Veinte propuestas sobre WikiLeaks

Este texto fue publicado, en dos partes, en las ediciones de enero y febrero de 2011 de la revista Zócalo
1. Es pertinente subrayar una obviedad: WikiLeaks no existiría sin Internet. El sitio que Julian Assange puso al servicio de la filtración de documentos políticos no funcionaría sin la Red de redes. En tal virtud, comparte los rasgos más destacados de Internet: la información colocada en ese sitio web es ubicua, es decir, puede ser consultada desde cualquier lugar; no hay límites para la cantidad de datos que son colocados a disposición de los interesados; el manejo de esa información es descentralizado; su irradiación trasciende fronteras e intereses nacionales; la velocidad y la volatilidad definen también a esa propagación de información.

2. El uso que le da WikiLeaks, hace de Internet un instrumento capaz de alterar, aún no sabemos bien a bien con qué consecuencias, al menos parte de las reglas, los equilibrios y los intereses de la política internacional.

La Red ha sido utilizada, con distintos resultados, para influir en procesos nacionales, desde la propagación de las confidencias de aquella becaria de la Casa Blanca que intimaba con el presidente Clinton hasta la denuncia del autoritarismo en Irán, China o Cuba. Con WikiLeaks estamos ante la incursión de Internet en la política global. Si aún había duda, ahora resulta claro que la Red de redes es mucho más que un instrumento para propagar entretenimiento y trivialidades, o para conectar a los individuos. Junto con eso, es un espacio central en la disputa por el poder.

3. WikiLeaks existe para contender con el poder establecido. No es una ocurrencia de algunos jóvenes despistados aunque expertos en informática. Se trata de una empresa creada para poner en evidencia excesos y debilidades de los gobiernos.

Hace varios años Julian Assange decidió involucrarse en la develación de documentos secretos como una manera de golpear al poder político. A fines de 2006 escribió en su blog IQ.ORG: Mientras más secreta o injusta es una organización, las filtraciones provocan más miedo y paranoia en su liderazgo y en los planes de esa camarilla. Esto debe minimizar la eficiencia de sus mecanismos de comunicaciones internas… resultando en una disminución en la habilidad para mantener el poder” (http://web.archive.org/web/20071020051936/http:/iq.org).

A juzgar por las reacciones en los gobiernos de Estados Unidos y varios países europeos, la develación de toneladas de documentos del Departamento de Estado, que WikiLeaks puso en línea el 28 de noviembre de 2010, ha ocasionado la reacción anticipada cuatro años antes por Julian Assange.

4. Filtraciones de documentos gubernamentales, siempre han existido. La diferencia en este caso es que la develación de expedientes ha corrido a cargo de ciudadanos expresamente organizados con ese propósito. WikiLeaks fue creada y ha sido sostenida por individuos y grupos de la sociedad más allá del interés de los estados o las corporaciones privadas. Su energía radica en el carácter reticular de Internet que le permite superar intentos de censura y bloqueos pero, antes que nada, en el trabajo voluntario de millares de cibernautas que replican y mantienen los  documentos inicialmente propalados por WikiLeaks.

5. El desempeño de WikiLeaks, especialmente con la propagación de los documentos del Departamento de Estado, reafirma la fuerza de la información en el mundo contemporáneo. WikiLeaks es un grupo y un sitio modestos, pero se nutre de información dura. Con las filtraciones que le han proporcionado,  ha enfrentado a corporaciones y gobiernos al menos durante las primeras fases de este episodio.

La suerte que corra WikiLeaks será un parámetro para aquilatar otras experiencias futuras, pero hasta ahora el trabajo de Assange y sus compañeros ha desafiado, con información, a poderes con frecuencia casi inexpugnables. El holandés-australiano Gert Loovink, especialista en temas de cultura en línea, ha explicado junto con Patrice Riemens, la desmesura de ese enfrentamiento: “Siendo un jugador pequeño, WikiLeaks, gracias a sus revelaciones, aparece a la par de gobiernos y grandes corporaciones (su próximo objetivo), al menos en el dominio de la recolección y publicación de información. Al mismo tiempo, es incierto si esta es una característica permanente o temporal, un fenómeno desmesurado –WikiLeaks parece creer lo primero y parece serlo cada vez más y más–” (“Twelve Thesis on Wikileaks” en http://networkcultures.org, 7 de diciembre de 2010).

6. De la noche a la mañana, WikiLeaks terminó con las fantasiosas figuraciones que tanto proliferaron, en los años recientes, acerca del fin del periodismo. Cuando decidió hacer públicos los documentos del Departamento de Estado, Assange buscó a los editores de cinco medios de información internacionales. Los diarios y la revista elegidos (The Observer, Le Monde, The New York Times, El País y Der Spiegel) han tenido la tarea de examinar, clasificar, interpretar y publicar la enorme cantidad de cables diplomáticos que les proporcionó WikiLeaks.

Assange comprendió que esas labores desbordaban las capacidades de su pequeño equipo y acudió a los medios establecidos. Nadie perdió atribuciones ni potestades en esa realista división del trabajo. Gracias a WikiLeaks, Internet sirvió como plataforma para difundir los abundantes documentos, que pueden ser consultados por cualquiera que se interesa en ellos. El trabajo de los medios convencionales, con participación de docenas de periodistas, fue hacer legibles los 270 mil cables, fechados entre 1966 y 2010, que Assange había recibido, a su vez, de la persona que los sustrajo de los archivos del gobierno estadounidense.

No hay, entonces, rivalidad intrínseca entre los nuevos y los viejos medios. Más allá de las diferencias de formatos e intereses, unos y otros pueden complementarse e incluso darse la mano mutuamente.

7. Al elegir a cinco medios, en otros tantos países, Assange tomó una perspicaz decisión política. No solamente escogió medios de sólida reputación profesional sino que, además, tienen probada independencia respecto de los gobiernos en cada uno de sus países.

En el momento en que Assange hizo llegar los documentos a cada uno de esos medios, los puso a salvo de presiones políticas, judiciales y amenazas técnicas que podían haber afectado a WikiLeaks, o a uno solo de esos diarios, pero que será más difícil que los amedrenten a todos ellos.

8. La formidable y extendida curiosidad que ha suscitado la publicación de los documentos se debe al bullicio que desataron esos y muchos otros medios de comunicación en todo el mundo. Siempre será noticia la develación de un documento oficial que hasta entonces había estado intencionalmente oculto al escrutinio público. Pero la gente se interesa por tales informaciones debido, entre otras circunstancias, al habitualmente pobre desempeño de los medios de comunicación convencionales.

Si esos medios desarrollaran con frecuencia un periodismo de investigación capaz de identificar y explicar las decisiones del poder, seguramente las filtraciones de los cables diplomáticos no provocarían tanto interés. Pero la ausencia de datos y hechos acerca de los temas de actualidad más importantes, ocasiona avidez por la información dura, así sea tan precaria como la que hay en muchos de los cables develados por WikiLeaks. La fama de los documentos así filtrados se debe, en parte, a las insuficiencias frecuentes de la prensa convencional.

9. Assange se ufana de haber propiciado el surgimiento del “periodismo científico”. No es para tanto. El periodismo profesional hace décadas estableció parámetros para realizarse con escrupulosidad y ceñido a los hechos. El problema radica en la escasez de ese periodismo, cuyas contribuciones suelen confundirse en medio del chismerío, las reiteraciones y las apreciaciones subjetivas que dominan en buena parte de la prensa internacional.

Julian Assange escribió en The Australian del 8 de diciembre: “WikiLeaks acuño un nuevo tipo de periodismo: el periodismo científico. Trabajamos con otros medios de comunicación para informar a la gente, pero también para demostrar qué es verdad. El periodismo científico te permite leer la noticia, luego hacer clic en línea para ver el documento original en el que se basa. De esa manera puedes juzgar por ti mismo: ¿Es verdadera la historia? ¿El periodista informó con precisión?”.

En realidad, el periodismo de precisión es algo más que la disponibilidad de las fuentes para que cada quien verifique o amplíe la información que ha recibido. Una fuente documental no es, por sí sola, garantía de veracidad o autenticidad. Los cables del Departamento de Estado muestran los informes de funcionarios diplomáticos acerca de muy variados temas pero lo que allí se dice no es necesariamente cierto. Por descuido o dolo, un embajador puede haber falseado las confidencias que transmitió a sus superiores en Washington, o sus informantes pueden haberlo engañado. Una nota periodística redactada con rigor acerca de cualquiera de esos acontecimientos, puede apoyarse en algunos de esos cables pero sería inadecuado que los tuviera como única fuente. Los medios que han difundido el contenido de dichos cables por lo general ofrecen versiones parciales que pocas veces han verificado.

La conexión entre la nota periodística y sus fuentes ha sido habitual desde que surgió el periodismo en línea. Aunque no siempre lo hacen, los medios en Internet que colocan ligas  textos, infogramas, archivos audiovisuales y todo tipo de documentos, contribuyen a ampliar las opciones de sus lectores. El hipertexto, y no WikiLeaks, abrió la ruta hacia lo que Assange denomina periodismo científico. Pero, bien a bien, hace falta más que ligas de hipertexto para que el periodismo alcance rigor científico.

10. En realidad, la idea que Assange tiene del periodismo es bastante tradicional –aunque con ello no queremos decir que sea conservadora–. El fundador de WikiLeaks considera que la prensa debe servir como contrapeso a los poderes establecidos, cuyos abusos y yerros tiene la responsabilidad de exhibir.

El papel de la prensa como “perro guardián” de los regímenes políticos ha sido sostenido por muy variados autores desde hace dos siglos, desde De Tocqueville y Marx hasta Walter Lippmann o Robert Dahl. Esos autores, cada cual en su circunstancia, asignaron a la prensa una función cardinal en la fiscalización del poder así como en la propagación de informaciones que les permitan a los ciudadanos estar enterados acerca de los asuntos públicos. Assange comparte la idea clásica, en absoluto reñida con la democracia liberal, acerca del periodismo cuando, en el mencionado texto para un diario australiano, sostiene: “Las sociedades democráticas necesitan medios fuertes y WikiLeaks es parte de esos medios. Los medios ayudan a que los gobiernos se mantengan honestos. WikiLeaks ha revelado algunas verdades duras acerca de las guerras en Irak y Afganistán y ha destapado historias acerca de la corrupción corporativa”.

Sin embargo los medios no son ajenos a los intereses y apremios que afectan al poder político. No puede haber contribución efectiva a la democracia cuando los medios están concentrados en pocas manos, o son presa fácil de manipulaciones del poder político o corporativo.

11. WikiLeaks se asienta en Internet, se nutre y se parapeta en ella. La Red es espacio propicio para que se difundan torrentes de documentos. Sin la digitalización de la información en la cual se sustenta Internet, hubiera sido imposible copiar, transportar, enviar, compartir, propagar y mantener almacenados los 270 mil cables del Departamento de Estado y otros documentos reunidos en WikiLeaks.

En Internet, se encuentran también los recursos que les han permitido a WikiLeaks y sus creadores eludir la censura. Por cada empresa que se han negado a que sus servidores, que habían sido contratados por WikiLeaks, alojen esos contenidos, han surgido centenares de cibernautas dispuestos a reproducir y mantener en línea esos archivos. A mediados de diciembre había cerca de mil 400 sitios espejo con tales contenidos, aunque esa cifra ha cambiado constantemente.

La experiencia de WikiLeaks también  demuestra que no hay contradicción sustancial entre los sitios web tradicionales, que pueden almacenar archivos de extensión casi ilimitada, y las redes sociales que dan vida a la que algunos han llamado la web 2.0. WikiLeaks se ha apoyado, sobre todo para hacer anuncios y mantener enterados a sus seguidores, en recursos como Twitter y Facebook.

En Internet, por otra parte, trabajan y se congregan muchos seguidores de Assange y su sitio, entre los cuales hay especialistas informáticos que han organizado acciones de revancha contra gobiernos y empresas adversas a WikiLeaks. Es difícil suponer que esas represalias tengan tanto efecto que inhiban las acciones legales y políticas contra WikiLeaks, pero expresan nuevas formas de comportamiento público independientemente de la pertinencia o legalidad de tales acciones.

12. El trabajo de WikiLeaks le da permanencia y trascendencia a Internet. Frente a muchos contenidos en línea, cuyo carácter efímero nadie o casi nadie lamenta, los archivos difundidos por Assange y sus compañeros han afianzado el valor del respaldo informático y la disponibilidad documental. Además del contenido mismo y las implicaciones de los cables del Departamento de Estado, esos documentos son relevantes porque pueden ser consultados desde cualquier computadora enlazada a Internet. Por eso fue significativa una de las primeras reacciones de Washington que, ante la difusión de los cables, prohibió verlos o descargarlos desde los ordenadores de las oficinas del gobierno de los Estados Unidos. Tales prohibiciones suscitan mayor interés en los contenidos considerados impropios o ilegales.

Assange ha considerado que la inestabilidad de la información en la Red puede ser enmendada con nuevas y más seguras copias para que el contenido relevante no se pierda. Su idea de la Red amalgama una remembranza de Espías en conflicto con posibilidades anunciadas en Matrix: “Un espía abre un sobre. Adentro hay una delgada hoja de papel con un mensaje críptico. Después de leerlo, el papel espontáneamente arde en llamas. El mensaje es la condensación comunicable de tus esperanzas, sueños y de tu imaginación. El papel es la internet. La internet es papel que se auto destruye. Un lugar en donde cualquier cosa escrita es destruida rápidamente por la competencia rapaz y la única manera de preservarla es copiarla permanentemente de hoja en hoja, más rápido de lo que se puedan quemar” (texto de diciembre de 2006 en el blog IQ.ORG antes citado).

Los mismos apuntes de Assange forman parte de la memoria de y en Internet. El blog que mantuvo entre 2006 y 2007 dejó de estar en línea pero se puede consultar en el Internet Archive (http://web.archive.org) que mantiene disponibles millares de sitios y millones de páginas que han sido suprimidas de los servidores en donde inicialmente se alojaron.

13. Aunque WikiLeaks es tarea de un grupo, antes que nada, al menos en apariencia, es resultado de la obsesión, el activismo y el protagonismo de una sola persona. La estrecha identificación entre ese sitio y Julian Assange no ha sido casual. Él es WikiLeaks y viceversa. Esa mutua supeditación contradice las costumbres colaborativas, alejadas del personalismo, que suelen definir a los activistas y especialistas que despliegan en Internet actitudes contestatarias. Por lo general, la estructura reticular facilita el intercambio entre diversos grupos e individuos. Y el culto a la personalidad es tan infrecuente que gran parte de los activistas informáticos se identifican con seudónimos.

Assange no comparte esas costumbres. Uno de sus recursos para llamar la atención de los medios de comunicación ha sido su propia personalidad: intensa, heterodoxa, provocadora. Su fama la debe, por supuesto, a las filtraciones que se han propagado a través de su sitio en Internet. Pero al añadir a esos documentos un perfil exigente e irreverente, se ha consolidado como personalidad mediática.

Las ventajas que ese protagonismo ha tenido para afianzar la notoriedad de WikiLeaks tienen su contraparte en la inestabilidad que dicho grupo, y su tarea de propagación, pueden experimentar si el personaje que es su eje y motor se desploma. Por eso las acciones judiciales contra Assange, debido a imputaciones que no están relacionadas con el contenido de los documentos que ha propagado, pueden ser tan costosas para WikiLeaks.

14. Assange tiene los atributos del héroe solitario. El desafío que presentó al gobierno de Estados Unidos y al que podrían añadirse revelaciones acerca de varias corporaciones financieras, tienen el atractivo y la emotividad que siempre alcanza la lucha de David contra Goliat. Puede que haya sido una insensatez, o incluso un episodio cuya importancia se diluya al cabo de los meses, pero la divulgación de los documentos del Departamento de Estado, y lo que siga, ha sido mucho más que una bravata.

¿Qué gana Assange con todo ello? Nada, excepto cuitas personales. Nada, al menos, en el terreno económico. Como suelen pensar que todos son de la misma condición, en numerosos medios de comunicación se dijo que Assange había cobrado diversas cantidades por entregar los archivos a los medios impresos que los han difundido desde los últimos días de noviembre. Esos diarios han explicado que no les pidió ni medio dólar.

Aunque no repite muchos de sus estilos, Assange practica la ética de los hackers. A diferencia de la ética protestante que enaltece al trabajo como una manera para afianzar la reivindicación personal y, entre otros fines, hacer dinero, la ética hacker cumple con códigos de excelencia y competencia sobre todo en las actividades informáticas. En su prólogo al libro de Pekka Himanen, el especialista en programación Linus Torvald defiende el propósito de, antes que nada, “poner en común la información” como hizo él mismo al crear el sistema operativo Linux que funciona con código abierto (es decir, sin las exigencias de pago ni las restricciones técnicas de sistemas como los de Microsoft). Torvald explica que en el comportamiento ceñido por tales principios lo principal no es ganar dinero sino, más bien, “un deseo de crear algo que la comunidad formada por nuestros iguales consideren valioso” (La ética del hacker y el espíritu de la era de la información. Destino, Barcelona, 2002).

15. La diplomacia no será la misma después de WikiLeaks. Hasta ahora el diplomático ha sido, ente otras cosas, una suerte de confidente y escudriñador de los entretelones políticos y sociales del país en donde se encuentra asignado. Además de las tareas de representación formal y la negociación de asuntos políticos y comerciales, el diplomático ha tenido la responsabilidad de informar a partir, siempre, del tamiz que le imponen sus intereses y circunstancias.

La diplomacia suele estar imbricada con la discreción. Los profesionales de esa actividad deben ser diestros para eludir con elegancia a los medios, a la vez que nutren redes de información confidenciales. A menudo la diplomacia es refractaria a la circulación de información.

WikiLeaks golpeó en el centro esas costumbres. A partir de la divulgación de cables del Departamento de Estado, ningún enviado diplomático rendirá informes sin suponer que pueden ser conocidos más allá de sus destinatarios habituales; nadie hablará con embajadores o cónsules sin recordar que todo lo que se les dice puede ser motivo de los informes que rinden a sus gobiernos. Aún así, es difícil suponer que estamos ante nuevas formas de relación entre los estados.

16. WikiLeaks aprovecha la mala fama de los gobiernos y la política – especialmente del gobierno estadounidense– para hacer, de la develación de secretos, una causa que suscita extensas simpatías. Las decisiones de Estado en la Unión Americana, particularmente en temas relacionados con intervenciones militares, suelen parapetarse en el ocultamiento y la mentira. De Nixon a Bush, del Watergate a las falsedades sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, el gobierno de ese país mantuvo a la mayor parte de sus ciudadanos en la ignorancia acerca de temas cardinales. Hay numerosos motivos para desconfiar de esos gobiernos.

La desafección política se debe fundamentalmente a errores y abusos del poder, pero resulta paralizante cuando expresa simplemente suspicacias frente a las instituciones y los individuos que detentan el poder político. La descalificación sin matices a todos los partidos o a todos los gobernantes por igual, puede ser políticamente infructuosa e, incluso, conservadora.

Al exhibir falsedades y arbitrariedades de los gobernantes, WikiLeaks respalda la idea de que todos son iguales, que ha formado parte de la percepción antipolítica que se extiende en nuestros países. Asentado en una desazón legítima, ese estado de ánimo puede dar lugar a liderazgos populistas y, nuevamente, autoritarios.

Los medios de comunicación han querido situarse en la cresta de esa oleada antiautoritaria, a veces con posiciones tan carentes de matices que lejos de explicar, contribuyen a fomentar apreciaciones maniqueas. Al reseñar las decisiones que El País tomó respecto de WikiLeaks el director de ese diario español, Javier Moreno, considera: “El interés global concitado por los papeles de WikiLeaks se explica principalmente por una razón muy simple, pero al mismo tiempo poderosa: porque revelan de forma exhaustiva, como seguramente no había sucedido jamás, hasta qué grado las clases políticas en las democracias avanzadas de Occidente han estado engañando a sus ciudadanos” (19 de diciembre de 2010).

Sin duda se trata de una situación inédita. Pero sostener que todas las clases políticas en nuestros países “han estado engañando” a los ciudadanos resulta por lo menos exagerado. También lo es creer que los documentos de WikiLeaks exponen “de forma exhaustiva” ese engaño de los gobiernos a sus ciudadanos.

17. La democracia se apoya en la verdad, pero no por ello la develación de asuntos hasta ahora confidenciales logrará por sí sola que los gobiernos funcionen en beneficio de la gente. La transparencia no basta para cambiar al poder político, ni puede dominar en todas sus acciones. En toda institución, así como en todas las relaciones entre los individuos, hay espacios y expresiones públicos y otros de carácter privado o incluso confidencial. La discreción, pero también el secreto, pueden ser necesarios cuando se toman algunas decisiones políticas.

Si todas las discusiones o el intercambio de información al interior de los gobiernos e instituciones fueran públicas, estaríamos ante una suerte de Big Brother inverso, en donde todos nos entremeteríamos en los asuntos confidenciales y privados de todos, incluyendo al poder político. La transparencia respecto de los asuntos públicos es uno de los pilares de la democracia pero su gestión requiere de reglas y organismos que, tratándose de asuntos sensibles, resuelvan qué y cómo ha de conocerse.

La develación de los cables expuestos por WikiLeaks también ha estado acotada por decisiones circunstanciales. Assange y los directivos de los diarios y la revista que recibieron tales documentos acordaron que habría una revisión para evitar que se filtraran nombres de personas cuya integridad física pudiera estar en riesgo. The New York Times admitió que dio a conocer al Departamento de Estado algunos de los documentos que publicaría y escuchó la opinión del gobierno acerca de la pertinencia de mantener reservados algunos de ellos.

Los medios de comunicación se constituyeron en filtros para resolver qué se conocería, y qué no, de las filtraciones obtenidas por WikiLeaks. Es posible que, al hacerlo, se hayan comportado con responsabilidad. Pero el hecho de que algunas empresas privadas se erijan en cancerberos de los asuntos públicos no deja de ser inquietante.

Por lo demás en los medios de comunicación, como en cualquier empresa, tampoco hay transparencia absoluta. Toda organización necesita espacios de secrecía para tomar y procesar decisiones. ¿Qué dirían esos medios si WikiLeaks propalara documentos acerca de sus asuntos internos?

18. Las filtraciones de WikiLeaks van más allá de simpatías políticas específicas y pueden llegar a ser, para algunos, políticamente incorrectas. Primero involucraron a los gobiernos de Estados Unidos y varios países europeos. Presiones ilegítimas, apreciaciones incriminatorias e incluso psicología instantánea de los diplomáticos estadounidenses acerca de diversos gobernantes, fueron festejadas por medios y fuerzas políticas de todo el orbe. El brasileño Lula y el ruso Putin respaldaron esas revelaciones que, en lo fundamental, confirmaban intervencionismos y mentirijillas de Washington especialmente bajo el gobierno de George W. Bush. Más tarde, se han destapado también informaciones incómodas para gobernantes como, en América Latina, el venezolano Chávez y los cubanos Castro.

19. WikiLeaks no fue creada únicamente para ventilar documentos sustraídos a la inteligencia política estadounidense. Es una plataforma a disposición de los más variados temas e intereses, pero siempre supeditada a las decisiones de sus operadores. Assange y sus colaboradores resuelven qué buscan y sobre todo qué aceptan desclasificar.

Esa responsabilidad requiere de un conocimiento especializado ya no solamente en temas de política internacional sino incluso en asuntos locales ya que con frecuencia –si WikiLeaks sobrevive después de las impugnaciones legales y políticas que la están enfrentando– les propondrán documentos acerca de asuntos domésticos muy específicos. La gestión de esa nueva circunstancia requeriría del surgimiento de versiones locales de WikiLeaks, aunque las pequeñas dimensiones y la hermética forma de trabajo del equipo de Assange no parecen preparadas para ello.

WikiLeaks es un sistema de organización y exhibición de documentos que funciona de manera centralizada. De hecho, su nombre induce a confusiones porque hasta ahora los sitios de Internet denominados wiki han sido espacios colaborativos, en donde cualquier interesado puede aportar pero además modificar informaciones. Así es como funciona la Wikipedia, esa enorme enciclopedia en línea que no tiene relación alguna con WikiLeaks.

20. Las acusaciones acerca de la conducta privada de Assange que hicieron dos mujeres en Suecia y las vicisitudes legales del creador de WikiLeaks desplazaron, en la agenda de los medios, al contenido de los documentos del Departamento de Estado. Esas imputaciones no solamente coartaron la libertad de Assange y lo metieron en un berenjenal jurídico y político de pronóstico reservado, sino además distorsionaron la difusión de las filtraciones. Apostar a la fuerza pública de los medios tiene sus bemoles: quien depende de ellos para influir en la sociedad, puede a su vez quedar sometido a las prioridades mediáticas habitualmente determinadas por el afán de escándalo y espectacularidad.

Por lo demás, no deja de resultar sorprendente el candor del intrépido Assange. Estaba al tanto de la capacidad de los estados para perseguir y amagar a quienes, como él, se arriesgan a escudriñar sus secretos. Sabía (puesto que escribió acerca de ello) que tenía que cuidar cada uno de sus pasos y no exponerse a trampas que pudieran afectarlos a él y a su organización. A pesar de todo ello, con espontaneidad de principiante, se dejó enredar por dos atractivas mujeres que luego lo denunciaron por abuso sexual. Algo tuvieron que ver la arrogancia y la vanidad, pero también la ingenuidad de Assange. Pareciera que nunca ha leído novelas policiacas. Hay que reconocer, sin embargo, que sin esa ingenuidad, emparentada con la imprudencia y la audacia, Assange nunca se hubiera aventurado a crear WikiLeaks.

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