Categoría: Sociedad de la información

Veinte propuestas sobre WikiLeaks

Este texto fue publicado, en dos partes, en las ediciones de enero y febrero de 2011 de la revista Zócalo
1. Es pertinente subrayar una obviedad: WikiLeaks no existiría sin Internet. El sitio que Julian Assange puso al servicio de la filtración de documentos políticos no funcionaría sin la Red de redes. En tal virtud, comparte los rasgos más destacados de Internet: la información colocada en ese sitio web es ubicua, es decir, puede ser consultada desde cualquier lugar; no hay límites para la cantidad de datos que son colocados a disposición de los interesados; el manejo de esa información es descentralizado; su irradiación trasciende fronteras e intereses nacionales; la velocidad y la volatilidad definen también a esa propagación de información.

2. El uso que le da WikiLeaks, hace de Internet un instrumento capaz de alterar, aún no sabemos bien a bien con qué consecuencias, al menos parte de las reglas, los equilibrios y los intereses de la política internacional.

La Red ha sido utilizada, con distintos resultados, para influir en procesos nacionales, desde la propagación de las confidencias de aquella becaria de la Casa Blanca que intimaba con el presidente Clinton hasta la denuncia del autoritarismo en Irán, China o Cuba. Con WikiLeaks estamos ante la incursión de Internet en la política global. Si aún había duda, ahora resulta claro que la Red de redes es mucho más que un instrumento para propagar entretenimiento y trivialidades, o para conectar a los individuos. Junto con eso, es un espacio central en la disputa por el poder.

3. WikiLeaks existe para contender con el poder establecido. No es una ocurrencia de algunos jóvenes despistados aunque expertos en informática. Se trata de una empresa creada para poner en evidencia excesos y debilidades de los gobiernos.

Hace varios años Julian Assange decidió involucrarse en la develación de documentos secretos como una manera de golpear al poder político. A fines de 2006 escribió en su blog IQ.ORG: Mientras más secreta o injusta es una organización, las filtraciones provocan más miedo y paranoia en su liderazgo y en los planes de esa camarilla. Esto debe minimizar la eficiencia de sus mecanismos de comunicaciones internas… resultando en una disminución en la habilidad para mantener el poder” (http://web.archive.org/web/20071020051936/http:/iq.org).

A juzgar por las reacciones en los gobiernos de Estados Unidos y varios países europeos, la develación de toneladas de documentos del Departamento de Estado, que WikiLeaks puso en línea el 28 de noviembre de 2010, ha ocasionado la reacción anticipada cuatro años antes por Julian Assange. (más…)

Internet como expresión y extensión del espacio público

Ensayo publicado en la Revista MATRIZes de la Universidad de Sao Paulo. No. 2, 2009.

Raúl Trejo Delarbre

Resumen: Internet es, al mismo tiempo, parte del espacio público y de la esfera pública, entendidas en los términos definidos por Habermas. En sitios web y otros espacios de la Red de redes se desarrolla un intenso y abierto proceso de socialización política e ideológica, a la vez que subsisten limitaciones importantes para que Internet contribuya de manera más enfática en la deliberación de los asuntos públicos.

Palabras clave: Internet, espacio público, socialización

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Facebook para principiantes

Nexos, diciembre de 2008

La granja

Quizá no hay ilustración más explícita del concepto capital social, acuñado por el politólogo Robert D. Putnam, que la versátil colección de redes, contactos y relaciones que entablan los usuarios de Facebook. La gente, como su nombre lo indica, da la cara en ese sitio pues es usual, aunque no obligatorio, que quien inicia una página en Facebook coloque allí su fotografía. También se registran la filiación académica o la ciudad del usuario, sus aficiones y cualquier referencia que a su juicio pueda interesar a quienes compartan circunstancias o afinidades. Con esa información se crea un perfil que solamente podrán ver aquellos a quienes dicho usuario decida aceptar como “amigos”. (más…)

Vivir en una sociedad virtual

Vivir en una sociedad virtual
Entrevista con Raúl Trejo Delarbre

Ariel Ruiz Mondragón

Conversación tomada del blog Bibliálogos. Entrevistas con autores de libros. 21 de agosto de 2008.

Producto de una formidable revolución científico-tecnológica, Internet se ha convertido en la parte fundamental de un fenómeno de gigantescas dimensiones en las diferentes vertientes de la vida de la humanidad: la por algunos llamada Sociedad de la Información, que existe alrededor de la vastísima cantidad de información y posibilidades de comunicación que con formidable rapidez y facilidad nos permiten los medios digitales, en especial la red de redes. (más…)

Los mexicanos y la cultura en línea

Resumen del texto entregado al Segundo Coloquio Oaxaca. Cultura mexicana: revisión y prospectiva. Septiembre de 2007. Publicado en Nexos, febrero de 2008.


No hay espacio más abierto a la cultura que la colección hasta ahora prácticamente infinita de sitios, territorios, bitácoras y recursos audiovisuales que, entre muchos otros contenidos, ofrece Internet. Nunca antes la humanidad había dispuesto de una diversidad tan extendida, y sobre todo despejada de taxativas y restricciones, como la que hay en la Red de redes. Y nunca hasta ahora, en parte debido a esa abundancia de recursos informáticos, habíamos estado tan cerca de saturarnos, abrumarnos e incluso intoxicarnos con una avalancha de contenidos tan apabullante como la que existe en Internet y en otras de las afluentes de la sociedad de la información. Abierta y ancha, la ilimitada colección de avenidas informáticas que es Internet se encuentra, sin embargo, vedada para quienes no tienen el privilegio de contar con equipamiento y conexiones suficientes. (más…)

Investigar en la sociedad de la información

Participación en Investigar la Comunicación, Congreso Fundacional de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación.

Santiago de Compostela, 31 de enero de 2008.

   La sociedad de la información es el contexto indispensable en el examen de las nuevas tecnologías de la comunicación pero, al mismo tiempo, es objeto de estudio en sí misma. Igual que en otros casos en las ciencias sociales, los investigadores de estos temas tenemos la oportunidad, pero también el desafío, de analizar el entorno que las determina lo mismo que las innovaciones comunicacionales y sus efectos específicos, los cuales son posibles gracias a la imbricación de los contenidos digitalizados con las telecomunicaciones.

   El entorno constituido por la sociedad de la información ha propiciado reflexiones fundamentales, y a veces fundacionales, que toman en cuenta elementos como la globalización económica y cultural, la propagación instantánea y abrumadora de abundantes contenidos, la irradiación de datos y experiencias consustancial a Internet y las dificultades que se mantienen en amplias zonas del mundo para conectarse regularmente a ella.

   A la sociedad de la información se le ha idealizado lo mismo que denostado. El debate acerca de los intereses y consecuencias que hay detrás y por efecto de ella ha sido tan crispado como, a menudo, esquemático. Los enfoques integrado y apocalíptico, ampliamente conocidos cuan frecuentemente esgrimidos en estas discusiones, han vitoreado de manera prematura, lo mismo que descalificado irreflexivamente, la existencia misma de la sociedad de la información. Cuando nos hemos limitado a ensalzarla, o a estigmatizarla, hemos incurrido en alguno de los más frecuentes síndromes que conducen a perspectivas parciales e insuficientes en las ciencias sociales. Mirar únicamente a la sociedad de la información como asunto general equivale a prestar atención sólo al bosque, desdeñando la complejidad, las ramificaciones e incluso los senderos contradictorios constituidos por los muchos árboles que la pueblan. De la misma manera, ocuparnos únicamente de uno o varios de esos árboles sin tomar en cuenta el bosque en donde surgen, se expanden, encuentran sentido y se convierten en fenómenos sociales y culturales, implica renunciar a reconocer el contexto que los hace posible.

   Para dejarnos de metáforas botánicas, vale decir que entender a la sociedad de la información de hoy en día requiere comprender en su contexto y estar al tanto de temas como las viejas y las nuevas opciones de producción audiovisual, los mecanismos de propagación digital que modifican el sentido original de la radio e incluso de la prensa, la expansión de Internet y las formas de apropiación que la gente ejerce respecto de ella, el surgimiento o la extensión de códigos culturales que se pregonan en el chat o en los blogs y que son parte del sustento de nuevas formas de socialización, el intenso y hasta hace poco impredecible desarrollo de la telefonía móvil y las maneras como está modulando y afectando a la interacción entre los individuos, la asimilación de las industrias de la información digital a extensos pero concentrados grupos comunicacionales… Hablar de la sociedad de la información puede convertirse en un enorme y reiterado cliché si no dotamos de contenido a esas reflexiones.

 

Diez rasgos en la investigación

 

   1. Un primer problema con el que tropezamos cuando queremos hacer diagnósticos lo mismo panorámicos que segmentados de la sociedad de la información, es la rapidez con que cambian algunas de sus principales manifestaciones. La velocidad misma, tanto para la transmisión de mensajes como en la irradiación de los nuevos dispositivos tecnológicos, es uno de los rasgos de la sociedad de la información. Ese atributo se convierte en dificultad cuando tratamos de registrar las mutaciones del nuevo entorno tecnológico y social.

   2. Con frecuencia, en segundo lugar, más que análisis de estas nuevas tecnologías hacemos apenas la crónica de su desarrollo, obligándonos siempre a fragmentar su circunstancia y efectos para poder ocuparnos de ella. Somos o queremos ser –o tenemos que ser– a la vez investigadores y protagonistas de ese desarrollo. Cuando estudiamos los usos de la Red de redes, los efectos del teléfono móvil o las implicaciones de los dispositivos de reproducción audiovisual con formatos mp3, nuestra experiencia personal se sobrepone inevitablemente al examen de esas nuevas tecnologías.

   3. Un tercer desafío se encuentra en la costumbre de abandonarnos a la seducción que siempre impone la reflexión conceptual o circunscribirnos a reproducir la gracia del dato duro. La tirantez entre especulación metodológica e información empírica, se presenta con frecuencia en las ciencias sociales y especialmente en el estudio de los medios. A veces nos asombramos tanto con el descubrimiento personal de nuevas utilerías tecnológicas y sus apropiaciones sociales que, a cada innovación, creemos que nos encontramos ante cambios drásticos o definitorios de nuevos efectos o conductas. Entre quienes observamos estos temas es frecuente la costumbre de querer encontrar, a cada momento, transformaciones substanciales o parteaguas históricos. En el otro extremo, tenemos a nuestra disposición tantos y a veces tan contradictorios datos acerca de estas nuevas tecnologías que a veces, abrumados en ellos, nos limitamos a glosar cifras y a remachar en ellas sin ceñirlas a un contexto analítico y crítico.

   4. En cuarto lugar, y esta no debiera ser queja sino fuente de exigencias, tenemos una producción intelectual tan constante y abundante acerca de temas como los mencionados que resulta prácticamente imposible estar al tanto de toda ella. En todo el mundo los estudiosos de la comunicación, pero también cada vez más los profesionales de otras disciplinas, se interesan por la sociedad de la información y los asuntos correlativos a ella aunque no siempre los reconozcan con las mismas denominaciones. Y tan sólo en el campo de quienes nos asumimos como estudiosos de la comunicación, hay una bibliografía y una proliferación de otros productos académicos tan variada (tesis, papers, artículos en revistas, ensayos en libros colectivos y ahora documentos en sitios web) que, por lo general, apenas si acertamos a estar al tanto de lo que se hace en unas cuantos países o solamente en algunas universidades.

   5. Esa abundancia de textos académicos, en quinto lugar, no significa que, por lo general, existan corrientes analíticas claramente diferenciadas ni que en todos los casos atiendan a metodologías únicas. Sería exagerado considerar que tenemos marcos teóricos del todo precisos para el estudio de la sociedad de la información. La novedad de estas indagaciones, lo mismo que las mutaciones que experimentan los nuevos medios y sus efectos, dificultan la adaptación al examen de la sociedad de la información de enfoques como los que se originan en el funcionalismo, la economía política, el análisis del discurso o los estudios culturales, entre algunas vertientes de la reflexión que ha prosperado en otras áreas de la comunicación. Sin duda hay tendencias y preferencias a las que de manera franca o implícitamente se adscribe cada investigador. Pero este campo es tan reciente que, a excepción de enfoques polares como los que antes comentábamos, aun están por conformarse escuelas de pensamiento expresamente diferenciadas en la búsqueda de explicaciones y para la comprensión prospectiva de los nuevos medios y sus variadas implicaciones.

   6. El estudio de la sociedad de la información, en sexto término pero esta es una de sus exigencias primordiales, tiene que ser multidisciplinario e incluso, como cada vez resulta más posible, transdisciplinario. Quienes hace algunos años nos acercamos al estudio de la comunicación desde la sociología, la antropología, o la filosofía, por mencionar solo algunas de las formaciones disciplinarias de quienes estamos involucrados en estas tareas, con frecuencia tenemos que ampliar el diafragma de nuestras lentes analíticas para tomar en cuenta elementos de la economía, la historia, el derecho, o incluso de especialidades como las ingenierías y la cibernética. Hemos tenido que confirmar, en ese desarrollo, la maleabilidad de la comunicación como disciplina y posiblemente, incluso, la necesidad de que se mantenga su indefinición como espacio de convergencia entre vertientes antaño disímiles de las ciencias sociales y las tecnologías.

   7. El estudio de los medios que concurren y se expanden en la sociedad de la información implica la fascinación de lo novedoso. Al observarlos, dicho sea en séptimo lugar, con frecuencia nos sentimos pioneros porque hay mucho de exploración inédita y de identificación de nuevas expresiones sociales y culturales en el atisbo de estos medios. Sin embargo tenemos que mantenernos alertas para distinguir lo auténticamente inédito de tendencias e inercias ya conocidas en el estudio de la comunicación. Estamos ante medios cuya originalidad tecnológica no siempre significa prácticas comunicacionales realmente nuevas.

   8. Pero indudablemente hay tendencias originales que podrían trocarse en nuevos usos sociales y culturales cuando por ejemplo, a pesar del entrañable aprecio que muchos de nosotros tenemos por la tinta y el papel, cada vez hay más documentos, incluso libros, que circulan exclusivamente de manera electrónica y que jamás serán impresos ni leídos de manera convencional. Algo está ocurriendo cuando en Japón algunas de las novelas de mayor difusión en los meses recientes fueron escritas para ser leídas en el teléfono móvil y han sido “descargadas”, en algunos casos, por más de 20 millones de personas. ¿Qué complejidad dramática, cuál lenguaje y con qué sintaxis pueden tener esas novelas que se leen en el móvil y se conservan en el disco duro de las computadoras? Algo cambia, también, cuando para centenares de millones de personas en todo el mundo las redes sociales de las que forman parte en Internet complementan de manera insustituible a las formas de relación presenciales y cara a cara de las que ya disponían antes de MySpace o de la concurrencia a salones de chat.

   9. A quienes nos interesamos en el estudio de la sociedad de la información nos corresponde no solo inventariar sino, además, tratar de entender el alcance de esas transformaciones. Estamos no sólo ante una multiplicación inédita y formidable de las opciones de consumo cultural sino ante formas distintas de apropiación de los productos de esa índole. Ahora, por ejemplo, los aficionados a un determinado tipo de música pueden elegir una sola melodía y no necesariamente todas las que están incluidas en un disco, de la misma manera que los interesados en un libro pueden seleccionar un capítulo en línea y no necesariamente todo el volumen. Esas nuevas formas de apropiación implican mayor libertad en el consumo pero también la segmentación e incluso la atomización, en la práctica, de las obras culturales. Es preciso entender esos fenómenos sociales y culturales en sus variadas dimensiones. Así, en un tema adyacente al que hemos mencionado, por lo general, existe más preocupación por los derechos de autor (a los que se confunde con las ganancias de las empresas) que por los derechos de las audiencias.

   10. En el estudio de los nuevos medios y de la sociedad de la información tenemos, en décimo lugar, la necesidad de trascender los lugares comunes que frecuentemente les hemos impuesto. Hemos creído, sin indagar lo suficiente, que Internet tuvo un origen puramente militar, que con la Red estamos ante un advenimiento fatal y promisorio de la interacción entre emisores y receptores, que estos recursos modifican radicalmente los quehaceres político, cultural y periodístico, o que resultan inevitablemente democratizadores. Sin embargo, en los mencionados ejemplos, el nacimiento de la Red de redes no estuvo tan supeditado a intereses del Pentágono como a menudo se dijo, la interacción que hace posible ha sido aprovechada por unos cuantos de sus usuarios mientras la gran mayoría sigue limitándose a un consumo pasivo de contenidos, el periodismo sigue y muy probablemente seguirá siendo realizado por profesionales de ese oficio que se nutrirán de abundantes fuentes de toda índole –entre ellas blogs y otros recursos en línea–, y por lo pronto Internet ha servido como espacio de información y discusión aunque, en lo fundamental, la conformación de la cultura cívica en nuestras sociedades sigue dependiendo de los ámbitos de socialización y medios de comunicación convencionales. En el otro extremo, hay quienes se limitan a mirar exclusivamente los efectos alienantes de espacios como los blogs y dispositivos como los Ipod, o la capacidad de Internet para propagar contenidos basura, delitos y pornografía. En esa tendencia a frasear y luego reiterar lugares comunes influye mucho la ya señalada tentación maniquea, que con frecuencia se reduce al enfoque tremendista o al de índole complaciente. Pero la práctica de simplificar el análisis de estos asuntos también se debe al apresuramiento con que a menudo (sujetos como solemos estar a exigencias, agendas y sistemas de evaluación académica un tanto compulsivos) debemos resolver nuestras tareas de investigación.

 

   Empeñarnos por aprender de la Sociedad de la Información para aprehender cabalmente sus significados sociales y culturales, tomar distancia respecto de manifestaciones triviales o anecdóticas sin perder la dimensión real de sus implicaciones, reconocernos en esa Sociedad de la Información sin olvidar que cuatro quintas partes de la humanidad siguen al margen de estos beneficios digitales y mediáticos, acaso nos permita contribuir para que además de datos este entorno tecnológico y cultural propague reflexiones. Todos estaremos de acuerdo en que es preciso lograr que la sociedad de la información lo sea también del conocimiento. Desde la investigación de estos temas, tenemos la oportunidad de favorecer la reflexión por encima de la negación o la estupefacción ante ellos. Podemos en suma, desde la investigación de los medios, coadyuvar a construir una sociedad de la argumentación y la deliberación.

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Tonos del celular: proclamas estéticas en miniatura

Nexos, número 356, agosto de 2007.

 

 El año pasado había más de 2300 millones de teléfonos celulares en todo el mundo. Se trata, en cifras aproximadas, de un celular para cada 2.7 personas. Los teléfonos móviles prácticamente duplican, ya, a los de carácter fijo (que en 2006 eran alrededor de 1300 millones). La posibilidad de hacer y recibir llamadas sin estar atadas a la línea alámbrica ha cambiado hábitos y capacidades comunicacionales de las personas en todo el orbe.

   A la vez que nos ha hecho más libres, el celular nos ha creado nuevas dependencias. El teléfono portátil no solo nos vuelve ubicuos. Además suscita novedosas formas de comunicación y expresión que van desde el intercambio de mensajes de texto hasta la creación de cadenas de usuarios que propagan los mismos contenidos y la posibilidad de registrar y enviar fotografías y videos.

   Instrumento masivo, el celular no ha significado, sin embargo, una fatal homogeneización de la sociedad. El interés de sus usuarios para apropiarse de él, desde luego con la interesada ayuda de las corporaciones telefónicas, ha propiciado numerosas formas para singularizar al móvil. Hay quienes lo decoran con variadas cubiertas, o que colocan fotografías en la pantalla. Muchos más, añaden diversos tonos que se escucharán cuando el teléfono reciba una llamada.

   Concebidos para distinguir al celular, los tonos telefónicos singularizan a cada usuario. Es irresistible la tentación de hacer sicología o sociología instantáneas cuando escuchamos violines impetuosos, pianos rítmicos, cantantes de fama, maridos regañones, féminas ansiosas o vacas que mugen surgiendo de algún celular. Dime qué tono usas y te diré quién eres. El que a buen tono se arrima buena fama le cobija. Tono que ladra no muerde. Tono y figura hasta la sepultura. Más vale tono que fuerza. Mucho tono y pocas nueces.

   Los tonos telefónicos son un recurso del siglo 21. Antes de 1998 los celulares tenían unas cuantas opciones, casi siempre de sonido plano y metálico, para avisarnos cuando llegaba una llamada. Ese año varias compañías telefónicas comenzaron a ensayar cómo ampliar la capacidad acústica de los timbres, hasta llegar a la polifonía digital que hoy permite no solamente imitar sonidos sino, especialmente, reproducir cualquier melodía, voz o ruido. El interés de muchos usuarios –especialmente los más jóvenes– para renovar y diversificar los tonos de sus teléfonos, propició un auge tecnológico y mercantil que no estaba en los planes de negocio de las telefónicas.

   En Estados Unidos, tan solo en 2003, la compra de tonos para teléfono significó desembolsos de entre 80 y 100 millones de dólares. En 2006 esos gastos ascendieron a más de 600 mdd. En 2007 quizá disminuyan a 550. Sin embargo, mundialmente, la venta de ringtones podría ser mayor a 4 mil 700 millones de dólares en 2008.

   Tan sólo entre enero y abril de 2007 en Estados Unidos se vendieron 72 millones de tonos telefónicos. Esa cantidad no es mayor porque muchos usuarios comparten con sus amigos los tonos que han comprado o adquirido gratuitamente. La manía por los tonos tiene, igual que otras expresiones de la tecnología digital, rasgos a la vez individualistas y solidarios. Cada quien su tono, muchos usuarios de celulares eligen el sonido que los distingue cuando repiquetea su teléfono. Y no pocos de ellos estarán dispuestos a transferir a sus conocidos una copia del archivo digital que permitirá reproducir ese tono en otros celulares.

   Los tonos telefónicos se vuelven, así, no solamente sellos de identidad personal sino también de cohesión grupal.  Un estudio inglés acerca del porvenir de la telefonía celular subraya: “El éxito de los tonos telefónicos y los protectores de pantalla tiene mucho que ver con la capacidad para mostrar, compartir y transferir. Así la industria del móvil está bien prevenida para asegurar que sus futuros servicios harán posible compartir ese ‘contenido social’ ”.

 

Teléfonos politizados

   Terraplén del aislamiento cuando crea una atmósfera de exclusión alrededor del usuario que se aparta para contestar una llamada, el celular es, al mismo tiempo, vehículo que refuerza y causa nuevas relaciones sociales. Así sucede con otras tecnologías digitales de la información. Hace varios años Howard Rheingold, en su visionario libro Smart mobs, entendía al celular como eje de nuevos enlaces sociales capaces, incluso, de ocasionar respuestas colectivas como las que protagonizan las multitudes inteligentes convocadas con mensajes de texto instantáneo.

   El sonido del celular puede tener significados políticos como cuando a mediados de 2005, en Filipinas, muchos usuarios pusieron como tono telefónico la voz de la presidenta Gloria Macapagal cuando conversaba con Virgilio Garciliano, titular de la Comisión Electoral de ese país: “¿Hola, hola, hola Garcí…? ¿Así que voy adelante por más de un millón?”. El tono telefónico, que duraba 17 segundos y estaba aderezado con música de rap, reproducía una grabación aparentemente realizada por militares adversos a la presidenta. El gobierno no rechazó la autenticidad de esa grabación pero declaró ilegal su posesión porque había sido realizada de manera subrepticia. Aun así, el ringtone con la voz de la presidenta circuló por millares de teléfonos móviles.

   A mediados de 2007, en Estados Unidos los partidarios del senador Barack Obama han propagado tonos de teléfono con la voz de ese aspirante a la candidatura presidencial del Partido Demócrata. Además hay sitios en la Red que promueven la creación de ringtones políticos que encajan bien con el estilo conciso, apuntalado en frases notorias más que en ideas, que impone la mercadotecnia electoral.

   El portal Ring it on! explica, con una realismo a la vez que sarcasmo: “Somos una nación bendecida con políticos cuyas declaraciones prácticamente ruegan llegar a ser tonos de teléfono. ‘Misión cumplida’, ‘Los últimos estertores de la insurgencia’… No deje que se desperdicien esas perlas de la incompetencia política. Conviértalas en tonos de teléfono y déjelas saltar en los centros comerciales, las estaciones de autobús, los restaurantes, su trabajo… Hemos sido una nación de zombies políticos por mucho tiempo. ¡Ejercite su libertad de expresión y deje que suene el celular!”.

   Así que ahora, además de versiones simplificadas de New York, New York o de la Novena Sinfonía de Beethoven, los celulares irradian las voces de los famosos. Nuestras versiones vernáculas de esa politización telefónica podrían ser tonos que repitieran aquel “¿Yo? ¿Por qué?” con el que se definió el ahora ex presidente, o las vulgares conversaciones del gobernador Marín con su contlapache el empresario textil.

   Esa miríada de sonidos que invade hoy el paisaje urbano forma parte de la trivialización, pero también de la apropiación que la gente hace tanto de los asuntos públicos como de los dispositivos tecnológicos. Pero no en todas partes se acepta, o tolera, de la misma forma a los ruidos que brotan del celular. Amparo Lasen, autora de una indagación sobre el uso del móvil en varias ciudades europeas, ha escrito: “Los sonidos del teléfono móvil, tanto los tonos como las conversaciones, son parte del panorama musical en el transporte público. También están presentes, aunque menos utilizados, en los restaurantes… Las reacciones a la inobservancia de las reglas de etiquetas son distintas [en cada ciudad]. Los parisinos rápidamente se muestran contrariados, volteando a mirar al usuario ruidoso. En Madrid la gente parece estar más acostumbrada a eso, mostrando menos signos de desagrado. El nivel del ruido en los sitios públicos, tanto adentro como al aire libre, es mayor que en las otras dos ciudades y también hay mayor tolerancia para las conversaciones escandalosas. Los tonos telefónicos también son a menudo más ruidosos en Madrid, con cierta preferencia por melodías de ‘valquirias’ y ‘caballerías’ que no parecen molestar a la gente que está cerca. Sin embargo, para los entrevistados españoles, los  entremetidos tonos telefónicos y los conversadores ruidosos son los aspectos más incómodos en el uso que otras personas hacen de los teléfonos móviles. Esta es la molestia principal para la mayoría de los entrevistados, cuando los usuarios del celular ‘olvidan que hay otras personas alrededor’. Esta inconsciencia es resultado de las dificultades para administrar dos escenarios de interacción, la conversación telefónica y la presencia física de los otros”.

 

Señales de identidad

   El tono telefónico acota, define y proclama la identidad personal. Los autores de un amplio estudio sobre la expansión del teléfono celular, encabezados por Manuel Castells, explican: “Las tecnologías móviles han acabado formando parte de los procesos de formación de la identidad personal, no únicamente como instrumento utilitarista para la comunicación sino también como ‘una proclama estética en miniatura de su propietario’ ”.

   El tono del celular anuncia la personalidad de quien lo ha seleccionado o, al menos, el estado de ánimo que tenía cuando eligió ese y no otro sonido para su teléfono. Pero la impresión que suscitará entre quienes lo escuchen dependerá, a su vez, de la idiosincrasia de los otros y del contexto en el que suene el teléfono. Un celular que cuando llama deja escuchar al grupo de cumbia “Damas gratis” (que tiene el mayor número de descargas en el sitio de tonos telefónicos Chikabum.com) causará opiniones distintas a otro que reproduzca por varios segundos un concierto para clarinete de Mozart. Pero ambos serán desaprobados si suenan durante una obra de teatro. Así que la proclama estética que enarbolan los dueños de celulares y tonos se encuentra acotada por las reglas que imperan en el uso del espacio público.

   La creación de tonos telefónicos está subordinada al negocio y a los requerimientos técnicos. Hay empresas telefónicas que contratan músicos para que diseñen timbres sencillos, armónicos y contagiosos, que estén ceñidos a la brevedad pero también a la simplicidad que se exige de ellos. El profesor de música Sumanth Gopinath, de la Universidad de Minnesota, ha explicado:  “El negocio de componer tonos de teléfono no es particularmente glamoroso: es, en un sentido, una forma actualizada de escribir jingles, o música publicitaria, cuyo producto es el mismo teléfono móvil. El tono, en el caso del teléfono monofónico, se beneficia de ser una forma artística altamente inhibida. El compositor tiene una sencilla línea melódica de extensión limitada (30 segundos máximo) y un rango (hasta 4 octavas) a su disposición, con poca o ninguna posibilidad de un tono discordante o cambiante. La simplicidad de tales melodías, que deberían balancear el interés estético (‘buen’ sonido, en abstracto) con una función (ser una señal efectiva para el usuario del celular) parece muy halagüeña cuando son cortas, quizá de unos cuantos segundos”. De allí que la estética del audio celular sólo se ha podido extender con las innovaciones en materia de reproducción digital que incorporan al teléfono la posibilidad de repiquetear con sonidos auténticos y no solo combinaciones de los tonos convencionales.

   Dime qué tono usas y te diré a qué te quieres parecer: cuando el celular suena ya no solamente anuncia una llamada. Además pregona una señal de identidad o, dicho de otra manera, el recurso acústico con el que cada usuario quiere llamar la atención. Ese ejercicio de notoriedad podrá ser categóricamente egocéntrico cuando se expanda el singtone, que es un tono de celular que cada quien puede grabar con su propia voz interpretando, con fondo musical, la melodía de su preferencia.

   Los versátiles usos del celular expresan copiosas posibilidades de apropiación. En India hay tribus que utilizan el móvil para cazar leopardos: le ponen sonidos de gallos, cabras y vacas, lo colocan bajo una trampa y solamente llaman para que el felino se acerque confiado en que encontrará una presa. En las ciudades contemporáneas los atrapados somos nosotros cuando, aunque abominemos de los tonos del celular, vivimos rodeados de ellos.

 

Referencias

-“Filipinos answer anti-corruption call”. San Francisco Chronicle, 22 de junio de 2005.

-Amparo Lasen, A comparative study of mobile phone. Use in public places in London, Madrid and Paris. Digital World Research Centre, University of Surrey, 2004.

-Manuel Castells, Mireia Fernández Ardévol, et. al., Comunicación móvil y sociedad. Una perspectiva global. Fundación Telefónica y Ariel, Barcelona, 2006.

-James Crabtree, et al, Mobile phones and everyday life. The Work Foundation, Londres, 2003.

– Sumanth Gopinath “Ringtones, or the auditory logic of globalization”
First Monday, diciembre de 2005: http://firstmonday.org

– Ring It On! http://www.ringtones08.com/