Categoría: El español en la Red

Entre Cervantes y Shakespeare

Una tercera parte de los latinos en Estados Unidos habla solamente español cuando está en su casa. Los medios en este idioma, especialmente la televisión y la radio, suelen ser empresas influyentes y prósperas. Sin embargo, el optimismo que a veces se manifiesta acerca del futuro del español en Estados Unidos tendría que ser matizado a la luz de los hábitos lingüísticos de las nuevas generaciones de hispanos.

Liga a la nota publicada en el número 70 (enero – marzo de 2007) de la revista Telos en Madrid.

Tendencias mediáticas en América Latina

Publicado en Zócalo, febrero de 2007 

    Los medios de comunicación han sido el motor cultural y social de la globalización contemporánea. Más que la apertura de mercados y la trasnacionalización de capitales, pero junto con ellos, la propagación de mensajes más allá de cualquier frontera geográfica o política y la homogeneidad de muchos de esos contenidos han significado un cambio drástico en la apreciación que la gente tiene acerca de sí misma y del mundo en el que vive. Ese nuevo entorno implica transformaciones en muchas direcciones.

   La apreciación catastrofista, que le asigna a la globalización un carácter esencialmente perverso, sirve de poco para entender esos cambios pero, además, conduce a una parálisis analítica y política porque al subrayar solamente sus consecuencias indeseables llega a magnificar e incluso a mitificar los efectos de la internacionalización económica y cultural. La apreciación complaciente, que busca solamente los rasgos virtuosos de un proceso que encierra profundas desigualdades sociales e incluso las acrecienta, tampoco es el enfoque más adecuado en el plano del análisis intelectual ni en el terreno de la elaboración de políticas. 

Híbrido espacio cultural    

   La globalización cultural es un proceso. No surge de manera súbita. Tampoco conduce a la suplantación drástica de las culturas nacionales y locales. Se trata, más bien, de una sucesión de inter-influencias mutuas, de una serie de hibridaciones como ha sugerido, entre otros, Néstor García Canclini. En ese proceso las culturas nacionales y locales ceden algo de espacio a los contenidos de carácter global –que son fundamentalmente, aunque no de manera exclusiva, de índole estadounidense–. Pero al mismo tiempo un segmento de los valores, rasgos y tradiciones de las culturas locales y nacionales comienza a formar parte de la que, en aras de la descripción breve, podemos denominar como cultura global.      En el espacio cultural iberoamericano concurren, así, contenidos de toda índole. Allí hay sitio para las culturas locales al mismo tiempo que para expresiones de la cultura trasnacional que irradian los medios de comunicación. En todos nuestros países, así como en otras regiones del mundo, la gente se entretiene mirando series estadounidenses como Lost, 24 y Sex and the city pero también aplaude la música y la figura de Shakira, las composiciones de Chico Buarque, las caracterizaciones de Penélope Cruz y Antonio Banderas, las canciones de Luis Miguel o las jugadas del Barsa y el Real Madrid. Los contenidos hispanoamericanos forman parte del caudal que circula en los medios de comunicación de dimensiones globales. Eso no significa que toda nuestra idiosincrasia ni todas nuestras costumbres estén siendo determinantes en esa cultura global.

   En esa avalancha de contenidos se amalgaman expresiones, características y tradiciones de numerosas culturas regionales y nacionales. Al mismo tiempo, por lo menos hasta ahora, las culturas locales y regionales se mantienen gracias a que forman parte de la gente que las nutre y reproduce.

    Las nuevas tecnologías facilitan e intensifican esos procesos de amalgama cultural pero, además, comienzan a crear nuevas formas de consumo, generación y apropiación de contenidos. Por una parte, llevan hasta las audiencias más diversas los contenidos de la heterogénea pero omnipresente cultura global. En segundo término permiten algunas formas de intercambio e interactividad que la gente aprovecha para ampliar sus redes de relaciones personales y, en ocasiones, para propagar sus propias creaciones culturales. En tercer lugar, esas nuevas tecnologías hacen posible la reproducción de muchos de esos contenidos por mecanismos de apropiación y circuitos de distribución paralelos y en ocasiones contradictorios con el mercado institucional –la reproducción y distribución de archivos de vídeo y música más allá del copyright tiene delicadas implicaciones legales pero, al mismo tiempo, se ha convertido en una peculiar pero efectiva forma de democratización del consumo cultural–.

 El idioma y la Red      

    Influido y constantemente modificado por la cultura global, el espacio hispanoamericano tiene rasgos que lo singularizan. El primero de ellos es, desde luego, el idioma. El sustrato común que significa el español permite que se mantengan constantes flujos de bienes culturales, mantiene un contexto compartido y, sobre todo, les da a nuestros países una identidad común.    Sin embargo ese sustrato que significa la lengua no es apuntalado con el interés y los recursos que harían falta para sustentar ese asidero de nuestra identidad compartida. Los proyectos bibliográficos, comunicacionales, periodísticos, artísticos y/o cinematográficos que podrían desarrollarse para promover contenidos y la lengua común en estaos países, siguen resultando escasos.     Ante la insuficiencia de políticas nacionales y regionales de suficiente calado, la identidad común en nuestras naciones es promovida fundamentalmente por los grandes medios de comunicación de masas. En la mayoría de ellos, como es de suponerse, la producción de contenidos no suele estar orientada por la calidad sino por la búsqueda de rendimientos financieros.    

En nuestros países la mayor parte de la sociedad depende, para su consumo mediático, de los canales de televisión abierta; el acceso a plataformas de televisión satelital, o por cable, sigue siendo un privilegio al que tienen acceso segmentos aun minoritarios de la población o, en otros casos, solamente los habitantes de las grandes zonas urbanas.    Internet no ha llegado a ser un auténtico contrapeso a la hegemonía comunicacional de los medios tradicionales. En la mayor parte de América Latina las tasas de acceso a la Red todavía son inferiores al 20% de la población. Los contenidos en español se han incrementado pero no tanto como los que se propagan en otras lenguas en la Red de redes. La creación de tales contenidos para Internet ha quedado fundamentalmente supeditada al interés mercantil o al afán comunicativo de pequeños y a veces aislados grupos de usuarios. En pocos países latinoamericanos (Brasil y Chile, destacadamente) ha existido una política estatal para impulsar el desarrollo tanto de la cobertura como de contenidos nacionales en Internet. Y si las políticas nacionales en ese terreno han escaseado, mucho mayor es la ausencia de políticas regionales para Internet. Fuerza de los medios     

   En ausencia de contrapesos y junto con el declive en la presencia social de otros actores públicos (como las instituciones del Estado, o los partidos políticos) la influencia social de los medios tradicionales ha crecido tanto que, en ocasiones, rivaliza con los poderes establecidos. No resultó sorprendente, por ello, que el Informe sobre la Democracia en América Latina que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en 2004 identifique a los medios de comunicación entre los poderes fácticos más influyentes en esta región.

   La fuerza política de los medios llega a determinar decisiones u omisiones de los poderes establecidos (como sucedió en México a comienzos de 2006 con la aprobación de una reforma de legal tan favorable al interés de las corporaciones mediáticas que llegó a ser conocida como Ley Televisa). Paradójicamente, en experiencias como esa, los medios privados llegan a padecer un costo político significativo cuando en la sociedad se extiende la convicción de que tales empresas están abusando del poder que tienen.

    Los medios públicos no alcanzan a constituir una alternativa sobre todo cuando experimentan carencias financieras tan acusadas como las que padecen numerosas emisoras estatales en América Latina. Los medios comunitarios han experimentado un desarrollo desigual: suman centenares o quizá millares en Brasil y Argentina pero solamente –a lo sumo– un par de docenas en México. En todos los casos, su sola existencia contradice la concepción que suelen tener los empresarios de la radiodifusión privada que habitualmente se consideran propietarios de todo el espacio radioeléctrico y no únicamente concesionarios de algunas frecuencias. 

Acaparadores empresarios   

¿Fortalezas y debilidades? Si se les puede llamar así, para la industria de la comunicación, que es esencialmente privada, entre las primeras se encuentran el acaparamiento que hacen de las frecuencias de transmisión –hay muchos canales en pocas manos– y, por lo tanto, el monopolio que ejercen sobre las audiencias. Uno de los patrimonios más importantes de tales empresas es la experiencia técnica y comunicacional que han mantenido y consolidado durante, en ocasiones, más de medio siglo. Entre sus desventajas se encuentran la frecuente reticencia a cualquier innovación –lo mismo en materia de contenidos que de índole política, cultural o tecnológica–, el discurso estrecho y a menudo maniqueo que promueven acerca de los asuntos públicos, el afán para aprovechar políticamente la ventaja que suelen tener frente a otros actores públicos y el escaso interés que manifiestan para tomar en cuenta a sus audiencias como algo más que resignados conglomerados de pasivos consumidores de mensajes. Muchos de los empresarios mediáticos latinoamericanos más relevantes mantienen una visión del mundo tan estrecha que no suelen interesarse en producir o difundir contenidos capaces de reivindicar la identidad común de la región o de apuntalar el desarrollo de nuestro idioma.    

   (A fines de 2006 la Fundación Telefónica, de Madrid, les pidió a varias docenas de investigadores de la comunicación en Iberoamérica que respondieran a un cuestionario sobre las fortalezas y las debilidades del espacio mediático en nuestros países. La síntesis de ese sondeo aparecerá en el Informe Anual Tendencias que dirige el profesor Bernardo Díaz Nosty. El texto anterior recoge las respuestas que presenté a ese cuestionario).

Leer y escribir en la Red

Leer y escribir en la Red /Novedades,

desafíos, fortalezas, fragilidades

Ponencia presentada a la mesa “Investigación científica y nuevas tecnologías” en el encuentro I Acta Internacional de la Lengua Española

San Millán de la Cogolla, La Rioja, octubre 28 de 2006

En Internet existen por lo menos 8 millones 190 mil alusiones al término quijote. De ellas, 3 millones 250 mil son referencias al nombre “Don Quijote”. La frase “el ingenioso hidalgo” aparece en 335 mil páginas en la Red. Y el nombre “el ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha” se encuentra en 251 mil páginas de Internet.

Eso, en una pesquisa instantánea que realizamos a mediados de este mes de octubre en el buscador más utilizado en Internet. 20 meses antes, en febrero de 2005, cuando indagamos por los mismos términos en el motor de búsqueda de Google, la palabra “quijote” era mencionada en un millón 710 mil páginas; “don Quijote” en 454 mil y “el ingenioso hidalgo” en 44 mil (1).  Es decir, en menos de dos años la presencia del término “quijote” en ese registro del contenido de la Red aumentó un 379%: de más de un millón 700 mil, a casi 8 millones 200 mil páginas. El nombre “Don Quijote” es repetido un 615% más: las menciones que recibe aumentaron de 454 mil a 3 millones 250 mil. Y las páginas en donde se hacen referencias a “el ingenioso hidalgo” aumentaron 661%: de 44 mil, a 335 mil.

La constatación de ese crecimiento puede ser útil para algo más que ocupar nuestro ocio informático si la entendemos como ejemplo de la presencia que alcanzan las palabras en español en medio del torrente de contenidos de toda índole que se encuentra en la Red de redes. La evolución en esos datos puede deberse al aumento en la cantidad de páginas en las que se mencionan los nombres antes aludidos y, también, al incremento en la capacidad de Google y otros motores de búsqueda para rastrear contenidos en Internet. En todo caso aumentos de 4 o 6 veces en tan solo 20 meses parecieran suficientes para considerar que el español se encuentra activo, vigente y creciente en Internet, que es el espacio de propagación de contenidos e ideas más extenso y de mayor expansión global. Por eso cuando nos preguntamos sobre los medios materiales con los cuales los países hispanohablantes compiten y refuerzan las bases de su formidable edificio lingüístico y cultural como indican los términos de referencia de esta mesa de discusión, parece ineludible ocuparnos de la Red de redes.

 

La cuarta lengua en Internet

Mucha presencia en Internet no significa necesariamente presencia de la mejor calidad deseable. Utilizada de manera intensa y constante, nuestra lengua es vehículo para expresar todo tipo de contenidos. Esa es una de las singularidades de Internet, a la que en otro sitio describimos como una suerte de colección de espejos de la humanidad. Internet replica y propaga pensamientos, sentimientos, valores, intereses, en todas las lenguas.

El español es la cuarta lengua más utilizada en la Red de redes y por lo menos desde que terminó el milenio ha tenido un crecimiento constante, aunque en los años más recientes con un desarrollo más pausado. En 1999 el español era la lengua principal de 4.5% de los usuarios regulares de Internet, después de un todavía mayoritario uso del inglés (que era utilizado por el 57% de los internautas), el 9.2% de los que hablaban japonés y el 4.6% de una ascendente presencia del chino. El 6.5% hablaba alemán.

La lengua española se mantuvo varios años en aquel quinto sitio y hacia 2004 el incremento en el uso de la Red en América Latina y España pero sobre todo entre hispanos en Estados Unidos permitió que alcanzara el cuarto sitio, con el 9% de internautas en todo el mundo. El inglés había descendido a menos del 40%, el japonés se mantenía casi igual –9.5%– y el chino había crecido hasta alcanzar el segundo sitio entre las lenguas más utilizadas en la Red, con 14% de los usuarios.

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El crecimiento en el uso de otras lenguas ha reducido la presencia relativa del español que actualmente, se calcula, es el idioma principal del 7.5% de los usuarios de Internet. Ese avance de otras lenguas ha dejado al inglés, aun mayoritario, en algo menos del 30% de los usuarios de la Red. También el japonés ha descendido, hasta menos del 8%. Y el chino sigue creciendo, con algo más del 13%. Hoy en día cerca de 322 millones de personas utilizan Internet acudiendo fundamentalmente al inglés; 144 millones lo hacen en chino; 86 millones en japonés y casi 82 millones en español.

 

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Es altamente posible que en poco tiempo el español pase a ser la tercera lengua en Internet, especialmente porque tiene un campo más vasto en donde crecer. Actualmente el 67% de quienes hablan japonés ya gozan de acceso regular a la Red de redes. En cambio solamente el 18.7% de quienes hablan español disfrutan de ese beneficio.

Conforme más gente se incorpore al uso de Internet, la variedad lingüística de la Red será más representativa de la variedad de idiomas que hay en el mundo. Esa será una de las expresiones que tendrá el lento aunque constante abatimiento de la brecha digital. Hacia septiembre de 2006, de acuerdo con el servicio Internet World Stats que abreva de varias fuentes estadísticas, de los casi 6 mil 500 millones de habitantes del planeta solamente el 16.7% –mil 86 millones– tenían la posibilidad de utilizar Internet (2).

Insuficientes contenidos en español

Entre los usuarios de la Red hay cada vez más gente que habla, vive y piensa fundamentalmente en español. Pero eso no significa que la presencia de nuestra lengua en Internet sea proporcional a las preferencias idiomáticas de esos usuarios. El cuarto sitio que el español tiene entre las lenguas predominantes entre los usuarios de la Red se modifica drásticamente cuando nos asomamos a los idiomas en los cuales se desarrollan los contenidos en esa vasta colección de espacios digitales.

No hay una estadística completa acerca de las lenguas en las cuales se distribuyen sitios y páginas en Internet aunque todas las estimaciones coinciden en señalar que el inglés sigue siendo el idioma con más presencia en tales contenidos (3). Algunas aproximaciones a las dimensiones de esa y otras lenguas pueden encontrarse en los inventarios que hay acerca de información específica en algunos de los sitios más consultados en la Red. Wikipedia por ejemplo, es la enciclopedia en línea cuyo método de trabajo sustentado en la colaboración anónima –cada quien puede colocar la información que considere pertinente y cada quien puede enmendar cualquier información– ha significado lo mismo una fuerte discusión acerca de la escrupulosidad de sus contenidos que un constante auge tanto en la cantidad de información como en las consultas que recibe cada día.

Hacia comienzos de octubre de 2006, el español ocupaba el décimo sitio entre las 229 lenguas y dialectos en los cuales hay información en Wikipedia. De algo más de 5 millones 300 mil entradas, las que se encontraban redactadas en nuestro idioma alcanzaban apenas 157 mil. Cabe señalar que los internautas de lengua española interesados en colaborar con Wikipedia se han incorporado a ese proyecto más tarde que aquellos que escriben en otras de las lenguas más utilizadas en el mundo. Por eso, de las algo más de 157 mil definiciones que había en español en octubre de 2006 más de la mitad –89 mil– habían sido puestas en línea en el año más reciente.

Las entradas en inglés, en Wikipedia, sumaban algo más de un millón 412 mil y constituían el 26%. Las definiciones en español eran algo menos del 3%.

 

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Ese dato contrasta con el 7.5% que alcanza el español como lengua principal entre los internautas. Sin que pueda establecerse una relación mecánica entre ambos porcentajes, no es aventurado considerar que muchos de quienes exploran Internet y tienen a nuestro idioma como lengua cotidiana buscan información en otras lenguas –con certeza se puede decir que fundamentalmente el inglés– y no encuentran la información o los contenidos que requieren en sitios y páginas en castellano. También se puede considerar que hay una utilización pasiva de la Red por parte de un segmento importante de los internautas de lengua española.

Otra manera de asomarnos a la proporción de contenidos que la Internet ofrece en español, en comparación con distintas lenguas, es la cuantificación de resultados que ofrece la búsqueda de palabras emblemáticas de cada idioma. Por ejemplo, cuando buscamos la palabra amor en la nuestra y otras lenguas encontramos los siguientes resultados (4).

love 1, 380 000 000

amor 153 000 000

amour 94 300 000

amore 53 300 000

Dicho rastreo informal permite constatar que en la Red hay nueve veces más referencias al amor en inglés que en español. Eso no significa que las mil 380 millones de páginas indexadas por Google se encuentren en inglés. Si alguien escribe el término love en una página en cualquier otro idioma esa página formará parte de las que reporte el motor de búsqueda.

El ejemplo anterior es muy simple. A partir de búsquedas como esa pero realizadas de manera sistemática y con un extenso inventario de términos, el grupo Funredes ha realizado desde varios años una evaluación de la presencia de varias lenguas en Internet. Allí se advierte un descenso porcentual en la utilización del español por lo menos en el primer lustro del nuevo siglo (5).

 

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En la tabla se aprecia la ya conocida y muy intuida disminución en la presencia del inglés como lengua predominante en la Red. Sin embargo el 45% de contenidos en ese idioma registrados en 2005 es mayor al porcentaje (30%) de usuarios anglófonos de la Red que había un año después. Y el 7.5% de usuarios que tienen al español como lengua materna es inferior al 4.6% de páginas en las cuales pudieron identificarse contenidos en nuestro idioma.

Además, aunque leve, se puede reconocer un descenso en la utilización del español que en 5 años pasó de ocupar algo más del 5% al 4.6% identificable en 2005. También disminuyeron, siempre en términos porcentuales, las páginas en portugués. En cambio lenguas como el francés y especialmente el alemán tuvieron un incremento en los contenidos en la Red aunque el porcentaje de usuarios que hablan esas lenguas se haya mantenido idéntico (alrededor del 4.6% el francés) o incluso haya descendido como sucedió con el alemán (que pasó de ser la lengua del 6.5% al terminar el siglo XX a ser utilizado por el 5.4% un sexenio más tarde, de acuerdo con los datos que presentamos en la primera tabla incluida en este trabajo).

Esas y otras indagaciones permiten considerar que si bien ha consolidado una presencia relevante, el español podría retroceder respecto de otras lenguas en los contenidos que se encuentran disponibles en Internet. Ante esa constatación, o a partir de la para algunos insuficiente cobertura de nuestra lengua en la Red, hay quienes consideran que lo que hace falta es diseñar mejores recursos para que los usuarios de lengua española identifiquen más fácilmente y con mayor rapidez los contenidos en este idioma. Sin embargo la colocación en línea de distintos motores de búsqueda especializados en sitios en español no ha tenido la relevancia que esperaban sus promotores (6). La cobertura de muchos de esos buscadores ha resultado menor a la que alcanzan los servicios más conocidos internacionalmente. Por otra parte, cuando inquieren por alguna información a muchos usuarios no les resulta especialmente relevante que sea en español o en inglés. Por otro lado los buscadores internacionales más conocidos –como Google, Yahoo y Altavista– han habilitado sus propios servicios en castellano.

Pretender que haya servicios de rastreo de contenidos exclusivamente en español puede expresar una concepción fragmentaria de la Red, como si se pudiera delimitar un territorio virtual en nuestra lengua al margen de todos los demás. La naturaleza reticular de Internet es todo lo contrario de esa por lo demás imposible segmentación. Sustentadas en protocolos de hipertexto, las páginas web se enlazan unas con otras, llevan al usuario de un sitio a otro, de uno a otro contenidos, independientemente del idioma en que hayan sido escritos. Por eso, más que pensar en buscadores que al rastrear en una sola lengua ofrecen una dimensión parcelada y empobrecida de Internet, habría que hacer todo lo posible para que en los motores de búsqueda más utilizados esté presente la mayor cantidad posible de sitios en español. Y desde luego, la prioridad para impulsar el uso de nuestra lengua en la Red y de esa manera en el globalizado mundo contemporáneo, tendría que ser la promoción de contenidos de cada vez mayor cantidad y calidad y, desde luego, en castellano.

Paradojas de los traductores automáticos

Otros recursos tecnológicos de reciente desarrollo contribuyen a paliar la desventaja que, para la comprensión y la comunicación entre sus usuarios, significa la diversidad lingüística que hay en Internet. Los servicios de traducción automática han venido perfeccionándose y son cada vez más sensibles a los usos específicos del idioma. La investigación tecnológica para lograr que el español resulte accesible a quienes no dominan nuestra lengua y, viceversa, para que los internautas de habla hispana comprendan contenidos en otros idiomas, se ha desarrollado de manera considerable. Esos avances en ocasiones están relacionados con la utilización de tecnologías para suplir alguna limitación comunicativa en personas discapacitadas. En otro terreno, para la mayoría de los usuarios pueden ser útiles como referencia general especialmente cuando se acude a fuentes de consulta en donde la traducción plenamente literal no es necesaria.

El desarrollo tecnológico sigue progresando en ese campo. Pero hasta ahora no existen traductores capaces de trasladar de una lengua a otra la riqueza de matices, connotaciones y alegorías que puede haber en un idioma como el nuestro. Igual que hemos hecho en alguna otra ocasión, vale la pena comparar qué ocurre con un texto en castellano cuando es sometido a una traducción digital.

Tomemos, solamente como ejemplo, un párrafo de la más reciente novela de Mario Vargas Llosa:

“Cuando vine a vivir en Lavapiés, el barrio había cambiado de tal manera que a ratos me preguntaba si en esa Babel quedaba todavía algún madrileño de cepa o todos los vecinos éramos, como Marcella y yo, madrileños importados. Los españoles del barrio procedían de todos los rincones de España y con sus acentos y su variedad de tipos físicos contribuían a dar a esa mazamorra de razas, lenguas, dejes, costumbres, atuendos y nostalgias de Lavapiés el semblante de un microcosmos. La geografía humana del planeta parecía representada en su puñado de manzanas (7).

Ese mismo texto, sometido a un traductor instantáneo en Internet, aparece así cuando se convierte al inglés:

“When I came to live in Lavapiés, the district had changed in such a way that short whiles some Madrilenian of stock or all the éramos neighbors asked to me if in that Babel still had left, like Marcella and I, Madrilenian concerned. The Spaniards of the district came from all the corners of Spain and with its accents and their variety of physical types they contributed to give that mazamorra of races, languages, you leave, customs, atuendos and nostalgia of Lavapiés the semblante of a microcosm. The human geography of the planet seemed represented in its handful of apples” (8).

La traducción automática ofrece una razonablemente útil conversión de casi todo ese párrafo pero algunas frases resultan incomprensibles. Los madrileños de cepa se transformaron en mercancías de almacén, los personajes importados se convirtieron en preocupados, términos como “éramos”, “mazamorra” y “atuendos” quedaron sin traducir, el deje alusivo al acento quedó como expresión de abandono y las manzanas callejeras fueron tomadas como frutas. La versión es todavía más incomprensible cuando tratamos de convertirla nuevamente al español (9).

Las tecnologías de traducción siguen desarrollándose y serán cada vez más meticulosas. Sin embargo todavía no se ve cercano el momento en el que puedan sustituir la intervención humana. El mundo, ni modo, sigue padeciendo las consecuencias de la maldición de Babel. Para comprender gran parte de los contenidos que abundan en Internet y, de manera más amplia, para comunicarse con eficacia en distintos espacios de la vida contemporánea, la gente tiene que aprender inglés.

Otros recursos tecnológicos colocados en línea pueden ayudar a la comprensión de nuestra lengua y eventualmente ser útiles para esclarecer alguna duda de gramática o vocabulario, pero no sustituyen la necesidad de que el español, sus reglas y los significados de sus palabras, sean enseñados en las escuelas de nuestros países. En Ecuador, por ejemplo, la empresa Signum, que es proveedora de Microsoft, mantiene un silabeador y guionizador en línea (10). En opinión de la Oficina de Español en la Sociedad de la Información del Instituto Cervantes, “se trata de una herramienta que separa las palabras por sílabas o que muestra la posición correcta de los posibles guiones que queramos introducir. Basta con introducir el término en el área correspondiente y pulsar en el botón <Guionizar silabear>. Las dos operaciones estarán listas en pocos segundos” (11).

La misma empresa ofrece también un “conjugador” en línea. Esos recursos pueden ayudar en casos de apuro pero lo más conveniente es que las escuelas básicas enseñen a dividir en sílabas y a conjugar verbos a todos sus alumnos. La empresa catalana Thera, del Centre de Llenguatge i Computació (CLiC) de la Universidad de Barcelona, ofrece un servicio similar (12).

Al mismo tiempo, en la Red hay esfuerzos individuales, o casi, que apoyan a los usuarios que tienen dudas acerca de usos específicos de nuestra lengua. Entre ellos se encuentra el diccionario de términos informáticos inglés – español colocado en línea y actualizado constantemente por José Luis Prieto (13).

 

 

Libros en línea, rezago del español

Con o sin Internet –pero en realidad ese dilema no existe porque la Red, a querer o no, forma parte del mundo contemporáneo de manera irreversible– se puede reconocer que el camino más sólido para propagar y perfeccionar el uso del español se encuentra en la promoción de la lectura. No hay mejor manera para enfatizar el atractivo y la versatilidad de nuestra lengua. Y como es sabido, los buenos lectores suelen ser buenos usuarios del idioma.

La promoción de la lectura requiere de muy variados apoyos y sobre todo de recursos financieros y decisiones políticas que no siempre existen en la medida de las necesidades en ese campo. Cabe decir que, también en ese ámbito, Internet puede ofrecer un respaldo fundamental. La propagación de bibliotecas digitales, ya sea con materiales expresamente digitalizadas para la Red o a partir de la conversión de colecciones que ya existen en tinta y papel, está significando el aprovechamiento, para difundir la cultura escrita, de la hasta ahora ilimitada capacidad de almacenamiento pero, sobre todo, de la casi completa ubicuidad de Internet.

En ese campo el modelo pionero es el Proyecto Gutenberg, creado en 1971 por el especialista informático Michael Hart y que constituye la biblioteca digital más antigua. En el otoño de 2006, ya con varios años en línea, reunía cerca de 20 mil libros en 50 lenguas. Cada mes, de manera gratuita, son descargados más de 2 millones de libros de ese sitio. Entre el 12 de septiembre y el 11 de octubre de 2006 los 25 libros más descargados de ese sitio fueron los siguientes.

 


 

 

Los 25 libros más descargados del Proyecto Gutenberg

 

1. Fifteen Thousand Useful Phrases by Grenville Kleiser (8596)

2. The Adventures of Sherlock Holmes by Sir Arthur Conan Doyle (8528)

3. The Notebooks of Leonardo Da Vinci — Complete by Leonardo da Vinci (5987)

4. Kamasutra by Vatsyayana (5812)

5. Pride and Prejudice by Jane Austen (5541)

6. How to Speak and Write Correctly by Joseph Devlin (5323)

7. Treasure Island by Robert Louis Stevenson (5259)

8. Ulysses by James Joyce (4978)

9. The Hound of the Baskervilles by Sir Arthur Conan Doyle (4354)

10. The Devil’s Dictionary by Ambrose Bierce (4272)

11. The Art of War by 6th cent. B.C. Sunzi (4239)

12. The Time Machine by H. G. Wells (4087)

13. Roget’s Thesaurus of English Words and Phrases by Peter Mark Roget (4070)

14. The Adventures of Sherlock Holmes by Sir Arthur Conan Doyle (3995)

15. The Prince by Niccolò Machiavelli (3379)

16. The Best American Humorous Short Stories (3346)

17. Meyers Konversationslexikon Band 15 by Various (3279)

18. Metamorphosis by Franz Kafka (3256)

19. Aesop’s Fables by Aesop (3239)

20. Modern Spanish Lyrics by Various (3082)

21. Grimm’s Fairy Tales by Jacob Grimm and Wilhelm Grimm (3045)

22. The Adventures of Huckleberry Finn by Mark Twain (3020)

23. The Valley of Fear by Sir Arthur Conan Doyle (2979)

24. Jane Eyre by Charlotte Brontë (2948)

25. Alice’s Adventures in Wonderland by Lewis Carroll (2849)

Las cifras indican la cantidad de veces que fue descargado cada texto.

Fuente: http://www.gutenberg.org/browse/scores/top#books-last30 Consultado el 11 de octubre de 2006.

 

El Proyecto Gutenberg forma parte de la Feria del Libro Electrónico, World eBook Fair, (http://worldebookfair.com) integrada por 112 colecciones nacionales y/o temáticas. En octubre de 2006 esa red aseguraba que reunía más de 500 mil libros en formato PDF en más de 100 idiomas (14). Seguramente algunos de esos volúmenes se encuentran en español pero de las 112 colecciones que los contienen ninguna está dedicada a libros en nuestra lengua. La escasa atención que recibe nuestro idioma en proyectos como ese resulta correlativa al poco interés que ellos suscitan en nuestros países. Allí se encuentra una debilidad de los esfuerzos para propagar y solidificar el uso del español. La ausencia de iniciativas para incrementar la bibliografía en castellano dentro de espacios que promueven la lectura de archivos digitales en diversas lenguas se advierte en la raquítica presencia del español en colecciones como la del Proyecto Gutenberg.


 

 

 

Principales idiomas en los cuales se distribuyen

los libros del Proyecto Gutenberg / Octubre de 2006

Inglés 16910

Francés 939

Alemán 386

Finlandés 327

Holandés 226

Español 133

Portugués 61

Chino 69

Tagalo 51

Latín 41

Sueco 34

Fuente: A partir de información disponible en http://www.gutenberg.org

 

Otros proyectos, en cambio, están específicamente destinados a digitalizar y catalogar libros y documentos en español. Uno de los más exitosos es la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Creada en julio de 1999 a iniciativa de la Universidad de Alicante y el Grupo Santander, tiene “más de 21 mil registros bibliográficos” que se encuentran disponibles en línea. Cada día, de los servidores de la Biblioteca son enviadas 126 mil 500 páginas web En el año más reciente esos materiales habían recibido más de 110 millones de consultas con lo cual, en siete años, la Biblioteca había servido más de 300 millones de páginas (15).

De esos más de 300 millones de páginas, más de la tercera parte fueron solicitadas desde dominios de Internet ubicados en España. Más del 23% desde Estados Unidos y más del 10% desde México (16). Cinco países sudamericanos ocupan los siguientes sitios –Argentina, Perú, Chile, Colombia, Venezuela– y, luego, destaca el interés en naciones no hispanohablantes como Francia, Brasil e Italia para requerir textos de esa biblioteca digital en nuestra lengua.

 


 

Los 30 dominios desde donde se solicitan más páginas

a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

(cantidad de servicios por dominios y países 1999 – 2006)

País Dominio No. de páginas servidas

1

España

.es

112 795 737

2

Estados Unidos

.us

71 643 534

3

México

.mx

32 594 665

4

Argentina

.ar

16 338 651

5

Perú

.pe

13 882 943

6

Chile

.cl

13 394 625

7

Colombia

.co

8 329 874

8

Venezuela

.ve

6 782 279

9

Dominio desconocido

—-

6 346 955

10

Dominio comercial

.com

5 700 021

11

Francia

.fr

4 209 734

12

Brasil

.br

3 954 036

13

Italia

.it

3 368 920

14

Direcciones numéricas sin resolver

—–

2 755 624

15

Bolivia

.bo

2 068 314

16

Alemania

.de

2 034 965

17

Red

.net

1 787 810

18

Uruguay

.uy

1 583 895

19

Ecuador

.ec

1 571 094

20

Reino Unido

.uk

1 458 316

21

El Salvador

.sv

1 426 679

22

Rep. Dominicana

.do

1 267 431

23

Canadá

.ca

1 260 694

24

China

.cn

1 177 094

25

Portugal

.pt

1 080 387

26

Guatemala

.gt

1 039 773

27

Panamá

.pa

944 444

28

Corea del Sur

.kr

934 407

29

Costa Rica

.cr

913 465

30

Japón

.jp

873 470

Fuente: Cuadro elaborado a partir de Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Estadísticas. “Páginas web servidas con éxito por dominios”. http://www.cervantesvirtual.com/informacion/estadisticas.jsp. Consultado en octubre de 2006.

 

Y sin duda el proyecto más ambicioso para colocar e inventariar libros en línea es Google Print que, a partir de convenios con editoriales, autores y bibliotecas, está digitalizando y abriendo el acceso a decenas de miles de volúmenes de todos los temas y todos los tiempos. El de Google será seguramente el catálogo bibliográfico más completo de la historia. Anunciado formalmente a fines de 2004, el programa ha establecido acuerdos con las bibliotecas de universidades como las de Michigan, Oxford, Stanford y la Biblioteca Pública de Nueva York cuyas colecciones completas se estima que reúnen más de 15 millones de volúmenes (17). Sin embargo no todas las obras resguardadas en esas colecciones pueden ser digitalizadas. Solamente aquellas cuyos derechos de autor hayan dejado de estar vigentes, o los libros cuyos editores o autores estén de acuerdo en que formen parte del catálogo electrónico, son sometidos al proceso de digitalización. Los libros son localizables a través de Google Book Search (18). que es una extensión del conocido motor de búsqueda que se ha convertido en instrumento indispensable para recorrer Internet.

La principal y nada menor limitación de ese proyecto es que no todas las obras de su catálogo se pueden consultar completas. En muchos casos el interesado solamente tiene acceso a unas cuantas páginas –habitualmente aquellas en donde se encuentra la información específica que requirió a través del Google para libros–. Todo depende del tipo de autorización que hayan extendido el autor o el editor de la obra en cuestión. Si el libro no está disponible para su consulta completa, Google Book Search ofrece enlaces a librerías electrónicas en donde se puede comprar y, en muchas ocasiones, a bibliotecas en las que se encuentran ejemplares de ese volumen.

En septiembre de 2006 la biblioteca de la Universidad Complutense, en Madrid, se adhirió al programa de Google Book Search. Su director, José Antonio Magán, estimó que un 10% de los más de 3 millones de libros que hay en esa institución podrían ser susceptibles de entrar al proceso de digitalización (19). Así que, con todo y la indudable importancia que tiene y acrecentará, es preciso no sobredimensionar al proyecto de Google. No se trata, todavía al menos, de una formidable biblioteca digital sino, fundamentalmente, de un catálogo de los libros asequibles no en línea sino en librerías y bibliotecas de todo el mundo. En parte debido a las taxativas que imponen los derechos de autor y además a causa del afán para ofrecer y obtener un rendimiento económico por la consulta en línea, los libros se encuentran más en un escaparate en donde se pueden conocer sus rasgos principales que en un anaquel de donde se les pueda tomar para hojear o incluso leer a cabalidad.

Proyectos como el que con un crecimiento constante pero pausado mantiene la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, o el Google Book Search que se desarrolla de manera exponencial, apuntan en la dirección del futuro del libro. Parece inevitable el hecho de que tanto por motivos de producción como de distribución, los libros serán cada vez más editados y leídos en formatos digitales y con una creciente disponibilidad a través de Internet. En proyectos como los antes mencionados se puede identificar el inicio de una nueva manera para la propagación del conocimiento. Por eso es muy importante que, si se quiere que mantenga su vigencia, el idioma español no deje de estar presente en esos y muchos otros esfuerzos similares. Seguramente la incorporación de la biblioteca de la Complutense al Google Book Search es la punta de lanza de la participación de otras colecciones bibliográficas en castellano. Pero aun así, no exageramos si advertimos que en nuestros países se mantiene una importante reticencia a admitir la propagación de la cultura escrita por medios digitales y muy especialmente a considerar que el futuro del libro se encuentra en formatos distintos a los que hasta ahora hemos conocido, aherrojados a la tinta y el papel.

Sería importante que la cultura en español pudiera propagarse de manera intencional e intensa por los laberintos de la red de redes pero no solamente con más libros digitales sino, al mismo tiempo, con mejores obras. La cantidad es relevante, pero la calidad de la oferta bibliográfica en español también será determinante para la existencia y vigencia de nuestra lengua en Internet, que es el espacio de intercambio cultural más extenso que se haya creado jamás. Hasta ahora los libros más requeridos a través de la Búsqueda de Libros de Google son obras de consulta, diccionarios y manuales. No existe un inventario permanente pero en octubre de 2006 los organizadores de ese servicio dieron a conocer la lista de los 10 libros más consultados en inglés en la semana del 17 al 23 de septiembre (20). Entre ellos hay lo mismo un texto de botánica y un manual para construir un robot, que dos diccionarios y una traducción del Corán. Junto a textos clásicos hay algunos de actualidad lo cual, según los responsables del Google Book Search, “refleja la amplia diversidad de intereses de los lectores”.

 

 

 

 

 

Los libros en inglés más consultados en Google Book Search

Semana del 17 al 23 de septiembre de 2006

1. Peter K. Endress, Diversity and Evolutionary Biology of Tropical Flowers. Cambridge University Press, 2003, 525 pp.

2. Merriam Webster’s Dictionary of Synonyms. Merriam Webster’s, 1984, 944 pp.

3. Frank J. Fabozzi, et. al., Measuring and Controlling Interest Rate and Credit Risk. John Wiley and Sons eds., 2003, 533 pp.

4. Ailsa Cameron, editor, et. al., Ultimate Healing: The Power of Compassion. Wisdom Publications, 2001, 271 pp.

5. The Holy Qur’an. Abdullah Yusuf Ali, traductor. Wordsworth Editions, 1999.

6. Peterson’s Study Abroad 2006. Thomas Peterson, ed., 2005. 616 pp.

7. Noam Chomsky, Hegemony Or Survival: America‘s Quest for Global Dominance. Henry Hold and Company, 2003, 302 pp. (*)

8. Merriam-Webster’s Dictionary of English Usage. Merriam Webster, 1994, 978 pp. (*)

9. Greg Johnson y Thomas R. Arp, Perrine‘s Literature: Structure, Sound, and Sense. Thomson Wadsworth, 2005, 1700 pp.

10. Brad Graham y Kathy McGowan, Build Your Own All-Terrain Robot. McGraw-Hill Professional, 2004, 298 pp.

 

(*) Estos libros fueron retirados del catálogo de Google pocos días después.

Fuente: a partir de la lista publicada en

http://booksearch.blogspot.com/ Los datos de cada libro fueron identificados en búsquedas en Internet.

No disponemos de una relación similar con los libros más consultados en nuestra lengua pero sí con un dato en extremo sugerente. Durante la Feria del Libro que se realizó en octubre de 2006 en Francfort, la empresa Google informó que el libro en español que había sido más buscado en el servicio Book Search es Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda (21). No deja de ser significativo que mientras entre los libros digitales más buscados en inglés se encuentren un estudio sobre la morfología de las flores, un diccionario y una guía finanzas personales, el libro más requerido en español sea uno de los más emotivos poemarios en esta lengua.

Mejor y más lectura, mejor y más idioma

Para que nuestra lengua se desarrolle en Internet no basta con que sea utilizada por una cantidad significativa de personas. La capacidad, posibilidad y el interés de esos usuarios para no solamente consultar páginas en otros idiomas sino para hacerlo también en español y colocar sus propios contenidos en esta lengua es la clave de ese desarrollo. De otra manera tendríamos amplias comunidades nacionales de cibernautas anclados, fundamentalmente, en el uso del inglés o de otros idiomas.

En este punto es pertinente guarecernos de un posible chovinismo lingüístico. La defensa del español no debería conducirnos a rechazar, intemperantemente, el uso y aun el predominio del inglés. Por motivos económicos, pero también culturales e incluso políticos, el inglés ha sido adoptado como el idioma común más empleado en intercambios de toda índole. Sería un tanto pueril oponernos a la utilización del inglés y resultaría negligente no estimular su enseñanza para que cada vez más jóvenes y niños, en nuestros países, sean capaces de comunicarse en ese idioma.

Al mismo tiempo, desde luego, necesitamos de una enseñanza y sobre todo de una práctica extensas, intensas, ambiciosa y creativas del idioma español. Ello requiere de una conciencia muy clara acerca de la importancia de nuestra lengua que es parte de la identidad, la cultura y el sustrato común de nuestros países. Y ese reconocimiento tendría que conducir al diseño y sostenimiento, con todos los recursos necesarios, de políticas para impulsar y mejorar el uso del español en los más variados ámbitos del espacio público en nuestros países. Contenido y continente se encuentran estrechamente relacionados en esa utilización. El idioma puede ser el vehículo de los más variados pensamientos y propósitos. Un mensaje elemental no necesita de un lenguaje especialmente rico. Pero la expresión de ideas, sentimientos o mensajes complejos requiere de y tiende a desarrollar una lengua más plena, con términos e inflexiones capaces de comunicar los matices y la diversidad de tales pensamientos. De allí que las políticas para promover una utilización creativa e íntegra del español tengan que reparar en los contenidos y no solamente en el uso, sin más, del idioma.

El continente, sin embargo, a veces resulta propicio para una simplificación casi irremediable del contenido. Algunas de las nuevas tecnologías que facilitan la comunicación entre las personas son utilizadas con ritmos tan rápidos y para enviar mensajes tan breves que, con frecuencia, en ellas se practica, y se recrea incluso, un lenguaje comprimido y empobrecido. El correo electrónico y especialmente los mensajes de texto que se intercambian a través de teléfonos celulares, igual que los salones de chat y el intercambio por servicios de mensajería electrónica, son recursos de enorme utilidad para transmitir avisos cortos pero a menudo con un patente empobrecimiento del idioma. No tiene caso satanizar esos usos que desmejoran la lengua. Lo que resulta preciso es entenderlos y tratar de crear un contexto en donde el idioma pueda florecer e incluso transformarse, de acuerdo con las nuevas necesidades de la sociedad pero sin perder el caudal de tonalidades que tienen las palabras en español.

Auspiciar una utilización extensa e intensa del español en Internet tendría que conducir a medidas prácticas como la creación de portales y la diversificación de sitios en esta lengua, así como el impulso a su utilización en nuestros países. Pero ese propósito también debería favorecer la capacitación para navegar y especialmente colocar contenidos en la Red, el patrocinio directo o indirecto de sitios en nuestra lengua y el estímulo al uso del español a través de muy variados recursos. Por ejemplo, ¿por qué no convocar a concursos en donde sean premiadas las páginas y/o los blogs en donde se manifieste un uso más creativo, o sobresaliente, del idioma español?

Gracias a la Red hoy muchos jóvenes y niños de nuestros países están leyendo más que la generación anterior. El solo hecho de navegar y buscar los lleva a utilizar con más asiduidad los instrumentos de la palabra escrita. El gran problema, allí radica en la a menudo discutible calidad y en la siempre insuficiente oferta de los contenidos, especialmente en castellano, que encuentran en sus recorridos por Internet. El español, como cualquier lengua y para estrujar un adecuado lugar común, se ejercita en la medida en que se le practica. Para fortalecerlo es necesario leerlo y escribirlo. Hay que hacerlo en las escuelas y en muchos otros ámbitos de nuestras sociedades. Y es fundamental crear espacios y solidificar recursos para que cada vez más gente lea y escriba en Internet.

 

Para sintetizar algunos de estos puntos de vista ciñéndonos al esquema sugerido para este encuentro podemos apuntar cuatro consideraciones acerca de la lengua española en la Red.

 

Debilidades: las que plantea una apropiación tecnológica que todavía requiere, esencialmente, del idioma inglés para entender los nuevos dispositivos de comunicación y para aprovechar los contenidos que hoy circulan en la Red y en otros espacios. El escaso interés que suscitan iniciativas internacionales para colocar en línea libros o contenidos de otra índole.

Amenazas: la todavía vigente preponderancia del inglés no resulta especialmente riesgosa. En cambio sí hay una fuente de debilitamiento e incluso de regresión de nuestra lengua en el uso apresurado y descuidado que con frecuencia se hace del idioma en numerosos sitios en la Red e incluso la utilización fragmentaria del idioma en dispositivos o protocolos de comunicación instantánea como los mensajes de texto por teléfono y el correo electrónico. El riesgo principal radica en la escasa exigencia cultural y social respecto del uso cotidiano de nuestra lengua.

Fortalezas: la capacidad expresiva que tiene el español y que no existe en otras lenguas forma parte del patrimonio inherente a este idioma. Quizá su principal riqueza se encuentra en los más de 437 millones de personas que viven y se comunican en español como primera lengua. Proyectos como las bibliotecas digitales que propagan contenidos en español constituyen el cimiento para iniciativas más audaces y que, sobre todo, incluyan la difusión de libros recientes y no solamente de joyas literarias de la antigüedad.

Oportunidades: el desarrollo tecnológico ofrece la posibilidad de propagar, como nunca antes, la cultura, el conocimiento, las propuestas y las singularidades regionales y nacionales en todas las lenguas. Una utilización virtuosa de esos recursos requiere de proyectos, infraestructura y decisiones políticas suficientes. Allí se encuentra la oportunidad central, pero también el reto a menudo incumplido, que tiene el español para un cabal desarrollo.

Octubre de 2006


[1] Búsquedas realizadas en Google durante la última semana de febrero de 2005 y el 19 de octubre de 2006.

[2] Internet World Stats, consultado en: http://www.internetworldstats.com/stats7.htm

[3] Ted Smalley Bowen, “English could snowball on Net”. TRN, The Latest Technology News. Consultado en:

http://www.trnmag.com/Stories/2001/112101/English_could_snowball_on_Net_112101.html

 

[4] Búsquedas en Google realizadas el 20 de octubre de 2006.

[5] Funredes, “Presencia relativa de las lenguas neolatinas, y del alemán, con respecto al inglés en la Red”. 2005. Disponible en:

http://funredes.org/lc/espanol/medidas/sintesis.htm|

 

[6] Algunos servicios de búsqueda en español como www.elindice.com, www.buscopio.net, www.enlaweb.com y www.yoencuentro.com han desaparecido. Otros, como www.sol.es funcionan de manera muy deficiente. Otros más como www.ozu.com y www.ya.com se han desarrollado más como portales temáticos que como motores de búsqueda.

[7] Mario Vargas Llosa, Travesuras de la niña mala. Alfaguara, 2006.

 

[8] Texto convertido por el traductor automático de Google: http://www.google.com/language_tools

[9] El texto traducido del español al inglés, colocado tal cual en el traductor ahora al español, ofreció el siguiente y embrollado resultado: “Cuando vine vivir en Lavapiés, el districto había cambiado de una manera tal que es corto pase algún Madrilenian de la acción o de todos los vecinos de los éramos invitados a mí si en esa Babel todavía se había ido, como Marcella e I, Madrilenian referido. Los españoles del districto vinieron de todas las esquinas de España y con sus acentos y su variedad de tipos físicos contribuyeron a la elasticidad que el mazamorra de las razas, idiomas, tú deja, a los costumbres, a los atuendos y a la nostalgia de Lavapiés el semblante de un microcosm. La geografía humana del planeta se parecía representada en su puñado de manzanas”.

[10] http://www.lenguaje.com/herramientas/silabeador.php

[11] http://oesi.cervantes.es/TLTODOS/tecnologias_del_texto_3.htm

 

[12] http://www.thera-clic.com/

 

[13] http://www.tugurium.com/gti/

[14] http://worldebookfair.com/Collections.htm

 

[15] Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, “21.000 registros bibliográficos de libre acceso”. Disponible en:

http://www.cervantesvirtual.com/noticias/noticias.jsp?anyo=2006&mes=7

[16] Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, “Estadísticas”.

http://www.cervantesvirtual.com/informacion/estadisticas.jsp Consultado en

octubre de 2006.

 

[17] “History of Google Book Search”. Consultado en:

http://books.google.com/googlebooks/newsviews/history.html

 

 

[18] La versión general de ese buscador se encuentra en: http://books.google.com

El buscador para libros en español está en: http://books.google.es

 

[19] M.C. Belaza, “La Complutense ‘volcará’ su biblioteca en la Red de Google”. El País, Madrid, 27 de septiembre de 2006.

[20] Tom Turvey, director de Google Book Search Partnerships, “Top ten books: a Google Book Search zeitgeist”. Viernes 6 de octubre de 2006. Consultado en: http://booksearch.blogspot.com

[21] Yaotzin Botello, “Toma vuelo libro digital”. Reforma, México, 13 de octubre de 2006.

Voces propias para una red de todos

Fragmento del ensayo publicado en el libro El consumo cultural en América Latina (segunda edición ampliada y revisada) coordinado por Guillermo Sunkel. Convenio Andrés Bello, Bogotá, 2006.

En Argentina, los cinéfilos pueden consultar sinopsis, horarios, precios y sitios de los estrenos en las salas y en las tiendas de videos [i]. En Chile es posible ubicar la biblioteca más cercana y navegar por las colecciones de varios museos [ii] –o, se prefiere, ir directamente a las obras y residencias más significativas de Pablo Neruda [iii]. En Costa Rica el Club de Libros [iv] se ha convertido en sitio de encuentro para comprar, intercambiar, discutir y promover obras de los más variados temas. En Perú, el pintor Julio Quispe Virhuez ha encontrado en la Red un lugar propicio para mostrar sus obras [v]. En México la poeta Lina Zerón ha cultivado, gracias a su domicilio en la Red [vi], más lectores de los que habría encontrado si sus versos los publicase únicamente en tinta y papel. En Berlín la curadora y escritora Alanna Lockard, que nació en Dominicana y estudió en una universidad mexicana, mantiene un sitio [vii] dedicado a informar de sus exposiciones y trabajos literarios y periodísticos. En el ciberespacio el cineasta peruano Salvador Luis colocó el sitio Los Noveles [viii] para, junto con un grupo de autores de Cuba, Bolivia, Argentina, España y su propio país, promover textos de autores jóvenes como ellos.      El inventario de sitios en la Red que demuestran la versatilidad, intensidad y asiduidad con que millares de creadores y consumidores de productos culturales en América Latina han asumido a la Internet como espacio ventajoso y utilizable podría ser, prácticamente, interminable. Todos los días brotan docenas o centenares de nuevos sitios que expresan búsquedas, inquietudes e intereses de autores de las más variadas disciplinas. Muchos de ellos desaparecen, o cambian de domicilio, con tanta espontaneidad que es casi imposible seguirles la pista. La facilidad con que surgen, así como las dificultades que en ocasiones encuentran sus autores para mantenerlos, hacen de esos sitios una manifestación vigorosa pero al mismo tiempo inconstante de las inquietudes culturales –en todos los sentidos del término– que atraviesan América Latina.  Prontuario en línea de medios convencionales   En la Red de redes hay expresión cultural aunque, con y sin esos contenidos, la mayoría de los sitios –o los más frecuentados– tengan el propósito esencial de vender productos, publicidad o incluso ideologías y convicciones. Allí la cultura es al mismo tiempo producto y mensaje y, en no pocas ocasiones, mercancía o subterfugio de las causas,  posturas y estéticas más diversas.       En la Internet las manifestaciones e industrias culturales que predominan en las actividades fuera de línea encuentran sitios abundantes para anunciarse. Su carácter de directorio, guía y prontuario en donde pueden hallarse lo mismo reseñas de las películas en cartelera que los horarios de los programas de televisión o los catálogos de las grandes tiendas de libros le permite respaldar el consumo de productos mediáticos y/o culturales que de cualquier manera se ejerce en nuestros países. El uso que se le llega a dar no termina allí.      Aunque no es la principal de sus aplicaciones, la Internet puede constituir una infinita colección de resonancias a lo que se dice y muestra en los medios convencionales. Quienes con más rapidez y sagacidad han aprovechado esas posibilidades son las cadenas de televisión cuyos programas, a menudo originados fuera de América Latina –o mejor dicho, en esa extensión pero también metrópoli del consumo cultural latinoamericano en la que se ha convertido Miami– son pregonados a través de sendos sitios web. Así como las series de MTV, Cartoon Network y HBO para América Latina han acaparado al menos algunos segmentos de las audiencias televisivas en nuestros países, sus espacios en la Internet sirven para reforzar pero al mismo tiempo para darle algunas formas de interactividad a esos contenidos. Los sitios de esas cadenas o sistemas de televisión [ix] complementan, pero también anticipan y en ocasiones difunden productos mediáticos paralelos a los que se encuentran en televisión. Varios de esos sitios y muchos otros de corte similar ofrecen juegos, concursos y otras opciones para involucrar a sus públicos con los contenidos centrales que se transmiten por televisión. Algunos tienen páginas específicas para cada país o para cada zona horaria en el Continente. El de HBO para América Latina, por ejemplo, tiene una treintena de opciones geográficas. En esos sitios, la función de la Internet es subrayar la afición de los consumidores por los programas que les ofrecen los medios tradicionales.       Los usos de la Red pueden ser más participativos y reflexivos. Respecto de las industrias convencionales de la comunicación, la Internet es un espacio apropiado para alojar foros de discusión, tableros de denuncias e información oportuna que favorezcan el consumo crítico de los medios. En América Latina el surgimiento de sitios de ese corte ha sido lento y en ocasiones ha corrido con mala suerte, a diferencia de Estados Unidos y Europa en donde existen centenares de opciones en la Red para discutir a los medios. En buena medida, esa tardanza se debe a la parsimonia de los consumidores latinoamericanos de medios para asumirse como ciudadanos –activos, en aptitud de reconocer sus derechos y la capacidad de exigencia que tienen delante de las empresas de comunicación ya establecidas–. Entre las experiencias novedosas en ese campo de encuentran, en Perú, la Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social [x] respaldada por una decena de organismos académicos, de trabajadores de los medios y de la sociedad. Con otro corte ideológico, patrocinado por empresas privadas, en México ha funcionado el sitio del grupo A Favor de lo Mejor [xi]. Entre otros, se han mantenido el Observatorio de Medios de la Unión de Trabajadores de la Prensa de Buenos Aires [xii], Ética na TV de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados en Brasil [xiii], el Observatorio de la Cátedra en Cibercomunicación del ITESM mexicano [xiv] y el Observatorio Global de Medios sostenido por un activo grupo de periodistas de Venezuela [xv]      Y la Red de redes, además de caja de resonancia y reducto crítico del consumo de medios convencionales ha llegado a ser, también, espacio para que se despliegue la creatividad de artistas y pensadores de todas las latitudes. Varios de los ejemplos que mencionamos al comienzo de este texto son unos cuantos entre los considerables casos de autores latinoamericanos que difunden su obra en el ciberespacio. Poemarios, pinacotecas, exhibiciones, recitales y conciertos virtuales, son recursos útiles tanto para ampliar la propagación de obras que de otra manera serían conocidas solo en pequeños circuitos o en comunidades aisladas, como resultado de las dificultades que los creadores llegan a encontrar para exponer sus trabajos. En ocasiones además surgen manifestaciones que más allá de su calidad artística han sido experiencias novedosas. Hay ensayos plásticos concebidos específicamente para ser difundidos a través de la Internet como el proyecto de “arte virtual surrealista por correo electrónico” de un grupo de autores latinoamericanos [xvi], o de carácter literario como algunas “novelas interactivas” que han sido puestas en línea para que sean completadas con aportaciones de los lectores.   Todo eso y más ocurre en la Internet. Públicos y creadores pueden consumir, exhibir, compartir y encontrarse en la Red de redes. Nunca antes ha existido un espacio –o mejor dicho, un inacabable repertorio de espacios entrelazados– para la propagación de la cultura aunque, como resulta claro, ese no es el más extendido de los usos que se hacen de la Internet. Sin embargo solamente una porción todavía limitada de la gente, tanto en América Latina como en la mayor parte del mundo, tiene acceso a los beneficios y desafíos que se pueden encontrar en la Red. Aunque ha crecido más que en otras regiones la Internet latinoamericana sigue estando supeditada, por lo general, a las condiciones de desigualdad económica y social que imperan en esta zona.  Brecha digital en la región y dentro de cada país      Desde que la Internet comenzó a expandirse, gran parte de los estudios acerca de ella destacan el porcentaje de usuarios que tiene en cada país y el rezago que significa la gran cantidad de gente marginada del acceso a ella. La brecha digital ha sido reconocida como el reto principal para que la Internet llegue a ser expresión auténtica de la globalización y de las peculiaridades nacionales y regionales que persisten y asumen nuevas formas de expresión. Desde luego, instalar computadoras y conectarlas a la Internet no es suficiente para que la gente se acerque a ellas y las aproveche.       Es necesaria una sostenida labor de educación y persuasión para que quienes hasta ahora han estado al margen de la Red puedan y decidan apropiarse de ella. Hoy en día se han reconocido manifestaciones más complejas de la brecha digital que ya no es solamente la disparidad entre quienes tienen y quienes no cuentan con acceso a la Internet. La alfabetización electrónica, a la que puede entenderse como la capacidad para encontrar, decodificar y colocar contenidos en la Red de redes, aun es precaria incluso en usuarios que frecuentan la Internet pero se conforman con un consumo esporádico y pasivo, sin replicar a los contenidos que reciben y sin dar a conocer los suyos propios.       En todo caso, cualquier evaluación que se haga del consumo cultural latinoamericano en la Internet tiene que tomar en cuenta el atraso que se mantiene en su propagación. Allí, pueden apreciarse avances y contrastes.       Al terminar 2003 algo más del 11% de la población mundial tenía acceso a la Internet. Sin embargo, como en cualquier otro bien o servicio, la distribución de ese recurso reproducía avances y retrasos económicos y sociales. En tanto la población de África constituye más del 13% de la población mundial solamente el 1.5% tenía, en esas fechas, el privilegio de usar la Red. En cambio en Estados Unidos y Canadá, cuyos habitantes son el 5.3% de la población mundial, el 55% tiene acceso a la Internet.      En América Latina y el Caribe, cuya población conforma casi el 9% de la población mundial, los usuarios de la Red eran casi el 8.5%. Los latinoamericanos y constituyen menos del 7% de los usuarios de Internet en todo el planeta.      La distribución de usuarios en el mundo y por regiones, comparada con la población en cada zona, se puede apreciar en el Cuadro Uno. Allí se muestra la disparidad que se mantiene tanto en el acceso disponible en cada región como en la presencia de cada zona en la geografía global conectada a la Red de redes. 


[i] http://www.cinesargentinos.com.ar/[ii] http://www.dibam.cl/[iii] http://www.uchile.cl/neruda/fundacion.html[iv] http://www.clubdelibros.com/[v] http://www.geocities.com/quispejo/[vi] http://www.entreamigos.com.mx/lunaenabril/[vii] http://www.geocities.com/lockward_de/

[viii] http://www.losnoveles.net/

[ix] http://www.mtvla.com, http://www.cartoonnetworkla.com , http://www.hbo-la.tv

[x] http://www.rcp.net.pe/veeduria/

[xi] http://www.afavordelomejor.org/

[xii] http://www.observatorio.org.ar/

[xiii] http://www.eticanatv.org.br

[xiv] http://catedradecomunicacion.org/observatorio/index.html

[xv] http://www.observatoriodemedios.org.ve

[xvi] http://cadaver.crosses.net/

 

 

Usuarios en el mundo

 

   Los países que han resuelto o han podido desarrollar políticas de Estado para la expansión y el uso de la Red, alcanzan hoy tasas de cobertura cercanas o superiores al 20% entre el total de sus habitantes. En cambio aquellos en los que no han existido tales políticas o en donde la posición estatal ha sido dejar el desarrollo de la Red al interés del mercado y las empresas privadas, tienen porcentajes de usuarios notablemente menores. Las condiciones económicas y el desarrollo tecnológico de cada nación son factores que alientan o limitan el crecimiento de la Internet –y por lo tanto de la posibilidad para que en ella existan espacios de creatividad y divulgación culturales– pero no son la única palanca en ese campo.

   En el Cuadro Dos se puede apreciar el esfuerzo de naciones como Argentina, que entre los últimos años del siglo XX y los primeros del actual padecieron notables dificultades financieras, o países de economías modestas como Jamaica y Costa Rica que alcanzan una cobertura de la Internet cercana o mayores a la quinta parte de sus habitantes. En cambio naciones de economías más diversificadas y con menos problemas como la mexicana y la brasileña, no habían podido llevar la Internet a más del 10% de sus habitantes de acuerdo con los datos, para 2003, de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Las posibilidades de las economías nacionales no son necesariamente destinadas a impulsar la capacidad digital en cada país. La nación con mayor Producto Interno Bruto por habitante se encuentra en quinto lugar en términos de usuarios con acceso a la Internet. En cambio Costa Rica, que de acuerdo con el PIB por persona está en el séptimo sitio entre los 22 países cuyos datos se muestran en el cuadro, es el tercera estado latinoamericano según la cantidad de internautas. Y Jamaica, cuyo ingreso se encuentra por debajo de la media de la región, está en segundo sitio. Así que la capacidad económica no es el factor determinante para que los habitantes de un país disfruten de equipo y conexiones informáticos. Desde luego, la pobreza extrema sí es la principal limitación. No es casual que los países con PIB per cápita inferior a 2 mil 500 dólares anuales ­–Bolivia, Honduras, Nicaragua, Cuba, Haití– se encuentren en los últimos sitios de esta clasificación organizada de acuerdo con la posibilidad de acceso a la Red de redes.

AL pa�ses con mayor acceso

 

 

Asiduos internautas en Argentina,

Colombia y Venezuela

Cuando nos referimos a la Internet en América Latina nos ocupamos de los usos que encuentran en la Red el 24% de chilenos, el 19% de ticos, el 11% de argentinos, el 10% de mexicanos o el 8% de brasileños que, entre otros cibernautas en nuestros países, disponen de ese recurso. Algunos de ellos navegan en sus sitios de trabajo, otros en sus domicilios y una cantidad creciente pero de difícil estimación lo hace en cibercafés. Cada cual según sus posibilidades se comunican, ofrecen o consumen los más diversos contenidos.

Los hábitos de los latinoamericanos en la utilización de la Red son muy variados. Los argentinos –al menos según datos de 2001– se encuentran entre quienes acuden con más asiduidad a la Internet. Tres cuartas partes de los cibernautas de ese país se conectan al menos una vez al día. Los colombianos se acercan mucho a ese ritmo de uso. En cambio, en el mismo año, solamente una quinta parte de los brasileños se conectaba todos los días y casi la mitad prefería hacerlo una o dos veces a la semana. Los mexicanos se encuentran a medio camino entre esas frecuencias, con un 44% que se conecta cinco o seis veces cada 7 días.

Los datos del Cuadro Tres los hemos tomado de cuatro estudios distintos. Aunque que fueron elaborados con diferentes metodologías creemos que no resulta forzado equiparar sus datos porque las preguntas que hicieron en las respectivas encuestas en las que están fundados fueron similares. La periodicidad de los internautas que se conectan más veces a la semana puede deberse a que tienen más interés por la Red, o quizá a circunstancias específicas como, en algunos países, el hecho de que pagan por cada minuto de conexión y entonces prefieren abrir sus navegadores de Internet por poco tiempo pero con más frecuencia. En cambio en los países en donde hay tarifa plana, que implica un solo pago por evento de conexión o un pago fijo al mes, los internautas tienen más libertad para conectarse en sesiones largas que quizá, entonces, no sostienen todos los días. Estas observaciones se refieren a la conexión por módem telefónico, que sigue siendo preponderante en América Latina. Conforme se extiendan las conexiones de banda ancha, que no implican una llamada telefónica convencional cada vez que se realizan, quizá los hábitos de los internautas latinoamericanos cambien un poco.

De cualquier manera, el hecho de conectarse todos los días o más de una vez diaria tiende a crear una relación más estrecha entre sus usuarios y la Internet. Hasta ahora las condiciones técnicas –que dependen de la infraestructura en cada ciudad o región y de la capacidad de pago del internauta– han propiciado un trato distante, por esporádico, entre la Red y quienes la frecuentan. A muchas personas todavía les resulta más fácil encender el televisor o escuchar la radio que accionar la computadora, abrir la conexión y ponerse a navegar en la Red –aunque cada vez son más los que consumen varios de esos medios al mismo tiempo–. En la medida en que las conexiones y los equipos, así como los precios para enlazarse resulten más accesibles, seguramente se desarrollarán nuevas formas de consumo entre los usuarios latinoamericanos de estos recursos.

Frecuencia conexión

 

   Al convertirse en instrumento favorable e idóneo para la propagación de bienes culturales que han sido digitalizados, la Internet ha comenzado a ser uno de los recursos con mayor capacidad para democratizar el consumo cultural. No discutimos, aquí, la calidad u originalidad de los productos que suelen ser adquiridos (de manera gratuita o merced a una cuota) en la Red de redes. También hay que reconocer que en esa utilización de la Internet con frecuencia se encuentra imbricado un problema de derechos de autor que no ha sido resuelto. Mientras las empresas productoras se oponen a la reproducción indiscriminada de música, fotografías o videos de cuyas licencias patrimoniales son o se consideran propietarias, millones de internautas en todo el mundo –y no pocos de ellos en América Latina– han encontrado una opípara fuente de consumo cultural en millares de sitios en donde están disponibles la música y las imágenes que les interesan. Las dimensiones del cambio en patrones y oportunidades de consumo cultural que implican esas facilidades tecnológicas están por ser estudiadas. Desde luego, cuando entendemos a la Internet como fuerza democratizadora en la propagación de la cultura tenemos que recordar la ya mencionada y problemática brecha digital, así como la necesidad de que los usuarios de la Red tengan pericia suficiente para no ser solo consumidores pasivos sino activos partícipes del intercambio y la creación de contenidos.

Cibercafés: aula de paga

y reducto para el ocio

Esa utilización de la Red para apropiarse de bienes culturales ha interesado fundamentalmente –aunque no de manera exclusiva– a los jóvenes. Muchos de ellos, en proporciones que como apuntábamos antes todavía no conocemos, se acercan a la Internet en sitios de paga. La expansión de los cibercafés en América Latina –a diferencia de Europa Occidental o Canadá en donde han sido fundamentalmente espacios de reunión– expresa las insuficiencias en la cobertura de la Red en hogares y escuelas.

Una investigación del antropólogo Scott S. Robinson en cibercafés de cuatro estados mexicanos [i] encontró que para los clientes de esos establecimientos el principal uso de la Internet es, en un 39%, buscar información. El 18% tiene como principal actividad en la Red la localización de música y el 16%, de noticias. El 8% consulta páginas con información de deportes y el 9% entra a sitios de juegos. Solamente el 3% dice que emplea la Internet principalmente para hacer comprar y el 7% mencionó otros usos.


[i] Scott S. Robinson, Los retos culturales de los cibercafés: los changarros olvidados. Investigación realizada en la UAM Iztapalapa, México, 2003. Ese trabajo está sustentado en una encuesta en los estados de Aguascalientes, Colima, Morelos y Tlaxcala, “además de la región de los volcanes del Estado de México”. 

Cuando se les pregunta para qué acuden al cibercafé más de la mitad, el 52%, indica que a consultar Internet. Es altamente probable que se trate de usuarios que buscan información para sus deberes escolares. Lo mismo puede decirse del 20% que utiliza esos servicios para “escribir textos” y el 11% que acude a usar servicios de impresión. El 6% hace uso, prioritariamente, del escáner. Solamente el 5% manifiesta que la primera tarea que cumple en el cibercafé es copiar música de la Internet a discos compactos y el 3% dijo que lo que más hace es chatear en la Red.

La importancia que pueden tener esas actividades como complementos pero en ocasiones incluso como sustitutos de otras formas de consumo cultural –e incluso de socialización por parte de estos internautas– se advierte cuando, en otro apartado de su investigación, Robinson encuentra las siguientes prioridades en el ejercicio del tiempo libre: estar con amigos, 23%; ir al cine, 16%; acudir al cibercafé, 15%; ver televisión, 11%; actividades culturales, 8%; videojuegos, 6% [i]. Se trata, en todos los casos, de usuarios de cibercafés. Pero el hecho de que uno de cada seis parroquianos prefiera a esos establecimientos como principal forma de ocio y entretenimiento parece indicar una tendencia significativa en las búsquedas de consumo cultural en nuestros países.

 Creciente mercado para la compraventa de bienes culturales  

Posiblemente las dificultades –y a veces el temor– para trasladarse dentro de las grandes y aglomeradas ciudades latinoamericanas, la incertidumbre que sigue afectando a las ventas a domicilio contratadas por teléfono, correo convencional o por otros medios y desde luego la posibilidad de obtener productos gratuitos o a precios menores a los que cobran los establecimientos comerciales, propicia que el interés de los latinoamericanos por sitios web como los que ofrecen música sea mayor al que muestran los internautas en otros países. Una encuesta del Instituto IBOPE encontró que los brasileños dedican más tiempo a visitar portales dedicados a la música que otros usuarios de la Red. Mientras que los brasileños se quedan en sitios de esa índole un promedio de 22 minutos, los franceses, españoles e italianos lo hacen 19, 14 y 12 minutos en promedio. La permanencia promedio de los estadounidenses es de 29 minutos [ii]. El uso que los brasileños hacen de tales sitios, además de cualquier sesgo que implique su rítmica idiosincrasia cultural, ha sido favorecido por el empeño del Estado para impulsar la difusión de la música en la Red de redes.   En otros países de la región ha sido explícito el requerimiento de los usuarios para disponer de más contenidos de carácter educativo y cultural. Una encuesta entre internautas argentinos encontró que el 37% quería más información relacionada con la educación y el 28% más contenidos de índole cultural. El 13% dijo que le gustaría más contenidos deportivos y el 13% se inclinó por la salud. Solamente el 5% consideró que a la Red le hacía más falta espacios de carácter político y el 4% mencionó temas económicos [iii].   Ya que la Internet se encuentra repleta de sitios de carácter comercial, el consumo de productos culturales suele depender de la oferta y la demanda en el mercado que allí se desarrolla. Por eso uno de los indicadores útiles para conocer preferencias y usos es el gasto en distintos artículos y servicios. Una investigación de la ALADI sobre el desarrollo de la Red en nuestros países [iv] rescató la información que mostramos en el Cuadro Cinco acerca de las compras en línea en América Latina


[i] Ibid. Respuestas a la pregunta “´¿En qué prefieres invertir tu tiempo libre?”.[ii] IBOPE / NetRatings, “Brasileiros superam europeus no acesso aos sites musicais”. Noticia colocada el 1 de marzo de 2004. Disponible en: http://www.ibope.com.br [iii] D’Alessio/Harris Poll Online realizada a través de Ciudad Internet en junio de 2000. Respuestas a la pregunta “¿Qué temas intensificaría en Internet?”. Disponible en http://www.dalessio.com.ar/[iv] ALADI, Secretaría General, Estudio sobre la situación tributaria del comercio electrónico. 25 de julio de 2003. Disponible en: http://www.aladi.org/nsfaladi/estudios.nsf 

 

 

Compras en l�nea

 

Esos datos dicen poco por sí solos. Pero, por ejemplo, si se les contrasta con la información sobre el PIB nacional que aparece en el Cuadro Dos, se podrá constatar que la situación económica de un país –al menos estimada de acuerdo con el producto interno bruto por habitante– no está necesariamente relacionada con el interés y la capacidad de sus internautas para realizar compras en la Red. Pareciera que otros factores entre los cuales se encuentran la aceptación o el rechazo sociales a esa forma para consumir productos, la promoción que puedan hacer las empresas que comercian en línea e incluso las facilidades para pagar tales adquisiciones o la desconfianza a realizar transacciones por ese medio, influyen en las ciber-compras. Los datos para 2005 son una estimación de las empresas consultoras citadas por el estudio de la ALADI. De cumplirse las tendencias que allí se mencionan, en seis años las compras en línea de los brasileños habrán crecido más de 3500%, las que realizan los mexicanos más de 6000% y el consumo en línea de los argentinos más de 7000%.

Ese consumo agregado se destina a productos muy diversos, de acuerdo con las cifras del Cuadro Seis. En 1999 los latinoamericanos compraron, por Internet, más libros (por un monto de 28 millones de dólares) que casi cualquier otro producto excepto computadoras personales. Sin embargo el gasto que se destina a los libros será desplazado, según las previsiones para 2005, por el desembolso en viajes, comestibles y computadoras. El gasto conjunto en libros, videos y música habrá pasado, en esos seis años, de 37 a 1299 millones de dólares –es decir, un crecimiento de 3500%–. El gasto en indumentaria habrá aumentado, en ese lapso, 6450%; el desembolso en comestibles más de 7000% y el que se realiza en viajes, 9300%.

Para los latinoamericanos –es decir, para aquellos que tienen conexiones regulares y recursos para adquirir productos o servicios a través de ella– la Internet ha sido una ventana al consumo comercial y, de manera menos intensa aunque simultánea, al de carácter específicamente cultural. El incremento en el gasto en música, libros y videos corrobora que ese tipo de consumo –mediado, claro está, por las empresas y corporaciones mercantiles que lucran con la venta de tales productos– se está convirtiendo en componente de importancia en el acercamiento de los latinoamericanos a los bienes culturales.

Compras AL en red

 

 

Los 25 sitios más visitados por

los internautas latinoamericanos

   Rutinas, preferencias, consumo, compras e intereses de los internautas latinoamericanos se pueden identificar en los portales y sitios que más visitan. Un procedimiento para acercarnos a esa información radica en el examen de los sitios más populares que la Internet tiene en los idiomas español y portugués. A partir de la información del servicio Alexa [i], que mide las visitas que reciben los sitios más concurridos de la Red, hemos elaborado el Cuadro Siete. Se trata de una evaluación que combina la cantidad de usuarios con la calidad de la visita que hacen a cada sitio, medida a partir del número de páginas que consultó, o en las que dio click, cada visitante [ii]. Como se indica al pie del cuadro, a fin de identificar la consulta a páginas específicamente latinoamericanas, excluimos las que se originan en España y Portugal.    Este no es un panorama completo del consumo de contenidos por parte de los internautas latinoamericanos. No toman en cuenta los sitios de otras regiones a los que también se asoman los usuarios de la Red en América Latina y únicamente presenta un inventario de los 25 nombres de dominio más concurridos al momento en el que elaboramos el Cuadro Siete. Sin embargo ofrece un panorama de las preferencias más extendidas en el uso latinoamericano de la Red.


[i] http://www.alexa.com/ Esta empresa, perteneciente al grupo Amazon –cuyo conocido giro principal es la venta de libros por Internet– clasifica la popularidad de los sitios a partir de la información que envían los usuarios de algunos de los más socorridos buscadores de información en la Red[ii] Hay que recordar que un sitio web está conformado por varias páginas. Por ejemplo, el sitio del diario Clarín de Argentina (www.clarin.com) reúne a millares de páginas.     

Sitios latinoamericanos

 

 

No es sorprendente que los sitios más concurridos sean de origen brasileño. Aunque en 2003 la Internet apenas llegaba al 8% de los habitantes de ese país, de acuerdo con los datos que mostramos en el Cuadro Dos, los 14 millones 300 mil que tenía en aquella fecha hacían de ella la nación con más usuarios conectados a la Red en toda América Latina. Por el mismo motivo, varios de los sitios en español más concurridos son de origen mexicano.

Portales que a su vez sirven como acceso a servicios comerciales y de noticias, encabezan la relación de esos sitios. Universo On Line (uol.com.br), Internet Gratis (ig.com.br) y Terra (terra.com.br) han sido los sitios latinoamericanos más requeridos en la fecha en la que recabamos esa información. La versión brasileña del buscador Google está en cuarto término. El portal de Microsoft para América Latina –que a su vez da acceso a las versiones latinoamericana, brasileña y mexicana de esos servicios, se encuentra en quinto lugar. El sitio del grupo mediático Globo alcanzó la sexta posición.

Después de dos portales mexicanos y uno brasileño, el sitio de la empresa telefónica de Venezuela (cantv.net) está en décimo lugar. Más adelante aparecen el sitio de chat en español más requerido en América Latina y tres sitios ligados a medios de comunicación: el diario Clarín de Argentina, Univisión (la cadena de televisión en español más grande en Estados Unidos y cuya señal llega a casi toda América Latina) y El Universal de México. El sitio del Ministerio de Hacienda brasileño (fazenda.gov.br), los portales Terra en México y Colombia y el sitio de la empresa mexicana Televisa (esmas.com) también se encuentran entre los 20 más visitados.

La relación termina con los sitios del diario El Universal de Venezuela, el portal brasileño Ibest (que ofrece servicios de conexión y un directorio), el sitio Par Perfeito para buscar pareja, el portal financiero caixa.gob.br y el buscador Google para Perú.

Tan solo cuatro sitios brasileños reciben el 37% [i] de las visitas registradas, en esa evaluación, para los 25 sitios latinoamericanos más concurridos. Por otra parte, de esos 25 sitios, el 66% del tráfico de usuarios se concentra en los grandes portales de carácter comercial –como UOL, Terra y MSN en sus distintas versiones regionales y nacionales– que a su vez dan acceso a diversos servicios. En ese mismo contexto, el 13% de las visitas están destinadas a sitios que son propiedad de medios de comunicación y un 12% a los afluentes latinoamericanos del buscador Google.


[i] Para estos porcentajes sumamos las cifras de “Alcance” que, como se dice en el Cuadro, es la cantidad de visitantes diarios que tiene cada sitio por cada millón de usuarios de la Red en el mundo.

Es significativo que menos de la cuarta parte del tráfico en los 25 sitios latinoamericanos más visitados esté destinada a sitios de contenidos específicos, es decir, que no se trate de portales generales o motores de búsqueda. El 13%, como se indica antes, corresponde a sitios de medios de comunicación. Algo menos del 5% llega a sitios de servicios financieros. El 2% va a un par de sitios de chat y búsqueda de amigos y otro 2% se consume en un sitio de subastas (mercadolivre.com.br).

Sin embargo, la calidad de las visitas es mayor en los sitios de charla o amistades que en aquellos en los que se pretende hallar información. Nos referimos al número de páginas que, en cada sitio, visitan esos internautas latinoamericanos y no a la calidad que puedan tener los contenidos que allí se encuentran. De los 25 inventariados, el sitio en donde los visitantes revisan más páginas es el de localización de posibles parejas, el brasileño Par Perfeito, con un promedio de 19.6 páginas vistas, por visita, durante los tres meses que comprende la evaluación. Le sigue el sitio latinoamericano de conversaciones latinchat.com, con un promedio de 15.4 páginas por usuario. En tercer término se encuentra el sitio del diario mexicano El Universal, con más de 10 páginas por visitante en promedio.

Aparentemente se podría considerar que en la medida en que responden a sus intereses específicos, los cibernautas encuentran más atractivo quedarse en un sitio que brincar a otro distinto o abandonar la conexión con la Red. El hecho de que el mencionado diario o el sitio de Univisión (con 8.6 páginas vistas por usuario) se encuentren entre las posiciones más altas de acuerdo con ese indicador, sugeriría que cuando hay algo más para leer, o información más precisa, los internautas recalan en más páginas. Pero hay medios de comunicación como El Clarín argentino y El Universal venezolano en cuyos sitios los usuarios solamente miran, en promedio, 4.6 y 3.9 páginas por visita.

Las dimensiones de las visitas a los sitios latinoamericanos, entre los cuales el más concurrido tiene 4120 en el promedio diario que tomamos en cuenta para esa relación, se aprecian en contraste con los datos del Cuadro Ocho, que muestra los cinco sitios más visitados de la Internet en todo el mundo.

El sitio principal del buscador y portal yahoo.com, con más de 267 mil visitas diarias en promedio durante los tres meses anteriores al momento en que recabamos estos datos, recibe casi 8 veces más tráfico que, juntos, los 25 sitios latinoamericanos que enlistamos en el Cuadro Siete. El segundo sitio más concurrido del mundo, msn.com, recibe más de seis veces la cantidad diaria de visitas que tienen esos 25 latinoamericanos.

El tercero y el quinto sitios están ocupados por sitios dirigidos a los internautas en China: sina.com.cn y sohu.com.inc. Entre ambos, reúnen más de 185 mil visitas diarias que equivalen a 24 veces las visitas a los dos sitios latinoamericanos más concurridos –que son brasileños– y a casi 29 veces las visitas de los dos sitios de la región más concurridos y en idioma español –yupimsn.com y T1msn.com.mx–.

Sitios más concurridos

 

Espacios para la creación

y la propagación culturales

Las anteriores páginas ofrecen elementos para incursionar en un diagnóstico del consumo cultural que los latinoamericanos emprenden en la Internet. Falta mucho por avanzar en la investigación práctica y sobre todo, en la reflexión que estos datos pueden suscitar. En todo caso, junto al reconocimiento de la Red como espacio transitable tanto en la búsqueda como en la promoción de contenidos culturales, puede advertirse cierta mudanza de hábitos en el ejercicio de la cultura y el acceso a ella en nuestros países.

Colocar un sitio en la Red no es garantía de que sus contenidos van a ser recorridos por una cantidad importante de internautas, pero tampoco publicar un libro o exhibir en una galería asegura demasiados lectores o visitantes. Y de la misma manera que la adquisición de un libro no implica que será leído de cabo a rabo, en la Internet destinada a contenidos culturales los visitantes no solo son pocos sino, en ocasiones, además tienen prisa y apenas se asoman a unos cuantos contenidos.

A los sitios de servicio y/o contenidos culturales que mencionamos al inicio de este ensayo los define más la originalidad de sus autores que la concurrencia de sus espectadores. Las comparaciones a veces son de mal gusto pero en este caso nos ayudan a establecer las dimensiones de la presencia de tales sitios en el inacabable universo que es la Internet.

De acuerdo con los ya explicados parámetros de Alexa.com, de los sitios latinoamericanos que citamos al inicio de este texto el más visitado es el de Cines Argentinos que se encuentra en la posición 277 mil 287 y con 3.25 internautas en la escala antes mencionada. En el lugar 461 mil 997 de la clasificación Alexa está el Club de Libros costarricense. Luego, en la ubicación un millón 287 mil 835 y con 0.2 usuarios por millón, el sitio de novelistas jóvenes. El sitio del pintor peruano está en la posición 4 millones 977 mil 629 y con 0.04 visitantes promedio. La concurrencia a otros sitios que también mencionamos no se pudo determinar porque forman parte de dominios más amplios cuya información no aparece de manera desagregada.

   Esos datos parecen miserables si se les contrasta con los visitantes que tienen los 25 sitios latinoamericanos más concurridos o, peor, con los cinco sitios más requeridos de la Internet en todo el mundo. Pero si recordamos que la Red debe tener unos 700 millones de usuarios [i] encontraremos que, de los sitios mencionados, el más modesto en términos de visitantes alcanzaría un promedio de 28 interesados, cada día, en la obra del pintor Quispe. Los textos de los escritores noveles serían leídos por 140 personas cada día. El Club de Libros debe congregar a 1330 usuarios cotidianos. La guía de cines en Argentina, más de 2200.


[i] El servicio Alexa no menciona esta cifra; solamente indica que sus datos de alcance representan el número de visitantes por cada millón de usuarios de la Red. A partir de dicha indicación y considerando el número conocido de usuarios de la Internet hemos calculado estas cifras.

   Posiblemente esos datos estén algo abultados porque no todos los usuarios de la Red se conectan todos los días y las estimaciones de Alexa deben ser entendidas como aproximaciones y no mediciones escrupulosamente exactas a la realidad del tráfico en la Red. Pero aunque las cifras reales de visitas a los sitios culturales latinoamericanos antes mencionados llegasen a la mitad de las que hemos mencionado, entonces más de una docena, cerca de 70, más de 600 y más de un millar de visitantes diarios siguen pareciendo más que razonables para la página del pintor peruano, los textos de los autores jóvenes, el club tico o la información sobre cines argentinos. Además en algunos de esos sitios los usuarios hacen un recorrido más intenso que el que reciben los domicilios comerciales más concurridos. El sitio www.losnoveles.net tiene un promedio de 7.4 páginas recorridas por cada visitante que como puede apreciarse, si se le compara con los indicadores del Cuadro Siete, es superior al que suelen tener los portales y sitios más frecuentados en Latinoamérica.

La Internet, respecto del consumo cultural, no solo cumple la función de acercar a los interesados a expresiones u opciones a las que de otra manera difícilmente tendrían acceso. Junto con ello, la Red de redes abre espacios nuevos que a veces complementan y en otros casos sustituyen a los que ya existen para la expresión y divulgación de las más variadas manifestaciones culturales.

Políticas culturales para

utilizar y extender la Red

A pesar de esa relevancia, todavía es frecuente que a la Internet no se la considere –o se la tome en cuenta solo de manera marginal– en las políticas culturales de los estados latinoamericanos. Suponer que la Red es elitista porque aun no llega al grueso de la población y, peor aún, desdeñar por eso los usos que puede tener en la creación y divulgación culturales, puede constituir un error grave en el diseño de los proyectos de este corte en nuestras sociedades. Descuidar la promoción de contenidos y el consumo enterado de la Internet comienza a ser una falla equivalente a la ausencia de libros de texto propios de cada país en nuestras escuelas o al abandono en los proyectos de alfabetización para adultos. Así como es pertinente que los estudiantes cuenten con textos idóneos para aprender la historia, la cultura y las tradiciones de su país, también hace falta que los usuarios latinoamericanos encuentren suficiente información –y recursos específicos para hacer sus búsquedas– en la Internet. Así como es indispensable que la gente aprenda a leer para acercarse a las aportaciones y desafíos de la cultura impresa, también se necesita una alfabetización electrónica que enseñe a los nuevos –y a muchos de los antiguos– internautas a recorrer con provecho los vericuetos de la Red de redes.

Los países y regiones que no distingan la importancia de esas tareas estarán dejando el campo abierto para que solamente las empresas privadas –preferentemente los consorcios internacionales que ya lucran y crecen gracias a su presencia en el ciberespacio– tengan intervención en el impulso a la creación y la alfabetización electrónicas.

Distintas voces han alertado ante ese descuido en el que pueden incurrir Estados y sociedades en América Latina. La CEPAL, después de recordar que las primeras interesadas en el mercado que significan los latinoamericanos en la Red han sido algunas de las principales empresas trasnacionales de comunicación, ha insistido en la necesidad de intensificar proyectos nacionales –y regionales, añadiríamos– para la Red de redes. “La presencia cultural de un país en el entorno mundial, así como su visibilidad en el terreno político nacional e internacional, se refleja a través de su presencia en las redes audiovisuales de la sociedad de la información. La participación activa en la creación de contenidos en línea incrementa la oportunidad de tener voz en un diálogo culturalmente diverso con el resto del mundo desde una posición de igualdad” [i].


[i] Comisión Económica para América Latina y El Caribe, CEPAL, “Los caminos hacia una sociedad de la información en América Latina y El Caribe”. Documento presentado a la conferencia ministerial regional preparatoria de América Latina y el Caribe para la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información. Bávaro, Punta Cana, República Dominicana, 29 al 31 de enero de 2003. 

   Está muy claro: la Internet no agota las posibilidades para hacer y extender la cultura pero, sin ella, no habrá políticas culturales eficaces y con capacidad para ganar presencia en el mundo contemporáneo. La Internet no basta para resolver una estrategia nacional de política cultural, pero cualquier proyecto de esa índole tiene que considerar a la Red de redes entre sus opciones de creación y divulgación –y, de manera ineludible, hacer todos los esfuerzos viables para que cada vez más personas se apropien de ella–. Si no intensificamos la presencia de nuestras palabras, imágenes y sonidos en la Red, terminaremos dependiendo de las voces, miradas y oídos de otros.

Granja de la Concepción, México, otoño de 2004.

Tres espacios lingüísticos

Publicado el 21 de junio de 2002

París. Después de largos años de seguir trayectorias separadas, este jueves cinco organismos internacionales anunciaron su decisión para emprender proyectos conjuntos que les permitan articular y promover el uso de las lenguas francesa, española y portuguesa.

   En un encuentro presidido por el respetado Boutros Boutros Gahli que encabeza la Organización Internacional de la Francofonía, esa y otras cuatro agrupaciones dieron a conocer los avances de dos grupos de investigación y prospectiva que buscan “preservar la diversidad lingüística y cultural, contribuir a una mayor democratización de las relaciones internacionales y a la promoción de una cultura de la paz”.

   El ex secretario general de la ONU estuvo acompañado por los secretarios generales de la Organización de Estados Iberoamericanos, la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, la Unión Latina y un representante de la Secretaría de Cooperación Iberoamericana.

   El proyecto “Tres espacios lingüísticos” es desarrollado por dos grupos de investigadores y expertos. Uno, ha trabajado acerca de las políticas de promoción y enseñanza de las lenguas. El otro se ocupa del empleo de las nuevas tecnologías de la información para la promoción de los tres mencionados idiomas.

   No es frecuente que varios organismos internacionales, habitualmente muy celosos de su singularidad y de sus propios proyectos, coincidan para impulsar propuestas que no han sido diseñadas por ellos mismos sino, como en este caso, por grupos convocados para tal efecto. Allí puede verse, frente a tantos efectos cuestionables, una de las consecuencias virtuosas de la globalización.

   También se puede advertir una reacción en parte de autodefensa, pero especialmente de espíritu propositivo, ante la hegemonía idiomática ­–y de esa manera cultural, por lo menos en varios sentidos—  que ha alcanzado el idioma inglés.

   La promoción del español, el portugués y el francés –lenguas que se hablan en los países representados en esos organismos— no es entendida como reivindicación regionalista ni nostálgica sino como una necesidad cultural y estratégica en el reordenamiento del mundo que vivimos ahora. Por eso además del estudio a cargo de filólogos y lingüistas para identificar convergencias que permitan difundir y enseñar mejor esas lenguas, se busca mejorar el aprovechamiento de la Internet para propagarlas.

   El anuncio que se hizo en la sede de la Francofonía, a poca distancia de la Torre Eiffel, convocó a periodistas franceses y corresponsales destacados en esta capital. No es una noticia estruendosa y quizá por ello alcance menos difusión de la que ameritaría. Pero el solo intento de agrupaciones distintas para cohesionar esfuerzos en torno a metas culturales tendría que ser una de las pocas buenas noticias que se conocen en el panorama internacional de nuestros días.

   Los secretarios generales de las cinco agrupaciones coincidieron en marzo del año pasado en la necesidad de articular acciones de ese tipo. El procedimiento para ir de las intenciones a las proposiciones fue peculiar. En vez de enfrascarse en la deliberación de los temas que podían interesar más a cada una de ellas, las organizaciones reunieron dos grupos interesados en tales temas y los pusieron a discutir y sugerir.

   Un primer encuentro de esos dos grupos en marzo pasado en Madrid, estableció las líneas maestras del trabajo que luego mantendrían en línea, en listas de correo electrónico. Ahora se reunieron en París para afinar las sugerencias que más tarde las organizaciones asumieron como proyectos a desarrollar en el futuro cercano.

   El grupo de política y planificación lingüísticas, integrado por ocho expertos, propuso trabajar sobre el estatuto internacional de las tres lenguas, la gestión de otras lenguas que coinciden en los países en donde se habla español, francés o portugués, el desarrollo de la oferta en materia de lenguas y la homogeneización de los sistemas de acreditación de competencias lingüísticas. En ese grupo participan profesores de las universidad de Provence, la Sorbona, Federal de Santa Catarina en Brasil, Autónoma Metropolitana de México y la consejería de Educación de Madrid, entre otros.

   El grupo sobre tecnologías de la información lo integran nueve investigadores de instituciones como la Universidad de París en Orsay, el Consejo Superior de Investigación Científica de España, el Instituto Nacional de Investigación de Portugal, el Observatorio de Sistemas de Información de Senegal y la UNAM. Entre sus propuestas se encuentra la realización de un encuentro para evaluar el uso de la Internet en la enseñanza y la creación de un observatorio de las nuevas tecnologías de la información que contará con una página en la red de redes.

Lengua y periodismo en el kiosco electrónico. Prensa digital.

Lengua y periodismo en el kiosco electrónico (prensa digital)

ponencia para el tema “La Prensa” en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española Zacatecas, México 7-10 de abril de 1997

Maravilla y riesgo, la Internet es tan nueva que sigue suscitando los asombros más elementales. Todavía hay quienes suponen que cualquier dato, declaración o historia, por el solo hecho de estar en la red de redes, es auténtico o es cierto.

*** En noviembre pasado, el conocido periodista estadunidense Pierre Salinger anunció en París, en donde es corresponsal de una cadena de televisión estadunidense, que el avión 800 de la TWA que meses antes había estallado en el aire, fue alcanzado por un misil. La versión le dio la vuelta al mundo y no pudo ser confirmada. Al parecer, Sallinger la había obtenido de una página en la Internet, en donde esa especie circulaba desde hacía varias semanas.

*** Hace tres años, como todos sabemos, comenzó en Chiapas la rebelión del Ejército Zapatista. En varios sentidos ese movimiento, junto con sus discutibles protagonismos nada indígenas y sí de una ultraizquierda que se pensaba ya superada, ha resultado innovador, especialmente por su intensa capacidad para acceder a los medios de comunicación. A mediados de 1994, un estudiante de un colegio en Pennsylvania colocó en la World Wide Web una página con noticias del Ejército Zapatista. Entonces, hubo quienes pensaron que el subcomandante Marcos se comunicaba con sus simpatizantes a través de la Internet. No era cierto, entre otros motivos porque si usara un teléfono satelital Marcos sería vulnerable a un ataque aéreo, como le sucedió a un líder político en Chechenia que acabó fulminado mientras hacía una llamada. Pero aunque se ha explicado de diversas maneras que el EZLN no tiene acceso directo a la Internet [1], algunos de quienes han deseado maravillarse ante esa posibilidad extravagante y posmoderna no han querido creerlo. Hace un año, un profesor español que enseña en la Universidad de Berkeley rechazaba, indignado casi, nuestra explicación sobre ese asunto: no quería admitirlo, porque para él la figura idealizada del líder neozapatista estaba indisolublemente asociada a la Internet.

*** El año pasado en México el periódico La Jornada publicó, con gran despliegue, que había encontrado el domicilio electrónico del ex presidente Carlos Salinas. El autor de una columna especializada en asuntos de la Internet, halló en un directorio de domicilios electrónicos el nombre de Carlos Salinas de Gortari con una dirección falsa, puesta por algún bromista, que había asignado al ex presidente un curioso nombre de usuario: babaloco [2]. Aunque luego ese diario reconoció que el dato podía ser ficticio, no lo desmintió con claridad y muchos de sus lectores lo creyeron. Hoy en México, no pocos comentaristas en la prensa están convencidos de que el ex presidente tenía un e-mail con ese domicilio.

*** También a comienzos de 1996 llegó a México la historia, acuñada en Puerto Rico, de que una extraña criatura mezcla de vampiro y demonio asolaba en las zonas rurales destazando animales domésticos e incluso, atacando a seres humanos. La leyenda no había conmovido a los mexicanos hasta que el noticiero 24 Horas de Televisa presentó una ilustración tomada de Internet. No se dijo de qué home page, ni cuál era su autor, pero como provenía de una fuente tan sofisticada y junto con la propagación que le dio la televisión en cadena nacional, el “Chupacabras” se convirtió en parte destacadísima del imaginario social durante varias semanas.

*** Hace unos cuantos días, como es bien sabido, 39 personas se suicidaron en San Diego a consecuencia de una grotesca creencia. Al despojarse de sus “contenedores”, que es como denominaban a sus cuerpos, confiaban en alcanzar a una nave espacial que vendría tras el cometa Hele-Boop que en las actuales fechas cruza por esta región del cosmos. El suicidio colectivo en Rancho Santa Fe, aparte del horror y la descomposición social que en sí mismo implica, ha sido notorio por el uso que ésos miembros del grupo denominado “Puerta del Cielo” hacían de la Internet. Por si alguien tenía dudas, allí se demuestra cómo, junto a informaciones y materiales del mayor rigor científico, en la red de redes se propagan las supercherías más extravagantes.

* * *

Uno de los grandes riesgos, quizá el mayor, de la Internet, es la abundancia de trivialidades, basura y mentiras que circulan por el ciberespacio. Por eso es preciso tomar con reservas, muchas de las informaciones que aparecen allí. En la prensa de todo el mundo e Iberoamérica no es la excepción, todavía se le da carta de credibilidad aún a las informaciones más caprichosas tan sólo porque aparecen en una página electrónica. Eso no ocurriría si a la Internet no se la siguiese viendo con una actitud de mistificadora ignorancia. Con similar posición, docenas de empresas editoriales en nuestros países, igual que en el resto del mundo, han inaugurado sus páginas electrónicas sin saber bien a bien de qué les servirán.

La Internet es tan nueva como medio de comunicación con sus propias singularidades, que la evaluación de sus auténticos usos y alcances sólo puede hacerse de manera provisional. Ni siquiera sabemos cuántos cibernautas hay en el mundo (los cálculos varían entre 25 y más de cien millones de personas) y menos aún cuántos de ellos tenemos en los países de lengua castellana. Lo que sí puede documentarse, aunque tampoco hay datos específicos entre otros motivos porque se trata de un panorama que constantemente cambia, es la enorme mayoría de sitios diseñados y leídos en y desde países anglosajones. El inglés es, sin lugar a dudas, el idioma de la Internet. Y así, también indudablemente, seguirá ocurriendo. Por mucho que algunos gobiernos, universidades, publicaciones, empresas de toda índole y ciudadanos a título individual cotidianamente abren espacios en la Internet con contenidos en nuestro idioma, prácticamente todos ellos invariablemente remiten a home pages en inglés. Es más: para saber qué hay en la Internet en castellano, tenemos que acudir a índices, o localizadores, que funcionan en inglés. Resulta inútil y sería un tanto ingenuo quejarnos por esa situación. Simplemente, vale la pena que no la olvidemos entre otros motivos porque no deja de resultar peculiar que hablemos del web, los sites, los bytes y el e-mail en un congreso de la lengua española. Así es el mundo y al menos, así es esa colección de espejos del mundo que tenemos a nuestra disposición, para maravillarnos y servirnos o para turbarnos y quitarnos el tiempo, en la red de redes que es la Internet.

En el amplio ciberespacio, la prensa

en español es casi inexistente

*** En esa colección de espejos, la mayoría de los sitios disponibles son para el ocio. Es falso que la Internet sea, hoy, un repertorio de espacios que fundamentalmente sirvan para la información y la creación. Aunque una de sus singularidades respecto de otros medios de comunicación es su capacidad para la interactividad, en la Internet casi todo es contemplación, sobre todo de sitios de entretenimiento. Eso sí, como es bien sabido, hay esparcimiento para todos los gustos.

Al momento en que escribimos estas líneas, la noche del sábado 29 de marzo, estos son los temas por los cuales están preguntando los usuarios del localizador Excite, uno de los índices más extensos y populares que hay en la Internet.


 

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lilkim economic interdependence

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today fan clubs [3]

En la Internet hay de todo –negocios y espectáculo, aprendizaje y holganza, ideas y tonterías, creatividad y depravación–. También hay espacio para la prensa. El kiosco digital que encontramos en la red de redes se compone de versiones electrónicas de publicaciones cuyo principal mecanismo de distribución está en sus ediciones impresas y, por otro lado, publicaciones que son producidas específicamente para la Internet.

No existe un índice completo, ni suficientemente confiable, de la prensa electrónica –menos aún lo hay de las publicaciones “en línea” en idioma español–. Uno de los sitios que proporcionan acceso a una mayor cantidad de revistas es el Electronic Newsstand, o enews [4], en donde hay enlaces a más de 2 mil revistas de todo el mundo, aunque especialmente de los Estados Unidos. La asiduidad de quienes se acercan a estas publicaciones, nos permite saber cuáles son algunas de las preferencias predominantes de quienes leen prensa digital. En diciembre de 1996, las 20 publicaciones más consultadas entre las que forman el catálogo de enews fueron, en orden de preferencia, las siguientes:


 

1. Yellow Silk,

2. Discover

3. Business Week

4. The New Republic

5. The New Yorker

6. Economist

7. Playboy

8. National Business Employment Weekly

9. Guitar Player

10. Spin

11. Forbes

12. Chrysler Power

13. Civilization

14. Saturday Night

15. Foreign Policy

16. Journal of Commerce

17. Kiplinger’s

18. Management Review

19. Internet World

20. Healthy Kids

Fuente: electronic newsstand, enews, “The Twenty Most Popular Titles on Enews”. December 1996.

La publicación que encabeza ese repertorio es una revista de contenido erótico; le siguen una de divulgación científica, un semanario de negocios y dos revistas de contenido político y cultural. Entre las 20 más leídas hay de todo: partituras para guitarra, automóviles y finanzas, espectáculos y ofertas de empleo, sexo y salud infantil. ¿Qué, de todo el acervo de enews, está escrito en español? A fines de marzo pasado, hurgamos en el directorio de ese sitio electrónico para buscar publicaciones en nuestra lengua entre las más de 2 mil revistas a las cuales allí hay acceso. El “directorio-monstruo”, como se le anuncia, está organizado por orden alfabético. En los títulos de las varias docenas de publicaciones que comienzan con “A” no hay una sola palabra en español, pero en la siguiente letra hallamos el Bienvenido Magazine que sin embargo, está escrito en inglés: se trata de una revista para inducir al turismo a Puerto Rico. En el índice de enews hay publicaciones en primer lugar en inglés, pero también en alemán, árabe, francés, hebreo, italiano, japonés, latín, portugués y ruso. Sin embargo la prensa en español no existe en ese importante índice. Avanzando en él, encontranos Hispanic on Line, que es una revista mensual de la comunidad latina en los Estados Unidos y que entre otros atractivos ofrece una conversación interactiva con el cantante Julio Iglesias; sin embargo, los textos son todos en inglés. Mucho más adelante hallamos la revista Saludos Hispanos, que contiene información sobre carreras y educación universitarias, pero también en inglés. Entre las 2 mil revistas compiladas en ese kiosco electrónico hay publicaciones sobre ciencia política, computación, espectáculos, electrónica, finanzas, fotografía, gastronomía, golf, literatura, música, religiones, salud, sexo y sexualidad, viajes y viviendas, entre muchos otros temas. Pero ni una sola de esas más de 2 mil revistas, está en español.

Constatar la limitada presencia, a veces incluso inexistencia de la prensa en español en la red de redes, puede ser un tanto masoquista pero también engañoso. Como todos sabemos, igual que muchas otras expresiones del desarrollo tecnológico, la Internet ha sido creada, desarrollada y utilizada, fundamentalmente en idioma inglés. Los cibernautas de todo el mundo encontraron que la mayoría de los sitios en la red de redes funcionan en esa lengua y así la han seguido propagando. Desde ese punto de vista, sólo con fingido candor o con una suerte de fundamentalismo lingüístico, podemos asombrarnos de la escasa presencia de sitios en español.

Pero esa débil cuota de páginas en nuestra lengua en la red de redes, también puede ser considerada como expresión de las dificultades que hay en nuestros países tanto para el acceso a la comunicación en la Internet, como para la propagación de nuestras culturas en ese medio. Desde luego, hoy en día en la world wide web que algunos prefieren denominar la “telaraña mundial” de la Internet, existen millares de páginas en español (a comienzos de 1997 en México, por ejemplo, tenemos unos 2 mil sitios diferentes en ese espacio audiovisual de la Internet). Una cantidad importante de todas ellas, ha sido colocada por empresas editoriales que buscan propagar por ese nuevo espacio los contenidos que de cualquier manera editarían con los tradicionales recursos impresos y algunas pocas, son revistas que sólo circulan en el ciberespacio. A la fecha, no existen índices específicos y que a la vez sean suficientemente amplios y actualizados, de la producción periodística en español en la Internet. Los índices disponibles reunen a todo tipo de publicaciones y están elaborados con criterios que se consideran pertinentes para la mayor parte de los actuales usuarios de la red de redes, que son anglosajones. Todavía ahora, quizá el 80 por ciento de los cibernautas en todo el mundo, son estadunidenses y canadienses. Así que no es de extrañar que los catálogos de páginas electrónicas estén diseñados según las preferencias de esos usuarios.

La Internet es una extraordinaria fuente de información aunque, como señalamos antes, también de distorsión y confusión. El material allí disponible es tan abundante que casi siempre resulta abrumador. Por eso, especialmente en materia de noticias, cada vez prospera más la “personalización” de índices y localizadores, para que el usuario reciba en su computadora informaciones y otros materiales periodísticos clasificados de acuerdo con sus intereses más específicos. El “periódico personal” que, con diversos formatos puede diseñarse ahora, tiene la ventaja de que en él aparecerán materiales sobre temas determinados, aunque con la enorme limitación de que restringimos la información a los asuntos que hemos señalado como atractivos para nosotros.

El último grito de la moda cibernáutica son los servicios de “entrega” de información específica que buscan, seleccionan, organizan y nos muestran materiales noticiosos de muy diversas fuentes a través de un software especial. Cada uno de esos servicios (la mayoría, de manera gratuita) ofrece la consulta de los temas que nos interesan en las publicaciones y bases de datos periodísticos más relevantes en la Internet. ¿Cuántos de esos servicios y en qué medida, incluyen entre sus fuentes de información al periodismo electrónico en idioma español?

Hace pocas semanas la revista PC Magazine, sin duda la de mayor circulación en el mundo de las computadoras, publicó una selección de los localizadores de noticias ahora disponibles para la Internet. Algunos de ellos comienzan a funcionar apenas nos conectamos con la red de redes y cada vez que se localiza un material afín a los intereses que hemos indicado, la información aparece en algún sitio de nuestra pantalla. Otros ofrecen noticias continua, otros más despliegan su selección cuando abrimos una ventana específica. Allí pueden mostrarse, según nuestros gustos, noticias locales e internacionales, pronósticos del clima, comentarios políticos, asuntos deportivos o de casi cualquier índole. PC Magazine seleccionó a once de estos servicios como los más accesibles y completos y nosotros los visitamos uno por uno en busca de prensa en español [5]. Todos ellos, toman a diversos periódicos, revistas y medios con presencia en la Internet, como fuentes informativas para sus usuarios. Entre esas fuentes hay diarios y revistas, agencias de noticias, servicios de comunicación, estaciones de radio y televisión, cuya información en todos los casos ya se encuentra en la Internet.

La utilidad de tales servicios radica en la compilación que de ese amplio y creciente universo hacen esos localizadores. Por ejemplo, la Air Media Live Broadcast Network busca información en las fuentes primarias, que aparecen mencionadas de la siguiente manera. CNN, Reuters, Reuters-Variety, UPI, Knight-Ridder, America On Line, Movie Link, AFP, Ziff Davis, ITAR-TASS, Freese-News Weather, I-Golf, Quote.Com, World Entertainment News, Travelgram, Lottery World, Psychic Advice On Line, Yoyodyne. Ninguna de esa veintena de fuentes informativas suele recoger noticias de los países de habla hispana. En un catálogo de fuentes secundarias, se incluye a Interpress Service que suele incluir noticias de América Latina y a una agencia llamada South America Business Information. El servicio Psychic Advices, que ofrece horóscopos en línea, tiene más relevancia que las agencias con noticias de los países de habla hispana.

After Dark Online ofrece búsquedas en el archivo electrónico del USA Today entre otras fuentes, pero ninguna de ellas en español. Lo mismo ocurre con AlphaConnect StockVue que se especializa en información financiera, BackWeb que acude al Jesuralem Post y The Wall Street Journal, Castanet Tuner que entre otros servicios proporciona canales de discusión de noticias e IBM NewsTicker. El paquete de entrega de In-Box Direct, patrocinado por la empresa Netscape, recopila noticias en las páginas de The New York Times, USA Today, Mercury Mail, Sports Illustrated y People Daily entre otras publicaciones electrónicas y tiene la singularidad de acudir a varios diarios y revistas no estadunidenses: Australian Finantial, Elle International, Rheinishe Post On Line, The Daily Mirror, Finantial Times Review y Mondadori On Line. Entre ellos, se incluye una publicación, por fin, española: Correo Expansión Directo, especializado en finanzas. Nada más.

El octavo servicio de búsqueda de noticias que revisamos fue Intermind Communicator que ofrece 170 “canales” que acuden a otras tantas fuentes de noticias, entre ellas las páginas en Internet de varias estaciones de televisión y radio. Ni una palabra en español. El servicio Netdelivery busca en los principales índices de la red pero no ofrece acceso específico a publicaciones electrónicas. El True PoinCast Network tiene 16 “canales”; el de noticias, proporciona enlaces a las páginas de Reuters, CNN y otros servicios pero ninguno en español.

Exageración y realidad en las

audiencias de la prensa en red

Mención aparte merece el localizador My Yahoo! News Ticker, que no tiene enlaces directos a otros servicios de noticias pero que cuenta con el enorme banco de datos del índice más popular en la Internet, el denominado Yahoo!, que organiza centenares de miles de páginas electrónicas por países, o por temas. Es decir, My Yahoo no ofrece acceso a alguna o varias compañías de noticias en particular sino una búsqueda, posiblemente más lenta que otros, en un universo mucho más amplio.

En la página de sitios “web” regionales (que es como se les denomina a los no estadunidenses) registrados en los índices Yahoo!, buscamos los subíndices destinados a países de habla hispana. En cada uno de ellos se mencionan varias categorías (gobierno, economía, cultura, etcétera) y en el rubro destinado a “noticias y medios” localizamos las páginas específicas de publicaciones impresas y electrónicas.

El resultado, aparece en el cuadro 1, en el Anexo de esta ponencia (por problemas técnicos ese cuadro no se reproduce aquí). La segunda columna muestra el número de sitios, o páginas electrónicas, que los índices Yahoo! atribuyen a cada nación. La tercera, la cantidad de espacios clasificados como de “news & media”, que es desglosada en las cinco siguientes columnas: revistas, periódicos, radio, televisión y otros medios. Estos datos deben ser tomados como indicativos y no del todo puntuales, ya que todos los días surgen algunos y desaparecen otros sitios en la Internet. De ellos, el índice que consultamos no necesariamente comprende a todos. El criterio para incluir en el rubro “noticias y medios” a una publicación no siempre es riguroso. Hay revistas latinoamericanas o españolas que no aparecen en esta clasificación y sí en “política”, o “cultura”. En el caso de los periódicos, casi siempre se trata de diarios con páginas en Internet pero eventualmente, son incluídas publicaciones de otra periodicidad. Con el propósito de comparar la situación de la prensa iberoamericana en la Internet con la de otros países, añadimos al final del cuadro los datos de algunas otras naciones. No fue posible encontrar cifras completas de la presencia estadunidense, porque no hay índices específicos para todas las páginas de ese origen, excepto las que se refieren a publicaciones de contenido local.

Descontando a las publicaciones en inglés pero registradas en alguno de los países latinoamericanos, tenemos que al momento de esta revisión, el índice Yahoo! incluía, en su categoría “news & media”, 67 revistas y 88 periódicos en español. Por supuesto estos datos son parciales porque, insistimos, hay publicaciones que no son registradas por ese índice o que no están clasificadas en el mencionado rubro. De cualquier forma, ese es un universo significativo de la prensa en español en la Internet. En total, los mismos índices, sin distinción de idiomas o nacionalidades, reconocen la existencia de 613 revistas y 522 periódicos en la red de redes [6].

Aunque provisionales, esos datos nos permiten tener un panorama de la presencia de la prensa en español en la Internet. En los parámetros que hemos mencionado, las revistas en nuestro idioma constituyen algo menos del 12% de la oferta periodística que en ese género hay en la Internet y de los periódicos en la red, los que se editan en español alcanzan algo menos del 17%.

Hay otros indicadores del periodismo en este idioma. El índice “Medios de comunicación españoles en la red” que mantiene Miguel Angel Monjarás Llorente, enlista al 10 de marzo de 1997, 23 diarios y semanarios de carécter general y regional, un suplemento, una revista de información general, una agencia de noticias, 7 estaciones de radio y TV, 5 medios de información económica, 4 publicaciones de carácter deportivo, 7 de ciencia, cultura, literatura o educación, 2 medios de información musical, 6 relacionados con la Internet o la informática y uno más de índole no especificada [7]. Con un criterio más holgado porque junto a diarios y revistas o magazines incluye boletines, cartas de noticias y otros materiales de diversa índole informativa, un reciente libro especializado en periodismo electrónico registra, hasta mediados de 1996, 110 publicaciones españolas en las redes. La primera de ellas fue El Temps de Valencia, surgida en 1994 [8]. Los autores de ese trabajo, consideran que: “En España, pese al retraso que nuestro país suele tener en estos temas, la demora en la aparición de publicaciones en línea no ha sido tan alarmante como cabría sospechar en un primer momento. De hecho, durante los dos últimos años han surgido sucesivamente las versiones electrónicas de un elevado número de periódicos y revistas españoles hasta formar un nutrido grupo de medios impresos en Internet” [9].

Por lo que respecta a México, el México Index, uno de los índices más completos de las sitios que este país tiene en la Internet, incluye en marzo de 1997 a 54 revistas y 56 periódicos con páginas electrónicas (aunque algunos de ellos no son diarios mexicanos) e incluso en esa relación encontramos varias ausencias [10].

Los anteriores datos son inevitablemente provisionales en vista de la constante apertura de espacios electrónicos de toda índole. Pero de la audiencia que alcanza el periodismo en la Internet no se cuenta con acercamientos estadísticos. Eso sí, no pocos editores de páginas en la red padecen la ilusión, ignorante a veces pero en otras ocasiones desvergonzada, de quienes suponen que cada sitio en la Internet es visitado por millones de personas.

En la red de redes, como hemos dicho, deambula una cantidad de entre 35 y 60 millones de usuarios [11]. Pero eso no significa que cada una de las páginas que son instaladas en la telaraña electrónica atraerá a ese número de lectores.

No hay estadísticas completas sobre la cantidad de páginas que ahora existen en la WWW, pero suman centenares de miles [12]. Las más visitadas, son unas cuantas. Las que reciben a más usuarios, suelen ser las páginas de información práctica, o las de entretenimiento. Por ejemplo, la home page de “My Virtual Reference Desk”, un servicio de información enciclopédica que recopila datos de 6 mil sitios en la Internet, recibió 113 mil visitas entre setiembre de 1995 y mayo del 96, es decir, un promedio de menos de 450 cada día. Se trata de uno de los espacios más frecuentados en la Red. Conviene recordar ese dato, para compararlo con la audiencia de algunas páginas de prensa electrónica.

La moda de colocar en la Red de Redes el contenido de las publicaciones impresas, junto con el enorme caudal de divulgación e interactividad que puede implicar, también causa infatuamientos gratuitos y hasta necios. Con frecuencia, algunos editores aseguran que todos los días tienen centenares de miles de lectores, aunque no tengan manera verosímil de comprobarlo. De ser ciertas esas estimaciones jactanciosas, la prensa electrónica estaría desplazando definitivamente a la de carácter impreso y no parece que estemos, al menos todavía, en esa situación.

Para mencionar un ejemplo, en marzo de 1996 el diario mexicano El Universal abrió su página en la WWW. Siguió así los pasos de diarios como La Jornada, Reforma y El Economista y de la misma forma que algunos de ellos, se valió de los servicios de la Universidad Nacional Autónoma de México, que tiene el proveedor de conexiones a la Internet más grande en el país. Poco después los editores de El Universal, no sabemos si por ignorancia o por exagerados, llegaron a ufanarse de haber tenido una cantidad de consultas que sería nueve veces superior a la del “Virtual Reference Desk”, pero en menos de la cuarta parte del tiempo antes mencionado. Pocas semanas después de haber inaugurado su presencia electrónica, en la primera plana de su edición en papel ese periódico incluía una nota con el siguiente titular: Superó el millón de consultas, por medio de Internet, EL UNIVERSAL [13]. La información se refería a un encuentro que tuvieron, en las instalaciones del diario, los directivos de dicha casa editorial y varios funcionarios de la UNAM, encabezados por el entonces Rector, José Sarukhán. El periódico se ufanaba de que en menos de dos meses, su edición electrónica había tenido esa millonaria cantidad de consultas.

No es nueva la actitud de un medio de comunicación mexicano para exagerar sus cifras de circulación (en este caso, circulación electrónica) para impresionar a los despistados. Lo que llamó la atención fue que El Universal aprovechara el hecho de haber sido anfitrión de las autoridades centrales de la UNAM y que esa institución académica no hubiese aclarado el evidentemente desmesurado cálculo, del que aparecía como responsable. En la Internet, existen recursos para medir la afluencia de cibernautas. Hay páginas que tienen contadores, que se actualizan cada vez que un usuario “entra” para mirarla, consultarla o intreractuar en ella. La página de El Universal, al menos cuando apareció aquella nota, no contaba con ese recurso.

Es casi seguro que el diario mexicano más leído en la Internet sea La Jornada, entre otros motivos porque su orientación editorial, que a riesgo de esquematizar demasiado puede considerarse como de centro-izquierda, concide con las simpatías políticas del mundo universitario que todavía tiene presencia importante entre los usuarios de la red de redes. La Jornada inauguró su página electrónica en febrero de 1995 y pronto, el exceso en la demanda por parte de lectores en todo el mundo obligó a colocar un par de “espejos” que reflejan desde otros servidores electrónicos el contenido que ese diario pone a circular en la red. Dos años después, La Jornada informaba que la cantidad de consultas diarias en su página electrónica era ya de 85 mil [14]. Ello no significa necesariamente que ése sea el promedio de lectores a distancia de ese diario. 85 mil consultas, puede ser el número de accesos a cada uno de los espacios de la edición cotidiana y del archivo en línea de La Jornada. Por ejemplo, un lector que: (1) abre la portada, luego se detiene para (2) ampliar una fotografía, pasa (3) al editorial, lee (4, 5 y 6) tres noticias diferentes, consulta (7) la sección de cartas y luego busca en la página de ejemplares anteriores (8) una información de la semana pasada (9) habrá realizado nueve consultas que son contabilizadas de manera separada. Es decir, el dato de 85 mil accesos diarios puede dividirse entre ocho o diez –o más– para saber la cantidad aproximada de lectores que cada día tiene la página electrónica de ese diario.

Aún así, 9 u 11 mil lectores cada día (o quizá menos, pues el promedio de accesos de cada usuario puede ser mayor) no es una cantidad despreciable lo mismo dentro de los parámetros de consulta que hay en la Internet, que en comparación con la circulación real de los diarios en México. La versión en línea del diario estadunidense The Wall Street Journal que apareció a fines en 1993, llegó a alcanzar hasta entre 45 mil y 50 mil “entradas” cada día cuando el acceso a su contenido era gratuito. En 1995 comenzó a cobrar una cuota primero de 12 dólares mensuales incluyendo la suscripción a la versión impresa de ese periódico y más tarde de 20 dólares anuales sólo por la edición interactiva y sus editores aseguran que actualmente atienden a cerca de 30 mil personas al día [15].

En enero de 1997 el diario madrileño El País, que apenas en mayo anterior había inaugurado su página en Internet, informaba que en los días laborables, tenía un promedio de 32 mil lectores diarios. El País realizó entre los lectores de su página electrónica una encuesta de donde resultó que más del 80% de quienes respondieron, viven en España y un 8% en América Latina. Es decir, los consumidores de esa información son primordialmente cibernautas de lengua española. Puede considerarse que de la misma manera que alcanzan poca presencia en los índices internacionales, las páginas de las publicaciones hispanoamericanas son leídas fundamentalmente por cibernautas de los mismos países en donde son editadas.

Entre los mismos encuestados, la página electrónica más visitada es la de la empresa Microsoft (que, no en balde, ofrece en su página en español una liga directa a la de ese diario) con el 6.8% de preferencias y el segundo sitio lo tiene la misma página de El País con 6.2%. Las versiones electrónicas de otros diarios españoles, ABC y El Mundo, tienen los siguientes sitios con 2.5% y 2.3% de las preferencias según esa encuesta. Como se puede apreciar, los usuarios que prefieren un diario, tienen a las páginas de otros periódicos entre sus favoritas [16].

Incertidumbres y vicisitudes

del periodismo en la Internet

Si el periodismo en la red es un asunto reciente, todavía lo es más el periodismo en lengua española. Aún no tenemos indagaciones de los resultados y experiencias de esta forma de expresión pero, esencialmente, podemos considerar que comparte las ventajas, incertidimbres y vicisitudes que tienen todas las publicaciones electrónicas.

· La rentabilidad financiera del periodismo electrónico sigue siendo, en lo fundamental, una expectativa a mediano plazo. La gran mayoría de las publicaciones electrónicas en español, a semejanza de las que hay en inglés, son de acceso gratuito. Cuando tienen ingresos propios es por la venta de espacios publicitarios que son leídos por los cibernautas que se asoman a esas páginas. El financiamiento fundamental de estas páginas corre a cargo de las casas editoriales que, además de la versión en tinta y papel de su periódico o revista, incursionan en la nueva modalidad que significa tener la versión electrónica. El futuro de la publicidad en la Internet sigue siendo incierto. Cuando confrontan las expectativas de quienes promueven sus páginas electrónicas con la realidad de audiencias todavía modestas aunque sin duda crecientes, los anunciantes dudan en mantener sus avisos pagados. Además entre los usuarios de la Internet sigue existiendo cierta reticencia, por cierto cada vez menor, a admitir los espacios publicitarios a los que algunos consideran como intromisión en la antaño descomercializada red de redes.

· Hasta ahora, la utilidad principal de estas páginas en la red de redes ha sido para sus lectores, más que para editores o anunciantes. Los estudiantes mexicanos que hacen posgrados en Europa, ahora pueden leer cotidianamente periódicos de su país. Los españoles que radican en Venezuela, Argentina o México, pueden tener acceso a la prensa madrileña incluso antes de que los primeros ejemplares lleguen a los kioscos en la Puerta del Sol. Los estudiosos de asuntos latinoamericanos en universidades o centros de investigación estadunidenses cuentan con material de primera mano acudiendo todos los días a docenas de publicaciones en la red. Todos ellos salen ganando, al menos en oportunidad, al tener en sus pantallas los textos e ilustraciones que antes sólo podían conocer varios días después. Pero para los editores de estas revistas y diarios, además del servicio adicional que ofrecen, por lo general con cargo a las finanzas producidas por sus ediciones impresas, la principal y a menudo difusa utilidad es simplemente de imagen pública: tener una edición electrónica es una manera de formar parte del periodismo de apariencia más contemporánea, es un recurso para ser, o parecer, modernos.

· Una de las características de la Internet es la facilidad para poner en circulación ideas y mensajes a costo muy bajo. Es preciso tener algunas destrezas técnicas, pero no hace falta ser diplomado en cibernética para organizar y colocar en línea una página en el web. Tanto así, que hoy circulan por la Internet millares de páginas con información que no le importa mas que a quienes la colocaron allí: anécdotas, trivia, simplezas y bagatelas de toda índole, abundan en la red de redes. Pero, curiosamente, esa facilidad para publicar, que es de alguna suerte un recurso democratizador, ha sido poco aprovechada por los usuarios de lengua española. La gran mayoría de las publicaciones electrónicas que circulan en este idioma, han sido colocadas por empresas que de una u otra ya manera forman parte de la institucionalidad editorial en sus países. A diferencia de lo que ocurre con grupos políticos, estudiantiles y de los más diversos segmentos sociales en los países anglosajones que ponen a circular centenares de publicaciones electrónicas, este recurso es, comparativamente, poco utilizado por cibernautas de habla hispana. Hay muy pocas publicaciones en este idioma que circulen exclusivamente en la Internet; casi todas son reflejo, copia o síntesis, del periodismo impreso y casi siempre, comercial o institucional.

· La interactividad, es otra de los particularidades de la Internet que aparece poco en las prensa electrónica en castellano. A diferencia de numerosas revistas y diarios cuyos espacios de discusión se encuentran entre los segmentos más visitados en sus versiones electrónicas, la prensa latinoamericana y española en línea, emplea escasamente ese recurso. La posibilidad de opinar sobre los temas que aparecen en cada edición electrónica es poco aprovechada, quizá porque los usuarios de lengua española tienen menos afición por ese tipo de participación. Podemos aventurar incluso, que los cibernautas en español son más contemplativos que aquellos que se comunican en inglés, o en otros idiomas. Los sitios de discusión en nuestra lengua, por ejemplo en los foros Usenet, son muy pocos aunque con mayor propensión a los textos largos, con vehementes parrafadas, a diferencia del estilo conciso, más con interjecciones que con ideas, que prevalece en las discusiones electrónicas en idioma inglés.

Ese es un estilo, por cierto, simplificador del discurso y de la arquitectura lógica de la escritura tradicional. Cuando se sustituyen los razonamientos en extenso por las frases breves, a menudo acrónimos o con interjecciones o símbolos ortográficos para expresar estados de ánimo, se abrevian también las ideas. En la WWW, una de las publicaciones que ha abierto foros para sus lectores es el diario español El País.

· La prensa en español en la Internet suele ser repetición, o síntesis, de las ediciones impresas. En el mismo formato o en alguna adaptación para las pantallas de computadora, las noticias, los comentarios y fotografías y viñetas de la prensa en papel y tinta, son digitalizadas para que circulen por la red. Hasta donde sabemos, aún no hay ediciones completas que se renueven específicamente para los lectores en Internet.

En el periodismo electrónico estadunidense ya comienza a manifestarse alguna rivalidad, todavía incipiente, entre las ediciones tradicionales y las versiones para la red de redes. En marzo pasado, el periódico The Dallas Morning News decidió publicar en su versión para Internet una noticia exclusiva, antes de que apareciera en la edición impresa. La confesión de Timothy McVeigh, acusado de la trágica explosión en un edificio en Oklahoma en abril de 1995 y que era una noticia muy atractiva para los estadunidenses, apareció en la página de ese diario en Internet y pudo ser reproducida en muchos otros medios, de tal suerte que ya era conocida cuando el Dallas Morning la imprimió para sus lectores tradicionales. Al parecer, la redacción del diario quiso adelantarse a un posible veto judicial gestionado por los abogados de McVeigh [17].

Ese episodio marca nuevas tendencias en el periodismo electrónico. Por un lado la prensa dispone de un recurso adicional, que al menos hipotéticamente la pone a salvo de interdictos legales; las publicaciones electrónicas pueden actuar así como coberturas, o coartadas, de sus hermanas en el periodismo impreso. En segundo lugar, la prensa escrita compite, aunque sea de esa manera indirecta y en un nuevo espacio, con los medios electrónicos; en opinión de un especialista en estos asuntos: “durante unas horas, un periódico ha podido acabar con el privilegio del cual gozan otros medios como la radio y la televisión: el de la inmediatez… es una verdadera revolución tecnológica” [18]. Y en tercer término, el periodismo en línea comienza a tener sus propios ritmos: habrá publicaciones electrónicas que se mimeticen con la inminencia frenética que suele caracterizar a la televisión y la radio buscando y haciendo circular noticias a raudales, en tanto que algunas otras prefieran el relativo sosiego que en comparación con los medios electrónicos puede tener el periodismo impreso en donde es importante dar a conocer un acontecimiento, pero también lo es ponerlo en contexto, documentarlo, explicarlo. Entre la competencia por la novedad y la búsqueda de la reflexión, el periodismo electrónico tendrá que encontrar sus propios parámetros.

· El de los derechos de autor, es un tema sin solución que deambula por toda la red de redes. En el caso de las páginas personales en el web hay pocos reclamos si alguien copia un archivo, pero para periódicos y revistas que son muy celosos del copyright en sus ediciones impresas, la presencia en Internet se ha vuelto una fuente de fugas y plagios casi incontrolable. La legislación internacional y nacional sobre derechos de autor en la red de redes, aún es incipiente. Las reuniones internacionales dedicadas a discutir este asunto sólo han concluído en que el análisis de esa cuestión debe proseguir. Por una parte, es difícil establecer qué materiales están protegidos legalmente y cuáles no, cuando se trasladan del periodismo impreso a la circulación en las redes, a menos que se trate de textos o imágenes cuya reserva legal haya sido realizada de manera específica (y aún así, no siempre está claro que la reserva legal incluya a los materiales digitalizados para su circulación electrónica [19]). En segundo lugar, es prácticamente imposible impedir que un usuario copie un texto o un archivo gráfico, que lo mismo puede guardar para su atesoramiento personal que para reproducirlo en otro sitio, incluso en la Internet misma. En tercer término, aunque esto sea más subjetivo, en la red de redes ha existido una suerte de comunitarismo solidario que, más allá de ideologías, ha defendido el libre flujo de ideas y el intercambio más flexible de documentos electrónicos e incluso la propagación de programas de cómputo gratuitos.

Una de las revistas en línea más visitadas y expropiadas, es la conocida Playboy. Aunque el acceso a sus páginas está cada vez más restringido a quienes se suscriben a ellas (y mediante una cuota reciben una contraseña para entrar a la edición electrónica) la reproducción de fotografías de las justamente célebres conejitas ya tiene preocupada a la empresa de Mr. Hugh Heffner. Esas ilustraciones, lo mismo son copiadas para servir como “papel tapiz” en las pantallas de millares de computadoras personales, que como atracción en otras páginas electrónicas, muchas de las cuales venden material de contenido sexual. Eileen Kent, vicepresidente de Nuevos Medios de Playboy, ha anunciado que se estudian varias medidas para imprimir una “marca digital” en esas fotografías para que cuando sean utilizadas sin autorización su empresa pueda entablar demandas legales [20].

El debate al respecto, sigue abierto. A fines de 1996, uno de los miembros de la presidencia de la conferencia de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en Ginebra, el finandés Jukka Liedes, explicaba ese confuso panorama en los siguientes términos: “¿Quién es el responsable de una infracción (en Internet)? ¿el que apretó el botón (para hacer una reproducción)?, ¿el que pidió a otro que apretara el botón? ¿O el propietario del establecimiento donde el botón fue apretado? Internet es un fenómeno global y tenemos que definirlo. No hay una legislación global. Sólo podemos llegar a acuerdos que proporcionen soluciones nacionales” [21].

Para seguir con las interrogantes, ¿cuál es el futuro de la prensa en la Internet? También a ese respecto de desgranan y polarizan las opiniones. Hay nostálgicos de la tinta y el papel que aseguran que el ritmo de la escritura y la lectura, la cadencia de la publicación impresa, la costumbre y el costo de los diarios y revistas, hacen imprescindibles a las publicaciones impresas. Nada es equiparable, dicen, al placer de leer el diario durante el desayuno o a la facilidad de doblarlo para traerlo bajo el brazo en el metro. Pero ya hay quienes desayunan delante de su laptop conectada a la Internet y ahora es técnicamente posible (aunque sea con riesgo de nuestra integridad personal delante de posibles asaltantes) andar por la calle con una computadora pequeña conectada a un teléfono celular. Por su parte, los defensores del periodismo electrónico aseguran que allí está el futuro de la prensa, que la escasez de papel hará indispensables a los recursos de información digitales y que las hemerotecas serán más accesibles por módem y además, menos polvosas.

Una opinión singular por su controvertida personalidad pero que reproduce el estado de ánimo triunfalista que los editores de prensa electrónica quieren tener respecto del periodismo tradicional, ha sido manifestada por Larry Flynt, el creador de la revista pornográfica Hustler y sobre cuya biografía el cineasta Milos Forman hizo una reciente y discutida película. En 1995 comenzó a aparecer en la Internet Hustler Online y ya hay quienes piensan que sustituirá a su hermana mayor impresa. Flynt considera: “La circulación de todas las revistas ha declinado en los pasados 10 años. Por otra parte, Hustler Online creció a un ritmo del 500 por ciento el año pasado. ¿Por qué ocurre eso? Creo que es la comodidad y privacía que la Internet ofrece. Para obtener una copia de Hustler debes ir a comprarla al puesto de revistas o suscribirte, pero si tienes una computadora a tu alcance, puedes tener acceso a la revista y leerla ahí mismo. Creo que las revistas seguirán existiendo, pero el futuro está en la Internet” [22].

El periodismo impreso y el que se propaga de manera electrónica tienen, cada uno, singularidades. Quizá más que competir entre sí, puedan complementarse. “Obviamente –dice R.U. Sirius, cofundador de la revista Mondo 2000 especializada en asuntos de cibercultura– los medios interactivos despliegan capacidades que no tienen los medios impresos. En la medida en que este campo se vuelve más intuitivo, se democratiza el intercambio de imágenes, video y sonido. Con el texto inteligente, la Red es potencialmente el mejor sitio para investigar. Es un gran lugar para los foros públicos. Sin embargo, las presentaciones de cuerpos de texto complejos, creativos y substanciales, son preferibles de manera impresa. Mucha gente no lee con gusto los textos más largos en la Red”.

Más dura con el periodismo tradicional, es la opinión de David Talbott, editor de una de las revistas electrónicas más relevantes, Slate (La Pizarra) patrocinada por Microsoft: “La Red ha producido sólo un puñado de buenas publicaciones nuevas en los dos años recientes. Al mismo tiempo, el mundo impreso no sólo no ha producido ninguna nueva publicación de calidad en los años recientes, así que me parece que el momento creativo de la edición ahora se encuentra en línea. Ninguna publicación impresa surgida recientemente, puede competir con Salon, Slate, HotWired o Feed. No sólo esas publicaciones en la Red desarrollan una gran escritura, sino que además burbujean con la retroalimentación de los lectores que no es posible excepto en las limitadas páginas de las cartas al editor” [23].

Mutaciones, desfiguraciones o adaptabilidad

del idioma español en la red de redes

La prensa digital en español se enfrenta a varias limitaciones. Algunas, son consecuencia de la todavía escasa propagación de las redes de información electrónica en muchos de nuestros países. En 1994 México tenía 2.2 computadoras personales por cada cien habitantes y Chile 3.1, en comparación con las 17.5 de Canadá o, la tasa más alta, 29.5 en Estados Unidos [24]. Además, como es de esperarse, únicamente los segmentos de la sociedad con mayor capacidad económica tienen acceso frecuente a los recursos informáticos.

También en México, en 1994 sólo el 5.6% de la población urbana manifestaba que sabe usar una computadora. Unicamente en el 3.29% de los hogares mexicanos había al menos una computadora personal. De los hogares en donde había computadora, el 84.8% recibían un ingreso superior a ocho salarios mínimos, que es el estrato en donde se ubica el 15% de las familias mexicanas con mayores ingresos [25]. En otras palabras, los mexicanos que saben emplear esta herramienta informática siguen siendo pocos y el acceso a la computación es privilegio de las familias con más recursos.

Todo ello es muy obvio, pero no deja de ser útil documentarlo y precisar los límites del acervo en términos de destrezas y equipo informáticos que hay en cada país. Así que cuando hablamos de periodismo electrónico en naciones como las que son mayoría en el mundo de habla hispana, es preciso no olvidar que nos referimos sólo a sectores pequeños dentro de nuestras heterogéneas y polarizadas sociedades. Si las tasas de lectura de la prensa impresa son bajas, más lo serán los porcentajes de la población con acceso a publicaciones en la Internet.

Otra dificultad para este periodismo, se encuentra en la lengua en la que es pensado, escrito y publicado. Al difundir contenidos en nuestro idioma, esta prensa digital permite que los usuarios que tienen al español como su lengua principal o única, tengan puntos de referencia aprehensibles, en los cuales puedan reconocerse e incluso nutrir su bagaje cultural. Pero en un medio en donde la lengua preponderante es otra, los espacios en español pueden convertirse en una suerte de ghettos distanciados de los sitios más concurridos en la Internet.

Como quiera que sea, la lengua española no permanece ajena al desarrollo tecnológico ni a la necesidad de identificar nuevos recursos y conceptos con términos también actuales. De manera similar a como sucede en otras áreas del desarrollo tecnológico, pero quizá con mayor propagación en vista de que sus usuarios suelen tener acceso a los medios de comunicación, la informática ha requerido de palabras que no siempre encajan con la ortodoxia lingüística. De ello también hay amplia documentación y expresiones, en la red de redes.

Desde hace varias décadas, sobre todo en la zona fronteriza entre México y Estados Unidos en donde la migración significa, entre tantas otras consecuencias, una heterodoxa fusión de culturas e idiomas, se conoce y ha evolucionado una simbiosis idiomática conocida como espanglish. Pero ahora, además, existe un ciberespanglish formado por centenares de términos que se utilizan en computación. La profesora de origen peruano Yolanda M. Rivas, ha desarrollado un programa de investigación en el Laboratorio de Tecnologías en Comunicación Avanzada de la Universidad de Texas en Austin y mantiene sobre ese tema, una bien documentada página en la Internet [26]. Allí se incluye un diccionario del Cyber-Spanglish que da cuenta de esas nuevas realidades.

Hay palabras que, de manera oficial o no, ya forman parte del vocabulario común en nuestras sociedades. Términos como fax, módem, tóner, laptop, hardware e Internet, suelen ser aceptados sin demasiado azoro. De algunos de ellos se derivan verbos que suenan algo más extravagantes pero que no tienen sustituto satisfactorio como faxear. Hay palabras que en algunas de nuestras naciones comienzan a ser de uso común, en tanto que en otras son rechazadas. Al mouse en España se obstinan en seguirle diciendo ratón; pero hemos leído a escritores de esa nacionalidad escribiendo con toda comodidad downlondear para expresar la acción de “bajar” un archivo de la Internet. El autor de esta ponencia publicó el año pasado, en España, un libro sobre la red de redes. La única sugerencia de estilo en la cual nuestros editores en Madrid fueron inflexibles fue en la conminación para que todas la veces que habíamos escrito computadora, apareciera ordenador (lo cual, a su vez, trajo algún problema de compatibilidad cuando se publicó la edición mexicana de ese mismo libro).

El diccionario de la profesora Rivas incluye términos que al parecer ya son de uso frecuente entre los latinos que residen en Estados Unidos, como emailear (que es enviar un correo electrónico), backupear (hacer un archivo de respaldo), browsear (la acción de buscar, rastrear u hojear), efetepear (que es la recuperación de un archivo en el sistema FTP, o File Transfer Protocol). En numerosas ocasiones hemos escuchado, sobre todo entre usuarios frecuentes de computadoras –o, perdón, ordenadores– la palabra resetear que describe aunque insuficientemente la acción de apagar y encender una máquina, o escanear que en el mencionado sitio en la Red se traduce como “explorar”, “barrer”, “analizar” o “escudriñar”, verbos todos ellos deficientes para describir la digitalización de una información gráfica a través de un escáner. Hay términos intraducibles como shareware, que se aplica a los programas de cómputo disponibles en la red o en copias en disco que se distribuyen sin costo, para compartir y que el Diccionario del CyberSpanglish explica como “soporte lógico de dominio público”.

La profesora Rivas considera que “la dimensión de la evolución del idioma español en las comunidades latinas ha sido ignorada, tanto por miedo como por descuido. Continuando la perpetuación de la dependencia tecnológica respecto de las naciones del primer mundo, los hablantes del español ahora están adoptando palabras en su vocabulario cotidiano, cuando interactúan con o cuando hablan de las computadoras”. Se trata de una mutación idiomática que además es ubicua, pues puede ocurrir en todas partes. “Hoy, las dimensiones de esta evolución alcanzan grandes implicaciones en tanto estas máquinas comienzan a formar parte de una matriz de información, gente e identidades. Más que nunca antes, los latinos se comunican a través de las distancias, reuniéndose en un medio que antes había sido concebido como ‘herramienta de trabajo’. En este nuevo espacio, los latinos han reconocido que la pureza de su lenguaje puede ser considerada como una segunda prioridad en vista de las limitaciones que implica cuando tienen que hablar de la ‘tecnología de habla inglesa’. Empleando a las ‘palabras’ como herramientas de interacción, las comunidades latinas, inconscientemente, han enfrentado el desafío de revolucionar la vieja pureza de las reglas y tradiciones de su lenguaje, estableciendo nuevos paradigmas para la perpetuación de su identidad en la era de la información. Es decir, el cyberspanglish no es sólo un signo de la evolución del lenguaje, sino de su gente que se enlaza a través de un nuevo medio: la computadora” [27].

Las consecuencias culturales de esas transformaciones quizá todavía están por ser evaluadas, pero los cambios en el lenguaje son tan drásticos que hay quienes dicen voy a emailearlo ahorita; zoomea para verlo más grande; necesito rebutear la computadora otra vez. Desde luego, “para algunos, el cambio desafía la pureza de las culturas. Otros lo acogen como una evolución necesaria, una manera de participación que tiene que ser comunicada. La Internet y su lingua franca, el inglés, ha llegado a las comunidades de habla hispana en línea y las dos culturas han llegado a ser más entretejidas. Esta transformación podría ser comparada con otros hitos que han modelado a otros idiomas: la invasión árabe-berbera en Iberia, que les dió a los hablantes del español las palabras árabes que usan a la manera latina; o la conquista normanda, que le dio al inglés tantas palabras para usar en un lenguaje germánico. Como el español y el inglés, los ciberlatinos están tomando prestados, pero están empleando términos en su propia, única manera española” [28].

Como es de esperarse, esa flexibilidad para considerar que las modificaciones que la terminología técnica impone en el habla frecuente en español son signos de progreso, es considerada prácticamente herética por otros analistas. Las posiciones interpretativas y el diccionario de la profesora Rivas, han propiciado quejas de quienes consideran que ella, “se atreve a defender algunos usos que a ningún hispanoparlante con un mínimo de sensibilidad idiomática pueden parecerle aceptables, como el traducir ‘exit’ por ‘hacer un exit’ cuando en español eso es ‘salir’, o el horrible ‘printear’ en lugar de ‘imprimir’ como equivalente al inglés ‘print’, o ‘deletear’, de ‘delete’, por ‘borrar’. Pretender que verbos tan españoles como salir, borrar o imprimir dejen de usarse sólo por estar relacionados con una computadora es, en mi opinión, actuar contra la unidad y corrección del idioma”.

El lingüista Alberto Gómez Font, autor del anterior comentario, considera que si se aceptan cambios como los que ha recopilado Rivas, veremos declaraciones como la siguiente: “Querido Jesús: ya que hemos decidido emailearnos, te envío un archivo para que lo downloadees a tu ordenador. Lo he encontrado surfeando en el Web, cliqueando de site en site. Lo puedes pasar a un floppy o printearlo, y si no te interesa salvarlo lo deleteas…” [29]

La directora de la revista Apuntes, especializada en temas de traducción al español, Leticia Molinero, dice sobre la página de Rivas en la red de redes: “Esa postura de defensa del spanglish se basa no sólo en una crasa ignorancia de las posibilidades del español, sino en una actitud fáctica y servil ante el idioma inglés” [30].

Pero más allá de las indignaciones catárticas, es difícil ofrecer soluciones a esa evidente distorsión del idioma. Se trata de una tendencia imposible de frenar pues el español se encuentra en interacción con otras lenguas, especialmente el inglés. A lo mucho, se puede propiciar un ritmo de simbiosis menos acelerado y, claro, hace falta acuñar a veces, o reconocer en otras, los términos necesarios para describir acciones antes inexistentes y que ahora son cotidianas en el uso de la informática. Como ejemplo de las posturas testimoniales ante estos cambios en el lenguaje, está la propuesta del señor Jorge Tamayo, director de la editorial Enigma de Barquisimeto, Venezuela, recogida por el ya citado Gómez Font y que considera necesario que haya algún organismo que “de una vez por todas ejerza su mandato y le ordene al ordenador aceptar el más castizo nombre de computadora, o viceversa; que deje las ristras para los ajos (en la cocina) y utilice cadena para los caracteres del lenguaje binario de la computación, o viceversa. En síntesis, un Cervantes que al fin logre llegar a América a través de Internet para definir el vocabulario fundamental de informática castellana” [31].

Pero no parece que el idioma español vaya a ser organizado y menos actualizado, de esa manera. Como toda lengua viva, está abierto a las más diversas influencias. Lo que ocurre con la interdependencia que ya había del español con otras lenguas y con nuevos usos, ahora tiene lugar en un medio de propagación universal e inmediata. El desliz, la adaptación o el neologismo que aparecen en la Internet, tienen una circulación potencialmente mayor a la que antes alcanzaban otras formas de diseminación de nuevos vocablos.

En la Internet no existen trabas para decir las mayores tonterías. Lo que sí hay, son espacios específicamente dedicados a la discusión y reflexión de los cambios, así como a la presencia y vigencia de la lengua española. Divagando por las redes durante la preparación de este texto, encontramos listas de correo como la denominada “spanglish list”, en donde a diario se discuten estos asuntos [32].

En el web, o la telaraña como preferirán llamarle los adversarios del pragmatismo lingüístico, hay sitios que reivindican el uso y el estudio del castellano, como La Página del Idioma Español que es mantenida desde Río de Janeiro por el periodista uruguayo Ricardo Soca [33]. Se trata, como dice su autor, de un intento para “contribuir a la preservación, unidad y pureza de nuestra lengua. Busca sumarse así a otras iniciativas que apuntan abrir en la Internet nuevos y más amplios espacios a la comunidad de 400 millones de hispanoparlantes”. La página ofrece un índice de publicaciones electrónicas de América Latina y España, una selección de diccionarios digitales, un espacio para debates entre traductores, ligas a novedades y páginas literarias en la red y a cursos de español, así como una relación de foros de discusión sobre estos temas, entre otros espacios.

En la red hay varias páginas sobre el uso del español, especialmente de y para periodistas. Recientemente se abrió el foro “Periodismo”, de discusión sobre el uso de la prensa específicamente en esta lengua [34]. Por otra parte, existen sitios como el denominado “Español Urgente”[35] , en donde la agencia EFE, “con el propósito principal de aportar criterios que eviten la dispersión lingüística y la invasión indiscriminada de neologismos”, ofrece consultas y un vademécum con aclaraciones sobre nombres y palabras difíciles pero de uso frecuente en los medios. En compendios como ése, suelen aparecer ejemplos de las dificultades para uniformar el uso del idioma español en nuestros países.

La agencia EFE incluye, en su glosario, términos que pueden ser equívocos. Es el caso de una palabra que en México llega a tener un significado impensable en otros países y de la cual, el Vademécum del Español Urgente que puede ser consultado en la Internet, se ocupa de la siguiente manera:

coger. Recibida una carta de México en la que se nos advertía sobre la inconveniencia de usar el verbo coger en las noticias de la Agencia EFE sin tener en cuenta su significado en algunos países de Hispanoamérica, creemos oportuna la siguiente aclaración:

No podemos aconsejar a todos los delegados y corresponsales de la Agencia EFE en Hispanoamérica que dejen de usar el verbo coger, cuando para la mayor parte de ellos no es malsonante. Lo lógico es que los receptores de las noticias de EFE sepan que nuestra agencia es española, y que por lo tanto hay palabras con distintos usos en sus países y en el nuestro. A los receptores corresponde cambiar lo que pueda resultar chocante en su país, antes de publicarlo en sus periódicos o de transmitirlo por sus cadenas de radio o televisión” [36].

La precisión de los redactores de EFE es representativa de la altanería con que frecuentemente, desde la llamada madre patria, se establecen criterios para el uso de la lengua que todos compartimos. El español de España no es sino uno de los varios que se hablan en el mundo, aunque por supuesto los giros en los significados de las palabras que se propagan en cada país o en cada región, no permiten que en la difusión de las noticias existan versiones idiomáticamente correctas. La irradiación de los medios de comunicación más modernos y ahora especialmente la Internet, quizá propicie una homogeneización en el español de uso corriente en nuestros países. Con ello perderemos originalidad, diversidad y vivacidad. Pero quizá, gracias a esa uniformidad algunos cables de la agencia EFE dejen de causar incomodidad en otros países de lengua hispana.

La lid por la “ñ” y las posibilidades

del periodismo electrónico en español

La Internet es un medio de y para el idioma inglés. Ello no cancela la posibilidad de que existan espacios en otras lenguas ni el mérito de los que, como hemos visto, ya hay en la red de redes dedicados al español. Pero incluso para encontrarlos, es preciso hacer nuestras búsquedas en inglés.

Quizá el índice más ambicioso que hay ahora en Internet sea el denominado Altavista, que no sólo busca entre los nombres de las páginas en la red, sino que además hurga dentro de ellas. En ese índice, a fines de marzo pasado intentamos un ejercicio muy sencillo. A través de la página electrónica del CNET, uno de los sitios con mayor información sobre la Internet, especialmente acerca de novedades tecnológicas [37], le pedimos al localizador de Altavista, que buscase todas las referencias para la palabra español. El resultado fue harto significativo: cero hallazgos. Pero cuando solicitamos la búsqueda de la palabra spanish los resultados fueron abrumadores: había 659 mil 204 sitios en los que destacaba ese vocablo. Luego, si quitábamos la “eñe” para escribir espanol, se nos informaba de 258 mil 300 sitios en la Internet con esa palabra. Lo que ocurría, era que la liga a la página desde la cual hicimos la búsqueda no tenía el software adecuado para descifrar la letra “ñ”. Pero ya en una indagación directamente en la página de Altavista, encontramos que hay 88 mil 5 sitios con la palabra español, con todo y “ñ”. Allí mismo, el término castellano aparece en 40 mil 980 casos. De todos esos sitios, el que ese índice pone en primer lugar, por considerarlo más relevante, es la página web con el curriculum de una especialista en computación en Florida, llamada Roslyn Castellano. El segundo, es una compilación de periódicos en idioma español.

La cibernética, en algunas de sus expresiones más específicas, está reñida con el español. La falta, hasta hace no mucho tiempo, de teclados sin “ñ” en nuestros países era una expresión de esa apropiación sin adaptación que solemos hacer de las nuevas tecnologías.

Pero además, a esas tecnologías y a quienes deciden respecto de ellas, les llegamos a endosar culpas que no son necesariamente suyas, en la distorsión y simplificación de nuestro idioma. En 1996 fueron célebres las pifias que aparecieron en el diccionario de sinónimos del procesador de palabras Word, de Microsoft. Varios usuarios encontraron que el término “indígena” era equiparado a las palabras “salvaje”, “antropófago, “caníbal” o “beduíno”, entre otras. Entre los sinónimos de “mujer” estaban “hembra”, “señorita”, “venus”, “criada” o “doncella” pero en cambio, para la palabra “persona” uno de los sinónimos era “hombre” y para nada se mencionaba allí a las mujeres. “Homosexual”, era equiparado con “invertido”, “maricón” o “desviado” y “lesbiana”, con “pervertida” y “viciosa” entre otros presuntos sinónimos. Y así por el estilo.

El pequeño escándalo que se desató a mediados de 1996 primero en España y luego al menos en México, fue un tanto repentino porque los procesadores de palabras de Microsoft hacía varios años que incluían equivalencias de tal sexismo y dogmatismo y que se sepa, nadie había reclamado. Además, las mismas acepciones se encuentran en diversos diccionarios de sinónimos, que desde tiempo atrás venían circulando y lo siguen haciendo, sin que sus editores hayan sido emplazados a revisar las expresiones desatinadas. No faltaron quienes, en una reacción autodefensiva pero un tanto candorosa, acusaron a la mencionada empresa fabricante de software de querer imponer criterios anglosajones pero al mismo tiempo machistas y segregacionistas, en sus diccionarios para usuarios en lengua española. La verdad, es que ésas eran acepciones publicadas desde mucho tiempo atrás por varios de los diccionarios convencionales de mayor uso en nuestro idioma [38]. Microsoft se disculpó, consultó a especialistas en varios países de habla hispana y puso a circular una nueva versión, gratuita para quienes tuvieran la anterior, de su diccionario de sinónimos [39].

* * *

La Internet es un espacio que la prensa en español no puede, no debería desperdiciar. Si el periodismo electrónico sustituirá o no a la prensa en papel y tinta, es algo que, en realidad, no nos tocará presenciar. Todavía hay suficiente carencia de computadoras, módems, conexiones telefónicas y servidores de redes para que durante varias décadas, la información y el pensamiento por escrito y a través de los procedimientos tradicionales sigan manteniéndose. Pero no por ello es justificable que se descuide la expansión de la red de redes, que a las publicaciones que ya existen impresas en papel les permite aumentar su presencia y que ofrece la opción de ensayar nuevas formas de comunicación periodística.

La preponderancia del idioma inglés tampoco debiera amilanar al periodismo en español, aunque es un hecho que no podemos ignorar. El periodismo en la red de redes no es ni la panacea democratizadora ni el pozo de confusiones que sus paladines o sus detractores más encarnizados afirman. Es un recurso, de importancia creciente en el que hay que saber estar, antes de estar sin ton ni son. Allí, como en la prensa escrita, caben informaciones y calumnias, reflexiones lo mismo que infundios. Y eso sucede en todos los idiomas.

La Internet, lo mismo que el idioma, son instrumentos para comunicarnos. Si queremos que sean eficientes tenemos que admitir sus cambios, sin que esa transformación necesaria sea perturbación que haga inoperantes o inaccesibles a estos instrumentos. Podemos analizar o desentrañar, instruir o enseñar, de la misma manera que es factible causar perjuicio o daño y decir falsedades o patrañas, con eñe o sin ella.

Granja de la Concepción,

Ciudad de México,

Abril de 1997


[1] De este asunto nos ocupamos en nuestro libro La Nueva Alfombra Mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes, Fundesco (Madrid, 1996) y Diana (México, 1996), pp. 103 y ss.

[2] Enrique Galván Ochoa, “Internética. Salinas, localizado”, columna en la primera plana de La Jornada, 22 de abril de 1996. El nombre descubierto por Galván Ochoa aparecía en el buscador de domicilios electrónicos llamado “who-where” en donde, pocos días más tarde, había varios registros a nombre de “Carlos Salinas de Gortari”. Se trataba de nuevas bromas. Una de ellas, decía: “Esta es una prueba de que la portada de La Jornada del 22 de abril de 1996 es muy fácil de provocar”. Para que no quedara duda de la burla, ahora el seudónimo que se le adjudicaba a Salinas era el de “babastodos”. La Jornada ya no publicó más sobre ese asunto, en el que había sido víctima –y con ella, muchos de sus lectores– de una broma, precisamente, para bobos. Sin embargo, tampoco admitió que había proporcionado como cierta, una noticia falsa. En este como en tantos otros casos, hubo quienes creyeron lo que querían creer.

[3] La guía Magellan presenta una selección al azar, que se renueva cada 20 segundos, de los temas que en ese momento están buscando los usuarios del índice Excite: http://voyeur.mckinley.com/voyeur.cgi

[4] http://www.enews.com

[5] David Lidsky, “The Web Delivers”. PC Magazine, vol. 16, no. 4, february 18, 1997. Los servicios seleccionados en ese informe son: After Dark Online, Air Media Live Internet Broadcast Network, AlphaConnect StockVue, BackWeb, Castanet Tuner, IBM NewsTicker, In-Box Direct, Intermind Communicator, My Yahoo! News Ticker, NETdelivery y The PointCast Network.

[6] Además hay 1983 páginas electrónicas de estaciones de radio, 6275 de televisoras y 3362 consideradas como de “eventos de actualidad”

[7] “Medios de comunicación españoles en la red”: http://www.dat.etsit.upm.es/~mmonjaras/prensa.html

[8] Emy Armañanzas, Javier Díaz Noci y Koldo Meso, El Periodismo Electrónico. Información y Servicios Multimedia en la Era del Ciberespacio. Ariel Comunicación, Barcelona, 1996, pp. 128 y 195 y ss.

[9] Ibid., p. 195

[10] Mexico Index: http://www.trace-sc.com/index1.html

[11] El grupo Netree’s Internet Statistics (www.netree.com/netbin/internetstats), con datos del Internet Business Center, estimaba en enero de 1997 que la cantidad de personas deambulando por la red de redes ascendía ya a 102 millones. Sin embargo, es posible pensar que esos datos han sido exagerados, quizá para entusiasmar a los posibles anunciantes en espacios en la Internet. Esa fuente deducía, además, que había ya un millón 600 mil espacios en la WWW. Más realista, parece el cálculo de la Internet Data Corporation (www.idcresearch.com) que el 31 de octubre de 1996 contabilizaba 31 millones 400 mil usuarios. Una información más es la de Internet Info (www.webcom.com/walsh/) según la cual para el 27 de septiembre de 1996 había 611 mil 860 dominios, o domicilios en la WWW, registrados ante InterNic, que es la autoridad reguladora de la nomenclatura en la Internet. Un compendio de estas informaciones se encuentra en la página de la firma australiana ad.media: http://www.admedia.aust.com

[12] Por ejemplo, la compilación de datos del rastreador de Internet denominado WebCrawler, ofrecía en abril de 1996 la cifra de 145 mil 166 servidores registrados aunque cada uno de ellos podía ser “anfitrión” de varias páginas en la red. Otro dato indicaba la existencia de 199 mil 129 domicilios de servidores para esa fecha: http://www.webcrawler.com/WebCrawler/Special.html

[13] Nota sin firma en la primera plana de El Universal, México, 23 de mayo de 1996. Ese diario no volvió a ufanarse de tener una alta lectura en su edición electrónica.

[14] Adriada Malvido, “Cumple dos años La Jornada en Internet: 85 mil consultad diarias”. México, 8 de febrero de 1997.

[15] Jacqueline Emigh, “First wave of web publiching failures arriving”, en Newsbytes News Network: http://www.newsbytes.com (28 de marzo de 1997).

[16] “EL PAÍS y Microsoft, las páginas favoritas del ‘internauta’ español”. El País, Madrid, 24 de enero de 1997. La encuesta completa puede encontrarse en la página electrónica de ese diario: http://www.elpais.es

[17] Juan Antonio Gallont, “Se ‘roba’ su propia exclusiva The Dallas Morning News”, en Reforma, México, 10 de marzo de 1997. El domicilio del Dallas Morning News es: http://www.dallas-news.com

[18] Francis Pisani, “Los periódicos y la Web”, en Reforma, México, 17 de marzo de 1997.

[19] En México, la nueva Ley Federal del Derecho de Autor, promulgada el 24 de diciembre de 1996, protege a los programas de computación y las bases de datos.

[20] Steve Outing, “Playboy asume posicao intermediaria quanto a protecao de direitos autorais”, columna reproducida en “Parem as maquinas”, espacio en la página electrónica del sistema brasileño Universo On Line. http://www.uol.com.br/internet

[21] “Crece la polémica muncial sobre los derechos de autor en Internet”. El País, Madrid, 13 de diciembre de 1996.

[22] “Larry Flynt, the most controversial man that nobody really knows”, Hustler Online: http://www.hustler.com/interview/default.html . La entrevista, en traducción de María Cristina Rosas González, aparecerá con el título “Larry Flynt, el hombre de la prensa desmesurada”, en el número 220, del 17 de abril de 1997, del semanario etcétera: http://www.caligrafia.com/caligraf/etcetera

[23] “Print vs. the web”. Time Digital, suplemento de Time. New York, march 17, 1997.

[24] Poder Ejecutivo Federal, Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000. Programa de Desarrollo Informático. Secretaría de Hacienda y Crédito Público, México, 1996, p. 52. El documento lleva el pie de imprenta de la SHyCP aunque fue preparado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.

[25] En 1994, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 640 mil 222 hogares mexicanos –de un total de 19 millones 440 mil 278– tenían computadora personal. De esa cantidad, 542 mil 660 eran hogares con ingresos de más de 8 salarios mínimos. Datos elaborados a partir del Programa Nacional de Desarrollo Informático, cit., pp. 129-132.

[26] “CyberSpanglish WebSite”: http://www.actlab.utexas.edu/~seagull/spanglish.html

[27] Ibid.

[28] Yolanda M. Rivas, “Hablas CyberSpanglish? You might find that you already do!”, en Hispanic on Line, april 1996: http://www.hisp.com/apr96/tesoros/index.html

[29] Alberto Gómez Font, “Un nuevo lenguaje técnico: el español en Internet”. Ponencia al III Coloquio Lenguaje y Comunicación en Caracas, Venezuela, febrero de 1997. Bajado de La página del idioma español: http://www.webcom.com/rsoca/index.html

[30] Ibid.

[31] Ibid.

[32] Las listas de correo en la Internet funcionan por suscripción. Los usuarios intercambian mensajes que reciben directamente en su buzón de correo electrónico, pero para participar es necesario ser aceptado por el administrador de la lista. La “spanglish list” recibe solicitudes en el domicilio: spanglish@eunet.es Además, una relación de los mensajes insertados en esa lista puede encontrarse, en la world wide web, en: http://www.eunet.es/listserv/spanglish

[33] La página del idioma español: http://www.webcom.com/rsoca/index.html y también: http://www.iis.com.br/~rsoca/index.html

[34] La lista de correos recibe suscripciones en: listserv@listserv.rediris.es ; en la WWW hay un archivo con los textos que han circulado en dicha lista: chico.rediris.es/archives/periodismo.html

[35] Español Urgente: http://www.efe.es

[36] Vademécum: http://www.efe.es/vademecum/index.html

[37] CNET es un proyecto conjunto de varias empresas de comunicaciones para ofrecer información sobre los vínculos entre la Internet y la televisión: http://www.cnet.com

[38] Tenemos a la mano el Gran Diccionario de Sinónimos, Voces Afines e Incorrecciones de Fernando Corripio, publicado en las Ediciones B de Grupo Editorial Z (de Barcelona) en México en marzo de 1991 y cuya primera edición es de junio de 1989. Al parecer el diccionario de sinónimos de Word y otros procesadores en español (como Works) de Microsoft fue calcado de esa obra. Así que las acepciones políticamente incorrectas o, de plano, discriminatorias, ignorantes u ofensivas, ya transitaban por nuestras bibliotecas antes de que fuesen atribuídas a esa corporación de programas de cómputo.

[39] Armando Neira, “Microsoft pide perdón por sus sinónimos”. El País, Madrid, 24 de junio de 1996.

El español en la Red

Ensayo para el libro coordinado por Octavio Islas Carmona Internet y la Sociedad de la Información Colección Encuentros, CIESPAL, Quito, 2005 [1]

Surgida como espacio experimental e inicialmente utilizada casi de manera exclusiva en países de habla predominantemente inglesa, la red de redes se ha diversificado en naciones, o en comunidades, en las cuales se emplean otras lenguas. La propagación mundial de la Internet aun resulta insuficiente en comparación con los muchos individuos que no tienen acceso a ese y en ocasiones a ningún otro medio de expresión e información. A mediados de 2004 se estimaba que la Red tenía cerca de 730 millones de usuarios, que constituyen algo menos del 12% de los habitantes del planeta [2]. Si bien se trata de una cifra alta en comparación con los algo más de 200 millones de usuarios mundiales de la Internet que había casi cinco años antes, parece claro que aun falta por recorrer un trecho muy largo para que se pueda decir que la Internet es un recurso auténticamente mundial.

En todo caso se trata de un espacio que, al reflejar la diversidad de actividades e intereses humanos, tiende a ser crecientemente plurilingüístico. A diferencia de sus primeros años, cuando más del 80% de los usuarios de la red de redes eran de habla inglesa, hoy en día en el ciberespacio se abren paso idiomas –y desde luego culturas, costumbres, visiones del mundo– en otras lenguas.

Menos inglés, más chino y español

Tan solo en un quinquenio, según se muestra en la Tabla Uno, el inglés pasó del 57% a menos del 40% entre quienes emplean la Internet en el mundo. El idioma cuyo uso ha crecido más en ese lapso es el chino. De menos de 10 millones de usuarios en esa lengua en 1999, a mediados de 2004 tenía casi 103 millones. El chino, que tres años atrás era el cuarto idioma en número de usuarios en la Red, ahora se encuentra en el segundo sitio y su uso continúa creciendo.

El japonés pasó del segundo al tercer sitio en esos parámetros, aunque multiplicó por tres veces y media la cantidad de quienes lo utilizan al aumentar de algo menos de 20 a casi 70 millones de internautas.

El español se encuentra en cuarto lugar entre las lenguas más frecuentadas en la Internet. De los casi 10 millones de hispanohablantes que había con acceso a la Red en 1999, menos de cinco años después somos más de 65 millones. Esa presencia constituye el 9% de los internautas en todo el mundo. El crecimiento de la Red en España y su desigual aunque creciente propagación en América Latina han influido para ese aumento, en el lapso que estamos comentando, en la cantidad de internautas en nuestra lengua. Pero además, en ese desarrollo ha tenido gran relevancia el aumento de los usuarios de Internet en las comunidades de hispanos que hay en Estados Unidos. Aquellos que, aun cuando se encuentran en un país donde el inglés es predominante, acceden a la Red empleando el español como primera lengua, están conformando un núcleo de usuarios de gran importancia.

Cinco años de idiomas

El español en la Red septuplicó su presencia en números absolutos entre 1999 y 2004 y en términos porcentuales avanzó del 4.5%, al ya mencionado 9% entre los internautas en el planeta. Ese crecimiento ha sido mayor al que han tenido el alemán, el francés y el italiano. Sin embargo el portugués experimentó una expansión mayor (sus usuarios pasaron de apenas 3.4 a 26 millones) especialmente gracias al auge que ha tenido la Internet en Brasil. Otra lengua que se ha expandido notablemente es el coreano, cuyos usuarios crecieron casi siete veces para pasar de 4.2 millones en 1999, a 30 en 2004.

 

Idiomas en Internet

 

El crecimiento que en ese quinquenio tuvieron algunas de las lenguas más utilizadas en la Red se aprecia en la Gráfica Uno. Se trata de la evolución en números absolutos de la cantidad mundial de usuarios y de los internautas que hablan inglés, chino y español. Allí se aprecia al 2001 como un año de quiebre en el cual el ritmo de expansión del inglés en la Internet experimentó un ligero retroceso (los usuarios, naturalmente, siguieron aumentando pero a tasas menores que en los años precedentes). En cambio el empleo del chino y el español se incrementó en proporciones similares.

Idiomas tendencias

 

 

 

La segunda gráfica muestra las mismas tendencias pero en términos porcentuales. El incremento del 4.6% al 14% en el uso del chino entre los idiomas en la Red y del 4.5% al 9% en el empleo del español, parecen proporcionales al descenso del inglés que de ser utilizado por el 57% en 1999, pasó a ser el idioma del 45% de los usuarios de la Red en 2001 y, más tarde, de menos del 40%.

En ocho años la utilización del español en la Red aumentó de una presencia casi exclusivamente simbólica, que era equivalente al 0.4% de los internautas, a ser el idioma del 9% de quienes deambulan en el ciberespacio. Ese crecimiento ha tenido inflexiones e incluso (siempre en términos porcentuales) algún estancamiento como se aprecia en la Gráfica Tres.

Presencia del español

Así que parece claro que el español se afianza entre las lenguas más utilizadas en la Red. Otro asunto es la manera como se le emplea y la necesidad de numerosos internautas, cuya lengua habitual es el castellano, tienen para buscar y consultar información en otros idiomas.

 

Búsquedas en castellano

Es frecuente que los internautas de distintas lenguas utilicen buscadores y consulten páginas cuyos contenidos están en inglés. Por eso en tanto el inglés constituía, al finalizar 2001, el idioma principal o único del 45% de los cibernautas, era la lengua en la que se hacía el 57% de las consultas en Google, el motor de búsqueda más utilizado en la Internet (ver la Gráfica Cuatro).

El alemán, que por esas fechas era el idioma del 6% de los usuarios de la Red, tenía un porcentaje equivalente al doble en las consultas de Google. El japonés, con algo menos del 10% de los usuarios de la Red, fue el idioma del 7% de las búsquedas. Y el español, que a fines de 2001 era empleado –según los datos que hemos consultado– por algo más del 4% de los internautas y que un año después sería la lengua del 7.4%, fue utilizado en el 6% de las consultas en el mencionado recurso para localizar materiales en la Red.

Los idiomas que se emplean en Google constituyen otro indicador de la expansión del plurilingüismo en la Internet. Medio año antes, en julio de 2001, el inglés era el idioma del 63% de las búsquedas; el alemán era empleado en el 10% de las consultas; el japonés en 8% y el español en el 5%.

Es decir, en tanto que el empleo de las tres lenguas más utilizadas en Google disminuyó entre 10 y 20% el español fue aprovechado, proporcionalmente, por más usufructuarios de ese recurso.

El uso de nuestra lengua en ese buscador aumentó del 5, al 6%. Se trata de diferencias muy estrechas que no constituyen tendencias del todo sólidas, pero que no dejan de ser significativas. De continuar ese crecimiento, el empleo de dicho buscador podría apuntar un uso más activo de la Internet por parte de los cibernautas en lengua española. Al momento de preparar este ensayo Google no había publicado, con detalle suficiente, estadísticas más recientes sobre los idiomas empleados en sus búsquedas.

El aprovechamiento de la Red fluctúa entre la contemplación acrítica y pasiva de contenidos a los que se llega de manera directa –sin navegar en la Internet y sin buscar información específica– y el uso activo, singularizado por la retroalimentación del usuario respecto de los autores de los contenidos que ha visitado, o consultado. Un indicador de la iniciativa que tienen los usuarios para rastrear información, es el uso de motores de búsqueda como Google. Quien busca –independientemente de la calidad o la utilidad de los contenidos que quiere hallar– utiliza de manera más completa las posibilidades de la Internet y está en posibilidad de discriminar, comparar y seleccionar entre las diversas opciones a donde le conduzca el localizador de sitios dentro de la World Wide Web.

Las consultas en Google no pueden ser tomadas como definitivamente representativas de la conducta de los internautas. Pero tratándose de uno de los recursos más utilizados por quienes rastrean en la Red, las variaciones en su aprovechamiento son interesantes.

Búsquedas en Google por idioma

Posiblemente el hecho de que las búsquedas en español hayan aumentado más que las que se realizan en otras lenguas signifique un comportamiento más activo de los usuarios en esta lengua. En todo caso es un indicador que vale la pena seguir de cerca en los próximos años.

Uso de la Red entre los hispanos en Estados Unidos

La tendencia, al menos aparente, de los internautas en lengua española para aprovechar a la Red de manera más activa, encuentra algunos matices cuando se analiza el empleo que los hispanos en Estados Unidos hacen de la Internet. El estudio que realizó en julio de 1991 el Pew Researh Center acerca del uso de la Internet entre los hispanos en ese país [3] describe, por parte de ese segmento de la población que vive en Estados Unidos, un interés tan grande como el de los blancos y negros para acudir a la Red como fuente de esparcimiento y algo mayor en el empleo de la Internet para recabar información.

La Tabla Dos muestra un empleo del correo electrónico menos intenso por parte de los hispanos en comparación con los estadounidenses negros y blancos. Pero cuando se indaga en qué medida se utiliza a la Red para buscar información acerca de pasatiempos, el 74% de los hispanos que alguna vez ha utilizado la Red declara ese propósito, en tanto que ese fin es reconocido por el 77% de los blancos y el 71% de los negros.

La utilización de la Red solamente para divertirse es admitida más por hispanos y negros (72%) que por los estadounidenses blancos (62%). Pero en el empleo de ese recurso para obtener información acerca de música, libros o contenidos para emplear el tiempo libre, los hispanos quedan adelante (71%, frente al 66% de los negros y 62% de los blancos).

Solo el 50% de los hispanos ha localizado un video o un clip de audio en la Red, pero esa ha sido una tarea realizada por el 60% de los negros que se asoman a la Internet. Los negros (55%) escuchan proporcionalmente más música en la Red que los hispanos (48%) y los blancos (apenas el 33%). Sin embargo hay, porcentualmente, una mayor cantidad de hispanos (36%) que han “bajado” música de la Red.


Tabla 2

Actividades en Internet por grupos étnicos en Estados Unidos

Actividad

Hispanos

Blancos

Negros

Enviar y leer correos electrónicos

86% (39%)

93% (51%)

88% (32%)

Diversión

Obtener información sobre pasatiempos

74 (17)

77 (19)

71 (15)

Navegar sólo por diversión

72 (21)

62 (20)

72 (17)

Buscar información sobre música, libros y otras actividades de entretenimiento

71 (8)

62 (8)

66 (9)

Usar un archivo de audio o video

50 (7)

47 (7)

60 (7)

Enviar un mensaje instantáneo

50 (13)

44 (12)

50 (9)

Escuchar música

48 (10)

33 (6)

55 (9)

Buscar información de deportes

42(11)

36 (10)

45 (10)

Participar en un juego en línea

37 (8)

32 (6)

48 (6)

Bajar música

36 (7)

21 (3)

33 (4)

Chatear

32 (5)

25 (4)

40 (4)

La primera cifra de cada columna se refiere a los internautas ocasionales; es decir, aquellos que declaran que alguna vez han utilizado la Red. La segunda cifra de cada columna, mostrada entre paréntesis, se refiere a los internautas frecuentes (que estuvieron en línea el día anterior a la entrevista).

Fuente: Internet & American Life, Hispanics and the Internet, Julio 2001

Esa relativa pero constatable aptitud de los hispanos estadounidenses para aprovechar las capacidades de información y educación que hay en la Red y que no se entusiasman tanto como los negros para explotar las opciones de entretenimiento, se advierte en la Tabla Tres.

Blancos y negros han acudido a la Internet más que los hispanos para buscar la respuesta a alguna pregunta. El empleo de esos grupos de población al buscar información sobre productos, es casi igual en los tres grupos poblacionales.

Los blancos están más interesados en indagar el clima y los negros en obtener noticias. Sin embargo los hispanos aparecen más interesados en la información política a través de la Red en comparación con negros y blancos. En cambio a los hispanos no les interesa peculiarmente hallar información acerca de asuntos religiosos (apenas el 19% declara haber empleado la Internet con ese propósito, en contraste con el 21% y el 32% de los estadounidenses blancos y negros).

Aunque se trata de una encuesta realizada en medio de un proceso de adaptación y aprovechamiento respecto de la Internet que no ha concluido, el estudio del Pew Research Center sugiere que los hispanos llegan a la Red en busca de información acerca de intereses o pasatiempos que tienen en sus actividades fuera de línea. En cambio los negros han parecido más dispuestos a involucrarse en formas de esparcimiento e incluso de intercomunicación en la Internet. El 40% de los estadounidenses negros con acceso a la Red declaró haber participado en un chat, en tanto que esa actividad fue reconocida solamente por el 25% de los blancos y el 32% de los hispanos.

Tabla 3

Para qué usan Internet / Principales grupos étnicos en Estados Unidos

Actividad

Hispanos

Blancos

Negros

Búsqueda en Internet para responder una pregunta

73 % (14%)

80% (17%)

75% (14%)

Búsqueda de información sobre un producto

72 (15)

73 (13)

72 (8)

Búsqueda de información de viajes

63 (8)

65 (7)

65 (7)

Obtener información noticiosa

61 (20)

60 (22)

63 (15)

Obtener reportes del clima

57 (15)

63 (17)

55 (11)

Visitar un sitio gubernamental

43 (5)

50 (7)

45 (5)

Obtener información financiera

41 (10)

45 (14)

41 (9)

Obtener información y noticias de corte político

40 (12)

38 (13)

38 (9)

Buscar información religiosa

19 (1)

21 (3)

32 (1)

La primera cifra de cada columna se refiere a los internautas ocasionales (que declaran que alguna vez han utilizado la Red). La segunda cifra de cada columna, mostrada entre paréntesis, se refiere a los internautas frecuentes (que estuvieron en línea el día anterior a la entrevista).

Fuente: Pew Internet & American Life Project, 2000 Tracking Survey, N=26,094. Margen de error: +1%.

Vivir en inglés, navegar en español

La modificación o confirmación de esas tendencias dependerá, por supuesto, del creciente uso de la Internet entre los hispanos en Estados Unidos y también, de la oferta de sitios en los cuales puedan encontrar contenidos que les resulten útiles. A juzgar por el tiempo que destinan a navegar en español, la disponibilidad de sitios en este idioma les parece crecientemente atractiva

Los estudios que ha realizado la empresa Roslow Research [4] acerca del tiempo que los hispanos en Estados Unidos dedican a recorrer la Internet en idioma español, muestran una creciente apropiación de espacios y contenidos en esta lengua. En tanto que en julio de 2000 quienes no utilizaban para nada el idioma español cuando accedían al Internet eran el 32%, poco más de un año más tarde constituían sólo el 14%.

En cambio, los hispanos que emplean esta lengua durante menos de la mitad de su tiempo de navegación, disminuyeron en beneficio de un notable incremento en el uso del español. En julio de 2000 el 36% de los hispanos ocupaba menos de la mitad del tiempo de uso de la Red en idioma español pero esa práctica disminuyó en marzo siguiente al 22% y cayó al 19% pocos meses más tarde.

Internet entre hispanos en EU

Aquellos que dedican más de la mitad del tiempo de navegación a comunicarse o consultar información en español pasaron del 27%, al 49%.

Estos datos sugieren que los hispanos bilingües utilizaban a la Red en inglés porque no contaban con suficientes sitios de contenidos equivalentes, o que les resultaran de interés, en español. Pero en tanto se diversifican los documentos en nuestra lengua, muchos hispanos en Estados Unidos tienden a preferir el uso del castellano.

Un dato sobresaliente es el de los hispanos que navegan sólo en español. Ese grupo pasó del 4% en julio de 2000, al 18% en el otoño de 2001. Esa información sugiere que la Internet ya está sirviendo no solo para los hispanos bilingües sino para aquellos que, viviendo en Estados Unidos, no hablan en inglés o no lo hacen con soltura suficiente para comunicarse a gusto en ese idioma.

Otro segmento es el de quienes, al contrario, utilizan a la Internet únicamente, o de manera preponderante, en inglés. La empresa Roslow Research indagó en una muestra de internautas hispanos, en dos encuestas consecutivas, las causas por las cuales algunos de ellos no emplean a la Internet con más asiduidad en su lengua natal. Las variaciones entre los motivos declarados en uno y otro sondeos, las cuales mostramos en la Tabla Cinco, son llamativas.

En tanto que en julio de 2000 el 17% de esos usuarios hispanos de la Red lamentaba que la información que les hacía falta solamente se encontraba en inglés, algo más de un año después ese problema era identificado solamente por el 9%. En el primer sondeo el 13% decía preferir los sitios en inglés porque en los de idioma español encontraba más errores en la información consultada, pero al año siguiente esas fallas eran señaladas únicamente por el 4%.

La cantidad de internautas hispanos que respondió simplemente que utilizaba más a la Red en inglés porque hay más sitios en esa lengua disminuyó del 5%, al 1%. En julio de 2000, el 13% decía que prefería a la Internet en inglés simplemente porque no conocía suficientes sitios en español y en la segunda encuesta, esa causa disminuyó al 3%.

Hispanos EU por qué no usan más Internet

Es decir, los motivos atribuibles al desarrollo de la Internet en español que fueron esgrimidos para navegar en inglés, han disminuido de manera notoria. En cambio las causas relacionadas con a la situación social y cultural de los hispanos se mantuvieron, o incluso crecieron ligeramente. Aquellos que declararon que navegan por la Internet en inglés porque se sienten más a gusto en esa lengua fueron el 9% en ambas encuestas y quienes afirmaron que prefieren el inglés porque lo entienden mejor aumentaron del 8%, al 11%.

Cultura, valores, comunicación

A la Internet, se la emplea como instrumento de comunicación directa gracias al correo electrónico o a los servicios de mensajería o conversación instantáneas. La Red también es un extraordinario recurso para propagar informaciones de la más variada índole. Puede ser –y es– herramienta de esparcimiento y diversión, lo mismo que de intercambio y educación.

Todo ello es muy sabido, a estas alturas del desarrollo de la Internet. Pero además, conforme se extiende y recoge la diversidad cultural y lingüística de las comunidades que la aprovechan, la Red se convierte en espacio en el que se reproducen presencias, influencias y tendencias políticas y culturales. Por eso no es extraño que el empleo en español de la Internet aumente en Estados Unidos en donde las comunidades hispanas alcanzan un creciente peso demográfico y, junto con ello, en todos los terrenos.

A diferencia de los emigrantes de otros orígenes, los hispanos en Estados Unidos han mantenido una singularidad que los distingue respecto de otros grupos poblacionales y que se ha convertido en expresión de diferencia y creatividad. Jorge Ramos, el conocido conductor del Noticiero Univisión –el programa de noticias de mayor audiencia en la televisión hispana en Estados Unidos– ha explicado así esa situación: “El poder político y económico de los latinos aumenta con cada nacimiento, con cada cruce fronterizo. El español se ha consolidado y los medios de comunicación que transmiten y publican en castellano, lejos de desaparecer, le ganan terreno a las televisoras, radiodifusoras y periódicos en inglés. Los inmigrantes latinoamericanos, contrario a los que les precedieron de Europa, no han tenido que sacrificar su cultura ni sus valores para asimilarse a su nación adoptiva” [5].

El desarrollo de la Internet en español está fuertemente relacionado con la presencia de los hispanos en Estados Unidos. La red de redes tiene, entre otros, efectos de cohesión cultural y comunitaria que se expresan en el incremento de su empleo por parte de esa colectividad. La calidad y utilidad de los sitios en la Red destinados a ellos, dependerán de la creatividad pero también de la exigencia que manifiesten los usuarios de tales espacios en la Internet.

Gracias a la Internet los hispanos en Estados Unidos cuentan con un recurso que les permite afirmar su identidad y, junto con eso, acercarse a los países de donde provienen o en donde, como hacen ellos, se habla español. La Internet funciona entonces como red que cohesiona sin amalgamar, enlaza con eficacia, relaciona y resguarda intereses y valores de carácter social y cultural.

–0–


[1] Una versión inicial de este trabajo fue presentada en noviembre de 2002 en el simposio El español en los medios de comunicación de los Estados Unidos que el Instituto Cervantes de Chicago organizó en esa ciudad. El texto ha sido revisado y actualizado para este libro.

[2] Datos de población mundial: http://www.nationsonline.org/oneworld/world_population.htm Datos sobre cantidad de usuarios de Internet: Global Reach, www.glreach.com

 

[3] www.pewinternet.org

[4] http://www.roslowresearch.com/home.htm

 

[5] Jorge Ramos Ávalos, “Ser inmigrante es ‘cool’ (y difícil)”. Reforma, México, 10 de noviembre de 2002.