Aprender y educar en Internet

Texto para una conferencia en la Universidad Pedagógica Nacional en noviembre de 2001

A la Internet se la suele mirar con ilusión, o con aprensión, pero es difícil ser indiferente ante su presencia global, las posibilidades de conocimiento que ofrece y desde luego, sus insuficiencias y distorsiones. Con frecuencia sus propagandistas más entusiastas la adornan con tantos atributos que pareciera, casi, que basta conectarse a la red de redes para que sus usuarios se vuelvan informados e instruidos. En el otro extremo se encuentra la actitud de quienes rechazan las capacidades que la Internet tiene para mejorar la vida de la gente.

   En todo caso la pertinencia de utilizar o no a la Internet es una discusión cada vez más superada. Quienes no se acerquen a esta tecnología de información y comunicación no solo dejarán de aprovechar sus posibilidades. Además quedarán al margen de las rutinas, los ritmos y las modalidades con que una significativa porción de la humanidad (aun pequeña pero que aumenta día tras día) se informa, divierte, aprende, comercia y se interrelaciona.

   En la educación los usos de la Internet han sido diseñados casi siempre de manera pragmática, sin tomar en cuenta la cobertura todavía limitada de la red de redes, la necesidad de tener instrucción específica para aprovecharla y las modalidades que tienen la propagación y el aprendizaje de contenidos en ese espacio.

   Igual que en otros campos la utilización de la red con propósitos didácticos se enfrentó inicialmente a la indolencia y al rechazo de quienes en lugar de entenderla y aprovecharla, quisieron negarla como un recurso útil. Ahora son pocos los profesores que se rehúsan a utilizar o por lo menos a conocer las posibilidades de esa tecnología. Pero siguen faltando recursos e infraestructura y sobre todo, exigencia, entusiasmo y creatividad para que en el campo de la educación la Internet sea utilizada intensa y extensamente.

 

Instrumento heterogéneo y vasto

   La Internet no sustituye a los maestros, ni a la escuela, ni a los contenidos educativos. La Internet es un instrumento que puede ser utilizado para dar a conocer contenidos de distinta índole. Si la empleamos para difundir materiales científicos o literarios la red de redes funcionará como divulgadora de la ciencia y la literatura, de la misma manera que propagará pornografía y violencia si los contenidos que se colocan en ella son de esa naturaleza.

   A la Internet la hemos definido como una colección de espejos de la realidad [1]. Si en la vida fuera de línea hay, como a todos nos consta, abusos, odio, crímenes y las más variadas perversiones, parte de esa realidad será reflejada en la Internet. Si como por fortuna ocurre en la vida real también y sobre todo existen arte, cultura, imaginación, desarrollo y solidaridad entre tantos otros atributos, esas conductas y sus expresiones tendrán cabida en la red de redes.

   En la Internet hay de todo. Su capacidad para alojar contenidos de la índole más variada constituye uno de sus atributos más destacados. No solo se está convirtiendo en la biblioteca y hemeroteca más grande de la que haya podido disponer la humanidad. La Internet está llegando a ser, antes que nada, el reflejo más acabado de las costumbres, el pensamiento y el comportamiento humanos. Por eso es indispensable que los niños y jóvenes aprendan a utilizarla y el sitio idóneo para ello es la escuela.

 

Recursos para instruir

   La Internet es un instrumento de comunicación. Sus singularidades técnicas (especialmente la interactividad que pueden ejercer sus usuarios y la casi infinita cantidad y variedad de contenidos que hay en ella) la distinguen de otros medios de comunicación.

   A diferencia de los recursos más elementales en el quehacer educativo la Internet requiere de una pequeña sofisticación tecnológica de la que no siempre se dispone. En la enseñanza tradicional basta con que el profesor tenga pizarrón y gis –a veces, ni siquiera de esos recursos se dispone–. Para emplear la Internet hacen falta al menos una computadora con módem, una conexión a la red y energía eléctrica para alimentar ese equipo. No es nada del otro mundo, pero en ocasiones las limitaciones financieras hacen remota la posibilidad de que todas nuestras escuelas tengan implementos como esos.

   A veces en países como el nuestro la exigencia para tener computadoras en las escuelas públicas parece desmedida, o utópica. Hay maestros que consideran que antes que equipo informático se requieren mejores instalaciones, mesabancos completos, pizarrones funcionales y desde luego salarios decorosos. Pero proponer que la computadora con conexión a la red solo podrá instalarse en la escuela cuando los demás requerimientos materiales queden satisfechos, puede convertirse en causa de un históricamente costoso atraso tecnológico y didáctico: sería una suerte de suicidio educativo.

 

Brecha digital y educativa

   Es necesario que nuestras escuelas tengan pupitres en buen estado y sus profesores remuneraciones justas. Pero al mismo tiempo resulta indispensable que maestros y alumnos cuenten con acceso regular a esa nueva fuente de conocimiento que es la Internet. Hoy en día no puede haber una política educativa nacional digna de ese nombre que no incluya la propagación, intensiva y urgente, de la red de redes en las escuelas. Para ello, desde luego, se necesitan recursos financieros pero también que los maestros tengan interés en apoyarse en los instrumentos informáticos y que las autoridades educativas nacionales cuenten con visión de mediano y largo plazos.

   Carecer de una política con esas características llevaría a profundizar rezagos educativos y culturales que ya padecemos. En la sociedad mexicana el empleo de la Internet sigue siendo patrimonio de un pequeño circuito. La brecha digital que se abre entre los pocos que tienen acceso y los muchos que no pueden llegar a la Internet constituye una de las nuevas fuentes de desigualdad en el mundo entero. Nuestro país no solo no es ajeno a esos desniveles sino que la inexistencia de políticas públicas ha dejado la promoción de la red de redes casi exclusivamente en manos de instituciones y empresas privadas.

   Al finalizar 2001 cerca del 4% de los mexicanos tendrá acceso regular a la Internet. En el transcurso de este año la Internet ha sido empleada por aproximadamente el 5.5% de los argentinos, el 12% de los chilenos y el 18% de los españoles. En comparación con otros países el rezago informático en México es más patente. La población en línea es del 60% en Estados Unidos, 31% en Alemania, 26% en Australia, 20% en Portugal, 17% en Japón, 9% en Malasia y 5% en Rusia, para mencionar países en condiciones muy diversas [2].

 

Enseñar es elegir

   Hemos apuntado que la Internet no reemplaza al profesor, ni a la escuela ni a los contenidos educativos. Pero en el caso de la enseñanza la red de redes no es un auxiliar didáctico más. El efecto de la Internet puede llegar a ser tan o más poderoso que la influencia personal del maestro, el entorno o los contenidos escolares.

   Toda tecnología, incluso la más modesta, impone sesgos y matices a los contenidos educativos que se exponen o comunican con ella. Cuando un profesor escribe en el pizarrón las palabras clave de la clase que imparte ese día, ha tenido que decidir los conceptos que quiere resaltar delante de los alumnos. Lo mismo sucede con el empleo del retroproyector o la videocasetera.

   Cada lección es una elección. Las tecnologías educativas de carácter convencional permiten sobre todo resaltar y explicar gráficamente los contenidos que se quieren inculcar en los alumnos. La Internet exige –más que cualquier otra tecnología– que esa capacidad de elegir se ponga en práctica, con una diferencia adicional: quien decide ya no es solamente el maestro, los alumnos se involucrarán pronto en la selección de los contenidos que quieran conocer. En una segunda fase en el aprovechamiento de la Internet ellos mismos –profesores y alumnos– podrán diseñar sus propios contenidos y alojarlos en la red de redes.

 

Aprender a seguir aprendiendo

   El uso educativo de la Internet requiere del desarrollo de al menos tres vertientes. En primer lugar es preciso entender a la red de redes como un espacio abierto en el que hay contenidos de todo género y en donde la destreza primordial consiste en saber buscar, para decidir a qué sitios nos asomamos y a cuáles no. La Internet es una colección de espacios potencialmente inacabables en donde se acumula información muy amplia, la mayor parte de la cual no ha sido concebida como apoyo en la enseñanza. La necesidad de aprender a buscar y a elegir en la Internet resulta más clara si consideramos que a fines de 2001 tendremos más de 32 millones de sitios web, los cuales albergarán casi 2 mil 500 millones de páginas.

   Quienes se familiarizan con la Internet identifican sus diferencias con otros instrumentos de enseñanza. La red de redes puede ser utilizada como apoyo en el trabajo dentro del aula y como complemento en la realización de tareas, pero también como eje de la enseñanza no escolarizada. Ese es un tema en el que estas breves notas no incursionarán.

   Lo primero, será que profesores y alumnos abandonen cualquier aprensión acerca de la computadora y la Internet. Por lo general los alumnos son más receptivos al manejo de la tecnología que la mayor parte de sus profesores. Existe una diferencia generacional patente en la manera como unos y otros se acercan al ordenador. Quienes han crecido no solo junto a la televisión y la videocasetera sino además al lado de los videojuegos y la iconografía y la parafernalia cibernéticas, tienen una facilidad intuitiva para aprovechar las nuevas tecnologías informáticas de la que no disponen quienes crecieron y aprendieron a aprender en un entorno tradicional. Los alumnos en estos casos suelen aprender más rápido que sus profesores. Esa disparidad obliga a intensificar la capacitación de los maestros en el aprovechamiento de tecnologías como la Internet.

 

Más información que conocimiento

   Además y en segundo lugar hace falta reconocer el lenguaje y los estilos de comunicación que prevalecen en la red de redes. No nos referimos al idioma, ni a los códigos informáticos que es menester emplear para armar páginas web, sino a las maneras como suelen ser aprehendidos los contenidos de la Internet.

   Los íconos habitualmente sobresalen sobre el texto, las frases cortas atraen más que los párrafos con argumentos extensos, a las páginas en la red se las visita con celeridad como quien hojea un libro en vez de leerlo de cabo a rabo. La información llega a ser más abundante que el conocimiento. El discurso argumental tradicional, que coloca premisas para razonar y deducir para luego arribar a conclusiones, llega a ser sustituido por grandes verdades que se exhiben sin suficiente solidez en muchas ocasiones. Esas son tendencias identificables en el uso de la Internet pero las maneras de asomarse a ella no se agotan en tales prácticas. Es pertinente tomarlas en cuenta para evaluar el uso que profesores y estudiantes puedan hacer de la red de redes.

 

Redes para la enseñanza

   Un tercer momento en la apropiación de la Internet para la enseñanza radica en la preparación de contenidos para colocar en ella pero sobre todo, en la construcción de redes capaces de involucrar y vincular a profesores y estudiantes en regiones, disciplinas o niveles capaces de interesarlos mutuamente. El filósofo y matemático español Javier Echeverría lo ha explicado con toda claridad en su obra más importante sobre los usos de las redes informáticas: “Difícilmente cabrá hablar de una escuela global, y por ello lo previsible es que se creen redes educativas y locales que se superpongan y complementen a los sistemas escolares ya existentes” [3].

   El único límite para el empleo didáctico de la Internet es la capacidad de inventiva de quienes se interesen en darle ese uso, especialmente los profesores. En ese plano será preciso ver a la red de redes no solo como la enorme biblioteca que es sino también como repertorio de plazas en las que se platica y discute, como colección de espacios abiertos a la creatividad y al juego y como medio de interlocución e interacción a partir de los intereses específicos de sus usuarios.

 

Papel de los maestros

   Los maestros tendrían que saber utilizar la Internet como apoyo dentro del salón de clases y en la biblioteca de la escuela y, fundamentalmente, como recurso de investigación para ellos mismos y sus estudiantes. Para ello no basta que sepan abrir el navegador y desplazar el mouse. Es pertinente que entiendan las posibilidades junto con las limitaciones de este recurso para compartir y extender, aunque también matizar o trivializar el conocimiento.

   Lamentablemente la incorporación de los profesores mexicanos al aprovechamiento de la Internet ha sido lenta. Recientemente se ha estimado que “de 800 mil docentes de primaria y secundaria públicas, apenas 5 por ciento, 40 mil mentores, han tomado un curso básico de la SEP y sólo uno por ciento –según la empresa Microsoft– usan esta tecnología para dar sus clases” [4]. En contraste y aunque todas las comparaciones son odiosas, la Internet es una herramienta de uso cotidiano para el 54 por ciento de los profesores estadounidenses.

   A la Internet sería preciso asumirla como un recurso cuyo manejo resulta imprescindible en la educación contemporánea. Eso hace necesario que, para poder enseñar con ella y acerca de ella, los profesores de todos los niveles sepan utilizar la red de redes. Sería indispensable entender que hoy en día es imposible hablar de una completa alfabetización si no incluye las capacidades pertinentes para encontrar, discernir, cotejar, discutir y colocar contenidos en la Internet.

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[1] Raúl Trejo Delarbre, La nueva alfombra mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes. Fundesco, Madrid, 1996. Este libro se encuentra en línea: http://www.etcetera.com.mx/LIBRO/ALFOMBRA.HTM

[2] Datos  calculados a partir de la información ofrecida por Cyber Atlas: http://cyberatlas.internet.com/big_picture/geographics/article/0,,5911_151151,00.html

 
[3] Javier Echeverría, Los Señores del aire: Telépolis y el Tercer Entorno. Destino, Madrid, 1999, p. 283.

 

[4] Claudia Herrera Beltrán, “Sin acceso a computadoras, la mayoría de maestros mexicanos”. La Jornada, 13 de agosto de 2001: http://www.jornada.unam.mx/2001/ago01/010813/044n1soc.html

 

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Eng@ños.com

Publicado el 13 de febrero de 2000 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Varios de los sitios más concurridos en la Internet quedaron paralizados, por varias horas, el martes pasado. Ese día, miles de usuarios de correo electrónico recibieron un mensaje apócrifo de la Presidencia de la República, en México.

   Se trata de dos hechos distintos, pero que coinciden en el empleo de la Internet para causar confusión, aunque sin consecuencias graves. En ambos casos, se ha desatado una condena poco enterada y un afán persecutorio un tanto nebuloso, por ineficaz, en contra de los presuntos responsables.

 

Rasgos y riesgos en la red

   La red de redes informática, se distingue entre otros atributos por la capacidad para enviar numerosos mensajes al mismo tiempo y por la facilidad para que sus remitentes, permanezcan en el anonimato si así lo desean. El intercambio dentro de la Internet puede hacerse con seudónimos, o con identidades falsas. Gracias a ello miles de personas platican en la red acerca de sus preocupaciones más recónditas con una confianza que no tendrían delante de un interlocutor en persona, o si su identidad pudiera ser reconocida.

   Puede ser discutible, e incluso considerado como patológico en algunos casos, pero esa capacidad para que en la comunicación de sus usuarios lo importante sea el mensaje y no la identidad de quien lo formula, es uno de los rasgos más notables en la Internet.

   Esa cualidad permite un ejercicio más abierto de la libertad de expresión (incluso en asuntos políticos) a través de la red. Pero también, puede ser empleada para engañar e incluso para delinquir.

   Por eso, uno de los principios básicos en el uso de la red, es la precaución. Nunca hay garantía de que la persona o la institución que aparece como signataria de un mensaje, sea realmente quien la remite. Actualmente se ensayan tecnologías para autentificar firmas digitales, con códigos que permitirían reconocer un mensaje verdadero de uno falsificado. Es posible que tan pronto como esas firmas se popularicen en la red, surjan recursos técnicos para falsificarlas.

   En ese defecto, la red no es más segura que las formas de comunicación más convencionales. El correo electrónico, es tan susceptible de padecer adulteraciones como el correo convencional. Siempre corremos el riesgo de recibir una carta cuyo remitente no sea el que en ella aparece como tal.

   De la misma manera, el correo electrónico puede ser leído por intrusos e incluso falsificado, igual que el correo convencional. En todo caso, tanto el correo convencional como el electrónico, comunican mensajes cuya autenticidad puede ser verificada por otros medios.

 

Seudónimos, homónimos y apodos

   Los domicilios en el correo electrónico suelen indicar el nombre de su propietario, pero también llegan a estar compuestos por apodos, o seudónimos. El nombre de usuario para el correo electrónico de este columnista es “rtrejo” y los lectores de este espacio que se quieran comunicar conmigo saben a quién le están escribiendo. Pero a veces en uno de mis buzones electrónicos, domiciliado en el servidor de una empresa estadounidense, recibo avisos para un técnico en construcción que vive en una pequeña ciudad de California y que se llama Rick Trejo. El nombre de usuario de una amiga en Buenos Aires es “geisha”, que es como le dicen sus conocidos en vez de Laura, que es su nombre auténtico.

   Además en el ciberespacio, de la misma manera que en la vida real, hay homónimos. De cuando en cuando recibo correspondencia de un especialista en informática español que se llama Carlos Salinas. Más de una vez, al ver su nombre en la lista de remitentes he pensado, erróneamente, que se trata de un mensaje de Dublín, o de La Habana.

   Para abrir una cuenta de correo electrónico en uno de los muchos sistemas que ofrecen ese servicio de manera gratuita (a cambio de que uno mire la publicidad que se coloca en las páginas web) no hace falta mas que solicitar un nombre de usuario que no se encuentre ya registrado. En uno de esos servicios, el nombre que yo quería ya estaba otorgado y me asignaron “rtrejo21”. Es decir, antes que yo se habían inscrito otras 20 personas con un nombre similar. En la red, están registrados los correos de al menos otros 8 ciudadanos, no sé de qué países, con el mismo nombre y apellido de este columnista.

 

El correo atribuido al Presidente

   El jueves pasado, la Presidencia de la República denunció que dos días antes, el martes 8 de febrero, una cantidad no especificada de usuarios de la red recibió un correo electrónico con la firma de Ernesto Zedillo Ponce de León, “Presidente Constitucional de la República de los Estados Unidos Mexicanos”.

   Con ese remitente y esa equivocada denominación, se distribuyó el texto del mensaje que nuestro Primer Mandatario dirigió el domingo por la noche con motivo de la intervención policíaca en Ciudad Universitaria.

   El discurso, según la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia, “no tiene alteraciones significativas”. Sin embargo, utilizó “formas que no corresponden a las comunicaciones oficiales así como el nombre del Titular del Ejecutivo Federal”. No se adulteró el mensaje presidencial, pero siempre existe la posibilidad de que desde el mismo correo electrónico se envíen mensajes falsos. De allí el interés de la Presidencia para alertar sobre esa posibilidad.

   Un día antes la columna Virtudes Públicas había adelantado, en La Crónica de Hoy, la difusión de ese mensaje falso y además, ofreció detalles sobre un episodio que podría estar relacionado con la distribución del discurso del Presidente. Allí se relata el intento de un estadounidense que registró un domicilio electrónico, con el nombre de Ernesto Zedillo, en la red de America On Line, la más importante en la Unión Americana.

   Ese individuo, según se dijo, pretende cobrarle al presidente mexicano 5 mil dólares para cederle sus derechos sobre dicho domicilio electrónico. Naturalmente, el doctor Zedillo no aceptó esa extorsión. Si lo hiciera, al día siguiente recibiría ofertas similares de personas que podrían registrar domicilios electrónicos con el nombre “Ernesto Zedillo” en Yahoo!, Hotmail, Compuserve, Latinmail o cualquiera de las docenas de servicios que ofrecen cuentas gratuitas de correo electrónico.

 

Domicilios con el nombre de Zedillo

   Una búsqueda que realizamos ayer, encontró diez direcciones electrónicas registradas a nombre de “Ernesto Zedillo”, o “Ernesto Zedillo Ponce de León”, entre ellas:

Elpresidente@los pinos.gob;

brother@mailcity.com;

ernesto_zedillo@mailexcite.com;

ernesto.zedillo@mailcity.com;

cuatemochas90@hotmail.com;

pinos@mexico.org.

   Evidentemente, se trata de correos con identidades ficticias, para engañar o, en la mayor parte de los casos, jugar con el nombre del Presidente mexicano. No convalidamos y menos aplaudimos ese empleo engañoso de la red. Simplemente, queremos insistir en que no se trata de un asunto nuevo en el uso de las redes, ni exclusivo de nuestro país.

   Ayer también, en un solo buscador de domicilios electrónicos encontramos un centenar de direcciones de correo registradas bajo el nombre de Bill Clinton y que hacen escarnio del presidente estadounidense.

 

 

Excesos y confusiones mediáticos

   El incidente con el domicilio electrónico que suplanta la firma del presidente mexicano, fue reportado con escándalo y con alguna ignorancia por diversos medios de nuestro país. Naturalmente, es preocupante que haya quien envíe mensajes falsos, acreditándoselos al Presidente de la República. Pero ese no es un riesgo exclusivo de la Internet. De la misma forma hay quienes envían cartas espurias, con remitentes apócrifos, a través del servicio postal convencional. Es preciso estar alertas ante esas posibles suplantaciones. Quizá lleguen a constituir un delito, que es tan difícil de rastrear en la red de redes como en el correo tradicional.

   En varios medios mexicanos, especialmente en la televisión, se mencionó el caso del correo falsamente presidencial como ejemplo de los abusos que proliferan en la Internet. Lo que no suele decirse en esos casos es que, junto con los excesos, hay innumerables ventajas y beneficios del uso de la red de redes. Al resaltar los usos perversos, se tiende a crear la sensación de que la Internet es una cueva de estafadores y embustero. Los hay, y muchos, en la red de redes. Pero no en mayor proporción que en otros espacios de comunicación e intercambio.

   En la prensa escrita, se informó del incidente del correo engañoso con cierto desconocimiento. En un par de casos, se dijo que había ocurrido un asalto pirata a la página web de la Presidencia. Pero no fue así. La Internet tiene varios mecanismos de comunicación: el más importante es la world wide web, la red electrónica mundial, que interconecta a los servidores o computadoras en donde están alojados varios millones de páginas electrónicas, o páginas “web”. Otro, es el correo electrónico que no necesariamente depende –a veces sí–  de una página web. En el caso del correo falsamente presidencial, no hubo transgresión alguna en los sistemas informáticos de la Presidencia de la República. Lo que ocurrió es que alguien, desde otro servidor para la Internet, mandó un correo con un remitente falso.

   En algún diario, se publicó: “Detectan falso chateo en nombre del presidente en e-mail”. Los espacios de chat, o de plática en la red, son aquellos en donde se intercambian opiniones, a veces al mismo tiempo, entre varios usuarios. No tienen relación con el correo electrónico.

 

México, sin política para la Internet

   En nuestro país, aunque se habla mucho de la Internet todavía son pocos los mexicanos (apenas algo más del uno por ciento de la población) que tienen acceso regular a la red de redes. Seguramente esa proporción aumentará, aunque no demasiado, en los próximos años.

   La mitificación de la Internet y las limitaciones para su crecimiento se deben, en parte al menos, a la inexistencia de una política informática capaz de promover, desde el Estado y en colaboración con otros sectores, una auténtica cultura de la Internet entre los mexicanos.

   Muchos otros países en América Latina, incluso naciones con mayores limitaciones materiales que las que padece México, cuentan ya con políticas de desarrollo informático que comprometen al gobierno en la coordinación de esfuerzos para ampliar el número de usuarios de la Internet y para colocar contenidos culturales y educativos de carácter nacional en la red de redes.

   México se está convirtiendo en una notoria y lamentable excepción en ese campo. En nuestro país, el crecimiento de la Internet depende solamente de la promoción que hacen las empresas privadas interesadas en hacer negocio con la expansión informática y del cada vez más débil auspicio a cargo de algunas universidades.

 

Colapso en sitios muy visitados

   El mismo martes que se distribuyó el multicitado correo electrónico cuyo carácter aclaró nuestra Presidencia de la República, se produjo uno de los colapsos más notables que se hayan registrado en la historia de la Internet. Se trató de la interrupción intencional en el servicio de una decena de los sitios comerciales más visitados en la red de redes.

   El lunes por la tarde había sido bloqueado por varias horas el sitio de Yahoo!, el segundo más visitado en la Internet, que según las encuestas de uso de la red es visitado por casi 23 millones de personas cada semana. Al día siguiente, el martes 8, fueron bloqueados los sitios de Buy.com, eBay.com, CNN, Amazon y ZDNet, entre otros.

   Buy.com es el sitio de una tienda electrónica, eBay, es la página de subastas más conocida en la red y es visitada por más de 4 millones de personas a la semana. La de CNN, es la página de la cadena de noticias más conocida en la televisión internacional. Amazon es la empresa de más rápida expansión y éxito en la Internet: luego de comenzar con la venta de libros, ahora ofrece artículos de lo más diversos a precios más bajos que en las tiendas convencionales y es visitada cada semana por más de 3 millones 700 mil personas, tan solo en los Estados Unidos. ZDNet, reúne a un grupo de servicios para la informática organizados a partir de la revista PC Magazine y su página electrónica es frecuentada por más de 2 millones 200 mil personas a la semana.

 

Millares de mensajes simultáneos

   Esas páginas electrónicas fueron bloqueadas a través de un mecanismo tan ingenioso como contundente. Alguien, o algunos, programaron sus computadoras para que enviaran millares de mensajes, al mismo tiempo, a los servidores que hospedan a esas páginas electrónicas. Al recibir una cantidad inusitada de información, las computadoras en donde están dichas páginas se paralizaron.

   Para enviar un número muy alto de mensajes, el o los saboteadores emplearon un programa informático que se envía de manera subrepticia, a través del correo electrónico, a varios millares de computadoras en todo el mundo. Sin que sus propietarios lo sepan, esas computadoras, el mismo día, se dedican a mandar paquetes de información a los servidores de los sitios a los que se desea sabotear. Los administradores de la página de Yahoo!,aseguran que cada segundo recibían un gigabite de información, es decir, mil millones de bytes (más o menos 27 mil veces la versión electrónica de la columna que usted está leyendo).

   Es difícil estimar las pérdidas que puedan haber tenido las empresas cuyas páginas electrónicas fueron saboteadas. Por ejemplo, Amazon hubiera vendido algo más de 560 mil dólares en libros y otros artículos durante las tres horas que su sitio estuvo paralizado. Sin embargo, es posible que muchos de los clientes que no pudieron entrar a esa página hayan esperado para hacer sus compras más tarde.

 

Acusaciones en contra de hackers

   ¿Quién o quiénes paralizaron esas páginas electrónicas? El gobierno y los más importantes medios de comunicación estadounidenses culpan, sin mencionar nombres, a algunos “hackers”, los especialistas de alta calificación técnica que suelen introducirse en redes de cómputo, a veces para cometer delitos o simplemente por el gusto de probar así su destreza informática.

   Varios de los más conocidos casos de intrusión en redes de esa índole, han sido perpetrados por especialistas que a veces por travesura, o para protestar por los que consideran abusos de grandes corporaciones, o de algunos gobiernos, rompen la seguridad de distintos sitios web para dejar testimonio de su presencia, o de sus quejas. En varias ocasiones, por ejemplo, las páginas de varios sitios del gobierno mexicano o de empresas de nuestro país, han sido “jaqueadas”, o alteradas, por “hackers” que simpatizan con el EZLN.

   Sin embargo, las tecnologías capaces de afectar a un sitio web se han propagado de tal forma que no hace falta ser especialista en informática para bloquear una página. Eso argumentan, al menos, los hackers más reconocidos, que niegan que el o los responsables del colapso del martes pasado se encuentren entre ellos. Hace un par de días los editores de la revista 2600, que es algo así como la biblia de los hackers en todo el mundo, declararon sobre ese atentado:

   “Sentimos pena por los principales sitios comerciales de la Internet que han sufrido inconvenientes por los ataques que entorpecieron sus servicios. Realmente, lo lamentamos. Pero no podemos permitir que ellos o cualquier otro le echen la culpa a los hackers. Más aun, los grandes medios han hecho muy mal su trabajo al cubrir este asunto culpando a los hackers y a continuación admitiendo que no tienen idea de quién está atrás de eso”.

 

En peligro, libertades en la red

   Cualquiera puede correr un programa como el que se empleó para ese ataque, no hace falta ser hacker para ello, dicen los editores de la mencionada revista, y especulan e ironizan: “Podría ser el trabajo de alguien que perdió sus ahorros de toda la vida en el comercio electrónico. O quizá es obra de los comunistas. ¡Hasta podrían ser las mismas corporaciones americanas! Después de todo, ¿a quién le convendría más la consiguiente denigración de la imagen del hacker para restringir más las libertades individuales?”.

   Quién sabe. Lo que sí ha podido comprobarse, es que cada vez que ocurre o se cree que puede ocurrir una desgracia informática, quienes más ganan son las empresas que venden servicios, o programas, para evitar peligros en las redes. Así ocurrió con la extendida preocupación por los efectos que el cambio de fechas, al inicio del año 2000, podría tener en las computadoras.

   Por lo pronto, después del episodio del martes el presidente Bill Clinton solicitó al Congreso una partida de 2 millones de dólares para buscar mejores mecanismos de seguridad en las redes informáticas. Pasado mañana, funcionarios de Seguridad Nacional, la Procuradora Janet Reno y directivos de las principales empresas de la Internet, se reunirán en la Casa Blanca para discutir ese tema.

   Ayer, se decía que el FBI contaba con algunas pistas para identificar las principales computadoras de donde salieron los mensajes que paralizaron los sitios web. Sin embargo, el viernes el presidente Clinton había reconocido que será difícil encontrar solución a los problemas de seguridad en la Internet.

   No habrá remedio definitivo porque la apertura al libre flujo de mensajes y la diversidad de emisores, que distinguen a la red de redes, siempre serán fuente de intrusiones y adulteraciones no deseadas. La única solución, se encuentra en un uso precavido y enterado de la Internet, capaz de entender y evitar los engaños.  Para ello es preciso crear una cultura de la informática, que lamentablemente estamos lejos de tener en nuestro país.

Derechos, delitos y libertades en Internet

DERECHO, DELITOS Y LIBERTADES EN INTERNET  [1]

I. DE LA ESPONTANEIDAD ORIGINARIA AL ESBOZO DE UN GOBIERNO EN LAS REDES

Desde que surgió hace ya dos décadas, Internet parece haberse desarrollado por un cauce distinto, y a veces contrapuesto, al de las disposiciones jurídicas -al menos tal y como se las conoce habitualmente–. Los estudiantes y profesores universitarios que Ie confirieron el espíritu lúdico y el trato informal que definió a la red de redes en sus primeros tiempos tenían escaso interés en establecer normas que podían rigidizar, limitándolo, el espacio libre en el que pronto se convirtió Internet. Cuando se hizo necesario tener algunas reglas para ordenar al tráfico de mensajes y evitar conflictos entre sus autores y destinatarios, se prefirieron los códigos de comportamiento ético.

   La asignación de domicilios en la red, que en sus inicios nadie pensó que llegaría a convertirse en fuente de enormes negocios y de célebres litigios, fue encomendada a una institución privada respaldada con fondos del gobierno estadounidense. Así fue como se determinaron los domicilios en las áreas mas conocidas (.com, .gob, .edu, .net, .org, para los sitios comerciales, gubernamentales, educativos, relacionados con la red y de organizaciones civiles). Luego, en cada país los promotores de Internet, casi siempre instituciones académicas, se encargaron de conceder el derecho a empIear domicilios, como el que en México se conoce por la terminación .mx .

   No hacía falta mayor regulación. Pero a medida que ganó presencia social y cultural y sobre todo una significativa influencia económica, en Internet menudearon los conflictos y, para algunos de sus usuarios, especialmente en los gobiernos, la sensación de que hacían falta reglas peculiares para ordenar el disperso universo de mensajes y espacios que es Internet, lo mismo en el empleo de recursos como el correo electrónico que en el sitio de sitios que constituye la WWW, la red electrónica mundial. A fines de 1998 se constituyo Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (Corporación Internet para Nombres y Números Asignados) que registra domicilios y autoriza nuevas denominaciones de dominios, entre otras tareas. La ICANN tiene un Consejo Directivo encabezado por la estadounidense Esther Dyson e integrado par una veintena de representantes de distintas comunidades y grupos de interés relacionados con Internet, en todo el mundo [2]. Esa institución es lo más parecido que existe a un “gobierno” de Internet.

II. DEMOCRACIAS AVANZADAS Y DICTADURAS COINCIDEN AL TRATAR DE CENSURAR A LA RED

Los otros gobiernos, los que encabezan y orientan a los estados nacionales, han considerado que la red de redes se les escapa de las manos –y en  buena medida así ocurre– y desde hace varios años han querido regularla. Significativamente, los principales intentos para establecer leyes específicas a fin de moderar el ejercicio de las libertades en Internet han ocurrido en países singularizados, al menos en el discurso publico prevaleciente en ellos, por el respeto a los derechos individuales y sociales y por otra parte, en países represivos y dictatoriales.

   En los Estados Unidos, a comienzos de 1995, el congresista James Exon presentó una iniciativa para castigar la propagación de materia! “obsceno, lúbrico, lascivo, asqueroso o indecente” a través de Internet. El problema principal de esa propuesta era su ambigüedad. Cada quien podría juzgar, de acuerdo con sus propios parámetros, la obscenidad o lubricidad. Pero la posibilidad de sancionar contenidos por decisión discrecional de algún juez abría la puerta para una censura no solo moral sino también ideológica y política.

   El 1o. de febrero de 1996 el Congreso estadounidense aprobó la iniciativa del senador Exon, que había sido incorporada a una nueva Ley de Telecomunicaciones [3]. De inmediato, varios grupos de usuarios de Internet presentaron recursos legales contra esa disposición y se inició un litigio que duraría más de un año.

   En junio de 1997, la Suprema Corte de los Estados Unidos resolvió que las enmiendas al Acta de Telecomunicaciones relativas a Internet atentaban contra la libertad de expresión, y por lo tanto eran anticonstitucionales. Para entonces el diferendo había pasado por varias instancias legales. Los grupos de activistas por las libertades en Internet, especialmente de la Fundación Fronteras Electrónicas [4], habían desplegado una intensa labor no solo en el terreno de la propaganda sino, también, de carácter didáctico. En Filadelfia y Nueva York tuvieron que Ilevar a las cortes federales varias computadoras para mostrar a los jueces qué es Internet y por qué las restricciones a las libertades en la red tenían implicaciones graves. Las salas de esos tribunales de pronto se convirtieron en escuelas activas en donde los solemnes jueces se pasaron varias horas divirtiéndose con los hallazgos de toda índole que lograban en la red de redes. Además de definitorios votos que harían posible el triunfo de su causa, esos defensores de las libertades en Internet consiguieron adiestrar a varios nuevos cibernautas.

   En la Unión Europea y en mucha menor medida en América Latina, también se han conocido intentos para legislar los contenidos en Internet.  Por lo general, frente al interés de los gobiernos para establecer controles, los usuarios más conspicuos de la red de redes han insistido en que el carácter abierto de Internet implica riesgos, entre ellos la propagación de contenidos ofensivos al menos para algunas personas. Pero entre censurar o tolerar la circulación de mensajes e íconos de toda índole, la opinión prevaleciente ha sido favorable a la permisividad. En esa posición, ha influido la defensa de la expresión libre que han compartido no solo grupos de activistas, sino incluso los consorcios mas importantes relacionados con informática (lo mismo empresas de servicios de conexión como America Online, que Microsoft o IBM). Pero además, esa tolerancia se ha debido a cierto pragmatismo: las características técnicas de Internet hacen difícil, y a veces casi imposible, identificar e incluso sancionar, a los autores de contenidos que puedan ser considerados como delictuosos.

   Y así como es en los países más desarrollados –y en donde Internet se ha expandido con mas rapidez– en aquellos en los que han surgido intentos de reglamentación, también, en el otro extremo, en algunas naciones de régimen autoritario se ha pretendido castigar el empleo de la red fuera de las pautas que dicta el poder político.

   Entre 1996 y 2000 se han conocido restricciones al empleo de Internet en sitios como China y Singapur. Uno de los casos más drásticos y recientes ha sido el de Birmania. En febrero de 2000, Correos y Telecomunicaciones de esa nación (ahora conocida como Myanmar) anuncio las .siguientes reglas para los usuarios de Internet:

 

   Cualquier escrito perjudicial a los intereses de la Unión de Myanmar, no será enviado por correo.

   Cualquier escrito directa o indirectamente perjudicial a las actuales políticas y a los asuntos de seguridad secreta del Gobierno de la Unión de Myanmar, no será enviado.

   Los escritos relacionados con política, no serán enviados.

   Únicamente la persona a la que se otorga una cuenta de Internet, puede usar esa cuenta; ninguna otra persona está autorizada a usar Internet.

   La persona a la que se otorga una cuenta de Internet, es responsable por todo el uso de Internet en esa cuenta.

   Una persona con una cuenta de Internet, tiene prohibido hackear la red y entrar y destruir el sistema de seguridad de Correos y Telecomunicaciones de Myanmar.

   Está prohibido hackear la red y entrar a destruir el sistema de seguridad de otros usuarios de Internet.

   Las personas que tienen una cuenta de Internet tienen prohibido hacer un mal uso de la cuenta de otros usuarios de Internet.

   Los usuarios de la Internet tienen que informar a Correos y Telecomunicaciones de cualquier amenaza en la Internet.

   Los usuarios de Internet tienen que obtener autorización previa de la organización designada por el Estado para crear páginas web.

   Los solicitantes de una cuenta de Internet son considerados responsables de la veracidad de los hechos contenidos en su solicitud.

   Correos y Telecomunicaciones tiene el derecho de enmendar y cambiar las regulaciones para el uso de Internet, sin aviso previo.

   La solicitud puede ser archivada para compensar cualquier daño o pérdida.

   El uso de Internet terminará y se tomará acción legal por la violación de cualquiera de estas reglas”  [5]

   En enero de 2000, de acuerdo con el grupo Reporteros sin Fronteras, las autoridades de Birmania encarcelaron al menos a tres personas, entre ellas un oficial del ejército, por consultar sitios web de la oposición colocados desde otros países.

   Otro caso reciente. El 20 de enero de 1999 Lin Hai, propietario de una empresa de computadoras en Shangai, fue condenado a dos años de cárcel por “incitar a derrocar al Estado”. Su delito, fue entregar 30 mil domicilios de correo electrónico chinos a la publicación electrónica VIP Reference News, elaborada en Washington por opositores al gobierno de China. El juicio de Hai se había realizado en diciembre anterior, en una sesión que duró 30 minutos. El director de la zona asiática de Human Rights Watch, Sidney Jones, declaró entonces: “Este cruel castigo refleja la ansiedad del gobierno chino acerca del aumento del uso de Internet en este país, y la imposibilidad de que pueda controlar el flujo de la información” [6].

   Leonard Sussman, coordinador del informe anual sobre libertad de prensa de la organización Freedom House, ha estimado a partir de una investigación francesa que, en 2000, “45 naciones restringen el acceso a Internet con el pretexto de proteger al público de ideas subversivas o violaciones a la seguridad nacional”. Ese académico se refiere a ” palabras en clave usadas por los censores desde el siglo XVI” [7].

 

III. LIBERTADES, DERECHOS, PATRIMONIO INTELECTUAL Y COMERCIO EN INTERNET

 

   En el desarrollo de la red de redes, se han perfilado al menos cuatro campos de posible conflicto debido a la ausencia de reglas suficientemente claras. Hay quienes consideran que basta con legislar, aunque el problema es de mayor complejidad debido a las características únicas de la Internet. Mencionamos, a continuación, algunos rasgos de las que a nuestro juicio son las cuatro principales áreas abiertas a la comisión de delitos específicamente informáticos. Luego comentamos el uso de Internet para perpetrar delitos que no necesariamente dependen de las redes informáticas.

 

1)    Derecho a la expresión en la red

 

  La posibilidad prácticamente ilimitada para colocar todo tipo de contenidos ha sido aprovechada de las maneras más diversas por los usuarios de la red de redes. En la Internet, especialmente en la WWW, hay enormes cantidades de materiales informativos, recreativos y didácticos. También existen sitios destinados a promover actitudes de intolerancia, racismo y odio y, como es ampliamente sabido, numerosas páginas repletas de pornografía. Nuevo como es, en este medio aún no se definen pautas y preferencias claras de sus usuarios. Entre las páginas que algunas personas pueden considerar ofensivas, algunas suelen ser concurridas y otras, pronto dejan de llamar la atención.

   Los principales y más frecuentes intentos para reglamentar la Internet, buscan censurar los contenidos considerados obscenos. Se suele argumentar que la exposición abierta de materiales de esa índole, puede afectar a niños y jóvenes. Por otro lado existe el derecho de los adultos que así lo deseen para mirar y visitar tales páginas.  

   Entre la necesidad de proteger a los menores de edad y preservar el derecho de los adultos a colocar y consumir la información que deseen, hay un dilema que no ha sido claramente resuelto. Lo más recomendable es establecer filtros y quizá claves para el acceso a los sitios que presentan contenido para adultos. Y sobre todo, mantener una frecuente supervisión de sus padres sobre lo que miran y buscan los niños y jóvenes en la red.

 

2)    Derecho a la privacía

 

   La capacidad de la red de redes para que cada quien coloque en ella los contenidos que quiera, es tan amplia como la posibilidad para que los mensajes e incluso la información en su computadora que un usuario no quiere que sea conocida por otros, puedan ser vistos e infiltrados sin su consentimiento. La posibilidad de interferencia existe en prácticamente todos los medios de difusión. Pero las transgresiones a la privacía en la Internet han sido tan publicitadas que existe la sensación de que en ella todo el tráfico de mensajes, incluso el coreo electrónico, se encuentra constantemente abierto al escrutinio de mirones cibernéticos.

   Quizá no es para tanto. La privacía absoluta no existe en la red. Incluso los sistemas de seguridad más sofisticados, el empleo de claves y mensajes cifrados, pueden ser transgredidos por especialistas en cibernética si así lo desean. Pero es exagerado imaginar, por ello, que el ciberespacio es un océano repleto de piratas informáticos dispuestos a asaltar el primer correo electrónico que se les atraviesa.

   Más que los hackers, la privacía en la Internet está amenazada por las grandes corporaciones que trafican con la información relativa a las preferencias y costumbres de los usuarios de la red de redes. Además, se sabe de la existencia de muy sofisticados sistemas patrocinados por los gobiernos de los países más poderosos para espiar los mensajes que transitan por el ciberespacio.

   Recientemente, se ha confirmado la existencia de una vasta red de intercepción de mensajes patrocinada por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda y con la contribución de Alemania y Japón. Gracias a un sistema de antenas satelitales instaladas en esos países y además en Italia y Turquía, entre otros sitios, se ha logrado una capacidad de intercepción capaz de reunir, y procesar, llamadas telefónicas, mensajes de correo electrónico, descargas de información en sitios en la WWW y transmisiones satelitales. A ese sistema de espionaje, se la ha llamado Echelon.

   Algunos especialistas, consideran que Echelon tiene capacidad para interceptar 3 mil millones de comunicaciones todos los días. La información que recaba es analizada por sofisticados programas de inteligencia artificial en cuatro centros, ubicados en Estados Unidos (cerca de Denver), Inglaterra, Australia y Alemania [8]. Se ha llegado a afirmar que Echelon tamiza el 90% de toda la información que circula por la Internet, en todo el mundo.

   En otro asunto, en mayo de 2000 la cumbre mundial contra la delincuencia en la Internet del Grupo de los 8 que se reunió en París, aprobó 22 recomendaciones. Entre ellas, se encuentra la exigencia a compañías privadas de equipos de cómputo o proveedoras de acceso a la red para informar a sus respectivos gobiernos de los riesgos que adviertan a la seguridad en los sistemas informáticos. De esta manera, tales empresas se convertirían en informantes de agencias como el FBI estadounidense. Aunque se sugirieron medidas que tienden a reforzar la responsabilidad de los usuarios de la red, especialistas del grupo Privacy International consideraron que otras decisiones de la reunión en París, “reducirán la privacía en la Internet y no servirán para prevenir futuros ciberataques” [9].

 

3)    Derechos de autor y patrimoniales

 

   Cuando en la red de redes comenzaron a reproducirse textos y fotografías elaborados para otros medios, especialmente impresos, nadie se quejó de tráfico con sus derechos de autor. Sin embargo a medida que la Internet se ha mercantilizado, o ha estado dominada por expectativas de comercialización cada vez mayores, los creadores de contenidos de toda índole buscan que se reconozca y, cuando es posible, se pague su autoría.

   Existen convenciones internacionales y legislaciones que extienden el reconocimiento de los derechos de autor a los formatos digitales, en cualquier modalidad. Además se ha avanzado en la creación de instituciones capaces de registrar con acuciosidad a los propietarios domicilios electrónicos a fin de reconocer los derechos patrimoniales sobre ellos, en los sitios web. En México la Ley Federal del Derecho de Autor, vigente desde diciembre de 1996, reconoce la obra reproducida, o almacenada, “por medios electrónicos, que permitan al público leerla o conocerla visual, táctil o auditivamente” [10].

   Sin embargo, las características propias de la divulgación de mensajes en la red propician un intercambio, una alteración e incluso una apropiación tan versátiles, que las leyes no parecen ser suficientes para garantizar los derechos de los autores (otro asunto, es si muchos autores quieren, o no, pelear por tales derechos). Hans Magnus Enzensberger, en un revisionista ensayo sobre la red, ha encontrado que: “Ahora, es difícil saber quien es el autor de un e-mail o de un mensaje web; pero con el autor desaparece también la autoridad. No sólo cualquiera puede publicar, cualquiera puede meterse teóricamente en el texto del otro, copiarlo, continuarlo, parafrasearlo, plagiarlo o falsificarlo. Los códigos y las limitaciones de acceso pueden superarse con los mismos métodos que les dieron vida” [11].

 

4)    Comercio y leyes en la red

 

   Conforme se ha acentuado el carácter comercial de la Internet, los gobiernos, pero sobre todo las empresas que quieren vender productos y servicios en este nuevo medio, han requerido normas para legalizar las transacciones financieras y mercantiles. ¿Qué validez tienen los compromisos de compraventa en la red? ¿Qué obligaciones deben ser respetadas por los vendedores y cuáles son los derechos de los consumidores? ¿Cómo se autentifican esas transacciones? Esos son algunos de los dilemas que abre el comercio electrónico.

   Por lo general, la legislación vigente para las operaciones mercantiles mediante los procedimientos hasta ahora habituales, puede ser aplicada en el comercio electrónico. En algunos casos, se requieren ajustes ligeros.

   En abril de 2000, la Cámara de Diputados, en México, aprobó una nueva ley de comercio electrónico que reconoce los contratos celebrados a través de correo electrónico y la firma digital, entre otras innovaciones [12]. Esa ley, quedó sujeta a la aprobación del Senado de la República.

   El 30 de junio de ese mismo año, el presidente Bill Clinton expidió el decreto que formaliza el uso de la firma electrónica en los Estados Unidos: lo hizo, insertando una tarjeta con una banda magnética que tiene registrados sus datos, personales e intransferibles [13].

 

IV. CUANDO LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS SON EMPLEADAS PARA COMETER VIEJOS DELITOS

 

   En torno a los delitos en la Internet, se han dicho y escrito toneladas de versiones e historias. Tanto así, que en algunas ocasiones se ha llegado a crear una imagen sombría y pícara de la red de redes, como si en ella prevalecieran las fechorías y la pornografía.

   La Internet, no hay que olvidarlo, es un medio. Tiene características que la distinguen de otros medios de comunicación personal como el correo ordinario y el teléfono, lo mismo que de medios masivos como la televisión y la radio. Pero es, antes que nada, un recurso para intercambiar información que puede ser empleado con fines muy diversos.

   Igual que hay quienes insultan y amenazan por vía telefónica, el correo electrónico puede ser empleado para amagar y atemorizar. De la misma manera que en la radio o la televisión es posible anunciar artículos cuya venta llega a constituir un fraude a los consumidores, en la red de redes hay estafas. No queremos restarle importancia a la comisión de delitos a través de la Internet, sino insistir en que a través de ella pueden perpetrarse faltas que hace tiempo son padecidas en nuestras sociedades y, de manera más amplia, por el género humano.

   El correo electrónico, por ejemplo, puede ser utilizado para vender estupefacientes y como vía para el lavado de dinero. En las tiendas electrónicas, con su tarjeta bancaria, los compradores pueden pagar artículos que luego resultan de mala calidad o que nunca reciben. Esos no son delitos debidos a la Internet, la cual simplemente es empleada para ilícitos que de todos modos serían realizados, o que han sido tipificados antes de que existiera la tecnología que hace posible la comunicación a través de ella. Se ha sabido de casos de personas que son atacadas cuando acuden a una cita con alguien a quien conocieron a través de un chat.

   La Internet, igual que todo medio de comunicación y todo espacio abierto a la interacción pública, ha sido empleada para propagar contenidos cuya divulgación, y antes su creación, son delictivos (por ejemplo y de manera destacada, la utilización de niños y niñas en imágenes de carácter pornográfico). Hay delitos que aparentemente solo se cometen a través de las redes electrónicas, como la desviación de fondos de una cuenta bancaria a otra mediante la intromisión de algún especialista en informática en las bases de datos de una institución financiera. Pero, aunque tecnológicamente sofisticadas, esas son transgresiones que ya ocurrían, con otros métodos, antes de la Internet. El fraude y el robo siempre han existido.

   Lo que queremos decir, es que más allá de ajustar algunos aspectos muy específicos de la legislación para que sean reconocidas las modalidades del intercambio de mensajes e incluso de valores financieros a través de la Internet lo más pertinente es que, en este nuevo medio, sea aplicable la legislación que ya existe para otras áreas de las relaciones dentro de la sociedad.

 

V. DILEMA JURÍDICO Y POLÍTICO: HACER NUEVAS LEYES O

REFORMAR LAS QUE YA TENEMOS

   Cada vez que surge o se desarrolla un nuevo espacio de relación entre los individuos o una nueva actividad humana, el espíritu reglamentista de algunos abogados conduce al intento para dotarlo de nuevas pautas jurídicas. Desde luego, la existencia de normas es uno de los rasgos de una sociedad civilizada. La Internet, que se debe a uno de los desarrollos tecnológicos más intensos en los últimos 20 años, no podría estar al margen de ese rasgo de la civilización que es la existencia de reglas. Pero en muchos casos, antes que imaginar nuevas normas es pertinente revisar si no resulta más sencillo actualizar, para este espacio peculiar, las que ya existen.

   Si se ha de atender a la singularidad de la red de redes, también es preciso recordar el inédito y hasta ahora casi siempre irrestricto ejercicio de las libertades que ha podido desplegarse, con propósitos y resultados de toda índole, en la red de redes.

   Un trabajo reciente sobre el dilema entre legislar y no para la Internet, recuerda:

   “Decidir entre las restricciones represivas que atenten contra la libertad de expresión en Internet o convivir en ese espacio sin reglas donde las transgresiones sean cosa de todos los días, son los extremos que deben evitarse en una sociedad que necesita ser parte de los cambios, pero que es consciente de la importancia de garantizar el respeto y equilibrio en las nuevas ‘relaciones virtuales’ que nos ofrece la cibercultura.

   “En virtud de los rápidos y constantes cambios tecnológicos, los legisladores no pueden comprender sus consecuencias y tampoco adaptar o, en este caso, plantear medidas reguladoras. Es fundamental recordar que uno de los problemas más graves en el establecimiento de normas en un medio cualquiera —con más razón en Internet donde cambia con rapidez la tecnología— es cómo proteger el interés del público al tiempo que se obtiene el máximo de libertad posible para los ciudadanos, las compañías y otras entidades.

   “La opinión de los legisladores del mundo está dividida, lo que está claro ya es que la ausencia de una estructura legal es una condición peligrosa para mantenerse a la altura del ritmo de innovación en la tecnología de la información y de la diversificación de necesidades de nuestra sociedad; también lo es la evidente urgencia de comprensión de las consecuencias tecnológicas y sociales con la llegada de Internet…” [14].

   Más severa, reclamando prudencia antes de abrir una nueva rama del Derecho, es la posición de quienes recuerdan que no es la primera vez que los descubrimientos tecnológicos, especialmente aquellos que sirven para la comunicación, plantean viejos retos que parecen nuevos. Jonathan Wallace —abogado especialista en asuntos informáticos— y Mark Mangan, escritor de temas relacionados con la Internet, advertían en un libro casi pionero, aparecido en 1996:

   “Debido a la histeria que rodea a la nueva tecnología, la cual es causa de una transformación social, nuestros legisladores han perdido de vista el hecho de que muchas de las viejas leyes están bien. La historia ilustra el principio de que las viejas leyes por lo general están maduras, no han sido desechadas, cuando emerge una nueva tecnología. El telégrafo era como el ferrocarril. El teléfono era una forma de telégrafo. La televisión era radio con imágenes. Cuando se introdujo el automóvil, las leyes existentes que regían el robo de propiedad personal fueron fácilmente aplicadas o adaptadas para proteger a los propietarios de automóviles. No había diferencia significativa entre el robo de un carruaje tirado por caballos y el de un automóvil. No es necesario rehacer nuestras leyes para alcanzar cada vez que inventamos algo nuevo, todavía hay gente aparentemente ciega a la metáfora del que siempre quiere precipitarse y eso es exactamente lo que hace” [15].

 

VI. EL CIBERESPACIO: ¿UN TERRITORIO DISTINTO

QUE AMERITA UNA JURISDICCIÓN ESPECÍFICA?

 

   Esos mismos autores aseguran que muchas leyes aplicables a la difusión de mensajes, podrían servir para resolver algunos dilemas prácticos en la red. Pero advierten una excepción: “Sólo la universal, instantánea presencia de la Internet, requiere cambios a la actual ley… Cuando algo colocado en un servidor en Milpitas, California, es instantáneamente disponible para usuarios en Memphis y Francia, las leyes deben ser cambiadas, o adaptadas” [16].

   En esa distinción y no en el a estas alturas repetitivos alegatos sobre la pornografía, el comercio o la censura, es en donde se encuentra el debate de fondo acerca del Derecho y la Internet. ¿Qué es, después de todo, ese nuevo medio? ¿Constituye un espacio de expresión e intercambio con una materialidad suficiente para ser susceptible de regulación por parte de las leyes nacionales? ¿El tráfico de mensajes de un país a otro, requiere de una legislación multinacional, o al menos de convenios capaces de prever la persecución de delitos más allá de las fronteras de cada país?

   O, desde otro punto de vista, ¿no puede pensarse que el espacio en donde se despliega la información colocada en la Internet –el ciberespacio– es una zona distinta de la geografía hasta ahora conocida y reglamentada?

   Una perspectiva así, indudablemente abre nuevos desafíos. Si se ha de legislar tendría que ser reconociendo de manera amplia las singularidades de la red de redes. En contraposición (al menos aparente) con quienes sostienen que no hacen falta nuevas leyes para este medio, está la postura de aquellos que consideran que el de la Internet es un territorio distinto al de los estados nacionales y que, en consecuencia, requiere de un tratamiento jurídico también diferente.

   Acaso quien con mayor agudeza ha expuesto esa posibilidad es el profesor Lawrence Lessig, de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard –y que a partir del 2000 se encuentra en la Universidad de Stanford–. En uno de sus pocos ensayos traducidos al castellano, escrito conjuntamente con Jack Goldsmith, ese especialista sostiene:

   “El ciberespacio está en todos lados, y en ninguno en particular. Accedemos a él desde cualquier punto, nuestras transacciones lo van atravesando, llegan a todas partes. Esto resulta en que casi cualquier lugar, según las nociones tradicionales acerca de lo que es la jurisdicción soberana, puede proclamar para sí el derecho de regular estas transacciones. Esto resulta en la confusión de conceptos. Es como si el mundo se hubiera aplanado de pronto, y que todas sus diversas jurisdicciones se hallaran una al lado de la otra en el mismo plano. Arriba de todo ello, va suspendido un espacio independiente y singular, que coexiste con el mundo de abajo. A medida que va pasando el tiempo, varias jurisdicciones ‘de las de abajo’ interferirán con la de arriba de tal modo que se empezará a armar un lío [17] “.

   Continuan Goldsmith y Lessig:

   “El espectro de esta confusión ha hecho que algunos estemos a favor de que el mundo del derecho reconozca este espacio como una jurisdicción por separado, o, incluso, en algunos casos, como una soberanía por separado, a la que se le tendría que mostrar cierta flexibilidad la hora de tomar determinaciones legales con respecto al soberano. Bien sea a través de estas consideraciones, o a través de un reconocimiento formal, estos teoristas proponen establecer una autoridad nueva y unificada en el ciberespacio que no se fondee en las leyes de ningún soberano en concreto, sino que les incumbiría a todos. Estas personas proponen que, ya que el ciberespacio es radicalmente nuevo, la legislación al respecto también tendría que serlo ” [18].

   De las anteriores reflexiones, que hemos tomado de diversos autores, parecería desprenderse una contradicción entre la aplicación de las leyes actuales y la creación de nuevos ordenamientos para la Internet. Pero no hay tal. Es posible ajustar la legislación hasta ahora vigente para atender necesidades específicas como la protección de derechos de autor y la autentificación de transacciones mercantiles en la red, al mismo tiempo que se profundiza el debate sobre las nuevas fronteras del ciberespacio.

   Las peculiaridades de la Internet podrían, también, provocar confusiones sobre la potestad de las autoridades locales y nacionales para examinar y en su caso, perseguir delitos cometidos a través de la red de redes. Si un aficionado a la pedofilia residente en la Gran Bretaña tiene fotografías de niños salvadoreños de los que se ha abusado sexualmente y las coloca en la red a través de un servidor ubicado en Alemania pero que es propiedad de una empresa estadounidense, ¿en qué país debe perseguirse ese ilícito? En casos como este, hay que recordar que la Internet es un medio: la persecución de esa falta correspondería, desde luego, a las autoridades inglesas si el delito que se persigue es la propagación de fotografías prohibidas debido a la edad de quienes aparecen en ellas. Si se trata de sancionar la utilización de menores de edad, la indagación sería del gobierno de El Salvador. Cuando ocasionan delitos aprovechándose de la Internet, a los individuos se les castiga por la falta, independientemente del medio que hayan empleado y por lo tanto, sin que sea sustantivo el sitio en donde esté materialmente depositada la información considerada como delictiva.

 

VII. PAUTAS ÉTICAS EN INTERNET, RECURSO

QUE BUSCA ANTICIPARSE A LAS LEYES

   La ética nunca resuelve las debilidades o las insuficiencias de las Ieyes, pero en algunos casas contribuye a evitar conductas punibles. En la Internet, la eficacia de códigos capaces de refrenar los abusos se sustenta en la convicción y la conveniencia mutuas de los usuarios de este medio.

   Uno de los estudios mas completos sobre seguridad y privacía en el ciberespacio considera que las peculiaridades de la red de redes permiten abrigar optimismo acerca del ejercicio de las libertades:

   “EI doble desafío es, para nosotros, crear patrones comunitarios para este nuevo espacio de redes global y hacer que esos patrones sean aplicables gratificando el buen comportamiento más que castigando al malo (o quizás alguna combinación de ambas opciones)… A fin de entender los temas de la responsabilidad social en línea, antes que nada debemos comprender que estar en línea significa formar parte de una comunidad; tanto como nos encontramos en nuestras comunidades físicas. A diferencia de nuestras comunidades geográficas más familiares, sin embargo, las comunidades en línea habitualmente están cimentadas en afinidades o intereses” [19].

 


   EI sentimiento de pertenencia a una comunidad es el sustento de los códigos de conducta en Internet. Un estudio acerca del derecho y la red incluye a la ética entre los recursos para evitar conductas delictivas:

   “Quienes toman parte en una actividad, algunas veces deciden determinar las reglas a las que se someterán, que pueden incluir la definición espontánea de las reglas de un juego de grupo, o las que se aplican a un grupo de compañías, por ejemplo, en el sector publicitario. Internet también se caracteriza por la elaboración de tales normas voluntarias estándar… los fundadores de un foro de discusión casi siempre bosquejan reglas que los usuarios de Internet deben observar si desean ser partícipes. En todos estos casos, las reglas no son creadas por el sistema legal sino por un proceso relativamente espontáneo de desarrollo de reglas voluntarias de autorregulación.

   “¿Que tanta solidez y valor tiene este tipo de autorregulación? Ante todo, debe decirse que para quienes participan en la red o en una actividad específica y para quien desea, desde un punto de vista social, continuar participando, estas reglas tienen un poder considerable, pues su no observancia es penalizada por la misma comunidad, que puede Ilegar tan lejos como excluir del grupo a la parte involucrada. A un usuario se Ie puede prohibir formar parte de un foro, por ejemplo. Mas aun, el grupo puede ejercer formas de presión técnica y algunas veces económicamente desagradables, como atacar con mensajes agresivos (flamas), ya sea en forma individual, o en masa, a la parte que contraviene las reglas. De manera ocasional, la presión también alcanza al proveedor de acceso del usuario. Todas estas penalizaciones emanan de la comunidad y se aplican a ella misma” [20].

   Entre otras normas éticas, los usuarios mas experimentados de Internet suelen compartir la convicción de que es preciso respetar la privacidad de los demás, evitando interferir en la propagación de los mensajes de otros e incluso, prescindiendo del envío de mensajes no solicitados (como el llamado “correo spam”). Comunicarse con cortesía, evitar rumores o mentiras, ser concisos y claros, dar crédito a las ideas y mensajes de otros, tener cuidado con los derechos de autor, tolerar los errores, evitar los seudónimos e incluso revisar la ortografía, son algunas de las reglas de etiqueta usuales en la red de redes [21]. Se trata de principios como los que cohesionan y hacen posible la convivencia en cualquier comunidad.

   Pero esa convicción comunitaria, en la cual radica la solidez que puedan tener los parámetros éticos, constituye también su principal debilidad. Si los usuarios de la red de redes no comparten esa pertenencia a un grupo y simplemente entienden a Internet como instrumento para perpetrar delitos, la ética servirá de poco –excepto para que otros cibernautas aíslen a quienes abusan del espacio libre y generoso de la red–.

   De manera no explicita, en México las pautas de comportamiento ético han prevalecido sobre la expedición de leyes específicas para Internet. Los autores de un texto precursor en estos asuntos escribían a fines de 1997: “En México, Internet no se ha regulado de manera expresa, como tampoco en el resto de los países latinoamericanos. Su uso gira en torno a cierto código ético y la tendencia institucional es que será un fenómeno ‘autorregulable”‘. Y añadían:

   “A pesar de los índices de crecimiento del uso de la computadora y de Internet, México enfrenta un problema social consistente en lo que denominamos ‘analfabetismo informático’, del cual el Poder Legislativo no está exento: muchos congresistas no entienden el concepto y la estructura de Internet. Asimismo, nos atrevemos a afirmar que tanto los jueces como los magistrados que forman parte del Poder Judicial tienen hoy en día la misma carencia” [22].

VIII. DERECHO DE TODOS A INTERNET, PARTE DEL DERECHO

DE LA SOCIEDAD A LA INFORMACIÓN

   Existe, finalmente, un campo mas de encuentro entre Internet y Derecho, que es la existencia de condiciones suficientes para que los grupos e individuos de una sociedad puedan tener acceso a ese medio de intercambio e interacción. EI derecho a Internet es una expresión del derecho a la información y a la comunicación pero también del derecho a la cultura y, de manera más amplia, al bienestar.

   Lamentablemente, la promoción de Internet no ha forrnado parte de las prioridades de los gobiernos en países como el nuestro. Todavía, a la promoción de una cultura informática que sea nacional tanto en calidad como en cobertura, en sociedades como la mexicana se Ie ve con extrañeza y se suele considerar que esos asuntos no deben formar parte de las prioridades del Estado. Además, en el caso mexicano, se puede reconocer una notoria e incluso deliberada negligencia: a diferencia de otras naciones en América Latina, en México el gobierno ha permanecido ausente –salvo excepciones en unos cuantos proyectos– del impulso a la instalación de redes de cómputo y en el fomento para que el acceso a Internet forme parte de los recursos habituales de los ciudadanos. El resultado ha sido un crecimiento desigual del acceso de Ios mexicanos a Internet, que reproduce e incluso magnifica, en este terreno, desigualdades materiales y culturales que ya existen en la sociedad. Actualmente, solamente tiene acceso a Internet, en cifras aproximadas, entre el 1.5% y el 2% de la población. A partir de datos del Programa para el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas se pueden reconocer Ios contrastes que se advierten en el cuadro siguiente. Acerca del, en casi todos Ios países débiles, poco articulado desarrollo de la red de redes en América Latina, nos hemos ocupado en otros trabajos [23].

INTERNET EN AMÉRICA LATINA

(Hosts por cada mil habitantes)

País

Hosts

Índice de desarrollo [24]

Argentina

1.75

39

Brasil

1.04

79

Colombia

0.52

57

Costa Rica

0.85

45

Cuba

0.01

58

Chile

2.07

34

Ecuador

1.05

72

México

0.92

50

Panamá

0.86

49

Paraguay

0.15

84

Perú

0.15

80

Uruguay

5.02

40

Venezuela

0.63

48

                                                   Otras naciones

 

Alemania

14.9

14

Canadá

53.5

1

España

6.26

21

Estados Unidos

88.9

3

Francia

7.87

11

Finlandia

108

13

 

   ¿Cómo lograr que Internet alcance una mayor presencia en sociedades como la mexicana? ¿Es ése un asunto que pueda remediarse con medidas desde el campo de las leyes, o debe dejarse a la evolución de la misma sociedad y de sus fuerzas más influyentes? Esta última ha sido la posición del gobierno mexicano: no es pertinente forzar el desarrollo de Internet y mucho menos instaurarla por decreto, se ha dicho. En contraposición con esa política o, mejor dicho, con esa ausencia de política, muchas otras naciones y regiones del mundo tienen proyectos que, con respaldo del Estado y en colaboración con las empresas privadas, promueve el desarrollo de Internet y la apropiación de ese recurso informático por parte de la sociedad [25] .

   Un Estado que no tiene políticas para asuntos como este, deja al garete de las fuerzas del mercado la propagación de Internet y, en general, de la cultura y la información. Por supuesto, el crecimiento de la red de redes no se puede forzar de manera artificial, e inclusive sin una actitud gubernamental ni estatal para propiciarlo, su empleo ha crecido enormemente en los últimos años.

   Una política para impulsar el empleo de Internet podría destinar mayores recursos a la compra de equipo y, también, a la capacitación de los usuarios. Llevar Internet a todos los profesores del país, en todos los niveles, y lograr de manera eficaz que tuvieran acceso a ella al menos todos los alumnos desde el nivel de bachillerato, podría darle otro perfil al sistema educativo nacional. Impulsar sitios de contenido nacional afianzaría la presencia mexicana en la red de redes. Garantizar tarifas bajas para la conexión vía telefónica, con descuentos para los usuarios de menores ingresos, contribuiría a la democratización de ese recurso. Sobre todo, seria preciso quitarle a la Internet la imagen que tiene como medio que solo puede interesar a las élites, o que únicamente sirve al entretenimiento. Para ello haría falta una suerte de desideologización de la red de redes. En los meses recientes, cuando uno de los candidatos presidenciales propuso en México que en todas las escuelas hubiera enseñanza del inglés y clases de cómputo, Ie llovieron cataratas de reproches fundamentalistas. Mas alía de la simpatía –o no– que nos merezcan ese candidato y su partido (además, sancionados ya por los ciudadanos que en las elecciones presidenciales de julio llevaron al poder a otra opción política) sería preciso rescatar aquella propuesta, que por cierto fue una de las pocas iniciativas específicas que se conocieron en la reciente campana electoral.

   Sólo con una visión cerrada a las nuevas realidades y necesidades sociales puede regateársele a los mexicanos el acceso a los nuevos recursos tecnológicos y al idioma que, gústenos o no, es indispensable para tener dominio fructífero de ellos. Solo con una concepción que, en sentido estricto, sería factible calificar como reaccionaria, podría negarse la pertinencia de que en México, y en nuestras escuelas, tengamos inglés y computadoras.


[1] Este texto fue presentado en el Coloquio Internacional El Derecho a la Información y los Derechos Humanos organizado por los doctores Jorge Carpizo y Miguel Carbonell en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM del 18 al 21 de septiembre de 2000. En la mesa Derecho de la Información e Internet la ponencia inicial, con ese nombre, fue presentada por el profesor colombiano Álvaro Dávila Peña. Nuestra ponencia que comenzó con algunos comentarios a la de ese colega los cuales suprimimos para esta versión. Todos los materiales del Coloquio fueron compilados en el libro, coordinado por Carpizo y Carbonell, Derecho a la información y derechos humanos. IIJ UNAM, México, 2000.

 

[2] Una didáctica y útil descripción de la ICANN puede encontrarse en el ensayo de Alejandro Pisanty: “México: ICANN ¿’Gobierno de Internet’?” en Revista Electrónica de Derecho Informático, num. 24, julio de 2000, http://publicaciones.derecho.org/redi/No._24_-_Julio_del-2000/18 Pisanty, mexicano, es el único latinoamericano que forma parte del Consejo Directivo de la ICANN.

[3] Sobre el inicio de ese episodio puede verse una breve reseña en nuestro libro La nueva alfombra mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes. Madrid, Fundesco, 1996 (y Diana, México, 1996) especialmente pp. 225 y ss.

 

[4] http://www.eff.org/

 

[5] Communications Law in Transition Newsletter, Vol. 1, No. 4, February 12, 2000: http://pcmlp.socleg.ox.ac.uk/transition/issue04/updates.htm

[6] Fronteras Electrónicas de España, comunicado difundido por correo electrónico el 23 de enero de 1999.

[7] Leonard R. Sussman, “Censor Dot Gov. The Internet and Press Freedom 2000”, http://WWW . freedomhouse . org/pfs2000/ sussman. html

 

 

[8] Estas y otras informaciones sobre Echelon, pueden encontrarse en: http://www.aclu.org/echelonwatch/index.html  También puede verse, José Manuel Recillas, “El affaire Echelon”, en Día Siete, revista de El Universal. Año 1, número 2, México, 25 de junio de 2000.

 

[9] GILC Alert Volume 4, Issue 5 May 31, 2000:

http://www.privacyinternational.org/issues/cybercrime/

 

 

[10] Secretaría de Educación Pública, Ley Federal del Derecho de Autor. Artículo 16. México, 1996.

[11] Hans Magnus Enzensberger, “El evangelio digital”. Traducción de José María Pérez Gay. Nexos no. 267. México, marzo de 2000, p. 60.

[12] Heliodoro Cárdenas Garza, “Aprueban diputados la ley de comercio electrónico”, en Milenio diario, México, 27 de abril de 2000.

[13] Marc Lacey, “Clinton signs e-signature bill”. The New York Times, July 1 2000.

[14] Victoria Teresa Bazaine Gallegos, Legislar o no legislar: el dilema de Internet ignorado en México. Tesis de licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, enero de 2000, p 115.

[15] Jonathan Wallace y Mark Mangan, Sex, laws and cyberspace”. Henry Holt publisher, New York, 1996, p.252,

[16] Ibid., p. 253.

[17] Jack Goldsmith y Lawrence Lessig, “El fondeo del magistrado virtual”. Traducción de Javier Villate. En Revista electrónica de derecho informático. Número 10, mayo de 1999:

 http://publicaciones.derecho.org/redi/No._10_-_Mayo_de_1999/goldsmith

 

[18] Buena parte del trabajo de Lessig acerca del ciberespacio y la legislación, ha sido realizado para el Centro Beckman para la Internet y la Sociedad de la Escuela de Leyes de Harvard, en cuyo sitio web se encuentra una amplia y utilísima oferta de materiales y propuestas: http://cyber.law.harvard.edu/

 

[19] Gelman, Robert B. y McCandish, Stanton, Protecting Yourself Online, San Francisco, Electronic Frontier Foundation y Harper Collins, 1998, p. 116. 

[20] Hance, Olivier, Leyes y negocios en Internet, trad. de Yazmín Juárez Parra, México, McGraw-Hill y Sociedad Internet de México, 1996, p. 57.

 

[21] Estos puntos se desarrollan ampliamente en “A Brief Guide to Netetiquette”, en el libro de Gelman y McCandish, cit. supra, pp. 117 Y ss.

 

[22] Barrios Garrido, Gabriela, Muñoz de Alba M. Marcia, et al., Internet y derecho en México, McGraw-Hill y Sociedad Internet de México, 1998, pp. 20 y 21.

 

[23] Entre otros, puede verse nuestro ensayo Desafíos y divergencias de la sociedad de la información en América Latina, en: http://www.recyt.org.ar/Delarbre.htm

 

[24] Sitio en el Índice de Desarrollo Humano establecido par el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Fuente: United Nations Development Programme, Human Development Report, 1999, julio de 1999.

 

[25] EI capitulo IV de nuestro libro La nueva alfombra mágica (cit.. pp. 153 y ss.) se ocupa distintos proyectos nacionales y regionales, especialmente en Europa, que han promovido no sólo el uso de Internet, sino la elaboración de contenidos para el ciberespacio.

 

Más allá del inglés y las computadoras

Publicado en La Crónica de Hoy el 9 de octubre de 2000

En algo tenía razón Francisco Labastida. Necesitamos inglés y computadoras. Aquella propuesta fue presentada de manera pobre y fuera de contexto, pero la embestida fundamentalista e ignorante que se desató en su contra es evidencia de lo mucho que nos falta para que en México asignemos a las nuevas tecnologías el carácter prioritario que debieran tener.

   El aprendizaje del inglés de ninguna manera se contradice con la cultura nacional –al contrario, ofrece una herramienta más para difundirla fuera del país–. Las computadoras no tendrían que contraponerse con la satisfacción de requerimientos más urgentes.

   Necesitamos computadoras y mexicanos capaces de aprovecharlas para aprender y trabajar en ellas. La Internet, que está modificando las fronteras universales, se extiende en México pero a pasos más lentos en comparación con lo que podríamos lograr si tuviésemos una política nacional expresa, intencionada y sólida para impulsar el empleo de ese recurso.

   México no cuenta con una política informática de carácter nacional. El presidente electo ha manifestado cierta pero aún difusa simpatía por atender ese tema. La semana pasada uno de los especialistas de mayor reconocimiento internacional en la promoción de usos sociales de las nuevas tecnologías de información se refirió a la situación mexicana en ese terreno, en una carta abierta a Vicente Fox.

   Gary Chapman, director del Proyecto Siglo 21 en la Universidad de Texas en Austin, escribe cada dos semanas la columna Nación Digital que se publica en Los Angeles Times. Su columna más reciente fue una misiva a Fox que comienza en estos términos:

    “Felicitaciones por su victoria histórica en la elección presidencial. Cerca de 100 millones de mexicanos y otros que quieren a México desean el cambio en su país y tienen grandes esperanzas para cuando comience su nueva administración en diciembre. Pero claramente, un asunto de gran importancia es cómo traer a México a la ‘nueva economía’ de la Internet, la alta tecnología y el comercio global. México tiene muchos recursos por explotar en tecnología, pero han sido obstaculizados por políticas gubernamentales débiles o malas. Usted puede cambiar esto. Déjeme ofrecerle algunas sugerencias de cómo puede empezar”.

   Chapman considera que el futuro mexicano en el campo de la informática debiera apoyarse en la utilización masiva de programas de software gratuitos, conocidos como de “código abierto”. Ejemplos de esos programas son los sistemas operativos Linux y Gnome, que cumplen con funciones parecidas al conocido sistema Windows pero por los cuales no es preciso pagar licencias de alto costo.

   La sugerencia de Chapman al Presidente Electo mexicano implica que la política informática de nuestro país ahorre el gasto en licencias para empresas como Microsoft. Parece audaz, pero el también director asociado del Instituto de Política en Telecomunicaciones a Información de la Universidad de Texas tiene buenas razones.

   El sistema Gnome, que crea una pantalla similar a la de Windows, fue desarrollado por Miguel de Icaza, un programador mexicano de 27 años. “Este verano –relata Chapman– De Icaza comenzó en la Fundación Gnome a unificar y estabilizar el software para la pantalla de Linux y obtuvo el apoyo de IBM, Sun Microsystems, Hewlett-Packard y Compaq, entre otras grandes empresas estadounidenses. El es un héroe para los programadores jóvenes en todo el mundo y también debería ser un héroe para todos los mexicanos. Usted debería reunirse con Miguel de Icaza y conocerlo a él y a otros jóvenes como él. Son la mejor esperanza para México”.

   Chapman considera que si adoptara el software gratuito, México ahorraría muchos dólares. El mismo gobierno de nuestro país, tendría menos presión para emprender acciones judiciales contra la piratería de programas de cómputo porque, al generalizarse el empleo de software gratuito, la venta ilegal de los programas comerciales disminuiría.

   El especialista, que estuvo en nuestro país en 1996 invitado por el capítulo mexicano de la Internet Society, también le sugiere al presidente electo la creación de grupos de “jóvenes evangelistas del software gratuito, hackers y creadores de sistemas que podrían crear la cultura y el espíritu de un embrionario movimiento por el software libre”.

   Chapman, que forma parte de la Campaña para una Tecnología Responsable, también recomienda mejorar la infraestructura en telecomunicaciones. Considera que ni Telmex ni competidores de esa empresa como Avantel, tendrán capacidad para cubrir las necesidades de comunicación de los mexicanos en las zonas más pobres y le recomienda a Fox que conozca la experiencia de una empresa de San Diego llamada Tachyon Inc., cuyo vicepresidente, el mexicano Santiago Ontañón, está ofreciendo conexiones baratas y rápidas a la Internet a través de enlaces al satélite Satmex 5 que cubre todo nuestro país.

   Concluye Chapman su carta abierta a Vicente Fox: “Habrá presiones fuertes, tanto internas como externas, para que México adopte un modelo convencional de desarrollo, dependiente de los grandes actores corporativos y los mega negocios. Pero usted tiene la oportunidad de fomentar algo diferente y mucho más interesante. Deles su poder, prestigio y visión a la gente joven, a sus empresarios e innovadores y a los idealistas prácticos del movimiento por el software gratuito. Eso compensará en el largo plazo y podría transformar drásticamente a México”.

Lengua y periodismo en el kiosco electrónico. Prensa digital.

Lengua y periodismo en el kiosco electrónico (prensa digital)

ponencia para el tema “La Prensa” en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española Zacatecas, México 7-10 de abril de 1997

Maravilla y riesgo, la Internet es tan nueva que sigue suscitando los asombros más elementales. Todavía hay quienes suponen que cualquier dato, declaración o historia, por el solo hecho de estar en la red de redes, es auténtico o es cierto.

*** En noviembre pasado, el conocido periodista estadunidense Pierre Salinger anunció en París, en donde es corresponsal de una cadena de televisión estadunidense, que el avión 800 de la TWA que meses antes había estallado en el aire, fue alcanzado por un misil. La versión le dio la vuelta al mundo y no pudo ser confirmada. Al parecer, Sallinger la había obtenido de una página en la Internet, en donde esa especie circulaba desde hacía varias semanas.

*** Hace tres años, como todos sabemos, comenzó en Chiapas la rebelión del Ejército Zapatista. En varios sentidos ese movimiento, junto con sus discutibles protagonismos nada indígenas y sí de una ultraizquierda que se pensaba ya superada, ha resultado innovador, especialmente por su intensa capacidad para acceder a los medios de comunicación. A mediados de 1994, un estudiante de un colegio en Pennsylvania colocó en la World Wide Web una página con noticias del Ejército Zapatista. Entonces, hubo quienes pensaron que el subcomandante Marcos se comunicaba con sus simpatizantes a través de la Internet. No era cierto, entre otros motivos porque si usara un teléfono satelital Marcos sería vulnerable a un ataque aéreo, como le sucedió a un líder político en Chechenia que acabó fulminado mientras hacía una llamada. Pero aunque se ha explicado de diversas maneras que el EZLN no tiene acceso directo a la Internet [1], algunos de quienes han deseado maravillarse ante esa posibilidad extravagante y posmoderna no han querido creerlo. Hace un año, un profesor español que enseña en la Universidad de Berkeley rechazaba, indignado casi, nuestra explicación sobre ese asunto: no quería admitirlo, porque para él la figura idealizada del líder neozapatista estaba indisolublemente asociada a la Internet.

*** El año pasado en México el periódico La Jornada publicó, con gran despliegue, que había encontrado el domicilio electrónico del ex presidente Carlos Salinas. El autor de una columna especializada en asuntos de la Internet, halló en un directorio de domicilios electrónicos el nombre de Carlos Salinas de Gortari con una dirección falsa, puesta por algún bromista, que había asignado al ex presidente un curioso nombre de usuario: babaloco [2]. Aunque luego ese diario reconoció que el dato podía ser ficticio, no lo desmintió con claridad y muchos de sus lectores lo creyeron. Hoy en México, no pocos comentaristas en la prensa están convencidos de que el ex presidente tenía un e-mail con ese domicilio.

*** También a comienzos de 1996 llegó a México la historia, acuñada en Puerto Rico, de que una extraña criatura mezcla de vampiro y demonio asolaba en las zonas rurales destazando animales domésticos e incluso, atacando a seres humanos. La leyenda no había conmovido a los mexicanos hasta que el noticiero 24 Horas de Televisa presentó una ilustración tomada de Internet. No se dijo de qué home page, ni cuál era su autor, pero como provenía de una fuente tan sofisticada y junto con la propagación que le dio la televisión en cadena nacional, el “Chupacabras” se convirtió en parte destacadísima del imaginario social durante varias semanas.

*** Hace unos cuantos días, como es bien sabido, 39 personas se suicidaron en San Diego a consecuencia de una grotesca creencia. Al despojarse de sus “contenedores”, que es como denominaban a sus cuerpos, confiaban en alcanzar a una nave espacial que vendría tras el cometa Hele-Boop que en las actuales fechas cruza por esta región del cosmos. El suicidio colectivo en Rancho Santa Fe, aparte del horror y la descomposición social que en sí mismo implica, ha sido notorio por el uso que ésos miembros del grupo denominado “Puerta del Cielo” hacían de la Internet. Por si alguien tenía dudas, allí se demuestra cómo, junto a informaciones y materiales del mayor rigor científico, en la red de redes se propagan las supercherías más extravagantes.

* * *

Uno de los grandes riesgos, quizá el mayor, de la Internet, es la abundancia de trivialidades, basura y mentiras que circulan por el ciberespacio. Por eso es preciso tomar con reservas, muchas de las informaciones que aparecen allí. En la prensa de todo el mundo e Iberoamérica no es la excepción, todavía se le da carta de credibilidad aún a las informaciones más caprichosas tan sólo porque aparecen en una página electrónica. Eso no ocurriría si a la Internet no se la siguiese viendo con una actitud de mistificadora ignorancia. Con similar posición, docenas de empresas editoriales en nuestros países, igual que en el resto del mundo, han inaugurado sus páginas electrónicas sin saber bien a bien de qué les servirán.

La Internet es tan nueva como medio de comunicación con sus propias singularidades, que la evaluación de sus auténticos usos y alcances sólo puede hacerse de manera provisional. Ni siquiera sabemos cuántos cibernautas hay en el mundo (los cálculos varían entre 25 y más de cien millones de personas) y menos aún cuántos de ellos tenemos en los países de lengua castellana. Lo que sí puede documentarse, aunque tampoco hay datos específicos entre otros motivos porque se trata de un panorama que constantemente cambia, es la enorme mayoría de sitios diseñados y leídos en y desde países anglosajones. El inglés es, sin lugar a dudas, el idioma de la Internet. Y así, también indudablemente, seguirá ocurriendo. Por mucho que algunos gobiernos, universidades, publicaciones, empresas de toda índole y ciudadanos a título individual cotidianamente abren espacios en la Internet con contenidos en nuestro idioma, prácticamente todos ellos invariablemente remiten a home pages en inglés. Es más: para saber qué hay en la Internet en castellano, tenemos que acudir a índices, o localizadores, que funcionan en inglés. Resulta inútil y sería un tanto ingenuo quejarnos por esa situación. Simplemente, vale la pena que no la olvidemos entre otros motivos porque no deja de resultar peculiar que hablemos del web, los sites, los bytes y el e-mail en un congreso de la lengua española. Así es el mundo y al menos, así es esa colección de espejos del mundo que tenemos a nuestra disposición, para maravillarnos y servirnos o para turbarnos y quitarnos el tiempo, en la red de redes que es la Internet.

En el amplio ciberespacio, la prensa

en español es casi inexistente

*** En esa colección de espejos, la mayoría de los sitios disponibles son para el ocio. Es falso que la Internet sea, hoy, un repertorio de espacios que fundamentalmente sirvan para la información y la creación. Aunque una de sus singularidades respecto de otros medios de comunicación es su capacidad para la interactividad, en la Internet casi todo es contemplación, sobre todo de sitios de entretenimiento. Eso sí, como es bien sabido, hay esparcimiento para todos los gustos.

Al momento en que escribimos estas líneas, la noche del sábado 29 de marzo, estos son los temas por los cuales están preguntando los usuarios del localizador Excite, uno de los índices más extensos y populares que hay en la Internet.


 

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lilkim economic interdependence

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En la Internet hay de todo –negocios y espectáculo, aprendizaje y holganza, ideas y tonterías, creatividad y depravación–. También hay espacio para la prensa. El kiosco digital que encontramos en la red de redes se compone de versiones electrónicas de publicaciones cuyo principal mecanismo de distribución está en sus ediciones impresas y, por otro lado, publicaciones que son producidas específicamente para la Internet.

No existe un índice completo, ni suficientemente confiable, de la prensa electrónica –menos aún lo hay de las publicaciones “en línea” en idioma español–. Uno de los sitios que proporcionan acceso a una mayor cantidad de revistas es el Electronic Newsstand, o enews [4], en donde hay enlaces a más de 2 mil revistas de todo el mundo, aunque especialmente de los Estados Unidos. La asiduidad de quienes se acercan a estas publicaciones, nos permite saber cuáles son algunas de las preferencias predominantes de quienes leen prensa digital. En diciembre de 1996, las 20 publicaciones más consultadas entre las que forman el catálogo de enews fueron, en orden de preferencia, las siguientes:


 

1. Yellow Silk,

2. Discover

3. Business Week

4. The New Republic

5. The New Yorker

6. Economist

7. Playboy

8. National Business Employment Weekly

9. Guitar Player

10. Spin

11. Forbes

12. Chrysler Power

13. Civilization

14. Saturday Night

15. Foreign Policy

16. Journal of Commerce

17. Kiplinger’s

18. Management Review

19. Internet World

20. Healthy Kids

Fuente: electronic newsstand, enews, “The Twenty Most Popular Titles on Enews”. December 1996.

La publicación que encabeza ese repertorio es una revista de contenido erótico; le siguen una de divulgación científica, un semanario de negocios y dos revistas de contenido político y cultural. Entre las 20 más leídas hay de todo: partituras para guitarra, automóviles y finanzas, espectáculos y ofertas de empleo, sexo y salud infantil. ¿Qué, de todo el acervo de enews, está escrito en español? A fines de marzo pasado, hurgamos en el directorio de ese sitio electrónico para buscar publicaciones en nuestra lengua entre las más de 2 mil revistas a las cuales allí hay acceso. El “directorio-monstruo”, como se le anuncia, está organizado por orden alfabético. En los títulos de las varias docenas de publicaciones que comienzan con “A” no hay una sola palabra en español, pero en la siguiente letra hallamos el Bienvenido Magazine que sin embargo, está escrito en inglés: se trata de una revista para inducir al turismo a Puerto Rico. En el índice de enews hay publicaciones en primer lugar en inglés, pero también en alemán, árabe, francés, hebreo, italiano, japonés, latín, portugués y ruso. Sin embargo la prensa en español no existe en ese importante índice. Avanzando en él, encontranos Hispanic on Line, que es una revista mensual de la comunidad latina en los Estados Unidos y que entre otros atractivos ofrece una conversación interactiva con el cantante Julio Iglesias; sin embargo, los textos son todos en inglés. Mucho más adelante hallamos la revista Saludos Hispanos, que contiene información sobre carreras y educación universitarias, pero también en inglés. Entre las 2 mil revistas compiladas en ese kiosco electrónico hay publicaciones sobre ciencia política, computación, espectáculos, electrónica, finanzas, fotografía, gastronomía, golf, literatura, música, religiones, salud, sexo y sexualidad, viajes y viviendas, entre muchos otros temas. Pero ni una sola de esas más de 2 mil revistas, está en español.

Constatar la limitada presencia, a veces incluso inexistencia de la prensa en español en la red de redes, puede ser un tanto masoquista pero también engañoso. Como todos sabemos, igual que muchas otras expresiones del desarrollo tecnológico, la Internet ha sido creada, desarrollada y utilizada, fundamentalmente en idioma inglés. Los cibernautas de todo el mundo encontraron que la mayoría de los sitios en la red de redes funcionan en esa lengua y así la han seguido propagando. Desde ese punto de vista, sólo con fingido candor o con una suerte de fundamentalismo lingüístico, podemos asombrarnos de la escasa presencia de sitios en español.

Pero esa débil cuota de páginas en nuestra lengua en la red de redes, también puede ser considerada como expresión de las dificultades que hay en nuestros países tanto para el acceso a la comunicación en la Internet, como para la propagación de nuestras culturas en ese medio. Desde luego, hoy en día en la world wide web que algunos prefieren denominar la “telaraña mundial” de la Internet, existen millares de páginas en español (a comienzos de 1997 en México, por ejemplo, tenemos unos 2 mil sitios diferentes en ese espacio audiovisual de la Internet). Una cantidad importante de todas ellas, ha sido colocada por empresas editoriales que buscan propagar por ese nuevo espacio los contenidos que de cualquier manera editarían con los tradicionales recursos impresos y algunas pocas, son revistas que sólo circulan en el ciberespacio. A la fecha, no existen índices específicos y que a la vez sean suficientemente amplios y actualizados, de la producción periodística en español en la Internet. Los índices disponibles reunen a todo tipo de publicaciones y están elaborados con criterios que se consideran pertinentes para la mayor parte de los actuales usuarios de la red de redes, que son anglosajones. Todavía ahora, quizá el 80 por ciento de los cibernautas en todo el mundo, son estadunidenses y canadienses. Así que no es de extrañar que los catálogos de páginas electrónicas estén diseñados según las preferencias de esos usuarios.

La Internet es una extraordinaria fuente de información aunque, como señalamos antes, también de distorsión y confusión. El material allí disponible es tan abundante que casi siempre resulta abrumador. Por eso, especialmente en materia de noticias, cada vez prospera más la “personalización” de índices y localizadores, para que el usuario reciba en su computadora informaciones y otros materiales periodísticos clasificados de acuerdo con sus intereses más específicos. El “periódico personal” que, con diversos formatos puede diseñarse ahora, tiene la ventaja de que en él aparecerán materiales sobre temas determinados, aunque con la enorme limitación de que restringimos la información a los asuntos que hemos señalado como atractivos para nosotros.

El último grito de la moda cibernáutica son los servicios de “entrega” de información específica que buscan, seleccionan, organizan y nos muestran materiales noticiosos de muy diversas fuentes a través de un software especial. Cada uno de esos servicios (la mayoría, de manera gratuita) ofrece la consulta de los temas que nos interesan en las publicaciones y bases de datos periodísticos más relevantes en la Internet. ¿Cuántos de esos servicios y en qué medida, incluyen entre sus fuentes de información al periodismo electrónico en idioma español?

Hace pocas semanas la revista PC Magazine, sin duda la de mayor circulación en el mundo de las computadoras, publicó una selección de los localizadores de noticias ahora disponibles para la Internet. Algunos de ellos comienzan a funcionar apenas nos conectamos con la red de redes y cada vez que se localiza un material afín a los intereses que hemos indicado, la información aparece en algún sitio de nuestra pantalla. Otros ofrecen noticias continua, otros más despliegan su selección cuando abrimos una ventana específica. Allí pueden mostrarse, según nuestros gustos, noticias locales e internacionales, pronósticos del clima, comentarios políticos, asuntos deportivos o de casi cualquier índole. PC Magazine seleccionó a once de estos servicios como los más accesibles y completos y nosotros los visitamos uno por uno en busca de prensa en español [5]. Todos ellos, toman a diversos periódicos, revistas y medios con presencia en la Internet, como fuentes informativas para sus usuarios. Entre esas fuentes hay diarios y revistas, agencias de noticias, servicios de comunicación, estaciones de radio y televisión, cuya información en todos los casos ya se encuentra en la Internet.

La utilidad de tales servicios radica en la compilación que de ese amplio y creciente universo hacen esos localizadores. Por ejemplo, la Air Media Live Broadcast Network busca información en las fuentes primarias, que aparecen mencionadas de la siguiente manera. CNN, Reuters, Reuters-Variety, UPI, Knight-Ridder, America On Line, Movie Link, AFP, Ziff Davis, ITAR-TASS, Freese-News Weather, I-Golf, Quote.Com, World Entertainment News, Travelgram, Lottery World, Psychic Advice On Line, Yoyodyne. Ninguna de esa veintena de fuentes informativas suele recoger noticias de los países de habla hispana. En un catálogo de fuentes secundarias, se incluye a Interpress Service que suele incluir noticias de América Latina y a una agencia llamada South America Business Information. El servicio Psychic Advices, que ofrece horóscopos en línea, tiene más relevancia que las agencias con noticias de los países de habla hispana.

After Dark Online ofrece búsquedas en el archivo electrónico del USA Today entre otras fuentes, pero ninguna de ellas en español. Lo mismo ocurre con AlphaConnect StockVue que se especializa en información financiera, BackWeb que acude al Jesuralem Post y The Wall Street Journal, Castanet Tuner que entre otros servicios proporciona canales de discusión de noticias e IBM NewsTicker. El paquete de entrega de In-Box Direct, patrocinado por la empresa Netscape, recopila noticias en las páginas de The New York Times, USA Today, Mercury Mail, Sports Illustrated y People Daily entre otras publicaciones electrónicas y tiene la singularidad de acudir a varios diarios y revistas no estadunidenses: Australian Finantial, Elle International, Rheinishe Post On Line, The Daily Mirror, Finantial Times Review y Mondadori On Line. Entre ellos, se incluye una publicación, por fin, española: Correo Expansión Directo, especializado en finanzas. Nada más.

El octavo servicio de búsqueda de noticias que revisamos fue Intermind Communicator que ofrece 170 “canales” que acuden a otras tantas fuentes de noticias, entre ellas las páginas en Internet de varias estaciones de televisión y radio. Ni una palabra en español. El servicio Netdelivery busca en los principales índices de la red pero no ofrece acceso específico a publicaciones electrónicas. El True PoinCast Network tiene 16 “canales”; el de noticias, proporciona enlaces a las páginas de Reuters, CNN y otros servicios pero ninguno en español.

Exageración y realidad en las

audiencias de la prensa en red

Mención aparte merece el localizador My Yahoo! News Ticker, que no tiene enlaces directos a otros servicios de noticias pero que cuenta con el enorme banco de datos del índice más popular en la Internet, el denominado Yahoo!, que organiza centenares de miles de páginas electrónicas por países, o por temas. Es decir, My Yahoo no ofrece acceso a alguna o varias compañías de noticias en particular sino una búsqueda, posiblemente más lenta que otros, en un universo mucho más amplio.

En la página de sitios “web” regionales (que es como se les denomina a los no estadunidenses) registrados en los índices Yahoo!, buscamos los subíndices destinados a países de habla hispana. En cada uno de ellos se mencionan varias categorías (gobierno, economía, cultura, etcétera) y en el rubro destinado a “noticias y medios” localizamos las páginas específicas de publicaciones impresas y electrónicas.

El resultado, aparece en el cuadro 1, en el Anexo de esta ponencia (por problemas técnicos ese cuadro no se reproduce aquí). La segunda columna muestra el número de sitios, o páginas electrónicas, que los índices Yahoo! atribuyen a cada nación. La tercera, la cantidad de espacios clasificados como de “news & media”, que es desglosada en las cinco siguientes columnas: revistas, periódicos, radio, televisión y otros medios. Estos datos deben ser tomados como indicativos y no del todo puntuales, ya que todos los días surgen algunos y desaparecen otros sitios en la Internet. De ellos, el índice que consultamos no necesariamente comprende a todos. El criterio para incluir en el rubro “noticias y medios” a una publicación no siempre es riguroso. Hay revistas latinoamericanas o españolas que no aparecen en esta clasificación y sí en “política”, o “cultura”. En el caso de los periódicos, casi siempre se trata de diarios con páginas en Internet pero eventualmente, son incluídas publicaciones de otra periodicidad. Con el propósito de comparar la situación de la prensa iberoamericana en la Internet con la de otros países, añadimos al final del cuadro los datos de algunas otras naciones. No fue posible encontrar cifras completas de la presencia estadunidense, porque no hay índices específicos para todas las páginas de ese origen, excepto las que se refieren a publicaciones de contenido local.

Descontando a las publicaciones en inglés pero registradas en alguno de los países latinoamericanos, tenemos que al momento de esta revisión, el índice Yahoo! incluía, en su categoría “news & media”, 67 revistas y 88 periódicos en español. Por supuesto estos datos son parciales porque, insistimos, hay publicaciones que no son registradas por ese índice o que no están clasificadas en el mencionado rubro. De cualquier forma, ese es un universo significativo de la prensa en español en la Internet. En total, los mismos índices, sin distinción de idiomas o nacionalidades, reconocen la existencia de 613 revistas y 522 periódicos en la red de redes [6].

Aunque provisionales, esos datos nos permiten tener un panorama de la presencia de la prensa en español en la Internet. En los parámetros que hemos mencionado, las revistas en nuestro idioma constituyen algo menos del 12% de la oferta periodística que en ese género hay en la Internet y de los periódicos en la red, los que se editan en español alcanzan algo menos del 17%.

Hay otros indicadores del periodismo en este idioma. El índice “Medios de comunicación españoles en la red” que mantiene Miguel Angel Monjarás Llorente, enlista al 10 de marzo de 1997, 23 diarios y semanarios de carécter general y regional, un suplemento, una revista de información general, una agencia de noticias, 7 estaciones de radio y TV, 5 medios de información económica, 4 publicaciones de carácter deportivo, 7 de ciencia, cultura, literatura o educación, 2 medios de información musical, 6 relacionados con la Internet o la informática y uno más de índole no especificada [7]. Con un criterio más holgado porque junto a diarios y revistas o magazines incluye boletines, cartas de noticias y otros materiales de diversa índole informativa, un reciente libro especializado en periodismo electrónico registra, hasta mediados de 1996, 110 publicaciones españolas en las redes. La primera de ellas fue El Temps de Valencia, surgida en 1994 [8]. Los autores de ese trabajo, consideran que: “En España, pese al retraso que nuestro país suele tener en estos temas, la demora en la aparición de publicaciones en línea no ha sido tan alarmante como cabría sospechar en un primer momento. De hecho, durante los dos últimos años han surgido sucesivamente las versiones electrónicas de un elevado número de periódicos y revistas españoles hasta formar un nutrido grupo de medios impresos en Internet” [9].

Por lo que respecta a México, el México Index, uno de los índices más completos de las sitios que este país tiene en la Internet, incluye en marzo de 1997 a 54 revistas y 56 periódicos con páginas electrónicas (aunque algunos de ellos no son diarios mexicanos) e incluso en esa relación encontramos varias ausencias [10].

Los anteriores datos son inevitablemente provisionales en vista de la constante apertura de espacios electrónicos de toda índole. Pero de la audiencia que alcanza el periodismo en la Internet no se cuenta con acercamientos estadísticos. Eso sí, no pocos editores de páginas en la red padecen la ilusión, ignorante a veces pero en otras ocasiones desvergonzada, de quienes suponen que cada sitio en la Internet es visitado por millones de personas.

En la red de redes, como hemos dicho, deambula una cantidad de entre 35 y 60 millones de usuarios [11]. Pero eso no significa que cada una de las páginas que son instaladas en la telaraña electrónica atraerá a ese número de lectores.

No hay estadísticas completas sobre la cantidad de páginas que ahora existen en la WWW, pero suman centenares de miles [12]. Las más visitadas, son unas cuantas. Las que reciben a más usuarios, suelen ser las páginas de información práctica, o las de entretenimiento. Por ejemplo, la home page de “My Virtual Reference Desk”, un servicio de información enciclopédica que recopila datos de 6 mil sitios en la Internet, recibió 113 mil visitas entre setiembre de 1995 y mayo del 96, es decir, un promedio de menos de 450 cada día. Se trata de uno de los espacios más frecuentados en la Red. Conviene recordar ese dato, para compararlo con la audiencia de algunas páginas de prensa electrónica.

La moda de colocar en la Red de Redes el contenido de las publicaciones impresas, junto con el enorme caudal de divulgación e interactividad que puede implicar, también causa infatuamientos gratuitos y hasta necios. Con frecuencia, algunos editores aseguran que todos los días tienen centenares de miles de lectores, aunque no tengan manera verosímil de comprobarlo. De ser ciertas esas estimaciones jactanciosas, la prensa electrónica estaría desplazando definitivamente a la de carácter impreso y no parece que estemos, al menos todavía, en esa situación.

Para mencionar un ejemplo, en marzo de 1996 el diario mexicano El Universal abrió su página en la WWW. Siguió así los pasos de diarios como La Jornada, Reforma y El Economista y de la misma forma que algunos de ellos, se valió de los servicios de la Universidad Nacional Autónoma de México, que tiene el proveedor de conexiones a la Internet más grande en el país. Poco después los editores de El Universal, no sabemos si por ignorancia o por exagerados, llegaron a ufanarse de haber tenido una cantidad de consultas que sería nueve veces superior a la del “Virtual Reference Desk”, pero en menos de la cuarta parte del tiempo antes mencionado. Pocas semanas después de haber inaugurado su presencia electrónica, en la primera plana de su edición en papel ese periódico incluía una nota con el siguiente titular: Superó el millón de consultas, por medio de Internet, EL UNIVERSAL [13]. La información se refería a un encuentro que tuvieron, en las instalaciones del diario, los directivos de dicha casa editorial y varios funcionarios de la UNAM, encabezados por el entonces Rector, José Sarukhán. El periódico se ufanaba de que en menos de dos meses, su edición electrónica había tenido esa millonaria cantidad de consultas.

No es nueva la actitud de un medio de comunicación mexicano para exagerar sus cifras de circulación (en este caso, circulación electrónica) para impresionar a los despistados. Lo que llamó la atención fue que El Universal aprovechara el hecho de haber sido anfitrión de las autoridades centrales de la UNAM y que esa institución académica no hubiese aclarado el evidentemente desmesurado cálculo, del que aparecía como responsable. En la Internet, existen recursos para medir la afluencia de cibernautas. Hay páginas que tienen contadores, que se actualizan cada vez que un usuario “entra” para mirarla, consultarla o intreractuar en ella. La página de El Universal, al menos cuando apareció aquella nota, no contaba con ese recurso.

Es casi seguro que el diario mexicano más leído en la Internet sea La Jornada, entre otros motivos porque su orientación editorial, que a riesgo de esquematizar demasiado puede considerarse como de centro-izquierda, concide con las simpatías políticas del mundo universitario que todavía tiene presencia importante entre los usuarios de la red de redes. La Jornada inauguró su página electrónica en febrero de 1995 y pronto, el exceso en la demanda por parte de lectores en todo el mundo obligó a colocar un par de “espejos” que reflejan desde otros servidores electrónicos el contenido que ese diario pone a circular en la red. Dos años después, La Jornada informaba que la cantidad de consultas diarias en su página electrónica era ya de 85 mil [14]. Ello no significa necesariamente que ése sea el promedio de lectores a distancia de ese diario. 85 mil consultas, puede ser el número de accesos a cada uno de los espacios de la edición cotidiana y del archivo en línea de La Jornada. Por ejemplo, un lector que: (1) abre la portada, luego se detiene para (2) ampliar una fotografía, pasa (3) al editorial, lee (4, 5 y 6) tres noticias diferentes, consulta (7) la sección de cartas y luego busca en la página de ejemplares anteriores (8) una información de la semana pasada (9) habrá realizado nueve consultas que son contabilizadas de manera separada. Es decir, el dato de 85 mil accesos diarios puede dividirse entre ocho o diez –o más– para saber la cantidad aproximada de lectores que cada día tiene la página electrónica de ese diario.

Aún así, 9 u 11 mil lectores cada día (o quizá menos, pues el promedio de accesos de cada usuario puede ser mayor) no es una cantidad despreciable lo mismo dentro de los parámetros de consulta que hay en la Internet, que en comparación con la circulación real de los diarios en México. La versión en línea del diario estadunidense The Wall Street Journal que apareció a fines en 1993, llegó a alcanzar hasta entre 45 mil y 50 mil “entradas” cada día cuando el acceso a su contenido era gratuito. En 1995 comenzó a cobrar una cuota primero de 12 dólares mensuales incluyendo la suscripción a la versión impresa de ese periódico y más tarde de 20 dólares anuales sólo por la edición interactiva y sus editores aseguran que actualmente atienden a cerca de 30 mil personas al día [15].

En enero de 1997 el diario madrileño El País, que apenas en mayo anterior había inaugurado su página en Internet, informaba que en los días laborables, tenía un promedio de 32 mil lectores diarios. El País realizó entre los lectores de su página electrónica una encuesta de donde resultó que más del 80% de quienes respondieron, viven en España y un 8% en América Latina. Es decir, los consumidores de esa información son primordialmente cibernautas de lengua española. Puede considerarse que de la misma manera que alcanzan poca presencia en los índices internacionales, las páginas de las publicaciones hispanoamericanas son leídas fundamentalmente por cibernautas de los mismos países en donde son editadas.

Entre los mismos encuestados, la página electrónica más visitada es la de la empresa Microsoft (que, no en balde, ofrece en su página en español una liga directa a la de ese diario) con el 6.8% de preferencias y el segundo sitio lo tiene la misma página de El País con 6.2%. Las versiones electrónicas de otros diarios españoles, ABC y El Mundo, tienen los siguientes sitios con 2.5% y 2.3% de las preferencias según esa encuesta. Como se puede apreciar, los usuarios que prefieren un diario, tienen a las páginas de otros periódicos entre sus favoritas [16].

Incertidumbres y vicisitudes

del periodismo en la Internet

Si el periodismo en la red es un asunto reciente, todavía lo es más el periodismo en lengua española. Aún no tenemos indagaciones de los resultados y experiencias de esta forma de expresión pero, esencialmente, podemos considerar que comparte las ventajas, incertidimbres y vicisitudes que tienen todas las publicaciones electrónicas.

· La rentabilidad financiera del periodismo electrónico sigue siendo, en lo fundamental, una expectativa a mediano plazo. La gran mayoría de las publicaciones electrónicas en español, a semejanza de las que hay en inglés, son de acceso gratuito. Cuando tienen ingresos propios es por la venta de espacios publicitarios que son leídos por los cibernautas que se asoman a esas páginas. El financiamiento fundamental de estas páginas corre a cargo de las casas editoriales que, además de la versión en tinta y papel de su periódico o revista, incursionan en la nueva modalidad que significa tener la versión electrónica. El futuro de la publicidad en la Internet sigue siendo incierto. Cuando confrontan las expectativas de quienes promueven sus páginas electrónicas con la realidad de audiencias todavía modestas aunque sin duda crecientes, los anunciantes dudan en mantener sus avisos pagados. Además entre los usuarios de la Internet sigue existiendo cierta reticencia, por cierto cada vez menor, a admitir los espacios publicitarios a los que algunos consideran como intromisión en la antaño descomercializada red de redes.

· Hasta ahora, la utilidad principal de estas páginas en la red de redes ha sido para sus lectores, más que para editores o anunciantes. Los estudiantes mexicanos que hacen posgrados en Europa, ahora pueden leer cotidianamente periódicos de su país. Los españoles que radican en Venezuela, Argentina o México, pueden tener acceso a la prensa madrileña incluso antes de que los primeros ejemplares lleguen a los kioscos en la Puerta del Sol. Los estudiosos de asuntos latinoamericanos en universidades o centros de investigación estadunidenses cuentan con material de primera mano acudiendo todos los días a docenas de publicaciones en la red. Todos ellos salen ganando, al menos en oportunidad, al tener en sus pantallas los textos e ilustraciones que antes sólo podían conocer varios días después. Pero para los editores de estas revistas y diarios, además del servicio adicional que ofrecen, por lo general con cargo a las finanzas producidas por sus ediciones impresas, la principal y a menudo difusa utilidad es simplemente de imagen pública: tener una edición electrónica es una manera de formar parte del periodismo de apariencia más contemporánea, es un recurso para ser, o parecer, modernos.

· Una de las características de la Internet es la facilidad para poner en circulación ideas y mensajes a costo muy bajo. Es preciso tener algunas destrezas técnicas, pero no hace falta ser diplomado en cibernética para organizar y colocar en línea una página en el web. Tanto así, que hoy circulan por la Internet millares de páginas con información que no le importa mas que a quienes la colocaron allí: anécdotas, trivia, simplezas y bagatelas de toda índole, abundan en la red de redes. Pero, curiosamente, esa facilidad para publicar, que es de alguna suerte un recurso democratizador, ha sido poco aprovechada por los usuarios de lengua española. La gran mayoría de las publicaciones electrónicas que circulan en este idioma, han sido colocadas por empresas que de una u otra ya manera forman parte de la institucionalidad editorial en sus países. A diferencia de lo que ocurre con grupos políticos, estudiantiles y de los más diversos segmentos sociales en los países anglosajones que ponen a circular centenares de publicaciones electrónicas, este recurso es, comparativamente, poco utilizado por cibernautas de habla hispana. Hay muy pocas publicaciones en este idioma que circulen exclusivamente en la Internet; casi todas son reflejo, copia o síntesis, del periodismo impreso y casi siempre, comercial o institucional.

· La interactividad, es otra de los particularidades de la Internet que aparece poco en las prensa electrónica en castellano. A diferencia de numerosas revistas y diarios cuyos espacios de discusión se encuentran entre los segmentos más visitados en sus versiones electrónicas, la prensa latinoamericana y española en línea, emplea escasamente ese recurso. La posibilidad de opinar sobre los temas que aparecen en cada edición electrónica es poco aprovechada, quizá porque los usuarios de lengua española tienen menos afición por ese tipo de participación. Podemos aventurar incluso, que los cibernautas en español son más contemplativos que aquellos que se comunican en inglés, o en otros idiomas. Los sitios de discusión en nuestra lengua, por ejemplo en los foros Usenet, son muy pocos aunque con mayor propensión a los textos largos, con vehementes parrafadas, a diferencia del estilo conciso, más con interjecciones que con ideas, que prevalece en las discusiones electrónicas en idioma inglés.

Ese es un estilo, por cierto, simplificador del discurso y de la arquitectura lógica de la escritura tradicional. Cuando se sustituyen los razonamientos en extenso por las frases breves, a menudo acrónimos o con interjecciones o símbolos ortográficos para expresar estados de ánimo, se abrevian también las ideas. En la WWW, una de las publicaciones que ha abierto foros para sus lectores es el diario español El País.

· La prensa en español en la Internet suele ser repetición, o síntesis, de las ediciones impresas. En el mismo formato o en alguna adaptación para las pantallas de computadora, las noticias, los comentarios y fotografías y viñetas de la prensa en papel y tinta, son digitalizadas para que circulen por la red. Hasta donde sabemos, aún no hay ediciones completas que se renueven específicamente para los lectores en Internet.

En el periodismo electrónico estadunidense ya comienza a manifestarse alguna rivalidad, todavía incipiente, entre las ediciones tradicionales y las versiones para la red de redes. En marzo pasado, el periódico The Dallas Morning News decidió publicar en su versión para Internet una noticia exclusiva, antes de que apareciera en la edición impresa. La confesión de Timothy McVeigh, acusado de la trágica explosión en un edificio en Oklahoma en abril de 1995 y que era una noticia muy atractiva para los estadunidenses, apareció en la página de ese diario en Internet y pudo ser reproducida en muchos otros medios, de tal suerte que ya era conocida cuando el Dallas Morning la imprimió para sus lectores tradicionales. Al parecer, la redacción del diario quiso adelantarse a un posible veto judicial gestionado por los abogados de McVeigh [17].

Ese episodio marca nuevas tendencias en el periodismo electrónico. Por un lado la prensa dispone de un recurso adicional, que al menos hipotéticamente la pone a salvo de interdictos legales; las publicaciones electrónicas pueden actuar así como coberturas, o coartadas, de sus hermanas en el periodismo impreso. En segundo lugar, la prensa escrita compite, aunque sea de esa manera indirecta y en un nuevo espacio, con los medios electrónicos; en opinión de un especialista en estos asuntos: “durante unas horas, un periódico ha podido acabar con el privilegio del cual gozan otros medios como la radio y la televisión: el de la inmediatez… es una verdadera revolución tecnológica” [18]. Y en tercer término, el periodismo en línea comienza a tener sus propios ritmos: habrá publicaciones electrónicas que se mimeticen con la inminencia frenética que suele caracterizar a la televisión y la radio buscando y haciendo circular noticias a raudales, en tanto que algunas otras prefieran el relativo sosiego que en comparación con los medios electrónicos puede tener el periodismo impreso en donde es importante dar a conocer un acontecimiento, pero también lo es ponerlo en contexto, documentarlo, explicarlo. Entre la competencia por la novedad y la búsqueda de la reflexión, el periodismo electrónico tendrá que encontrar sus propios parámetros.

· El de los derechos de autor, es un tema sin solución que deambula por toda la red de redes. En el caso de las páginas personales en el web hay pocos reclamos si alguien copia un archivo, pero para periódicos y revistas que son muy celosos del copyright en sus ediciones impresas, la presencia en Internet se ha vuelto una fuente de fugas y plagios casi incontrolable. La legislación internacional y nacional sobre derechos de autor en la red de redes, aún es incipiente. Las reuniones internacionales dedicadas a discutir este asunto sólo han concluído en que el análisis de esa cuestión debe proseguir. Por una parte, es difícil establecer qué materiales están protegidos legalmente y cuáles no, cuando se trasladan del periodismo impreso a la circulación en las redes, a menos que se trate de textos o imágenes cuya reserva legal haya sido realizada de manera específica (y aún así, no siempre está claro que la reserva legal incluya a los materiales digitalizados para su circulación electrónica [19]). En segundo lugar, es prácticamente imposible impedir que un usuario copie un texto o un archivo gráfico, que lo mismo puede guardar para su atesoramiento personal que para reproducirlo en otro sitio, incluso en la Internet misma. En tercer término, aunque esto sea más subjetivo, en la red de redes ha existido una suerte de comunitarismo solidario que, más allá de ideologías, ha defendido el libre flujo de ideas y el intercambio más flexible de documentos electrónicos e incluso la propagación de programas de cómputo gratuitos.

Una de las revistas en línea más visitadas y expropiadas, es la conocida Playboy. Aunque el acceso a sus páginas está cada vez más restringido a quienes se suscriben a ellas (y mediante una cuota reciben una contraseña para entrar a la edición electrónica) la reproducción de fotografías de las justamente célebres conejitas ya tiene preocupada a la empresa de Mr. Hugh Heffner. Esas ilustraciones, lo mismo son copiadas para servir como “papel tapiz” en las pantallas de millares de computadoras personales, que como atracción en otras páginas electrónicas, muchas de las cuales venden material de contenido sexual. Eileen Kent, vicepresidente de Nuevos Medios de Playboy, ha anunciado que se estudian varias medidas para imprimir una “marca digital” en esas fotografías para que cuando sean utilizadas sin autorización su empresa pueda entablar demandas legales [20].

El debate al respecto, sigue abierto. A fines de 1996, uno de los miembros de la presidencia de la conferencia de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en Ginebra, el finandés Jukka Liedes, explicaba ese confuso panorama en los siguientes términos: “¿Quién es el responsable de una infracción (en Internet)? ¿el que apretó el botón (para hacer una reproducción)?, ¿el que pidió a otro que apretara el botón? ¿O el propietario del establecimiento donde el botón fue apretado? Internet es un fenómeno global y tenemos que definirlo. No hay una legislación global. Sólo podemos llegar a acuerdos que proporcionen soluciones nacionales” [21].

Para seguir con las interrogantes, ¿cuál es el futuro de la prensa en la Internet? También a ese respecto de desgranan y polarizan las opiniones. Hay nostálgicos de la tinta y el papel que aseguran que el ritmo de la escritura y la lectura, la cadencia de la publicación impresa, la costumbre y el costo de los diarios y revistas, hacen imprescindibles a las publicaciones impresas. Nada es equiparable, dicen, al placer de leer el diario durante el desayuno o a la facilidad de doblarlo para traerlo bajo el brazo en el metro. Pero ya hay quienes desayunan delante de su laptop conectada a la Internet y ahora es técnicamente posible (aunque sea con riesgo de nuestra integridad personal delante de posibles asaltantes) andar por la calle con una computadora pequeña conectada a un teléfono celular. Por su parte, los defensores del periodismo electrónico aseguran que allí está el futuro de la prensa, que la escasez de papel hará indispensables a los recursos de información digitales y que las hemerotecas serán más accesibles por módem y además, menos polvosas.

Una opinión singular por su controvertida personalidad pero que reproduce el estado de ánimo triunfalista que los editores de prensa electrónica quieren tener respecto del periodismo tradicional, ha sido manifestada por Larry Flynt, el creador de la revista pornográfica Hustler y sobre cuya biografía el cineasta Milos Forman hizo una reciente y discutida película. En 1995 comenzó a aparecer en la Internet Hustler Online y ya hay quienes piensan que sustituirá a su hermana mayor impresa. Flynt considera: “La circulación de todas las revistas ha declinado en los pasados 10 años. Por otra parte, Hustler Online creció a un ritmo del 500 por ciento el año pasado. ¿Por qué ocurre eso? Creo que es la comodidad y privacía que la Internet ofrece. Para obtener una copia de Hustler debes ir a comprarla al puesto de revistas o suscribirte, pero si tienes una computadora a tu alcance, puedes tener acceso a la revista y leerla ahí mismo. Creo que las revistas seguirán existiendo, pero el futuro está en la Internet” [22].

El periodismo impreso y el que se propaga de manera electrónica tienen, cada uno, singularidades. Quizá más que competir entre sí, puedan complementarse. “Obviamente –dice R.U. Sirius, cofundador de la revista Mondo 2000 especializada en asuntos de cibercultura– los medios interactivos despliegan capacidades que no tienen los medios impresos. En la medida en que este campo se vuelve más intuitivo, se democratiza el intercambio de imágenes, video y sonido. Con el texto inteligente, la Red es potencialmente el mejor sitio para investigar. Es un gran lugar para los foros públicos. Sin embargo, las presentaciones de cuerpos de texto complejos, creativos y substanciales, son preferibles de manera impresa. Mucha gente no lee con gusto los textos más largos en la Red”.

Más dura con el periodismo tradicional, es la opinión de David Talbott, editor de una de las revistas electrónicas más relevantes, Slate (La Pizarra) patrocinada por Microsoft: “La Red ha producido sólo un puñado de buenas publicaciones nuevas en los dos años recientes. Al mismo tiempo, el mundo impreso no sólo no ha producido ninguna nueva publicación de calidad en los años recientes, así que me parece que el momento creativo de la edición ahora se encuentra en línea. Ninguna publicación impresa surgida recientemente, puede competir con Salon, Slate, HotWired o Feed. No sólo esas publicaciones en la Red desarrollan una gran escritura, sino que además burbujean con la retroalimentación de los lectores que no es posible excepto en las limitadas páginas de las cartas al editor” [23].

Mutaciones, desfiguraciones o adaptabilidad

del idioma español en la red de redes

La prensa digital en español se enfrenta a varias limitaciones. Algunas, son consecuencia de la todavía escasa propagación de las redes de información electrónica en muchos de nuestros países. En 1994 México tenía 2.2 computadoras personales por cada cien habitantes y Chile 3.1, en comparación con las 17.5 de Canadá o, la tasa más alta, 29.5 en Estados Unidos [24]. Además, como es de esperarse, únicamente los segmentos de la sociedad con mayor capacidad económica tienen acceso frecuente a los recursos informáticos.

También en México, en 1994 sólo el 5.6% de la población urbana manifestaba que sabe usar una computadora. Unicamente en el 3.29% de los hogares mexicanos había al menos una computadora personal. De los hogares en donde había computadora, el 84.8% recibían un ingreso superior a ocho salarios mínimos, que es el estrato en donde se ubica el 15% de las familias mexicanas con mayores ingresos [25]. En otras palabras, los mexicanos que saben emplear esta herramienta informática siguen siendo pocos y el acceso a la computación es privilegio de las familias con más recursos.

Todo ello es muy obvio, pero no deja de ser útil documentarlo y precisar los límites del acervo en términos de destrezas y equipo informáticos que hay en cada país. Así que cuando hablamos de periodismo electrónico en naciones como las que son mayoría en el mundo de habla hispana, es preciso no olvidar que nos referimos sólo a sectores pequeños dentro de nuestras heterogéneas y polarizadas sociedades. Si las tasas de lectura de la prensa impresa son bajas, más lo serán los porcentajes de la población con acceso a publicaciones en la Internet.

Otra dificultad para este periodismo, se encuentra en la lengua en la que es pensado, escrito y publicado. Al difundir contenidos en nuestro idioma, esta prensa digital permite que los usuarios que tienen al español como su lengua principal o única, tengan puntos de referencia aprehensibles, en los cuales puedan reconocerse e incluso nutrir su bagaje cultural. Pero en un medio en donde la lengua preponderante es otra, los espacios en español pueden convertirse en una suerte de ghettos distanciados de los sitios más concurridos en la Internet.

Como quiera que sea, la lengua española no permanece ajena al desarrollo tecnológico ni a la necesidad de identificar nuevos recursos y conceptos con términos también actuales. De manera similar a como sucede en otras áreas del desarrollo tecnológico, pero quizá con mayor propagación en vista de que sus usuarios suelen tener acceso a los medios de comunicación, la informática ha requerido de palabras que no siempre encajan con la ortodoxia lingüística. De ello también hay amplia documentación y expresiones, en la red de redes.

Desde hace varias décadas, sobre todo en la zona fronteriza entre México y Estados Unidos en donde la migración significa, entre tantas otras consecuencias, una heterodoxa fusión de culturas e idiomas, se conoce y ha evolucionado una simbiosis idiomática conocida como espanglish. Pero ahora, además, existe un ciberespanglish formado por centenares de términos que se utilizan en computación. La profesora de origen peruano Yolanda M. Rivas, ha desarrollado un programa de investigación en el Laboratorio de Tecnologías en Comunicación Avanzada de la Universidad de Texas en Austin y mantiene sobre ese tema, una bien documentada página en la Internet [26]. Allí se incluye un diccionario del Cyber-Spanglish que da cuenta de esas nuevas realidades.

Hay palabras que, de manera oficial o no, ya forman parte del vocabulario común en nuestras sociedades. Términos como fax, módem, tóner, laptop, hardware e Internet, suelen ser aceptados sin demasiado azoro. De algunos de ellos se derivan verbos que suenan algo más extravagantes pero que no tienen sustituto satisfactorio como faxear. Hay palabras que en algunas de nuestras naciones comienzan a ser de uso común, en tanto que en otras son rechazadas. Al mouse en España se obstinan en seguirle diciendo ratón; pero hemos leído a escritores de esa nacionalidad escribiendo con toda comodidad downlondear para expresar la acción de “bajar” un archivo de la Internet. El autor de esta ponencia publicó el año pasado, en España, un libro sobre la red de redes. La única sugerencia de estilo en la cual nuestros editores en Madrid fueron inflexibles fue en la conminación para que todas la veces que habíamos escrito computadora, apareciera ordenador (lo cual, a su vez, trajo algún problema de compatibilidad cuando se publicó la edición mexicana de ese mismo libro).

El diccionario de la profesora Rivas incluye términos que al parecer ya son de uso frecuente entre los latinos que residen en Estados Unidos, como emailear (que es enviar un correo electrónico), backupear (hacer un archivo de respaldo), browsear (la acción de buscar, rastrear u hojear), efetepear (que es la recuperación de un archivo en el sistema FTP, o File Transfer Protocol). En numerosas ocasiones hemos escuchado, sobre todo entre usuarios frecuentes de computadoras –o, perdón, ordenadores– la palabra resetear que describe aunque insuficientemente la acción de apagar y encender una máquina, o escanear que en el mencionado sitio en la Red se traduce como “explorar”, “barrer”, “analizar” o “escudriñar”, verbos todos ellos deficientes para describir la digitalización de una información gráfica a través de un escáner. Hay términos intraducibles como shareware, que se aplica a los programas de cómputo disponibles en la red o en copias en disco que se distribuyen sin costo, para compartir y que el Diccionario del CyberSpanglish explica como “soporte lógico de dominio público”.

La profesora Rivas considera que “la dimensión de la evolución del idioma español en las comunidades latinas ha sido ignorada, tanto por miedo como por descuido. Continuando la perpetuación de la dependencia tecnológica respecto de las naciones del primer mundo, los hablantes del español ahora están adoptando palabras en su vocabulario cotidiano, cuando interactúan con o cuando hablan de las computadoras”. Se trata de una mutación idiomática que además es ubicua, pues puede ocurrir en todas partes. “Hoy, las dimensiones de esta evolución alcanzan grandes implicaciones en tanto estas máquinas comienzan a formar parte de una matriz de información, gente e identidades. Más que nunca antes, los latinos se comunican a través de las distancias, reuniéndose en un medio que antes había sido concebido como ‘herramienta de trabajo’. En este nuevo espacio, los latinos han reconocido que la pureza de su lenguaje puede ser considerada como una segunda prioridad en vista de las limitaciones que implica cuando tienen que hablar de la ‘tecnología de habla inglesa’. Empleando a las ‘palabras’ como herramientas de interacción, las comunidades latinas, inconscientemente, han enfrentado el desafío de revolucionar la vieja pureza de las reglas y tradiciones de su lenguaje, estableciendo nuevos paradigmas para la perpetuación de su identidad en la era de la información. Es decir, el cyberspanglish no es sólo un signo de la evolución del lenguaje, sino de su gente que se enlaza a través de un nuevo medio: la computadora” [27].

Las consecuencias culturales de esas transformaciones quizá todavía están por ser evaluadas, pero los cambios en el lenguaje son tan drásticos que hay quienes dicen voy a emailearlo ahorita; zoomea para verlo más grande; necesito rebutear la computadora otra vez. Desde luego, “para algunos, el cambio desafía la pureza de las culturas. Otros lo acogen como una evolución necesaria, una manera de participación que tiene que ser comunicada. La Internet y su lingua franca, el inglés, ha llegado a las comunidades de habla hispana en línea y las dos culturas han llegado a ser más entretejidas. Esta transformación podría ser comparada con otros hitos que han modelado a otros idiomas: la invasión árabe-berbera en Iberia, que les dió a los hablantes del español las palabras árabes que usan a la manera latina; o la conquista normanda, que le dio al inglés tantas palabras para usar en un lenguaje germánico. Como el español y el inglés, los ciberlatinos están tomando prestados, pero están empleando términos en su propia, única manera española” [28].

Como es de esperarse, esa flexibilidad para considerar que las modificaciones que la terminología técnica impone en el habla frecuente en español son signos de progreso, es considerada prácticamente herética por otros analistas. Las posiciones interpretativas y el diccionario de la profesora Rivas, han propiciado quejas de quienes consideran que ella, “se atreve a defender algunos usos que a ningún hispanoparlante con un mínimo de sensibilidad idiomática pueden parecerle aceptables, como el traducir ‘exit’ por ‘hacer un exit’ cuando en español eso es ‘salir’, o el horrible ‘printear’ en lugar de ‘imprimir’ como equivalente al inglés ‘print’, o ‘deletear’, de ‘delete’, por ‘borrar’. Pretender que verbos tan españoles como salir, borrar o imprimir dejen de usarse sólo por estar relacionados con una computadora es, en mi opinión, actuar contra la unidad y corrección del idioma”.

El lingüista Alberto Gómez Font, autor del anterior comentario, considera que si se aceptan cambios como los que ha recopilado Rivas, veremos declaraciones como la siguiente: “Querido Jesús: ya que hemos decidido emailearnos, te envío un archivo para que lo downloadees a tu ordenador. Lo he encontrado surfeando en el Web, cliqueando de site en site. Lo puedes pasar a un floppy o printearlo, y si no te interesa salvarlo lo deleteas…” [29]

La directora de la revista Apuntes, especializada en temas de traducción al español, Leticia Molinero, dice sobre la página de Rivas en la red de redes: “Esa postura de defensa del spanglish se basa no sólo en una crasa ignorancia de las posibilidades del español, sino en una actitud fáctica y servil ante el idioma inglés” [30].

Pero más allá de las indignaciones catárticas, es difícil ofrecer soluciones a esa evidente distorsión del idioma. Se trata de una tendencia imposible de frenar pues el español se encuentra en interacción con otras lenguas, especialmente el inglés. A lo mucho, se puede propiciar un ritmo de simbiosis menos acelerado y, claro, hace falta acuñar a veces, o reconocer en otras, los términos necesarios para describir acciones antes inexistentes y que ahora son cotidianas en el uso de la informática. Como ejemplo de las posturas testimoniales ante estos cambios en el lenguaje, está la propuesta del señor Jorge Tamayo, director de la editorial Enigma de Barquisimeto, Venezuela, recogida por el ya citado Gómez Font y que considera necesario que haya algún organismo que “de una vez por todas ejerza su mandato y le ordene al ordenador aceptar el más castizo nombre de computadora, o viceversa; que deje las ristras para los ajos (en la cocina) y utilice cadena para los caracteres del lenguaje binario de la computación, o viceversa. En síntesis, un Cervantes que al fin logre llegar a América a través de Internet para definir el vocabulario fundamental de informática castellana” [31].

Pero no parece que el idioma español vaya a ser organizado y menos actualizado, de esa manera. Como toda lengua viva, está abierto a las más diversas influencias. Lo que ocurre con la interdependencia que ya había del español con otras lenguas y con nuevos usos, ahora tiene lugar en un medio de propagación universal e inmediata. El desliz, la adaptación o el neologismo que aparecen en la Internet, tienen una circulación potencialmente mayor a la que antes alcanzaban otras formas de diseminación de nuevos vocablos.

En la Internet no existen trabas para decir las mayores tonterías. Lo que sí hay, son espacios específicamente dedicados a la discusión y reflexión de los cambios, así como a la presencia y vigencia de la lengua española. Divagando por las redes durante la preparación de este texto, encontramos listas de correo como la denominada “spanglish list”, en donde a diario se discuten estos asuntos [32].

En el web, o la telaraña como preferirán llamarle los adversarios del pragmatismo lingüístico, hay sitios que reivindican el uso y el estudio del castellano, como La Página del Idioma Español que es mantenida desde Río de Janeiro por el periodista uruguayo Ricardo Soca [33]. Se trata, como dice su autor, de un intento para “contribuir a la preservación, unidad y pureza de nuestra lengua. Busca sumarse así a otras iniciativas que apuntan abrir en la Internet nuevos y más amplios espacios a la comunidad de 400 millones de hispanoparlantes”. La página ofrece un índice de publicaciones electrónicas de América Latina y España, una selección de diccionarios digitales, un espacio para debates entre traductores, ligas a novedades y páginas literarias en la red y a cursos de español, así como una relación de foros de discusión sobre estos temas, entre otros espacios.

En la red hay varias páginas sobre el uso del español, especialmente de y para periodistas. Recientemente se abrió el foro “Periodismo”, de discusión sobre el uso de la prensa específicamente en esta lengua [34]. Por otra parte, existen sitios como el denominado “Español Urgente”[35] , en donde la agencia EFE, “con el propósito principal de aportar criterios que eviten la dispersión lingüística y la invasión indiscriminada de neologismos”, ofrece consultas y un vademécum con aclaraciones sobre nombres y palabras difíciles pero de uso frecuente en los medios. En compendios como ése, suelen aparecer ejemplos de las dificultades para uniformar el uso del idioma español en nuestros países.

La agencia EFE incluye, en su glosario, términos que pueden ser equívocos. Es el caso de una palabra que en México llega a tener un significado impensable en otros países y de la cual, el Vademécum del Español Urgente que puede ser consultado en la Internet, se ocupa de la siguiente manera:

coger. Recibida una carta de México en la que se nos advertía sobre la inconveniencia de usar el verbo coger en las noticias de la Agencia EFE sin tener en cuenta su significado en algunos países de Hispanoamérica, creemos oportuna la siguiente aclaración:

No podemos aconsejar a todos los delegados y corresponsales de la Agencia EFE en Hispanoamérica que dejen de usar el verbo coger, cuando para la mayor parte de ellos no es malsonante. Lo lógico es que los receptores de las noticias de EFE sepan que nuestra agencia es española, y que por lo tanto hay palabras con distintos usos en sus países y en el nuestro. A los receptores corresponde cambiar lo que pueda resultar chocante en su país, antes de publicarlo en sus periódicos o de transmitirlo por sus cadenas de radio o televisión” [36].

La precisión de los redactores de EFE es representativa de la altanería con que frecuentemente, desde la llamada madre patria, se establecen criterios para el uso de la lengua que todos compartimos. El español de España no es sino uno de los varios que se hablan en el mundo, aunque por supuesto los giros en los significados de las palabras que se propagan en cada país o en cada región, no permiten que en la difusión de las noticias existan versiones idiomáticamente correctas. La irradiación de los medios de comunicación más modernos y ahora especialmente la Internet, quizá propicie una homogeneización en el español de uso corriente en nuestros países. Con ello perderemos originalidad, diversidad y vivacidad. Pero quizá, gracias a esa uniformidad algunos cables de la agencia EFE dejen de causar incomodidad en otros países de lengua hispana.

La lid por la “ñ” y las posibilidades

del periodismo electrónico en español

La Internet es un medio de y para el idioma inglés. Ello no cancela la posibilidad de que existan espacios en otras lenguas ni el mérito de los que, como hemos visto, ya hay en la red de redes dedicados al español. Pero incluso para encontrarlos, es preciso hacer nuestras búsquedas en inglés.

Quizá el índice más ambicioso que hay ahora en Internet sea el denominado Altavista, que no sólo busca entre los nombres de las páginas en la red, sino que además hurga dentro de ellas. En ese índice, a fines de marzo pasado intentamos un ejercicio muy sencillo. A través de la página electrónica del CNET, uno de los sitios con mayor información sobre la Internet, especialmente acerca de novedades tecnológicas [37], le pedimos al localizador de Altavista, que buscase todas las referencias para la palabra español. El resultado fue harto significativo: cero hallazgos. Pero cuando solicitamos la búsqueda de la palabra spanish los resultados fueron abrumadores: había 659 mil 204 sitios en los que destacaba ese vocablo. Luego, si quitábamos la “eñe” para escribir espanol, se nos informaba de 258 mil 300 sitios en la Internet con esa palabra. Lo que ocurría, era que la liga a la página desde la cual hicimos la búsqueda no tenía el software adecuado para descifrar la letra “ñ”. Pero ya en una indagación directamente en la página de Altavista, encontramos que hay 88 mil 5 sitios con la palabra español, con todo y “ñ”. Allí mismo, el término castellano aparece en 40 mil 980 casos. De todos esos sitios, el que ese índice pone en primer lugar, por considerarlo más relevante, es la página web con el curriculum de una especialista en computación en Florida, llamada Roslyn Castellano. El segundo, es una compilación de periódicos en idioma español.

La cibernética, en algunas de sus expresiones más específicas, está reñida con el español. La falta, hasta hace no mucho tiempo, de teclados sin “ñ” en nuestros países era una expresión de esa apropiación sin adaptación que solemos hacer de las nuevas tecnologías.

Pero además, a esas tecnologías y a quienes deciden respecto de ellas, les llegamos a endosar culpas que no son necesariamente suyas, en la distorsión y simplificación de nuestro idioma. En 1996 fueron célebres las pifias que aparecieron en el diccionario de sinónimos del procesador de palabras Word, de Microsoft. Varios usuarios encontraron que el término “indígena” era equiparado a las palabras “salvaje”, “antropófago, “caníbal” o “beduíno”, entre otras. Entre los sinónimos de “mujer” estaban “hembra”, “señorita”, “venus”, “criada” o “doncella” pero en cambio, para la palabra “persona” uno de los sinónimos era “hombre” y para nada se mencionaba allí a las mujeres. “Homosexual”, era equiparado con “invertido”, “maricón” o “desviado” y “lesbiana”, con “pervertida” y “viciosa” entre otros presuntos sinónimos. Y así por el estilo.

El pequeño escándalo que se desató a mediados de 1996 primero en España y luego al menos en México, fue un tanto repentino porque los procesadores de palabras de Microsoft hacía varios años que incluían equivalencias de tal sexismo y dogmatismo y que se sepa, nadie había reclamado. Además, las mismas acepciones se encuentran en diversos diccionarios de sinónimos, que desde tiempo atrás venían circulando y lo siguen haciendo, sin que sus editores hayan sido emplazados a revisar las expresiones desatinadas. No faltaron quienes, en una reacción autodefensiva pero un tanto candorosa, acusaron a la mencionada empresa fabricante de software de querer imponer criterios anglosajones pero al mismo tiempo machistas y segregacionistas, en sus diccionarios para usuarios en lengua española. La verdad, es que ésas eran acepciones publicadas desde mucho tiempo atrás por varios de los diccionarios convencionales de mayor uso en nuestro idioma [38]. Microsoft se disculpó, consultó a especialistas en varios países de habla hispana y puso a circular una nueva versión, gratuita para quienes tuvieran la anterior, de su diccionario de sinónimos [39].

* * *

La Internet es un espacio que la prensa en español no puede, no debería desperdiciar. Si el periodismo electrónico sustituirá o no a la prensa en papel y tinta, es algo que, en realidad, no nos tocará presenciar. Todavía hay suficiente carencia de computadoras, módems, conexiones telefónicas y servidores de redes para que durante varias décadas, la información y el pensamiento por escrito y a través de los procedimientos tradicionales sigan manteniéndose. Pero no por ello es justificable que se descuide la expansión de la red de redes, que a las publicaciones que ya existen impresas en papel les permite aumentar su presencia y que ofrece la opción de ensayar nuevas formas de comunicación periodística.

La preponderancia del idioma inglés tampoco debiera amilanar al periodismo en español, aunque es un hecho que no podemos ignorar. El periodismo en la red de redes no es ni la panacea democratizadora ni el pozo de confusiones que sus paladines o sus detractores más encarnizados afirman. Es un recurso, de importancia creciente en el que hay que saber estar, antes de estar sin ton ni son. Allí, como en la prensa escrita, caben informaciones y calumnias, reflexiones lo mismo que infundios. Y eso sucede en todos los idiomas.

La Internet, lo mismo que el idioma, son instrumentos para comunicarnos. Si queremos que sean eficientes tenemos que admitir sus cambios, sin que esa transformación necesaria sea perturbación que haga inoperantes o inaccesibles a estos instrumentos. Podemos analizar o desentrañar, instruir o enseñar, de la misma manera que es factible causar perjuicio o daño y decir falsedades o patrañas, con eñe o sin ella.

Granja de la Concepción,

Ciudad de México,

Abril de 1997


[1] De este asunto nos ocupamos en nuestro libro La Nueva Alfombra Mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes, Fundesco (Madrid, 1996) y Diana (México, 1996), pp. 103 y ss.

[2] Enrique Galván Ochoa, “Internética. Salinas, localizado”, columna en la primera plana de La Jornada, 22 de abril de 1996. El nombre descubierto por Galván Ochoa aparecía en el buscador de domicilios electrónicos llamado “who-where” en donde, pocos días más tarde, había varios registros a nombre de “Carlos Salinas de Gortari”. Se trataba de nuevas bromas. Una de ellas, decía: “Esta es una prueba de que la portada de La Jornada del 22 de abril de 1996 es muy fácil de provocar”. Para que no quedara duda de la burla, ahora el seudónimo que se le adjudicaba a Salinas era el de “babastodos”. La Jornada ya no publicó más sobre ese asunto, en el que había sido víctima –y con ella, muchos de sus lectores– de una broma, precisamente, para bobos. Sin embargo, tampoco admitió que había proporcionado como cierta, una noticia falsa. En este como en tantos otros casos, hubo quienes creyeron lo que querían creer.

[3] La guía Magellan presenta una selección al azar, que se renueva cada 20 segundos, de los temas que en ese momento están buscando los usuarios del índice Excite: http://voyeur.mckinley.com/voyeur.cgi

[4] http://www.enews.com

[5] David Lidsky, “The Web Delivers”. PC Magazine, vol. 16, no. 4, february 18, 1997. Los servicios seleccionados en ese informe son: After Dark Online, Air Media Live Internet Broadcast Network, AlphaConnect StockVue, BackWeb, Castanet Tuner, IBM NewsTicker, In-Box Direct, Intermind Communicator, My Yahoo! News Ticker, NETdelivery y The PointCast Network.

[6] Además hay 1983 páginas electrónicas de estaciones de radio, 6275 de televisoras y 3362 consideradas como de “eventos de actualidad”

[7] “Medios de comunicación españoles en la red”: http://www.dat.etsit.upm.es/~mmonjaras/prensa.html

[8] Emy Armañanzas, Javier Díaz Noci y Koldo Meso, El Periodismo Electrónico. Información y Servicios Multimedia en la Era del Ciberespacio. Ariel Comunicación, Barcelona, 1996, pp. 128 y 195 y ss.

[9] Ibid., p. 195

[10] Mexico Index: http://www.trace-sc.com/index1.html

[11] El grupo Netree’s Internet Statistics (www.netree.com/netbin/internetstats), con datos del Internet Business Center, estimaba en enero de 1997 que la cantidad de personas deambulando por la red de redes ascendía ya a 102 millones. Sin embargo, es posible pensar que esos datos han sido exagerados, quizá para entusiasmar a los posibles anunciantes en espacios en la Internet. Esa fuente deducía, además, que había ya un millón 600 mil espacios en la WWW. Más realista, parece el cálculo de la Internet Data Corporation (www.idcresearch.com) que el 31 de octubre de 1996 contabilizaba 31 millones 400 mil usuarios. Una información más es la de Internet Info (www.webcom.com/walsh/) según la cual para el 27 de septiembre de 1996 había 611 mil 860 dominios, o domicilios en la WWW, registrados ante InterNic, que es la autoridad reguladora de la nomenclatura en la Internet. Un compendio de estas informaciones se encuentra en la página de la firma australiana ad.media: http://www.admedia.aust.com

[12] Por ejemplo, la compilación de datos del rastreador de Internet denominado WebCrawler, ofrecía en abril de 1996 la cifra de 145 mil 166 servidores registrados aunque cada uno de ellos podía ser “anfitrión” de varias páginas en la red. Otro dato indicaba la existencia de 199 mil 129 domicilios de servidores para esa fecha: http://www.webcrawler.com/WebCrawler/Special.html

[13] Nota sin firma en la primera plana de El Universal, México, 23 de mayo de 1996. Ese diario no volvió a ufanarse de tener una alta lectura en su edición electrónica.

[14] Adriada Malvido, “Cumple dos años La Jornada en Internet: 85 mil consultad diarias”. México, 8 de febrero de 1997.

[15] Jacqueline Emigh, “First wave of web publiching failures arriving”, en Newsbytes News Network: http://www.newsbytes.com (28 de marzo de 1997).

[16] “EL PAÍS y Microsoft, las páginas favoritas del ‘internauta’ español”. El País, Madrid, 24 de enero de 1997. La encuesta completa puede encontrarse en la página electrónica de ese diario: http://www.elpais.es

[17] Juan Antonio Gallont, “Se ‘roba’ su propia exclusiva The Dallas Morning News”, en Reforma, México, 10 de marzo de 1997. El domicilio del Dallas Morning News es: http://www.dallas-news.com

[18] Francis Pisani, “Los periódicos y la Web”, en Reforma, México, 17 de marzo de 1997.

[19] En México, la nueva Ley Federal del Derecho de Autor, promulgada el 24 de diciembre de 1996, protege a los programas de computación y las bases de datos.

[20] Steve Outing, “Playboy asume posicao intermediaria quanto a protecao de direitos autorais”, columna reproducida en “Parem as maquinas”, espacio en la página electrónica del sistema brasileño Universo On Line. http://www.uol.com.br/internet

[21] “Crece la polémica muncial sobre los derechos de autor en Internet”. El País, Madrid, 13 de diciembre de 1996.

[22] “Larry Flynt, the most controversial man that nobody really knows”, Hustler Online: http://www.hustler.com/interview/default.html . La entrevista, en traducción de María Cristina Rosas González, aparecerá con el título “Larry Flynt, el hombre de la prensa desmesurada”, en el número 220, del 17 de abril de 1997, del semanario etcétera: http://www.caligrafia.com/caligraf/etcetera

[23] “Print vs. the web”. Time Digital, suplemento de Time. New York, march 17, 1997.

[24] Poder Ejecutivo Federal, Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000. Programa de Desarrollo Informático. Secretaría de Hacienda y Crédito Público, México, 1996, p. 52. El documento lleva el pie de imprenta de la SHyCP aunque fue preparado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.

[25] En 1994, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 640 mil 222 hogares mexicanos –de un total de 19 millones 440 mil 278– tenían computadora personal. De esa cantidad, 542 mil 660 eran hogares con ingresos de más de 8 salarios mínimos. Datos elaborados a partir del Programa Nacional de Desarrollo Informático, cit., pp. 129-132.

[26] “CyberSpanglish WebSite”: http://www.actlab.utexas.edu/~seagull/spanglish.html

[27] Ibid.

[28] Yolanda M. Rivas, “Hablas CyberSpanglish? You might find that you already do!”, en Hispanic on Line, april 1996: http://www.hisp.com/apr96/tesoros/index.html

[29] Alberto Gómez Font, “Un nuevo lenguaje técnico: el español en Internet”. Ponencia al III Coloquio Lenguaje y Comunicación en Caracas, Venezuela, febrero de 1997. Bajado de La página del idioma español: http://www.webcom.com/rsoca/index.html

[30] Ibid.

[31] Ibid.

[32] Las listas de correo en la Internet funcionan por suscripción. Los usuarios intercambian mensajes que reciben directamente en su buzón de correo electrónico, pero para participar es necesario ser aceptado por el administrador de la lista. La “spanglish list” recibe solicitudes en el domicilio: spanglish@eunet.es Además, una relación de los mensajes insertados en esa lista puede encontrarse, en la world wide web, en: http://www.eunet.es/listserv/spanglish

[33] La página del idioma español: http://www.webcom.com/rsoca/index.html y también: http://www.iis.com.br/~rsoca/index.html

[34] La lista de correos recibe suscripciones en: listserv@listserv.rediris.es ; en la WWW hay un archivo con los textos que han circulado en dicha lista: chico.rediris.es/archives/periodismo.html

[35] Español Urgente: http://www.efe.es

[36] Vademécum: http://www.efe.es/vademecum/index.html

[37] CNET es un proyecto conjunto de varias empresas de comunicaciones para ofrecer información sobre los vínculos entre la Internet y la televisión: http://www.cnet.com

[38] Tenemos a la mano el Gran Diccionario de Sinónimos, Voces Afines e Incorrecciones de Fernando Corripio, publicado en las Ediciones B de Grupo Editorial Z (de Barcelona) en México en marzo de 1991 y cuya primera edición es de junio de 1989. Al parecer el diccionario de sinónimos de Word y otros procesadores en español (como Works) de Microsoft fue calcado de esa obra. Así que las acepciones políticamente incorrectas o, de plano, discriminatorias, ignorantes u ofensivas, ya transitaban por nuestras bibliotecas antes de que fuesen atribuídas a esa corporación de programas de cómputo.

[39] Armando Neira, “Microsoft pide perdón por sus sinónimos”. El País, Madrid, 24 de junio de 1996.

El método es la clave

Publicado el 11 de diciembre de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Ginebra. Al cabo de un extenso y peculiar proceso deliberativo este miércoles comenzó la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. El bajo perfil que el gobierno mexicano decidió conferir a su delegación –encabezada por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola— ha sido parte del escaso interés que este evento suscitó en nuestro país.

   A diferencia de la nuestra en muchas otras naciones hubo reconocible atención, e incluso expectación, ante la convocatoria hacia Ginebra. La discusión del rumbo que el mundo quiere dar al uso de las nuevas tecnologías de la información y el debate sobre los medios de comunicación convencionales es de primera importancia. Pero en México, más allá del foro que organizó en mayo el Senado de la República y una consulta privada a la que convocó la semana pasada la Secretaría de Relaciones Exteriores, los preparativos de esta Cumbre pasaron desapercibidos.

   Por eso no ha sido extraño que a diferencia de las docenas de cubanos, chilenos o peruanos –para solo mencionar tres grupos de América Latina— que discuten y promueven sus respectivas visiones de la sociedad de la información en los bulliciosos pasillos del Palacio de Exposiciones en Ginebra, los mexicanos sean unos cuantos.

   Habrá mucho por decir acerca de las deliberaciones y decisiones de esta Cumbre. Los lineamientos que aquí se establezcan acotarán y orientarán el desarrollo de la Internet y los compromisos de los medios de comunicación convencionales. Más allá de esos acuerdos, México y especialmente nuestra desastrada clase política podrían aprender del proceso que antecedió a la Cumbre.

   Desde hace más de un año los gobiernos y organismos internacionales que promueven este evento pusieron a discusión de todos los interesados los borradores de Plan de Acción y Declaración  de Principios que serán aprobados el viernes próximo en la sesión plenaria de la Cumbre. Una intensa evaluación en espacios abiertos en la Internet permitió que todo aquel que quisiera, en cualquier parte del mundo, opinara acerca de esos textos.

   Los borradores fueron examinados, en tres sesiones preparatorias aquí mismo en Ginebra, por los delegados de los gobiernos y además por representantes de organismos no gubernamentales y de empresas relacionadas con las industrias de la comunicación y la información. Conforme se acercaba la fecha de la Cumbre las diferencias se decantaban más pero también se construía un contexto de coincidencias.

   Las tres reuniones previas no fueron suficientes y tuvieron que organizarse otras dos. Todavía la noche del martes pasado estaban siendo elaboradas las versiones finales. No comentamos aquí sus contenidos sino el método. Primero se definieron las ideas y las propuestas. Solo cuando hubieron sido delimitadas, los interesados apuntaron sus diferencias.

   Ahora que ya se conocen acuerdos y discrepancias los sectores que durante todos esos meses concurrieron en su examen han establecido posturas delante de tales documentos. La aprobación estará a cargo de los gobiernos. Los representantes de las empresas han señalado que no están de acuerdo con todos sus contenidos. Las ONG’s redactarán sus propias conclusiones y la tarde de este miércoles cabildeaban para que formen parte de los documentos oficiales de la Cumbre.

   Aunque los desacuerdos no son menores, están ceñidos por los acuerdos básicos. Uno de ellos es la voluntad para venir a discutir y expresar aquí las posiciones de cada quien. Este miércoles en la inauguración de la Cumbre el presidente del Comité Preparatorio, Adama Semassekou, ex ministro de Educación de Mali, consideró que ese procedimiento “puede ser el preludio de una nueva generación de cumbres internacionales…. en donde todos los que tienen decisiones en cada tema puedan participar de forma equitativa, sobre la base de propuestas formuladas por todos los protagonistas”.

   Ese es el método: primero las propuestas y luego las posturas en torno a ellas. En México, en cambio, en los días recientes hemos visto cómo primero se definen alineamientos y después se articulan iniciativas de cada uno de ellos.

   Las propuestas de reforma fiscal que están en juego no han sido discutidas con la amplitud que ese tema merece. Hay demasiada prisa –como si los legisladores no pudieran reunirse una quincena más, en periodo extraordinario— y demasiado nerviosismo.

   Por lo menos ya platican entre ellos. Hablando se entenderán, incluso en esa arena de intereses sin posiciones en que se ha convertido el PRI. Si de estos días pantanosos y grises nuestros dirigentes políticos entienden que hasta para reñir se necesita un método, quizá esta temporada de bulla hueca y desencuentros yermos no hayan pasado tan en vano.

Maestros para la Enciclomedia

Publicado el lunes 28 de marzo de 2005 en La Crónica de Hoy y otros diarios

El presidente Fox se empeña en imponer la Enciclomedia. A pesar del recorte presupuestario que dispusieron los diputados para limitar ese capricho del jefe del Ejecutivo y no obstante las dudas sobre su pertinencia pedagógica, la Enciclomedia está siendo instalada en salones de quinto y sexto años en primarias de todo el país.

El esfuerzo para generalizar esa computadora, con pantalla que al menos hipotéticamente permite que sea vista en todo el salón de clases y que está cargada con programas de enseñanza, resulta en principio plausible. Pero cuando se conocen las limitaciones de sus contenidos y sobre todo el hecho de que la Enciclomedia se sustenta en la Enciclopedia Encarta que hace varios años difundió la empresa Microsoft, comienzan las dudas acerca de ese dispositivo.

La supeditación que el país y sus escuelas tendrán respecto de esa firma de programas para computación es el primer motivo para recelar de la Enciclomedia. El apresuramiento y la ausencia de apreciaciones serias sobre sus contenidos constituye otra fuente de prevenciones. Y la falta de capacitación de los profesores para utilizarla puede convertirse en la principal causa para que los 2 mil millones de pesos que el presidente Vicente Fox se ha obstinado en invertir corran el riesgo de dilapidarse.

Desde luego, siempre es pertinente que en las escuelas haya computadoras. Quienes se oponen a ellas sosteniendo que las aulas necesitan antes de otras mejoras no hacen mas que imponer un prejuicio primitivo al desarrollo de la educación.

Pero las computadoras son instrumentos que funcionarán mejor o peor de acuerdo con la idoneidad de los programas que se les instalen y, sobre todo, según la capacitación que alcancen quienes estén a cargo de utilizarlas.

Recientemente en el diario Clarín, de Buenos Aires, la destacada escritora argentina Beatriz Sarlo publicó un ameno texto que recuerda las prisas mexicanas para instalar la Enciclomedia. Autora de libros fundamentales como el reciente La pasión y la excepción (que compara con gran inteligencia las personalidades de Jorge Luis Borges y de Eva Perón) Sarlo recuerda que hoy, en Argentina, se puede distinguir entre las escuelas para ricos y para pobres que no son necesariamente las escuelas privadas y públicas.

Se trata, más bien, de “escuelas para familias que poseen medios culturales, y escuelas para familias que no los tienen. Estas segundas pueden incluso ser familias ricas desde el punto de vista económico, porque la incultura de muchos privilegiados no es una novedad. Ir a una escuela para pobres marca como una condena temprana. Los chicos de la burguesía que van a malas escuelas, dispondrán de tiempo, dinero para nuevas experiencias educativas y conexiones familiares para ubicarse. Los pobres, por supuesto, no tienen instrumentos de compensación. Para los pobres, la escuela decide la vida”.

Una escuela para pobres, dice Sarlo, no es necesariamente aquella que no tiene computadoras: “En las escuelas para ricos es más habitual que haya computadoras, pero la diferencia no está allí, o no está solamente allí”.

“Podría existir –explica– una escuela donde se enseñaran los más sofisticados problemas matemáticos o de lengua sin una computadora, y donde se entrenara a los chicos en la búsqueda de información en dos enciclopedias que son tan difíciles o tan fáciles de manejar como Internet. Podría existir una escuela donde los chicos leyeran cinco libros por año, actividad que los prepararía mucho mejor para navegar en cualquier dimensión del mundo de la información virtual, las de hoy y las del futuro”.

“Los chicos leen fotocopias en las escuelas para pobres –recuerda Sarlo– porque no pueden comprar libros, los maestros no siempre saben dónde ir a buscarlos, ni el Estado los proporciona en cantidad suficiente, y también leen fotocopias en las escuelas privadas mediocres, porque los padres no corren a comprarlos, los chicos prefieren gastar en otra cosa y los docentes se adaptan a la desidia de la familia y la institución”.

“Cuando se leen libros, no hay problemas en leer también fotocopias. Pero algo misterioso sucede cuando sólo se leen fotocopias: de ellas no se pasa fácilmente a los libros”.

“En estas hipotéticas escuelas con libros verdaderos y sin computadora, lo que habría seguramente es maestros con un entrenamiento de primera –concluye esa pensadora argentina–. Y aquí está uno de los nudos de la cuestión: es más difícil entrenar maestros que comprar computadoras. Incluso puede ser más caro y necesariamente ocupa más tiempo y exige más constancia. De todos modos, no parece necesario optar entre buenos docentes y computadoras. Simplemente señalo el punto porque las computadoras, sin buenos docentes, se pueden convertir en un cyber [un cibercafé] pagado por el presupuesto educativo”.

Allí se encuentra uno de los grandes temas nacionales que no discutimos, ni advertimos, obnubilados como estamos por el desafuero.