Fiasco en Ginebra

Publicado el 17 de diciembre de 2003 en La Crónica y otros diarios

La participación mexicana en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información fue un verdadero fiasco. La ausencia de una auténtica política de Estado para impulsar en nuestro país el desarrollo de las redes informáticas así como la frecuente colusión del gobierno con los intereses privados en los campos de la radiodifusión y las telecomunicaciones, impedían que la representación mexicana tuviera una participación tan intensa y propositiva como las de otros países latinoamericanos. Al haber designado al secretario de Comunicaciones y Transportes para encabezar la delegación mexicana el gobierno subrayó el escaso interés que le suscitaba la Cumbre en Ginebra. Sin embargo la participación de Pedro Cerisola fue más modesta y trivial de lo que pudo haberse supuesto.

   Al titular de la SCT le correspondió hablar ante la plenaria de la Cumbre el viernes por la mañana, en el último día de sesiones. Las condiciones no eran, ciertamente, las mejores. La reunión había comenzado a las 9 de la mañana, Cerisola tenía el quinto turno para hacer su intervención –después de los representantes de Mongolia, Brunei, Tailandia y Jamaica–, el enorme auditorio del Palacio de Exposiciones estaba semi vacío y muchos de los pocos asistentes estaban fatigados después de varios días de trabajo.

   Aun así el secretario mexicano pudo haber aprovechado mejor sus siete minutos al micrófono, que fue lo que duró la retahíla de obviedades que conforma su discurso. A diferencia de la mayor parte de los mensajes que se dijeron en esa tribuna y que ofrecían datos, relataban avances o describían las políticas que cada país emprende para acercar las redes digitales a los ciudadanos, el discurso de Cerisola carecía de cualquier información así como de la más elemental prospectiva.

   Ese mensaje estuvo dedicado a explicar que el desarrollo de las telecomunicaciones tiene que entenderse de acuerdo con la historia de cada país. También se dijo que como en México la privatización de dicho sector ocurrió sin que esas modalidades de comunicación tuvieran cobertura plena, el país experimenta rezagos importantes.

   Cerisola hizo, allí, una observación que pareciera ser crítica: “Después de 13 años de privatización y apertura a la competencia de los servicios locales y 7 años de liberalización de los servicios de larga distancia, en razón de leyes de mercado, económicas y de industria, las acciones no se han orientado a expandir las redes en las zonas marginadas, donde mayores beneficios sociales podrían reportar, y donde la brecha digital tiene su origen…”

   Aparentemente en esa larga y enredada frase hay un cuestionamiento al desempeño de Teléfonos de México. Sin embargo el lenguaje del secretario fue demasiado ambiguo. Más tarde reconoció: “la atención de nuestras necesidades particulares no se resuelven por las simples fuerzas del mercado y requieren ser atendidas, con especial énfasis, demandando un enfoque de políticas públicas responsable y comprometido”.

   Para quien no conociera la situación de las telecomunicaciones y la radiodifusión en México esa sería una afirmación aceptable. Pero frente a la realidad de nuestro país resulta ser una posición esquizofrénica. En pocas áreas como esas el Estado y especialmente el gobierno mexicanos se han encontrado particularmente ausentes. No solo no hay políticas para un desarrollo con sentido público de las redes telefónicas, la Internet y especialmente la televisión y la radio.

   Lo peor ha sido que cuando la SCT ha tenido alguna política específica es para congraciarse con el interés de los empresarios de esas industrias. Hoy mismo, en contradicción con el espíritu de la Cumbre a la que acudió hace pocos días y cuyos documentos básicos él mismo votó, el secretario Cerisola ha emprendido una impolítica persecución contra varias radiodifusoras comunitarias.

   Así, en tanto muchos de los representantes nacionales se afanaban para ofrecer aportaciones conceptuales sobre la sociedad de la información o se comprometían con proyectos como el fondo de solidaridad digital internacional o la nueva figura administrativa que se diseñe para el gobierno de la Internet la participación mexicana, a través del secretario Cerisola, era de un perfil injustificablemente mortecino.

   No necesariamente tendría que haber sido así. Durante varios meses, en la difícil operación para confeccionar los documentos oficiales de la Cumbre, la representación de México estuvo a cargo de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Una semana antes del encuentro en Ginebra esa dependencia presentó en la ciudad de México un documento de posición mexicana que fue enriquecido con aportaciones de varias docenas de organismos sociales e interesados en el tema. Se dijo que dicho documento estaría disponible en el domicilio de la SRE en Internet pero ayer era inencontrable en ese sitio web.

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