Categoría: Medios e Internet

El periodismo en la era de Twitter. Qué podrá hacer Jeff Bezos con The Washington Post

Publicado en Zócalo, septiembre de 2013

Las dos redacciones en "House of Cards"
Las dos redacciones en “House of Cards”

En House of Cards, que es quizá la serie de mayor éxito en la televisión internacional durante este año, una de las protagonistas es una reportera que transita de la prensa convencional a la de carácter digital.

Zoe Barnes (protagonizada por Kate Mara) es una reportera ambiciosa y avispada cuyos repentinos éxitos, logrados con mucha audacia profesional y pocos reparos éticos, le permiten dejar las certezas del diario impreso para lanzarse a la aventura del periodismo en línea. La redacción del periódico tradicional es ruidosa y espaciosa. En cambio la redacción de la publicación en línea es pequeña y sin escritorios: los periodistas se acomodan en una butaca o se tumban en el piso, cada uno con su propia laptop y aislados con los audífonos conectados al iPod. Ese es el medio por el cual Barnes cambió al diario que le ofrecía ascensos para los siguientes años. El sitio digital le paga más y allí no padece las restricciones de contenido que le imponía el periódico impreso. Aquel diario se llama The Washington Herald y no hace falta demasiado esfuerzo para identificarlo con The Washington Post. (más…)

Veinte propuestas sobre WikiLeaks

Este texto fue publicado, en dos partes, en las ediciones de enero y febrero de 2011 de la revista Zócalo
1. Es pertinente subrayar una obviedad: WikiLeaks no existiría sin Internet. El sitio que Julian Assange puso al servicio de la filtración de documentos políticos no funcionaría sin la Red de redes. En tal virtud, comparte los rasgos más destacados de Internet: la información colocada en ese sitio web es ubicua, es decir, puede ser consultada desde cualquier lugar; no hay límites para la cantidad de datos que son colocados a disposición de los interesados; el manejo de esa información es descentralizado; su irradiación trasciende fronteras e intereses nacionales; la velocidad y la volatilidad definen también a esa propagación de información.

2. El uso que le da WikiLeaks, hace de Internet un instrumento capaz de alterar, aún no sabemos bien a bien con qué consecuencias, al menos parte de las reglas, los equilibrios y los intereses de la política internacional.

La Red ha sido utilizada, con distintos resultados, para influir en procesos nacionales, desde la propagación de las confidencias de aquella becaria de la Casa Blanca que intimaba con el presidente Clinton hasta la denuncia del autoritarismo en Irán, China o Cuba. Con WikiLeaks estamos ante la incursión de Internet en la política global. Si aún había duda, ahora resulta claro que la Red de redes es mucho más que un instrumento para propagar entretenimiento y trivialidades, o para conectar a los individuos. Junto con eso, es un espacio central en la disputa por el poder.

3. WikiLeaks existe para contender con el poder establecido. No es una ocurrencia de algunos jóvenes despistados aunque expertos en informática. Se trata de una empresa creada para poner en evidencia excesos y debilidades de los gobiernos.

Hace varios años Julian Assange decidió involucrarse en la develación de documentos secretos como una manera de golpear al poder político. A fines de 2006 escribió en su blog IQ.ORG: Mientras más secreta o injusta es una organización, las filtraciones provocan más miedo y paranoia en su liderazgo y en los planes de esa camarilla. Esto debe minimizar la eficiencia de sus mecanismos de comunicaciones internas… resultando en una disminución en la habilidad para mantener el poder” (http://web.archive.org/web/20071020051936/http:/iq.org).

A juzgar por las reacciones en los gobiernos de Estados Unidos y varios países europeos, la develación de toneladas de documentos del Departamento de Estado, que WikiLeaks puso en línea el 28 de noviembre de 2010, ha ocasionado la reacción anticipada cuatro años antes por Julian Assange. (más…)

Tendencias mediáticas en América Latina

Publicado en Zócalo, febrero de 2007 

    Los medios de comunicación han sido el motor cultural y social de la globalización contemporánea. Más que la apertura de mercados y la trasnacionalización de capitales, pero junto con ellos, la propagación de mensajes más allá de cualquier frontera geográfica o política y la homogeneidad de muchos de esos contenidos han significado un cambio drástico en la apreciación que la gente tiene acerca de sí misma y del mundo en el que vive. Ese nuevo entorno implica transformaciones en muchas direcciones.

   La apreciación catastrofista, que le asigna a la globalización un carácter esencialmente perverso, sirve de poco para entender esos cambios pero, además, conduce a una parálisis analítica y política porque al subrayar solamente sus consecuencias indeseables llega a magnificar e incluso a mitificar los efectos de la internacionalización económica y cultural. La apreciación complaciente, que busca solamente los rasgos virtuosos de un proceso que encierra profundas desigualdades sociales e incluso las acrecienta, tampoco es el enfoque más adecuado en el plano del análisis intelectual ni en el terreno de la elaboración de políticas. 

Híbrido espacio cultural    

   La globalización cultural es un proceso. No surge de manera súbita. Tampoco conduce a la suplantación drástica de las culturas nacionales y locales. Se trata, más bien, de una sucesión de inter-influencias mutuas, de una serie de hibridaciones como ha sugerido, entre otros, Néstor García Canclini. En ese proceso las culturas nacionales y locales ceden algo de espacio a los contenidos de carácter global –que son fundamentalmente, aunque no de manera exclusiva, de índole estadounidense–. Pero al mismo tiempo un segmento de los valores, rasgos y tradiciones de las culturas locales y nacionales comienza a formar parte de la que, en aras de la descripción breve, podemos denominar como cultura global.      En el espacio cultural iberoamericano concurren, así, contenidos de toda índole. Allí hay sitio para las culturas locales al mismo tiempo que para expresiones de la cultura trasnacional que irradian los medios de comunicación. En todos nuestros países, así como en otras regiones del mundo, la gente se entretiene mirando series estadounidenses como Lost, 24 y Sex and the city pero también aplaude la música y la figura de Shakira, las composiciones de Chico Buarque, las caracterizaciones de Penélope Cruz y Antonio Banderas, las canciones de Luis Miguel o las jugadas del Barsa y el Real Madrid. Los contenidos hispanoamericanos forman parte del caudal que circula en los medios de comunicación de dimensiones globales. Eso no significa que toda nuestra idiosincrasia ni todas nuestras costumbres estén siendo determinantes en esa cultura global.

   En esa avalancha de contenidos se amalgaman expresiones, características y tradiciones de numerosas culturas regionales y nacionales. Al mismo tiempo, por lo menos hasta ahora, las culturas locales y regionales se mantienen gracias a que forman parte de la gente que las nutre y reproduce.

    Las nuevas tecnologías facilitan e intensifican esos procesos de amalgama cultural pero, además, comienzan a crear nuevas formas de consumo, generación y apropiación de contenidos. Por una parte, llevan hasta las audiencias más diversas los contenidos de la heterogénea pero omnipresente cultura global. En segundo término permiten algunas formas de intercambio e interactividad que la gente aprovecha para ampliar sus redes de relaciones personales y, en ocasiones, para propagar sus propias creaciones culturales. En tercer lugar, esas nuevas tecnologías hacen posible la reproducción de muchos de esos contenidos por mecanismos de apropiación y circuitos de distribución paralelos y en ocasiones contradictorios con el mercado institucional –la reproducción y distribución de archivos de vídeo y música más allá del copyright tiene delicadas implicaciones legales pero, al mismo tiempo, se ha convertido en una peculiar pero efectiva forma de democratización del consumo cultural–.

 El idioma y la Red      

    Influido y constantemente modificado por la cultura global, el espacio hispanoamericano tiene rasgos que lo singularizan. El primero de ellos es, desde luego, el idioma. El sustrato común que significa el español permite que se mantengan constantes flujos de bienes culturales, mantiene un contexto compartido y, sobre todo, les da a nuestros países una identidad común.    Sin embargo ese sustrato que significa la lengua no es apuntalado con el interés y los recursos que harían falta para sustentar ese asidero de nuestra identidad compartida. Los proyectos bibliográficos, comunicacionales, periodísticos, artísticos y/o cinematográficos que podrían desarrollarse para promover contenidos y la lengua común en estaos países, siguen resultando escasos.     Ante la insuficiencia de políticas nacionales y regionales de suficiente calado, la identidad común en nuestras naciones es promovida fundamentalmente por los grandes medios de comunicación de masas. En la mayoría de ellos, como es de suponerse, la producción de contenidos no suele estar orientada por la calidad sino por la búsqueda de rendimientos financieros.    

En nuestros países la mayor parte de la sociedad depende, para su consumo mediático, de los canales de televisión abierta; el acceso a plataformas de televisión satelital, o por cable, sigue siendo un privilegio al que tienen acceso segmentos aun minoritarios de la población o, en otros casos, solamente los habitantes de las grandes zonas urbanas.    Internet no ha llegado a ser un auténtico contrapeso a la hegemonía comunicacional de los medios tradicionales. En la mayor parte de América Latina las tasas de acceso a la Red todavía son inferiores al 20% de la población. Los contenidos en español se han incrementado pero no tanto como los que se propagan en otras lenguas en la Red de redes. La creación de tales contenidos para Internet ha quedado fundamentalmente supeditada al interés mercantil o al afán comunicativo de pequeños y a veces aislados grupos de usuarios. En pocos países latinoamericanos (Brasil y Chile, destacadamente) ha existido una política estatal para impulsar el desarrollo tanto de la cobertura como de contenidos nacionales en Internet. Y si las políticas nacionales en ese terreno han escaseado, mucho mayor es la ausencia de políticas regionales para Internet. Fuerza de los medios     

   En ausencia de contrapesos y junto con el declive en la presencia social de otros actores públicos (como las instituciones del Estado, o los partidos políticos) la influencia social de los medios tradicionales ha crecido tanto que, en ocasiones, rivaliza con los poderes establecidos. No resultó sorprendente, por ello, que el Informe sobre la Democracia en América Latina que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo presentó en 2004 identifique a los medios de comunicación entre los poderes fácticos más influyentes en esta región.

   La fuerza política de los medios llega a determinar decisiones u omisiones de los poderes establecidos (como sucedió en México a comienzos de 2006 con la aprobación de una reforma de legal tan favorable al interés de las corporaciones mediáticas que llegó a ser conocida como Ley Televisa). Paradójicamente, en experiencias como esa, los medios privados llegan a padecer un costo político significativo cuando en la sociedad se extiende la convicción de que tales empresas están abusando del poder que tienen.

    Los medios públicos no alcanzan a constituir una alternativa sobre todo cuando experimentan carencias financieras tan acusadas como las que padecen numerosas emisoras estatales en América Latina. Los medios comunitarios han experimentado un desarrollo desigual: suman centenares o quizá millares en Brasil y Argentina pero solamente –a lo sumo– un par de docenas en México. En todos los casos, su sola existencia contradice la concepción que suelen tener los empresarios de la radiodifusión privada que habitualmente se consideran propietarios de todo el espacio radioeléctrico y no únicamente concesionarios de algunas frecuencias. 

Acaparadores empresarios   

¿Fortalezas y debilidades? Si se les puede llamar así, para la industria de la comunicación, que es esencialmente privada, entre las primeras se encuentran el acaparamiento que hacen de las frecuencias de transmisión –hay muchos canales en pocas manos– y, por lo tanto, el monopolio que ejercen sobre las audiencias. Uno de los patrimonios más importantes de tales empresas es la experiencia técnica y comunicacional que han mantenido y consolidado durante, en ocasiones, más de medio siglo. Entre sus desventajas se encuentran la frecuente reticencia a cualquier innovación –lo mismo en materia de contenidos que de índole política, cultural o tecnológica–, el discurso estrecho y a menudo maniqueo que promueven acerca de los asuntos públicos, el afán para aprovechar políticamente la ventaja que suelen tener frente a otros actores públicos y el escaso interés que manifiestan para tomar en cuenta a sus audiencias como algo más que resignados conglomerados de pasivos consumidores de mensajes. Muchos de los empresarios mediáticos latinoamericanos más relevantes mantienen una visión del mundo tan estrecha que no suelen interesarse en producir o difundir contenidos capaces de reivindicar la identidad común de la región o de apuntalar el desarrollo de nuestro idioma.    

   (A fines de 2006 la Fundación Telefónica, de Madrid, les pidió a varias docenas de investigadores de la comunicación en Iberoamérica que respondieran a un cuestionario sobre las fortalezas y las debilidades del espacio mediático en nuestros países. La síntesis de ese sondeo aparecerá en el Informe Anual Tendencias que dirige el profesor Bernardo Díaz Nosty. El texto anterior recoge las respuestas que presenté a ese cuestionario).

Internet, la gran conversación

Comunicación tradicional y comunicación virtual en el universo de la red de redes

 Fragmento del ensayo “Internet, la gran conversación” publicado en Iberoamericana, del Ibero-Amerikanisches Institut de Berlín. Berlín, 2002.

 

20 años después de haber comenzado a expandirse y a una década del surgimiento de las páginas web, Internet ocupa ya un sitio propio entre los medios de comunicación. Todavía se debate si es una amalgama de los medios convencionales o la anticipación de un nuevo espacio multimedia y omnipresente. Como quiera que sea la red de redes forma parte de la vida contemporánea y su aun insuficiente cobertura es uno de los desafíos principales para los países en donde el desarrollo de Internet ha sido balbuceante o desigual.

   No ha pasado mucho desde que en 1982 el equipo encabezado por Bob Kahn y Vinton Cerf desarrolló el protocolo TCP/IP, que sería el lenguaje común a las computadoras conectadas a la red de redes (PBS, 1997). Ese año se empleó por primera vez el término Internet para designar al entramado de sistemas de cómputo cuyo entrelazamiento había comenzado años antes a partir de un proyecto militar del gobierno estadounidense. Tampoco ha transcurrido demasiado desde que en 1991 Tim Berners Lee creara en Ginebra el protocolo que permitiría desarrollar la world wide web, el espacio audiovisual que se constituyó en la esencia de Internet. El desarrollo de la red de redes en apenas una década ha sido al más intenso que haya experimentado medio de comunicación alguno en la historia de la humanidad, aunque aun existen amplias zonas en donde la Red es casi inexistente o constituye un privilegio para grupos muy acotados dentro de la sociedad.

 “El medio” en la primera crisis del siglo 21

   Conforme Internet desarrolla sus características y se distingue de la radio, la televisión y la prensa, tienden a quedar atrás las discusiones sobre si la red de redes es o no un medio de comunicación. Internet está ocupando un sitio propio al lado de los medios tradicionales a los cuales no desplaza, aunque tampoco depende de ninguno de ellos para ser reconocida como vía, espacio e instrumento de comunicación.

   Todos los medios, incluso la red de redes, quedaron a prueba cuando ocurrió la tragedia del 11 de septiembre de 2001. La necesidad de información de millones de personas en todo el mundo saturó los sitios de noticias y los buscadores más conocidos de Internet a tal grado que algunos de ellos, como Goggle y Altavista, colocaron avisos invitando a sus usuarios para que buscaran información en la televisión y la radio. En las horas iniciales después de los ataques terroristas la Red sirvió para encauzar a sus usuarios a que sintonizaran los medios tradicionales. Pero una vez que se habían conocido la caída de las Torres Gemelas y el ataque al Pentágono Internet asumió y potenció sus propios rasgos. Mucha gente encontró allí información sobre los grupos a los que se atribuían los atentados o pudo expresar, sin restricción de ninguna índole, sus sentimientos ante ese terrible suceso. Otros pudieron colocar avisos sobre el rescate de víctimas o recaudar fondos para aquellas tareas.

   Internet fue espacio, durante días y semanas, para que se manifestaran consternación, indignación, temores, dudas, recelos, ayuda y solidaridad en torno a la tragedia del 11 de septiembre. Con razón la fundadora de The Webby Awards (que han llegado a ser en Internet el equivalente a los Óscares en la industria del cine) decía a fines de 2001:

   “A través de los últimos meses, la red ha brillado como un medio fundamental para la comunidad, la comunicación y la información. Todos los tiempos de guerra tienen un medio que los define y que les permite a los civiles experimentarlos desde la seguridad de sus hogares. La Guerra Civil tuvo a la fotografía, la Segunda Guerra Mundial a la radio, Vietnam a las cadenas de noticias, la Guerra del Golfo a la CNN y las noticias por cable. La ‘Guerra contra el Terrorismo’ tiene a la Red. Realmente ha desempeñado y continúa jugando un papel crucial. La Red ha hecho nuestra información  más global, suministrando a los americanos acceso a perspectivas extranjeras, perspectivas alternas desde diferentes países y puntos de vista religiosos. Ha facilitado la comunicación, las condolencias y la asistencia. La gente volteó a los foros de la Red para compartir pensamientos. Los soldados están enviando correos electrónicos y empleando sitios web para comunicarse en tiempo real con sus familias y amigos en casa, permitiéndoles permanecer más conectados diariamente. La infraestructura para la donación en línea establecida después del 11 de septiembre propició donativos de millones de dólares en las semanas posteriores a los ataques. Además, los homenajes en línea crearon un espacio común para que se reunieran personas que pudieran no estar en el mismo punto geográfico a recordar y compartir sentimientos acerca de la vida de sus seres queridos” (Shlain, 2001).

   Aun es pronto para advertir con precisión los alcances de esta guerra y los atributos mediáticos que a la postre se le hayan de reconocer, aunque ha quedado claro el intenso empleo de los medios  tanto por parte del terrorismo como del gobierno de Estados Unidos. En varios momentos los medios de mayor cobertura han quedado acaparados por las imágenes y el discurso suscitados por uno u otro de esos actores desde los atentados del 11 de septiembre (fecha a partir de la cual hemos visto centenares de veces las siempre crispantes imágenes de los aviones estrellándose contra las torres neoyorquinas) hasta la propagación de los videos que mostraron a Bin Laden arengando o ufanándose de aquellos acontecimientos.

   La polarización mediática ha sido determinada tanto por el enorme dramatismo de tales hechos como por la censura y las exigencias del gobierno de Washington que ha presionado especialmente a los grandes medios en los Estados Unidos. En ese panorama Internet ha sido un espacio propicio para que se conozcan y confronten otras voces, capaces de contribuir a establecer un panorama menos esquemático y más útil para entender esta nueva guerra.

   Así que de la misma manera que horas y días después de los atentados del 11-S Internet afianzó sus rasgos como espacio de expresión abierta y diversa –y también informadora y solidaria– gracias al interés de millones de usuarios que se asomaron a ella para decir sus inquietudes y conocer las de otros, esa capacidad fue manifiesta delante de la parcialidad de los medios de comunicación convencionales.

La red de redes: sitio, espacio y medio

   Internet propaga mensajes similares, o idénticos, a los que suelen distribuirse por los medios convencionales. Además difunde contenidos que habitualmente no encuentran cabida en la televisión, la radio o la prensa industriales. Es un medio de comunicación pero además es un lugar o un conjunto de sitios que pueden ser visitados, creados o incluso modificados por sus usuarios. Y también es un espacio social (Poster 2001: 176) en donde convergen las más diversas expresiones.

   ¿Qué define a un medio de comunicación? Vale la pena recordar, aunque parezca un tanto obvio, que los medios comunican a partir de sus capacidades para llevar mensajes de un sitio a otro. Pero el acto de comunicar no se resuelve en la mera transmisión de un mensaje sino cuando es recibido. Para que haya comunicación, como establecieron los viejos patriarcas del estudio de esta disciplina, se precisa la existencia de emisor y receptor. Muchos incluso, consideraban que el acto de comunicar solamente se realizaba cuando el receptor podía, a su vez, responder al mensaje que recibió.

   Si no hay comunicación sin receptor es preciso advertir que la forma en que un mensaje es entendido –decodificado, como gustan decir algunos autores– depende entre otros factores del contexto del receptor. Una noticia sobre secuestros de aviones la entenderé de manera distinta si estoy a punto de tomar una aeronave; el reporte del clima en Hamburgo me resultará indiferente si no conozco a nadie o no pienso viajar a esa ciudad; si tengo el televisor encendido al mismo tiempo que desayuno y leo el periódico la atención a lo que allí se dice resultará mucho menor a la que tengo cuando no hago mas que contemplar y escuchar los mensajes que surgen de la pantalla. El acto de comunicar se resuelve de maneras diferentes y un mismo mensaje adquiere implicaciones y significados según la situación –física, emocional, cognitiva, etcétera– de quien lo recibe.

   La comunicación implica un continente, es decir, el mecanismo merced al cual un mensaje es enviado; en segundo término requiere de un contenido que es aquello que se comunica. Muchas de las descripciones tradicionales del proceso de comunicación se agotan en el acto en el cual un mensaje es propagado (es decir, en la caracterización del continente y el contenido). Pero la relación emisor-receptor depende, para ser tal, del estado en el que ese mensaje será recibido y, entonces, entendido.

   En otras palabras, la comunicación es mensaje y además, parafraseando a Ortega y Gasset, el receptor es él y su circunstancia. Para que el proceso de comunicación culmine y a fin de que sea posible entender cómo se desarrolla hay que tomar en cuenta, además del continente  y el contenido, al contexto en el cual un mensaje se decodifica.

   Esa circunstancia es creada, en parte, por las características técnicas del medio (la televisión reclama la mirada y el oído, el diario requiere que abramos sus páginas manualmente, etc.) y por condiciones materiales y anímicas del receptor. Cada medio tiene lenguajes y estilos que condicionan las maneras como sus mensajes pueden ser aprehendidos. La televisión, exigente con sus audiencias, impone una atracción magnética; la radio envuelve a través del oído y provoca la imaginación; la prensa obliga a un esfuerzo de concentración peculiar con la vista y la atención fijas. Todo esto es muy evidente. Pero hasta ahora se ha reflexionado poco acerca de las condiciones que Internet produce como medio de comunicación y que, a su vez, condicionan las maneras en que sus mensajes son percibidos.

Cibernautas del multimedia y el hipertexto

   La singularidad de un medio de comunicación depende de las capacidades que tenga para interesar e involucrar a los destinatarios de sus mensajes. Por ejemplo, la proyección de una película en una sala cinematográfica es envolvente y la pantalla, iluminada en medio de un entorno oscuro, nos obliga a supeditarnos a la sucesión de imágenes que desfilan sobre ella. La televisión requiere que nos coloquemos frente a ella y su eficacia radica en la combinación de imágenes y sonido que se sobreponen a su entorno –si queremos conversar con alguien es preciso reducir el volumen del sonido y si la charla es algo más que casual debemos apartar la mirada del televisor para ver a nuestro interlocutor–­.

   ¿Cuál es el contexto que establece la comunicación a través de la computadora y específicamente Internet? ¿Qué exigencias y condiciones implica esta forma de comunicación? En la Red se pueden reconocer la atracción visual, de intensidad que llega a ser hipnótica, que tiene la televisión. También tenemos texto e imágenes fijas como en la prensa y sonido igual que en la radio.

   Inclusive algunos de los hábitos en el consumo de los medios tradicionales se reproducen en Internet. Igual que pasamos las páginas de un diario podemos recorrer una página en la red deslizando el cursor. Así como hacemos zapping delante del televisor es posible brincar de uno a otro sitio web. De la misma manera que podemos leer una revista mientras escuchamos un disco de música, podemos acompañar nuestra exploración en Internet con sonido de fondo. Todas esas son rutinas en el empleo de los medios convencionales que ha sido posible trasladar al uso de Internet. Pero la red de redes no se singulariza por su atracción visual, ni por la posibilidad de incorporar sonido, ni por su capacidad para propagar imágenes y texto. Lo que distingue a Internet de otros medios es la amalgama de todos esos formatos y recursos y su carácter abierto tanto en la variedad de contenidos, como en las opciones que ofrece para que sus consumidores interactúen –o no– delante de ellos. Se trata de un instrumento multimedia y con capacidades de intercambio recíproco.

   El profesor Charles Soukup ha identificado las actitudes más frecuentes en la aproximación de los estudiosos de los medios a la comunicación mediada por computadora (CMC): “En general, los investigadores y teóricos se han acercado a la CMC desde tres amplias perspectivas. Primero, un grupo pionero de investigadores vio al contexto de la CMC como impersonal, técnico y distante. En respuesta a esa investigación temprana, un segundo grupo de investigadores miró a la CMC como personal, normativa y compleja. En tercer término, muchos académicos críticos y retóricos han ofrecido su análisis de las implicaciones sociales de la CMC. Desafortunadamente… esas perspectivas a menudo han sobre enfatizado los códigos textuales de la CMC y han fracasado al registrar las complejas aplicaciones multimedia” (Soukup 2000: 411).

   La red de redes se apoya en formatos multimedia y sus contenidos se relacionan de manera versátil y flexible a través de enlaces de hipertexto. La multimedia implica la fusión de recursos de los medios tradicionales –audio, texto, video– gracias a la digitalización de la información. El hipertexto resulta del empleo de programas de cómputo para ofrecer distintas opciones de recorrido “a partir de un texto principal, donde el usuario puede vincular información secundaria o explorar referencias cruzadas de manera no lineal” (Regil 2001: 23). Las ligas que aparecen en una página web nos permiten saltar a otro lugar de ese sitio o a un domicilio diferente dentro de la red de redes de tal manera que tenemos la capacidad de organizar nuestra lectura de acuerdo con nuestros intereses y prioridades.

   Cuando leemos un libro nos ajustamos al recorrido que su autor ha establecido previamente. Cuando pasamos por las páginas de una revista elegimos en qué textos o fotografías detenernos pero siempre dentro de los confines de esa publicación impresa. En Internet en cambio según nuestros caprichos o inclinaciones podemos organizar nuestra lectura, dicho sea de la manera más amplia porque en la pantalla no leemos solo caracteres lingüísticos sino además imágenes y sonidos –y ya se incursiona en la incorporación de sensaciones táctiles y olfativas e incluso sabores que podrán ser percibidos a través de instrumentos incorporados al ordenador–.

   La organización multimedia de los contenidos en la red de redes no propone caminos únicos sino tantas rutas como quiera el afán exploratorio del consumidor de esa información. Desde luego casi siempre hay opciones que sus editores proponen para aprehender los contenidos de un sitio web, especialmente aquellos que reproducen contenidos de los medios tradicionales. La página en Internet de un periódico que además circula de manera convencional imita la lógica de la edición impresa: primera plana, secciones de finanzas, deportes, comentarios, etcétera. El usuario puede seguir ese orden tradicional o modificarlo, de la misma manera que quienes prefieren comenzar por la sección deportiva del diario. Pero a diferencia del lector de la edición en papel y tinta, el consumidor de la versión electrónica puede volver o avanzar a cualquier zona del periódico tan solo con hacer click en una liga de hipertexto.

   El consumo de contenidos en este formato exige de un comportamiento más activo que el de quien mira el televisor o pasa las páginas de un diario. A diferencia de la lectura lineal, la comunicación hipertextual asume características de un viaje. Con razón, al uso de Internet se le llega a denominar navegación. Nadie habla de navegar a través del televisor pero sí mediante la red de redes.

   No hay telenautas pero sí cibernautas: esa connotación de desplazamiento y migración se la confieren a Internet y a sus usuarios tres características: a) las dimensiones de la red de redes, b) la ubicuidad constante de sus sitios independientemente del emplazamiento desde donde los rastreemos gracias a nuestro navegador y c) la posibilidad de brincar de un sitio a otro en un recorrido que trasciende entonces la lógica del desplazamiento lineal y territorial que hasta ahora había sido convencional.

Multimedia + interacción = hipermedia

   Otra diferencia definitoria y esencial entre Internet y los medios convencionales radica en las cuantía de los canales emisores y en las dimensiones de los contenidos. La televisión, incluso actualmente cuando es posible la recepción de centenares de canales a través de una sola antena satelital o por un solo cable tiene una capacidad limitada: no podemos recibir más señales que las que pasan por el traspondedor del satélite o las que pueden ser conducidas en la fibra óptica. Un diario o una revista son acotados por el continente de sus mensajes que son las páginas en las que puede imprimir.

   En cambio en Internet el continente y los contenidos tienen capacidades cuantitativamente ilimitadas –o casi–. La cantidad de sonidos, imágenes fijas o en movimiento, texto y cualquier tipo de archivos digitalizados que puede albergar la Red es tan amplia como la capacidad de almacenamiento de las computadoras que alojan páginas y sitios web.

   Navegar por Internet es, potencialmente al menos, una aventura que puede cursar por senderos versátiles, exuberantes e incluso inesperados. El formato multimedia enriquecido por las características digitales –aunque con la limitación que todavía significa el llamado ancho de banda al que nos referimos más adelante– amplía las capacidades que cada medio tiene por separado. Ese atributo,  al amalgamarse con la vasta capacidad de almacenamiento que le confiere su condición de red de redes, sin un centro único y diversificada en centenares de miles o millones de computadoras que alojan contenidos, permite que Internet sea un medio de medios: el multimedia que alcanza la condición de hipermedia.

   El hipermedia mezcla atributos de los medios convencionales, propone opciones versátiles para la apropiación de los mensajes y exige una atención e incluso un compromiso intensos por parte de sus usuarios. Por hipermedia se entiende el: “Sistema informático de combinación de texto, imagen y audio, diseñado y producido con intenciones determinadas, que –en términos generales– pueden ser: educar, entretener o informar. Una vez producido, las formas de interrelacionar los elementos del conjunto, dependerán de la capacidad de interacción usuario-contenido. Su característica fundamental, y quizás la más revolucionaria, es la posibilidad de enlace entre diferentes medios que lo componen (texto, imagen y audio). Particularidad que permite la ruptura de la estructura lineal, presente de hecho, hasta hace poco, en todos los medios” (Regil 2001: 50).

   Los medios tradicionales difunden hacia públicos masivos, en tanto que Internet propaga sus contenidos a audiencias de lo más diversas –independientemente de que sean abundantes o limitadas–. Esos contenidos son finitos en los medios tradicionales pero Internet prácticamente no tiene barreras para albergar toda clase de mensajes. A los medios convencionales se les suele consumir en localidades específicas (con excepción de casos peculiares como el que constituye la CNN, de alcance planetario o casi) y a Internet se puede acceder dondequiera que haya computadora, módem, línea telefónica o otra clase de conexión a la red de redes.

   En algunos aspectos Internet supera características de los medios tradicionales. En otros, no. De hecho, ponerla en contraste con ellos no constituye la mejor manera de entenderla. Si estamos de acuerdo en que Internet es un medio de comunicación específico, distinto a otros aunque tenga rasgos de los medios tradicionales, también podremos admitir que no es necesario encontrarle ventajas sobre ellos para advertir sus posibilidades distintivas.

   Sin embargo el discurso más frecuente acerca del futuro de Internet como medio de comunicación sugiere que solo alcanzará sus capacidades plenas cuando haya podido fusionarse con la televisión. Pareciera que los promotores industriales y los diseñadores técnicos de la red de redes no estarán satisfechos sino hasta que Internet desplace a la televisión tal y como la conocemos hasta ahora.

   Posiblemente con el tiempo, además del desarrollo tecnológico y su propagación entre la gente, Internet quede incorporada a un sistema de comunicaciones que se difunda por canales de información digital diseminados a la manera en que ahora funciona la red de redes. La televisión, o el dispositivo multimedia que la sustituya, será una de las vías de salida, aunque no la única, de los contenidos que ahora conocemos a través de Internet y de los muchos más que serán elaborados y colocados en línea. Pero es difícil hacer pronósticos tajantes, de la misma forma que resulta apresurado decir que Internet no se realizará como medio de comunicación sino hasta que esa simbiosis tenga lugar.

Angosto ancho de banda y extensa brecha digital

   Aunque al terminar el primer año del siglo XXI la capacidad de la red de redes es notablemente superior a la que tenía una década antes, cuando surgió la world wide web, todavía es casi imposible recibir a través de Internet mensajes audiovisuales de un tamaño similar a los que obtenemos a través de la televisión. Quienquiera que haya visto televisión difundida por Internet conoce su deficiente calidad, resultado tanto de la velocidad con que se envían por la Red  los paquetes de información como de la memoria no siempre óptima de los equipos de cómputo que empleamos para conectarnos a ella. El desarrollo de las comunicaciones electrónicas llegará a ofrecer velocidades muy superiores pero para ello faltan varios años, incluso con la propagación de conexiones satelitales que son notoriamente más rápidas pero de mayor costo que las que se apoyan en la línea telefónica o en el cable coaxial.

   El “ancho de banda” (bandwith) como se le llama a la cantidad de datos que se pueden transmitir por una línea conectada a Internet, aun no permite la difusión de señales audiovisuales de calidad equiparable a la que tenemos en la televisión convencional. Sin embargo ya es usual la difusión por Internet de estaciones de radio con un sonido de calidad digital aunque eventualmente interrumpido por las desconexiones o las alteraciones en el enlace de un equipo de cómputo a otro.

   La escasez del ancho de banda se resolverá conforme se desarrolle la tecnología, lo cual irá acompañado de inversiones financieras que harán posible esa evolución. En cambio para solucionar la otra gran limitación que tiene Internet y que es su pobre presencia en la mayor parte de los países se requieren tecnología y dinero, pero también políticas estatales que no siempre cuentan con la permanencia, la solidez, los recursos y la visión de futuro que se necesitan para la propagación de la red de redes. En tanto que en los países más desarrollados en América del Norte y Europa los usuarios de Internet a fines de 2001 alcanzan ya a la cuarta parte de la población y en algunos casos llegan a la mitad o más, en el resto del mundo representan unos cuantos puntos porcentuales.

   En el umbral de 2002 en Australia el 26% de la población tiene conexión a Internet, en Bélgica el 26%, en Canadá el 45%, en Finlandia el 39%, en Francia el 18%, en Alemania el 31%, en Irlanda el 25%, en Italia el 19%, en Japón el 18%, en Noruega el 49%, en Holanda el 43%, en Portugal el 20%, en España el 18%, en Suecia el 51%, en Suiza el 47%, en el Reino Unido el 55% y en Estados Unidos el 61%.

   En América Latina, en Argentina tiene acceso a Internet el 5.5%, en Brasil el 3.5%, en Chile el 12%, en Colombia el 1.7% , en Cuba el 0.4% y en México el 2.5%.

   Esa situación no mejora en otras zonas del mundo. En China solamente tiene acceso a Internet el 1.7%, en Egipto el 0.65%, en la India el 0.5%, en Filipinas el 2.4%, en Marruecos el 0.17% y en Rusia el 5.2% para no referirnos a la mayoría de los países de África o Asia. Estos porcentajes los hemos calculado a partir de la información, originada en numerosas fuentes, que compila y actualiza regularmente el INT Media Group (CyberAtlas, 2001). Estos datos cambian constantemente y en algunos casos no se trata de los más recientes, pero dan una idea de la dispar distribución del acceso a Internet en el planeta.

   La brecha digital como la han denominado numerosos investigadores y activistas preocupados por el insuficiente crecimiento del acceso a Internet en el mundo menos desarrollado no se resolverá pronto ni de manera uniforme. Se trata de la expresión informática de las desigualdades que cruzan al mundo y también, de las que existen en cada país. Es pertinente reconocerla para acotar los alcances de Internet como medio de comunicación. Sin demérito de las capacidades que tiene en sí misma, la red de redes no puede comunicar nada en donde no hay equipo ni capacidad técnica para conectarse a ella.

   El siguiente cuadro ha sido elaborado con porcentajes calculados a partir de una fuente distinta de la anterior y por eso la proporción de usuarios de Internet respecto de la población no coincide con las cifras que mencionamos líneas atrás. Los datos de este cuadro son previos a los que registra la fuente mencionada en los párrafos anteriores pero permiten comparar la gran diferencia que hay entre el acceso a la red de redes y el consumo de otros medios –el teléfono y la televisión– en algunos países de América Latina.

 

Teléfonos, usuarios de Internet y televisores en

nueve países de América Latina.

Porcentajes sobre población

 

Líneas telefónicas principales

Usuarios de Internet

Televisores

Argentina

20.1 %

2.47 %

28.6 %

Brasil

14.9

2.08

31.6

Colombia

16.0

1.4

21

Costa Rica

20.4

3.8

22

Chile

20.7

4.1

23

México

11.2

2.6

25.3

Perú

6.7

1.6

14

Uruguay

27.1

9.0

52

Venezuela

10.9

1.7

18

Datos elaborados a partir de INEGI, 2001

 

   Es difícil estimar a cuánta gente sirven un televisor o una línea telefónica pero es usual considerar que si se encuentran instalados en una vivienda son aprovechados por entre 4 y 5 personas en promedio. Eso indicaría que en casi todos los países mencionados en la tabla anterior la televisión tendría una cobertura casi completa entre la población, en tanto que la telefonía alcanzaría cerca del 50% en la mayoría de ellos, sin contar la existencia de teléfonos celulares que se están convirtiendo en una alternativa de gran crecimiento frente al servicio alámbrico en casi todos los países de la región. En todo caso, la tabla permite apreciar el abismo que se mantiene entre el uso de la televisión y el acceso a Internet. La cantidad de usuarios de la red de redes ha crecido de manera muy notable particularmente a partir de 1998, pero es posible que ese ritmo de expansión se detenga dentro de pocos años.

 

Virtualidad en tres tiempos

   A lo virtual se le entiende como implícito, aquello que es tácito o está sobrentendido: “que tiene virtud para producir un efecto aunque no lo produce de presente… que tiene existencia aparente y no real”, señala entre otras acepciones el Diccionario de la Lengua Española  de la Real Academia. Lo virtual es algo que no alcanza su plenitud: aquello que todavía no es del todo.

   Ante datos como los que mencionamos en páginas anteriores y que dan cuenta de la desigual inserción de Internet en el mundo –y entre otras regiones en América Latina– es posible considerar que la comunicación a través de la red de redes es virtual en más de un sentido. Lo es en la acepción más frecuente que califica como virtual a la comunicación de carácter digital que no tiene densidad física y que articula mensajes y contenidos a partir de la combinación de bytes organizados merced a un programa de cómputo.

   Pero esa comunicación en un mundo en donde Internet se ha desarrollado de manera heterogénea, muy concentrada en el norte y dispareja en el sur, también resulta virtual debido a su todavía insuficiente cobertura entre la población.

   En una tercera acepción, podemos considerar que la que se efectúa a través de Internet es una comunicación virtual porque no siempre se completa el camino de ida y vuelta que define al proceso comunicacional cuando existe de manera completa. Los medios tradicionales fallan en ese aspecto porque propagan mensajes enviados por pocas personas hacia muchos destinatarios, los cuales no tienen oportunidad de replicar.

   La comunicación, decíamos antes, existe cuando hay receptores y la comunicación plena se realiza cuando los receptores pueden responder a los contenidos que han recibido. En tal sentido Internet parecería el medio de comunicación por excelencia: cualquier usuario puede ser, a su vez, productor de mensajes. Por eso Internet ha sido, en sus fundamentos, la realización de las utopías comunicacionales que, en sus críticas a los medios convencionales, siempre deploraron la imposibilidad práctica para que los ciudadanos contasen con vías expeditas y permanentes para expresarse delante de los contenidos de la televisión, la prensa o la radio industrializadas.

   En Internet existe la posibilidad, al menos hipotéticamente, para que los destinatarios de un mensaje respondan a él. Ante los contenidos que miramos o recibimos al abrir una página web casi siempre hay cauces para que manifestemos nuestra opinión, o para que los completemos o maticemos con nuestras propias elaboraciones o respuestas a través del correo electrónico, en los foros de discusión (chats o tableros electrónicos) o inclusive colocando nuestras propias páginas en la Red. Sin embargo esa es una oportunidad que pocos usuarios de Internet aprovechan.

   Aunque sus características técnicas y su esquema descentralizado permiten que Internet sea un mecanismo de comunicación de ida y vuelta, no es frecuente que esa opción sea utilizada por la mayoría de los cibernautas. La navegación en la red de redes suele ser fundamentalmente contemplativa y solo en pocos casos se convierte en participativa.

   De esta manera la comunicación en la Red es virtual no solo porque los contenidos que se difunden en ella carecen de la corporeidad o densidad física que tiene la realidad, o debido a su insuficiente cobertura en la sociedad. Además se le puede aplicar ese adjetivo porque no llega a ser una comunicación en donde los receptores se asumen como emisores.

   Incluso cuando aprovechan las capacidades de la Red para hacerse oír y ver y no solamente escuchar y mirar lo que dicen otros, los internautas tienen pocas posibilidades de ser atendidos. A menudo colocar una página web es como echar una botella al mar. Un usuario de Internet puede armar su propio sitio, contratar un servidor en dónde alojarlo y esperar infructuosamente a que sea visitado porque la oferta de contenidos en la Red se encuentra dominada por las páginas con mayores recursos para publicitarse y para ofrecer materiales más vistosos y abundantes.

   La diferencia, si acaso, radica en que podemos saber si  esa botella que hemos arrojado al océano de las redes es recogida por alguien, siempre y cuando el servidor en el que alojamos nuestra página registre las visitas que recibe. Además quien lo desee puede replicarnos por e-mail.

   No hay acuerdo acerca del tamaño de Internet porque las metodologías para evaluarlo son distintas. Las empresas y los centros de investigación que han empleado rastreadores para identificar cuántos sitios se encuentran alojados en los servidores conectados a la Red suelen contabilizar domicilios registrados pero que en ocasiones no tienen contenido, o que repiten el contenido de otros. Un acercamiento más reciente al tamaño de la red de redes ha sido emprendido por el Online Computer Library Center de Ohio, que estimó la existencia de 8 millones 745 mil sitios web a mediados de 2001 (OCLC, 2001). Esa cifra se refiere a los sitios y no al número de páginas web –un sitio está conformado por una o por más páginas– y es muy baja en comparación con otras evaluaciones del tamaño de la world wide web, pero constituye una plataforma mínima para apreciar el crecimiento de la Red. Si comparamos esos datos con la cantidad de usuarios de Internet en todo el mundo tenemos que cada vez hay, proporcionalmente, menos sitios.

   Con el propósito de contrastar los datos sobre sitios web que manifiesta e la fuente antes mencionada con la cantidad de usuarios que ha tenido la Red, acudimos a las estimaciones demográficas de la empresa Global Reach. De esa comparación provienen los resultados que mostramos en la siguiente tabla.

 

 

Usuarios de Internet por cada sitio web

 

 

Número de sitios web (1)

Usuarios de Internet (2)

Promedio de

usuarios por

cada sitio web

1997

1, 570, 000

 70 millones

   44.6

1998

2, 851, 000

117 millones

   41

1999

4, 882, 000

245 millones

   50

2000

7, 399, 000

391 millones

   52.8

2001

8, 745, 000

490 millones

   56

Fuentes: (1) OCLC: 2001 

(2) Global Reach: 2001

 

   Las cifras son, en todo caso, indicativas. Pero muestran una tendencia sugerente. Desde luego cada vez hay más sitios y más usuarios de Internet. Pero todo parece indicar que los sitios aumentan proporcionalmente menos que la cantidad de internautas, de tal manera que cada vez tenemos más usuarios por cada sitio en la world wide web. A diferencia de 44.6 usuarios por sitio, en promedio, que se registraban en 1997, cuatro años más tarde tuvimos 56 usuarios por cada sitio en la Red. La cantidad de sitios en la Red creció 557% pero los usuarios aumentaron 700%.

   Ese dato confirmaría la tendencia a la concentración de las páginas, especialmente las de mayor audiencia, en menos manos. Además se verifica un comportamiento cada vez menos activo de los usuarios de Internet. Aparentemente, aunque sus usuarios eran menos, en los primeros años de la red de redes había mayor interés e intensidad participativas en comparación con el panorama que se dibuja al comienzo del siglo XXI. Los pioneros en el uso de la Red tenían mayor disposición a la interactividad que muchos de los internautas que en los años recientes se han incorporado a Internet.

 

Internet delante de los otros medios

   Internet seguirá definiendo sus propias características que la distinguirán de otros medios de comunicación. Gracias a ello se ampliará la oferta de contenidos entre los cuales los públicos de los medios pueden elegir sus opciones de entretenimiento, ilustración, información o incluso educación. Paso a paso, aunque se trata de trancos que da con gran rapidez, la Red precisará los rasgos mediáticos que comparte y sobre todo aquellos que no ofrecen otros medios.

   El continente de los mensajes en Internet es claramente distinto: se trata de paquetes de información digitalizada que son conducidos a través de una estructura reticular, a diferencia de la transmisión o edición centralizadas que define a los medios tradicionales. Ese formato nos permite acceder a contenidos muy diversos, casi ilimitados, desde donde sea y en cualquier momento: sin restricciones espaciales ni temporales.

   El contenido es en parte el mismo de los medios convencionales pues las empresas mediáticas, salvo excepciones, no han sabido diseñar mensajes peculiares para la red de redes. Al menos en una fase inicial la han concebido solamente como un espacio adicional para propagar el material que difunden a través de los canales tradicionales –es paradójica, digámoslo solo de paso, la inhabilidad de los grandes consorcios de la comunicación para entender a Internet como un medio singular que amerita y exige contenidos, lenguaje, cadencias y estilos distintos a los que definen a medios como la televisión y la prensa­­–. Junto a esos contenidos se encuentran muchos otros, menos respaldados por la promoción de los sitios con mayor sustento comercial pero de imaginación, originalidad, versatilidad y abundancia prácticamente inagotables. Se trata de sitios y páginas web colocados con el afán de comunicar de la manera más elemental: sus autores, simplemente, dicen allí sus verdades e inquietudes buscando suscitar el interés de otros. Se trata del mismo procedimiento con que se busca iniciar una conversación en la vida fuera de línea. En ese sentido a Internet se le puede considerar como el espacio oceánico en donde se despliegan innumerables pláticas en busca de interlocutores. De sus usuarios depende que Internet se convierta en una inagotable y estéril suma de diálogos de sordos, en simple cháchara inservible y baladí o, como sería deseable, en una conversación ilimitada.

   El contexto que Internet les impone a sus usuarios y aquel en el que se desarrolla como medio, también está en construcción. Por lo pronto se ha afianzado como instrumento de consumo personal en donde la socialización ocurre gracias a las redes que nos comunican con otros pero no delante de ellas (como cuando miramos la televisión junto con otros) ni solo como consumidores pasivos de lo que otros dicen como cuando leemos en los diarios las ideas o informaciones de otros. Las vías técnicas para apropiarnos de los contenidos de Internet evolucionarán de manera drástica y constante. Pero en lo fundamental, todo parecería indicar que seguirá siendo esa colección de espejos de la realidad que ha cautivado e inquietado en los primeros diez años de existencia de la world wide web, cuya estructura descentralizada y reticular le confiere una flexibilidad y agilidad que no tienen los medios convencionales. Tanto o más que respecto de cualquier otro medio en Internet se cumple el diagnóstico del canadiense Marshall McLuhan: las características merced a las que se propaga contribuyen a determinar el contenido, el medio es el mensaje.

   La gran pregunta que podemos seguir haciéndonos delante de Internet es para qué nos sirve la sofisticación tecnológica que nos permite hurgar en el contenido depositado en las computadoras más remotas, explorar archivos textuales, icónicos o multimedia, charlar en tiempo real con gente de la que jamás nos hubiéramos enterado de otra manera, discutir sobre temas en los que somos reputados expertos o sobresalientes ignorantes y colocar lo mismo la información más útil para algunos que la más anodina o agresiva para muchos.

   Pero esa es una pregunta que sigue siendo pertinente para todos los medios y nos la hacemos cada vez que constatamos la programación baladí e irresponsable que caracteriza a la televisión comercial en todo el mundo, o las prácticas abusivas que la prensa mercantil suele desplegar para vender ejemplares.

   Internet, como colección de espejos que es de la realidad, también reproduce errores, necedades y excesos de los medios convencionales. Quizá alcance a ser útil para atemperar, analizar y entender esos rasgos y en vez de solamente remedarlos pueda contribuir a superarlos. Si la Red sirve, entre otros propósitos, como espacio para la discusión, la vigilancia, el contraste y el uso creativo de los medios de comunicación tradicionales podría llegar a ser un espacio auténticamente hiper mediático: no más allá del resto de los medios ni sobre ellos, sino capaz de llevarlos a estar al servicio del diálogo entre la gente para aclarar, distender y entonces resolver sus conflictos y carencias.

   En un mundo creciente y constantemente comunicado, pero en donde siguen ausentes explicaciones muy elementales y en el cual las personas y los países suelen recelar y arremeter antes de dialogar, esa es la gran conversación que sigue pendiente.

 

Granja de la Concepción,

Ciudad de México,

diciembre 31 de 2001

 

Libros y sitios consultados

-Manuel Castells, The Internet Galaxy, Oxford University Press, 2001.

-CyberAtlas, “The world’s online populations”,

http://cyberatlas.internet.com/big_picture/geographics/article/0,1323,5911_151151,00.html , lectura tomada en diciembre de 2001.

Luis Ángel Fernández Hermana, En.red.ando. Ediciones Zeta, 1998. El

         texto que citamos fue inicialmente publicado en mayo de 1996.

Global Reach, “Evolution & proyections of online populations”.

         http://www.glreach.com/globstats/evol.htm , consultada en

 septiembre de 2001.

INEGI, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática,

         México en el mundo. México, 2001.

Online Computer Library Center, “Web characterization”,

         http://wcp.oclc.org/, consultada en diciembre de 2001.

Mark Poster, What´s the matter with the Internet. University of

         Minnesota Press, 2001.

Public Broadcasting System, PBS Life on the Internet.

         http://www.pbs.org/internet/timeline/index.html  Datos de 1997.

Laura Regil Vargas, La caverna digital. Hipermedia: orígenes y

         características. Universidad Pedagógica Nacional, México, 2001.

Tiffany Shlain, “State of the Web: Glass half full”, entrevista en la

página de Cnet.com: http://news.cnet.com/news/0-1014-201-8159417-0.html, diciembre 2001.

Charles Soukup, “Building a theory of multimedia CMC”, en New media

         and society. Vol. 2, Num. 4, december 2000.

UCLA, The UCInternet Report 2001 – “Surveying the Digital

         Future.”  www.ccp.ucla.edu

Internet es el futuro

Ensayo publicado en el libro DIREITOS À COMUNICAÇÃO NA SOCIEDADE DA INFORMAÇÃO que, coordinado por el Dr. Jose Marques de Melo, fue publicado en 2005 por la Universidad Metodista de Sao Paulo.

 

El 11 de septiembre de 2001, igual que el mundo entero, la Internet quedó pasmada. Durante varias horas los sitios de noticias más conocidos, todos ellos estadounidenses, fueron colmados por la demanda de información provocada por el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y más tarde, el asalto al Pentágono en Washington. Entre las 9 y las 10 de la mañana, hora del Este americano, las páginas de CNN.com, NYTimes.com y ABCNews.com eran inaccesibles para la mayoría de los internautas de todo el mundo que buscaban saciar su inagotable necesidad de informaciones. El atentado terrorista fue tan monstruoso y al mismo tiempo tan explicable que centenares de millones de personas querían, si no respuestas, al menos nuevos ecos de la tragedia además de los que ofrecían los medios de comunicación tradicionales. Durante todo el día el acceso a esas y las páginas de MSNBC.com y USAToday.com entre otras, fue varias veces más lento que en circunstancias regulares. A fin de aligerar el volumen de información digital que sus servidores enviaban a cada usuario esas empresas modificaron sus home pages, simplificando el diseño y limitando la información a unos cuantos titulares y algunas fotografías. La página de entrada de CNN.com que suele “pesar” 255 kilobytes quedó reducida a 20 kbs. para que más gente pudiera tener acceso a ella [1].

   Ese día, en medio de la enorme tragedia en Nueva York y Washington, la Internet manifestó las limitaciones que todavía la atajan y las virtudes que podrá desplegar en el futuro inmediato. Los servidores de las empresas noticiosas no se dieron abasto para enviar información a una cantidad inusitada de internautas pero decenas de millones sí pudieron conectarse a algunas de esas páginas. Luego, conforme avanzaron ese y los siguientes días las noticias de la penosa búsqueda de víctimas y la discusión sobre qué podían hacer Estados Unidos y el mundo ante el terrorismo se propagaron a través de millares de páginas en la red de redes.

   El 11 de septiembre la Internet y la televisión se ocuparon de la tragedia apoyándose mutuamente. Pocos minutos después de que el primer avión secuestrado se estrellara contra la Torre Norte en Manhattan los principales portales (como MSN.com y Lycos.com) así como los buscadores más concurridos (Yahoo.com. Altavista.com, Goggle.com) colocaron avisos para que todo aquel que accediera a ellos, si aun no lo sabía, se enterase del siniestro. Entonces se produjo un recorrido de ida y vuelta de la Internet a los medios convencionales. Los administradores de Goggle.com colocaron el siguiente aviso:

   “Si usted está buscando noticias, encontrará la información más actual en la televisión o en la radio. Muchos servicios de noticias en línea no están disponibles debido a la demanda extremadamente alta”.

   Goggle.com copió las portadas de los sitios de The Washington Post y la CNN para ofrecerlas a sus usuarios.

   La Internet contribuyó, de esa manera, a incrementar la audiencia de las cadenas de televisión. Para enterarnos de los asuntos más recientes o incluso para presenciarlos en directo como ocurrió con los atentados del 11 de septiembre el medio idóneo es la televisión. Para ofrecer información de contexto y espacios de discusión y retroalimentación la red de redes comienza a ser entendida como medio de servicio y no solo de entretenimiento.

   Una encuesta levantada al día siguiente por el Pew Internet and Life American Project confirmó que la gran mayoría de los estadounidenses prefirió a la televisión para conocer las secuelas de los atentados. El 81% obtuvo de la TV la mayor parte de la información acerca de esos acontecimientos. El 11% atendió preponderantemente a la radio y solamente 2% declaró haber preferido a la Internet. El 1% tuvo a los periódicos como fuente principal de información [2]. Ese y los siguientes días, en cambio, la participación en foros de discusión en la red aumentó al menos una tercera parte.

 

Hábitos, crecimiento y

desigualdades en la red

   Pero la Internet no se encuentra tan concurrida todos los días ni sus usuarios la emplean con tal intensidad para buscar informaciones de actualidad. En los países en donde este recurso informático se ha desarrollado más el empleo del correo electrónico es habitual y la consulta de datos, tanto para esparcimiento como para trabajar, se ha vuelto frecuente. En Estados Unidos en agosto de 2000 según un estudio gubernamental, el 80% de los usuarios de la Internet enviaban y recibían correos electrónicos y el 43.2% acostumbraba buscar información en sitios de noticias. El 35.3 recababa datos para asuntos relacionados con su trabajo y el 30% había realizado compras en línea (Gráfica 1).

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   En España según otra investigación, publicada en julio de 2001, prácticamente todos los usuarios de Internet lo son antes que nada de correo electrónico, el 82% consulta noticias y el 45.3% hace compras y casi el 40% descarga archivos de audio en formato MP3 (Gráfica 2). Las dos encuestas tienen parámetros distintos pero algunos de sus resultados se pueden comparar cotejando las dos tablas adjuntas.

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   La red es cada vez más útil como transmisora de noticias de actualidad y fuente de información documental, bibliográfica e institucional. Además nutre el esparcimiento de sus usuarios e incluso se ha constituido en guía para los más distintos espectáculos. No hay, hasta ahora al menos, una disminución significativa de la atención a otros medios por navegar en la red. Al contrario: las pautas de contemplación fundamentalmente pasiva que singularizan a los espectadores de los medios convencionales se han reproducido entre la mayoría de los usuarios de la red de redes.

   Casi todos ellos, especialmente en el espacio multimedia de la Internet que es la world wide web, se limitan a ser consumidores de datos. Solo una pequeña porción de internautas aprovecha a la red como espacio para ser ellos mismos propagadores de contenidos propios. Son muchos más quienes miran las páginas web de otros, que aquellos que enriquecen a la red con sus respectivos sitios. Aunque la cantidad de sitios ha crecido muy considerablemente, los usuarios de la red suelen buscar los mismos domicilios.

   La abundancia de información que hormiguea por la red de redes se ha convertido en prácticamente inasible por sus dimensiones colosales. Los más tecnificados buscadores de contenidos, como Goggle y Yahoo, apenas alcanzan a rastrear una quinta parte de todo el acervo –en donde hay de todo– en la WWW. La Internet se ha convertido en una sucesión de océanos en donde solo es posible no extraviarse si se tienen experiencia y brújulas adecuadas.

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   Hacia la mitad de 2001 existían casi 30 millones de sitios web, a los que no hay que confundir con las páginas en la red. Un sitio puede estar conformado por una o por varias (incluso millares) de páginas. Si consideramos que 8 años antes, en 1993 apenas existían 130 sitios, que cinco años antes (en 1996) eran 25 mil y que un año antes, en 2000, habían crecido a 17 millones, queda claro el desarrollo intenso y vertiginoso que ha tenido la Internet. La Gráfica Tres, elaborada con datos del investigador Robert H. Zakon, resulta muy explícita. El despegue de la red de redes ocurre a mediados de 1997 cuando alcanza más de un millón de sitios, se duplica al año siguiente y entre 1997 y 1998 crece dos veces y medio. Luego casi se triplica. En cambio el crecimiento entre 2000 y 2001 medido de junio a junio alcanza la tasa más baja en seis años. Las variaciones en el ritmo de desarrollo de sitios web aparece en la Gráfica 4. Cada vez hay más sitios, evidentemente, pero el ritmo de su crecimiento tiende a disminuir.

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   La Internet es más grande y sus navegantes aprovechan de ella recursos de índole muy variada, pero aun constituyen una porción pequeña de la población mundial. El acceso a este recurso informático se ha convertido en su principal limitación no solo desde la perspectiva de los intereses de cada nación sino, también, para el desarrollo de la red como opción mercantil. La debacle de las llamadas empresas punto com entra las cuales muchas hicieron severos ajustes o cerraron a partir del año 2000, se debe fundamentalmente a la sobre valoración que muchos de sus promotores habían hecho de la Internet. Se llegó a pensar que bastaba colocar un sitio en la red para que llovieran las compras y las inversiones. En la mayoría de los casos no ha ocurrido así porque los mecanismos de transacción comercial tradicionales no han sido sustituidos por los de carácter electrónico y, también, debido a que los usuarios de la Internet no son tantos como se había esperado.

   De todos modos suman un número respetable. Se estima que al finalizar 2001 habrá casi 500 millones de personas que, en todo el mundo, tienen acceso regular a la Internet [3]. Son muchos, pero apenas constituyen el 8% de la población mundial. Medidos de acuerdo con la cantidad de anfitriones o hosts (es decir, aparatos de cómputo conectados a la Internet) la Gráfica 5 muestra la evolución que ha tenido el acceso a la red de redes en una decena de países.

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   La concentración de las desigualdades económicas y sociales se traduce en mayores dificultades para el acceso a la red de redes. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano el año 2000 la cantidad de hosts por cada mil habitantes era de 0.4 en los países árabes, 0.6 en Asia Oriental y el Pacífico,   0.6 en Asia Meridional y 0.1 en el África Subsahariana.

   En América Latina y el Caribe esa proporción era de 5.6 y en Europa Oriental y la CEI de 4.7 anfitriones de Internet por cada millar de personas. En los países de alto ingreso de la OCDE esa tasa era de 96.9 [4].

   No hay que tener dotes proféticas para decir que en el futuro esas tendencias se mantendrán en lo fundamental, aunque a largo plazo el acceso a la Internet vaya siendo cada vez más amplio. Hay quienes estiman que en 2005 los usuarios de la red de redes serán mil millones, lo cual significaría un aumento del 100% en cuatro años. Entre 1995 y 2000 la cantidad de anfitriones de Internet creció de 1.7 a 15.1 por cada mil habitantes en el mundo [5]. La población en línea, según evaluaciones que parecen confiables, creció de 50 millones en 1996 a 117 en 1998, 391 en 2000 y llegará a 490 al finalizar 2001 [6]. Es decir, el número de internautas en el planeta se incrementó casi mil por ciento en ese lustro.

   La Gráfica 6 compara el crecimiento de los usuarios de la Internet en el mundo con el incremento en el número de sitios. En 1996 teníamos un sitio por cada 198 usuarios. En 1997 esa relación era de 62.7. a uno. En 1998, un sitio por cada 48.5 internautas. Al año siguiente 39.7 usuarios de la red por cada sitio, en promedio. En 2000 la relación fue de 22.84 por cada sitio. En 2001, contamos con 16.72 usuarios por cada sitio en la Internet. (La comparación es ligeramente forzada porque los datos de sitios web son a junio de cada año y los de usuarios reflejan las estimaciones totales al final de cada año, pero muestran un panorama significativo).

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Saturación y confusión. Los

internautas están fatigados

   Esas correlaciones parecieran indicar que cada vez tenemos una red más representativa de los intereses, la diversidad y las singularidades de sus usuarios. Eso es cierto solamente en parte. Cada vez más personas colocan su información en la Internet aunque sigan constituyendo un porcentaje modesto del conjunto de consumidores de ese medio. Sin embargo los sitios más visitados son unos cuantos en comparación con la descomunal cuantía de opciones que ofrece la Internet. Los usuarios de la red, al menos en Estados Unidos, visitan cada vez menos sitios web. El espíritu de exploración que animaba a quienes se sumergían en ella en los primeros años de la Internet, ha venido decantando en la consulta rutinaria a los mismos domicilios. En 2000 el 60% de los usuarios de la red en ese país se asomaba a más de 20 sitios al mes. Un año después la cantidad de sitios visitados se ha reducido a casi la mitad [7].

   Es paradójico: tenemos más sitios en la red pero la gente la recorre menos. Cada vez resulta más difícil hablar de navegantes como en los primeros tiempos de la Internet. Ahora la costumbre es recalar en los lugares ya conocidos, como si los internautas se hubiesen fatigado y ya no conservasen el espíritu de aventura y búsqueda que era considerado como uno de los atractivos de la red.

   Pero la Internet llegó no solo para quedarse, sino para crecer y diversificar su presencia en los más variados órdenes. En el futuro cercano el crecimiento de las personas con acceso a la red seguirá aumentando, particularmente en los países en donde apenas recientemente la Internet ha comenzado a acreditarse. Ese desarrollo seguirá supeditado a intereses fundamentalmente mercantiles en ausencia de políticas nacionales y regionales –que sean suficientemente eficaces, y con recursos– para promover el acceso de los ciudadanos a la Internet.

   Es previsible que el ritmo de crecimiento de los sitios web sea menor pero también, que una gran cantidad de los accesos de los internautas en todo el mundo sea a las páginas de las mayores corporaciones de la información y el entretenimiento –casi todas ellas asociadas a las empresas de medios tradicionales–. Así como el 11 de septiembre de 2001 los espacios más visitados en la red dirigieron a quienes los consultaban a la televisión que ofrecía información más oportuna y masiva, con frecuencia las cadenas televisivas recomiendan a sus espectadores que se asomen a sus respectivos sitios web.

   La brecha informática que existe entre las naciones y que escinde a las sociedades también se reproduce dentro de la red de redes. Aquellas empresas y personas con mayores recursos tecnológicos y financieros pueden no solo colocar, sino difundir, remozar y actualizar sus sitios en la Internet con más ventaja que los negocios pequeños o los ciudadanos comunes.

   En el futuro inmediato se mantendrán sin solución satisfactoria varios de los grandes dilemas que enfrenta hoy la Internet. Asuntos como la propiedad y la autoría de la información, la defensa de la privacía, la existencia de barreras culturales e idiomáticas que forman parte de la complejidad de las sociedades humanas y que en la Internet se reproducen y hacen patentes, serán vistos según la perspectiva de cada interesado en ellos. Tendrán que pasar más tiempo para que establezcamos consensos sobre derechos patrimoniales, respeto a la intimidad y reconocimiento de la diversidad en la Internet.

   Aun así la extensión de las redes en nuestras sociedades, su imbricación y complementariedad con otros medios y las posibilidades aun escasamente exploradas que ofrece para informar, recrear y educar, harán de la Internet no solo parte del futuro de la comunicación. La red de redes es el futuro y para admitir este diagnóstico es preciso considerar que su desarrollo tecnológico y su disponibilidad (ancho de banda, velocidad de conexiones, capacidad instalada en cada comunidad y hogar, etc.) apenas se están desarrollando. No es un futuro perfecto, ni mucho menos –y no nos referimos solamente al tiempo gramatical–. Se trata de un porvenir repleto de contradicciones y que, valgan la obviedad y el gerundio, apenas se están construyendo. Sobre todo, es altamente posible que la formidable capacidad que la Internet ofrece en ilimitados campos de actividad quede circunscrita por la preponderancia de unas cuantas empresas en el desarrollo y la promoción de la red.

   Junto con la brecha digital entre los países y también dentro de muchas naciones, la gran dificultad para usufructuar la Internet será cómo desbrozar entre millones de sitios y miles de millones de páginas la información que mejor nos pueda enterar, cultivar, auxiliar o entretener. Los ordenadores están dejando de servir como instrumentos para organizar la información para convertirse, antes que nada, en proveedores de ella a través de las conexiones digitales. Nuestras sociedades, incluso con respetables índices de acceso a la Internet, siguen padeciendo una suerte de analfabetismo digital: mucha gente se asoma a la red solo para cumplir con tareas elementales y rutinarias a semejanza de quienes, disponiendo de una enorme biblioteca, únicamente la utilizan para consultar recetas de cocina y la guía de teléfonos.

 

Granja de la Concepción, Ciudad de México, Septiembre de 2001




[1] Keynote, “News and events, september 12 2001”: http://www.keynote.com/press/html/091101.html

[2] Pew Internet & American Life Project, How americans used the Internet after the terror attack, http://www.pewinternet.org/reports/pdfs/PIP_Terror_Report.pdf

 [3] www.glreach.com/globstats

 [4] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, Informe sobre desarrollo humano 2001. México, 2001, p. 65

 

[5] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, cit., pp. 34 y 65.

[6] http://www.glreach.com/globalstats/evol.htm

[7] Amy Harmon, “Exploration of World Wide Web Tilts From Eclectic to Mundane”, en The New York Times, agosto 26 de 2001.

Lengua y periodismo en el kiosco electrónico. Prensa digital.

Lengua y periodismo en el kiosco electrónico (prensa digital)

ponencia para el tema “La Prensa” en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española Zacatecas, México 7-10 de abril de 1997

Maravilla y riesgo, la Internet es tan nueva que sigue suscitando los asombros más elementales. Todavía hay quienes suponen que cualquier dato, declaración o historia, por el solo hecho de estar en la red de redes, es auténtico o es cierto.

*** En noviembre pasado, el conocido periodista estadunidense Pierre Salinger anunció en París, en donde es corresponsal de una cadena de televisión estadunidense, que el avión 800 de la TWA que meses antes había estallado en el aire, fue alcanzado por un misil. La versión le dio la vuelta al mundo y no pudo ser confirmada. Al parecer, Sallinger la había obtenido de una página en la Internet, en donde esa especie circulaba desde hacía varias semanas.

*** Hace tres años, como todos sabemos, comenzó en Chiapas la rebelión del Ejército Zapatista. En varios sentidos ese movimiento, junto con sus discutibles protagonismos nada indígenas y sí de una ultraizquierda que se pensaba ya superada, ha resultado innovador, especialmente por su intensa capacidad para acceder a los medios de comunicación. A mediados de 1994, un estudiante de un colegio en Pennsylvania colocó en la World Wide Web una página con noticias del Ejército Zapatista. Entonces, hubo quienes pensaron que el subcomandante Marcos se comunicaba con sus simpatizantes a través de la Internet. No era cierto, entre otros motivos porque si usara un teléfono satelital Marcos sería vulnerable a un ataque aéreo, como le sucedió a un líder político en Chechenia que acabó fulminado mientras hacía una llamada. Pero aunque se ha explicado de diversas maneras que el EZLN no tiene acceso directo a la Internet [1], algunos de quienes han deseado maravillarse ante esa posibilidad extravagante y posmoderna no han querido creerlo. Hace un año, un profesor español que enseña en la Universidad de Berkeley rechazaba, indignado casi, nuestra explicación sobre ese asunto: no quería admitirlo, porque para él la figura idealizada del líder neozapatista estaba indisolublemente asociada a la Internet.

*** El año pasado en México el periódico La Jornada publicó, con gran despliegue, que había encontrado el domicilio electrónico del ex presidente Carlos Salinas. El autor de una columna especializada en asuntos de la Internet, halló en un directorio de domicilios electrónicos el nombre de Carlos Salinas de Gortari con una dirección falsa, puesta por algún bromista, que había asignado al ex presidente un curioso nombre de usuario: babaloco [2]. Aunque luego ese diario reconoció que el dato podía ser ficticio, no lo desmintió con claridad y muchos de sus lectores lo creyeron. Hoy en México, no pocos comentaristas en la prensa están convencidos de que el ex presidente tenía un e-mail con ese domicilio.

*** También a comienzos de 1996 llegó a México la historia, acuñada en Puerto Rico, de que una extraña criatura mezcla de vampiro y demonio asolaba en las zonas rurales destazando animales domésticos e incluso, atacando a seres humanos. La leyenda no había conmovido a los mexicanos hasta que el noticiero 24 Horas de Televisa presentó una ilustración tomada de Internet. No se dijo de qué home page, ni cuál era su autor, pero como provenía de una fuente tan sofisticada y junto con la propagación que le dio la televisión en cadena nacional, el “Chupacabras” se convirtió en parte destacadísima del imaginario social durante varias semanas.

*** Hace unos cuantos días, como es bien sabido, 39 personas se suicidaron en San Diego a consecuencia de una grotesca creencia. Al despojarse de sus “contenedores”, que es como denominaban a sus cuerpos, confiaban en alcanzar a una nave espacial que vendría tras el cometa Hele-Boop que en las actuales fechas cruza por esta región del cosmos. El suicidio colectivo en Rancho Santa Fe, aparte del horror y la descomposición social que en sí mismo implica, ha sido notorio por el uso que ésos miembros del grupo denominado “Puerta del Cielo” hacían de la Internet. Por si alguien tenía dudas, allí se demuestra cómo, junto a informaciones y materiales del mayor rigor científico, en la red de redes se propagan las supercherías más extravagantes.

* * *

Uno de los grandes riesgos, quizá el mayor, de la Internet, es la abundancia de trivialidades, basura y mentiras que circulan por el ciberespacio. Por eso es preciso tomar con reservas, muchas de las informaciones que aparecen allí. En la prensa de todo el mundo e Iberoamérica no es la excepción, todavía se le da carta de credibilidad aún a las informaciones más caprichosas tan sólo porque aparecen en una página electrónica. Eso no ocurriría si a la Internet no se la siguiese viendo con una actitud de mistificadora ignorancia. Con similar posición, docenas de empresas editoriales en nuestros países, igual que en el resto del mundo, han inaugurado sus páginas electrónicas sin saber bien a bien de qué les servirán.

La Internet es tan nueva como medio de comunicación con sus propias singularidades, que la evaluación de sus auténticos usos y alcances sólo puede hacerse de manera provisional. Ni siquiera sabemos cuántos cibernautas hay en el mundo (los cálculos varían entre 25 y más de cien millones de personas) y menos aún cuántos de ellos tenemos en los países de lengua castellana. Lo que sí puede documentarse, aunque tampoco hay datos específicos entre otros motivos porque se trata de un panorama que constantemente cambia, es la enorme mayoría de sitios diseñados y leídos en y desde países anglosajones. El inglés es, sin lugar a dudas, el idioma de la Internet. Y así, también indudablemente, seguirá ocurriendo. Por mucho que algunos gobiernos, universidades, publicaciones, empresas de toda índole y ciudadanos a título individual cotidianamente abren espacios en la Internet con contenidos en nuestro idioma, prácticamente todos ellos invariablemente remiten a home pages en inglés. Es más: para saber qué hay en la Internet en castellano, tenemos que acudir a índices, o localizadores, que funcionan en inglés. Resulta inútil y sería un tanto ingenuo quejarnos por esa situación. Simplemente, vale la pena que no la olvidemos entre otros motivos porque no deja de resultar peculiar que hablemos del web, los sites, los bytes y el e-mail en un congreso de la lengua española. Así es el mundo y al menos, así es esa colección de espejos del mundo que tenemos a nuestra disposición, para maravillarnos y servirnos o para turbarnos y quitarnos el tiempo, en la red de redes que es la Internet.

En el amplio ciberespacio, la prensa

en español es casi inexistente

*** En esa colección de espejos, la mayoría de los sitios disponibles son para el ocio. Es falso que la Internet sea, hoy, un repertorio de espacios que fundamentalmente sirvan para la información y la creación. Aunque una de sus singularidades respecto de otros medios de comunicación es su capacidad para la interactividad, en la Internet casi todo es contemplación, sobre todo de sitios de entretenimiento. Eso sí, como es bien sabido, hay esparcimiento para todos los gustos.

Al momento en que escribimos estas líneas, la noche del sábado 29 de marzo, estos son los temas por los cuales están preguntando los usuarios del localizador Excite, uno de los índices más extensos y populares que hay en la Internet.


 

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clubmed pay and rank

lilkim economic interdependence

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download blood oak technology

today fan clubs [3]

En la Internet hay de todo –negocios y espectáculo, aprendizaje y holganza, ideas y tonterías, creatividad y depravación–. También hay espacio para la prensa. El kiosco digital que encontramos en la red de redes se compone de versiones electrónicas de publicaciones cuyo principal mecanismo de distribución está en sus ediciones impresas y, por otro lado, publicaciones que son producidas específicamente para la Internet.

No existe un índice completo, ni suficientemente confiable, de la prensa electrónica –menos aún lo hay de las publicaciones “en línea” en idioma español–. Uno de los sitios que proporcionan acceso a una mayor cantidad de revistas es el Electronic Newsstand, o enews [4], en donde hay enlaces a más de 2 mil revistas de todo el mundo, aunque especialmente de los Estados Unidos. La asiduidad de quienes se acercan a estas publicaciones, nos permite saber cuáles son algunas de las preferencias predominantes de quienes leen prensa digital. En diciembre de 1996, las 20 publicaciones más consultadas entre las que forman el catálogo de enews fueron, en orden de preferencia, las siguientes:


 

1. Yellow Silk,

2. Discover

3. Business Week

4. The New Republic

5. The New Yorker

6. Economist

7. Playboy

8. National Business Employment Weekly

9. Guitar Player

10. Spin

11. Forbes

12. Chrysler Power

13. Civilization

14. Saturday Night

15. Foreign Policy

16. Journal of Commerce

17. Kiplinger’s

18. Management Review

19. Internet World

20. Healthy Kids

Fuente: electronic newsstand, enews, “The Twenty Most Popular Titles on Enews”. December 1996.

La publicación que encabeza ese repertorio es una revista de contenido erótico; le siguen una de divulgación científica, un semanario de negocios y dos revistas de contenido político y cultural. Entre las 20 más leídas hay de todo: partituras para guitarra, automóviles y finanzas, espectáculos y ofertas de empleo, sexo y salud infantil. ¿Qué, de todo el acervo de enews, está escrito en español? A fines de marzo pasado, hurgamos en el directorio de ese sitio electrónico para buscar publicaciones en nuestra lengua entre las más de 2 mil revistas a las cuales allí hay acceso. El “directorio-monstruo”, como se le anuncia, está organizado por orden alfabético. En los títulos de las varias docenas de publicaciones que comienzan con “A” no hay una sola palabra en español, pero en la siguiente letra hallamos el Bienvenido Magazine que sin embargo, está escrito en inglés: se trata de una revista para inducir al turismo a Puerto Rico. En el índice de enews hay publicaciones en primer lugar en inglés, pero también en alemán, árabe, francés, hebreo, italiano, japonés, latín, portugués y ruso. Sin embargo la prensa en español no existe en ese importante índice. Avanzando en él, encontranos Hispanic on Line, que es una revista mensual de la comunidad latina en los Estados Unidos y que entre otros atractivos ofrece una conversación interactiva con el cantante Julio Iglesias; sin embargo, los textos son todos en inglés. Mucho más adelante hallamos la revista Saludos Hispanos, que contiene información sobre carreras y educación universitarias, pero también en inglés. Entre las 2 mil revistas compiladas en ese kiosco electrónico hay publicaciones sobre ciencia política, computación, espectáculos, electrónica, finanzas, fotografía, gastronomía, golf, literatura, música, religiones, salud, sexo y sexualidad, viajes y viviendas, entre muchos otros temas. Pero ni una sola de esas más de 2 mil revistas, está en español.

Constatar la limitada presencia, a veces incluso inexistencia de la prensa en español en la red de redes, puede ser un tanto masoquista pero también engañoso. Como todos sabemos, igual que muchas otras expresiones del desarrollo tecnológico, la Internet ha sido creada, desarrollada y utilizada, fundamentalmente en idioma inglés. Los cibernautas de todo el mundo encontraron que la mayoría de los sitios en la red de redes funcionan en esa lengua y así la han seguido propagando. Desde ese punto de vista, sólo con fingido candor o con una suerte de fundamentalismo lingüístico, podemos asombrarnos de la escasa presencia de sitios en español.

Pero esa débil cuota de páginas en nuestra lengua en la red de redes, también puede ser considerada como expresión de las dificultades que hay en nuestros países tanto para el acceso a la comunicación en la Internet, como para la propagación de nuestras culturas en ese medio. Desde luego, hoy en día en la world wide web que algunos prefieren denominar la “telaraña mundial” de la Internet, existen millares de páginas en español (a comienzos de 1997 en México, por ejemplo, tenemos unos 2 mil sitios diferentes en ese espacio audiovisual de la Internet). Una cantidad importante de todas ellas, ha sido colocada por empresas editoriales que buscan propagar por ese nuevo espacio los contenidos que de cualquier manera editarían con los tradicionales recursos impresos y algunas pocas, son revistas que sólo circulan en el ciberespacio. A la fecha, no existen índices específicos y que a la vez sean suficientemente amplios y actualizados, de la producción periodística en español en la Internet. Los índices disponibles reunen a todo tipo de publicaciones y están elaborados con criterios que se consideran pertinentes para la mayor parte de los actuales usuarios de la red de redes, que son anglosajones. Todavía ahora, quizá el 80 por ciento de los cibernautas en todo el mundo, son estadunidenses y canadienses. Así que no es de extrañar que los catálogos de páginas electrónicas estén diseñados según las preferencias de esos usuarios.

La Internet es una extraordinaria fuente de información aunque, como señalamos antes, también de distorsión y confusión. El material allí disponible es tan abundante que casi siempre resulta abrumador. Por eso, especialmente en materia de noticias, cada vez prospera más la “personalización” de índices y localizadores, para que el usuario reciba en su computadora informaciones y otros materiales periodísticos clasificados de acuerdo con sus intereses más específicos. El “periódico personal” que, con diversos formatos puede diseñarse ahora, tiene la ventaja de que en él aparecerán materiales sobre temas determinados, aunque con la enorme limitación de que restringimos la información a los asuntos que hemos señalado como atractivos para nosotros.

El último grito de la moda cibernáutica son los servicios de “entrega” de información específica que buscan, seleccionan, organizan y nos muestran materiales noticiosos de muy diversas fuentes a través de un software especial. Cada uno de esos servicios (la mayoría, de manera gratuita) ofrece la consulta de los temas que nos interesan en las publicaciones y bases de datos periodísticos más relevantes en la Internet. ¿Cuántos de esos servicios y en qué medida, incluyen entre sus fuentes de información al periodismo electrónico en idioma español?

Hace pocas semanas la revista PC Magazine, sin duda la de mayor circulación en el mundo de las computadoras, publicó una selección de los localizadores de noticias ahora disponibles para la Internet. Algunos de ellos comienzan a funcionar apenas nos conectamos con la red de redes y cada vez que se localiza un material afín a los intereses que hemos indicado, la información aparece en algún sitio de nuestra pantalla. Otros ofrecen noticias continua, otros más despliegan su selección cuando abrimos una ventana específica. Allí pueden mostrarse, según nuestros gustos, noticias locales e internacionales, pronósticos del clima, comentarios políticos, asuntos deportivos o de casi cualquier índole. PC Magazine seleccionó a once de estos servicios como los más accesibles y completos y nosotros los visitamos uno por uno en busca de prensa en español [5]. Todos ellos, toman a diversos periódicos, revistas y medios con presencia en la Internet, como fuentes informativas para sus usuarios. Entre esas fuentes hay diarios y revistas, agencias de noticias, servicios de comunicación, estaciones de radio y televisión, cuya información en todos los casos ya se encuentra en la Internet.

La utilidad de tales servicios radica en la compilación que de ese amplio y creciente universo hacen esos localizadores. Por ejemplo, la Air Media Live Broadcast Network busca información en las fuentes primarias, que aparecen mencionadas de la siguiente manera. CNN, Reuters, Reuters-Variety, UPI, Knight-Ridder, America On Line, Movie Link, AFP, Ziff Davis, ITAR-TASS, Freese-News Weather, I-Golf, Quote.Com, World Entertainment News, Travelgram, Lottery World, Psychic Advice On Line, Yoyodyne. Ninguna de esa veintena de fuentes informativas suele recoger noticias de los países de habla hispana. En un catálogo de fuentes secundarias, se incluye a Interpress Service que suele incluir noticias de América Latina y a una agencia llamada South America Business Information. El servicio Psychic Advices, que ofrece horóscopos en línea, tiene más relevancia que las agencias con noticias de los países de habla hispana.

After Dark Online ofrece búsquedas en el archivo electrónico del USA Today entre otras fuentes, pero ninguna de ellas en español. Lo mismo ocurre con AlphaConnect StockVue que se especializa en información financiera, BackWeb que acude al Jesuralem Post y The Wall Street Journal, Castanet Tuner que entre otros servicios proporciona canales de discusión de noticias e IBM NewsTicker. El paquete de entrega de In-Box Direct, patrocinado por la empresa Netscape, recopila noticias en las páginas de The New York Times, USA Today, Mercury Mail, Sports Illustrated y People Daily entre otras publicaciones electrónicas y tiene la singularidad de acudir a varios diarios y revistas no estadunidenses: Australian Finantial, Elle International, Rheinishe Post On Line, The Daily Mirror, Finantial Times Review y Mondadori On Line. Entre ellos, se incluye una publicación, por fin, española: Correo Expansión Directo, especializado en finanzas. Nada más.

El octavo servicio de búsqueda de noticias que revisamos fue Intermind Communicator que ofrece 170 “canales” que acuden a otras tantas fuentes de noticias, entre ellas las páginas en Internet de varias estaciones de televisión y radio. Ni una palabra en español. El servicio Netdelivery busca en los principales índices de la red pero no ofrece acceso específico a publicaciones electrónicas. El True PoinCast Network tiene 16 “canales”; el de noticias, proporciona enlaces a las páginas de Reuters, CNN y otros servicios pero ninguno en español.

Exageración y realidad en las

audiencias de la prensa en red

Mención aparte merece el localizador My Yahoo! News Ticker, que no tiene enlaces directos a otros servicios de noticias pero que cuenta con el enorme banco de datos del índice más popular en la Internet, el denominado Yahoo!, que organiza centenares de miles de páginas electrónicas por países, o por temas. Es decir, My Yahoo no ofrece acceso a alguna o varias compañías de noticias en particular sino una búsqueda, posiblemente más lenta que otros, en un universo mucho más amplio.

En la página de sitios “web” regionales (que es como se les denomina a los no estadunidenses) registrados en los índices Yahoo!, buscamos los subíndices destinados a países de habla hispana. En cada uno de ellos se mencionan varias categorías (gobierno, economía, cultura, etcétera) y en el rubro destinado a “noticias y medios” localizamos las páginas específicas de publicaciones impresas y electrónicas.

El resultado, aparece en el cuadro 1, en el Anexo de esta ponencia (por problemas técnicos ese cuadro no se reproduce aquí). La segunda columna muestra el número de sitios, o páginas electrónicas, que los índices Yahoo! atribuyen a cada nación. La tercera, la cantidad de espacios clasificados como de “news & media”, que es desglosada en las cinco siguientes columnas: revistas, periódicos, radio, televisión y otros medios. Estos datos deben ser tomados como indicativos y no del todo puntuales, ya que todos los días surgen algunos y desaparecen otros sitios en la Internet. De ellos, el índice que consultamos no necesariamente comprende a todos. El criterio para incluir en el rubro “noticias y medios” a una publicación no siempre es riguroso. Hay revistas latinoamericanas o españolas que no aparecen en esta clasificación y sí en “política”, o “cultura”. En el caso de los periódicos, casi siempre se trata de diarios con páginas en Internet pero eventualmente, son incluídas publicaciones de otra periodicidad. Con el propósito de comparar la situación de la prensa iberoamericana en la Internet con la de otros países, añadimos al final del cuadro los datos de algunas otras naciones. No fue posible encontrar cifras completas de la presencia estadunidense, porque no hay índices específicos para todas las páginas de ese origen, excepto las que se refieren a publicaciones de contenido local.

Descontando a las publicaciones en inglés pero registradas en alguno de los países latinoamericanos, tenemos que al momento de esta revisión, el índice Yahoo! incluía, en su categoría “news & media”, 67 revistas y 88 periódicos en español. Por supuesto estos datos son parciales porque, insistimos, hay publicaciones que no son registradas por ese índice o que no están clasificadas en el mencionado rubro. De cualquier forma, ese es un universo significativo de la prensa en español en la Internet. En total, los mismos índices, sin distinción de idiomas o nacionalidades, reconocen la existencia de 613 revistas y 522 periódicos en la red de redes [6].

Aunque provisionales, esos datos nos permiten tener un panorama de la presencia de la prensa en español en la Internet. En los parámetros que hemos mencionado, las revistas en nuestro idioma constituyen algo menos del 12% de la oferta periodística que en ese género hay en la Internet y de los periódicos en la red, los que se editan en español alcanzan algo menos del 17%.

Hay otros indicadores del periodismo en este idioma. El índice “Medios de comunicación españoles en la red” que mantiene Miguel Angel Monjarás Llorente, enlista al 10 de marzo de 1997, 23 diarios y semanarios de carécter general y regional, un suplemento, una revista de información general, una agencia de noticias, 7 estaciones de radio y TV, 5 medios de información económica, 4 publicaciones de carácter deportivo, 7 de ciencia, cultura, literatura o educación, 2 medios de información musical, 6 relacionados con la Internet o la informática y uno más de índole no especificada [7]. Con un criterio más holgado porque junto a diarios y revistas o magazines incluye boletines, cartas de noticias y otros materiales de diversa índole informativa, un reciente libro especializado en periodismo electrónico registra, hasta mediados de 1996, 110 publicaciones españolas en las redes. La primera de ellas fue El Temps de Valencia, surgida en 1994 [8]. Los autores de ese trabajo, consideran que: “En España, pese al retraso que nuestro país suele tener en estos temas, la demora en la aparición de publicaciones en línea no ha sido tan alarmante como cabría sospechar en un primer momento. De hecho, durante los dos últimos años han surgido sucesivamente las versiones electrónicas de un elevado número de periódicos y revistas españoles hasta formar un nutrido grupo de medios impresos en Internet” [9].

Por lo que respecta a México, el México Index, uno de los índices más completos de las sitios que este país tiene en la Internet, incluye en marzo de 1997 a 54 revistas y 56 periódicos con páginas electrónicas (aunque algunos de ellos no son diarios mexicanos) e incluso en esa relación encontramos varias ausencias [10].

Los anteriores datos son inevitablemente provisionales en vista de la constante apertura de espacios electrónicos de toda índole. Pero de la audiencia que alcanza el periodismo en la Internet no se cuenta con acercamientos estadísticos. Eso sí, no pocos editores de páginas en la red padecen la ilusión, ignorante a veces pero en otras ocasiones desvergonzada, de quienes suponen que cada sitio en la Internet es visitado por millones de personas.

En la red de redes, como hemos dicho, deambula una cantidad de entre 35 y 60 millones de usuarios [11]. Pero eso no significa que cada una de las páginas que son instaladas en la telaraña electrónica atraerá a ese número de lectores.

No hay estadísticas completas sobre la cantidad de páginas que ahora existen en la WWW, pero suman centenares de miles [12]. Las más visitadas, son unas cuantas. Las que reciben a más usuarios, suelen ser las páginas de información práctica, o las de entretenimiento. Por ejemplo, la home page de “My Virtual Reference Desk”, un servicio de información enciclopédica que recopila datos de 6 mil sitios en la Internet, recibió 113 mil visitas entre setiembre de 1995 y mayo del 96, es decir, un promedio de menos de 450 cada día. Se trata de uno de los espacios más frecuentados en la Red. Conviene recordar ese dato, para compararlo con la audiencia de algunas páginas de prensa electrónica.

La moda de colocar en la Red de Redes el contenido de las publicaciones impresas, junto con el enorme caudal de divulgación e interactividad que puede implicar, también causa infatuamientos gratuitos y hasta necios. Con frecuencia, algunos editores aseguran que todos los días tienen centenares de miles de lectores, aunque no tengan manera verosímil de comprobarlo. De ser ciertas esas estimaciones jactanciosas, la prensa electrónica estaría desplazando definitivamente a la de carácter impreso y no parece que estemos, al menos todavía, en esa situación.

Para mencionar un ejemplo, en marzo de 1996 el diario mexicano El Universal abrió su página en la WWW. Siguió así los pasos de diarios como La Jornada, Reforma y El Economista y de la misma forma que algunos de ellos, se valió de los servicios de la Universidad Nacional Autónoma de México, que tiene el proveedor de conexiones a la Internet más grande en el país. Poco después los editores de El Universal, no sabemos si por ignorancia o por exagerados, llegaron a ufanarse de haber tenido una cantidad de consultas que sería nueve veces superior a la del “Virtual Reference Desk”, pero en menos de la cuarta parte del tiempo antes mencionado. Pocas semanas después de haber inaugurado su presencia electrónica, en la primera plana de su edición en papel ese periódico incluía una nota con el siguiente titular: Superó el millón de consultas, por medio de Internet, EL UNIVERSAL [13]. La información se refería a un encuentro que tuvieron, en las instalaciones del diario, los directivos de dicha casa editorial y varios funcionarios de la UNAM, encabezados por el entonces Rector, José Sarukhán. El periódico se ufanaba de que en menos de dos meses, su edición electrónica había tenido esa millonaria cantidad de consultas.

No es nueva la actitud de un medio de comunicación mexicano para exagerar sus cifras de circulación (en este caso, circulación electrónica) para impresionar a los despistados. Lo que llamó la atención fue que El Universal aprovechara el hecho de haber sido anfitrión de las autoridades centrales de la UNAM y que esa institución académica no hubiese aclarado el evidentemente desmesurado cálculo, del que aparecía como responsable. En la Internet, existen recursos para medir la afluencia de cibernautas. Hay páginas que tienen contadores, que se actualizan cada vez que un usuario “entra” para mirarla, consultarla o intreractuar en ella. La página de El Universal, al menos cuando apareció aquella nota, no contaba con ese recurso.

Es casi seguro que el diario mexicano más leído en la Internet sea La Jornada, entre otros motivos porque su orientación editorial, que a riesgo de esquematizar demasiado puede considerarse como de centro-izquierda, concide con las simpatías políticas del mundo universitario que todavía tiene presencia importante entre los usuarios de la red de redes. La Jornada inauguró su página electrónica en febrero de 1995 y pronto, el exceso en la demanda por parte de lectores en todo el mundo obligó a colocar un par de “espejos” que reflejan desde otros servidores electrónicos el contenido que ese diario pone a circular en la red. Dos años después, La Jornada informaba que la cantidad de consultas diarias en su página electrónica era ya de 85 mil [14]. Ello no significa necesariamente que ése sea el promedio de lectores a distancia de ese diario. 85 mil consultas, puede ser el número de accesos a cada uno de los espacios de la edición cotidiana y del archivo en línea de La Jornada. Por ejemplo, un lector que: (1) abre la portada, luego se detiene para (2) ampliar una fotografía, pasa (3) al editorial, lee (4, 5 y 6) tres noticias diferentes, consulta (7) la sección de cartas y luego busca en la página de ejemplares anteriores (8) una información de la semana pasada (9) habrá realizado nueve consultas que son contabilizadas de manera separada. Es decir, el dato de 85 mil accesos diarios puede dividirse entre ocho o diez –o más– para saber la cantidad aproximada de lectores que cada día tiene la página electrónica de ese diario.

Aún así, 9 u 11 mil lectores cada día (o quizá menos, pues el promedio de accesos de cada usuario puede ser mayor) no es una cantidad despreciable lo mismo dentro de los parámetros de consulta que hay en la Internet, que en comparación con la circulación real de los diarios en México. La versión en línea del diario estadunidense The Wall Street Journal que apareció a fines en 1993, llegó a alcanzar hasta entre 45 mil y 50 mil “entradas” cada día cuando el acceso a su contenido era gratuito. En 1995 comenzó a cobrar una cuota primero de 12 dólares mensuales incluyendo la suscripción a la versión impresa de ese periódico y más tarde de 20 dólares anuales sólo por la edición interactiva y sus editores aseguran que actualmente atienden a cerca de 30 mil personas al día [15].

En enero de 1997 el diario madrileño El País, que apenas en mayo anterior había inaugurado su página en Internet, informaba que en los días laborables, tenía un promedio de 32 mil lectores diarios. El País realizó entre los lectores de su página electrónica una encuesta de donde resultó que más del 80% de quienes respondieron, viven en España y un 8% en América Latina. Es decir, los consumidores de esa información son primordialmente cibernautas de lengua española. Puede considerarse que de la misma manera que alcanzan poca presencia en los índices internacionales, las páginas de las publicaciones hispanoamericanas son leídas fundamentalmente por cibernautas de los mismos países en donde son editadas.

Entre los mismos encuestados, la página electrónica más visitada es la de la empresa Microsoft (que, no en balde, ofrece en su página en español una liga directa a la de ese diario) con el 6.8% de preferencias y el segundo sitio lo tiene la misma página de El País con 6.2%. Las versiones electrónicas de otros diarios españoles, ABC y El Mundo, tienen los siguientes sitios con 2.5% y 2.3% de las preferencias según esa encuesta. Como se puede apreciar, los usuarios que prefieren un diario, tienen a las páginas de otros periódicos entre sus favoritas [16].

Incertidumbres y vicisitudes

del periodismo en la Internet

Si el periodismo en la red es un asunto reciente, todavía lo es más el periodismo en lengua española. Aún no tenemos indagaciones de los resultados y experiencias de esta forma de expresión pero, esencialmente, podemos considerar que comparte las ventajas, incertidimbres y vicisitudes que tienen todas las publicaciones electrónicas.

· La rentabilidad financiera del periodismo electrónico sigue siendo, en lo fundamental, una expectativa a mediano plazo. La gran mayoría de las publicaciones electrónicas en español, a semejanza de las que hay en inglés, son de acceso gratuito. Cuando tienen ingresos propios es por la venta de espacios publicitarios que son leídos por los cibernautas que se asoman a esas páginas. El financiamiento fundamental de estas páginas corre a cargo de las casas editoriales que, además de la versión en tinta y papel de su periódico o revista, incursionan en la nueva modalidad que significa tener la versión electrónica. El futuro de la publicidad en la Internet sigue siendo incierto. Cuando confrontan las expectativas de quienes promueven sus páginas electrónicas con la realidad de audiencias todavía modestas aunque sin duda crecientes, los anunciantes dudan en mantener sus avisos pagados. Además entre los usuarios de la Internet sigue existiendo cierta reticencia, por cierto cada vez menor, a admitir los espacios publicitarios a los que algunos consideran como intromisión en la antaño descomercializada red de redes.

· Hasta ahora, la utilidad principal de estas páginas en la red de redes ha sido para sus lectores, más que para editores o anunciantes. Los estudiantes mexicanos que hacen posgrados en Europa, ahora pueden leer cotidianamente periódicos de su país. Los españoles que radican en Venezuela, Argentina o México, pueden tener acceso a la prensa madrileña incluso antes de que los primeros ejemplares lleguen a los kioscos en la Puerta del Sol. Los estudiosos de asuntos latinoamericanos en universidades o centros de investigación estadunidenses cuentan con material de primera mano acudiendo todos los días a docenas de publicaciones en la red. Todos ellos salen ganando, al menos en oportunidad, al tener en sus pantallas los textos e ilustraciones que antes sólo podían conocer varios días después. Pero para los editores de estas revistas y diarios, además del servicio adicional que ofrecen, por lo general con cargo a las finanzas producidas por sus ediciones impresas, la principal y a menudo difusa utilidad es simplemente de imagen pública: tener una edición electrónica es una manera de formar parte del periodismo de apariencia más contemporánea, es un recurso para ser, o parecer, modernos.

· Una de las características de la Internet es la facilidad para poner en circulación ideas y mensajes a costo muy bajo. Es preciso tener algunas destrezas técnicas, pero no hace falta ser diplomado en cibernética para organizar y colocar en línea una página en el web. Tanto así, que hoy circulan por la Internet millares de páginas con información que no le importa mas que a quienes la colocaron allí: anécdotas, trivia, simplezas y bagatelas de toda índole, abundan en la red de redes. Pero, curiosamente, esa facilidad para publicar, que es de alguna suerte un recurso democratizador, ha sido poco aprovechada por los usuarios de lengua española. La gran mayoría de las publicaciones electrónicas que circulan en este idioma, han sido colocadas por empresas que de una u otra ya manera forman parte de la institucionalidad editorial en sus países. A diferencia de lo que ocurre con grupos políticos, estudiantiles y de los más diversos segmentos sociales en los países anglosajones que ponen a circular centenares de publicaciones electrónicas, este recurso es, comparativamente, poco utilizado por cibernautas de habla hispana. Hay muy pocas publicaciones en este idioma que circulen exclusivamente en la Internet; casi todas son reflejo, copia o síntesis, del periodismo impreso y casi siempre, comercial o institucional.

· La interactividad, es otra de los particularidades de la Internet que aparece poco en las prensa electrónica en castellano. A diferencia de numerosas revistas y diarios cuyos espacios de discusión se encuentran entre los segmentos más visitados en sus versiones electrónicas, la prensa latinoamericana y española en línea, emplea escasamente ese recurso. La posibilidad de opinar sobre los temas que aparecen en cada edición electrónica es poco aprovechada, quizá porque los usuarios de lengua española tienen menos afición por ese tipo de participación. Podemos aventurar incluso, que los cibernautas en español son más contemplativos que aquellos que se comunican en inglés, o en otros idiomas. Los sitios de discusión en nuestra lengua, por ejemplo en los foros Usenet, son muy pocos aunque con mayor propensión a los textos largos, con vehementes parrafadas, a diferencia del estilo conciso, más con interjecciones que con ideas, que prevalece en las discusiones electrónicas en idioma inglés.

Ese es un estilo, por cierto, simplificador del discurso y de la arquitectura lógica de la escritura tradicional. Cuando se sustituyen los razonamientos en extenso por las frases breves, a menudo acrónimos o con interjecciones o símbolos ortográficos para expresar estados de ánimo, se abrevian también las ideas. En la WWW, una de las publicaciones que ha abierto foros para sus lectores es el diario español El País.

· La prensa en español en la Internet suele ser repetición, o síntesis, de las ediciones impresas. En el mismo formato o en alguna adaptación para las pantallas de computadora, las noticias, los comentarios y fotografías y viñetas de la prensa en papel y tinta, son digitalizadas para que circulen por la red. Hasta donde sabemos, aún no hay ediciones completas que se renueven específicamente para los lectores en Internet.

En el periodismo electrónico estadunidense ya comienza a manifestarse alguna rivalidad, todavía incipiente, entre las ediciones tradicionales y las versiones para la red de redes. En marzo pasado, el periódico The Dallas Morning News decidió publicar en su versión para Internet una noticia exclusiva, antes de que apareciera en la edición impresa. La confesión de Timothy McVeigh, acusado de la trágica explosión en un edificio en Oklahoma en abril de 1995 y que era una noticia muy atractiva para los estadunidenses, apareció en la página de ese diario en Internet y pudo ser reproducida en muchos otros medios, de tal suerte que ya era conocida cuando el Dallas Morning la imprimió para sus lectores tradicionales. Al parecer, la redacción del diario quiso adelantarse a un posible veto judicial gestionado por los abogados de McVeigh [17].

Ese episodio marca nuevas tendencias en el periodismo electrónico. Por un lado la prensa dispone de un recurso adicional, que al menos hipotéticamente la pone a salvo de interdictos legales; las publicaciones electrónicas pueden actuar así como coberturas, o coartadas, de sus hermanas en el periodismo impreso. En segundo lugar, la prensa escrita compite, aunque sea de esa manera indirecta y en un nuevo espacio, con los medios electrónicos; en opinión de un especialista en estos asuntos: “durante unas horas, un periódico ha podido acabar con el privilegio del cual gozan otros medios como la radio y la televisión: el de la inmediatez… es una verdadera revolución tecnológica” [18]. Y en tercer término, el periodismo en línea comienza a tener sus propios ritmos: habrá publicaciones electrónicas que se mimeticen con la inminencia frenética que suele caracterizar a la televisión y la radio buscando y haciendo circular noticias a raudales, en tanto que algunas otras prefieran el relativo sosiego que en comparación con los medios electrónicos puede tener el periodismo impreso en donde es importante dar a conocer un acontecimiento, pero también lo es ponerlo en contexto, documentarlo, explicarlo. Entre la competencia por la novedad y la búsqueda de la reflexión, el periodismo electrónico tendrá que encontrar sus propios parámetros.

· El de los derechos de autor, es un tema sin solución que deambula por toda la red de redes. En el caso de las páginas personales en el web hay pocos reclamos si alguien copia un archivo, pero para periódicos y revistas que son muy celosos del copyright en sus ediciones impresas, la presencia en Internet se ha vuelto una fuente de fugas y plagios casi incontrolable. La legislación internacional y nacional sobre derechos de autor en la red de redes, aún es incipiente. Las reuniones internacionales dedicadas a discutir este asunto sólo han concluído en que el análisis de esa cuestión debe proseguir. Por una parte, es difícil establecer qué materiales están protegidos legalmente y cuáles no, cuando se trasladan del periodismo impreso a la circulación en las redes, a menos que se trate de textos o imágenes cuya reserva legal haya sido realizada de manera específica (y aún así, no siempre está claro que la reserva legal incluya a los materiales digitalizados para su circulación electrónica [19]). En segundo lugar, es prácticamente imposible impedir que un usuario copie un texto o un archivo gráfico, que lo mismo puede guardar para su atesoramiento personal que para reproducirlo en otro sitio, incluso en la Internet misma. En tercer término, aunque esto sea más subjetivo, en la red de redes ha existido una suerte de comunitarismo solidario que, más allá de ideologías, ha defendido el libre flujo de ideas y el intercambio más flexible de documentos electrónicos e incluso la propagación de programas de cómputo gratuitos.

Una de las revistas en línea más visitadas y expropiadas, es la conocida Playboy. Aunque el acceso a sus páginas está cada vez más restringido a quienes se suscriben a ellas (y mediante una cuota reciben una contraseña para entrar a la edición electrónica) la reproducción de fotografías de las justamente célebres conejitas ya tiene preocupada a la empresa de Mr. Hugh Heffner. Esas ilustraciones, lo mismo son copiadas para servir como “papel tapiz” en las pantallas de millares de computadoras personales, que como atracción en otras páginas electrónicas, muchas de las cuales venden material de contenido sexual. Eileen Kent, vicepresidente de Nuevos Medios de Playboy, ha anunciado que se estudian varias medidas para imprimir una “marca digital” en esas fotografías para que cuando sean utilizadas sin autorización su empresa pueda entablar demandas legales [20].

El debate al respecto, sigue abierto. A fines de 1996, uno de los miembros de la presidencia de la conferencia de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en Ginebra, el finandés Jukka Liedes, explicaba ese confuso panorama en los siguientes términos: “¿Quién es el responsable de una infracción (en Internet)? ¿el que apretó el botón (para hacer una reproducción)?, ¿el que pidió a otro que apretara el botón? ¿O el propietario del establecimiento donde el botón fue apretado? Internet es un fenómeno global y tenemos que definirlo. No hay una legislación global. Sólo podemos llegar a acuerdos que proporcionen soluciones nacionales” [21].

Para seguir con las interrogantes, ¿cuál es el futuro de la prensa en la Internet? También a ese respecto de desgranan y polarizan las opiniones. Hay nostálgicos de la tinta y el papel que aseguran que el ritmo de la escritura y la lectura, la cadencia de la publicación impresa, la costumbre y el costo de los diarios y revistas, hacen imprescindibles a las publicaciones impresas. Nada es equiparable, dicen, al placer de leer el diario durante el desayuno o a la facilidad de doblarlo para traerlo bajo el brazo en el metro. Pero ya hay quienes desayunan delante de su laptop conectada a la Internet y ahora es técnicamente posible (aunque sea con riesgo de nuestra integridad personal delante de posibles asaltantes) andar por la calle con una computadora pequeña conectada a un teléfono celular. Por su parte, los defensores del periodismo electrónico aseguran que allí está el futuro de la prensa, que la escasez de papel hará indispensables a los recursos de información digitales y que las hemerotecas serán más accesibles por módem y además, menos polvosas.

Una opinión singular por su controvertida personalidad pero que reproduce el estado de ánimo triunfalista que los editores de prensa electrónica quieren tener respecto del periodismo tradicional, ha sido manifestada por Larry Flynt, el creador de la revista pornográfica Hustler y sobre cuya biografía el cineasta Milos Forman hizo una reciente y discutida película. En 1995 comenzó a aparecer en la Internet Hustler Online y ya hay quienes piensan que sustituirá a su hermana mayor impresa. Flynt considera: “La circulación de todas las revistas ha declinado en los pasados 10 años. Por otra parte, Hustler Online creció a un ritmo del 500 por ciento el año pasado. ¿Por qué ocurre eso? Creo que es la comodidad y privacía que la Internet ofrece. Para obtener una copia de Hustler debes ir a comprarla al puesto de revistas o suscribirte, pero si tienes una computadora a tu alcance, puedes tener acceso a la revista y leerla ahí mismo. Creo que las revistas seguirán existiendo, pero el futuro está en la Internet” [22].

El periodismo impreso y el que se propaga de manera electrónica tienen, cada uno, singularidades. Quizá más que competir entre sí, puedan complementarse. “Obviamente –dice R.U. Sirius, cofundador de la revista Mondo 2000 especializada en asuntos de cibercultura– los medios interactivos despliegan capacidades que no tienen los medios impresos. En la medida en que este campo se vuelve más intuitivo, se democratiza el intercambio de imágenes, video y sonido. Con el texto inteligente, la Red es potencialmente el mejor sitio para investigar. Es un gran lugar para los foros públicos. Sin embargo, las presentaciones de cuerpos de texto complejos, creativos y substanciales, son preferibles de manera impresa. Mucha gente no lee con gusto los textos más largos en la Red”.

Más dura con el periodismo tradicional, es la opinión de David Talbott, editor de una de las revistas electrónicas más relevantes, Slate (La Pizarra) patrocinada por Microsoft: “La Red ha producido sólo un puñado de buenas publicaciones nuevas en los dos años recientes. Al mismo tiempo, el mundo impreso no sólo no ha producido ninguna nueva publicación de calidad en los años recientes, así que me parece que el momento creativo de la edición ahora se encuentra en línea. Ninguna publicación impresa surgida recientemente, puede competir con Salon, Slate, HotWired o Feed. No sólo esas publicaciones en la Red desarrollan una gran escritura, sino que además burbujean con la retroalimentación de los lectores que no es posible excepto en las limitadas páginas de las cartas al editor” [23].

Mutaciones, desfiguraciones o adaptabilidad

del idioma español en la red de redes

La prensa digital en español se enfrenta a varias limitaciones. Algunas, son consecuencia de la todavía escasa propagación de las redes de información electrónica en muchos de nuestros países. En 1994 México tenía 2.2 computadoras personales por cada cien habitantes y Chile 3.1, en comparación con las 17.5 de Canadá o, la tasa más alta, 29.5 en Estados Unidos [24]. Además, como es de esperarse, únicamente los segmentos de la sociedad con mayor capacidad económica tienen acceso frecuente a los recursos informáticos.

También en México, en 1994 sólo el 5.6% de la población urbana manifestaba que sabe usar una computadora. Unicamente en el 3.29% de los hogares mexicanos había al menos una computadora personal. De los hogares en donde había computadora, el 84.8% recibían un ingreso superior a ocho salarios mínimos, que es el estrato en donde se ubica el 15% de las familias mexicanas con mayores ingresos [25]. En otras palabras, los mexicanos que saben emplear esta herramienta informática siguen siendo pocos y el acceso a la computación es privilegio de las familias con más recursos.

Todo ello es muy obvio, pero no deja de ser útil documentarlo y precisar los límites del acervo en términos de destrezas y equipo informáticos que hay en cada país. Así que cuando hablamos de periodismo electrónico en naciones como las que son mayoría en el mundo de habla hispana, es preciso no olvidar que nos referimos sólo a sectores pequeños dentro de nuestras heterogéneas y polarizadas sociedades. Si las tasas de lectura de la prensa impresa son bajas, más lo serán los porcentajes de la población con acceso a publicaciones en la Internet.

Otra dificultad para este periodismo, se encuentra en la lengua en la que es pensado, escrito y publicado. Al difundir contenidos en nuestro idioma, esta prensa digital permite que los usuarios que tienen al español como su lengua principal o única, tengan puntos de referencia aprehensibles, en los cuales puedan reconocerse e incluso nutrir su bagaje cultural. Pero en un medio en donde la lengua preponderante es otra, los espacios en español pueden convertirse en una suerte de ghettos distanciados de los sitios más concurridos en la Internet.

Como quiera que sea, la lengua española no permanece ajena al desarrollo tecnológico ni a la necesidad de identificar nuevos recursos y conceptos con términos también actuales. De manera similar a como sucede en otras áreas del desarrollo tecnológico, pero quizá con mayor propagación en vista de que sus usuarios suelen tener acceso a los medios de comunicación, la informática ha requerido de palabras que no siempre encajan con la ortodoxia lingüística. De ello también hay amplia documentación y expresiones, en la red de redes.

Desde hace varias décadas, sobre todo en la zona fronteriza entre México y Estados Unidos en donde la migración significa, entre tantas otras consecuencias, una heterodoxa fusión de culturas e idiomas, se conoce y ha evolucionado una simbiosis idiomática conocida como espanglish. Pero ahora, además, existe un ciberespanglish formado por centenares de términos que se utilizan en computación. La profesora de origen peruano Yolanda M. Rivas, ha desarrollado un programa de investigación en el Laboratorio de Tecnologías en Comunicación Avanzada de la Universidad de Texas en Austin y mantiene sobre ese tema, una bien documentada página en la Internet [26]. Allí se incluye un diccionario del Cyber-Spanglish que da cuenta de esas nuevas realidades.

Hay palabras que, de manera oficial o no, ya forman parte del vocabulario común en nuestras sociedades. Términos como fax, módem, tóner, laptop, hardware e Internet, suelen ser aceptados sin demasiado azoro. De algunos de ellos se derivan verbos que suenan algo más extravagantes pero que no tienen sustituto satisfactorio como faxear. Hay palabras que en algunas de nuestras naciones comienzan a ser de uso común, en tanto que en otras son rechazadas. Al mouse en España se obstinan en seguirle diciendo ratón; pero hemos leído a escritores de esa nacionalidad escribiendo con toda comodidad downlondear para expresar la acción de “bajar” un archivo de la Internet. El autor de esta ponencia publicó el año pasado, en España, un libro sobre la red de redes. La única sugerencia de estilo en la cual nuestros editores en Madrid fueron inflexibles fue en la conminación para que todas la veces que habíamos escrito computadora, apareciera ordenador (lo cual, a su vez, trajo algún problema de compatibilidad cuando se publicó la edición mexicana de ese mismo libro).

El diccionario de la profesora Rivas incluye términos que al parecer ya son de uso frecuente entre los latinos que residen en Estados Unidos, como emailear (que es enviar un correo electrónico), backupear (hacer un archivo de respaldo), browsear (la acción de buscar, rastrear u hojear), efetepear (que es la recuperación de un archivo en el sistema FTP, o File Transfer Protocol). En numerosas ocasiones hemos escuchado, sobre todo entre usuarios frecuentes de computadoras –o, perdón, ordenadores– la palabra resetear que describe aunque insuficientemente la acción de apagar y encender una máquina, o escanear que en el mencionado sitio en la Red se traduce como “explorar”, “barrer”, “analizar” o “escudriñar”, verbos todos ellos deficientes para describir la digitalización de una información gráfica a través de un escáner. Hay términos intraducibles como shareware, que se aplica a los programas de cómputo disponibles en la red o en copias en disco que se distribuyen sin costo, para compartir y que el Diccionario del CyberSpanglish explica como “soporte lógico de dominio público”.

La profesora Rivas considera que “la dimensión de la evolución del idioma español en las comunidades latinas ha sido ignorada, tanto por miedo como por descuido. Continuando la perpetuación de la dependencia tecnológica respecto de las naciones del primer mundo, los hablantes del español ahora están adoptando palabras en su vocabulario cotidiano, cuando interactúan con o cuando hablan de las computadoras”. Se trata de una mutación idiomática que además es ubicua, pues puede ocurrir en todas partes. “Hoy, las dimensiones de esta evolución alcanzan grandes implicaciones en tanto estas máquinas comienzan a formar parte de una matriz de información, gente e identidades. Más que nunca antes, los latinos se comunican a través de las distancias, reuniéndose en un medio que antes había sido concebido como ‘herramienta de trabajo’. En este nuevo espacio, los latinos han reconocido que la pureza de su lenguaje puede ser considerada como una segunda prioridad en vista de las limitaciones que implica cuando tienen que hablar de la ‘tecnología de habla inglesa’. Empleando a las ‘palabras’ como herramientas de interacción, las comunidades latinas, inconscientemente, han enfrentado el desafío de revolucionar la vieja pureza de las reglas y tradiciones de su lenguaje, estableciendo nuevos paradigmas para la perpetuación de su identidad en la era de la información. Es decir, el cyberspanglish no es sólo un signo de la evolución del lenguaje, sino de su gente que se enlaza a través de un nuevo medio: la computadora” [27].

Las consecuencias culturales de esas transformaciones quizá todavía están por ser evaluadas, pero los cambios en el lenguaje son tan drásticos que hay quienes dicen voy a emailearlo ahorita; zoomea para verlo más grande; necesito rebutear la computadora otra vez. Desde luego, “para algunos, el cambio desafía la pureza de las culturas. Otros lo acogen como una evolución necesaria, una manera de participación que tiene que ser comunicada. La Internet y su lingua franca, el inglés, ha llegado a las comunidades de habla hispana en línea y las dos culturas han llegado a ser más entretejidas. Esta transformación podría ser comparada con otros hitos que han modelado a otros idiomas: la invasión árabe-berbera en Iberia, que les dió a los hablantes del español las palabras árabes que usan a la manera latina; o la conquista normanda, que le dio al inglés tantas palabras para usar en un lenguaje germánico. Como el español y el inglés, los ciberlatinos están tomando prestados, pero están empleando términos en su propia, única manera española” [28].

Como es de esperarse, esa flexibilidad para considerar que las modificaciones que la terminología técnica impone en el habla frecuente en español son signos de progreso, es considerada prácticamente herética por otros analistas. Las posiciones interpretativas y el diccionario de la profesora Rivas, han propiciado quejas de quienes consideran que ella, “se atreve a defender algunos usos que a ningún hispanoparlante con un mínimo de sensibilidad idiomática pueden parecerle aceptables, como el traducir ‘exit’ por ‘hacer un exit’ cuando en español eso es ‘salir’, o el horrible ‘printear’ en lugar de ‘imprimir’ como equivalente al inglés ‘print’, o ‘deletear’, de ‘delete’, por ‘borrar’. Pretender que verbos tan españoles como salir, borrar o imprimir dejen de usarse sólo por estar relacionados con una computadora es, en mi opinión, actuar contra la unidad y corrección del idioma”.

El lingüista Alberto Gómez Font, autor del anterior comentario, considera que si se aceptan cambios como los que ha recopilado Rivas, veremos declaraciones como la siguiente: “Querido Jesús: ya que hemos decidido emailearnos, te envío un archivo para que lo downloadees a tu ordenador. Lo he encontrado surfeando en el Web, cliqueando de site en site. Lo puedes pasar a un floppy o printearlo, y si no te interesa salvarlo lo deleteas…” [29]

La directora de la revista Apuntes, especializada en temas de traducción al español, Leticia Molinero, dice sobre la página de Rivas en la red de redes: “Esa postura de defensa del spanglish se basa no sólo en una crasa ignorancia de las posibilidades del español, sino en una actitud fáctica y servil ante el idioma inglés” [30].

Pero más allá de las indignaciones catárticas, es difícil ofrecer soluciones a esa evidente distorsión del idioma. Se trata de una tendencia imposible de frenar pues el español se encuentra en interacción con otras lenguas, especialmente el inglés. A lo mucho, se puede propiciar un ritmo de simbiosis menos acelerado y, claro, hace falta acuñar a veces, o reconocer en otras, los términos necesarios para describir acciones antes inexistentes y que ahora son cotidianas en el uso de la informática. Como ejemplo de las posturas testimoniales ante estos cambios en el lenguaje, está la propuesta del señor Jorge Tamayo, director de la editorial Enigma de Barquisimeto, Venezuela, recogida por el ya citado Gómez Font y que considera necesario que haya algún organismo que “de una vez por todas ejerza su mandato y le ordene al ordenador aceptar el más castizo nombre de computadora, o viceversa; que deje las ristras para los ajos (en la cocina) y utilice cadena para los caracteres del lenguaje binario de la computación, o viceversa. En síntesis, un Cervantes que al fin logre llegar a América a través de Internet para definir el vocabulario fundamental de informática castellana” [31].

Pero no parece que el idioma español vaya a ser organizado y menos actualizado, de esa manera. Como toda lengua viva, está abierto a las más diversas influencias. Lo que ocurre con la interdependencia que ya había del español con otras lenguas y con nuevos usos, ahora tiene lugar en un medio de propagación universal e inmediata. El desliz, la adaptación o el neologismo que aparecen en la Internet, tienen una circulación potencialmente mayor a la que antes alcanzaban otras formas de diseminación de nuevos vocablos.

En la Internet no existen trabas para decir las mayores tonterías. Lo que sí hay, son espacios específicamente dedicados a la discusión y reflexión de los cambios, así como a la presencia y vigencia de la lengua española. Divagando por las redes durante la preparación de este texto, encontramos listas de correo como la denominada “spanglish list”, en donde a diario se discuten estos asuntos [32].

En el web, o la telaraña como preferirán llamarle los adversarios del pragmatismo lingüístico, hay sitios que reivindican el uso y el estudio del castellano, como La Página del Idioma Español que es mantenida desde Río de Janeiro por el periodista uruguayo Ricardo Soca [33]. Se trata, como dice su autor, de un intento para “contribuir a la preservación, unidad y pureza de nuestra lengua. Busca sumarse así a otras iniciativas que apuntan abrir en la Internet nuevos y más amplios espacios a la comunidad de 400 millones de hispanoparlantes”. La página ofrece un índice de publicaciones electrónicas de América Latina y España, una selección de diccionarios digitales, un espacio para debates entre traductores, ligas a novedades y páginas literarias en la red y a cursos de español, así como una relación de foros de discusión sobre estos temas, entre otros espacios.

En la red hay varias páginas sobre el uso del español, especialmente de y para periodistas. Recientemente se abrió el foro “Periodismo”, de discusión sobre el uso de la prensa específicamente en esta lengua [34]. Por otra parte, existen sitios como el denominado “Español Urgente”[35] , en donde la agencia EFE, “con el propósito principal de aportar criterios que eviten la dispersión lingüística y la invasión indiscriminada de neologismos”, ofrece consultas y un vademécum con aclaraciones sobre nombres y palabras difíciles pero de uso frecuente en los medios. En compendios como ése, suelen aparecer ejemplos de las dificultades para uniformar el uso del idioma español en nuestros países.

La agencia EFE incluye, en su glosario, términos que pueden ser equívocos. Es el caso de una palabra que en México llega a tener un significado impensable en otros países y de la cual, el Vademécum del Español Urgente que puede ser consultado en la Internet, se ocupa de la siguiente manera:

coger. Recibida una carta de México en la que se nos advertía sobre la inconveniencia de usar el verbo coger en las noticias de la Agencia EFE sin tener en cuenta su significado en algunos países de Hispanoamérica, creemos oportuna la siguiente aclaración:

No podemos aconsejar a todos los delegados y corresponsales de la Agencia EFE en Hispanoamérica que dejen de usar el verbo coger, cuando para la mayor parte de ellos no es malsonante. Lo lógico es que los receptores de las noticias de EFE sepan que nuestra agencia es española, y que por lo tanto hay palabras con distintos usos en sus países y en el nuestro. A los receptores corresponde cambiar lo que pueda resultar chocante en su país, antes de publicarlo en sus periódicos o de transmitirlo por sus cadenas de radio o televisión” [36].

La precisión de los redactores de EFE es representativa de la altanería con que frecuentemente, desde la llamada madre patria, se establecen criterios para el uso de la lengua que todos compartimos. El español de España no es sino uno de los varios que se hablan en el mundo, aunque por supuesto los giros en los significados de las palabras que se propagan en cada país o en cada región, no permiten que en la difusión de las noticias existan versiones idiomáticamente correctas. La irradiación de los medios de comunicación más modernos y ahora especialmente la Internet, quizá propicie una homogeneización en el español de uso corriente en nuestros países. Con ello perderemos originalidad, diversidad y vivacidad. Pero quizá, gracias a esa uniformidad algunos cables de la agencia EFE dejen de causar incomodidad en otros países de lengua hispana.

La lid por la “ñ” y las posibilidades

del periodismo electrónico en español

La Internet es un medio de y para el idioma inglés. Ello no cancela la posibilidad de que existan espacios en otras lenguas ni el mérito de los que, como hemos visto, ya hay en la red de redes dedicados al español. Pero incluso para encontrarlos, es preciso hacer nuestras búsquedas en inglés.

Quizá el índice más ambicioso que hay ahora en Internet sea el denominado Altavista, que no sólo busca entre los nombres de las páginas en la red, sino que además hurga dentro de ellas. En ese índice, a fines de marzo pasado intentamos un ejercicio muy sencillo. A través de la página electrónica del CNET, uno de los sitios con mayor información sobre la Internet, especialmente acerca de novedades tecnológicas [37], le pedimos al localizador de Altavista, que buscase todas las referencias para la palabra español. El resultado fue harto significativo: cero hallazgos. Pero cuando solicitamos la búsqueda de la palabra spanish los resultados fueron abrumadores: había 659 mil 204 sitios en los que destacaba ese vocablo. Luego, si quitábamos la “eñe” para escribir espanol, se nos informaba de 258 mil 300 sitios en la Internet con esa palabra. Lo que ocurría, era que la liga a la página desde la cual hicimos la búsqueda no tenía el software adecuado para descifrar la letra “ñ”. Pero ya en una indagación directamente en la página de Altavista, encontramos que hay 88 mil 5 sitios con la palabra español, con todo y “ñ”. Allí mismo, el término castellano aparece en 40 mil 980 casos. De todos esos sitios, el que ese índice pone en primer lugar, por considerarlo más relevante, es la página web con el curriculum de una especialista en computación en Florida, llamada Roslyn Castellano. El segundo, es una compilación de periódicos en idioma español.

La cibernética, en algunas de sus expresiones más específicas, está reñida con el español. La falta, hasta hace no mucho tiempo, de teclados sin “ñ” en nuestros países era una expresión de esa apropiación sin adaptación que solemos hacer de las nuevas tecnologías.

Pero además, a esas tecnologías y a quienes deciden respecto de ellas, les llegamos a endosar culpas que no son necesariamente suyas, en la distorsión y simplificación de nuestro idioma. En 1996 fueron célebres las pifias que aparecieron en el diccionario de sinónimos del procesador de palabras Word, de Microsoft. Varios usuarios encontraron que el término “indígena” era equiparado a las palabras “salvaje”, “antropófago, “caníbal” o “beduíno”, entre otras. Entre los sinónimos de “mujer” estaban “hembra”, “señorita”, “venus”, “criada” o “doncella” pero en cambio, para la palabra “persona” uno de los sinónimos era “hombre” y para nada se mencionaba allí a las mujeres. “Homosexual”, era equiparado con “invertido”, “maricón” o “desviado” y “lesbiana”, con “pervertida” y “viciosa” entre otros presuntos sinónimos. Y así por el estilo.

El pequeño escándalo que se desató a mediados de 1996 primero en España y luego al menos en México, fue un tanto repentino porque los procesadores de palabras de Microsoft hacía varios años que incluían equivalencias de tal sexismo y dogmatismo y que se sepa, nadie había reclamado. Además, las mismas acepciones se encuentran en diversos diccionarios de sinónimos, que desde tiempo atrás venían circulando y lo siguen haciendo, sin que sus editores hayan sido emplazados a revisar las expresiones desatinadas. No faltaron quienes, en una reacción autodefensiva pero un tanto candorosa, acusaron a la mencionada empresa fabricante de software de querer imponer criterios anglosajones pero al mismo tiempo machistas y segregacionistas, en sus diccionarios para usuarios en lengua española. La verdad, es que ésas eran acepciones publicadas desde mucho tiempo atrás por varios de los diccionarios convencionales de mayor uso en nuestro idioma [38]. Microsoft se disculpó, consultó a especialistas en varios países de habla hispana y puso a circular una nueva versión, gratuita para quienes tuvieran la anterior, de su diccionario de sinónimos [39].

* * *

La Internet es un espacio que la prensa en español no puede, no debería desperdiciar. Si el periodismo electrónico sustituirá o no a la prensa en papel y tinta, es algo que, en realidad, no nos tocará presenciar. Todavía hay suficiente carencia de computadoras, módems, conexiones telefónicas y servidores de redes para que durante varias décadas, la información y el pensamiento por escrito y a través de los procedimientos tradicionales sigan manteniéndose. Pero no por ello es justificable que se descuide la expansión de la red de redes, que a las publicaciones que ya existen impresas en papel les permite aumentar su presencia y que ofrece la opción de ensayar nuevas formas de comunicación periodística.

La preponderancia del idioma inglés tampoco debiera amilanar al periodismo en español, aunque es un hecho que no podemos ignorar. El periodismo en la red de redes no es ni la panacea democratizadora ni el pozo de confusiones que sus paladines o sus detractores más encarnizados afirman. Es un recurso, de importancia creciente en el que hay que saber estar, antes de estar sin ton ni son. Allí, como en la prensa escrita, caben informaciones y calumnias, reflexiones lo mismo que infundios. Y eso sucede en todos los idiomas.

La Internet, lo mismo que el idioma, son instrumentos para comunicarnos. Si queremos que sean eficientes tenemos que admitir sus cambios, sin que esa transformación necesaria sea perturbación que haga inoperantes o inaccesibles a estos instrumentos. Podemos analizar o desentrañar, instruir o enseñar, de la misma manera que es factible causar perjuicio o daño y decir falsedades o patrañas, con eñe o sin ella.

Granja de la Concepción,

Ciudad de México,

Abril de 1997


[1] De este asunto nos ocupamos en nuestro libro La Nueva Alfombra Mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes, Fundesco (Madrid, 1996) y Diana (México, 1996), pp. 103 y ss.

[2] Enrique Galván Ochoa, “Internética. Salinas, localizado”, columna en la primera plana de La Jornada, 22 de abril de 1996. El nombre descubierto por Galván Ochoa aparecía en el buscador de domicilios electrónicos llamado “who-where” en donde, pocos días más tarde, había varios registros a nombre de “Carlos Salinas de Gortari”. Se trataba de nuevas bromas. Una de ellas, decía: “Esta es una prueba de que la portada de La Jornada del 22 de abril de 1996 es muy fácil de provocar”. Para que no quedara duda de la burla, ahora el seudónimo que se le adjudicaba a Salinas era el de “babastodos”. La Jornada ya no publicó más sobre ese asunto, en el que había sido víctima –y con ella, muchos de sus lectores– de una broma, precisamente, para bobos. Sin embargo, tampoco admitió que había proporcionado como cierta, una noticia falsa. En este como en tantos otros casos, hubo quienes creyeron lo que querían creer.

[3] La guía Magellan presenta una selección al azar, que se renueva cada 20 segundos, de los temas que en ese momento están buscando los usuarios del índice Excite: http://voyeur.mckinley.com/voyeur.cgi

[4] http://www.enews.com

[5] David Lidsky, “The Web Delivers”. PC Magazine, vol. 16, no. 4, february 18, 1997. Los servicios seleccionados en ese informe son: After Dark Online, Air Media Live Internet Broadcast Network, AlphaConnect StockVue, BackWeb, Castanet Tuner, IBM NewsTicker, In-Box Direct, Intermind Communicator, My Yahoo! News Ticker, NETdelivery y The PointCast Network.

[6] Además hay 1983 páginas electrónicas de estaciones de radio, 6275 de televisoras y 3362 consideradas como de “eventos de actualidad”

[7] “Medios de comunicación españoles en la red”: http://www.dat.etsit.upm.es/~mmonjaras/prensa.html

[8] Emy Armañanzas, Javier Díaz Noci y Koldo Meso, El Periodismo Electrónico. Información y Servicios Multimedia en la Era del Ciberespacio. Ariel Comunicación, Barcelona, 1996, pp. 128 y 195 y ss.

[9] Ibid., p. 195

[10] Mexico Index: http://www.trace-sc.com/index1.html

[11] El grupo Netree’s Internet Statistics (www.netree.com/netbin/internetstats), con datos del Internet Business Center, estimaba en enero de 1997 que la cantidad de personas deambulando por la red de redes ascendía ya a 102 millones. Sin embargo, es posible pensar que esos datos han sido exagerados, quizá para entusiasmar a los posibles anunciantes en espacios en la Internet. Esa fuente deducía, además, que había ya un millón 600 mil espacios en la WWW. Más realista, parece el cálculo de la Internet Data Corporation (www.idcresearch.com) que el 31 de octubre de 1996 contabilizaba 31 millones 400 mil usuarios. Una información más es la de Internet Info (www.webcom.com/walsh/) según la cual para el 27 de septiembre de 1996 había 611 mil 860 dominios, o domicilios en la WWW, registrados ante InterNic, que es la autoridad reguladora de la nomenclatura en la Internet. Un compendio de estas informaciones se encuentra en la página de la firma australiana ad.media: http://www.admedia.aust.com

[12] Por ejemplo, la compilación de datos del rastreador de Internet denominado WebCrawler, ofrecía en abril de 1996 la cifra de 145 mil 166 servidores registrados aunque cada uno de ellos podía ser “anfitrión” de varias páginas en la red. Otro dato indicaba la existencia de 199 mil 129 domicilios de servidores para esa fecha: http://www.webcrawler.com/WebCrawler/Special.html

[13] Nota sin firma en la primera plana de El Universal, México, 23 de mayo de 1996. Ese diario no volvió a ufanarse de tener una alta lectura en su edición electrónica.

[14] Adriada Malvido, “Cumple dos años La Jornada en Internet: 85 mil consultad diarias”. México, 8 de febrero de 1997.

[15] Jacqueline Emigh, “First wave of web publiching failures arriving”, en Newsbytes News Network: http://www.newsbytes.com (28 de marzo de 1997).

[16] “EL PAÍS y Microsoft, las páginas favoritas del ‘internauta’ español”. El País, Madrid, 24 de enero de 1997. La encuesta completa puede encontrarse en la página electrónica de ese diario: http://www.elpais.es

[17] Juan Antonio Gallont, “Se ‘roba’ su propia exclusiva The Dallas Morning News”, en Reforma, México, 10 de marzo de 1997. El domicilio del Dallas Morning News es: http://www.dallas-news.com

[18] Francis Pisani, “Los periódicos y la Web”, en Reforma, México, 17 de marzo de 1997.

[19] En México, la nueva Ley Federal del Derecho de Autor, promulgada el 24 de diciembre de 1996, protege a los programas de computación y las bases de datos.

[20] Steve Outing, “Playboy asume posicao intermediaria quanto a protecao de direitos autorais”, columna reproducida en “Parem as maquinas”, espacio en la página electrónica del sistema brasileño Universo On Line. http://www.uol.com.br/internet

[21] “Crece la polémica muncial sobre los derechos de autor en Internet”. El País, Madrid, 13 de diciembre de 1996.

[22] “Larry Flynt, the most controversial man that nobody really knows”, Hustler Online: http://www.hustler.com/interview/default.html . La entrevista, en traducción de María Cristina Rosas González, aparecerá con el título “Larry Flynt, el hombre de la prensa desmesurada”, en el número 220, del 17 de abril de 1997, del semanario etcétera: http://www.caligrafia.com/caligraf/etcetera

[23] “Print vs. the web”. Time Digital, suplemento de Time. New York, march 17, 1997.

[24] Poder Ejecutivo Federal, Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000. Programa de Desarrollo Informático. Secretaría de Hacienda y Crédito Público, México, 1996, p. 52. El documento lleva el pie de imprenta de la SHyCP aunque fue preparado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.

[25] En 1994, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 640 mil 222 hogares mexicanos –de un total de 19 millones 440 mil 278– tenían computadora personal. De esa cantidad, 542 mil 660 eran hogares con ingresos de más de 8 salarios mínimos. Datos elaborados a partir del Programa Nacional de Desarrollo Informático, cit., pp. 129-132.

[26] “CyberSpanglish WebSite”: http://www.actlab.utexas.edu/~seagull/spanglish.html

[27] Ibid.

[28] Yolanda M. Rivas, “Hablas CyberSpanglish? You might find that you already do!”, en Hispanic on Line, april 1996: http://www.hisp.com/apr96/tesoros/index.html

[29] Alberto Gómez Font, “Un nuevo lenguaje técnico: el español en Internet”. Ponencia al III Coloquio Lenguaje y Comunicación en Caracas, Venezuela, febrero de 1997. Bajado de La página del idioma español: http://www.webcom.com/rsoca/index.html

[30] Ibid.

[31] Ibid.

[32] Las listas de correo en la Internet funcionan por suscripción. Los usuarios intercambian mensajes que reciben directamente en su buzón de correo electrónico, pero para participar es necesario ser aceptado por el administrador de la lista. La “spanglish list” recibe solicitudes en el domicilio: spanglish@eunet.es Además, una relación de los mensajes insertados en esa lista puede encontrarse, en la world wide web, en: http://www.eunet.es/listserv/spanglish

[33] La página del idioma español: http://www.webcom.com/rsoca/index.html y también: http://www.iis.com.br/~rsoca/index.html

[34] La lista de correos recibe suscripciones en: listserv@listserv.rediris.es ; en la WWW hay un archivo con los textos que han circulado en dicha lista: chico.rediris.es/archives/periodismo.html

[35] Español Urgente: http://www.efe.es

[36] Vademécum: http://www.efe.es/vademecum/index.html

[37] CNET es un proyecto conjunto de varias empresas de comunicaciones para ofrecer información sobre los vínculos entre la Internet y la televisión: http://www.cnet.com

[38] Tenemos a la mano el Gran Diccionario de Sinónimos, Voces Afines e Incorrecciones de Fernando Corripio, publicado en las Ediciones B de Grupo Editorial Z (de Barcelona) en México en marzo de 1991 y cuya primera edición es de junio de 1989. Al parecer el diccionario de sinónimos de Word y otros procesadores en español (como Works) de Microsoft fue calcado de esa obra. Así que las acepciones políticamente incorrectas o, de plano, discriminatorias, ignorantes u ofensivas, ya transitaban por nuestras bibliotecas antes de que fuesen atribuídas a esa corporación de programas de cómputo.

[39] Armando Neira, “Microsoft pide perdón por sus sinónimos”. El País, Madrid, 24 de junio de 1996.