Internet. La iniciativa de ley se refiere a esa modalidad porque coloca en otro rubro la instalación de casillas en centros de votación.

   El voto por correo, dicho sea solo de paso, también ha sido muy cuestionado en distintas experiencias tanto norteamericanas como europeas. Las dificultades para identificar al ciudadano que ejerce el voto de esa manera, la posibilidad de que la correspondencia se extravíe o sea alterada y el tiempo que transcurre entre el envío y la recepción de la boleta por correspondencia, se encuentran entre los problemas que han llevado a desestimar ese mecanismo. Por eso el Pentágono ha querido estudiar opciones electrónicas para el voto de sus elementos que, estando en servicio, quieren ejercer el sufragio fuera del país.

 

Paquete para el IFE

   En México, la iniciativa de reformas a la legislación electoral que el presidente Vicente Fox envió el 15 de junio a la Comisión Permanente traslada al Instituto Federal Electoral la tarea de establecer los mecanismos de seguridad que habría para el voto desde el extranjero.

   En esa propuesta se dice: “El Consejo General del Instituto, con base en lo dispuesto en el presente ordenamiento, determinará los mecanismos, procedimientos y medidas de seguridad para garantizar que los votos emitidos en el extranjero cumplan con las características establecidas en la Constitución y en éste Código, particularmente en lo que se refiere a garantizar que el voto sea personal, secreto e intransferible”.

   Se trata de una manera discreta, pero poco elegante, para endosarle a otra autoridad el problema no sólo de la organización, sino de la supervisión de los procesos electorales. El IFE desde luego tendría que ser responsable de la recepción y el cómputo de cada voto en nuestros comicios. Pero las reglas para ello tendrían que ser claramente establecidas, de manera responsable, por el Poder Legislativo. El presidente se lava las manos respecto de esos detalles y simplemente sugiere que de ellos se ocupe la autoridad electoral.

   Y no es tan sencillo. Abrir las elecciones federales mexicanas a la participación de nuestros compatriotas en el extranjero supone una enorme operación financiera y logística pero, además, correr riesgos que la democracia mexicana no está en condiciones de enfrentar.  

 

Singularidad del sufragio

   Las votaciones por Internet constituyen uno de esos peligros. Esta semana, al explicar en varias estaciones de radio las opciones para el sufragio fuera del país, funcionarios de la Secretaría de Gobernación decían que seguramente los riesgos que implica la transferencia de información por la Internet serían resueltos. Si todos los días hay transacciones financieras por millones de dólares que se realizan sin errores, decían, con mayor razón los votos podrían ser emitidos a través de la Red.

   Sin embargo no es lo mismo enviar dinero de una cuenta bancaria a otra que remitir un voto electrónico. El grupo encabezado por el doctor David Jefferson consideró, al respecto, en el informe que hemos mencionado: “Muchas personan creen erróneamente que ya que pueden realizar transacciones comerciales de manera segura a través de la Internet, entonces también pueden votar con seguridad a través de ella. Primero, habitualmente subestiman los riesgos de las transacciones financieras en línea e ignoran muchos de los riesgos que corren incluso cuando tienen el cuidado de hacerlas en sitios web ‘seguros’ a través del protocolo SSL [Secure Socket Layer, un parámetro para la transmisión de datos a través de la Red]. Pero además suponen que votar es comparable de algún modo con una transacción financiera en línea cuando en realidad, la seguridad para las elecciones en Internet es con mucho más difícil que la seguridad para el comercio electrónico. Hay tres razones para ello: la importancia de lo que está en juego, la incapacidad para recuperarse de las fallas, e importantes diferencias estructurales entre los requisitos para las elecciones y para el comercio electrónico” (Jefferson, Rubin, Simons y Wagner, A Security Analysis of the Secure Electronic Registration and Voting Experiment).

 

Votar no es comprar

   La explicación del grupo de expertos abunda en esas diferencias. “En primer lugar, en las elecciones resulta esencial una alta seguridad. La democracia cuenta con una amplia confianza en la integridad de nuestras elecciones, así que lo que está en juego es enorme. Simplemente no nos podemos permitir equivocarnos en eso. En consecuencia, las elecciones requieren un nivel de seguridad más alto que el comercio electrónico. Aunque sabemos cómo construir sistemas de seguridad aceptables para el comercio electrónico, el grado de seguridad que requieren no es suficiente para las elecciones públicas” (cursivas en el documento original).

   “En segundo lugar, la votación por Internet es estructuralmente distinta de –y fundamentalmente más desafiante que– la seguridad en el comercio electrónico. Por ejemplo, si su cónyuge emplea su tarjeta de crédito con su consentimiento esa no constituye una falla se seguridad; es rutinario delegar la autoridad para hacer transacciones financieras. Pero es una falla de seguridad si su cónyuge puede votar en su representación, aunque tenga su consentimiento: el derecho al voto no es transferible y no debería ser delegado, vendido, comerciado o entregado. Otra distinción entre las elecciones y el comercio electrónico es que cuando debido a un ataque informático no se puede realizar una transacción electrónica, ello puede significar que un negocio se pierda o se posponga pero no  deslegitima el resto de las transacciones que no fueron afectadas. Sin embargo, en una elección un ataque que ocasione la suspensión de un servicio puede resultar en una irreversible privación de los derechos ciudadanos y, dependiendo de la severidad de la agresión, podría estar comprometida la legitimidad de toda la elección”.

 

Anonimato en peligro

   El Informe describe de esta manera las dificultades para asegurar el secreto del voto en la Internet: “En tercer lugar el especial anonimato que requieren las elecciones públicas hace difícil la detección de fallas de seguridad en un sistema de votación por Internet y mucho menos recuperarse de ellas, mientras que la detección y la recuperación en el comercio electrónico es mucho más sencilla debido a que no es anónimo. En un escenario comercial la gente puede detectar muchos errores y fraudes cotejando facturas, testimonios y recibos; y cuando se detecta un problema es posible la recuperación (al menos parcialmente) a través de reembolsos, seguros, deducciones fiscales o acciones legales. En contraste, los sistemas de votación no deberían extender recibos porque violarían el anonimato y propiciarían la compra de votos así como la coerción y la intimidación. No obstante, aunque un sistema de votación no puede extender recibos indicando cómo votó la gente, es vital para el sistema tener tal  transparencia que cada elector o electora tenga confianza en que su voto es adecuadamente registrado y contabilizado y, de manera más amplia, que así ocurre con los votos de todos”.

   “Los sistemas de comercio electrónico –añade el documento de Jefferson y sus colegas– no tienen esas exigencias. Por lo general, diseñar un sistema de votación por Internet que pueda detectar y corregir cualquier forma de fraude electoral sin extender a los votantes recibos que indiquen cómo votaron y que no implique riesgos a la privacía del voto al permitir que a los votantes se les asocie con sus votos, es un profundo y complejo problema de seguridad que no tiene similitud con el mundo del comercio electrónico. Por esas razones, la existencia de tecnología que proporciona adecuada seguridad al comercio por Internet no implica que las votaciones por Internet puedan ser seguras”.

 

Inevitable vulnerabilidad

   La iniciativa presidencial para facilitar el voto en el extranjero sugiere, en la exposición de motivos, que el IFE establezca la votación electrónica en sitios de poca concentración de mexicanos “para conocer y evaluar de forma práctica los posibles riesgos y las ventajas que esta modalidad traerla consigo”. Ese reconocimiento a la probabilidad de riesgos es, de por sí, preocupante. Pero una vez que a los mexicanos en una localidad se les autorizara a votar por Internet, sería difícil impedir que otros más pudieran hacerlo. Determinar formas de votación exclusivas para un sector, resultaría discriminatorio para los ciudadanos a quienes no se les permitiera ejercer el sufragio de esa manera.

   El voto por electrónico –entre el cual se encuentra el que se podría ejercer a través de la Internet– tiene, por supuesto, defensores y promotores. Sin embargo la mayoría de ellos forman parte de empresas dedicadas a vender sistemas para el sufragio en línea o en urnas electrónicas. En Estados Unidos y Europa, los partidarios más insistentes de esos procedimientos de votación suelen estar vinculados a tales compañías.

   En cambio desde la opinión especializada, originada en instituciones académicas o consultorías independientes, las advertencias son enfáticas. La especialista Rebecca Mercuri, que encabeza una firma de asesores en seguridad y votación electrónicas, recuerda que “los sistemas completamente electrónicos no proporcionan ninguna vía para que el votante pueda verificar realmente que su voto corresponda con el que ha sido registrado, transmitido y tabulado. Cualquier programador puede escribir un código que muestre una cosa en la pantalla, registre otra más e imprima otro resultado… Si el mayor productor de software en Estados Unidos no puede proteger su propia compañía de un ataque por Internet, uno puede comprender que los sistemas de votación (creados por esa u otras firmas) no serán mejores (y probablemente sí serán peores) en términos de vulnerabilidad”.

   Jason Kitcat, experto y consultor en temas de gobierno electrónico, considera que muchos políticos quieren promover el voto por computadora como una forma de resolver el desaliento de los ciudadanos respecto de los partidos y las elecciones. Sin embargo, considera, hacer descansar la renovación de la democracia en recursos como el voto electrónico puede ocasionar acciones fraudulentas. Y coincide con otros especialistas: el voto electrónico a distancia requiere de formas de autentificación que todavía resultan imperfectas.

 

Escaso acceso a la Red

   Una apreciación similar ha sido compartida por la Oficina de Ciencia y Tecnología del Parlamento Europeo que en un informe publicado en mayo de 2001, enumeraba los riesgos que se mantenían para el voto a través de la Internet. Distintos reportes sobre ese tema concluyen, se decía, “que se necesita mayor investigación antes de que las elecciones por Internet puedan resultar seguras”. Allí se recordaban las conclusiones de un estudio de la Fundación Nacional para la Ciencia en Estados Unidos que determinó: “Los sistemas de votación remota por Internet representan significativos riesgos para la integridad del proceso electoral y no deberían ser establecidos para el uso en elecciones públicas hasta que sean tratados sustanciales asuntos técnicos y de las ciencias sociales”.

   Además de los aspectos técnicos, se mencionaban los aun escasos niveles de acceso público a la Internet, las dificultades de amplios sectores de la sociedad para utilizar la Red y la posibilidad de que el respeto que la gente tiene ahora por las elecciones –que son un sistema visible y fácil de comprender y fiscalizar– fuese alterado por el empleo de mecanismos en los que no se tenga suficiente confianza.

   Un problema, entre otros, para que los mexicanos en el extranjero votaran por Internet, se encuentra en el aun insuficiente acceso que nuestros compatriotas en Estados Unidos tienen a ese recurso informático.

 

Peliaguda identificación

   La única manera imaginable hoy en día para que el voto por Internet fuese inviolable, sería con el empleo de mecanismos de identificación biométrica. Los más utilizados son el reconocimiento de huellas dactilares, el registro del iris ocular o la identificación del votante a través de la voz. Cada uno de esos métodos requiere de una infraestructura tecnológica y de registros previos con los que el sistema electoral mexicano no cuenta hoy en día. La huella dactilar de cada ciudadano está reproducida en la credencial de elector, pero utilizarla para el cotejo del voto en línea implicaría que el votante tuviera en su computadora un mecanismo para escanear o grabar su propia huella, lo cual complicaría enormemente esa modalidad de sufragio. Y aun así, habría posibilidades de un ataque informático que trastocara esas elecciones.

   La Internet constituye una herramienta fabulosa para que los ciudadanos estén informados acerca de los candidatos y partidos que compiten en cada elección. Es, también, un recurso insustituible para que sigamos el cómputo de votos como ha sucedido en los comicios federales más recientes en nuestro país. Sin embargo aun no existen los mecanismos de seguridad y verificación que permitan asegurar la confidencialidad y autenticidad de las votaciones a través de ella. La informática es un respaldo fundamental para la cultura y las prácticas ciudadanas, siempre y cuando no se magnifiquen ni mitifiquen sus posibilidades. Establecer el voto en línea, podría colocar a nuestra democracia en manos de los hackers.

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Una red para la gente

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Fragmento de la participación presentada en la Conferencia Internacional El Reto de México ante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. Senado de la República, México, 28 de mayo de 2003


La próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información ha revitalizado, en numerosos países, el debate acerca de las nuevas tecnologías de la comunicación y los usos que pueden tener. Lamentablemente en México hemos estado casi del todo ajenos a esa intensa, extensa y en otras latitudes fructífera discusión. Ni los especialistas interesados en estos temas, ni la sociedad que es a la postre beneficiaria o damnificada según sea el empleo de tales tecnologías, ni los organismos del Estado a cargo de tales asuntos, han propiciado la reflexión colectiva que nos podría permitir tanto afinar las posiciones de nuestro país rumbo a la cumbre de Ginebra y Túnez como deliberar, en ese contexto, acerca de lo mucho que nos falta para tener un país auténticamente imbricado en la construcción de una auténtica Sociedad de la Información.

Por eso es en tantos sentidos bienvenida la Conferencia convocada por el Senado de la República. Si bien ha sido lamentable la intencional ausencia de los representantes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que según se ha informado cancelaron su participación apenas unas horas antes de la mesa redonda en la que se habían comprometido a participar, es muy alentadora la respuesta de muchas otras instituciones y organizaciones. Hoy podemos afirmar que, al fin, el de la Sociedad de la Información es un tema que comienza a formar parte de la agenda pública mexicana. Quienes mantengan el interés por intercambiar impresiones en espacios como este se beneficiarán de uno de los rasgos esenciales de la Sociedad de la Información, que es la interactividad. Quienes decidan permanecer al margen de coloquios como este, seguirán apartados de las percepciones e inquietudes que la sociedad mexicana tiene en su aproximación a las nuevas tecnologías de la información.

Compleja brecha digital

Al ocuparnos de la relación entre los ciudadanos del mundo actual y la Sociedad de la Información –específicamente la Internet, a la que podríamos considerar como su columna vertebral–, encontramos dificultades de cantidad y calidad. Entre las primeras destaca la todavía escasa presencia de la red de redes entre los habitantes del planeta. El cuadro uno compara el número de usuarios de la Red que la empresa Nielsen estimaba en marzo de 2003 y muestra el porcentaje de cibernautas en cada región del mundo, así como sus dimensiones dentro de la población de cada zona.

Cuadro Uno

La brecha digital / Internet en el mundo

Región

Usuarios marzo 2003

% usuarios

Cobertura (% población)

África

6 866 400

1.1%

0.8%

América

222 238 795

36.6%

26.0%

Asia

185 458 120

30.5%

5.2%

Europa

172 834 809

28.4%

23.8%

Med Oriente

7 165 407

1.2%

2.9%

Oceanía

13 069 833

2.2%

42.1%

Total mundial

607 633 364

100 %

9.7%

Fuente: a partir de datos de Nielsen NetRatings

Datos como los anteriores confirman que, al menos en alguna medida, la Internet y sus distintos afluentes informáticos se han llegado a convertir en un nuevo espacio de desigualdades en el mundo de nuestros días. Eso no implica que nos resignemos a las dimensiones actuales de la brecha digital que escinde a unos países de otros y que, también, implica contrastes dentro de cada nación.

Ya que se trata de un medio de comunicación y un espacio social tan nuevos, aun estamos a tiempo de emprender los esfuerzos necesarios para que la Internet deje de ser un indicador más de la inequidad en nuestro mundo. Para ello es preciso reconocer en qué medida las nuevas tecnologías proporcionan un ámbito de recreación, conocimiento e información y de qué manera también se convierten en nueva zona de injusticias y desigualdades.

Las cifras anteriores hacen patente que en el mundo contemporáneo mucha gente (cerca del 90% de los habitantes del planeta) sigue sin disfrutar de los bienes informáticos. Del total mundial de más o menos 607 millones de personas con posibilidades para conectarse a la Internet tenemos una gran cantidad –más de la tercera parte– que se concentra en América del Norte. Europa reúne casi a otro 30%.

Pero si bien entre Norteamérica y Europa se encuentra más del 67% por ciento de los usuarios de la Red, en esos sitios radica apenas el 13% de la población total del planeta.

En América Latina, como puede apreciarse en el cuadro dos, el porcentaje de internautas es muy inferior al promedio mundial del 10%. Brasil y Argentina superan ese porcentaje y Chile casi se le acerca. Pero en cambio Colombia, Venezuela están abajo del 6% de usuarios de Internet respecto de su población total y Perú no llega al 3.5%.

En ese panorama la situación de México es desalentadora. A pesar de que el nuestro fue uno de los primeros países conectados a la Red, a mediados de 2003 la cantidad de usuarios de ese medio apenas llega al 5% según las estimaciones más frecuentes. En las zonas urbanas más importantes, como la ciudad de México y Monterrey, ese porcentaje se duplica o quizá se triplica. Pero en términos nacionales seguimos teniendo una situación de rezago tanto respecto del mundo, como en comparación con otros países de la región latinoamericana.

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Auge y estancamiento en México y el mundo

El desarrollo de la red de redes en nuestro país ha sido paralelo a la expansión de este recurso en el mundo entero, como puede apreciarse en el cuadro tres. Allí se comparan, a partir de fuentes distintas pero que ofrecen datos homologables, las variaciones en la cantidad de usuarios de la Internet en el mundo y en México.

 

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Aparentemente la evolución global y mexicana de la Red han sido casi paralelas. Entre 1995 y 2000 prácticamente cada año se duplicó la cantidad de cibernautas en cada uno de esos ámbitos y a partir de entonces los incrementos fueron de aproximadamente 40 y 30%, respectivamente. Es decir, en ambos planos –global y nacional– se aprecia una desaceleración en el ritmo de crecimiento que la Internet tuvo en su lapso de mayor desarrollo hasta la fecha, en el último lustro del siglo XX.

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 Las tendencias que se muestran en el cuadro tres ofrecen otras conclusiones a partir de la comparación del ritmo de crecimiento de la Red, año por año, como se aprecia en el cuadro cuatro. Allí se contrastan las variaciones porcentuales entre la cantidad total de usuarios, de un año a otro, tanto global como nacionalmente.

Así, podemos constatar que entre 1995 y 1996 y en el bienio siguiente el número de usuarios de la Red creció en México casi el doble y más del triple. Sin embargo a partir del lapso 1998-1999 ese ritmo se estanca y luego cae notablemente.

Mientras en el mundo los internautas aumentan 80% entre 1999 y el último año del siglo, en México ese crecimiento fue solamente del 49%. Más adelante el crecimiento de usuarios en nuestro país aumenta por encima del porcentaje mundial: 34% en México en el tránsito de una centuria a otra, cuando la cifra global es de 23%.

Y en el periodo más reciente el aumento de usuarios de la Red fue de 28% en México mientras que en el mundo, solamente de 10% de un año a otro.

Esos datos pueden ser leídos de dos maneras. En contraste con la tendencia mundial, México ha tenido altibajos y en los años más recientes un crecimiento mayor que su entorno internacional. Sin embargo, a diferencia de las metas que tanto el gobierno como diversas empresas privadas habían sugerido, en el parteaguas del milenio la Internet se ha desarrollado en México de manera cada vez más lenta. No podemos afirmar que el cambio de gobierno haya tenido alguna relación con esa caída en el ritmo nacional de crecimiento de usuarios de la Red pero ambos hechos coinciden significativamente.

Pocos usuarios y páginas web

Ante ese panorama no resulta sorprendente, aunque no deje de suscitar preocupación, el rezago mexicano en el empleo de la Internet al lado de los países más desarrollados del mundo. México no ha dejado de ser un participante menor en el consumo de nuevas tecnologías entre las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos como se aprecia en el cuadro cinco, con datos de 2000.

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La brecha digital se aprecia tanto en la capacidad de cada sociedad y nación para conectarse a la Internet, como en la posibilidad que tiene para colocar información en ella. Independientemente de la calidad que tenga esa información, un indicador para contrastarla es la cantidad de sitios web puestos en línea en servidores de cada país.

Con el propósito de comparar tales datos, la OECD muestra el número de sitios en la Red que hay por cada mil habitantes en sus países miembros. En el cuadro seis se aprecia la bajísima actividad mexicana en ese terreno, evaluada en julio de 2000. Si, como vimos en el cuadro anterior, en la comparación de usuarios de la Red el nuestro estaba en penúltimo sitio entre los países de esa organización, en la medición de sitios web quedamos en último término.

 

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México y la Cumbre Mundial

Ese es parte del contexto en el cual nuestro país acudirá a la Cumbre de Ginebra y Túnez –en diciembre de 2003 y noviembre de 2005 respectivamente–. La atención estatal y social al desarrollo de la Internet ha sido tan pobre como el interés que, hasta antes de esta Conferencia, había existido en México acerca de la Cumbre Mundial.

Sin deliberación y a menudo con indicadores tecnológicos y sociales notoriamente insuficientes, la reflexión que podemos alimentar acerca de la Sociedad de la Información es pobre. Al mismo tiempo, la Cumbre Mundial ofrece la oportunidad de ubicar en un panorama nuevo y útil el examen que sobre estos temas seamos capaces de impulsar en nuestro país.

A la Cumbre Mundial acudirán los gobiernos, en representación de cada país. Pero pocos eventos internacionales habrán estado precedidos de una discusión tan amplia como la que ahora mismo existe acerca de la Sociedad de la Información. En numerosos sitios de Internet, así como en reuniones nacionales y regionales, además de los gobiernos los organismos de la sociedad que así lo han querido pueden externar sus opiniones e influir en la conformación de las tesis que serán aprobadas en la Cumbre de Ginebra.

La representación del gobierno mexicano que vaya a ese encuentro y que desde hace varios meses participa en la discusión internacional sobre tales asuntos, no podría desatender opiniones como las que se están ventilando en esta Conferencia que auspicia el Senado de la República. En esta ocasión además, se puede apreciar la importancia que puede tener un Poder Legislativo resuelto a influir, nutriéndose de los puntos de vista de la sociedad, en temas de interés público que conciernen al bienestar de los ciudadanos y que forman parte, desde ya, de la agenda nacional. Ese es el caso de la Internet y el modelo de sociedad en el cual pretendamos ubicarla.

Pensar en la Cumbre Mundial implica mirar el desarrollo que ha tenido la Internet en nuestro país. La Cumbre es ocasión propicia para que, en México, el Estado y la sociedad sean capaces de precisar metas ambiciosas, pero cumplibles, para la red de redes.

Revisar e-México

El contraste entre la presencia mexicana en la Internet y el desarrollo mucho más fructífero que la Red ha tenido en otras naciones tendría que ser motivo suficiente para preocuparnos. Pero además, cuando revisamos experiencias internacionales y constatamos que los casos más exitosos de desarrollo informático han sido aquellos en los que a ese tema se le ha reconocido una importancia estratégica, encontramos motivos de alarma muy serios.

En México, hasta el gobierno pasado la Internet era considerada como un asunto que concernía solo a los ámbitos académico y comercial. No existía política de gobierno, y mucho menos de Estado, que se ocupara de tal tema.

La administración del presidente Vicente Fox reconoció la importancia de la Internet pero tampoco ha tenido, hasta ahora, una auténtica política de desarrollo en ese terreno. Los esfuerzos gubernamentales se han concentrado en el programa e-México que no tiene objetivos, ni contenidos, ni financiamiento suficientemente claros. La página web de ese proyecto es de una pobreza notable y prácticamente no informa nada acerca de planes, avances, ni sobre la concepción general que lo anima. Y aunque tuviese éxito, e-México no pasaría de ser un proyecto del gobierno pero no del Estado mexicano.

Esa ausencia podría resolverse si se entendiera que ningún diseño para impulsar a la Internet tendrá éxito si no cuenta con participación de todos los peldaños del entramado estatal –municipios, gobiernos de los estados, congresos locales y cámaras federales y desde luego el gobierno federal– además de un sólido amarre con los sectores de la sociedad interesados en estos temas.

Por eso, más que reformular al proyecto e-México como a menudo señalan sus no pocos críticos –y como se ha dicho en el transcurso de esta Conferencia– habría que reconocer que ha fracasado.

El fracaso de e-México para constituir una política informática de carácter integral y nacional, se advierte desde su concepción originaria. No se trata de un área peculiar del gobierno sino de un remiendo que fue colocado en la estructura de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Es inadmisible que la política informática de nuestro país se encuentre adscrita a esa dependencia, como si fuera únicamente un asunto técnico. En otras naciones, tanto de América Latina como en otras áreas, la política informática y el auspicio a la Internet en muchos casos está a cargo de comisiones o entidades autónomas. Cuando se encuentra adscrita a alguna oficina ya existente dentro de los organigramas gubernamentales, la entidad encargada de esas tareas suele ser ubicada en los ministerios de Ciencia y Tecnología, o de Educación.

En México en cambio, para el gobierno la Internet es un asunto técnico. No parecen importarle los contenidos, ni el aprendizaje necesario para aprovecharla, ni la capacidad de información e instrucción que entre otros atributos tiene la red de redes.

Un auténtico proyecto nacional para el desarrollo de la Internet podría tener como punto de partida la creación de un grupo de trabajo que con agilidad, sin enredos burocráticos y teniendo en cuenta las generosas experiencias internacionales que ya se conocen al respecto, diseñara el Programa Internet para México. En esa tarea podría tomarse como ejemplo a la sociedad y al gobierno brasileños que hace pocos años diseñaron el Libro Verde [1]. Esa es la colección de estrategias que resultaron de la reunión de un centenar de interesados y conocedores de esos asuntos –gente del mundo académico, del Congreso, de los estados o provincias– que discutieron y sugirieron los caminos para que en Brasil la Internet experimentase, como ha ocurrido, un crecimiento de cantidad pero también de calidad.

Cuatro puntos insoslayables

Mientras nos ponemos de acuerdo para confirmar la inutilidad del proyecto e-México y sin dejar de pensar en la Cumbre Mundial, hay por lo menos cuatro temas que, de acuerdo con la discusión internacional y la situación mexicana, parecieran prioritarios.

El debate de estos y otros rubros permitirá nutrir las posiciones mexicanas en espacios como los de Ginebra y Túnez. Pero además, en la medida en que temas como estos vayan formando parte de las preocupaciones de ciudadanos y gobernantes, será mayor la posibilidad de enfrentarlos con imaginación, inteligencia y recursos. Si la Internet ha de ser una red para todos, resulta preciso construirle una intensa presencia social.

1. Ampliar la cobertura pero también la calidad de las conexiones a la Internet. El desarrollo de sistemas de banda ancha que permiten un intercambio de paquetes de información mucho más veloz que a través de las tradicionales conexiones por módem y teléfono está abriendo nuevas perspectivas para la Internet. Esa nueva capacidad, desde luego plausible, puede llevarnos a una nueva forma de escisión entre los mexicanos: aquellos que se conectan por módem telefónico y los que tienen el privilegio de contar con enlaces de calidad y velocidad notablemente mayores.

2. Desarrollar y extender la educación para el uso de la Red y del conjunto de nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Las conexiones no bastan. Para aprovecharlas se requiere de una capacitación a la que todavía no estamos habituados. Sería necesario que en las escuelas de todos los niveles se enseñara a emplear la Internet, con la misma atención que se invierte para enseñar a leer y escribir y luego, desarrollar esas habilidades.

3. Impulsar contenidos nacionales para la Red. Aquí también se puede hablar de cantidad y calidad inevitablemente complementarias. No sería suficiente que existieran muchos sitios de factura mexicana en la World Wide web. Junto con ello es posible –deseable también– incrementar la calidad de los contenidos mexicanos en esa inagotable colección de espacios. La iniciativa de la sociedad es muy valiosa para desplegar, con imaginación y libertad, tantos acercamientos a la Red como los usuarios mexicanos sean capaces. Pero además es pertinente que el Estado asuma como tarea relevante el impulso a la creación de contenidos nacionales en la red de redes. Esa sería una manera de respaldar la cultura y la idiosincrasia pero también, desde luego, la enseñanza, la información, el comercio y otras actividades en la Red.

4. Defender la libertad de expresión y la privacía en la Internet. Esos, constituyen principios fundamentales que alientan el interés por la Red entre internautas de todas las nacionalidades. Pero conforme la Internet ha crecido y ganado influencia –y especialmente a partir del recrudecimiento que han experimentado políticas de supervisión y persecución como las que impulsa el gobierno de Estados Unidos– resultan más importantes la defensa de la libertad de expresión y del derecho de sus usuarios a la privacía, en la Internet igual que en cualquier otra zona del espacio público contemporáneo.

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[1] Livro Verde de Sociedade da Informacao. Brasilia, septiembre 2000: http://www.socinfo.org.br/livro_verde/download.htm

Información: diagnósticos, discrepancias, deliberaciones

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Publicado el 1 de junio de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Apenas a tiempo para ser consideradas en las propuestas que México llevará a las reuniones preparatorias de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información a fines de este año en Ginebra, la Conferencia Internacional que organizó el Senado de la República recogió numerosas, sugerentes y variadas propuestas. Con presencia de varios centenares de participantes y difundida en vivo por el Canal del Congreso –a cuyos números telefónicos los televidentes de los estados podían enviar comentarios y preguntas– la Conferencia realizada entre el miércoles y el viernes de esta semana buscó contribuir a ubicar el tema de las nuevas tecnologías de la información en la agenda de los asuntos nacionales.

   La importancia que ya se le reconoce al desarrollo de la Internet y los nuevos medios se advierte en el interés que suscitó entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Los senadores Dulce María Sauri del PRI, Demetrio Sodi del PRD y Javier Corral del PAN –este último titular de la Comisión de Comunicaciones y Transportes que organizó la Conferencia– presentaron sendas ponencias que coincidieron en la preocupación por la insuficiente relevancia que hasta ahora había tenido, en el mundo político mexicano, el debate sobre la sociedad de la información.

   El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Diego Fernández de Cevallos, acudió a la Conferencia para comprometerse a que sus conclusiones sean atendidas por el presidente de la República cuando se defina la posición del Estado mexicano ante la Cumbre de Ginebra. El día de la inauguración el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, había considerado que las políticas públicas sobre asuntos como el que se discutió en el patio central del Senado tienen que reconocer la participación de la sociedad. 

 

Conferencia internacional

   El contexto para deliberar la posición de México en la Cumbre Mundial pero sobre todo para definir qué es preciso hacer en nuestro país en la ruta de un desarrollo nacional de la informática y la comunicación, lo establecieron los conferencistas internacionales.

   El prestigiado profesor Armand Mattelart de la Universidad de París, cuya experiencia e influencia en la comunicación latinoamericana es ampliamente conocida, no solo ofreció una espléndida conferencia sobre la pertinencia de entender a la sociedad de la información como una sociedad de los saberes para todos y por todos. Además, con disciplina y generosidad, estuvo presente los tres días de sesiones acompañado de su esposa Michelle, también investigadora de los medios y la cultura en las sociedades contemporáneas.

   El doctor Alejandro Piscitelli de la Universidad de Buenos Aires, autor de libros fundamentales para entender el desarrollo de las ciberculturas y fenómenos recientísimos como las llamadas empresas “punto-com” que surgieron y fracasaron debido a una apreciación demasiado voluntarista del auge de la Internet, ofreció una conferencia sobre la nueva economía.

   La periodista británica Sally Burch, directora de la Agencia Latinoamericana de Información, presentó un enterado inventario de las medidas que se pueden tomar para defender la libertad de expresión y auspiciar la participación de la sociedad en las nuevas redes de información.

   El doctor Bert Hoffmann del Instituto Iberoamericano de Hamburgo, autor de una cuidadosa investigación sobre la Internet en varios países latinoamericanos, describió las posibilidades (pero también los riesgos) de las nuevas tecnologías respecto de las economías de naciones como la nuestra.

   El consejero regional de la Unesco, Alejandro Alfonzo, describió las líneas principales de la Cumbre Mundial cuya primera fase tendrá lugar en diciembre próximo en Ginebra. Una segunda reunión se realizará en noviembre de 2005 en Túnez. Por su parte el colombiano Santiago Reyes Borda, actualmente asesor del Ministerio de Industria de Canadá, explicó el desarrollo de la Internet en ese país norteamericano.

 

Variadas voces nacionales

   Esas conferencias a cargo de invitados extranjeros, fueron complementadas con intervenciones de especialistas mexicanos en seis paneles. Jaime Chico Pardo, director general de Teléfonos de México; los consultores en asuntos informáticos Ricardo Zermeño y Enzo Molino y senadores de los tres partidos nacionales, estuvieron entre los panelistas.

   Del campo académico hubo profesores de la UAM como Scott Robinson y Antulio Sánchez; Kiyoshi Tsuru y Jorge Navarro del ITAM y Ernesto Piedras, del CIDE. De la UNAM participaron, entre otros, el profesor Víctor Flores Olea, el maestro Jorge Alberto Lizama y el director de Cómputo Académico Alejandro Pisanty. También estuvo Adolfo Dunayewish, de la organización civil La neta que se ha interesado en el uso ciudadano de la red de redes.

 

Ausencias y relevos

   Se habían comprometido a participar el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Jorge Arredondo, y el director del programa e-México, Julio César Margáin. Unas horas antes de la Conferencia los dos avisaron que no acudirían. Es deplorable que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, de la cual dependen esos dos funcionarios, haya querido ignorar a la Conferencia.

   A ese desdén, los organizadores respondieron con astucia política. Los sitios que dejaron libres Margáin y Arredondo fueron ocupados por dos especialistas con un intenso y directo conocimiento de las nuevas tecnologías de la información.

   Uno de ellos es Javier Lozano Alarcón, que en el gobierno anterior fue presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y subsecretario de Comunicaciones y Transportes y que, dedicado hace algunos años a la consultoría privada, recientemente fundó el Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones.

   El otro invitado que a pesar de haber sido convocado a última hora llegó con una presentación repleta de experiencia y sugerencias fue don Carlos Casasús, que en años pasado también fue subsecretario de Comunicaciones y presidente de la Cofetel y que actualmente dirige la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet.

   Hubiera sido muy útil que los actuales responsables del desarrollo informático del país explicaran, ante un auditorio enterado e interesado, las características de los proyectos que tienen para incorporar a México a la sociedad de la información. Sin embargo, en el plano de las propuestas y el debate, la participación de Casasús y Lozano fue muy gratificante.

   A diferencia de la postura de la SCT la Secretaría de Relaciones Exteriores, que representa a nuestro país en los preparativos de la Cumbre de Ginebra y Túnez, manifestó una reconocible actitud de apertura. Además del titular de la SRE que estuvo en la ceremonia inaugural, en la última sesión participó con una ponencia el doctor Salvador de Lara Rangel, Director General de Negociaciones Económicas Internacionales de esa Secretaría.

  

Encandilamiento tecnológico

   En la relatoría de la Conferencia Internacional se reconoce que, en las sociedades contemporáneas, la información no basta. De hecho, su exuberancia llega a ser un problema adicional a los que significa el marginamiento respecto de los cauces de difusión más abundantes en datos y opciones. Darle respuesta y contenido a esa preocupación es tarea de las sociedades y los Estados.

   Al explicar a la Sociedad de la Información se entremezclan el diagnóstico y el pronóstico. En las sesiones de la Conferencia se recordó la definición de los documentos preparatorios para la Cumbre de Ginebra: “Es una nueva forma de organización social, más compleja, en la cual las redes TIC más modernas, el acceso equitativo y ubicuo a la información, el contenido adecuado en formatos accesibles y la comunicación eficaz deben permitir a todas las personas realizarse plenamente, promover un desarrollo económico y social sostenible, mejorar la calidad de vida y aliviar la pobreza y el hambre”.

   Como delante de otros recursos de información, con estos que ofrecen las nuevas tecnologías corremos el riesgo de quedar atrapados por el encandilamiento y el sobredimensionamiento que produce su influencia. El doctor Mattelart señaló en su disertación que “el enfrentamiento no es entre tecnófilos y tecnófobos sino entre mesianismo tecnoglobal y apropiación de las técnicas en cada sociedad”.

 

Defensa del espacio público

   Mattelart mismo se había referido a las connotaciones geopolíticas de la Sociedad de la Información. Antes, en la inauguración de la Conferencia el Rector General de la UAM, Luis Mier y Terán, deseó: “Todos los países debemos tener garantizado el acceso a la información pero, además y sobre todo, tendremos que tener garantizado el acceso a la palabra”. Con afán similar Sally Burch, de la Agencia Latinoamericana de Información, propuso “rescatar el sentido de lo ‘público’: lo que no es ni del Estado ni de lo privado… (la) esfera o espacio donde la ciudadanía en sus diversas expresiones pueda intercambiar ideas, debatir sobre modelos de sociedad, fiscalizar el manejo de poderes y tener un acceso transparente a la información que concierne a la comunidad”. Ese ámbito plural de la comunicación, dijo Burch, ha de ser garantizado por políticas públicas.

   Anhelos y políticas entremezclados, a la Sociedad de la Información se le reconoció como espacio de bienaventuranza pero también territorio de riesgos tan grandes como las oportunidades que ofrece. En el inicio de las sesiones el legislador Javier Corral Jurado indicó que “el Senado de la República tiene interés en que haya un rostro humano de las tecnologías de la información y de la comunicación”.

   De la manera como se le moldee, con políticas públicas, acciones legislativas y según la concertación social que se logre, dependerá la humanidad o brutalidad que tengan los rostros de esta Sociedad de la Información. Alfonzo, de la Unesco, se apoyó en la Declaración de Bávaro, que forma parte de los materiales que alimentan la discusión rumbo a Ginebra, para decir: “La sociedad de la información es un sistema económico y social donde el conocimiento y la información constituyen fuentes fundamentales de bienestar y progreso”.

   Otras voces en la Conferencia amalgamaron reivindicaciones sociales y subrayaron diferencias políticas con las concepciones imperantes en la discusión y, en vez de Sociedad de la Información, prefirieron hablar de “Derecho humano a la comunicación”. En un comunicado dirigido a la reunión por 14 organizaciones sociales y 9 ciudadanos interesados en el tema, se plantea que ese derecho sea “garantizado a todos los miembros de la población, incluyendo en esto su participación activa, incluso en la producción de contenido, y el derecho a la propiedad de los medios para transmitir tales contenidos”.

 

Brecha, software y futuro

   En la Conferencia se habló, y surgieron numerosas propuestas, acerca de las medidas pertinentes para abatir la brecha entre quienes tienen acceso y aquellos que siguen apartados de las nuevas tecnologías de la información, se discutieron medidas para utilizar esos recursos en la educación, se dedicaron varias horas a evaluar los riesgos a las libertades y la posibilidad de emprender acciones técnicas y jurídicas para preservar el derecho a la expresión en las redes informáticas. En su relación con la economía se hicieron recomendaciones para impulsar la industria informática y especialmente la producción de contenidos y software nacional.

   El método para procesar esas sugerencias y la participación de sectores muy variados en la Conferencia que organizó el Senado podrían ser emblemáticos de la Sociedad de la Información que es posible construir: con una deliberación enterada y abierta, logrando que la posición mexicana en Ginebra represente el interés de la sociedad y no únicamente las apreciaciones gubernamentales y propiciando que a estos temas se les confiera la importancia que tienen en el diseño de la sociedad, la economía y la cultura del país.

  

ALACENA: Luis Suárez

Cronista del cambio político en México, fundador de organizaciones de periodistas, hombre de convicciones antimperialistas y colaborador de numerosos medios, Luis Suárez murió ayer a los 85 años.

   Nació en España donde fue capitán de milicias en la guerra civil. De su llegada a nuestro país y de las simpatías que conservaría toda la vida escribió en su libro más reciente: “Por obvias razones de gratitud y afinidad política –arribé a puerto mexicano el 13 de junio de 1939, en el oleaje de refugiados españoles derrotado en la prebatalla antifascista de la Segunda Guerra Mundial– me siento identificado, como nuevo mexicano, con la obra y la política de Lázaro Cárdenas. En General, que escrito con mayúsculas ya no requiere nombre ni apellido, no sólo me abrió, como a miles, las puertas de México; también, y como a muchos, las de su familia”.

   Eso escribió Suárez en la presentación de su libro Cuauhtémoc Cárdenas. Política, familia, proyecto y compromiso que apareció hace tres meses. En otras obras dejó testimonio de sus convicciones y afinidades: Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanzas (1976); Echeverría rompe el silencio (1979); Petróleo: ¿México invadido? (1981), entre otros.

   Colaborador de docenas de publicaciones -entre ellas, durante largo tiempo Siempre! y Excélsior–, hizo durante 17 años el programa de televisión Luis Suárez en el Once. Hace casi tres décadas participó en la fundación de la Unión de Periodistas Democráticos, fue directivo en la Organización Internacional de Periodistas y desde hace varios años presidía la Federación Latinoamericana de Periodistas.

   En numerosos foros Luis Suárez pugnó por la apertura de los medios de comunicación. En su libro más reciente apuntó: “La información es un instrumento de y para la gobernabilidad, pero no sustituye las diferencias, y menos elimina las desigualdades sociales. Ha de servir para la más consciente participación ciudadana. Pero se ha convertido en un elemento del poder que los verdaderos poderes apetecen para consolidarse sobre las diferencias de clase”.

Eng@ños.com

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Publicado el 13 de febrero de 2000 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Varios de los sitios más concurridos en la Internet quedaron paralizados, por varias horas, el martes pasado. Ese día, miles de usuarios de correo electrónico recibieron un mensaje apócrifo de la Presidencia de la República, en México.

   Se trata de dos hechos distintos, pero que coinciden en el empleo de la Internet para causar confusión, aunque sin consecuencias graves. En ambos casos, se ha desatado una condena poco enterada y un afán persecutorio un tanto nebuloso, por ineficaz, en contra de los presuntos responsables.

 

Rasgos y riesgos en la red

   La red de redes informática, se distingue entre otros atributos por la capacidad para enviar numerosos mensajes al mismo tiempo y por la facilidad para que sus remitentes, permanezcan en el anonimato si así lo desean. El intercambio dentro de la Internet puede hacerse con seudónimos, o con identidades falsas. Gracias a ello miles de personas platican en la red acerca de sus preocupaciones más recónditas con una confianza que no tendrían delante de un interlocutor en persona, o si su identidad pudiera ser reconocida.

   Puede ser discutible, e incluso considerado como patológico en algunos casos, pero esa capacidad para que en la comunicación de sus usuarios lo importante sea el mensaje y no la identidad de quien lo formula, es uno de los rasgos más notables en la Internet.

   Esa cualidad permite un ejercicio más abierto de la libertad de expresión (incluso en asuntos políticos) a través de la red. Pero también, puede ser empleada para engañar e incluso para delinquir.

   Por eso, uno de los principios básicos en el uso de la red, es la precaución. Nunca hay garantía de que la persona o la institución que aparece como signataria de un mensaje, sea realmente quien la remite. Actualmente se ensayan tecnologías para autentificar firmas digitales, con códigos que permitirían reconocer un mensaje verdadero de uno falsificado. Es posible que tan pronto como esas firmas se popularicen en la red, surjan recursos técnicos para falsificarlas.

   En ese defecto, la red no es más segura que las formas de comunicación más convencionales. El correo electrónico, es tan susceptible de padecer adulteraciones como el correo convencional. Siempre corremos el riesgo de recibir una carta cuyo remitente no sea el que en ella aparece como tal.

   De la misma manera, el correo electrónico puede ser leído por intrusos e incluso falsificado, igual que el correo convencional. En todo caso, tanto el correo convencional como el electrónico, comunican mensajes cuya autenticidad puede ser verificada por otros medios.

 

Seudónimos, homónimos y apodos

   Los domicilios en el correo electrónico suelen indicar el nombre de su propietario, pero también llegan a estar compuestos por apodos, o seudónimos. El nombre de usuario para el correo electrónico de este columnista es “rtrejo” y los lectores de este espacio que se quieran comunicar conmigo saben a quién le están escribiendo. Pero a veces en uno de mis buzones electrónicos, domiciliado en el servidor de una empresa estadounidense, recibo avisos para un técnico en construcción que vive en una pequeña ciudad de California y que se llama Rick Trejo. El nombre de usuario de una amiga en Buenos Aires es “geisha”, que es como le dicen sus conocidos en vez de Laura, que es su nombre auténtico.

   Además en el ciberespacio, de la misma manera que en la vida real, hay homónimos. De cuando en cuando recibo correspondencia de un especialista en informática español que se llama Carlos Salinas. Más de una vez, al ver su nombre en la lista de remitentes he pensado, erróneamente, que se trata de un mensaje de Dublín, o de La Habana.

   Para abrir una cuenta de correo electrónico en uno de los muchos sistemas que ofrecen ese servicio de manera gratuita (a cambio de que uno mire la publicidad que se coloca en las páginas web) no hace falta mas que solicitar un nombre de usuario que no se encuentre ya registrado. En uno de esos servicios, el nombre que yo quería ya estaba otorgado y me asignaron “rtrejo21″. Es decir, antes que yo se habían inscrito otras 20 personas con un nombre similar. En la red, están registrados los correos de al menos otros 8 ciudadanos, no sé de qué países, con el mismo nombre y apellido de este columnista.

 

El correo atribuido al Presidente

   El jueves pasado, la Presidencia de la República denunció que dos días antes, el martes 8 de febrero, una cantidad no especificada de usuarios de la red recibió un correo electrónico con la firma de Ernesto Zedillo Ponce de León, “Presidente Constitucional de la República de los Estados Unidos Mexicanos”.

   Con ese remitente y esa equivocada denominación, se distribuyó el texto del mensaje que nuestro Primer Mandatario dirigió el domingo por la noche con motivo de la intervención policíaca en Ciudad Universitaria.

   El discurso, según la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia, “no tiene alteraciones significativas”. Sin embargo, utilizó “formas que no corresponden a las comunicaciones oficiales así como el nombre del Titular del Ejecutivo Federal”. No se adulteró el mensaje presidencial, pero siempre existe la posibilidad de que desde el mismo correo electrónico se envíen mensajes falsos. De allí el interés de la Presidencia para alertar sobre esa posibilidad.

   Un día antes la columna Virtudes Públicas había adelantado, en La Crónica de Hoy, la difusión de ese mensaje falso y además, ofreció detalles sobre un episodio que podría estar relacionado con la distribución del discurso del Presidente. Allí se relata el intento de un estadounidense que registró un domicilio electrónico, con el nombre de Ernesto Zedillo, en la red de America On Line, la más importante en la Unión Americana.

   Ese individuo, según se dijo, pretende cobrarle al presidente mexicano 5 mil dólares para cederle sus derechos sobre dicho domicilio electrónico. Naturalmente, el doctor Zedillo no aceptó esa extorsión. Si lo hiciera, al día siguiente recibiría ofertas similares de personas que podrían registrar domicilios electrónicos con el nombre “Ernesto Zedillo” en Yahoo!, Hotmail, Compuserve, Latinmail o cualquiera de las docenas de servicios que ofrecen cuentas gratuitas de correo electrónico.

 

Domicilios con el nombre de Zedillo

   Una búsqueda que realizamos ayer, encontró diez direcciones electrónicas registradas a nombre de “Ernesto Zedillo”, o “Ernesto Zedillo Ponce de León”, entre ellas:

Elpresidente@los pinos.gob;

brother@mailcity.com;

ernesto_zedillo@mailexcite.com;

ernesto.zedillo@mailcity.com;

cuatemochas90@hotmail.com;

pinos@mexico.org.

   Evidentemente, se trata de correos con identidades ficticias, para engañar o, en la mayor parte de los casos, jugar con el nombre del Presidente mexicano. No convalidamos y menos aplaudimos ese empleo engañoso de la red. Simplemente, queremos insistir en que no se trata de un asunto nuevo en el uso de las redes, ni exclusivo de nuestro país.

   Ayer también, en un solo buscador de domicilios electrónicos encontramos un centenar de direcciones de correo registradas bajo el nombre de Bill Clinton y que hacen escarnio del presidente estadounidense.

 

 

Excesos y confusiones mediáticos

   El incidente con el domicilio electrónico que suplanta la firma del presidente mexicano, fue reportado con escándalo y con alguna ignorancia por diversos medios de nuestro país. Naturalmente, es preocupante que haya quien envíe mensajes falsos, acreditándoselos al Presidente de la República. Pero ese no es un riesgo exclusivo de la Internet. De la misma forma hay quienes envían cartas espurias, con remitentes apócrifos, a través del servicio postal convencional. Es preciso estar alertas ante esas posibles suplantaciones. Quizá lleguen a constituir un delito, que es tan difícil de rastrear en la red de redes como en el correo tradicional.

   En varios medios mexicanos, especialmente en la televisión, se mencionó el caso del correo falsamente presidencial como ejemplo de los abusos que proliferan en la Internet. Lo que no suele decirse en esos casos es que, junto con los excesos, hay innumerables ventajas y beneficios del uso de la red de redes. Al resaltar los usos perversos, se tiende a crear la sensación de que la Internet es una cueva de estafadores y embustero. Los hay, y muchos, en la red de redes. Pero no en mayor proporción que en otros espacios de comunicación e intercambio.

   En la prensa escrita, se informó del incidente del correo engañoso con cierto desconocimiento. En un par de casos, se dijo que había ocurrido un asalto pirata a la página web de la Presidencia. Pero no fue así. La Internet tiene varios mecanismos de comunicación: el más importante es la world wide web, la red electrónica mundial, que interconecta a los servidores o computadoras en donde están alojados varios millones de páginas electrónicas, o páginas “web”. Otro, es el correo electrónico que no necesariamente depende –a veces sí–  de una página web. En el caso del correo falsamente presidencial, no hubo transgresión alguna en los sistemas informáticos de la Presidencia de la República. Lo que ocurrió es que alguien, desde otro servidor para la Internet, mandó un correo con un remitente falso.

   En algún diario, se publicó: “Detectan falso chateo en nombre del presidente en e-mail”. Los espacios de chat, o de plática en la red, son aquellos en donde se intercambian opiniones, a veces al mismo tiempo, entre varios usuarios. No tienen relación con el correo electrónico.

 

México, sin política para la Internet

   En nuestro país, aunque se habla mucho de la Internet todavía son pocos los mexicanos (apenas algo más del uno por ciento de la población) que tienen acceso regular a la red de redes. Seguramente esa proporción aumentará, aunque no demasiado, en los próximos años.

   La mitificación de la Internet y las limitaciones para su crecimiento se deben, en parte al menos, a la inexistencia de una política informática capaz de promover, desde el Estado y en colaboración con otros sectores, una auténtica cultura de la Internet entre los mexicanos.

   Muchos otros países en América Latina, incluso naciones con mayores limitaciones materiales que las que padece México, cuentan ya con políticas de desarrollo informático que comprometen al gobierno en la coordinación de esfuerzos para ampliar el número de usuarios de la Internet y para colocar contenidos culturales y educativos de carácter nacional en la red de redes.

   México se está convirtiendo en una notoria y lamentable excepción en ese campo. En nuestro país, el crecimiento de la Internet depende solamente de la promoción que hacen las empresas privadas interesadas en hacer negocio con la expansión informática y del cada vez más débil auspicio a cargo de algunas universidades.

 

Colapso en sitios muy visitados

   El mismo martes que se distribuyó el multicitado correo electrónico cuyo carácter aclaró nuestra Presidencia de la República, se produjo uno de los colapsos más notables que se hayan registrado en la historia de la Internet. Se trató de la interrupción intencional en el servicio de una decena de los sitios comerciales más visitados en la red de redes.

   El lunes por la tarde había sido bloqueado por varias horas el sitio de Yahoo!, el segundo más visitado en la Internet, que según las encuestas de uso de la red es visitado por casi 23 millones de personas cada semana. Al día siguiente, el martes 8, fueron bloqueados los sitios de Buy.com, eBay.com, CNN, Amazon y ZDNet, entre otros.

   Buy.com es el sitio de una tienda electrónica, eBay, es la página de subastas más conocida en la red y es visitada por más de 4 millones de personas a la semana. La de CNN, es la página de la cadena de noticias más conocida en la televisión internacional. Amazon es la empresa de más rápida expansión y éxito en la Internet: luego de comenzar con la venta de libros, ahora ofrece artículos de lo más diversos a precios más bajos que en las tiendas convencionales y es visitada cada semana por más de 3 millones 700 mil personas, tan solo en los Estados Unidos. ZDNet, reúne a un grupo de servicios para la informática organizados a partir de la revista PC Magazine y su página electrónica es frecuentada por más de 2 millones 200 mil personas a la semana.

 

Millares de mensajes simultáneos

   Esas páginas electrónicas fueron bloqueadas a través de un mecanismo tan ingenioso como contundente. Alguien, o algunos, programaron sus computadoras para que enviaran millares de mensajes, al mismo tiempo, a los servidores que hospedan a esas páginas electrónicas. Al recibir una cantidad inusitada de información, las computadoras en donde están dichas páginas se paralizaron.

   Para enviar un número muy alto de mensajes, el o los saboteadores emplearon un programa informático que se envía de manera subrepticia, a través del correo electrónico, a varios millares de computadoras en todo el mundo. Sin que sus propietarios lo sepan, esas computadoras, el mismo día, se dedican a mandar paquetes de información a los servidores de los sitios a los que se desea sabotear. Los administradores de la página de Yahoo!,aseguran que cada segundo recibían un gigabite de información, es decir, mil millones de bytes (más o menos 27 mil veces la versión electrónica de la columna que usted está leyendo).

   Es difícil estimar las pérdidas que puedan haber tenido las empresas cuyas páginas electrónicas fueron saboteadas. Por ejemplo, Amazon hubiera vendido algo más de 560 mil dólares en libros y otros artículos durante las tres horas que su sitio estuvo paralizado. Sin embargo, es posible que muchos de los clientes que no pudieron entrar a esa página hayan esperado para hacer sus compras más tarde.

 

Acusaciones en contra de hackers

   ¿Quién o quiénes paralizaron esas páginas electrónicas? El gobierno y los más importantes medios de comunicación estadounidenses culpan, sin mencionar nombres, a algunos “hackers”, los especialistas de alta calificación técnica que suelen introducirse en redes de cómputo, a veces para cometer delitos o simplemente por el gusto de probar así su destreza informática.

   Varios de los más conocidos casos de intrusión en redes de esa índole, han sido perpetrados por especialistas que a veces por travesura, o para protestar por los que consideran abusos de grandes corporaciones, o de algunos gobiernos, rompen la seguridad de distintos sitios web para dejar testimonio de su presencia, o de sus quejas. En varias ocasiones, por ejemplo, las páginas de varios sitios del gobierno mexicano o de empresas de nuestro país, han sido “jaqueadas”, o alteradas, por “hackers” que simpatizan con el EZLN.

   Sin embargo, las tecnologías capaces de afectar a un sitio web se han propagado de tal forma que no hace falta ser especialista en informática para bloquear una página. Eso argumentan, al menos, los hackers más reconocidos, que niegan que el o los responsables del colapso del martes pasado se encuentren entre ellos. Hace un par de días los editores de la revista 2600, que es algo así como la biblia de los hackers en todo el mundo, declararon sobre ese atentado:

   “Sentimos pena por los principales sitios comerciales de la Internet que han sufrido inconvenientes por los ataques que entorpecieron sus servicios. Realmente, lo lamentamos. Pero no podemos permitir que ellos o cualquier otro le echen la culpa a los hackers. Más aun, los grandes medios han hecho muy mal su trabajo al cubrir este asunto culpando a los hackers y a continuación admitiendo que no tienen idea de quién está atrás de eso”.

 

En peligro, libertades en la red

   Cualquiera puede correr un programa como el que se empleó para ese ataque, no hace falta ser hacker para ello, dicen los editores de la mencionada revista, y especulan e ironizan: “Podría ser el trabajo de alguien que perdió sus ahorros de toda la vida en el comercio electrónico. O quizá es obra de los comunistas. ¡Hasta podrían ser las mismas corporaciones americanas! Después de todo, ¿a quién le convendría más la consiguiente denigración de la imagen del hacker para restringir más las libertades individuales?”.

   Quién sabe. Lo que sí ha podido comprobarse, es que cada vez que ocurre o se cree que puede ocurrir una desgracia informática, quienes más ganan son las empresas que venden servicios, o programas, para evitar peligros en las redes. Así ocurrió con la extendida preocupación por los efectos que el cambio de fechas, al inicio del año 2000, podría tener en las computadoras.

   Por lo pronto, después del episodio del martes el presidente Bill Clinton solicitó al Congreso una partida de 2 millones de dólares para buscar mejores mecanismos de seguridad en las redes informáticas. Pasado mañana, funcionarios de Seguridad Nacional, la Procuradora Janet Reno y directivos de las principales empresas de la Internet, se reunirán en la Casa Blanca para discutir ese tema.

   Ayer, se decía que el FBI contaba con algunas pistas para identificar las principales computadoras de donde salieron los mensajes que paralizaron los sitios web. Sin embargo, el viernes el presidente Clinton había reconocido que será difícil encontrar solución a los problemas de seguridad en la Internet.

   No habrá remedio definitivo porque la apertura al libre flujo de mensajes y la diversidad de emisores, que distinguen a la red de redes, siempre serán fuente de intrusiones y adulteraciones no deseadas. La única solución, se encuentra en un uso precavido y enterado de la Internet, capaz de entender y evitar los engaños.  Para ello es preciso crear una cultura de la informática, que lamentablemente estamos lejos de tener en nuestro país.