Información: diagnósticos, discrepancias, deliberaciones

Publicado el 1 de junio de 2003 en La Crónica de Hoy y otros diarios

Apenas a tiempo para ser consideradas en las propuestas que México llevará a las reuniones preparatorias de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información a fines de este año en Ginebra, la Conferencia Internacional que organizó el Senado de la República recogió numerosas, sugerentes y variadas propuestas. Con presencia de varios centenares de participantes y difundida en vivo por el Canal del Congreso –a cuyos números telefónicos los televidentes de los estados podían enviar comentarios y preguntas– la Conferencia realizada entre el miércoles y el viernes de esta semana buscó contribuir a ubicar el tema de las nuevas tecnologías de la información en la agenda de los asuntos nacionales.

   La importancia que ya se le reconoce al desarrollo de la Internet y los nuevos medios se advierte en el interés que suscitó entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Los senadores Dulce María Sauri del PRI, Demetrio Sodi del PRD y Javier Corral del PAN –este último titular de la Comisión de Comunicaciones y Transportes que organizó la Conferencia– presentaron sendas ponencias que coincidieron en la preocupación por la insuficiente relevancia que hasta ahora había tenido, en el mundo político mexicano, el debate sobre la sociedad de la información.

   El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Diego Fernández de Cevallos, acudió a la Conferencia para comprometerse a que sus conclusiones sean atendidas por el presidente de la República cuando se defina la posición del Estado mexicano ante la Cumbre de Ginebra. El día de la inauguración el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, había considerado que las políticas públicas sobre asuntos como el que se discutió en el patio central del Senado tienen que reconocer la participación de la sociedad. 

 

Conferencia internacional

   El contexto para deliberar la posición de México en la Cumbre Mundial pero sobre todo para definir qué es preciso hacer en nuestro país en la ruta de un desarrollo nacional de la informática y la comunicación, lo establecieron los conferencistas internacionales.

   El prestigiado profesor Armand Mattelart de la Universidad de París, cuya experiencia e influencia en la comunicación latinoamericana es ampliamente conocida, no solo ofreció una espléndida conferencia sobre la pertinencia de entender a la sociedad de la información como una sociedad de los saberes para todos y por todos. Además, con disciplina y generosidad, estuvo presente los tres días de sesiones acompañado de su esposa Michelle, también investigadora de los medios y la cultura en las sociedades contemporáneas.

   El doctor Alejandro Piscitelli de la Universidad de Buenos Aires, autor de libros fundamentales para entender el desarrollo de las ciberculturas y fenómenos recientísimos como las llamadas empresas “punto-com” que surgieron y fracasaron debido a una apreciación demasiado voluntarista del auge de la Internet, ofreció una conferencia sobre la nueva economía.

   La periodista británica Sally Burch, directora de la Agencia Latinoamericana de Información, presentó un enterado inventario de las medidas que se pueden tomar para defender la libertad de expresión y auspiciar la participación de la sociedad en las nuevas redes de información.

   El doctor Bert Hoffmann del Instituto Iberoamericano de Hamburgo, autor de una cuidadosa investigación sobre la Internet en varios países latinoamericanos, describió las posibilidades (pero también los riesgos) de las nuevas tecnologías respecto de las economías de naciones como la nuestra.

   El consejero regional de la Unesco, Alejandro Alfonzo, describió las líneas principales de la Cumbre Mundial cuya primera fase tendrá lugar en diciembre próximo en Ginebra. Una segunda reunión se realizará en noviembre de 2005 en Túnez. Por su parte el colombiano Santiago Reyes Borda, actualmente asesor del Ministerio de Industria de Canadá, explicó el desarrollo de la Internet en ese país norteamericano.

 

Variadas voces nacionales

   Esas conferencias a cargo de invitados extranjeros, fueron complementadas con intervenciones de especialistas mexicanos en seis paneles. Jaime Chico Pardo, director general de Teléfonos de México; los consultores en asuntos informáticos Ricardo Zermeño y Enzo Molino y senadores de los tres partidos nacionales, estuvieron entre los panelistas.

   Del campo académico hubo profesores de la UAM como Scott Robinson y Antulio Sánchez; Kiyoshi Tsuru y Jorge Navarro del ITAM y Ernesto Piedras, del CIDE. De la UNAM participaron, entre otros, el profesor Víctor Flores Olea, el maestro Jorge Alberto Lizama y el director de Cómputo Académico Alejandro Pisanty. También estuvo Adolfo Dunayewish, de la organización civil La neta que se ha interesado en el uso ciudadano de la red de redes.

 

Ausencias y relevos

   Se habían comprometido a participar el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Jorge Arredondo, y el director del programa e-México, Julio César Margáin. Unas horas antes de la Conferencia los dos avisaron que no acudirían. Es deplorable que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, de la cual dependen esos dos funcionarios, haya querido ignorar a la Conferencia.

   A ese desdén, los organizadores respondieron con astucia política. Los sitios que dejaron libres Margáin y Arredondo fueron ocupados por dos especialistas con un intenso y directo conocimiento de las nuevas tecnologías de la información.

   Uno de ellos es Javier Lozano Alarcón, que en el gobierno anterior fue presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones y subsecretario de Comunicaciones y Transportes y que, dedicado hace algunos años a la consultoría privada, recientemente fundó el Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones.

   El otro invitado que a pesar de haber sido convocado a última hora llegó con una presentación repleta de experiencia y sugerencias fue don Carlos Casasús, que en años pasado también fue subsecretario de Comunicaciones y presidente de la Cofetel y que actualmente dirige la Corporación Universitaria para el Desarrollo de Internet.

   Hubiera sido muy útil que los actuales responsables del desarrollo informático del país explicaran, ante un auditorio enterado e interesado, las características de los proyectos que tienen para incorporar a México a la sociedad de la información. Sin embargo, en el plano de las propuestas y el debate, la participación de Casasús y Lozano fue muy gratificante.

   A diferencia de la postura de la SCT la Secretaría de Relaciones Exteriores, que representa a nuestro país en los preparativos de la Cumbre de Ginebra y Túnez, manifestó una reconocible actitud de apertura. Además del titular de la SRE que estuvo en la ceremonia inaugural, en la última sesión participó con una ponencia el doctor Salvador de Lara Rangel, Director General de Negociaciones Económicas Internacionales de esa Secretaría.

  

Encandilamiento tecnológico

   En la relatoría de la Conferencia Internacional se reconoce que, en las sociedades contemporáneas, la información no basta. De hecho, su exuberancia llega a ser un problema adicional a los que significa el marginamiento respecto de los cauces de difusión más abundantes en datos y opciones. Darle respuesta y contenido a esa preocupación es tarea de las sociedades y los Estados.

   Al explicar a la Sociedad de la Información se entremezclan el diagnóstico y el pronóstico. En las sesiones de la Conferencia se recordó la definición de los documentos preparatorios para la Cumbre de Ginebra: “Es una nueva forma de organización social, más compleja, en la cual las redes TIC más modernas, el acceso equitativo y ubicuo a la información, el contenido adecuado en formatos accesibles y la comunicación eficaz deben permitir a todas las personas realizarse plenamente, promover un desarrollo económico y social sostenible, mejorar la calidad de vida y aliviar la pobreza y el hambre”.

   Como delante de otros recursos de información, con estos que ofrecen las nuevas tecnologías corremos el riesgo de quedar atrapados por el encandilamiento y el sobredimensionamiento que produce su influencia. El doctor Mattelart señaló en su disertación que “el enfrentamiento no es entre tecnófilos y tecnófobos sino entre mesianismo tecnoglobal y apropiación de las técnicas en cada sociedad”.

 

Defensa del espacio público

   Mattelart mismo se había referido a las connotaciones geopolíticas de la Sociedad de la Información. Antes, en la inauguración de la Conferencia el Rector General de la UAM, Luis Mier y Terán, deseó: “Todos los países debemos tener garantizado el acceso a la información pero, además y sobre todo, tendremos que tener garantizado el acceso a la palabra”. Con afán similar Sally Burch, de la Agencia Latinoamericana de Información, propuso “rescatar el sentido de lo ‘público’: lo que no es ni del Estado ni de lo privado… (la) esfera o espacio donde la ciudadanía en sus diversas expresiones pueda intercambiar ideas, debatir sobre modelos de sociedad, fiscalizar el manejo de poderes y tener un acceso transparente a la información que concierne a la comunidad”. Ese ámbito plural de la comunicación, dijo Burch, ha de ser garantizado por políticas públicas.

   Anhelos y políticas entremezclados, a la Sociedad de la Información se le reconoció como espacio de bienaventuranza pero también territorio de riesgos tan grandes como las oportunidades que ofrece. En el inicio de las sesiones el legislador Javier Corral Jurado indicó que “el Senado de la República tiene interés en que haya un rostro humano de las tecnologías de la información y de la comunicación”.

   De la manera como se le moldee, con políticas públicas, acciones legislativas y según la concertación social que se logre, dependerá la humanidad o brutalidad que tengan los rostros de esta Sociedad de la Información. Alfonzo, de la Unesco, se apoyó en la Declaración de Bávaro, que forma parte de los materiales que alimentan la discusión rumbo a Ginebra, para decir: “La sociedad de la información es un sistema económico y social donde el conocimiento y la información constituyen fuentes fundamentales de bienestar y progreso”.

   Otras voces en la Conferencia amalgamaron reivindicaciones sociales y subrayaron diferencias políticas con las concepciones imperantes en la discusión y, en vez de Sociedad de la Información, prefirieron hablar de “Derecho humano a la comunicación”. En un comunicado dirigido a la reunión por 14 organizaciones sociales y 9 ciudadanos interesados en el tema, se plantea que ese derecho sea “garantizado a todos los miembros de la población, incluyendo en esto su participación activa, incluso en la producción de contenido, y el derecho a la propiedad de los medios para transmitir tales contenidos”.

 

Brecha, software y futuro

   En la Conferencia se habló, y surgieron numerosas propuestas, acerca de las medidas pertinentes para abatir la brecha entre quienes tienen acceso y aquellos que siguen apartados de las nuevas tecnologías de la información, se discutieron medidas para utilizar esos recursos en la educación, se dedicaron varias horas a evaluar los riesgos a las libertades y la posibilidad de emprender acciones técnicas y jurídicas para preservar el derecho a la expresión en las redes informáticas. En su relación con la economía se hicieron recomendaciones para impulsar la industria informática y especialmente la producción de contenidos y software nacional.

   El método para procesar esas sugerencias y la participación de sectores muy variados en la Conferencia que organizó el Senado podrían ser emblemáticos de la Sociedad de la Información que es posible construir: con una deliberación enterada y abierta, logrando que la posición mexicana en Ginebra represente el interés de la sociedad y no únicamente las apreciaciones gubernamentales y propiciando que a estos temas se les confiera la importancia que tienen en el diseño de la sociedad, la economía y la cultura del país.

  

ALACENA: Luis Suárez

Cronista del cambio político en México, fundador de organizaciones de periodistas, hombre de convicciones antimperialistas y colaborador de numerosos medios, Luis Suárez murió ayer a los 85 años.

   Nació en España donde fue capitán de milicias en la guerra civil. De su llegada a nuestro país y de las simpatías que conservaría toda la vida escribió en su libro más reciente: “Por obvias razones de gratitud y afinidad política –arribé a puerto mexicano el 13 de junio de 1939, en el oleaje de refugiados españoles derrotado en la prebatalla antifascista de la Segunda Guerra Mundial– me siento identificado, como nuevo mexicano, con la obra y la política de Lázaro Cárdenas. En General, que escrito con mayúsculas ya no requiere nombre ni apellido, no sólo me abrió, como a miles, las puertas de México; también, y como a muchos, las de su familia”.

   Eso escribió Suárez en la presentación de su libro Cuauhtémoc Cárdenas. Política, familia, proyecto y compromiso que apareció hace tres meses. En otras obras dejó testimonio de sus convicciones y afinidades: Lucio Cabañas, el guerrillero sin esperanzas (1976); Echeverría rompe el silencio (1979); Petróleo: ¿México invadido? (1981), entre otros.

   Colaborador de docenas de publicaciones -entre ellas, durante largo tiempo Siempre! y Excélsior–, hizo durante 17 años el programa de televisión Luis Suárez en el Once. Hace casi tres décadas participó en la fundación de la Unión de Periodistas Democráticos, fue directivo en la Organización Internacional de Periodistas y desde hace varios años presidía la Federación Latinoamericana de Periodistas.

   En numerosos foros Luis Suárez pugnó por la apertura de los medios de comunicación. En su libro más reciente apuntó: “La información es un instrumento de y para la gobernabilidad, pero no sustituye las diferencias, y menos elimina las desigualdades sociales. Ha de servir para la más consciente participación ciudadana. Pero se ha convertido en un elemento del poder que los verdaderos poderes apetecen para consolidarse sobre las diferencias de clase”.

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